miércoles, 31 de agosto de 2016

Proceso inversionista: Camino empedrado de buenas intenciones



Arquitecto Alexander Machado García, director de Inversiones del Ministerio de Economía y Planificación. Foto: Reno Massola

Van a comprar más ómnibus y vagones para mejorar el transporte de pasajeros y de carga. En breve comienza la construcción de campos de golf. Está en terminación un hotel en la cayería norte de Villa Clara.

Esas y muchas más informaciones llegan al ciudadano común, quien no tiene por qué saber que tales afirmaciones forman parte de lo denominado en economía como proceso inversionista, indicador por excelencia para medir el nivel de desarrollo de cualquier país y que Cuba está obligada a llevar por una ruta eficiente y eficaz.

Cómo lo logrará y las estrategias para deshacerse del lastre en esa materia a tono con la actualización de su modelo económico son algunas de las variables que despejó para Trabajadores el arquitecto Alexander Machado García, director de Inversiones del Ministerio de Economía y Planificación (MEP), organismo rector de esta actividad.

Ante tanto por hacer, ¿cuál es la prioridad?

Con la puesta en vigor del Decreto 327 evolucionamos en la preparación de quienes intervienen en el proceso, sobre todo de los inversionistas, que adquieren más conocimientos acerca de las obligaciones inherentes a su condición, lo cual los coloca en mejor posición para erradicar errores tan criticados como la falta de integralidad, la espontaneidad, la improvisación y la superficialidad.

En paralelo aumentan la exigencia y el control en el cumplimiento de los planes de inversiones, con tendencia favorable, al pasar del 75 % en el 2011, a un estimado del 94 % en el 2015.

No podemos obviar que el salario influye. Muchos buenos técnicos y operarios optaron por formas de gestión no estatales y la dualidad monetaria los beneficia. Por eso se han hecho propuestas de soluciones para incentivar la fuerza laboral vinculada esencialmente a programas priorizados.

A la par se favorece la participación de trabajadores por cuenta propia y cooperativas no agropecuarias, que el año anterior concurrieron como constructores al 6 % de las obras, intervención que hoy crece hasta el 9 %, principalmente en actividades de mantenimiento. Además, se introduce la modalidad de contratistas extranjeros en la actual inversión en el puerto de Santiago de Cuba.

Pero antes que en la capacitación empezó a dedicarse dinero a saltar los límites en la capacidad constructiva impuestos por la obsolescencia tecnológica. En los últimos dos años el plan de la economía ha incluido la reposición e incremento de equipos, sobre todo no tecnológicos y también se potencian la industria de materiales de construcción y la del acero.

¿Qué otras deficiencias anidan en el complicado sistema que resulta el proceso inversionista?

Las deficiencias no pueden valorarse por separado y fueron muchas las que identificamos en el diagnóstico previo a la elaboración del decreto y sus regulaciones complementarias. Estas tienden a ordenar, aunque todas las cuestiones sujetas al funcionamiento dependen de otros factores.

No logramos que las fuentes para el reembolso de los créditos que empleamos se obtengan a partir de los recursos generados por las propias inversiones. Persisten la baja productividad, escasez de fuerzas constructoras y de calidad de las obras junto a la deficiente gestión de las importaciones y falta de exigencia de los inversionistas, quienes en demasía siguen elaborando mal los cronogramas, que a su vez incumplen los constructores.

¿Por qué se priorizan las inversiones hacia los sectores productivos y la infraestructura?

Hace una década se invirtió mucho en el sector social y en el último quinquenio ganó en transformaciones la estructura de las inversiones, lo que resulta estratégico para avanzar en la economía. Las de la rama productiva, los servicios y la infraestructura pasaron de poco más del 45 % en el 2009 al 70 % en el plan del actual año.

Sin embargo, este cambio no ha generado en corto plazo los beneficios necesarios para respaldar el desarrollo sostenible de la economía y la sociedad en general. Tal realidad implica que debe trabajarse con intencionalidad en la atracción de la inversión extranjera y el capital bancario internacional, que permitan la inyección de recursos financieros, tecnología, conocimiento y mercado externo.

¿Qué papel desempeña el MEP en un proceso cuyos resultados finales deben ser la mejor reproducción de cada peso invertido y el bienestar social?

El MEP identificó las afectaciones fundamentales de todas las etapas del proceso inversionista: preparación, ejecución y explotación, y para contrarrestar las consecuencias que sus errores ocasionaron al país en la última década, evaluamos en el 2013 la postinversión en los sectores agropecuario, industrial, la industria alimentaria y el turismo, lo cual repetimos este año.

El resultado en aquel momento en la muestra seleccionada fue que del 2002 al 2012 se perdieron 13 pesos por cada uno invertido por diferentes causas: haber hecho una fábrica para la que después faltó financiamiento con vistas a adquirir materia prima y acabamos comprando lo que previmos dejar de importar. O un hotel se terminó fuera de fecha y no empezó a ingresar a la economía en el tiempo previsto; o una inversión se sobregiró en el presupuesto inicial.

¿Cómo se imbrican las nuevas normativas referidas y la entrega de más facultades a las empresas?

La norma ayuda a conducir y a guiar el proceso inversionista. Las facultades de descentralización a la hora de invertir se instrumentan a partir de las metodologías para la elaboración del plan de la economía, que en los últimos años da potestades para que los directivos decidan respetando las condiciones financieras, materiales, energéticas. Eso sin duda se expresa en el crecimiento de lo ejecutado en inversiones en el último trienio.

Es loable que el real ejecutado en el 2015 fue el más alto desde que comenzó esta centuria. No obstante, estamos lejos de afirmar que este proceso funciona bien, pues sigue pasando que luego de concluidas no rinden según lo proyectado.

¿Qué necesita el proceso inversionista para asumir de una vez y por todas el papel de motor impulsor del desarrollo del país?

Partimos de que Cuba trabaja en la conclusión de un Plan de Desarrollo Estratégico hasta el 2030, cuyos ejes y sectores son prioridad en el proceso inversionista, por eso deben concentrarse los esfuerzos en agilizar la preparación de las inversiones en las ramas priorizadas, e involucrar a todos los implicados de forma integral.

Es preciso reorientar las inversiones del sector industrial hacia los objetivos que permitan la sustitución efectiva de importaciones y satisfacer las demandas internas en los bienes de mayor consumo.

Igualmente es imperioso solucionar los temas del financiamiento externo, gestionando y orientando hacia las prioridades, aquellos que permitan financiar las inversiones con su propio rendimiento. Además, debemos continuar las acciones para incentivar la atracción de inversión extranjera, por ejemplo, en la expansión de las infraestructuras y decidir, ante la situación actual, si se orienta hacia la recapitalización de la estructura existente o a dirigir los esfuerzos en línea con la organización económica y sustentable que requiere el país a mediano y largo plazos.

Esto va más allá de recuperar capacidades, pues depende de otros elementos que a corto y mediano plazos no cumplen todos los sectores, pero sí algunos claves como las industrias médicofarmacéutica de base biotecnológica y la energética.

El turismo va recuperando su planta hotelera, que pasó en el último cuatrienio de unas 15 mil habitaciones fuera de orden a poco más de 3 mil. Avanza la rama agroazucarera, en tanto las industrias eléctrica, de refinación, mineras, sideromecánica, ligera, química y del reciclaje intensifican las acciones de mantenimiento que inciden en el crecimiento de sus producciones sin necesidad de realizar procesos inversionistas de magnitud.



Gráfico: Cortesía del entrevistado

No hay comentarios:

Publicar un comentario