sábado, 28 de enero de 2017

Endeudamiento externo cubano: el camino hacia la normalización

Por: Dra. Marlén Sánchez Gutiérrez

Profesora Titular, Centro de Investigaciones de Economía Internacional Universidad de la Habana marlens@rect.uh.cu


Este artículo forma parte del dossier La Letra de Temas: ¿Cómo viene el 2017 para Cuba?

Introducción

Dentro del conjunto de dificultades que afectan a la economía cubana, se destaca, por su importancia y connotación el problema de la deuda. Las múltiples categorías que se han acuñado desde mediados de los años 80, la estructura y composición de las mismas, la acumulación de atrasos, las particularidades de la renegociación y la ausencia de información estadística actualizada, se presentan como piezas de un rompecabezas que hace muy complejo el análisis de esta problemática.

Por tanto, el presente artículo solo se propone comentar lo que la autora ha dado llamar línea de tiempo del endeudamiento externo cubano con el propósito de facilitar la comprensión del tema y al mismo tiempo identificar lo que se ha logrado en materia de renegociación, lo que aún está pendiente y los retos derivados del proceso de normalización de relaciones con los acreedores y del nuevo escenario de contracción de la economía cubana.

Las premisas de partida son tres. La primera, dejar claro que los conceptos deuda y desarrollo no son por naturaleza incompatibles. La deuda externa se origina de las relaciones financieras que las naciones establecen libremente con los acreedores para “financiar su desarrollo”, ya sea por iniciativa privada o pública. Lo que sucede es que los países subdesarrollados, en su mayoría, pasaron de una deuda pequeña, en el marco de grandes esfuerzos “por desarrollarse”, a una deuda grande e inmanejable sin haber conseguido el ansiado desarrollo.

De modo que el problema no está en endeudarse con el exterior sino en la capacidad para administrar esos niveles de endeudamiento, por lo que velar por la sostenibilidad de la deuda es esencial y para Cuba esto sigue siendo un gran reto.

La segunda premisa, parece muy simple pero debe de ser una constante en las políticas de endeudamiento de cualquier país. Los compromisos adquiridos hay que honrarlos, si no se pagan puntualmente las obligaciones contraídas, la deuda se alimenta así misma por la acumulación de atrasos, se corre el riesgo de incurrir en crisis de pago y se cierran prácticamente todas las fuentes de financiamiento externo. Esto nos lleva nuevamente al tema de la sostenibilidad de la deuda y a la pertinencia de ser muy objetivos en la definición de los factores determinantes en la capacidad de pago del país.

La tercera es mucho más compleja y requiere de un nivel de debate que ciertamente escapa de los propósitos de este artículo pero que resulta esencial. El análisis de la sostenibilidad de la deuda no puede centrarse solamente en un enfoque de capacidad de pago porque deja al país en una situación muy vulnerable. Normalmente, la capacidad de pago se asocia a condiciones de solvencia, que de cumplirse, reflejan que se cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a las obligaciones de deuda externa.

Sin embargo, entender la sostenibilidad, como esta capacidad de la economía frente a sus compromisos, puede conducir a homologar términos como solvencia y sostenibilidad, al entender que un país que sea capaz de satisfacer sus obligaciones externas de pago, es decir que sea solvente, tiene una situación de deuda sostenible.

Concebir la sostenibilidad solo como capacidad de pago, es considerar la solvencia como condición suficiente cuando es solo una condición necesaria. La solvencia de hoy no garantiza per se la solvencia de mañana, ser sostenible presupone un análisis de largo plazo, por tanto es preciso distinguir las fuentes que la están garantizando, ya sea estructurales (capacidad de respuesta de una estrategia de desarrollo económico al proceso de endeudamiento, por ejemplo), o coyunturales,[1] ya que cada uno de estos escenarios tendrá consecuencias diferentes al garantizar la capacidad de pago futura (Curbelo,2006).

De modo que lo determinante es que la capacidad de pago surja del proceso de desarrollo económico, pero que esté determinada por el impacto que esos flujos de deuda generen en la economía deudora.

Asumiendo estas premisas de partidas, el artículo se propone en un primer momento, plantear las piezas claves del rompecabezas de la deuda, en un segundo momento se abordará el proceso de reordenamiento de la deuda externa a partir del análisis de las renegociaciones acordadas dentro y fuera del Club de París y, finalmente, se sintetizarán los desafíos que aún prevalecen para normalizar efectivamente las relaciones con los acreedores.

Sobre el rompecabezas de la deuda

Para entender la problemática reciente del endeudamiento externo cubano es preciso considerar las tres categorías deuda que prevalecían hasta que comenzaran a concretarse los procesos de renegociación: la deuda activa, la pasiva y la deuda con los ex países socialistas.

La deuda activa es la deuda corriente, la que no se ha dejado de pagar y que tampoco ha dejado de crecer por la contribución de los nuevos flujos captados. La deuda pasiva corresponde a aquella que entró en default en 1986 y que se renegoció a fines de 2015 y la deuda con el antiguo campo socialista se rumoraba que era significativa pero al desaparecer la moneda en la que fue concertada (rublo transferible) y desintegrarse el principal acreedor, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), cayó en un limbo jurídico que requirió de un litigio entre las partes que duró por más de una década.

Según cifras del Banco Central de Cuba el monto de la deuda cubana a fines de 2013 era de 11 914 millones de dólares; sin embargo, este incluye solo la deuda activa que es para la única categoría que existe información oficial. (ONEI, 2015) El análisis de la composición de la misma permite identificar que:
  • La deuda es esencialmente de largo plazo y la buena noticia es que la de corto plazo tiende a disminuir.
  • El 61% de la deuda total es con acreedores oficiales, esencialmente bilaterales y con un bajo componente concesional, 17% es con acreedores privados y 22% se refiere a deuda comercial (de proveedores). Esta última muestra una marcada tendencia creciente.
  • La estructura de la deuda de mediano y largo plazo ha mostrado un cambio interesante, aumenta significativamente la deuda de proveedores y disminuye la bancaria. Mientras que en 2012, la primera representaba 46% del total de la deuda de mediano y largo plazo en 2013 pasó a representar más de 78%. Esto le da cierto margen de holgura a la economía cubana que hasta el momento dependía mucho de créditos comerciales de muy corto plazo.
  • La deuda de corto plazo representa 17% del total, y en 2013 se dio un cambio significativo en su composición. Hasta el momento, si bien como tendencia este tipo de deuda disminuía preocupaba que dentro de esta aumentase exponencialmente la deuda de proveedores. Sin embargo, las últimas cifras reflejan que la misma disminuyó considerablemente, pasando de representar 54% del total de la deuda de corto plazo en 2012, a menos de 22% en 2013. No obstante, la deuda bancaria pasó a representar casi 55% del total de la deuda de corto plazo durante 2013 y, como se sabe, los términos y condiciones de esta categoría de deuda son más onerosos que los de la deuda oficial.
  • Los indicadores de deuda han venido mejorando pero eso no indica que el endeudamiento acumulado sea sostenible porque los factores que han estado determinando la capacidad de pago de la economía han sido coyunturales. La deuda representa 15,4% del PIB y algo más de 44% de las exportaciones de bienes. Según The Economist Intelligence Unit el servicio de la deuda para 2013 era de 5 383 millones de dólares, de ese monto un total de 3 453 millones se destinaron para pagar intereses. (EIU,2017)
  • La alta concentración de la deuda es un foco de tensión. Según fuentes no oficiales solo dos países son responsables de 55% de la deuda con acreedores oficiales de carácter bilateral (Venezuela con 37% y China con 18 %). (Sánchez, 2016)
  • La calificación de riesgo de Moody’s se mantiene en la categoría especulativa.[2] En abril de 1999 era Caa1, en noviembre de 2003 pasa a Caa1 estable, en abril de 2014 dicha agencia bajó la calificación a Caa2 estable tras evaluar la vulnerabilidad del país a choques externos y domésticos, en relación a países con calificación similar y, en diciembre de 2015, la sube a “positiva” pero en el mismo rango Caa2, debido a la “disminución” de la dependencia hacia Venezuela y el acercamiento con los Estados Unidos. De cualquier manera, la percepción de Moody´s en relación con la deuda cubana sigue siendo de riesgo sustancial.
En síntesis, los cambios en la composición de la deuda se dieron esencialmente por el lado de la deuda bancaria y de proveedores, la deuda oficial sigue describiendo la misma tendencia tanto en el largo como en el corto plazo y en la práctica lo que se dio fue un reacomodo funcional para Cuba pero no exento de riesgos dado que el peso de la deuda de proveedores se desplaza al mediano y largo plazo pero se concentra la carga de la deuda bancaria en el corto plazo.

De cualquier manera, estas cifras tienen tanto retardo y son tan agregadas que impide realizar un análisis cualitativo que refleje efectivamente la situación reciente en materia de deuda incluso por tipo de acreedor. Muchas sucesos han tenido lugar desde 2013 que de una manera u otra han impactado y seguirán incidiendo en el reordenamiento de la deuda: el establecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos; el VII Congreso del PCC donde quedó definida la Conceptualización del modelo económico y social cubano y fue presentado el Plan nacional de desarrollo hasta 2030; la derogación de la posición común de la Unión Europea en relación con Cuba; el decrecimiento de la economía cubana en 2016 luego de un crecimiento de 4% en 2015 y; el comienzo de una nueva administración en los Estados Unidos que ha desatado una gran incertidumbre respecto al rumbo del proceso de normalización de relaciones entre ambos países.

La deuda pasiva, por su parte, se estimaba en unos 8 200 millones de dólares a fines de los 2000, de la cual algo más de 60% correspondía al Club de París, el resto constituía adeudos con el Club de Londres, y la contraída con el antiguo Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) era de casi 37 000 millones, de ellos 35 000 millones con Rusia. (Sánchez, 2016) The Economist Intelligence Unit sí refleja la deuda pasiva en sus estadísticas de deuda externa cubana y según sus cálculos, en 2016 esta alcanzaba la cifra de 26 309 millones de dólares.[3] (EIU, 2017)

La deuda con la exigua URSS finalmente se renegoció en febrero de 2013, el acuerdo incluyó la condonación de 90% del monto adeudado y los 3 500 millones restantes serán pagaderos en diez años con la posibilidad de convertir parte de esa deuda en capital productivo, o sea, darle la posibilidad a Rusia de invertir en Cuba. (Rodríguez, 2013)

Sobre la normalización de relaciones con los acreedores

A comienzos de los 2000, se dio un acercamiento al Club de París pero en 2001 se consideró que los términos y condiciones ofrecidas por dicho foro para la renegociación de la deuda cubana eran inaceptables para Cuba. No obstante, se lograron algunos acuerdos bilaterales, fuera del Club de París que le permitieron al país comenzar a reorganizar sus relaciones con los acreedores.

Así, “en mayo de 2000, Cuba firmó un acuerdo bilateral para renegociar el pago de deuda pendiente con Alemania por 115 millones de dólares en deuda de corto, mediano y largo plazo. En ese mismo año se reestructuró la deuda comercial con China, que se estima en alrededor de 6 000 millones de dólares, y se firmó otro acuerdo con Japón en el que se condonaron 130 000 millones de yenes (alrededor de 1 400 millones de dólares) pendientes con los acreedores comerciales japoneses desde la década de los 80 y el resto se acordó su pago en veinte años” (Sánchez, 2014).

Posteriormente se renegoció la deuda con Mongolia, con México,[4] con Rusia y finalmente, en diciembre de 2015, se logra un acuerdo multilateral histórico con el Grupo Ad-Hoc de Países Acreedores de Cuba en el Club de París sobre la deuda que estaba en default desde 1986.

En dicha renegociación se calculó el monto total de deuda pendiente de pago con el Club de París en 11,1 miles de millones de dólares, de ellos se condonaron 8,5 miles de millones, casi 77%. Los términos y condiciones pactados fueron muy favorables para Cuba, se decidió no pagar intereses hasta 2020 y a partir de entonces pagar solo 1,5% de la deuda total aún pendiente. El plazo de amortización será de 18 años y los pagos anuales se incrementaran gradualmente desde 1,6% de los US$2 600 millones adeudados (unos 40 millones) en 2016, hasta 8,9% en 2033. (Club de París, 2015)

Además se convino que los acreedores pueden negociar “swaps” de deuda de forma bilateral por hasta 30% de lo adeudado, o US$20 millones en ayuda al desarrollo, el monto que sea más alto. (Club de París, 2015)

Este fue un acuerdo sin precedentes, totalmente fuera de las reglas del Club de París, se llevó a cabo sin la intervención del FMI como garante y el sitio web del Club de París solo emitió una nota de prensa de una página con los resultados acordados. Sin dudas, el inicio del restablecimiento de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba constituyó un factor influyente en este proceso, los acreedores tradicionales, con creciente interés en realizar negocios con la Isla, no podían quedarse rezagados en el nuevo escenario y optaron por ser flexibles con la nación deudora.

La instrumentación de este Acuerdo Multilateral suscrito supuso la firma de convenios específicos con cada uno de los catorce países miembros del Grupo Ad-Hoc de Países Acreedores de Cuba[5] para poder hacer efectiva la regularización completa de la deuda de mediano y largo plazo de carácter bilateral. Este proceso está en curso y ya son trece los países que han regularizado los pagos con Cuba.

Sobre los desafíos pendientes

La renegociación de la deuda cubana era imprescindible para normalizar las relaciones con los acreedores y acceder a dinero fresco pero el desafío ahora es cumplir en tiempo con los nuevos y los viejos compromisos para no quedar atrapados en escenarios que puedan conllevar a la moratoria de parte de la deuda.

No todas las variables de la ecuación del endeudamiento externo cubano se han logrado despejar. En realidad se trata de un sistema de ecuaciones complejo cuya solución va mucho más allá de consideraciones políticas y de las buenas intenciones para honrar los compromisos.

Los principales retos a encarar, por tanto, están relacionados con:
  • La obligatoriedad de pagar anualmente, durante el mes de octubre, 40 millones de dólares como resultado de los acuerdos derivados de la renegociación con el Club de París. Téngase en cuenta que este pago se incrementará gradualmente a lo largo del período de amortización, en la medida que se vaya reduciendo el monto adeudado.
  • Los costos adicionales del riesgo de incumplimiento de los acuerdos concertados con el Club de París. Es cierto que hasta 2020 no se pagarán intereses pero si el país suspende temporalmente el pago anual pactado por concepto de amortización será gravado con un interés de 9% hasta el pago final, además de los intereses por la demora de esa porción en atrasos.
  • La renegociación de aquella parte de la deuda pasiva correspondiente al Club de Londres. Según informaciones no oficiales, un grupo de acreedores comerciales de Cuba formaron en abril de 2015 un comité liderado por Stancroft Trust para comenzar a negociar una reestructuración de la deuda. Se dice que entre los mayores tenedores de deuda del Club de Londres cubano, tres instituciones concentran 50% de la deuda comercial. (Strohecker, 2015)
  • La necesidad de seguir cumpliendo puntualmente con el servicio de la deuda activa y la ya renegociada. Murillo afirmó en la legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular de diciembre de 2015 que para lograr 6 500 millones de crédito para el financiamiento de la economía en 2016, “tenemos que pagar los más de 5 000 millones de deuda’’ (exactamente 5 299 millones).[6] (Murillo, 2015)
  • La composición misma de la deuda activa donde adquiere cada vez más importancia la deuda de proveedores que es la que nos permite cubrir las importaciones.
  • La disminución de las reservas internacionales en términos reales por la apreciación del dólar estadounidense y por la necesidad de enfrentar los significativos desastres ocurridos tras el paso del huracán Matthew.
  • El decrecimiento de la economía cubana y el exceso de optimismo respecto al 2% de crecimiento para 2017, en un contexto donde sigue predominando una alta incertidumbre respecto al crecimiento económico mundial y el desempeño de los principales socios comerciales de Cuba. Téngase en cuenta que la renegociación de la deuda se llevó a cabo considerando unas perspectivas de crecimiento que no pudieron alcanzarse.
  • La necesidad de seguir canalizando recursos externos por la vía del crédito en un escenario en que la inversión extranjera no acaba de constituirse en una fuente esencial de financiación al desarrollo.
  • El riesgo de que la percepción de Moody´s sobre el desempeño de mediano plazo de Cuba presione a la baja en su calificación crediticia.
En síntesis, Cuba avanza hacia la normalización de las relaciones con los acreedores, se percibe un esfuerzo importante por parte del gobierno en honrar los nuevos y viejos compromisos, pero 2017, sin dudas, planteará la necesidad de realizar importantes ajustes en materia de reordenamiento de la deuda. El pésimo desempeño macroeconómico, justo el primer año después del acuerdo histórico con el Club de París, no es una buena noticia para los acreedores. Tampoco lo son las rigidices que aún permanecen en la economía cubana para canalizar los flujos de inversión extranjera directa por los cuales se han apostado para lograr oxigenar la economía.

El desafío de la deuda sigue pendiente.

Bibliografía

  • Club de París Agreement 2015″. Club de París
  • Curbelo, Liudmila. Tesis de Maestría: “La sostenibilidad de la deuda externa: del enfoque de capacidad de pago al basado en el desarrollo”. 2006.
  • Anuario Estadístico de Cuba, 2015. La Habana, ONEI
  • Rodríguez, José Luis. “Las relaciones económicas entre Cuba y Rusia en una nueva etapa”. Cubadebate, 1 de octubre de 2014.
  • Sánchez Gutiérrez, Marlén. “La renegociación de la deuda cubana en el Club de París: algunas lecturas”. Conferencia Instituto Internacional de Periodismo José Martí, 2016.
  • Sánchez Egozcue, Jorge Mario. “Reestructuración incipiente del comercio exterior cubano” en Colectivo de Autores, Economía cubana: transformaciones y desafíos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.
  • Strohecker, Karin. “Acreedores comerciales de Cuba crean comité para iniciar negociaciones sobre deuda” Reuters, 8 de abril de 2015.
  • “Ministro de Economía y Planificación de Cuba presentó en Asamblea Nacional resultados 2015 y propuesta Plan 2016”. Cubadebate
  • The Economist Intelligence Unit. Country Report Cuba, 5 de enero de 2017.
  • Ratings Definitions. www.moody´s.com

Notas

[1] Alivio coyuntural de la deuda, incremento del nivel de ingreso de la economía como resultado de cambios externos coyunturales o fuertes ajustes en la economía donde se prioriza el servicio de la deuda. Como se aprecia, en todos los casos el pago de los compromisos externos estará comprometido; en los dos primeros porque depende de factores externos y coyunturales, en el último, porque los costos de pagar la deuda externa son significativos para el desarrollo económico.

[2] Esta calificación va desde Aaa hasta C y comprende 21 grados. Se divide en dos categorías, de inversión y especulativa. La Caa (Caa1, Caa2, Caa3) se refiere a títulos de baja solvencia, el riesgo de crédito es muy alto y se asigna a títulos de baja calidad. Presentan riesgo de impago de capital intereses o haber incumplido ya dichos pagos. En el caso de Caa1 el riesgo es sustancial y la clasificación de Caa2 es altamente especulativa. Ca se refiere a los títulos altamente especulativos que, generalmente incumplen sus obligaciones de depósito y C, es la calificación más baja, refleja que existen pocas posibilidades de recuperación.

[3] No queda claro si esta cifra ya está ajustada a partir de las renegociaciones que han tenido lugar dentro y fuera del Club de París.

[4] Se renegoció una deuda pendiente de 500 mil millones, el acuerdo incluyó la condonación de 70% y el resto pagadero en diez años con la posibilidad también de convertir parte de esa deuda pendiente en inversiones extranjeras directas en el país.

[5] El 45% de la deuda renegociada estaba concertada con Francia.

[6] www.cubadebate.cu. Ministro de Economía y Planificación de Cuba presentó en Asamblea Nacional resultados 2015 y propuesta Plan 2016.

Acelerando la herrumbre de EE UU

Trump promete a sus votantes una reindustrialización, pero sus políticas fomentan todo lo contrario


Donald Trump romperá la mayoría de sus promesas electorales. ¿Cuáles cumplirá?

La respuesta, sospecho, guarda más relación con la psicología que con la estrategia. Trump se muestra mucho más vehemente a la hora de castigar a la gente que a la de ayudarla. Puede que haya prometido no recortar la Seguridad Social ni la asistencia sanitaria gratuita a los más mayores, ni dejar sin seguro médico a las decenas de millones de personas que lo han obtenido gracias al Obamacare, pero en la práctica parece absolutamente dispuesto a satisfacer a su partido destruyendo el colchón de seguridad.

Por otro lado, su afán por trastocar los 80 años de compromiso de EE UU con el crecimiento del comercio mundial parece ir en serio. El jueves, la Casa Blanca declaraba que se estaba planteando imponer un arancel del 20% a todas las importaciones procedentes de México, lo cual no solo sacaría a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), sino que también violaría todos sus acuerdos comerciales.

¿Por qué quiere hacerlo? Porque ve el comercio internacional del mismo modo que todo lo demás: como una lucha por el dominio, en la que uno solo gana a costa de otro.

Su discurso de investidura lo dejó completamente claro: “Durante muchas décadas, hemos enriquecido a la industria extranjera a costa de la estadounidense”. Y considera que los aranceles punitivos son un modo de evitar que los extranjeros nos vendan sus productos, y por tanto, de revivir las “oxidadas fábricas esparcidas por el paisaje como lápidas”.

Por desgracia, como casi cualquier economista podría explicarle —aunque probablemente no en los tres minutos en que el presidente es capaz de mantener la atención—, las cosas no funcionan así. Aunque los aranceles sirviesen para contrarrestar un poco el largo declive del empleo en el sector manufacturero, no crearían puestos netos, sino que tan solo los redistribuirían. Y puede que ni siquiera sirvan para eso: en conjunto, las políticas del nuevo régimen probablemente acelerarán, en vez de ralentizar, el declive de la industria estadounidense.

¿Cómo lo sabemos? Podemos analizar la lógica económica subyacente y también podemos fijarnos en los que pasó durante el mandato de Ronald Reagan, que en ciertos aspectos representa un ensayo general de lo que se avecina.

Ahora bien, me refiero a la realidad de Reagan, no a la leyenda de los republicanos, que culpa enteramente a Jimmy Carter de la recesión de principios de la década de 1980 y atribuye a San Ronald todo el mérito de la recuperación posterior. De hecho, todo ese ciclo no tiene casi nada que ver con las políticas de Reagan.

Lo que sí hizo Reagan, en cambio, fue hinchar el déficit presupuestario a base de gastos militares y reducciones tributarias. Esto empujó al alza los tipos de interés, lo cual atrajo capital extranjero. La entrada de capital, a su vez, fortaleció el dólar, lo que restó competitividad al sector manufacturero estadounidense. El déficit comercial se disparó, y el prolongado declive del peso relativo de la industria en el empleo total se aceleró bruscamente.

Cabe destacar que con Reagan empezó a hablarse de forma generalizada de "desindustrialización” y se acuñó la expresión Rust Belt, el "Cinturón del Óxido"

También vale la pena señalar que el declive de la fabricación durante la era de Reagan se produjo a pesar del considerable grado de proteccionismo, en especial la cuota impuesta a las exportaciones de coches japoneses a Estados Unidos, que acabó costando a los consumidores más de 30.000 millones de dólares al cambio actual.

¿Repetiremos la misma historia? Está claro que el régimen de Trump inflará el déficit, principalmente mediante rebajas fiscales a los ricos. (¿No resulta curioso lo calladitos que están todos los cascarrabias del déficit?) Es cierto que, a lo mejor, no se impulsará demasiado el gasto, puesto que los ricos ahorrarán muchas de sus ganancias inesperadas mientras que los pobres y la clase media se enfrentarán a un recorte drástico de las ayudas. Aun así, los tipos de interés ya han subido, anticipándose al repunte de los préstamos, y el dólar también. Así que parece que estamos siguiendo el manual de Reagan para reducir la producción industrial.

Es verdad que Trump parece dispuesto a practicar una clase de proteccionismo mucho más radical que la de Reagan; este último no llegó a violar flagrantemente acuerdos comerciales ya firmados. Esto podría ayudar a algunas industrias, pero también hará que el dólar suba más, lo que perjudicará a otras.

Y he aquí otro factor a tener en cuenta: la economía mundial se ha vuelto mucho más compleja a lo largo de las tres últimas décadas. Hoy en día, casi nada está “fabricado en Estados Unidos”, o ya puestos, “fabricado en China”: el sector manufacturero es un negocio mundial en el que los coches, los aviones y demás se ensamblan a partir de piezas fabricadas en distintos países.

¿Qué le pasará a ese negocio si Estados Unidos les pega un hachazo a los acuerdos que rigen el comercio internacional? Será inevitable que se produzcan grandes perturbaciones: algunas fábricas y localidades estadounidenses se beneficiarán, pero otras se verán perjudicadas, y mucho, por la pérdida de mercados, componentes cruciales o ambas cosas.

Los economistas hablan del “impacto de China”, los trastornos sufridos por algunas comunidades a causa del auge de las exportaciones chinas durante la década de 2000. Pues bien, el impacto de Trump que se avecina será, como mínimo, igual de dañino.

Y los más perjudicados, tal como sucede con la sanidad, serán los votantes blancos de clase trabajadora que fueron lo bastante estúpidos como para creer que Donald Trump estaba de su parte.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2017. 

Traducción de News Clips.