sábado, 17 de diciembre de 2016

Cómo combatir la desigualdad de la riqueza

En colaboración con Project Syndicate.

Image: REUTERS/Adr

Desde 2013, cuando Thomas Piketty publicó su tan discutido estudio de la distribución del ingreso y la riqueza, la desigualdad ha estado al frente del debate público en las economías más avanzadas. Se la culpa de todo, desde un crecimiento lento y un estancamiento de la productividad hasta el ascenso del populismo y el voto por el Brexit. Pero la desigualdad sigue estando mal definida, sus efectos son sumamente variables y sus causas están en el centro de un debate encendido.

Hasta la pregunta más básica -cuánta desigualdad es demasiada- es prácticamente imposible de responder. No existe ninguna "tasa natural de desigualdad" que caracterice a una economía en equilibrio, un nivel al que los responsables de las políticas puedan apuntar. Más bien, las tasas de desigualdad de los países se miden entre sí -una estrategia limitada que ignora todo desde las tendencias económicas más amplias hasta las diferencias en el impacto de la desigualdad de la riqueza en poblaciones en diferentes contextos sociales.

En un momento en que todos parecen quejarse de la desigualdad, la riqueza, a nivel global, está más distribuida que nunca. Solamente en los últimos 16 años, la cantidad de gente que califica para la inclusión en la clase media global -al nivel de hoy, la gente con activos financieros netos de 7.000-43.000 euros (7.400-44.600 dólares)- se ha más que duplicado, a más de 1.000 millones, o aproximadamente el 20% de la población mundial.



Banco Mundial publicaba recientemente resultados sobre el estado de la desigualdad global y observa una disminución reciente

Y no es sólo la clase media la que crece. A fines del año pasado, unos 540 millones de personas en todo el mundo podían contarse entre los ricos a nivel global, con activos netos por sobre los 42.000 euros. Eso corresponde a unas 100 millones de personas, o 25%, más que en 2000.

La clave de este progreso ha sido el éxito de las economías emergentes, especialmente China. Y, por cierto, muchos de los que se han sumado al grupo de los súper ricos no pertenecen a los países tradicionalmente "ricos"; por el contrario, Estados Unidos, Japón y Europa occidental hoy apenas tienen el 66% de los hogares con un alto nivel de riqueza del mundo, comparado con más del 90% en 2000.

A nivel nacional, la desigualdad está en aumento, pero sólo en algunos lugares. En las economías emergentes, el porcentaje de riqueza en manos de la clase media se está incrementando, lo que indica una caída en la desigualdad de la riqueza. Es principalmente en el mundo industrializado donde la desigualdad está en alza, y donde el porcentaje de riqueza en manos del 10% más rico de la población crece más.

Esta discrepancia encuentra una explicación, en parte, en el hecho de que la crisis financiera global afectó más a los países avanzados, especialmente en Europa. Pero las políticas monetarias expansionistas que los bancos centrales de los países avanzados implementaron después de la crisis no hicieron más que agravar una situación ya de por sí mala.

Esas políticas hicieron subir los precios de los activos -especialmente los bonos y las acciones- que estaban en posesión principalmente de los hogares ricos. Al mismo tiempo, perjudicaron a los ahorristas de clase media, quienes normalmente dependen de instrumentos de ahorro menos sofisticados como los depósitos bancarios. Con tasas de interés cero o, más recientemente, negativas, esos ahorristas terminaron perdiendo. Si bien la media de los hogares se beneficia en general con los costos de endeudamiento más bajos, el beneficio para los hogares más adinerados es mucho mayor, en parte gracias a ahorros vinculados a préstamos hipotecarios, que son los más altos en relación al ingreso para la clase media alta.

Pero el impacto de la política monetaria excesivamente laxa se extiende mucho más allá de los efectos de la riqueza y los ingresos de hoy. En un momento en que las poblaciones de los países avanzados envejecen rápidamente, ahorrar para la vejez se ha vuelto más importante que nunca. Como las tasas de interés muy bajas reducen la tasa de acumulación de activos de pensiones, todos los hogares, excepto los más ricos, probablemente tengan que fomentar los ahorros y/o reducir el consumo, ahora y en el futuro. La caída del gasto a lo largo de la vida en definitiva tendrá un impacto negativo en el crecimiento y potencialmente generará fracturas sociales en las próximas generaciones.

Lo que complica aún más la situación de la desigualdad son las diferencias en las economías individuales, inclusive en aquellas economías que, técnicamente, tienen niveles similares de desigualdad. Consideremos las disparidades entre Estados Unidos, Dinamarca y Suecia -los tres países entre las sociedades más desiguales del mundo, en términos de distribución de la riqueza.

A Dinamarca y a Suecia se las conoce por sus sistemas de previsión social bien desarrollados, su educación gratuita y su alta participación en el mercado laboral. Es más, Dinamarca ocupó el primer lugar en el informe de Felicidad Mundial de las Naciones Unidas el año pasado, lo que sugiere que la desigualdad de la riqueza no afecta demasiado a los dinamarqueses.

Por el contrario, en Estados Unidos, que carece de muchas de las protecciones sociales ofrecidas por sus pares del norte de Europa, la desigualdad es, en verdad, muy alarmante. El incremento de la desigualdad de la riqueza allí en los últimos diez años ha sido más pronunciada que en cualquier otro país. Hoy, Estados Unidos tiene la clase media más pequeña, que apenas posee el 22% del total de activos financieros netos, la mitad del promedio de otros países industrializados, y la mayor concentración de riqueza que en cualquier otro país.

Como en Europa o Japón, la crisis financiera y la subsiguiente política monetaria podrían ser una causa importante de este desenlace. Sin embargo, otro factor también podría ser la revolución digital que, al menos para los principales protagonistas, cada vez más resulta ser un "catalizador de la riqueza". En cualquier caso, cabe reconocer que la situación de Estados Unidos es extraordinaria. No representa el estado del capitalismo occidental. Es la excepción, no la regla.

Todo esto tiene importantes implicancias para cómo se enfrenta la desigualdad. En pocas palabras, si las causas y los impactos de la desigualdad difieren entre los países, también deberían diferir las prescripciones en materia de políticas.

Para algunos países, como en el sur de Europa, hacer frente al desempleo es crítico para permitir que los hogares de ingresos medios y bajos ahorren y consuman. Otros países deberían centrarse en mejorar las condiciones para el ahorro a largo plazo, como por ejemplo a través de esquemas de pensiones ocupacionales. Y a otros les convendría reducir la carga impositiva, en particular para los asalariados de ingresos bajos y medios.

Sin embargo, existe una prescripción en materia de políticas que beneficiaría a muchos de los países con los niveles más elevados de desigualdad. Los bancos centrales deben poner fin a las tasas de interés cero y, especialmente, negativas. Esta medida representaría, por cierto, un buen punto de partida para combatir la creciente desigualdad de la riqueza.

Tontos útiles por todas partes

Si queremos alguna esperanza de redención, hay que dejar de tratar la elección de Trump como normal


El jueves, un editorial del New York Times describía a Donald Trump como un "tonto útil" al servicio de los intereses rusos, pero puede que esto no sea del todo correcto. Al fin y al cabo, se supone que los tontos útiles no son conscientes del modo en que se los utiliza, mientras que Trump probablemente sepa muy bien cuánto le debe a Vladimir Putin. Recuerden que una vez hizo un llamamiento abierto a los rusos para que piratearan el correo electrónico de Hillary Clinton.

Aun así, es correcta la imagen general de un presidente electo que en parte debe su puesto a la intervención de una potencia extranjera, y da muestras claras de estar dispuesto a usar la política estadounidense para recompensar a esa potencia.

Pero seamos sinceros: Trump no es, en absoluto, el único tonto útil de esta historia. Como dejaba claro un reportaje reciente del NYT, los malos no habrían pirateado las elecciones de EE UU si no hubieran tenido mucha ayuda tanto de los políticos estadounidenses como de los medios de comunicación.

Permítanme explicar a qué me refiero cuando digo que los malos piratearon las elecciones. No hablo de alguna teoría de la conspiración descabellada. Me refiero al impacto evidente de dos factores en la votación: el martilleo constante de las filtraciones amañadas por Rusia sobre los demócratas, y nada más que los demócratas, y la exagerada y completamente injustificada intervención a última hora del FBI, que parece haberse convertido en una institución muy partidista, con clara simpatía por la extrema derecha.

¿De verdad hay alguien que ponga en duda que estos factores modificaron al menos un 1% de los votos en los estados bisagra? De ser así, supusieron una diferencia en Michigan, Wisconsin y Pensilvania (y, por tanto, le entregaron a Trump la victoria en el Colegio Electoral, aunque consiguiese casi tres millones menos de votos en total). Sí, piratearon las elecciones.

Por cierto, las personas que responden a esta observación hablando de los errores de la estrategia de campaña de Clinton no captan el fondo de la cuestión, y siguen actuando como tontos útiles. En todas las campañas se cometen errores. ¿Desde cuándo esos errores justifican que una potencia extranjera manipule unas elecciones y que un organismo encargado de hacer que se cumpla la ley actúe de forma deshonesta?

¿Y por qué funcionó la manipulación? Es importante darse cuenta de que la declaración de la CIA tras las elecciones, en la que señalaba que Rusia había intervenido en favor de la campaña de Trump, fue una confirmación, no una revelación (aunque nos hayamos enterado ahora de que el propio Putin intervino en ello).

La inclinación de Trump y sus asesores por Putin era patente meses antes de las elecciones (yo escribí sobre ello en julio). Hacia mediados del verano, la estrecha relación entre WikiLeaks y el espionaje ruso también era evidente, al igual que el alineamiento cada vez mayor de la página web de filtraciones con los nacionalistas blancos.

¿Rechazaron los políticos republicanos, que con tanta ostentación ondeaban la bandera y ponían en duda el patriotismo de sus rivales, esta contribución extranjera a su causa? No. De hecho, que yo sepa, ninguna figura republicana importante se mostró mínimamente dispuesta a criticar a Trump cuando este pidió a Rusia directamente que piratease a Clinton.

No debería sorprendernos. Hace mucho tiempo que resulta evidente —excepto, al parecer, para los medios de comunicación— que el Partido Republicano moderno es una institución radical, dispuesta a infringir las normas democráticas con tal de conseguir el poder. ¿Por qué iba a ser diferente la norma de no aceptar ayuda extranjera?

Lo más sorprendente fue el comportamiento de los medios de comunicación, y no me refiero a medios de pacotilla; hablo de organizaciones grandes y de prestigio. Los mensajes electrónicos filtrados, que todo el mundo sabía que probablemente eran fruto del pirateo ruso, se publicaron sin respiro como si fueran revelaciones escandalosas, aunque, en la mayoría de los casos, lo único que revelaban era que los demócratas son humanos.

Por otra parte, los medios de comunicación destacaban obedientemente la historia del servidor de Clinton, en la que nunca hubo pruebas de transgresión, pero que, en la mente de la ciudadanía, se integró en la percepción de un enorme escándalo de "mensajes electrónicos", cuando ahí no había nada.

Y luego llegó la carta de Comey. El FBI no encontró nada en absoluto, literalmente. Pero la carta aparecía en todas las portadas y noticias televisivas, y esa cobertura —por parte de medios informativos que seguramente sabían que les estaban utilizando como arma política— fue, casi con certeza, decisiva el día de las elecciones.

Así que, como he dicho, ha habido muchos tontos útiles este año, y han hecho que el pirateo electoral triunfe.

¿Y ahora, qué? Si queremos tener alguna esperanza de redención, la gente tendrá que dejar de permitir que la utilicen del modo en que la han utilizado en 2016. Y el primer paso consiste en admitir la horrible realidad de lo que acaba de pasar.

Lo cual significa no intentar cambiar de tema hablando de estrategias de campaña, que es un asunto legítimo, pero no guarda relación con la cuestión de la manipulación electoral. Significa no justificar la cobertura informativa que ha dado alas a esa manipulación.

Y significa no actuar como si estas hubiesen sido unas elecciones normales cuyos resultados encomiendan al vencedor alguna misión, o mejor dicho le otorgan alguna legitimidad, más allá de los requisitos legales básicos. Tal vez resulte más cómodo fingir que todo va bien, que la democracia estadounidense no está al borde del abismo. Pero eso sería llevar la tontuna útil al siguiente nivel.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2016.
Traducción de News Clips.

Balance Preliminar de CUBA ▪ 2016. CEPAL

Cuba 

Para 2016, la CEPAL estima una tasa de crecimiento del PIB de Cuba del 0,4%. Ha sido un año particularmente difícil para la economía cubana, ante un entorno internacional caracterizado por un todavía bajo crecimiento económico y el continuado debilitamiento del comercio exterior como motor de crecimiento. Se espera un déficit fiscal de 6% (contra 5,8% en 2015). En 2016 se espera que se mantenga aún el superávit en la balanza de cuenta corriente, pero por un margen reducido, de alrededor de 1.900 millones de dólares. A pesar de aumentos coyunturales de algunos productos agrícolas, el nivel de precios se ha mantenido relativamente estable y para este año se espera que la inflación se ubique en un nivel similar a la del año previo (2,8%). El número de ocupados totales ha permanecido sin cambios, con tendencia a la reducción de empleo en el sector estatal y un incremento en el sector no estatal. La tasa de desempleo se espera que se sitúe en 2,4%. 

El presupuesto de Estado fue elaborado con una tasa de crecimiento económico del 2%, aún con la ralentización del crecimiento, el déficit fiscal se mantendrá menor al máximo aprobado (7,0% del PIB). Como en años recientes, este será financiado mediante la emisión de bonos soberanos con una amortización desde uno hasta 20 años y a una tasa de interés promedio del 2,5% anual. 

En 2016 se ha acentuado la política de lograr una mayor eficiencia del gasto público, sin dejar de cubrir las obligaciones fundamentales del Estado en materia de educación, salud y seguridad social. El gobierno anunció durante el segundo semestre del año un recorte de la inversión pública del orden del 17% global, respecto de lo planificado inicialmente (la inversión social no se reduce), como una de las medidas para paliar, entre otras cosas, el efecto de los menores envíos de petróleo de Venezuela. En el mismo período, el gobierno activó el cobro del impuesto a los ingresos personales y de la contribución especial a la seguridad social de los trabajadores de empresas estatales, que no solamente reciben su salario base, sino beneficios salariales por el perfeccionamiento empresarial, sistemas de pagos por resultados y la distribución de utilidades. Lo anterior ya estaba previsto en la Ley 120 del presupuesto del Estado de 2016. 

Los diferentes mercados que existen actualmente en Cuba con precios divergentes y la utilización de dos monedas con diferentes tipos de cambio, dificultan el manejo monetario. El Banco Central busca balancear la oferta y demanda de las dos monedas, en preparación para la eliminación de la dualidad monetaria. El crédito, tanto al sector empresarial como a personas naturales, se ha incrementado progresivamente. En el período enero-septiembre de 2016 los créditos a las personas naturales se incrementaron en 45,6%, con respecto a igual período del año anterior, (destaca el dinamismo de la actividad constructiva), mientras que el de las personas jurídicas se incrementó en 55,4%. 

El tipo de cambio continúa fijo, con una tasa del 24 CUP por CUC para las operaciones de ventas por la población a bancos y CADECA (casas de cambio). Las autoridades gubernamentales han anunciado que se avanza en el proceso de la unificación monetaria y cambiaria y que se está en búsqueda de la opción que genere menores efectos nocivos en el poder adquisitivo de la población. En el informe al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) realizado en abril pasado, se ratificó una vez más la decisión de garantizar los depósitos en cuentas bancarias en divisas extranjeras, CUC y CUP, así como el dinero efectivo en poder de la población. 

En el primer semestre del año el PIB de Cuba creció en 1% en un contexto de disminución de los ingresos por divisas, debido a la caída en el precio internacional del níquel, entre otros factores. Además, a comienzos del segundo semestre se anunció la reducción en el suministro de combustible proveniente de Venezuela (su principal proveedor), por lo que para la segunda mitad del año la economía cubana enfrenta limitaciones adicionales que le impedirán cumplir, entre otras cosas, con el plan de inversiones inicial. Aunado a lo anterior, si bien el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció en el mes de octubre el levantamiento de algunas restricciones a Cuba, el bloqueo económico-financiero y comercial sigue vigente y continua impidiendo que se efectúen transacciones comerciales y financieras, de acuerdo a las normas y prácticas internacionales. No se vislumbra el cese del bloqueo a pesar de su rechazo categórico por parte de la comunidad internacional. 


La llegada de turistas y los ingresos por esta actividad continúan su expansión vigorosa; en el primer semestre del año ambas se incrementan en 11,7% y 15,0%, respectivamente; sin embargo, la contribución de este sector al ingreso nacional se ve reducida notablemente pues buena parte de los bienes demandados por los turistas no puede satisfacerse localmente y es necesario importarlos (1). La balanza de bienes sigue siendo deficitaria y es compensada por el saldo positivo de la balanza de servicios. 

La inversión extranjera llega a la isla caribeña gradualmente, pero el carácter extraterritorial del bloqueo, así como otros problemas internos atribuibles a la ineficiencia doméstica y estructuras económicas que dificultan el logro de una mayor productividad, disminuyen los incentivos para su llegada. No obstante, se espera que en el futuro se convierta en una fuente estratégica de dinamismo económico, sobre todo de la proveniente de Europa ante la firma anunciada el 12 de diciembre del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la Unión Europea que pondrá fin a la denominada “Posición Común”, que restringía las relaciones con Cuba. 

A principios de octubre el huracán Matthew golpeó la punta este del país dañando severamente cultivos (cacao, café, coco, plátano), viviendas e infraestructura de cuatro municipios del país; están en marcha diferentes medidas para comenzar la reconstrucción. Esta situación tendrá impacto en el PIB de 2017 principalmente, probablemente el efecto neto pueda resultar positivo. 

En 2016, los sectores con crecimiento fueron hoteles y restaurantes (debido al turismo), comercio y telecomunicaciones principalmente. En sentido contrario, se contrajeron el sector de explotación de minas y canteras y la industria manufacturera, fundamentalmente. 

Se espera que se materialicen inversiones por 6.510 millones de pesos, un 17% por debajo de la cifra estimada a comienzos de año. El magro crecimiento económico está basado principalmente en un mayor consumo no estatal, asociado a su vez a las compras de las formas de gestión no estatales: actividades por cuenta propia, cooperativas no agropecuarias y pequeños agricultores, así como cooperativas agropecuarias. 

No hay información disponible sobre el número de ocupados en 2016. Se estima que éste seguirá en torno a 4.860.500 trabajadores, cifra registrada en 2015. En 2016 el salario mínimo quedó establecido en 225 pesos cubanos. El salario medio en 2016 podría ser mayor a los 687 pesos (cifra de 2015 y que corresponde al sector empresarial estatal y presupuestado). 

En cuanto al empleo en las formas de gestión no estatales, como el trabajo por cuenta propia, se observa un crecimiento. Al cierre de octubre de 2015, los trabajadores por cuenta propia ascendían a 500.512, mientras que a octubre de 2016 aumentaron a 526.953 personas (incremento del 5,3%). Las actividades más importantes son la elaboración y venta de alimentos (11% del total), y el transporte y carga de pasajeros (10%). 

En 2017 el crecimiento económico comenzará a acelerarse paulatinamente, tomando en cuenta que se regularizarán los envíos de combustible de Venezuela, empujado por los sectores de las telecomunicaciones y el turismo, y en menor medida, por la construcción, y la agricultura 

Las mejores perspectivas para los precios del níquel y azúcar, incrementarán ligeramente los ingresos por divisas. Se espera una expansión del PIB del orden del 0,9%, el consumo de los hogares -que incluye también el consumo intermedio (2)- será dinámico, sin presiones sobre la inflación.

Notas

(1) Generalmente las importaciones provienen de países como Vietnam, China, Corea, y otros europeos dado el carácter extraterritorial del bloqueo que EE.UU. mantiene sobre Cuba. Lo anterior le genera a la isla caribeña costos financieros importantes. 

(2) En Cuba no existen mercados mayoristas por lo que los dueños de los pequeños restaurantes no estatales acuden a los mismos mercados que los consumidores finales para comprar los insumos y productos que requieren su actividad para satisfacer el consumo de sus clientes. En este sentido, el consumo final incluye este consumo intermedio.