martes, 27 de junio de 2017

El “poder” no es una mala palabra: notas para un comentarista.

Por Pedro Monreal, El Estado como tal.

Asumir que la política no gira alrededor de la cuestión del poder pudiera expresar desconocimiento, intención de encubrir la realidad, o ambas cosas.

Un comentarista de mi texto “La concentración de la riqueza: ¿discusión doctrinal o cuestión de poder?” (16-6-2017, ver aquí) , identificado como Raúl Fernández, parece considerar que la preocupación expresada recientemente por parlamentarios cubanos respecto a la concentración del poder y la riqueza no es un hecho de la política, es decir, relativo al ejercicio del poder, sino que es algo asociado a un “sentimiento”, es decir, la expresión de un estado de ánimo.

El comentario completo es el siguiente:

“Felicito este atículo de Iroel. Es un tema sobre el que se debe divulgar y debatir más. Saldrán así a la luz los ejemplos que se ponen aquí más muchos otros en el intento de introducir de contrabando ideas de apariencia revolucionaria. La cantidad de dinero que se emplea, particularmente en Estados Unidos pero también en Europa, para fabricar teorías y publicar estudios de investigación social con conclusiones previamente encomendadas, es descomunal. Estaríamos hablando de cientos de millones de dólares. Es tanto que no faltan voluntarios dispuestos a contratarse. Por eso no es sorprendente que aparezcan contra Cuba tantos artículos, seminarios y pseudo debates, todos dirigidos a erosionar la Revolución, lo que ella significa, su legado histórico, las ideas del socialismo y, muy concretamente, el papel del Estado y del Partido Comunista. Recientemente se publicó en Rebelión un trabajo de aparente corte académico en que se toma por los pelos la fuerte y genuina preocupación de los legisladores cubano ante el peligro de la concentración de la riqueza en el proceso de actualización del modelos socialista. Se esgrime en el texto que dicha preocupación responde a una cuestión de poder político, o sea, al papel del Partido en la sociedad. Opta por ignorar que la preocupación refleje un sentimiento legítimo de la población o de un sector mayoritario de la población por el privilegio económico que entraña tal concentración de la riqueza, por el hecho de que siempre será a costa de la desventaja de la mayoría. Olvida que tal preocupación acompaña al género humano desde que existe la sociedad de clases. Se fabrica en el artículo una falsa dicotomía cuyo blanco es promover una contradicción política entre el papel del Partido en la sociedad y el futuro de Cuba”. (Comentario expresado en La Pupila Insomne, 27-6-2017, 3:03, en relación con un texto de Iroel Sanchez titulado “Centrismo” y “Tercera vía”, ¿sólo etiquetas?, ver aquí)

No me detengo en las cuatro primeras oraciones del párrafo, que directamente comentan el texto de Sánchez, sino en el resto del comentario que se refiere a mi artículo, aunque sin identificarlo explícitamente.

Probablemente Fernández quiso decir que los parlamentarios cubanos, es decir, políticos elegidos, toman en cuenta las opiniones del pueblo, pero eso es precisamente un componente del funcionamiento del poder político en un sistema como el cubano. Sin embargo, no queda claro si es eso lo que Fernández quiso decir. Lo que escribió es que analizar el poder político, como hice en mi texto –en vez de abordar los “sentimientos”-, significa que he “fabricado” una “falsa dicotomía”.

Es conveniente, esclarecer que el plano en el que he abordado el tema es el plano de la política, apoyado en consideraciones de Economía Política. El enfoque psicológico (los “sentimientos”) pudiera ser interesante, pero no es el plano en el que he ubicado mi breve texto.

Si a Raúl Fernández, o a otros lectores, les interesa hacer la discusión en el plano de los “sentimientos”, a mí eso me parece muy bien, pero solamente llamo la atención acerca de dos cosas. Primero, que es una ingenuidad (o una distorsión) analítica soslayar el factor “poder” en la evaluación de la actual realidad cubana. Analizar cuestiones del poder nada tiene que ver con fabricar “una falsa dicotomía” sino que es crucial para entender la realidad de la sociedad tal y como es. El poder es un tema legítimo del análisis.

En segundo lugar, en vez de asumir poses de arbitraje académico y de sembrar sospechas políticas traídas “por los pelos”, Fernández pudiera hacer una utilización más efectiva de su tiempo –en el contexto de una discusión sobre la concentración de la propiedad y la riqueza- si enfocase su posible contribución en la cuestión central de esa discusión: la necesidad de adoptar una visión integrada del funcionamiento del poder concentrado en el PCC con una acumulación económica que, inevitablemente, incluirá formas capitalistas de producción.

El comentario de Fernández no permite conocer lo que piensa al respecto, pero ese es un problema político muy concreto que expresa una contradicción muy real. El papel de la empresa privada ya ha sido aceptado por el Partido Comunista de Cuba (PCC) y es política de Estado porque se ha considerado que pudiera ser un factor que permitiría dinamizar la economía, aumentar el bienestar de la gente, y consecuentemente pudiera ser un factor de legitimación política del PCC y del Estado socialista en Cuba.

Uno de los retos evidentes –que nada tiene que ver con “sentimientos”- es que el funcionamiento de la empresa privada entraña tendencias hacia la concentración de la riqueza y de la propiedad. Ello a su vez pudiera tener un impacto en la desigualdad, pero sobre todo en la cuestión del poder: una concentración de poder económico en el sector privado pudiera llegar a convertirse en un factor antagónico para la concentración del poder político del PCC.

La discusión esencial no es entonces sobre lo que pudiera preocuparle al “género humano” (que sin dudas también es importante) sino acerca de cómo lograr que una emergente clase capitalista pudiera funcionar políticamente en favor de un sistema político donde el poder se concentra en el PCC, en vez de que esa clase capitalista pudiera llegar a ser capaz de transformar su creciente riqueza y propiedad en un instrumento para retar políticamente el poder del PCC.

Asumo que la discusión sobre la concentración de propiedad y riqueza que se produce en el país es esencialmente acerca de eso, es decir, que es una discusión política enfocada en el tema del poder. No tiene sentido andarse por las ramas con cuestiones relativas al “sentimiento”. El “poder” no es una mala palabra. Existe, funciona y puede ser analizado. Si alguien se empeñase en entender la Cuba de 2017 soslayando el problema del poder, le deseo mucha suerte con eso.

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