domingo, 28 de mayo de 2017

William Baumol y el problema de la transformación

Michael Roberts, The Next Recession

William J. Baumol, que murió la semana pasada a la edad de 95 años, fue uno de los economistas ortodoxos más preeminentes de su generación. Enseñó durante más de 40 años en la Universidad de Princeton y la Universidad de Nueva York, donde se retiró en 2014. Su trabajo abordó la política monetaria, las finanzas corporativas, la economía del bienestar, la asignación de recursos y el espíritu empresarial, pero era más conocido por el principio que lleva su nombre: 'enfermedad de los costes' de Baumol.

La enfermedad de los costes de Baumol es la idea de que los servicios prestados personalmente - actuaciones musicales, atención médica, educación y recolección de basura, por ejemplo - de forma natural e inevitablemente aumentan de precio año tras año. La mejora de la tecnología puede permitir que los panecillos y los coches se produzcan de manera más eficiente y, por lo tanto, más rentable, pero, como observó Baumol perspicazmente, un cuarteto de cuerda de Mozart requiere hoy en día la ejecución de cuatro músicos, la misma mano de obra que en el siglo XVIII.

Esta idea tuvo una relevancia inmediata en las políticas públicas, en particular en las áreas de sanidad y educación, porque demostró por qué los servicios públicos importantes no se pueden medir en términos de rentabilidad de la misma manera que los bienes fabricados industrialmente en el sector capitalista. Proporcionan servicios que satisfacen necesidad, no beneficios.

“El punto crítico aquí es que como los políticos no entienden el mecanismo y la naturaleza de la enfermedad de los costes, y se enfrentan a las presiones políticas de un electorado igualmente desinformado, no se dan cuenta que, efectivamente, no podemos permitirnos estos servicios sin obligar a la sociedad a someterse a innecesarios recortes, restricciones y otras formas de privación”, escribió en su libro de 2012 La enfermedad de los costes. Es una cuestión de elección pública no de 'eficiencia'.

Baumol fue prolífico en su investigación económica, sobre todo en el estudio de la función del 'empresario' como innovador en lugar de como capitalista. También produjo uno de los principales manuales de economía matemática de los 1960 y 1970 - que era bastante árido, según recuerdo.

Baumol era un liberal. Aconsejó a Hillary Clinton y a varios líderes demócratas y era un firme defensor de la salud pública y la educación. Y fue uno de los ejecutivos electos de Economistas por la Paz y la Seguridad, un organismo de la ONU de los economistas liberales que se oponían a las armas nucleares, junto con Kenneth Arrow (que también ha muerto recientemente) y JK Galbraith.

Pero lo que es menos conocido es que a principios de 1970 Baumol se implicó en un debate de la corriente ortodoxa con el destacado keynesiano Paul Samuelson sobre la validez y el propósito de la teoría de valor de Marx. Samuelson había lanzado un ataque contra la teoría de Marx, cuando ésta comenzaba a atraer la atención de los estudiantes radicales en aquellos días revolucionarios (Paul A. Samuelson, “La comprensión de la noción marxista de la explotación: un resumen del llamado problema de la transformación entre los valores de Marx y los precios competitivos“, J. Econ. Lit., junio de 1971, 9 (2), pp. 399-431).

Al igual que Eugene Bohm-Bawerk, a finales de la década de 1890, y al igual que Keynes en la década de 1930, Samuelson quería exponer las falacias de la teoría de Marx por si los estudiantes se infectaban de marxismo. Keynes calificó la teoría del valor de Marx de “científicamente errónea y sin aplicación en el mundo moderno” (Keynes, Liberalismo y comunismo, citado en Hunt, 1979: 377). El enfoque de Samuelson fue que su teoría del valor era irrelevante para explicar el movimiento de precios de mercado y, por tanto, para cualquier comprensión de las economías modernas, no que la teoría del valor de Marx fuese ilógica, porque cuando los valores se miden en tiempo de trabajo no equivalen a los precios de mercado (según Bohm-Bawerk).

Samuelson argumentó que la 'transformación' de Marx de los valores del trabajo en precios de producción era innecesaria. Los precios de mercado se explican por el movimiento de la oferta y la demanda ¿que necesidad hay de una teoría de los valores? De hecho, podía desaparecer. “La verdad ha sido puesto al descubierto. Despojado de complicación lógica y confusión, cualquier método de resolver el famoso problema de la transformación parece implicar regresar de un desvío innecesario ... tal transformación es exactamente igual que cuando se utiliza una goma para borrar una entrada anterior (es decir, el valor - MR ) después de lo cual volvemos a comenzar para terminar con una entrada calculada correctamente (es decir, el precio - MR) ”.

Baumol criticó cuidadosamente a Samuelson en su ensayo, La transformación de los valores: lo que en realidad quería decir Marx. Al hacerlo, hizo una contribución importante para explicar y validar la teoría del valor de Marx. Baumol señala que Samuelson, junto con los marxistas postkeynesianos como Joan Robinson, entendieron mal el propósito de Marx en la llamada transformación de valores en precios. Marx no quería demostrar que los precios de mercado se relacionan directamente con los valores medidos en tiempo de trabajo. “Marx no tenía la intención de que su análisis de la transformación demostrase cómo los precios se pueden deducir a partir de valores”. El objetivo era mostrar que el capitalismo era un modo de producción con fines de lucro y las ganancias proviene de la explotación del trabajo; pero este hecho fue oscurecido por el mercado, donde las cosas parece que se intercambian sobre la base de una igualdad de la oferta y la demanda. Los beneficios son, ante todo, resultado de la explotación del trabajo y luego se redistribuyen (transformados) entre las ramas del capital a través de la competencia y el mercado como precios de producción.

Para Marx era evidente que sólo el trabajo crea valor. “Cada niño sabe que cualquier nación moriría de hambre, y no digo en un año, sino en unas semanas, si dejara de trabajar. Del mismo modo, todo el mundo conoce que las masas de productos correspondientes a diferentes masas de necesidades, exigen masas diferentes y cuantitativamente determinadas de la totalidad del trabajo social. Es self evident”, Carta de Marx a Kugelmann, 11 de Julio de 1868, MECW, vol.43 , pp. 68-69.

El valor total excedente se produce a partir de la explotación de la fuerza de trabajo empleadas por los diversos capitalistas - la diferencia del valor medido en tiempo de trabajo entre el tiempo necesario para los salarios de la mano de obra y el precio del producto o servicio producido vendido en el mercado por el capitalista. Pero no el valor excedente o el beneficio logrado por la fuerza laboral de cada capitalista, que no va directamente al capitalista individual. Cada capitalista compite en el mercado para vender sus productos. Y esa competencia conduce a que las ganancias se redistribuyan porque los beneficios tienden a una tasa promedio por unidad de capital invertido.

La transformación de los valores creados por la mano de obra en precios en el mercado significa que los precios individuales diferirán de los valores individuales. Como dice Baumol, Marx sabía que los precios individuales de producción diferían de los valores individuales; a diferencia de Ricardo que no pudo resolver esta transformación.

Así, la plusvalía total es convertida (transformada) en beneficio total, interés y renta, y es el mercado el que decide cuánto corresponde a cada capitalista. Sí, ‘la oferta y la demanda' deciden la perdida o la ganancia del capitalista individual. Pero eso es sólo la apariencia o el resultado de la distribución de los beneficios a través de la competencia del mercado, pero han sido creados por la explotación global del trabajo en el proceso de producción.

La explicación de Baumol era un punto de partida para una respuesta y una defensa más integral de la teoría del valor de Marx desarrollada por estudiosos marxistas como Carchedi, Yaffe, Kliman, Freeman, Moseley y otros en los últimos 40 años desde el ataque de Samuelson.

La interpretación de Baumol de la teoría de Marx proporciona una respuesta de gran alcance no sólo a Samuelson, sino también a la 'interpretación estándar' del problema de la transformación, como Fred Moseley la ha denominado en su libro, Dinero y Totalidad (un libro que explica y responde en detalle todas las cuestiones teóricas planteadas por los economistas ortodoxos y heterodoxos).

Los valores en una mercancía no tienen que ser 'transformados' en precios, como Robinson y Samuelson interpretan la teoría de Marx. Los precios son la representación en el mercado de la explotación del trabajo en el proceso de producción. Como dice Fred Moseley, si se acepta la interpretación de Samuelson de la transformación de Marx de valores en precios entonces, “los valores, de hecho, se anulan y no juegan ningún papel en la determinación de los precios” (p229). Sin embargo, esta no es la teoría de Marx. Los valores individuales no se convierten en precios individuales de producción: “Los valores individuales no desempeñan ningún papel en la teoría de los precios de Marx. Lo que ocurre es que “el nuevo valor total producido por el trabajo real ... se determina (en parte) por el valor total de la plusvalía producida, que a su vez (en parte) determina la tasa general de ganancia y, en última instancia, los precios de producción ... los precios de producción no son determinados por la multiplicación de los coeficientes de transformación de cada producto por los valores individuales, sino añadiendo la ganancia media de los costes monetarios dados”.

No hay necesidad de transformar los valores del capital constante (máquinas, etc.) y del capital variable (fuerza de trabajo / mano de obra) en precios. Ya están dados como precios de mercado en el anterior proceso de producción. La única transformación que tiene lugar es la transformación del nuevo valor total del proceso de producción en una re-distribución a través de la competencia del mercado, y los beneficios van a los diversos capitalistas, dependiendo del tamaño del capital avanzado por cada uno en el inicio de la producción.

Como dice Baumol, la distribución de la plusvalía del almacén central de la sociedad ahora se lleva a cabo a través del proceso competitivo que asigna ganancias a cada capital (o interés o renta) en una cantidad estrictamente proporcional a su inversión de capital. “Este es el corazón del proceso de transformación: la conversión de la plusvalía en ganancia, interés y renta. De cada uno según su fuerza de trabajo contratada y a cada uno de acuerdo a su inversión total” p.53.

La transformación de Marx es temporal: se inicia (t1) con un capital dinero dado a invertir en instalaciones, maquinaria y mano de obra y se obtiene un nuevo valor creado por el esfuerzo y la explotación del trabajo (t2). La plusvalía proviene de después de cubrir el coste de capital (constante y variable). Y se redistribuye luego a través de la competencia en el mercado, lo que conduce a una tasa media de ganancia. Así, el valor total (trabajo muerto y trabajo vivo, más plusvalía) sigue siendo igual a los precios finales totales (basados en el coste dado del capital invertido más una tasa media de ganancia), pero la plusvalía total se transforma en beneficios, intereses y renta y se distribuye de acuerdo con el tamaño del capital invertido.

Aquí está el esquema real de Marx de esta transformación.


Se puede ver que los valores totales (VT) equivalen a los precios totales (PT), pero los capitales individuales tienen productos con diferentes valores (V) a los precios (P) debido a la redistribución de la plusvalía (s) en beneficios (p) por el mercado. No hay transformación de los capitales constante (c) y variable (v) porque están ya transformados (en precios monetarios) en un período de producción anterior. De hecho, la transformación de Baumol (y de Marx) ya ha sido demostrada empíricamente. Carchedi ha demostrado que el índice de la tasa media de ganancia a precios monetarios es cercana a la tasa promedio de valor de la ganancia (es decir, a través de toda la economía). Otros investigadores han demostrado que cuando la producción de un sector individual se mide en términos de valor (es decir, en tiempo de trabajo) y luego se agrega, el valor total es bastante cercano a los precios totales medidos en términos monetarios. Por lo tanto la transformación de Marx del valor en precios no es irrelevante, incluso para la determinación de los precios relativos.

Pero, como dijo Baumol, demostrarlo no era el propósito de Marx. Quería demostrar que es la explotación del trabajo lo que crea valor (a través de la apropiación privada del producto de la fuerza de trabajo) y que se encuentra detrás de ganancia, interés y renta.

Los beneficios no son el premio por ‘arriesgar capital' (dinero para maquinaria, etc.); o renta por ‘proporcionar' tierras; o un interés por ‘prestar' dinero; es decir, recompensas a los diversos factores de producción. Baumol comenta: “Tal disparate es precisamente lo que anticipa el análisis de Marx y que pretende denunciar. Una vez más, hay que dejar que Marx hable por sí mismo. “En el capital-beneficio, o mejor el capital-interés, la renta-tierra, y los salarios de la mano de obra, en esta trinidad económica que expresa expresamente la conexión del valor y de la riqueza en general con sus fuentes, tenemos la mistificación completa del modo de producción capitalista. ... Esta fórmula corresponde al mismo tiempo a los intereses de las clases dominantes, al proclamar la necesidad natural y eterna justificación de sus fuentes de ingresos, elevándolos a la posición de un dogma.” (Tomo III, capítulo 48, págs. 966 -67).

No es casualidad que los keynesianos y los post-keynesianos como Joan Robinson hayan sido (y son) los más vehementes opositores de la teoría económica marxista: porque el marxismo es el principal oponente de influencia keynesiana en el movimiento obrero.

William Baumol era el más cabal de los economistas ortodoxos, un defensor del equilibrio neoclásico y del marginalismo. Pero también era un observador sorprendentemente agudo de la teoría de Marx de la explotación capitalista. Como resultado, pudo demostrar el error keynesiano (y neo-ricardiano) de creer que la teoría del valor de Marx era un 'desvío irrelevante e innecesario'. Por eso, debemos estarle agradecidos.
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Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado más de 40 años en la City londinense como analista económico y desde 2006 publica regularmente en su blog The Next Recession.

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