martes, 7 de marzo de 2017

Cuentapropismo, entre el ser y el querer

Nery Ferreira • 5 de Marzo, 2017


LA HABANA. 13 de octubre de 2010, resurge el cuentapropismo en Cuba. Por primera vez la máxima dirección del país aboga por su expansión con medidas de gran calado; aunque la reaparición es diferente en parte, porque vuelve restringido, desde su propia concepción.

Más allá del concepto, como refieren entendidos en el tema, es una cuestión de crear oportunidades y propiciar verdaderamente su desarrollo. Pasa que ese término, cuentapropismo, le queda estrecho a no pocos, y no solo por lo que hacen, sino por lo que desearían ser.

Están los que sueñan sus productos o servicios frontera afuera, pretensión muy lejos de lo autorizado, con el impedimento además de la ausente personalidad jurídica.

De acuerdo con el economista Ricardo Torres*, una característica de esas figuras económicas aprobadas, relacionada con su perfil sectorial, tiene que ver con su ubicación en actividades no transables (aquellas sin posibilidades de importaciones o exportaciones), lo cual es un problema en sí mismo, debido a la urgencia del país de incrementar sustancialmente el volumen de las ventas en el exterior.

Las razones —explica— obedecen a una combinación de regulaciones: mantenimiento e incluso profundización del monopolio estatal sobre el comercio exterior; arreglo monetario y cambiario que obstaculiza el acceso a moneda extranjera para operaciones de ese tipo, y la propia expansión hacia ramas orientadas fundamentalmente al mercado doméstico.

Si bien datos desde América Latina apuntan a una baja participación de este sector en las exportaciones (alrededor del 10 por ciento), cierto es que, casi por definición, su papel en Cuba es y continuará siendo muy bajo de mantenerse las tendencias actuales, aduce el investigador.

El economista Omar Everleny Pérez Villanueva razona que, si bien la lista de 201 actividades cumplió inicialmente su rol, en la actualidad sería más viable poner una lista negativa, es decir, aquellas actividades que al Estado no le interese que sean ejecutadas por privados, como por ejemplo Educación y Medicina.

Siguiendo esa lógica, podrían aparecer entonces figuras como la de exportador, turoperador turístico, agentes de viajes, y hasta bufetes de ingenieros, abogados, arquitectos y economistas, en forma de pequeñas y medianas empresas (PYMES), como enumera el entrevistado.

Pérez Villanueva argumenta que uno de los activos más preciados de Cuba es la calificación de sus recursos humanos, y se desaprovecha. “Sería factible evitar el éxodo de personas de alto nivel de escolarización hacia oficios de bajo valor agregado —pero donde se obtienen mejores ingresos—, e incluso frenar la emigración hacia el exterior”.

En muchos casos —añade— el Estado lo que debe legalizar son actividades que hoy persisten en la informalidad, para así recibir mayores tributos al Presupuesto, que posee un déficit creciente cada año.

No obstante, hay un desafío mayor, porque sacude los cimientos del tradicional modelo económico cubano, y tiene que ver con reconocer la existencia del sector privado, para regularlo y dejarlo actuar.

En la última cita partidista el presidente Raúl Castro convocaba a “llamar a las cosas por su nombre y no refugiarnos en ilógicos eufemismos para esconder la realidad”. Y ya en la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista se dejó explícito, permitiendo la posibilidad de constituir pequeñas y medianas empresas bajo ese tipo de propiedad.

Ahora se necesitarán cambios normativos, y también de mentalidad.

A juicio de Pérez Villanueva, en las condiciones de recesión económica por la que atraviesa Cuba hay que aprovechar las reservas internas que se posean, no importa las formas de propiedad. “En economías socialistas como Vietnam y China el papel del sector privado es muy importante y en ningún caso ha desestabilizado al país, al contrario, ambos avanzan con altas tasas de crecimiento anual”.

Pero, para ello, las PYME deben estar vinculadas con todo el entorno empresarial, el cual es preciso diseñar e instrumentar de forma tal que el Estado reconozca su rol y cree las condiciones para aprovechar todo su potencial, resume.


Y hablando de conexiones…

Como se ha visto, ni porque el cuentapropismo reanudó la marcha hace seis años despojado del calificativo de “mal necesario”, ha bastado para que se anuden cabos sueltos que frenan su normal funcionamiento.

Otro, entre tantos, es la carencia de una bolsa de empleo, dígase mecanismo que conecte a los dueños de negocios y a los demandantes de trabajo.

Según confirma una investigación** realizada por profesoras titulares del Centro de Estudio de la Economía Cubana, la gestión del empleo en este segmento económico queda rezagada ante una realidad cambiante, en la que el sector no estatal está llamado a ocupar el 60 por ciento de los trabajadores cubanos, algo que se dijo al inicio de las reformas.

Un cambio en este sentido —revela el estudio— podría favorecer el aumento de la productividad, pues hasta el momento los cuentapropistas que contratan asalariados los suelen seleccionar entre sus redes sociales, donde prima la confiabilidad, y no necesariamente las competencias laborales.

Otra observación señala que tampoco se favorece la equidad en el acceso al empleo, ya que las ocupaciones que tienden a ser más atractivas en términos económicos, por lo general, están en función de la información y la influencia que tiene la red social de la que dispone y puede movilizar un individuo.

Y este escenario “desconectado” puede resultar en lo adelante más evidente.

Cifras compiladas por las investigadoras Dayma Echevarría León y Mayra Tejuca Martinez*** de la demanda estimada de fuerza de trabajo 2014-2018, indican un exceso de graduados de oficios, quienes al parecer no están contemplados dentro de las solicitudes de los organismos, y se espera encuentren en las formas no estatales suficientes espacios de inserción.

Contradictorio y preocupante a la vez, mientras el sector privado siga aislado del diseño de las necesidades laborales del país y, sobre todo, mientras las opciones de empleo continúen restringidas, en una lista inmóvil y a espaldas del ingenio del cubano.

(*) “Un nuevo modelo económico en Cuba: el rol del sector privado”, Ricardo Torres Pérez. En: Miradas a la economía cubana, Análisis del sector no estatal, Editorial Caminos, La Habana, 2015.

(**) “Política de empleo en Cuba 2008-2014: desafíos de la equidad en Artemisa”, Dayma Echevarría, Ileana Díaz y Magela Romero. En: Economía cubana: transformaciones y desafíos, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2014.

(***) “Relación Educación y Empleo: desafío actual y futuro”, Dayma Echevarría León y Mayra Tejuca Martínez. En: Economía y Gerencia en Cuba: Avances de Investigación, Boletín Semestral, enero-junio 2016 del Centro de Estudio de la Economía Cubana.

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