lunes, 20 de junio de 2016

La urgencia de infraestructuras para el desarrollo en Cuba




Foto: Yander Zamora


20 junio, 2016 

En los últimos días, enterarme del estancamiento de mercancías en el puerto de La Habana por falta de transporte para extraerlas fue como vivir un “Deja-Vú”. De repente me sentí que había vuelto a los tiempos en que los órganos de prensa nacionales trataban de manera muy frecuente los problemas de la cadena “puerto-transporte-economía interna”.

Luego, unos días atrás, mientras asistía a una muy buena conferencia en una importante institución cubana, la lluvia provocó una falla eléctrica que nos mantuvo detenidos por varias horas. Pocas horas después comprobé que la falla afectó a varios municipios de la capital.

También por esos días, a mitad de la jornada laboral, entré en una cafetería privada a comprar alimentos, pero una avería en la tubería del gas había provocado que tuvieran que suspender el servicio.

Si pudiéramos calcular cuánto han significado en términos de pérdidas de ingresos esos servicios dejados de prestar y labores productivas interrumpidas, tendríamos a la mano un recurso muy ilustrativo para entender lo importante que es contar con una buena, moderna y eficiente “infraestructura”.

Traigo hoy aquí el tema porque en los documentos aprobados en el 7mo Congreso del Partido Comunista y cuya discusión, para todos los que quieran participar y vivan en la Isla, ya ha comenzado; se describen un grupo de “ejes estratégicos” para alcanzar el Desarrollo entre los cuales está la infraestructura.

¿Qué es la infraestructura, económicamente hablando?

Son un grupo de sectores y actividades, que proveen servicios o garantizan el acceso a servicios que facilitan la vida cotidiana de las personas, tanto en su función productiva como cuando están tranquilamente mirando la televisión.

Un ejemplo sencillo de sectores de infraestructura son los de energía, transporte, telecomunicaciones, agua y saneamiento.

Obviamente, si queremos transformar productivamente el país e insertarnos con ganancias reales en la economía internacional, la infraestructura es decisiva. Pero también si queremos lograr un desarrollo sustentable, si queremos realmente ser prósperos, si aspiramos a mejorar la equidad, incluso, si queremos ser un país más democrático, la infraestructura es esencial.

Un buen servicio de trenes suburbanos que faciliten el traslado de las personas de forma rápida y puntual, desde y hacia sus trabajos y hogares, impacta de forma decisiva en la “productividad y eficiencia a escala de todo el país”, pero también en la equidad y en la percepción de la prosperidad percibida por esas personas.

No es lo mismo demorar tres horas para ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, siempre con la incertidumbre de “¿y cuándo pasará el “P”?” que hacerlo en una hora y saber que todos los martes del año a las 7.10 am y a las 5.15 pm hay un “P” en la parada.


Foto: Kaloian

En términos teóricos las investigaciones y estudios demuestran hoy que los servicios que se brindan a partir de las infraestructuras son una condición necesaria para la calidad de vida y la inclusión social, en especial en las regiones y localidades aisladas.

El crecimiento de la economía y la competitividad de las empresas (de todas, grandes y pequeñas, estatales o no estatales) depende de una buena infraestructura, la cual además puede hacer más cohesionado al territorio nacional (¿se imaginan un tren que en una hora y media nos permita ir de La Habana a Santa Clara?) y también diversificar el sistema productivo.

Pero tener una buena infraestructura genera costos y tendríamos que saber los precios a los que habría que vender los servicios si se pretende recuperar lo invertido en crearlos.

La primera gran tarea es obtener recursos para invertir en infraestructura. Una parte proviene de los propios recursos del Estado, casi siempre insuficientes. Otra parte podría provenir del sector privado, que por lo general busca tasas de rentabilidad seguras, y una tercera son las instituciones financieras internacionales, que ofrecen a los Estados préstamos con condiciones “blandas”.

En el mundo son los Estados quienes realizan el esfuerzo mayor. Así por ejemplo en América Latina el 70% de toda la inversión se realiza por el Estado (en Cuba, debe ser mucho más) Una parte de eses servicios se consideran bienes públicos, garantes de niveles de equidad, y por lo tanto son subsidiados por el propio Estado; por ejemplo, en Cuba, el precio de los primeros 100 kilowatts de electricidad, el consumo de agua, el precio del transporte, etc…

Disminuir los subsidios es siempre un gran problema político, pues afecta uno de los órganos más sensibles del cuerpo humano, el bolsillo, e impacta, por lo general, de forma negativa en la equidad.

Desde la perspectiva de la Demanda, lograr un mejor aprovechamiento de la infraestructura requiere de políticas de sintonía fina con el mercado y los consumidores, como por ejemplo, poner tarifas diferenciadas al consumo eléctrico en dependencia del horario, proveer educación y propaganda sobre consumo racional de la energía, transitar hacia tecnologías ahorradoras, poner tarifas diferenciadas para el uso del agua, mejorar las tecnologías y equipos domésticos e industriales, los sistemas de riego, etc. Con esto solo quiero llamar la atención sobre el hecho de que una parte de la mejora de los servicios de infraestructura tiene un componente alto de consumo y uso responsable de esos servicios.

Miremos a Cuba y sus aspiraciones de alcanzar una visión de la cual la prosperidad, la equidad y la justicia social sean elementos esenciales y definitorios de nuestro concepto de desarrollo.

Somos un país turístico y probablemente los seremos cada vez más. Ha sido anunciado ya que para finales de año varias aerolíneas norteamericanas podrán hacer vuelos regulares a Cuba, y también se sabe que una enmienda para liberar los viajes de ciudadanos norteamericanos ha ido ganado fuerza en la clase política norteamericana. Llegado ese punto necesitamos aeropuertos de verdad, comparables con los del mundo, y eso significa mucho más que simplemente mejorar los que tenemos.

Cuba puede convertirse en un “hub” de conexiones aéreas y eso solo es posible con tecnologías de calidad mundial.


Foto: Elconfindencial.com

También debemos terminar de aprender que somos un archipiélago, que una parte importante de los habitantes de nuestro país vive muy cerca o casi junto al mar, sin embargo nuestro transporte marítimo de pasajeros es casi inexistente y sus equipos son… bueno, todos sabemos cómo son.

De las telecomunicaciones ¿para qué hablar? Han aparecido ostensibles mejoras, los puntos WI-FI han permitido a muchos cubanos acceder al mundo, es innegable cuánto se ha multiplicado el acceso si nos comparamos con como estábamos hace apenas cuatro años; pero la pregunta sigue siendo la misma, ¿con qué debemos compararnos? ¿Únicamente con cómo estábamos? ¿O también y fundamentalmente con por dónde anda el mundo?

Si nos comparamos con nosotros mismos (lo que los economistas llaman brecha interna o dimensión vertical) entonces casi podemos darnos por satisfechos. Pero si nos comparamos con el mundo exterior, que es lo se denomina brecha externa o dimensión horizontal, entonces todo cambia.

Enfrentamos todavía una fuerte sequía. Cuba tiene solo 39 kilómetros cúbicos de agua, la mayoría superficial, la mayoría gracias el esfuerzo en INFRAESTRUCTURA hecho por el gobierno cubano después de 1959. De esa agua, la mitad es aprovechable, de esa que es aprovechable, alrededor del 50% se usa en la agricultura y de ella, una parte significativa se pierde, entre otras cosas por tener sistemas de riego que en buena medida son tecnologías preindustriales (riego por aniego).

Todavía se hace un esfuerzo considerable de infraestructura en el Canal del Trasvase de las región oriental del país, una inversión cuantiosa que podría aprovecharse más si al lado de esa obra gigante ponemos tecnologías de riego que permitan aprovechar el 90% del agua y no solamente el 50%. De eso se trata.

Sin infraestructura no habrá desarrollo, no será sustentable, no seremos prósperos y no lograremos mejores condiciones de equidad y justicia social, pero tampoco podremos ser competitivos. La infraestructura cuesta, hay que pagar por ella, y hay que cobrarla adecuadamente.

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