viernes, 23 de junio de 2017

Una escapada hacia el pasado



LA HABANA. La paciencia tuvo su recompensa este 16 de junio. La ansiedad en torno a Cuba produjo muchos titulares de prensa desde que las elecciones indicaron quién sería el nuevo huésped de la Casa Blanca. Los cambios en las regulaciones hacia Cuba anunciados el viernes pasado no conllevan mucha novedad, más bien todo lo contrario, así que ni tan siquiera le cabe la etiqueta de “nueva política hacia Cuba”.

Algunos eventos tienen la capacidad de ser extraordinariamente reveladores acerca de la naturaleza de los actores y de la calidad del contenido. El de este 16 de junio estableció una nueva marca en mediocridad y palidez. Ya ni las formas importan. Varios meses de cabildeo al peor estilo se han saldado con unas decisiones que se cubrieron de expresiones y falsedades altisonantes para esconder lo endeble de su alcance. A falta de los detalles prácticos, los cubanoamericanos de línea dura deben estar preocupados. Han escogido un curso que los lleva irremediablemente hacia la irrelevancia.

Es un retroceso, pero uno que confirma la apuesta hecha el 17 de diciembre de 2014. Aquellas iniciativas han calado tan profundo en ambas orillas del Estrecho que se han hecho prácticamente irreversibles frente a la maquinaria anquilosada del extremismo cubanoamericano. Resulta sumamente positivo que los canales de comunicación y mecanismos establecidos en los últimos dos años y medio se mantengan abiertos. Lamentable que se retome la retórica dura que no ha producido nada. Según dicen, dos años de concesiones unilaterales no han producido nada, por eso es necesario retomar las prácticas de los anteriores 50 para que sigan produciendo… nada. La lógica es aplastante.

El Presidente estadounidense tiene una difícil tarea ante sí. Tendrá que justificar por qué anuncia un “better deal” que afecta directamente los intereses de Estados Unidos, y varias de sus promesas de campaña como “America First” traducido como la economía y las empresas primero, o mayor efectividad en el combate al terrorismo y la migración irregular. También por qué lo hace para servir a intereses tan estrechos (o personales, recordemos en qué comités del senado se sientan algunos legisladores cubanoamericanos) frente a mayorías bipartidistas en la opinión pública norteamericana y en el sur de la Florida. Alguien debe preguntarle por qué algunos cubanoamericanos se oponen furibundamente a que los norteamericanos disfruten de unos derechos (como el de viajes) que ellos mismos tratan de mantener para sí.

El pueblo cubano tendrá que preguntarse por qué se hacen semejantes cosas en su nombre por personas que no han estado nunca en Cuba. Y luego se esparcen sinsentidos como el que dice que es posible afectar al gobierno cubano sin dañar al pueblo cubano o que el sector privado no se verá afectado. Para estar claros, la aplicación de las nuevas regulaciones conlleva efectos negativos en varios sectores económicos como el turismo, que es probablemente una de las mayores industrias que muestra un desempeño sólido. Y afecta el crecimiento del sector privado, una buena parte del cual se ha fortalecido alrededor de los viajes, particularmente en las ciudades. Además, el entorno externo se ha tornado más desafiante en los últimos dos años. Habría que esperar para evaluar cuál puede ser el impacto indirecto sobre intereses en terceros países. Es bueno recordar que el “boom” turístico actual tuvo su origen en las medidas introducidas por Obama. Una reversión, aunque sea muy parcial, puede generar el mismo efecto en sentido contrario.

El gobierno cubano debería usar el momento para ser más audaz en casa, y en la escena internacional. Sería bueno que le dejara saber a su contraparte norteamericana que no habrá una relación a la medida de las ocurrencias de cada inquilino de la Casa Blanca. Las decisiones tienen consecuencias. También debería buscar acuerdos y alianzas profundas y sólidas con aliados y competidores de Estados Unidos en el resto del mundo, particularmente en la esfera de los negocios. La agenda doméstica debe acelerar la búsqueda de un modelo cubano funcional a los intereses y aspiraciones del pueblo cubano, aspecto que no se limita al ámbito económico. La sociedad cubana debe expresarse (como ya lo ha hecho) para asegurarse de que pocos se vayan creyendo de que este tipo de iniciativas tiene algo que ver con la construcción de un mejor futuro para Cuba.

Al Presidente lo han convencido de que le debe la presidencia a los cubanos que votaron abrumadoramente a su favor en la Florida. Los hechos y los datos no confirman esta creencia, pero nadie dijo que eso es importante. Una escapada hacia el pasado para asegurar el futuro.

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