lunes, 26 de junio de 2017

Del a granel al envasado: una industria que invierte

Más allá de la evidente estética que resulta de este modo de vender «en paquetes y sellado», saltan a la vista otros beneficios para el consumidor, que van desde la legitimidad de la mercancía, hasta su higiene y uso seguro


EL ECONOMISTA INQUIETO

No es un lujo, ni tampoco un concepto reciente del mercado, la comercialización de los productos en su debido envoltorio o vasija. Más allá de la evidente estética que resulta de este modo de vender «en paquetes y sellado», saltan a la vista otros beneficios para el consumidor, que van desde la legitimidad de la mercancía, hasta su higiene y uso seguro.

En cajas, bolsas, estuches, sacos, latas, botellas… se trasladan y llegan a las personas hoy, gran parte de lo que constituyen necesidades básicas como alimentos, medicinas, productos de aseo y otros. El hecho de que se transporten y consuman de esta forma tiene impactos favorables no solo en la salud y la calidad de vida de la población sino además en la economía.

En consecuencia se ha desarrollado en el país, el sector industrial que se ocupa de la producción de envases y embalajes y que hoy cuenta con altas demandas, elevados costos e inversiones millonarias.

Desde que se constituyó en el 2012 el Ministerio de Industrias –al cual corresponde la función de rectorar esta actividad, además de atender a todos los fabricantes con líneas de producción de este tipo–, se ha venido trabajando en revertir la compleja situación de una demanda en sectores priorizados de la economía, en gran medida, no cubierta, como lo son la industria agroalimentaria y la biofarmacéutica.

En respuesta a la problemática y como parte del proceso de actualización del modelo económico cubano, en el 2013 fue aprobada por el Consejo de Ministros una Política para el Desarrollo de la Industria de Envase y Embalaje.

A partir de esta nueva estrategia en marcha, en los últimos cuatro años se ha evidenciado un reordenamiento de la actividad y cambios en el comportamiento de indicadores de impacto como la producción nacional, las importaciones y la satisfacción de la demanda.

Entre los principales resultados de la Política, refirió la ingeniera Yamilin González Milián, subdirectora que atiende esta rama en el Ministerio de Industrias, cabe señalar que se ha logrado cumplir casi la totalidad de las tareas previstas (28), apenas quedando pendiente la aprobación del Reglamento Técnico y del Sistema Estadístico de Envase y Embalaje.

Uno de los mayores impactos, subrayó, son los balances anuales de la actividad realizados los últimos años, los cuales han permitido conocer mejor la demanda total y por sectores, los principales consumidores y priorizar a aquellos que son vitales para el desarrollo económico y social del país. «Hace cuatro años no teníamos esta información, ni estaba visualizado lo poco que teníamos (recursos) de la manera que lo tenemos ahora».

Por otra parte, el Balance de Envase y Embalaje se ha enriquecido y ha incorporado a su lista de productores, los nuevos actores de la economía que han surgido, como las cooperativas no agropecuarias, alternativa que González Milián valora de positiva, pues «esta figura de la gestión económica cumple también un rol, en tanto cubre demandas y mercados que la gran industria –más esquemática y conceptualizada– no puede satisfacer».

En este sentido, mencionó, son importantes los aportes en la producción de parlets de madera que se usan para la transportación segura de las cargas, y también los envases biodegradables de papel que realizan productores cuentapropistas. 

Bajo estos buenos influjos, de acuerdo con datos aportados por el Ministerio de Industrias, la producción nacional de Envase y Embalaje del 2012 a la fecha, ha crecido un 43 %. De 290 millones de dólares aproximadamente destinados a tales fines entonces, ascendió en el 2016 a alrededor de 380 millones de dólares.

González Milián apuntó que también la demanda solvente ha crecido, en términos de valores, de 590 millones de dólares a más de 700 millones en el presente año, monto del cual hoy el 57 % es asegurado por la producción nacional y la diferencia que asciende a los 300 millones de dólares corresponde a lo que se importa.

Aun cuando, aclaró la especialista, más de la mitad de la demanda solvente actualmente es garantizada por la industria nacional, hay envases que se satisfacen de forma total, otros parcialmente y un resto que no se produce en Cuba, como los envases de vidrio y las latas de aluminio, los cuales entran dentro del monto destinado a las importaciones.

Por concepto de envases de vidrio, por ejemplo –añadió– se importan anualmente como promedio 70 millones de dólares.

«Toda la botella en la que hoy se comercializan las bebidas en el país (ron, vino y cerveza) se importa, a no ser las de la cerveza nacional para las que se emplea el método de la reutilización». 

Asimismo, puntualizó, en latas de aluminio se importan alrededor de 44 millones de dólares, lo que equivale a 600 millones de unidades en las que se distribuyen refrescos, jugos, cervezas y otros líquidos, mientras 22 millones se destinan a comprar envases flexibles (nailon en el que se vende el café, las pastas, las galletas…)
González Milián destacó que si bien el Ministerio tiene identificados los 13 grupos de envases en los que se concentra el 80 % de las importaciones, solamente los tres mencionados representan el 40 % de lo que se adquiere por esta vía.

Por otro lado, refirió, hay producciones nacionales que aunque la industria las desarrolla no alcanzan a cubrir la demanda, y en estos casos se importan si el sistema financiero tiene capacidad para ello. Así sucede, por ejemplo, con los envases metálicos para conservas, fundamentalmente los de hojalata; las cajas de cartón corrugado y los envases plásticos, sobre todo, los bidones de cuatro, cinco y 20 litros.

La especialista explicó que con el déficit financiero de los últimos tres años fundamentalmente, no se ha podido respaldar, en el Plan de la Economía, todas las capacidades productivas de envase y embalaje que existen en el país.

«Hoy disponemos, por ejemplo, de una capacidad de 35 millones de envases metálicos, pero solo se pudieron sustentar financieramente para este año 25 millones de unidades», argumentó.

Aun cuando se logró este respaldo, aclaró, el déficit que tuvimos en el primer cuatrimestre del año 2017 impidió saldar las deudas pendientes con los proveedores de materias primas para garantizar el arribo, en tiempo, del resto de los insumos que se necesitan, a fin de cumplir la producción pactada con los demandantes.

De acuerdo con la directiva, en los últimos cuatro años, después que se implementó la Política de Envase y Embalaje, la correlación entre producción nacional e importaciones se ha invertido, teniendo mayor representación la primera de estas formas de satisfacción de la demanda. 

Al respecto reflexionó que este cambio es lógico y favorable porque responde, en primer lugar, a la reor­ganización económica del país, la participación de nuevas figuras de la gestión económica en el rol de productores y el crecimiento del mercado cubano con mayor calidad y en mejores condiciones para vender.

Si bien es cierto –reconoció– que la fluctuación de las importaciones se debe, en algunos casos, a una cuestión tan objetiva como el déficit financiero, los reordenamientos productivos y las inversiones en esta industria han permitido que la producción nacional vaya cubriendo cada vez más demandas. 

En el periodo mencionado se han destinado 94 millones de dólares a inversiones, dirigidas sobre todo a la producción de envases plásticos, y de papel y cartón. «Hoy, agregó, en esos sectores nos encontramos en una mejor posición, pese a que todavía están pendientes a ejecutarse inversiones en la segunda de estas líneas».

En la medida que lo permitan las limitaciones económicas del país, la proyección de la industria de envase y embalaje es continuar incrementando de manera sostenida la producción nacional y satisfacer la demanda, sobre todo, de los sectores priorizados de la economía.

En función de este objetivo están en marcha varios proyectos de inversión, algunos millonarios y otros con menor capital, pero no menos importantes para el salto cualitativo que se aspira.

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