martes, 22 de noviembre de 2016

El milagro de los anamitas




Hanoi, capital de Viet Nam.
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Por:
Dr.C Juan Triana Cordoví


“Trabajan. Parecen plateros finos en todo lo que hacen, en la madera, en el nácar, en la armería, en los tejidos, en las pinturas, en los bordados, en los arados”. Así escribió José Martí de los vietnamitas.

Hay razones para creer que los vietnamitas llevan a Cuba en el corazón. Y a los cubanos nos cuesta no tenerlos dentro del nuestro. Para toda una generación, la mía, fueron el ejemplo vivo de la capacidad de resistir y de la voluntad de vencer en una guerra desigual, donde Estados Unidos estrenó armas de exterminio nunca antes vistas.

Con una población diezmada, familias enteras desaparecidas o muertas, un territorio arrasado por la metralla y las armas químicas, y la economía prácticamente destruida, llegaron los vietnamitas a la paz, a mediados de la década de 1970. Desde ese punto de partida enfrentaron la tarea de la reconstrucción del país.

La recuperación de Vietnam no es un milagro; o mejor dicho, el milagro de Vietnam es no haber sido el producto de un milagro, sino de la virtud del trabajo y de la aplicación consecuente de un programa de transformaciones que los impulsó hacia la prosperidad creciente, año tras año.

Hoy Vietnam exhibe número impresionantes:


Su tasa de crecimiento promedio es de 6,43% en los últimos quince años. Han logrado cambios radicales en su estructura económica, promoviendo un proceso de industrialización que ha hecho del sector industrial el más importante, con una participación de alrededor del 40 % en el PIB. Detrás de la industria está el sector de los servicios, con más del 30% y la agricultura un 20%. El país figura entre los primeros productores de nuez de la India del mundo y es el segundo exportador de arroz del planeta.

Esa tasa de crecimiento del PIB le ha permitido mejorar sustancialmente las condiciones de vida de su población. El PIB per cápita es un buen medidor, aunque no el único.


Ello significa que desde el año 2000 a la fecha el PIB per cápita de los vietnamitas ha crecido en 534%. Ese desempeño económico también ha tenido un impacto significativo en indicadores sociales, pues la pobreza ha bajado de un 70% en 1980, al 58% en 1993, al 37% en 1998, 29% en 2002, 16% en 2006, 13% en 2008, 10% en los últimos años.

La aplicación de un profundo programa de reformas fue la decisión tomada a finales de los años ochenta cuando el país enfrentó una severa crisis. Los resultados de hoy son el producto de aquel programa denominado Doi Moi.

En su primera etapa esa reforma tuvo como propósito estimular todos los sectores y agentes, preservando un fuerte liderazgo del sector estatal. Se trató en esencia de una profunda reforma en la agricultura, la reducción de los subsidios del Estado y un fuerte impulso al sector privado y a la inversión extranjera directa, se devaluó y unificó la moneda, reformó la banca y creo condiciones para el funcionamiento de una economía más abierta.

En 1999 el gobierno vietnamita introdujo una nueva Ley de Empresas que abrió a la operación privada sectores antes prohibidos y otorgó derechos legales a los agentes económicos. En el 2006 unificó la ley de empresas y la de inversión extranjera dándole iguales posibilidades a todos los tipos de empresas y agentes económicos, nacionales y extranjeros, e introdujo un nuevo marco legal que permitió una mayor gobernabilidad.

Es por eso que no es un milagro lo que ha producido esta nueva economía vietnamita. Sus resultados son incuestionables en términos económicos y sociales. Vietnam no ha renunciado a su independencia y ha dicho una y otra vez que sigue empeñada en construir un país socialista.

Cuba y Vietnam han compartido su lucha por la independencia, contra el imperialismo y por el desarrollo económico. Ambos países han emprendido reformas profundas, ambos persisten en el esfuerzo por construir un país socialista.

Cuando Vietnam enfrentaba la peor de todas las guerras, nosotros enfrentábamos también la guerra sucia de la CIA y las administraciones norteamericanas, sin embargo, teníamos la posibilidad de echar a andar planes que mejoraron sustancialmente la vida de la mayoría de los cubanos. Los vietnamitas de entonces, los del sur y los del norte, hacían historia resistiendo y sobreviviendo, pero también enviando a sus jóvenes a estudiar en otros países, pues así de grande era su fe en la victoria.

Hoy Cuba tiene un Índice de Desarrollo Humano de 0.76 y ocupa el lugar 67 en el mundo, mientras Vietnam tiene un índice índice de 0,66 y ocupa el lugar 116.

Los resultados en la economía, sin embargo, son diferentes.


Ningún país es igual a otro. Ni las culturas son iguales, ni su historia, ni las condiciones en las cuales arranca un proceso transformador, ni aquellas en las que tiene que desarrollarlo. Cuba sigue estando bloqueada, nuestras transacciones siguen perseguidas, pero tampoco hemos alcanzado las metas que declaramos hace cinco años, y ello debe llamarnos a repensar lo que hacemos, ahora que casi llega el 2017. 

“A los pueblos pequeños les cuesta mucho trabajo vivir”, insistía Martí. No hay recetas iguales para diferentes realidades, pero sí hay evidencias de lo que se debe hacer, aunque sea imprescindible adaptarlo a nuestra realidad. 

¿Por qué nuestras empresas estatales socialistas no pueden ser verdaderas empresas? 

¿Cómo es posible que no logremos nosotros con la profundidad suficiente esa combinación virtuosa entre la empresa estatal, el sector privado y cooperativo, y la inversión extranjera? 

¿Por qué solo entendemos la inversión como una misión o de las empresas estatales, o de la inversión extranjera? 

Vietnam es hoy el segundo socio comercial de Cuba en Asia. El intercambio comercial entre los dos países en el 2015 alcanzó, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información más de 252 millones de dólares. En este año Cuba exportó 4,7 millones de dólares hacia Vietnam e importó 247,4 desde ese país. Ese impresionante saldo comercial negativo es quizás la mejor demostración de las diferencias entre ambos procesos de transformación

Los cubanos seguimos llevando a Vietnam en el corazón. Para mi generación, los vietnamitas han añadido además de su capacidad de resistir y su voluntad de vencer, la habilidad de construirse su propio futuro gracias a su voluntad de cambiar.

En el paseo literario por la tierra de los anamitas, nuestro Apóstol vuelve a decir: “Y así son los hombres, que cada uno cree que sólo lo que él piensa y ve es la verdad, y dice en verso y en prosa que no se debe creer sino lo que él cree, lo mismo que los cuatro ciegos del elefante, cuando lo que se ha de hacer es estudiar con cariño lo que los hombres han pensado y hecho”.

Hagámosle caso al Apóstol, estudiemos y entendamos cuál es el verdadero milagro de Vietnam.


Vietnamitas asesora en el cultivo del arroz en Sancti Spiritus. Foto: Vicente Brito (Granma)

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