miércoles, 1 de junio de 2016

Libro "Cuba año 2025" ( Parte II).


Por Juan M Ferran Oliva,
Génesis
Un modelo económico es un esquema  teórico que tipifica  la estructura y dinámica de una entidad micro o macroeconómica. Simula aspectos productivos, financieros, mercantiles o  monetarios considerados como un sistema. Muchos economistas han creado modelos que representan una situación dada o deseada. Los han aplicado a países, regímenes sociales, épocas y otras situaciones concretas. El artilugio facilita la comprensión, marca rasgos y permite trazar pautas.

Históricamente pueden reconocerse varios modelos cubanos de economía. Cada uno refleja una época y circunstancias diferentes. Hasta 1958 corresponden a arquetipos capitalistas.

Con anterioridad a la conquista de la isla  existió una economía primitiva que fue abruptamente sustituida por el modelo implantado por los colonizadores. Era una sociedad en tránsito hacia fórmulas más complejas pero sin trascender aún la fórmula tribal igualitaria.

Llave del golfo


La historia escrita por los vencedores suele ser indulgente con sus protagonistas. Isabel y Fernando – los Católicos – forman parte de la historia de Cuba pues apadrinaron su descubrimiento y conquista, pero no fueron la pareja idílica diseñada por la  historia light. Ni siquiera constituyeron la unidad de España que les suele ser atribuida y que se limitó a  una unión dinástica. Algo así como un matrimonio con separación de bienes: cada cual seguía gobernando  en su casa.

Fernando fue uno de los paradigmas utilizados por Maquiavelo en su manual del buen príncipe. Heredó la Corona de Aragón, nombre simplificador tomado de uno de sus reinos. En la corte de Isabel no lo consideraban castellano pero, como buen Trastámara lo fue por linaje y ambición. No sin pesares logró regir en Castilla en los últimos años de su vida, tras la muerte de la reina. Había colaborado con ella en sus empresas, incluido el descubrimiento y colonización de América. Este último fue reservado a  los súbditos de Castilla sin que el real consorte se opusiera a tal exclusividad que eliminaba del juego a sus propios vasallos catalanes, aragoneses, valencianos y baleares. A estas circunstancias se debe que en sus primeros 250 años Cuba fuera poblada mayormente por andaluces y canarios, y por africanos incorporados a la fuerza a esta fórmula étnica. Los indígenas no resistieron el choque y prácticamente se esfumaron tras disfrutar la piadosa  evangelización promovida por la Reina. Así, a lo largo de poco más de dos siglos se gestó la idiosincrasia básica de los criollos.

A partir de 1512 se inició la colonización.  Fue castellana dado que España no surgiría como Estado hasta después de 1714. El poblamiento consistió en crear núcleos, mayormente  de hidalgos, y asegurar la servidumbre de los indígenas.
El cubano actual mantiene gran parecido cultural con andaluces y canarios,  etnias que ya eran portadoras de elementos africanos. Su habla era dialectal. Los primeros descendían de generaciones seculares que hablaban jergas árabes, bereberes y latinas mezcladas con parlas locales. El castellano les fue impuesto por los conquistadores y lo asimilaron dialectalmente, como continúan haciéndolo y como transmitieron a los futuros cubanos. Algo parecido ocurrió con los canarios, sucesores de los guanches. Los esclavos incorporados posteriormente aportaron su cultura  en su forma más pura.

Gran parte de los andaluces llegaron como funcionarios, mientras que los canarios se asentaron como agricultores. La estirpe de castellanos puros prefirió el continente que les ofrecía posibilidades de riqueza y señorío. Allí pudieron desplegar el derecho de conquista adquirido como habito en sus siglos de lucha contra los musulmanes.  Los conquistadores no encontraron oro en la isla pero de tierra firme llegaban noticias de su abundancia. Cuba, sin metales preciosos, no les atraía y se convirtió en un enclave naval y comercial.

Por razones históricas, catalanes, gallegos, asturianos y otras nacionalidades integradas al actual Estado español llegaron a partir de fines del siglo XVIII.  En igual época entraron masivamente numerosos africanos en condición de esclavos. La idiosincrasia cubana se había concretado por entonces, pero siempre asimiló rasgos culturales de las nuevas etnias incorporadas al ajiaco criollo, como lo calificara Don Fernando Ortiz[1].

En el multinacional Estado español son notorias las diferencias. Pese a que algunos pretenden una inexistente unidad nacional, nada hay tan desigual como un gallego y un andaluz, por poner un ejemplo bien contrastante y no único. De manera intermitente Galicia fue un reino independiente. Con los Reyes Católicos paso definitivamente a la corona de Castilla. Fue entonces, utilizando palabras del cronista Jerónimo Zurita, que comenzó su doma y castración[2]. El propio Fernando El Católico incorporó Navarra mediante conquista. Con los Borbones, poco después de 1700, se produjo la anexión manu militari de Aragón, Valencia, Mallorca, Cataluña y otros territorios mediterráneos[3]. Aún actualmente buena parte de vascos y catalanes ni siquiera se sienten españoles.

Durante la primera mitad del siglo XVI Cuba devino una base para organizar expediciones al continente. Era la Llave del Golfo. La  Habana ofrecía el último puerto de salida hacia Europa y por ella pasaban las riquezas extraídas. Yacían  almacenadas en las embarcaciones que  esperaban la partida del convoy. Ello dio lugar a una importante labor de avituallamiento y prestación de servicios a las 40 ó 50 naves habitualmente fondeadas en  puerto[4], incluyendo el alojamiento a tripulantes, pasajeros y militares durante la larga estancia en la ciudad. También se desarrolló el astillero, la fundición de artillería y accesorios metálicos, y talleres dedicados a otros enseres marineros. En las zonas orientales se llevaba a cabo un intenso comercio de rescate  - contrabando -  con puertos de la isla, pero también con filibusteros, bucaneros y todo tipo de comerciantes de las vecinas colonias del Caribe.

A esta época enmarcada entre los inicios del siglo XVI y finales del XVIII correspondió un modelo económico basado en los mencionados servicios y producciones. Se estabilizó el  comercio de carnes saladas, cueros y animales vivos y la explotación forestal. También la construcción de embarcaciones y sus accesorios[5]. El café el tabaco y otros productos del agro tropical, así como la sal,  también adquirieron importancia. Muchos de estos últimos productos iban a islas vecinas como vituallas y suministros de los ingenios azucareros de aquellos lugares, por entonces los mayores productores del dulce producto. En Cuba no tenía un peso importante y sus pocos molinos se dedicaban mayormente al autoconsumo. La mano de obra esclava era limitada y en el agro cabe destacar el desarrollo de las refinadas técnicas tabacaleras a manos,  en buena medida, de agricultores canarios.

Boom azucarero y trabajo esclavo

Poco antes de 1792 se rompió el equilibrio económico del Caribe en el cual el azúcar jugó un papel importante: desde el anterior siglo se había convertido en el primer producto del comercio mundial[6]. Era liderado por Francia e Inglaterra que  totalizaban el 79% de las importaciones de este producto en Europa[7]. Haití se independizó y ya en 1760 las pequeñas  West Indies inglesas agotaban sus áreas de cultivo cañero.  Otros productores se hallaban muy lejos. A partir de entonces el mercado azucarero europeo se manifestó crónicamente deficitario.

Cuba tenía excelentes condiciones para un desarrollo impetuoso de esta industria, según la tecnología al uso. El cuello de botella era la fuerza de trabajo. La coyuntura internacional era favorable. Según Moreno Fraginals[8], los comerciantes  de la época estimaban aseguradas sus utilidades sólo con que a Europa llegase uno de cada 3 cargamentos de azúcar embarcados.

El desarrollo inicial azucarero fue criollo. La Metrópoli no podía corresponder. Carecía de capitales inversionistas, de suministro de esclavos, de mercado interno amplio, de una gran marina mercante y de una amplia red de comercialización internacional. Pero sería beneficiada por la actividad fiscal.  A todo ello hay que añadir que España no disponía de refinerías como Inglaterra y Francia. Ello determinaría que Cuba se convirtiese en la única colonia del Caribe que durante el XVIII produciría azúcar capaz de competir ventajosamente con los refinos europeos de la época  no solo en calidad sino también en precios[9].

Las oportunidades millonarias convencieron a los gobernantes metropolitanos más reacios. Muchos pensaron que el fomento del azúcar, tabaco y café pudieran hacer a la isla rendir tanto como Perú o México[10]. En 1789 se autorizó por dos años el comercio libre de esclavos pero después de 1791 llegó la autorización permanente del inicuo comercio.

La incomunicación marítima provocada por distintas guerras originó el despliegue de las fuerzas autóctonas de la colonia que de esta manera alcanzó una suerte de autonomía económica. La coyuntura fue aprovechada para crear una infraestructura legal conveniente  a los intereses de la sacarocracia. Dentro de este marco, y más concretamente hasta 1820, se produjo en la isla el boom azucarero esclavista, como le llamó Moreno Fraginals. Cuba se situó entre los primeros  exportadores de azúcar del mundo.

La introducción masiva de bozales rompió el cuello de botella de la fuerza de trabajo de esta peculiar industria capitalista desarrollada con mano de obra esclava. Fue una contradicción que años más tarde se convirtió en una traba. Entre 1827 y 1849 el grupo de poder en la siempre fiel isla de Cuba, organizó sus propias expediciones para mantener el tráfico de esclavos,  base del sistema productivo cubano.

De este modo, a fines del siglo XVIII se destapó un nuevo modelo económico en la isla. Se basaba en la producción de azúcar primitivo en ingenios operados mayormente  con fuerza semoviente. A partir de entonces, en medio de altibajos, Cuba comenzó a identificarse como una potencia exportadora de azúcar.

Fines del siglo XIX: Revolución tecnológica. 


El surgimiento de la producción del azúcar de remolacha en Europa durante la primera mitad de la centuria XIX espoleó el desarrollo tecnológico de la rama. Según Moreno Fraginals un desusado nivel de intervención estatal impulsó el despegue del azúcar de remolacha[11]. El propio autor sentencia[12]: La remolacha fue un motor de agricultura intensiva y científica y la caña un cultivo extensivo y grosero. No obstante, en regiones cañeras avanzadas, como Luisiana en Estados Unidos,  también se introdujeron novedades tecnológicas. Junto con las brotadas en zonas remolacheras condujeron a un nuevo modelo de industria azucarera muy superior al de los ingenios primitivos generalizado en Cuba.

En el entorno de 1800 ya se coqueteaba con la aplicación del vapor a los trapiches de caña. Aparecieron los molinos horizontales dispuestos en tándem. El cuello de botella que ello origino en la casa de calderas tuvo solución con los equipos al vacio e intercambio de calor. En 1840 se creó la centrifuga capaz de separar, eficazmente y en pocos minutos, la miel del azúcar cristalizado. El último punto de estrangulamiento de aquel modelo se trasladó al transporte de la caña que finalmente fue resuelto con la aplicación del ferrocarril en el último cuarto del siglo XIX. No debe confundirse la aplicación de este medio en el transporte de azúcar, carga y pasajeros, que en Cuba tuvo lugar tan temprano como en 1837. El acarreo de caña desde los campos hasta el central se aplicó después de la revolución tecnológica que convirtió a los ingenios primitivos en centrales. O sea, ya en la segunda mitad del siglo XIX. En algunos países fue una adaptación de las estrechas vías férreas mineras. También se desarrollaron medios de medición, control y análisis que permitieron tecnificar la producción. Con esta nueva tecnología se lograba una sacarosa  de  calidad muy superior y a más bajo costo. Pero los esclavos eran incapaces de operarla eficientemente. Se requería  mano de obra asalariada.

El azúcar cubano, sometido a la inercia tecnológica, dejó de ser competitivo en calidad y precio. En medio de la crisis originada por esta circunstancia, la sacarocracia criolla resultó arruinada  por los comerciantes españoles que pignoraban las cosechas. Ello, unido al creciente sentimiento de pertenencia de los cubanos,  estimuló sus ansias separatistas.

En 1886 se abolió la esclavitud en Cuba y se posibilitó el paso al nuevo modelo tecnológico. La industria azucarera local incorporó asalariados y  aumentó la escala de producción. Los cerca de 2.000 ingenios primitivos existentes fueran sustituidos por unos 200 grandes ingenios centrales.  De igual modo que en Europa muchas localidades actuales tienen su origen en un castillo feudal, en Cuba lo tuvieron en un ingenio primitivo. Estas entidades industriales desaparecieron pero se mantuvo y generalmente creció el núcleo urbano. Los modernos centrales, en su conjunto, producían más azúcar que los anteriores, con costes competitivos y un producto calidad muy superior. Pero los granos de sacarosa extraídos de la caña estaban cubiertos de azucares no cristalizables. No eran un producto final y requerían ser depurados para lograr blancos cristales de azúcar puro. La isla se convirtió en el gran suministrador de las refinerías norteamericanas que ganaron el valor agregado de esta fase final productiva.

La potencia emergente del Norte se  convirtió en el mercado par excellence de productos cubanos y llegó a importarlos en una proporción casi diez veces superior a la realizada por la propia metrópoli española. Otro tanto sucedía con las importaciones cubanas. La pérdida del dominio económico implicaba la quiebra del papel rector colonial hispano, pero lo que interesaba a Madrid era el jugoso efecto fiscal derivado de las exportaciones azucareras de la Isla[13].

  Cuba devino colonia económica de Estados Unidos cuando aún lo era políticamente de España. Por entonces se inició la penetración capitalista en la industria azucarera cubana. Un pionero en tal sentido se adueñó del central Soledad, cerca de Cienfuegos. Moreno Fraginals describe las relaciones mercantiles Cuba-España del siguiente modo[14]:

…este intercambio desigual tuvo como resultado la conservación de un saldo mercantil sumamente favorable que sirvió a la metrópoli para amortiguar el déficit crónico de su balanza mercantil con el extranjero y sostener e incrementar paulatinamente su comercio internacional…..Cuba compró productos españoles a precios de monopolio y vendió a precios competitivos. Hizo envíos a las cajas de la península que  no aparecen en su balanza comercial. Sufragó la campaña de Santo Domingo y la aventura de México. Pagó los gastos de la Guerra de los Diez Años, que fueron cargados a las  cajas cubanas (con altos intereses a favor del Banco Español) y esta guerra significó para España un extraordinario desarrollo marítimo, la modernización de su industria de guerra, y la ampliación de otras ramas. Cuba abonó deudas exteriores de España, sufragó parte de la llamada “colonización de Fernando Poo” e hizo anualmente cuantiosas transacciones (dentro del capítulo de invisibles), en continua fuga de capital.

Organizada por José Martí, la última guerra de independencia estalló en 1895 y en breve se extendió a toda la isla. En 1898 la contienda amenazaba con consumir hasta el último hombre y la última peseta que la metrópoli se había planteado como consigna. Se produjo entonces la oportunista intervención norteamericana que arrebató a España sus últimas colonias americanas y a Cuba la satisfacción de la victoria absoluta. Unos versos de Rubén Martínez Villena advierten: la Florida es un Índice que apunta hacia Cuba.

El modelo económico cubano desde poco antes de 1898 consistió en la virtual mono producción azucarera destinada a los refinadores norteamericanos. De aquel país provenía casi todo lo demás. El comercio con España se limitaba a productos tradicionales y el beneficio metropolitano se concentraba en el fisco.

PERÍODO 1902-1929: república sometida


En 1902 Cuba pasó a ser formalmente soberana pero con substanciales limitaciones. En la práctica se convirtió en un apéndice productivo destinado a abastecer de crudo a las refinerías norteamericanas. Sin embargo las condiciones sanitarias y sociales mejoraron y se realizaron importantes inversiones, particularmente en la industria del azúcar y la minería. Se levantaron numeroso centrales, algunos los mayores del mundo en su época. Se vertebró el ferrocarril que enlazaba toda la isla. Otras mejoras también contrastaban con el pobre desempeño del dominio español. Al mismo tiempo se entronizaron las luchas politiqueras, el fraude y la corrupción.

Lo que la ex metrópoli consideró  desastre colonial no tuvo sobre la economía peninsular un efecto tan infausto. Incluso algunos sectores vinculados al abastecimiento militar progresaron notablemente. Los lazos humanos y comerciales desarrollados con anterioridad promovieron la continuidad de las relaciones. Esta situación incidió en el importante flujo migratorio de las dos primeras décadas del siglo XX en el que los españoles tuvieron un peso destacado. Según censos oficiales en 1900 la población de Cuba era de 1.6 millones de habitantes de los cuales 127.000 eran españoles nativos. Veinte años más tarde, con una población de casi 3 millones de habitantes, vivían en la Isla más de 300.000 españoles: el 10% de la población era de origen peninsular. También  afluyeron   braceros antillanos y otros inmigrantes procedentes del Medio Oriente y de Europa, no pocos judíos entre ellos[15].

Todo fue bien hasta que en 1921 se produjo un grave crac bancario y el capital norteamericano se apropió de bancos, industrias, tierras y otros capitales cubanos y españoles. Después de 1922 hubo una endeble recuperación interna y continuaran las inversiones.  En 1925 la superproducción europea, los mecanismos proteccionistas y la política monetaria adversa fueran antecesoras de la gran crisis mundial 1929-1934. Cuba que hasta el 1928 suministraba el 50% del azúcar consumido por Estados Unidos, en 1933 sólo exportaba el 25%.
El modelo económico vigente desde principios de siglo cesó con el advenimiento de la crisis y la consiguiente afectación a los renglones principales de exportación. En primer término el azúcar, en menor grado el tabaco y también en forma crítica el turismo.

De 1930 a 1959.  cuotas azucareras

La crisis mundial de 1929 puso fin a la  relativa prosperidad disfrutada al socaire de la penetración norteamericana.  El modelo económico se adaptó  a las nuevas limitaciones, pero en  cierta medida fue continuación del anterior. Estados Unidos dio protección a su industria azucarera al mismo tiempo que mantenía atada la economía cubana a través de un sistema de cuotas.
Después de 1929 cesó la inmigración en Cuba. El crecimiento demográfico se tornó vegetativo.

Tras la caída en 1933 del presidente Gerardo Machado, devenido tirano[16], se inicio una turbulenta situación. En septiembre de ese año, en medio de la vorágine, brotó un gobierno popular que sobrevivió hasta el 15 de enero de 1934. Fue llamado de los Cien Días. Estados Unidos lo aceptó como un mal menor, pero distaba mucho de constituir su desiderata. El  nuevo equipo de gobierno estaba formado por Ramón Grau que lo presidía y por Antonio Guiteras y Fulgencio Batista. Tan variopinto  triunvirato se caracterizó por los proyectos inmovilistas del ala derecha sometida a Washington y representada por Batista; las vacilaciones de Grau, profeta del reformismo nacionalista, y el empuje revolucionario de Guiteras. Este último tenía como aliados a los estudiantes universitarios, a los comunistas y a otros movimientos progresistas. Contaba en aquel momento con sólo 28 años. Según Raúl Roa, la efebocracia  asumió el poder por vez primera en el mundo y se arrogó una función política directora sin la previa certificación de Washington[17].

En medio del asedio de la derecha y la incomprensión del centro y parte de la izquierda, el efímero régimen acometió medidas radicales insólitas para la época y el lugar. Entre  ellas,  la implantación de la jornada laboral de 8 horas y del salario mínimo, la depuración de funcionarios y militares corruptos, el reparto de tierras, la autonomía universitaria y rebajas de precios.  Medida sobresaliente fue la reducción de la tarifa eléctrica y la osada intervención de la llamada Compañía Cubana de Electricidad, subsidiaria de la norteamericana Electric Bond & Share. Además promovió la convocatoria a una asamblea constituyente y la condonación de determinados gravámenes injustos. Fijo los límites de la usura, estableció la sindicalización forzosa y la responsabilidad patronal respecto a los accidentes del trabajo, así como la protección laboral a los menores. Concedió 1.000 matriculas universitarias gratuitas. Un decreto característico en aquel tiempo fue la llamada Ley  de Nacionalización del Trabajo o del 50%, según la cual, de manera obligatoria,  al menos la mitad de los trabajadores de negocios e instituciones debían ser cubanos. No serian las únicas y resulta sorprendente que tal quehacer revolucionario fuera fruto de sólo 100 días de gobierno.

Batista debía demostrar que era el hombre fuerte y lo hizo militarmente. El 15 de enero disolvió el Gobierno de los Cien Días y en su lugar asentó una corriente de gobernantes impuestos. Guiteras continuó planteado la posibilidad de retomar la lucha y llevar a cabo la revolución pero fue asesinado el 8 de mayo de 1935. De manera directa o indirecta el sargento devenido general ejerció el poder con la excepción  de dos mandatos de sus adversarios políticos. Pero todos fueron corruptos, y Batista, además, sanguinario.

Tras la II Guerra Mundial prevaleció la inflación y fluctuaron los precios del azúcar, pivote de la economía cubana.  En marzo de 1952 se produjo un golpe de Estado y Batista retomó el poder que había perdido temporalmente. Suspendió la Constitución,  disolvió el Congreso y prometió prontas elecciones. En 1955 fue elegido e implantó un programa de desarrollo económico favorecido por la estabilización de los precios del azúcar. Pero el pueblo no le perdonaba el origen espurio y brutal de su poder.

En 1953 un  joven revolucionario llamado Fidel Castro había encabezado un ataque a cuarteles militares con el propósito de desatar la lucha revolucionaria. La tentativa falló y tras conservar milagrosamente la vida, en medio del aquelarre represivo, pronunció su famoso alegato programático La Historia me Absolverá. Un siguiente intento plagado de dificultades en un inicio tuvo un final feliz. El 31 de diciembre de 1958  Batista huyó ante la acción exitosa de una guerrilla integrada por unos 10.000 hombres. Aquella tropa mal armada había vencido a un ejército bien provisto que la triplicaba en número.

El primero de enero de 1959 los rebeldes asumieron el poder. Los recién llegados heredaron una economía prácticamente mono productora e importadora de casi todo lo demás, pero también  lastrada por la corrupción política, el analfabetismo y la dependencia externa, entre otros males.

Continuará


[1] Fernando Ortiz  (1881-1969) fue el más importante etnólogo y antropólogo cubano. Por razones familiares pasó sus primeros años en Menorca. Se le considera el tercer Descubridor de la Isla, tras Colón y Alejandro de Humboldt. Investigó principalmente el aporte africano y lo que denominó transculturización. Acuñó la imagen del ajiaco criollo, para referirse a la fórmula étnica cubana en la que se mezclan culturas, del mismo modo que en el ajiaco, plato típico, se combinan diversos ingredientes del país.
[2] Jerónimo Zurita (1512-1580). Historiador autor de varias obras y crónicas, por encargo real. Según su testimonio, con  los Reyes Católicos comenzó la doma y castración de Galicia, es decir, su castellanización. No obstante, ya mucho antes, en época de Alfonso XI de Castilla, se había iniciado un proceso de asimilación idiomática.
[3] Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Micronet, enciclopedia.
[4] Alcedo, Antonio de. Diccionario Geográfico Histórico de las Indias Occidentales o América (1786-1789).
[5] En 1769 fue botado al agua en el astillero de La Habana el Santísima Trinidad, navío de  4 puentes y 120 cañones, conocido como el Escorial de los Mares. Pertenecía a la flota española y fue hundido en 1805, durante la batalla de Trafalgar.
[6] Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Complejo Económico Social Cubano del Azúcar. Tomo I. Editora de Ciencias Sociales. La Habana. 1978  Pág. 22
[7] Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Obra citada. Tomo I.  Pág. 43
[8] Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Obra citada. Tomo I. Pág.23
[9] Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Obra citada Tomo I Pág. 25.
[10] Guerra Sánchez, Ramiro.  Manual de Historia de Cuba, Pág.  202 y 203
[11]  Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Obra citada. Tomo  I.  Pág. 125
[12] Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Obra citada. Tomo I Pág. 137 y 128.
[13] Moreno Fraginals, Manuel.  El Ingenio. Obra citadas. Pág. 32
[14] Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Obra citada. Tomo I. Pie de grabado en la pág. 137.
[15] Guanche, Jesús. Prólogo  a Fernando Ortiz y España a cien años de 1898. Fundación Fernando Ortiz. Ciudad de La Habana 1998. Pág. 8. Según este autor, en esa  época se produjo   el mayor de los trasvases humanos de España en América, ése que abarca desde 1880 hasta 1930 y que supera con creces todos los siglos anteriores de conquista y colonización.
[16] Valdés Sánchez, Dr. Servando. Guiteras para la generación del centenario. Instituto de Historia de Cuba. www.ihc.cu.  Le Riverend, Julio. La República. Editora Ciencias Sociales 1975 pág. 277 a 296. Pino Santos, Oscar. Historia de Cuba. Segunda edición. Editora Consejo Nacional Universidades. La Habana 1964. pág. 308 a 316.
[17] Roa, Raúl.  La Revolución del 30 de fue a bolina. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1973. 

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