viernes, 23 de junio de 2017

Los salarios estatales en Cuba: ¿cálculo residual o condición indispensable?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal


¿Es el salario lo que “debe” pagarle una empresa al trabajador, o es, por el contrario, lo que la empresa considera que “puede” pagar a sus empleados? La pregunta es importante porque la mayor parte de lo que se publica en Cuba acerca del salario tiene “un pequeño gran problema”: en rigor no se refiere al salario sino a otra cosa a la que se le llama de esa manera.
Parecen prevalecer tres premisas principales sobre el salario que, a fuerza de repetición y en ausencia de suficiente reflexión, se han transformado en una especie de “verdades” inmutables:
  1. La idea de que pagar un salario depende del nivel de productividad,
  2. La noción de que el salario solamente puede ser pagado si tiene “respaldo material”, y
  3. El pensamiento de que el fondo de salario básico de una empresa puede ser “formado” como un determinado por ciento del valor bruto agregado de la empresa.
Esas tres premisas son falsas. La Economía Política ha dejado aclarado ese asunto desde hace más de 150 años. Para refrescar el entendimiento esencial del tema, me enfocaré en el salario mínimo y en el “trabajo simple”. Por tanto, no me referiré a las cuestiones relativas a las diferencias salariales que deben existir según los distintos niveles de complejidad de la actividad, calificación, resultados, y otros factores,
Desde una perspectiva esencial –dejando a un lado detalles que pudieran agregarse posteriormente al análisis- el salario es “lo que cuesta sostener al obrero como tal obrero y educarlo para este oficio… el coste de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el salario mínimo… el salario de la clase obrera en conjunto se nivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base de este mínimo”. (Carlos Marx. “Trabajo asalariado y capital”. 1849)
Esto permite iluminar rápidamente los problemas que existen con las tres premisas falsas antes mencionadas:
  • El valor del salario mínimo depende fundamentalmente de su equivalencia con el valor de mercancías de consumo específicas y no directamente del nivel de productividad que pudiera existir a nivel social, o en las ramas determinadas donde trabajan los obreros. Si se aceptase que la canasta básica en Cuba es de 2000 pesos mensuales, esa cifra indicaría el “coste de existencia y reproducción” del trabajador (incluyendo su familia) y esa cantidad “debe” determinar el salario mínimo del país. Se utiliza aquí el supuesto de que cada núcleo familiar cuenta con un solo trabajador que aporta ingresos. Obviamente, un incremento de la productividad modifica el valor de las mercancías producidas, pero no debería alterar la relación de igualdad que debe existir entre el valor de la canasta básica y el salario mínimo. Para el caso de Cuba, “no entraría en la cuenta” lo que el Estado ofrece como una garantía de derechos económicos y sociales, o sea, los gastos de educación, salud y otros servicios, que asume el presupuesto nacional y que no se cobra directamente a sus beneficiarios. Solamente se incluirá en la canasta básica el resto de los gastos en los que debe incurrir el trabajador. (Nota: Se ha “redondeado” a 2000 pesos el cálculo de un valor de 1995 pesos de la canasta básica, tomado del estudio realizado en 2015 por la Dra. Blanca Munster, basado en una muestra de hogares del Consejo Popular Santa Fe, La Habana. Ver “Remesas y pobreza desde la perspectiva de género”. IPS. 30 de diciembre de 2015. Ver aquí).
  • El salario no es algo que solamente “puede” ser pagado en caso de que tuviese “respaldo material”. El salario “debe” ser pagado cuando se pretende involucrar al trabajador en un proceso económico. Pagar un salario “debe” ser una condición para poder contar con los servicios laborales de un empleado. Siempre existirá –salvo en caso de guerra o desastre mayor- un determinado “respaldo material” para el salario, aunque naturalmente el valor de ese respaldo pudiera modificarse cuando se reduce la oferta de mercancías de la canasta básica, sobre todo si ello ocurriese de manera súbita. Un escenario posible es una escalada inflacionaria, algo ciertamente perjudicial para el trabajador pues generalmente significa una disminución del salario real. Ello exige mantener una vigilancia sobre la evolución de indicadores como el crecimiento de los salarios, de la masa monetaria y de la inflación. Sin embargo, la solución del problema debe consistir en una gestión macroeconómica efectiva y no en una política laboral que comprima los salarios por debajo de lo que cuesta “sostener al obrero”.
  • No es racional calcular el salario básico, es decir, el salario mínimo, como un por ciento de resultado alguno de una empresa (valor agregado o cualquier otra cosa). El salario mínimo debe igualar el costo de la canasta básica. Punto. El salario no se paga con el valor residual que le quede a una empresa después de asegurar otras partidas de su contabilidad. El salario no es simplemente una variable de una ecuación contable. El salario expresa una relación social de producción que involucra una equivalencia de valor que no debe ser violentada por antojo burocrático.
 En otros países existe la práctica del llamado salario mínimo interprofesional (SMI) que establece un salario horario mínimo por debajo del cual ningún trabajador puede ser retribuido. En general, se aproxima al costo de la canasta básica (el cálculo exacto es una cuestión polémica en muchos casos). Usualmente se mueve en el entorno del 50 por ciento del salario medio. No significa que asegure que un trabajador pueda cubrir necesariamente la canasta básica pues para ello tendría que tener un empleo a tiempo completo.
En muchos países, específicamente en América Latina y el Caribe, se ha producido un deterioro del poder de compra del salario mínimo. No obstante, existen casos como el de Ecuador, donde el poder de compra del salario mínimo ha crecido. Un cálculo realizado sobre la base de considerar que, como promedio, cada hogar cuenta con el ingreso de 1,6 trabajadores, es decir haciendo un cálculo de un salario básico más el 60 por ciento de otro, indica que en 2014 el ingreso promedio que entraba en cada hogar por concepto de salario mínimo permitía cubrir el 99,76 por ciento de la canasta básica familiar. Ello ha representado una mejora considerable en comparación con el año 2005, cuando ese por ciento de cobertura apenas llegaba a 65,66.
canasta familiar
A los efectos de una comparación, si se asume un ingreso de 1,6 salarios mínimos en Cuba (225 X 1,6 = 337,5 pesos), para hacerle frente a una canasta básica de 2000 pesos, el por ciento de cobertura sería aproximadamente de 17 por ciento.
Agrego una reflexión adicional que se relaciona con otra premisa, no falsa pero incompleta, y concluyo con una hipótesis en relación con la rentabilidad empresarial.
Usualmente en Cuba se habla de las plantillas irracionalmente infladas que deben ser reducidas para poder aspirar a tener empresas estatales eficientes. La premisa es incompleta porque debería formularse más bien de la siguiente manera: “plantillas irracionalmente infladas que deben ser reducidas y salarios irracionalmente bajos que deben ser aumentados para poder aspirar a tener empresas estatales eficientes”.
En Cuba se escucha frecuentemente decir que no puede distribuirse lo que no se crea, lo cual es cierto de manera general, pero en el mundo real –no en el Nirvana de la burocracia- esa creación de valor no puede funcionar bien si el sistema económico no es capaz de proveer un salario mínimo que asegure la existencia y reproducción de la fuerza de trabajo.
¿Cuál es, exactamente, el principio de la Economía Política –o de cualquier otra ciencia social- que establece que la fuerza de trabajo, única fuente de creación de nuevo valor, puede crear valor con efectividad y eficiencia cuando la distribución primaria de valor priva al trabajador de una parte significativa del valor que “le toca” recibir para existir y reproducirse?
La hipótesis con la que cierro esta nota sería la siguiente: muchas empresas estatales cubanas que hoy se consideran rentables dejarían de serlo en el mismo minuto en que tuviesen que pagar salarios mínimos equivalentes a la canasta básica.
Es decir, hoy parecen ser empresas rentables – “en el papel”- simplemente porque pueden reducir costos salariales por la vía de no pagar salarios propiamente dichos.
Una empresa no debe ser rentable primero para poder pagar salarios después. Una empresa debe planificar primero sus salarios (salarios “de verdad”) y luego determinar si, cumpliendo con esa condición, puede ser rentable. Si no llegase a serlo, pudieran existir varias alternativas: cierre de operaciones, cambio de administración, innovación, recapitalización, venta de la empresa, fusión con otra empresa, división de la empresa en unidades, etc.
Sin embargo, apropiarse administrativamente de una parte considerable del salario para justificar una rentabilidad ficticia es problemático desde el punto de vista ético y también político.
Cuando una empresa no es capaz de pagar un salario mínimo, ello es una muestra evidente de que no es una entidad idónea para asegurar la utilización efectiva y eficiente del principal componente de las fuerzas productivas de un país: sus recursos laborales.
Por razones de ineptitud empresarial, o del modelo económico en que operan las empresas, no se obtiene de la fuerza de trabajo la cantidad de valor que esta puede generar y se acude entonces a la apropiación indebida de una parte del valor creado que se supone que debería ser parte del salario. Funcionan entonces esas empresas como mecanismos derrochadores del principal activo económico de la nación.
¿Qué ventajas pudiera reportarle a la sociedad que una parte significativa de la fuerza laboral fuese a parar a ese tipo de entidades?
Traté de encontrar cifras empresariales relativas a esta hipótesis, pero –para variar- estas parecen no estar disponibles. No obstante, el dato concreto es que el salario mínimo en Cuba (225 pesos) apenas cubre el 11 por ciento de la canasta básica. Representa, más allá de cualquier posible discusión sobre el cálculo de la canasta, lo contrario de una equivalencia de valor.

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