martes, 20 de diciembre de 2016

Stiglitz y la economía cubana


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Tuvimos los economistas la suerte y el privilegio de tener otra vez en Cuba al economista estadounidense, profesor en diversas universidades y Premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz.

Catorce años atrás, invitado a uno de los eventos sobre Globalización y Desarrollo que convocaba la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba, Stiglitz puso énfasis en la desigualdad del proceso de globalización y cómo los países subdesarrollados, aquellos que eran globalizados sí o sí, resultaban los perdedores de esta nueva ¿característica? del desarrollo de la economía mundial.

Para mí, su paso por el Banco Mundial como Economista Jefe fue quizás de lo más relevante, sobre todo porque marcó nuevas tendencias en esa organización y bajo su dirección se publicó uno de los Informes sobre el Desarrollo más notables de los años 90, donde se profundizaba en el papel del conocimiento en el desarrollo y el crecimiento económico. Ya para aquella época –hablamos de veinte años atrás– varios economistas cubanos habían realizado trabajos donde se demostraba la importancia de ese factor para el desarrollo económico cubano y también, como coralario de aquellas investigaciones, que Cuba debía promover políticas económicas que hicieran realmente efectiva esa ventaja.

De nuevo en Cuba, Stiglitz reiteró que ese proceso, entendido objetivamente como la fragmentación de sistemas y cadenas productivas a escala global, resulta ineludible y que, a diferencia de lo que ocurría hace quince años, hoy produce efectos negativos que padecen tanto los países pobres como los países ricos. En síntesis: que el malestar de la globalización se ha extendido también hacia aquellos países que décadas atrás parecían ser los ganadores del proceso.

Pero también dijo esta vez que era posible encontrar oportunidades en esa globalización en curso; incluso, que los países pequeños y pobres también podían hallar espacios ganadores. Dijo más, afirmó: “Cuba está preparada para asimilar los cambios acelerados que vive la economía mundial” y así fue publicado por el periódico Granma.

¿A qué cambios se refirió Stiglitz? En realidad en su conferencia en el Hotel Nacional, y luego en la realizada en el Aula Magna de la Universidad de La Habana abordó hechos y características bien conocidas del desarrollo del capitalismo contemporáneo, tales como:

-El rol decisivo de la economía financiera sobre la economía productiva.

-El cambio hacia una economía donde lo decisivo es la capacidad de aprender o lo que él llamó economía del aprendizaje.

-Las implicaciones de la 4ta Revolución industrial.

-La necesidad de la consistencia macroeconómica para el desarrollo y el crecimiento económico.

-El “trade off” existente entre la forma en la que la economía mundial está creciendo y el ahorro creciente de puestos de trabajo que el desarrollo tecnológico está provocando, o lo que pudiera llamarse el ahorro creciente de fuerza de trabajo calificada.

-El hecho de que los costos laborales tienen cada vez un menor peso en las decisiones estratégicas de las empresas.

-La imposibilidad de repetir las estrategias de desarrollo utilizadas décadas atrás.

-La necesidad de promover la “economía del aprendizaje” y de desarrollar la economía de los servicios que permita crear puestos de trabajo de alta calificación.

-El Estado será decisivo en las nuevas estrategias. Pero el mercado no podrá ser excluido.

-La necesidad de aprovechar las oportunidades que las Instituciones Financieras Internacionales pueden brindar, a la misma vez que reconocía el hecho de que estas (incluso el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional) habían experimentado algunos cambios favorables.


Conferencia del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en el Hotel Nacional de Cuba, 6 de diciembre de 2016. Foto: Abel Padrón / ACN.

Para mí –y creo que para algunos de mis colegas cubanos que durante tanto tiempo nos hemos dedicado a estudiar los problemas de la economía nacional– resulta edificante tener tantos puntos de coincidencia con Stiglitz, aunque también como casi siempre ocurre tengamos nuestras discrepancias con el ex economista Jefe del Banco Mundial. Hace ya años varios de nuestros economistas han puesto de manifiesto estas tendencias y la necesidad de tomarlas en cuenta a la hora de pensar en nuestro desarrollo futuro. Decenas de Tesis de Doctorado y varias decenas de artículos, así como libros han sido escritos y publicados sobre estos temas por autores del patio.

Pero también Stiglitz habló de Cuba. Dijo varias cosas en sus tres intervenciones en la Isla. Intentaré una síntesis a riesgo de olvidar alguna:

-Cuba está preparada para asimilar los cambios acelerados que vive la economía mundial.

-Los cambios de los últimos años han sido drásticos y “tenemos que repensar la economía –amplió–, pero Cuba está bien posicionada. Su desarrollo económico dependerá de ello”.

-Cuba podría desarrollar sectores como la agricultura y la energía renovable: “Cuba, por su posición geográfica, posee una riquísima dotación de sol”.

-La abundancia de mano de obra calificada resulta una ventaja para Cuba.

-El sector privado, convenientemente regulado, debe ser un factor positivo en el desarrollo.

-Es posible sacar provecho de las relaciones con el FMI, siempre que no se dependa de su dinero [del FMI].

Es cierto, Cuba tiene algunas condiciones naturales –esas que los economistas llamamos ventajas comparativas– para insertarse con ganancias en estas nuevas tendencias del desarrollo; pero sobre todo tiene condiciones no naturales –esas otras que los economistas llamamos ventajas adquiridas– que, combinadas con las anteriores, nos permitirían esa inserción ventajosa.

De hecho, los “ejes estratégicos” definidos en los documentos que hoy se discuten en Cuba están definidos sobre esas bases: las de combinar esos dos tipos de ventajas y las tendencias mundiales. Está claro que pasar de la letra a los hechos da más trabajo. Definir qué hacer es muy importante, pero saber y poner en práctica cómo hacerlo es decisivo.

Pongamos un ejemplo sencillo; la dotación de conocimiento y su estructura es realmente una ventaja innegable adquirida a partir de los grandes programas de educación a todos los niveles, en todo el país:


Nivel educacional de la población económicamente activa
2015
Miles de personas%
Total4.979,50100%
Primario244,204,90%
secundario1.131,1022,72%
Medio superior2.513,5050,48%
Superior1.090,7021,90%
Fuente: ONEI. Anuario estadístico de Cuba 2015
Sin embargo, el PIB per cápita está lejos de corresponderse con la calidad de esa fuerza de trabajo.

También es cierto que debemos mirar a futuro y tratar de conjurar lo que al parecer constituyen tendencias ya establecidas que pueden ser –y ya son– costosas para el futuro del país. Cuba está experimentado una reducción de su personal docente de un 13 por ciento en los últimos cinco años. La cantidad de docentes frente al aula se ha reducido en la Educación Técnica y Profesional desde los 28 368 docentes hasta los 18 708 docentes, y de ellos los que son docentes universitarios han disminuido desde 20 096 hasta los 15 528 desde el curso 2010-2011 hasta el curso 2015-2016.

Si queremos un caso concreto, a tono con lo que Stiglitz dijera, miremos la dotación de conocimiento del sector agropecuario cubano (medido en cantidad de técnicos medios, ingenieros agrónomos y pecuarios, Centros de Investigación-Desarrollo e Innovación). Lamentablemente nuestro Anuario Estadístico ya no nos da información acerca de la calidad del empleo en cada uno de nuestro sectores –algo muy necesario si queremos caminar hacia esa economía del aprendizaje. No obstante, es posible afirmar que esa dotación de conocimiento en la agricultura cubana es quizás la más alta de América Latina y probablemente compare con ganancias con algunos países desarrollados. Sin embargo, los rendimientos por hectáreas, la productividad por hombre y los niveles de producción son incomparablemente más bajos que en esos países.

Es cierto que debemos crear cada vez más puestos de trabajo de alta calificación, pero nuestras políticas salariales no incentivan la permanencia en esos puestos, todo lo contrario: se convierten en incentivos negativos que impulsan la emigración laboral hacia puestos de menor calificación y mejor remunerados o hacia el exterior. ¿Y cómo hacer, si en Cuba hoy hay más unidades presupuestadas que empresas productivas? ¿Cómo hacer, si todavía hoy el 40 por ciento del empleo está en el sector presupuestado y depende de los que producen?

La cantidad de personas empleadas en los que se denominan Servicios comunales, sociales y personales es hoy de 1 948 300 personas –algo así como el 40 por ciento del total de la población económicamente activa. Todo el personal docente hoy alcanza la cifra de 275 242 personas, el de la salud 262 764. Nuestro anuario no dice si ellos están considerados dentro de ese gran acápite que es Servicios Comunales, sociales y personales; si así fuere y entendiendo que esos dos sectores garantizan el presente y el futuro de nuestro desarrollo, entonces quedaría un 30 por ciento de personas empleadas en sectores de muy baja o ninguna productividad. Debemos cambiar esa estructura del empleo si queremos caminar hacia una economía del aprendizaje*.

Siempre es más fácil decirlo que hacerlo, pero lo cierto es que todos estos años de esfuerzo ya consiguieron determinados cambios, aunque no los suficientes. Un país que crece poco y acumula e invierte poco pude generar poco empleo, por eso es importante aprovechar las oportunidades, ser más flexible con el sector productivo nacional, con la empresa estatal –que aún se encuentra muy atada a prácticas y disposiciones que la limitan–, ser más proactivos con la Inversión Extranjera Directa, ser más dinámicos en el fomento de la pequeña y mediana industria nacional… Fomentar que todos los agentes económicos se sientan incentivados a invertir en aquellos negocios que estén alineados con los ejes estratégicos de desarrollo del país. Que sean todos, no unos sí y otros no.

Es bueno oír a Stiglitz, ojalá podamos oír personalmente a otros. Siempre estimula a pensar en nuestra economía y en nuestros economistas.



* Todas las cifras provienen de ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2015.

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