jueves, 4 de mayo de 2017

¿Es la empresa estatal perfectible?


Por Pedro Monreal, El Estado como tal.

La noción de que el funcionamiento de la empresa estatal cubana es deficiente no es noticia. Desde hace tiempo, el perfeccionamiento empresarial ha sido asumido oficialmente como el proceso que debería conducir al incremento de la eficiencia y de la competitividad de la empresa estatal cubana.

La premisa básica en que descansan las expectativas de éxito del perfeccionamiento empresarial es que la autogestión económica –cuando se diseña y se aplica bien- hace posible que las empresas estatales cubran sus gastos con ingresos y generen ganancias.
Llamo la atención acerca de que denominarle perfeccionamiento a tal proceso pudiera tener al menos dos problemas. En primer lugar, proyecta la imagen de que –en general- la empresa estatal cubana tiene un nivel aceptable de funcionamiento, aunque con deficiencias, y que la tarea pendiente sería lograr que funcionase mejor.
Se corre el riesgo, por tanto, de desfigurar la naturaleza del problema. No es lo mismo perfeccionar algo que marcha razonablemente bien, que tratar de resolver la situación de un sector empresarial estatal que, en general, funciona con pérdidas.
No se dispone de mucha evidencia detallada sobre las cifras “duras” del funcionamiento empresarial, pero hay un dato público que revela la magnitud del problema:  los financiamientos presupuestarios “a las producciones que sustituyen importaciones o se exportan” ascendieron a 9 mil 657 millones de pesos en el presupuesto 2017.
Ese es un agujero enorme en las finanzas públicas del país. Equivale aproximadamente al 15 por ciento de los gastos del presupuesto nacional. Es superior a los gastos en educación y casi igual a los gastos de salud. Si se distribuyese equitativamente entre las 1904 empresas estatales del país, ascendería a una cifra hipotética de algo más de 5 millones de pesos de pérdidas anuales por cada empresa.
En segundo lugar, el uso del término perfeccionamiento tiende a enfocar la cuestión en el plano de la gestión económica, es decir acciones relativas a procesos y procedimientos. Se coloca el acento en la eficiencia, con el riesgo de no tomar suficientemente en cuenta que la productividad del trabajo depende en muy alto grado de la cantidad y de la calidad de los medios de producción empleados. Es decir, si el capital es obsoleto o si una buena parte del este no se utiliza, las posibilidades de mejorar los resultados de una empresa se verían muy limitados, incluso si se mejorase la gestión.
Traigo todo esto a la discusión porque he recibido comentarios críticos muy inteligentes, de varios colegas a quienes mucho respeto, en relación con mi nota de ayer. Señalan, con justeza, que no debe dejar de considerarse como hipótesis plausible el logro de una empresa estatal con un funcionamiento muy superior al actual.
Como cabría esperar, serian numerosos y variados los componentes de una reforma de la empresa estatal cubana del tipo que estos colegas proponen. Me detengo en uno de esos componentes que me parece especialmente interesante: la transformación en “meso empresas” y en “pequeñas empresas” de una parte de las empresas estatales, es decir, la utilización del término “PYMES estatales” como parte de la reforma de la empresa estatal cubana, algo que rebasaría la esfera de la gestión empresarial. Es una propuesta que supera lo que ha sido identificado en el documento de la “conceptualización”.
De hecho, ello pudiera ser compatible con una hipótesis adicional: el incremento del número de empresas estatales. Se respondería así, de manera negativa, al título de mi nota de ayer, ¿Sobran empresas estatales en Cuba?
Considero que es un tipo de reflexión a la que hay que prestarle atención. En mi apreciación, se trataría de una visión que enmarca el asunto en términos de reforma de la empresa estatal y no simplemente de perfeccionamiento.
No son muchos los economistas cubanos que parecen haber reflexionado públicamente sobre el tema. Logro identificar a Luis Marcelo, Martha Zaldívar y Humberto Pérez. En el caso de los dos primeros, lo han hecho en el marco de eventos públicos convocados por la revista Temas en junio de 2015 sobre el tema “Industria y mercado” (aquí y aquí), y en julio de 2016 sobre el tema “Las MIPYMES y el desarrollo”.
El texto de Humberto Perez, “Principales debilidades internas actuales del modelo y perspectivas de nuestro socialismo”, de octubre de 2016, presenta una propuesta sucinta de reforma de la empresa estatal que es, hasta donde conozco, el único argumento publicado sobre el tema.
Seguramente se me quedan fuera algunos especialistas, pero creo que es conveniente retener este tipo de reflexión sobre la reforma de la empresa estatal en Cuba.
Concluyo con un breve punto adicional. Para poder avanzar en el diagnóstico y propuestas sobre la reforma de la empresa estatal se necesitan datos concretos. La ausencia de estos conduce irremediablemente a una conversación abstracta acerca de algo que es un asunto crucial no solamente para el bienestar material de la gente sino para los cimientos de la política nacional.
De manera rápida, un posible listado de cuatro datos imprescindibles seria el siguiente:
  1. Número de empresas estatales clasificadas por su escala, de acuerdo a dos parámetros: número de empleados y valor de los activos de la empresa (información clasificada por tipo de actividad y por distribución geográfica)
  2. Coeficiente de utilización de la capacidad instalada
  3. Ganancia o pérdida empresarial
  4. Subsidio recibido del presupuesto
Finalmente, se necesitaría definir desde el principio –preferiblemente con una referencia cuantitativa- qué debe entenderse por “control” de una empresa, qué debe entenderse por “medios fundamentales” de producción, y qué debe entenderse por propietario estatal “directo”.
Creo que lo anterior es importante porque el “control” de una empresa estatal no significa necesariamente que el Estado posea la titularidad del 100 por ciento de sus activos, “los medios fundamentales” pudieran ser relativamente minoritarios en el conjunto de la economía nacional, y la propiedad estatal “directa” no tiene que encargarse a los ministerios ramales. Así, por ejemplo, ha ocurrido en la reforma de la empresa estatal en China.
Es un caso que pudiera resultar interesante en cuanto a los aspectos antes mencionados, pero ese será el tema de una próxima nota.
https://elestadocomotal.com/2017/05/04/es-la-empresa-estatal-perfectible/

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