miércoles, 31 de mayo de 2017

Desarrollo, pobreza y normas sociales

Pedro Monreal , El estado como tal


¿Es moralmente inaceptable en Cuba el hecho de que una parte de la población viva en la pobreza? Me refiero a si existe hoy en el país una norma social extendida que considere que la pobreza es un fenómeno inadmisible, y no solo algo indeseable.
No tengo una respuesta concluyente pues no conozco la existencia de una encuesta ni de una investigación sobre el tema, pero considero que, para iniciar una conversación sobre el problema, pudiera ser conveniente adoptar la hipótesis de que para que Cuba pueda avanzar hacia la prosperidad con justicia social, tendría que hacerse muy extendida la norma social de que la pobreza es inadmisible.
Las normas sociales, esas reglas explicitas e implícitas que determinan qué tipo de comportamientos son aceptables en la sociedad, son las que hacen que la gente vea determinados hechos como normales y deseables, o –por el contrario- que los perciban como aberrantes e intolerables.
Al funcionar de esa manera, las normas sociales juegan una importante función en crear, entre los ciudadanos, el sentido de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que es justo y de lo que es injusto, en el marco de las estrategias de desarrollo. Un probable efecto sería que, en dependencia del tipo de normas sociales que predominen en un momento dado, ellas pueden contribuir a hacer avanzar, o por el contrario pueden dificultar, la búsqueda del desarrollo con justicia social.
No me refiero aquí a los principios morales de la política pública cubana de “la actualización” que, en mi opinión, expresan con claridad que no se acepta como “normal” que haya pobreza y desigualdad en el país.
Me refiero a la percepción que pudiera existir, en una parte de la ciudadanía (incluyendo funcionarios), de que con la pobreza lo que cabe es tener lástima, quizás desagrado, acaso compasión, o tal vez indiferencia, pero sin llegar a considerar la pobreza como una desgracia social intolerable que debe ser erradicada a toda velocidad. Considero que muchas de esas actitudes son observables en el país, aunque no conozco si han sido medidas y estudiadas.
Normalmente se acepta que la modificación de las normas sociales es algo inseparable del proceso de desarrollo, y en efecto ocurre así en muchos casos. Sin embargo, en una serie de aspectos, el avance hacia el desarrollo en Cuba también incluirá políticas y acciones diseñadas para NO cambiar ciertas normas sociales. Dos casos típicos serían las normas sociales, existentes desde hace tiempo en Cuba, respecto al valor y la justeza de la educación y de la salud como bienes públicos de acceso universal y gratuito, y como  derechos humanos asegurados efectivamente (no solo declarativamente) por el Estado. En Cuba es intolerable que un niño no pueda ir a la escuela por vivir en un hogar pobre y es inadmisible que un enfermo no reciba la mejor atención médica posible, con independencia de su situación económica, estatus social, filiación política, o preferencia ideológica.
Es muy perceptible el enfoque normativo (lo que debería ser) de “la visión de la nación”, pero es menos evidente la manera en que se abordan las normas sociales en el contexto de “la actualización”.
La “visión de la nación” expresa un enfoque normativo basado en juicios de valor a partir de los cuales se propone cómo debería ser el modelo económico, social y político de Cuba. Es esencialmente una abstracción. Eso no disminuye su utilidad práctica, pero conviene dejar clara su naturaleza abstracta. No se trata de una realidad existente sino de una aspiración.
Es reconocida, en el contexto de los estudios sobre el desarrollo contemporáneo, la importancia de construir narrativas positivas sobre el futuro como parte de las estrategias de desarrollo. La modificación de las actitudes y los comportamientos que se requieren para acompañar el desarrollo funciona mejor cuando se cuenta con una visión positiva del futuro que permita movilizar a la gente en esa dirección. La evidencia y el análsis deben ir acompañados de una narrativa adecuada. Un especialista como Alex Evans ha presentado recientemente una interesante explicación del tema en “The Myth Gap”, ver aquí.
El reconocimiento de que el “sentido común” es modificable mediante el “discurso” no es, obviamente, un tema nuevo. Conocidos científicos sociales como Pierre Bourdieu y Antonio Gramsci estudiaron el tema hace muchas décadas, pero en realidad, en el caso de Cuba no hay necesidad de buscar referentes externos. Los últimos sesenta años ofrecen una rica fuente de conocimiento, y de evidencia, acerca de la importancia de contruir narrativas positivas que sean capaces de movilizar, modificar las normas sociales, y contribuir a transformar la realidad social.
Un caso especialmente nítido en ese sentido fue la Campaña de Alfabetización. Se trata, probablemente, del primer cambio masivo de una norma social, asentado en una narrativa positiva de la Revolución, que todavía se mantiene intacta casi sesenta años después.
Habiendo expresado lo anterior, debe tenerse en cuenta que no todo enfoque normativo se convierte en una narrativa positiva atrayente, ni se materializa en nuevas normas sociales. Un énfasis desbalanceado en el plano de la narrativa, pudiera relegar otros aspectos cruciales para la modificación de las normas sociales.
Por otra parte, no se percibe una atención explícita a la cuestión de la transformación de ciertas normas sociales que hoy lastran el avance hacia un futuro de prosperidad con justicia social (por ejemplo, la naturalidad con la que muchos asumen el “faltante”), o a la necesidad de preservar y de reforzar algunas normas sociales existentes que son compatibles con el desarrollo, pero que parecen estar amenzadas (por ejemplo, el valor de la educación para el bienestar personal y familiar). En ese sentido, el mayor reto para quienes diseñan las estrategias de desarrollo y sus narrativas consiste en no confundir las aspiraciones con la realidad. Lidiar con normas sociales es muchísimo más complejo que delinear una “visión” y plasmarla en un pedazo de papel. No digo nada nuevo con esto, pero es bueno recalcarlo.
“La visión de la nación” es una abstracción normativa importante, pero no es la realidad. En comparación, cambiar normas sociales –como llegar a considerar que el analfabetismo, el desamparo frente a la enfermedad, o la pobreza son fenómenos sociales inadmisibles- es, directamente, una transformación de la realidad. Lo que debe entenderse claramente es que no simplemente porque se disponga de una narrativa sobre la prosperidad, ello va a producir una norma social que considere la pobreza como algo intolerable.
Concluyo con unos breves apuntes –algunos en forma de preguntas- sobre cuestiones relativas a la relación entre normas sociales y políticas públicas, que pudieran ser relevantes para el actual debate sobre “la visión de la nación”:
  • ¿Puede articularse un discurso inspirador sobre el futuro modelo económico, social y político de la nación sin insistir simultáneamente en lo que sustantivamente “está mal” en el modelo actual?
  • ¿Funciona mejor una narrativa movilizadora cuando adopta la forma de un discurso “puro”, o cuando incluye metas cuantitativas?
  • ¿Podrá avanzarse en la construcción de normas sociales que consideren intolerables la pobreza y la desigualdad si los principales medios de difusión del país no participan activamente en el proceso? (para empezar, reconociendo explícitamente que existe pobreza y desigualdad)
  • Un posible punto de vista sería considerar que el activismo social de los ciudadanos –propiciado por las normas sociales- es un componente subordinado a la implementación de un esquema determinado de política pública, institucionalmente diseñado. Sin embargo, también pudiera existir una perspectiva distinta que considerase que la política pública es un componente subordinado a un proceso mayor de movilización social. ¿Cuál sería la perspectiva más adecuada para avanzar hacia el desarrollo en Cuba?
  • ¿Qué es lo que se preguntarían los ciudadanos cubanos que estuviesen interesados en intervenir activamente en el proceso de desarrollo?: ¿Qué es lo podemos hacer, dado el contexto político que tenemos, o qué es lo que podemos cambiar de ese contexto político? (me inclino a pensar que se trata más de lo primero que de lo segundo, pero supongo que pudieran existir respuestas muy diversas)
  • ¿Cuáles son las cosas que ya existen hoy y que pudieran ser aprovechadas para construir una norma social que decididamente considerase como inadmisible la pobreza, en vez de tratar de tratar de edificar esa norma desde cero?

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