martes, 14 de febrero de 2017

San Valentín y El Club De Los Economistas Enamorados


PUBLICACIONES - febrero 14, 20170


El “speed dating”, un sistema de citas rápidas, permitió hacer experimentos a los economistas sobre personas racionales buscando una cita con la potencial pareja más deseable.

En una de las escenas más recordadas de la película “Una mente brillante”, el actor Russell Crowe, que personifica al Nobel de Economía John Nash, uno de los popes de la teoría de los juegos, entra a un bar con tres amigos y evalúa cómo les conviene encarar a un grupo de chicas integrado por una rubia (la que todos quieren) y tres amigas de pelo castaño. La película ganó el aplauso de la crítica y cuatro premios Oscar, pero los economistas detectaron en la escena del bar un error garrafal: básicamente, el guión ni siquiera “simplifica” la teoría de Nash (algo que se podría hacer con elegancia) sino que va en contra de lo que el economista descubrió. “Confunde una propuesta de equilibrio cooperativo (ponerse de acuerdo para levantarse a la rubia) con una de equilibrio no-cooperativo (que es el de Nash)”, explica el economista y profesor de la UBA Javier Finkman.

El mundo de las citas, que en la semana que pasó desde la publicidad por el día de San Valentín se enfatizó a tal punto que dieron ganas de salir a acribillar angelitos, siempre fue elusivo para los economistas. El primero que lo estudió fue Gary Becker, a principios de los 70, quien imaginó a la sociedad como un “gigantesco cocktail” con personas racionales buscando una cita con la potencial pareja más deseable, sujeta a la restricción de que acepte salir con ellos.

Desde entonces hubo muchos refinamientos teóricos, pero pocos “testeos” de las hipótesis que los modelos matemáticos sugieren. En el mundo real, las decisiones racionales sobre las citas están acotadas: por lo general, noviamos o nos casamos con gente de nuestro entorno social, profesión o carrera.

Pero hace tres años los economistas académicos se entusiasmaron con una nueva modalidad de “matching” de parejas, que elimina -o al menos reduce sustancialmente- el sesgo anterior y permite acumular una enorme cantidad de información estadística. Se trata del “speed dating”, un sistema de citas rápidas: en un bar, los hombres y mujeres mantienen breves encuentros cara a cara, de tres o cuatro minutos, hasta que suena una chicharra y cambian de pareja. Al final de la jornada, en los casos de coincidencia, los responsables del bar pasan los teléfonos.

En la Argentina ya hay lugares que ofrecen esta modalidad, que en los EE.UU. es un boom, y permitió hacer experimentos por parte de economistas académicos a gran escala estadística. En uno de ellos, los investigadores Michele Belot y Marco Francesconi corroboraron así que las mujeres son más selectivas y se entusiasman con la mitad de parejas que los hombres; los varones privilegian la belleza y las mujeres la inteligencia y el éxito; los fumadores y no profesionales reciben menos propuestas, etc. En Columbia, Ray Fisman halló que las mujeres tienden a elegir compañía de su misma raza, y los hombres no tanto. Y que es extremadamente raro que un hombre opte por una pareja que lo supera en inteligencia y éxito profesional.

Fuente:Economía insólita

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