sábado, 24 de junio de 2017

Chocolate con tradición innovadora

Por Evelio Tellería Alfaro, Trabajadores


La línea de envase del Chocolito recobró su vida útil gracias a la iniciativa de los innovadores y racionalizadores. Fotos: Agustín Borrego Torres

Desde sus propios esfuerzos e iniciativas, los trabajadores de la fábrica Guamá, del municipio habanero de Playa, mantienen la tradición que los distingue en la elaboración artesanal de un variado espectro de confituras, fundamentalmente de chocolate.

Elemento determinante en el quehacer de este joven colectivo son los integrantes de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir) cuyos aportes posibilitan que no pocos equipos mantengan su vida útil y le evitan al país erogaciones al sustituir importaciones.


José Felipe Rodríguez Águila es uno de los puntales en la actividad innovadora .

José Felipe Rodríguez Águila es uno de los puntales en tan importante objetivo. En el salón donde se envasa el Chocolito funciona un equipo de tecnología italiana adquirido de segunda mano en 1998. “Uno de sus componentes denominados ‘ganchos’ presentaba problemas y paralizaba la producción. Inicialmente utilizamos piezas de acero inoxidable, pero no resultaron idóneas”, expresa José Felipe.

“Determinamos hacerlas de teflón, pues son fáciles de sustituir cuando haga falta. Para esa solución tuvimos el apoyo de otros centros de trabajo. Hace cinco años que las empleamos y no hay que importarlas”, planteó.

“Como nuevas” y totalmente recuperadas quedaron cuatro máquinas batidoras cuyas estructuras se hallaban muy deterioradas debido a su prolongado uso y a un alto grado de oxidación por la humedad a la que están sometidas.

“Son las encargadas de elaborar la panetela del bizcocho o sponge rusk”, recuerda José Felipe, quien en compañía de su colega Marcelo Delgado se dio a la tarea de chapistearlas, para lo cual usaron chapas metálicas existentes en nuestra fábrica e introdujeron mejoras para humanizar el trabajo del obrero cuando acciona el elevador que poseen.

“El valor de cada una de ellas oscila entre 15 mil y 20 mil dólares. Utilizamos unas 40 horas de trabajo y tuvo un costo de unos 300 pesos. No es solamente traerla del exterior, sino el tiempo que tardaría en llegar al país”, añadió.

La fábrica Guamá está instalada desde 1963 en la remodelada mansión del dueño del otrora ingenio azucarero Toledo. Yudith Téllez Núñez, especialista del área de calidad, se refirió a la incorporación de nuevos productos para reducir los costos a partir de recursos existentes en el país como resultado de la labor de los aniristas, cuyos trabajos han estado presentes en los eventos organizados por el Movimiento del Fórum de Ciencia y Técnica.


Totalmente recuperadas quedaron cuatro máquinas batidoras cuyas estructuras se hallaban muy deterioradas.




Los trabajadores de la fábrica Guamá mantienen la tradición que los distingue en la elaboración artesanal de un variado espectro de confituras.

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