miércoles, 28 de diciembre de 2016

El crecimiento económico en Cuba: ¿fallo de lanzamiento?

diciembre 28, 2016



Un vehículo espacial solamente podrá ser colocado en órbita si cuenta con la energía suficiente para rebasar determinado nivel de velocidad. Según los especialistas, poner un objeto en una órbita baja (360 kilómetros sobre la Tierra) necesita un nivel de energía equivalente a 3,29 x 107 Joules por cada kilogramo de peso del artefacto[1]. Si se intentase proyectarlo al espacio con una energía menor, se produciría un “fallo de lanzamiento”.

Los símiles entre la Economía y otras ciencias deben ser tomados con reserva, pero pudieran ser útiles para ilustrar las interrelaciones de algunos procesos económicos, como por ejemplo, que la promoción del desarrollo no es indiferente al ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

La “actualización” no ha sido capaz de producir el nivel de crecimiento económico que se necesita para colocar a Cuba en la senda del desarrollo. Los recientes datos oficiales de decrecimiento del PIB en -0,9 por ciento en 2016, y el pronóstico de crecimiento de 2 por ciento para 2017 [2], indican que cuando finalice el séptimo año de la “actualización” (2017), la tasa de crecimiento promedio anual del PIB solamente habría sido de 2,15 por ciento y que el crecimiento no habría alcanzado el 5 por ciento en ningún año de esa etapa.

La reciente encuesta de economistas “Cuba 2017” ha ubicado el eventual crecimiento para 2017 en un nivel promedio de 0,53 por ciento, una cifra menor que el estimado oficial. El 70 por ciento de los economistas encuestados situó el posible nivel de crecimiento del PIB para ese año en una franja de debilidad económica entre el -1 y el +2 por ciento. Por otra parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta para 2017 un crecimiento de 0,9 por ciento, inferior al estimado oficial del gobierno cubano.[3] Es decir, parecen existir probabilidades de la prolongación de una tendencia de bajo dinamismo de la economía.

El crecimiento económico de la “actualización” estaría así por debajo del nivel de incremento del PIB de entre 5 y 7 porciento que se ha reconocido oficialmente como necesario para poder avanzar hacia el desarrollo nacional. Pudiéramos estar en presencia, entonces, de un típico caso de “fallo de lanzamiento” del desarrollo. Siete años (2011-2017) es un plazo, más que razonable, para juzgar si una estrategia económica se encuentra encarrilada o si no lo está.

La valoración de las perspectivas del desarrollo nacional no puede basarse en el examen de una “visión” construida principalmente sobre aspiraciones. Por el contrario, el examen de la marcha del proceso de desarrollo en Cuba y de las políticas económicas que la acompañan debe partir de un análisis concreto de las condiciones actuales. Ninguna “visión” puede pretender sustituir el lugar central que le corresponde al análisis social concreto en la evaluación del desarrollo.


EL DESPEGUE HACIA EL DESARROLLO: LA IMPORTANCIA DE LOS DATOS DE PARTIDA

¿Cuáles son esas condiciones actuales que deberían recibir una atención especial por parte de los analistas? En principio, serían varias, pero conviene hacer énfasis en la cuestión del crecimiento económico.

Dos breves comentarios se imponen antes de seguir abordando el tema. En primer lugar, que en el marco del proceso de desarrollo, el crecimiento económico no debe ser asumido como un fin, sino como un medio. En segundo lugar, que el crecimiento en sí mismo no es suficiente como medio de desarrollo. Muchas otras condiciones deben establecerse simultáneamente, incluyendo, por ejemplo, el establecimiento de estructuras socio-económicas y de instituciones políticas y estatales que garanticen una distribución lo más equitativa posible de los beneficios del crecimiento, y que sean capaces de asegurar la inclusión social y la justicia social.

No obstante, el crecimiento económico es importante pues expresaría la disponibilidad del excedente económico que serviría para ampliar el consumo de los hogares y para sostener la inversión que se necesita para transformar la base productiva del país. A mayor crecimiento económico, mayores son las posibilidades de mejorar el bienestar material de las personas, de sustentar los servicios públicos como la educación y la salud, de regenerar la infraestructura (puertos, comunicaciones, acueductos, etc.) y de ampliar y modernizar los medios de producción del país (fábricas, hoteles, maquinaria, etc.).

El insuficiente crecimiento del PIB desde 2011 y las bajas probabilidades de que esa tendencia cambie pronto es, por tanto, el primer dato crucial que debe ser tenido en cuenta en cualquier análisis sobre las posibilidades que pudiera ofrecerle la “actualización” al proceso de desarrollo nacional.

¿ALGUIEN DIJO “TIGRE” DEL CARIBE?

Usualmente, las conversaciones acerca del desarrollo en Cuba hacen referencia a experiencias como las de China y Vietnam, algo que probablemente pudiese tener utilidad para al análisis, pero también convendría no soslayar la experiencia de nuestros vecinos caribeños, particularmente cuando se toma en cuenta que en ocasiones se hacen referencias a Cuba como un potencial “tigre” económico del Caribe.

En ese sentido, un análisis comparado de datos sobre la realidad actual debería comenzar especialmente por aquellos países que en el Caribe han logrado niveles de PIB per cápita elevados –muchos más altos que los de China y Vietnam- como serían los casos de Barbados, y de Antigua y Barbuda.

Existe consenso acerca de que el PIB no es una medida precisa ni suficiente de la riqueza nacional. También se acepta que el crecimiento del PIB no es sinónimo automático de bienestar y de desarrollo. Sin embargo, determinadas formas de medir el PIB –como es el caso del PIB per cápita- son útiles para expresar el potencial productivo de un país, su capacidad para generar riqueza material por cada habitante. Obviamente, se trata de un promedio que no toma en cuenta la manera desigual en que el PIB es distribuido entre los habitantes de un país, pero aun así, el PIB per cápita es un indicador que es útil para medir –de forma aproximada y a mediano y largo plazo- el efecto de la transformación económica en las posibilidades de aumentar el bienestar de la sociedad.

Existen dos cifras que valdría la pena tomar en consideración: las veces que el PIB per cápita de esos países (Barbados y Antigua y Barbuda) es mayor que el de Cuba, y el tiempo que le tomaría a Cuba alcanzar el nivel de PIB per cápita de esos dos vecinos caribeños.

En 2015, el PIB per cápita de Barbados, con 15,903.4 USD, era dos veces y media mayor que el de Cuba (6,458.9 USD), mientras que el de Antigua y Barbuda (13,863 USD) era 2 veces mayor, a pesar de que Barbados y Antigua y Barbuda tienen escalas muy pequeñas y cuentan con menores recursos humanos y materiales que Cuba.[4]


No se trata de que esos dos pequeños vecinos caribeños sean países desarrollados. No lo son. De hecho, tienen grandes vulnerabilidades económicas, sociales y medio-ambientales, y desde hace algún tiempo presentan dificultades para crecer económicamente. Debe tomarse nota, sin embargo, que, medidos por otro conocido indicador –el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas-, tanto Barbados (con el lugar 57 en el ranking del índice) como Antigua y Barbuda (con el lugar 58) tienen una mejor calificación que Cuba (con el lugar 67).[5]

De lo que se trata es que la existencia de países del área con niveles relativamente elevados de PIB per cápita, indica una trayectoria posible de crecimiento económico que plausiblemente pudiera ser repetida por Cuba. No se refiere a intentar replicar el modelo económico de esos países, sino a que existe la posibilidad en el Caribe de intentar avanzar hasta niveles similares en cuanto a la capacidad para crear riqueza por cada habitante. Es decir, para Cuba no debería ser inverosímil tratar de alcanzar los niveles de PIB per cápita de Barbados y de Antigua y Barbuda.

¿CARRERA CONTRA RELOJ?

Las discusiones sobre la estrategia de desarrollo de la “actualización” a veces parecen proyectar la imagen de que el tiempo no es una variable crítica para el proceso de desarrollo. Sin embargo, el tiempo es un componente crucial. No es cuestión de que sea posible forzar la marcha del desarrollo, sino que es problemático asumir que puede resolverse con mayores plazos lo que no es capaz de conseguirse mediante acciones más audaces en el marco de la estrategia de desarrollo.

La selección entre distintas variantes de ritmos de crecimiento del PIB per cápita puede decidir si generaciones enteras participan, o si se quedan fuera, de los beneficios del proceso de desarrollo.

Para no complicar mucho los cálculos, con la tasa de 2,15 por ciento de crecimiento promedio anual del PIB registrada hasta ahora por la “actualización”, le tomaría aproximadamente 33 años a Cuba poder duplicar su PIB, algo que lograría hacer en 2048, y que inclusive sería insuficiente para alcanzar los niveles actuales de PIB per cápita de Antigua y Barbuda, y mucho menos los de Barbados.[6]

Expresado de otro modo, si se mantienen las bajas tasas de crecimiento actuales, una parte considerable de los cubanos hoy mayores de 50 años, que representan el 34 por ciento de la población, no lograrían llegar al momento en que se alcanzarían en Cuba los niveles de PIB per cápita que ya habrían tenido desde un tercio de siglo antes Barbados y Antigua y Barbuda. Prácticamente nadie del grupo de personas que hoy son mayores de 65 años (14 por ciento de la población) alcanzaría a ver duplicado su PIB per cápita, si no logra superarse la baja tendencia actual de crecimiento económico del país.[7]

De manera alternativa, mayores tasas de crecimiento económico pudieran modificar radicalmente la posibilidad de incluir esa tercera parte de la población actual del país en los beneficios del proceso de desarrollo, algo que sería un hecho de naturaleza política y no un simple detalle técnico. Con una tasa del 5 por ciento de crecimiento económico anual, el plazo necesario para duplicar el PIB per cápita se reduciría considerablemente a 14 años (para el 2029), mientras que con una tasa de crecimiento promedio del 7 por ciento, el plazo se acorta aún mucho más a 10 años (para el 2025).

Este breve artículo no discute la manera en que pudieran materializarse esas diferentes trayectorias de crecimiento. El punto central sobre el que se ha deseado llamar la atención es la propia importancia de las tasas de crecimiento del PIB per cápita del país.


¿Cuál de las trayectorias sería preferible? Pudiera preguntársele a la gente, pero seguramente la línea roja (la tendencia actual) no entraría en las preferencias de muchos cubanos, con independencia de lo que pudieran pensar o aconsejar quienes postulan hoy una transformación pausada del modelo económico y social del país.

NOTAS:

[1] Reth, Allain. “Space Shuttle Launch: Equator vs. Mountains”, Wired, 7-7-2011, https://www.wired.com/2011/07/space-shuttle-launch-equator-vs-mountains/

[2] Datos informados por el Ministro de Economía y Planificación durante el octavo período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, 27 de diciembre de 2016. Ver, Oscar Figueredo Reinaldo y José Raúl Concepción. “Tras tenso 2016, Cuba aspira a crecer un dos por ciento en 2017”. Cubadebate. 27 de diciembre de 2016. http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/12/27/tras-tenso-2016-cuba-aspira-a-crecer-un-dos-por-ciento-en-2017/#.WGOV62dSNaQ

[3] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2016”. Sección “Cuba”. 14 de diciembre de 2016. http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/40825/15/1601260BP_Cuba_es.pdf

[4] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “CEPALSTAT Base de Datos”, http://interwp.cepal.org/sisgen/ConsultaIntegrada.asp?IdAplicacion=6&idTema=131&idIndicador=2206&idioma=e

[5] United Nations Development Program (UNDP). “Human Development Report 2015: Work for Human Development”, http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_2015_statistical_annex.pdf

[6] Se ha empezado a contar desde 2015, la última fecha para la que se dispone de datos comparables de PIB per cápita para los tres países (Cuba, Barbados, y Antigua y Barbuda). Para facilitar el ejercicio, se ha asumido que los niveles de PIB per cápita de Barbados y de Antigua y Barbuda se mantendrían constantes en el tiempo. La simplificación del cálculo también incluye considerar como iguales las tasas de crecimiento del PIB total y del PIB per cápita de Cuba.

[7] ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2015. Tabla 3.2 Población residente por sexo, edades y relación de masculinidad, año 2015, http://www.one.cu/aec2015/03%20Poblacion.pdf

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