viernes, 14 de abril de 2017

Algunos desafíos del desarrollo económico

Las cooperativas no agropecuarias se abren paso en el nuevo escenario como una forma de gestión con muchísimas potencialidades. Foto: Jorge Luis González
Cuando en abril del 2011 el 6to.Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el proceso de actualización económica iniciado en el país tomaba nuevos cauces.
Recordemos que, no sin esperar obstáculos y contradicciones en su concreción, los Lineamientos definieron que el sistema económico prevaleciente seguiría basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción, regido por el principio de distribución (también socialista) «de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo».
A partir de entender que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar los ideales revolucionarios de igualdad y justicia, la economía nacional continuaría dirigida por la planificación, que, al mismo tiempo, atendería las tendencias del mercado y otorgaría más autonomía a las empresas estatales y nuevas formas de gestión.
En palabras de quien fuera el ministro cubano de Economía entre 1995 y 2009, José Luis Rodríguez, se trata de mantener la propiedad social sobre los medios de producción que resultan determinantes para el desarrollo del país, establecer límites al desenvolvimiento de la propiedad no estatal, reduciendo su capacidad de acumulación, y asegurar la prestación de servicios sociales básicos, de manera universal y gratuita.
Además de conservar como protagonista a la empresa estatal socialista, la actualización, ya sabemos, reconoce y promueve «las modalidades de la inversión extranjera, las cooperativas, los agricultores pequeños, los usufructuarios, los arrendatarios, los trabajadores por cuenta propia y otras formas».
De acuerdo con Rodríguez, asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, abrirle espacios a la pequeña propiedad privada (autoempleo o trabajo por cuenta propia), la cooperativa agropecuaria y no agropecuaria y las empresas mixtas con capital foráneo es una manera de darles participación en el avance del país «sin ser predominantes y si se les encauza adecuadamente, es decir, sin que se conviertan en preponderantes».
Desde la óptica de la Sicóloga María del Carmen Zabala, especialista en temas sobre equidad social y asesora del Programa Cuba de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, los Lineamientos están comprometidos con la equidad y suponen la puesta en marcha de medidas que resultan importantes alternativas de empleo y de obtención de ingresos para beneficio de las familias.
Por eso, refiere el estratégico documento «en las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en las personas jurídicas o naturales» y el sistema tributario establecerá mayores gravámenes para los ingresos más altos, a fin de «atenuar las desigualdades entre los ciudadanos».
Tal como dejara claro el presidente cubano, Raúl Castro Ruz, durante el 7mo. Congreso del PCC, en abril del 2016 en La Habana «las fórmulas neoliberales que propugnan la privatización acelerada del patrimonio estatal y de los servicios sociales, como la salud, la educación y la seguridad social, nunca serán aplicadas en el socialismo cubano».
El también primer secretario del Comité Central del PCC ha expresado que «una Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes», como la definió Fidel, con una innegable obra social construida «jamás encontrará solución a sus problemas de espaldas al pueblo, ni con la restauración del capitalismo, que conllevaría a la aplicación de terapias de choque a las capas de la población con menos recursos y destruiría la unidad y la confianza de la mayoría de nuestros ciudadanos en torno a la Revolución y al Partido». En Cuba, ha reiterado en más de una ocasión «nadie quedará desamparado».
MEDIANAS, PEQUEÑAS Y MICRO
Después de un quinquenio de implementación de los mecanismos para la actualización, el sector no estatal de la economía ha dado un salto exponencial. Mientras el empleo estatal era de un 81,2 % en el 2010, llegó a 70,8 en el 2015.
Mientras había 157 371 cuentapropistas en septiembre del 2010, se registraban algo más de medio millón al cierre del 2016.
Aunque «el incremento del trabajo por cuenta propia y la autorización de la contratación de fuerza de trabajo ha conllevado en la práctica a la existencia de medianas, pequeñas y microempresas privadas que hoy funcionan sin la debida personalidad jurídica y se rigen ante la ley por un marco regulatorio diseñado para las personas naturales dedicadas a pequeños negocios que se realizan por el trabajador y su familia», en correspondencia con el compañero Raúl, se va conformando una atmósfera que no discrimina ni estigmatiza el trabajo no estatal.
Amén de que en Cuba socialista y soberana la propiedad del pueblo sobre los medios fundamentales de producción constituye la base del poder real de los trabajadores, ha explicado igualmente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros que se favorece el éxito de las formas no estatales de gestión, sobre la base, en todos los casos, del estricto cumplimiento de la legislación vigente y con límites bien definidos.
Al respecto, ha afirmado que «no somos ingenuos ni ignoramos las aspiraciones de poderosas fuerzas externas que apuestan a lo que llaman el “empoderamiento” de las formas no estatales de gestión, con el fin de generar agentes de cambio en la esperanza de acabar con la Revolución y el socialismo en Cuba por otras vías».
Asimismo, ha defendido que «las cooperativas, el trabajo por cuenta propia y la mediana, pequeña y microempresa privada no son por su esencia antisocialistas ni contrarrevolucionarias» y la enorme mayoría de quienes allí laboran son patriotas.
Con el desarrollo económico, la lucha por la paz y la firmeza ideológica como las principales misiones del PCC, el funcionamiento de cooperativas de producción no agropecuarias, especialmente del comercio, gastronomía, servicios técnicos, pequeña industria y construcción, sigue un proceso experimental.
UN PROCESO ORDENADO Y PAULATINO
Vale la pena revisar más de cerca las pautas que rigen el proceso paulatino y ordenado de la separación de las funciones estatales y empresariales, y cuyo obstáculo fundamental ha sido el lastre de una mentalidad obsoleta. El presidente de la Mayor de las Antillas ha alertado que es preciso asegurar más explicación al pueblo, más disciplina y exigencia y un mayor y más cercano seguimiento al proceso de cambios. «Hay que tener, como ya hemos dicho, los oídos y los pies bien puestos sobre la tierra».
El otorgar mayores potestades a las empresas, reestructurar el empleo y los salarios para eliminar las plantillas infladas en todas las esferas de la economía y garantizar que el trabajo sea la forma principal de obtención de ingresos de la población facilitará que el Estado se libere de la administración de pequeñas empresas.
Por otro lado, se ha ido avanzando en el desarrollo de mercados de aprovisionamiento que vendan a precios mayoristas y brinden los servicios de alquiler de medios y equipos, sin subsidio, al sistema empresarial, al presupuestado y a las formas de gestión no estatal.
Los Lineamientos abarcan incluso la posibilidad de hacer más flexible el objeto social de las empresas para que puedan desplegar al máximo sus potencialidades, y la necesidad de que las entidades manejen su capital de trabajo e inversiones hasta un límite previsto.
Otro punto de evolución está en el conocido como «pago por resultados». Tan fácil como que los ingresos de los trabajadores en instalaciones tanto estatales como no, se encuentren vinculados a los resultados que obtengan.
La conceptualización del modelo económico, propuesta durante el 7mo. Congreso del PCC, plantea que «la consolidación y desarrollo sostenible del socialismo solo es posible a partir de preservar los valores e incrementar la productividad del trabajo, de modo que crezca la riqueza para su justa distribución y con ello el nivel y calidad de vida, así como la realización de las aspiraciones colectivas e individuales de las personas».
A la vez, el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 define ejes estratégicos que son pilares y fuerzas motrices del desarrollo cubano que se centran en: un gobierno eficaz y socialista, la integración social, la transformación productiva e inserción internacional, el desarrollo de infraestructura, el potencial humano, la ciencia, la tecnología, la innovación, los recursos naturales y el medioambiente, el desarrollo humano, la equidad y la justicia.
No olvidemos que todos estos cambios se dan en una realidad definida por el lento crecimiento demográfico de la población, bajas tasas de fecundidad y mortalidad, un saldo migratorio negativo y el sostenido proceso de urbanización y envejecimiento poblacional, que le impone grandes retos sociales y económicos al país.

Demasiado tarde para compensar a los perdedores del libre comercio

Dani Rodrik is Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government. He is the author of The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economyand, most recently, Economics Rules: The Rights and Wrongs of the Dismal Science.

CAMBRIDGE – Últimamente, parece haber surgido un consenso en las élites empresariales y políticas del mundo respecto de cómo encarar la reacción antiglobalizadora que populistas como Donald Trump han sabido explotar tan bien. Afirmar confiadamente que la globalización beneficia a todos es ya cosa del pasado; ahora las élites admiten que la globalización genera ganadores y perdedores. Pero la respuesta correcta no es detenerla o revertirla, sino compensar a los segundos.

Nouriel Roubini ha expresado en pocas palabras el nuevo consenso: sostiene que “la reacción contra la globalización (…) puede ser contenida y gestionada a través de políticas que compensen a los trabajadores por sus daños y costos colaterales. Sólo mediante la promulgación de dichas políticas, los perdedores de la globalización empezarán a pensar que, con el transcurso del tiempo, ellos también podrán unirse a las filas de los ganadores”.

Este argumento parece sumamente razonable, en sentido tanto económico cuanto político. Hace mucho que los economistas saben que la liberalización del comercio internacional genera redistribución de ingresos y pérdidas absolutas para alguna gente, aunque mejore el desempeño económico general del país en cuestión. De modo que la única forma en que los tratados de libre comercio pueden mejorar inequívocamente el bienestar nacional es si los ganadores compensan a los perdedores. Esto también asegura el apoyo de más votantes al libre comercio, así que tiene sentido políticamente.

Antes del Estado de bienestar, la tensión entre apertura y redistribución se resolvía mediante la emigración masiva de trabajadores o la reimposición de medidas proteccionistas, especialmente en el sector agrícola. Pero con el surgimiento del Estado de bienestar, aquella limitación se volvió menos apremiante, lo que permitió una mayor liberalización del comercio. Hoy los países avanzados que están más expuestos a la economía internacional son también los que tienen redes de protección y programas de seguridad social (Estado de bienestar) más amplios. Una investigación realizada en Europa probó que los perdedores de la globalización en un país tienden a apoyar programas sociales e intervenciones del mercado laboral más activos.

Que la oposición al libre comercio hoy no ocupe un lugar más destacado en el debate político europeo se debe en parte a que en este continente esos mecanismos de protección social siguen siendo sólidos (a pesar de su debilitamiento en años recientes). No es exagerado decir que el Estado de bienestar y la apertura económica han sido durante gran parte del siglo XX las dos caras de una misma moneda.

En comparación con la mayoría de los países europeos, Estados Unidos llegó tarde a la globalización. Hasta hace poco, su gran mercado interno y su relativo aislamiento geográfico lo protegían bastante bien de las importaciones, especialmente procedentes de países de bajos salarios. Al mismo tiempo, su Estado de bienestar había sido siempre poco desarrollado.

Cuando en los ochenta Estados Unidos comenzó a abrirse a las importaciones de México, China y otros países en desarrollo, lo esperable hubiera sido que siguiera el modelo europeo. En vez de eso, bajo influencia del reaganismo y del fundamentalismo de mercado, el país tomó la dirección opuesta. Como señala Larry Mishel, presidente del Instituto de Política Económica estadounidense: “No prestar atención a los perdedores fue deliberado. En 1981, uno de los primeros blancos de los ataques de Reagan fue el vigoroso programa de Asistencia para el Ajuste Ocupacional (TAA), cuyos pagos compensatorios semanales redujo”.

El daño continuó en gobiernos demócratas posteriores. En palabras de Mishel, “si los partidarios del libre comercio realmente hubieran pensado en la clase trabajadora, podrían haber apoyado una amplia variedad de políticas para sostener el crecimiento de los salarios: pleno empleo, negociación colectiva, fuerte regulación laboral, un alto salario mínimo, etc.”. Y hubieran podido hacer todo esto “antes de generar ‘perturbaciones’ debidas a la liberalización del comercio con países de bajos salarios”.

¿Puede Estados Unidos invertir rumbo ahora y adoptar el nuevo consenso? Allá por 2007, el politólogo Ken Scheve y el economista Matt Slaughter exhortaron a instituir en Estados Unidos “un New Deal para la globalización”, que vinculara “la participación en la economía mundial con una redistribución sustancial de los ingresos”. En Estados Unidos, según los autores, esto suponía adoptar un sistema tributario federal mucho más progresivo.

Slaughter había sido funcionario de un gobierno republicano (durante la presidencia de George Bush, hijo). Una muestra del grado de polarización de la política estadounidense es que hoy es inimaginable una propuesta similar surgida de un círculo republicano. El intento de Trump y sus aliados congresistas de desvirtuar el programa de seguro de salud del expresidente Barack Obama es prueba de la determinación de los republicanos de reducir en vez de ampliar los mecanismos de protección social.

El consenso actual respecto de la necesidad de compensar a los perdedores de la globalización presupone que los ganadores tendrían un motivo racional de interés propio para hacerlo, ya que el apoyo de los perdedores sería esencial para mantener la apertura económica. Pero la presidencia de Trump reveló una perspectiva alternativa: la globalización, al menos como se la entiende hoy, inclina el equilibrio de poder político en favor de quienes tienen habilidades y recursos que les permitan sacar provecho de la apertura, y debilita cualquier influencia organizada que los perdedores hayan tenido en un primer momento. Como Trump bien demostró, es fácil poner el descontento incipiente con la globalización al servicio de una agenda totalmente diferente, más acorde con los intereses de las élites.

La política de compensación está siempre sujeta a un problema que los economistas llaman “inconsistencia temporal”. Antes de la adopción de una política nueva (por ejemplo, un tratado de libre comercio), los beneficiarios tienen motivos para prometer compensación a los perdedores. Pero una vez instituida, ya no tendrán mucho interés en cumplir lo prometido, sea porque un cambio de rumbo sería costoso para todos o porque el equilibrio de poder subyacente ahora los favorece.

El tiempo de la compensación ya pasó. Incluso si era una propuesta viable hace dos décadas, ya no es una respuesta práctica a los efectos negativos de la globalización. Para reintegrar a los perdedores, es necesario pensar en cambiar las reglas de la globalización misma.

Traducción: Esteban Flamini

Cambiar los barrios de Cuba desde la participación: el Taller de Transformación Integral de Pogolotti

 CUBAINFORMACION.2016

El diputado a la Asamblea Nacional y delegado de base en el municipio habanero de Marianao, Jorge Luis Mazorra, acompañó al equipo de Cubainformación TV a visitar y conocer el Taller de Transformación Integral del barrio de Pogolotti, que trabaja desde 1990 en la mejora de las condiciones socio-económicas de su población y en su desarrollo espiritual y cultural, desde la participación comunitaria.
Allí conversamos, por ejemplo, con Mercedes Abreu García, su especialista en Estudios Sociales e impulsora de los programas de género y contra la violencia sexista que se implementan desde el Taller. Abreu nos remarca que se hizo un diagnóstico participativo con enfoque de género que impicó a toda la comunidad, para que ésta expusieran problemas y soluciones. Mercedes Abreu fue también delegada de base y diputada en el Parlamento cubano: “una mujer negra, de barrio, de pueblo”, nos remarca, que conoció “la verdadera democracia cubana”, donde no es necesario tener dinero ni una maquinaria de propaganda electoral para representar “a tu pueblo, a tu barrio, a tu comunidad”.
Noemí Reyes Herrera, especialista Principal del Taller, nos habla de las diferentes acciones de capacitación de la comunidad. Y Acela Caner Román, colaboradora en los temas culturales, nos narra cómo el barrio debe su nombre a Dino Pogolotti, emigrado piemontés (de Italia) en La Habana y abuelo de la gran intelectual cubana Graziella Pogolotti. También de los diferentes intercambios entre escuelas y organizaciones sociales de Italia y de Pogolotti, gracias a la asociación de amistad Italia-Cuba.
Equipo de producción de Cubainformación TV (video y fotografías): Patricia Moncada, José Manzaneda, Karoly Emerson, Emerio Rodríguez. Colaboración especial: ICAP. Edición: Ana Gil. Con algunas imágenes del documental “Mi Pogolotti querido”.

Ambiciosos proyectos en Ramón de Antilla marcan desarrollo turístico de Holguín (+ Fotos y Video)

Por: Juan Pablo Carreras
Fotografía de archivo de la playa Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la playa Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
El polo turístico de Holguín con sus renombrados balnearios Guardalavaca y Pesquero se extenderá a partir de los nuevos proyectos ya en marcha en la península del Ramón de Antilla donde existen potencialidades para construir más de 19 mil habitaciones.
Las inversiones hacia estas viables posibilidades fueron aprobadas por decisión del país y actualmente se crean las condiciones para iniciar la construcción del primer hotel en esa zona, destacó en exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias, Manuel Marrero, ministro del Turismo.
Al referirse a los pronósticos de esta rama en el territorio para los próximos años, Marrero argumentó que junto a las seis mil habitaciones disponibles actualmente se unen la ejecución de dos nuevos hoteles Cinco Estrella en Pesquero y Guardalavaca, gestionados por el grupo Iberostar, y del amplio programa constructivo en el Ramón de Antilla.
La decisión más importante en este sentido es el desarrollo y las perspectivas que ofrece esta península con playas totalmente vírgenes ubicadas en la propia bahía de Nipe, muy próximas a Cayo Saetia y que tienen un potencial de desarrollo muy grande, subrayó.
Distante, a unos 100 kilómetros al noroeste de la capital holguinera, en esta zona, significó el ministro que ya comenzó el proceso constructivo y se crean las infraestructura de los constructores y de los inversionistas encargados de acometer las obras de forma integral.
Puntualizó a la vez que se están construyendo ya edificios destinados para las viviendas de los trabajadores que laborarán en el nuevo polo turístico y se crean las condiciones, reiteró para el inicio del primer hotel como importantes pasos hacia el progresivo avance del amplio programa de desarrollo turístico en el Ramón de Antilla.
Por tanto, el futuro inmediato y un poco a corto y a largo plazo desde el punto de vista turístico de esta provincia es muy bueno, destacó tras significar además que hoy Holguín ocupa el cuarto lugar a nivel de país como destino y con la proyección que hay, sin lugar a duda tendrá un posicionamiento mucho más alto.
Es precisamente en este destino, reconoció Marrero, donde se alcanza uno de los niveles más alto de la relación calidad-precio como un reconocimiento de los turoperadores y clientes a las características del holguinero en la prestación de los servicios y la calidad que se ofrece en el producto turístico.
Holguín es uno de esos lugares que realmente ha logrado posesionarse con un alto impacto en los diferentes mercados internacionales y no por gusto, significó, hemos decidido realizar la Feria Internacional del Turismo aquí como exponente del potencial y de los resultados integrales que hoy lo distinguen en esta vital rama de la economía nacional, puntualizó el titular cubano del Turismo en sus declaraciones a ACN.
Fotografía de archivo de las playas del Ramón de Antilla, ubicada en el municipio de Antilla, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de las playas del Ramón de Antilla, ubicada en el municipio de Antilla, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de Playa Esmeralda, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de Playa Esmeralda, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la playa Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la playa Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de Playa Esmeralda, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de Playa Esmeralda, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo deCAyo Saetía, ubicado en el municipio de Mayarí, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo deCAyo Saetía, ubicado en el municipio de Mayarí, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo del Hotel Río de Mares, ubicado en el municipio de Rafael Freyre, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo del Hotel Río de Mares, ubicado en el municipio de Rafael Freyre, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la playa Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la playa Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la marina de Boca de Samá, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo de la marina de Boca de Samá, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo del Hotel Brisas Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo del Hotel Brisas Guardalavaca, ubicada en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo del Resort Paradisus Río de Oro, ubicado en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS
Fotografía de archivo del Resort Paradisus Río de Oro, ubicado en el municipio de Banes, provincia de Holguín, Cuba. Foto: ACN/ Juan Pablo CARRERAS
(Con información de ACN)

¿Cuál debería ser la desigualdad máxima en Cuba?

Por Dr. Pedro Monreal

Una economía socialista no es compatible con una alta desigualdad social. En el caso de que, debido a circunstancias específicas, se hubiera producido un incremento de la desigualdad, las políticas públicas para reducirla –no solo para contenerla- deben ser prioridad estatal. ¿Qué hacer para ello en un país como Cuba?

Lo primero sería tratar de entender adecuadamente la gravedad del problema, lo cual hace necesario medir la desigualdad, y lo segundo es que sería ineludible poder identificar con precisión las causas del incremento de la desigualdad.

No es lo mismo hacer políticas para corregir la desigualdad cuando el 5 por ciento más “rico” de la población concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, que cuando esa minoría “solamente” controla el 10 por ciento del ingreso. Se requerirían medidas específicas diferentes y tiempos muy distintos para que las acciones remediales tuviesen efecto.

¿En cuál de esas situaciones pudiera estar el país? La mayoría de los cubanos no lo sabemos pues no se divulga indicador alguno sobre la desigualdad nacional.

Lo que podemos conocer, de fuentes oficiales, son cifras que ya tienen casi 20 años y que indicaban un rápido deterioro de la desigualdad social, medido por un empeoramiento del 85 por ciento en el coeficiente de Gini en el periodo de 1986 a 1999 (de un valor de 0,22 en 1986 se pasó a uno de 0,407 en 1999). Ese coeficiente –cuyos valores se mueven entre 1 y cero- expresa una distribución más equitativa del ingreso en la medida en que el coeficiente tiene un valor menor.

Es decir, se produjo un empeoramiento muy rápido, que fue muy agudo y que ubicó el indicador de distribución del ingreso de Cuba en niveles insólitos para un país socialista, aunque relativamente mejores que el de muchos países, incluyendo la mayoría de las naciones latinoamericanas y caribeñas, o el de los propios Estados Unidos, país que tiene el peor coeficiente de Gini entre las economías desarrolladas.

Aunque no conozco estudios públicamente divulgados que hayan evaluado con precisión cuantitativa el probable impacto positivo que tuvieron factores como el empleo estatal y los principales programas sociales universales (salud, educación y seguridad social) para evitar un deterioro aun mayor del coeficiente de Gini, parece razonable asumir que tal efecto se produjo.

Por otra parte, no es descartable que el coeficiente de Gini en Cuba haya empeorado desde 1999. Tampoco puede afirmarse que haya mejorado. No podemos saberlo porque no disponemos de una medición, pero es aquí donde se hace relevante el conocimiento de los factores que provocan en estos momentos la desigualdad en el país. No es un tema nuevo. Ha sido bien estudiado desde principios de la década de los noventa del siglo pasado, a pesar de la carencia de datos suficientes.

Existen al menos tres factores que deberían ser considerados: en primer lugar, la transformación del mercado laboral, que pasó de ser un mercado laboral estatal que absorbía la mayoría de los trabajadores -con un diapasón relativamente reducido de diferencias salariales-, a un mercado laboral heterogéneo (estatal y no-estatal) donde se han ampliado las diferencias salariales, tanto al interior de cada mercado como entre los distintos mercados laborales. En segundo lugar, la aparición de fuentes de ingresos como las remesas –no resultantes del empleo nacional y sesgadas hacia patrones de distribución desigual- que han adquirido un peso importante (tampoco medible con precisión) en el ingreso de muchos hogares; y finalmente una moneda nacional débil que coloca automáticamente en condiciones de desigualdad los salarios en pesos cubanos en relación con los salarios y con los diversos tipos de ingresos obtenidos en otras monedas.

Hay dos cuestiones adicionales. La existencia de programas sociales de acceso universal y gratuito (por ejemplo, salud y educación), que siguen siendo importantes para impedir niveles aún mayores de desigualdad, tienen un efecto “igualador” relativamente amortiguado en condiciones caracterizadas por mercados laborales que funcionan con una mayor segmentación de ingresos, entradas de remesas familiares desigualmente distribuidas y con una moneda nacional débil en el marco de una dualidad monetaria y cambiaria. Por otra parte, la historia económica enseña que la desigualdad actual tiende a convertirse en una desigualdad inter-generacional permanente.

Queda claro que la desigualdad no se limita a ser un problema de distribución del ingreso y de la riqueza. También se sabe que existen otras mediciones posibles, pero por alguna parte hay que empezar a hacer esta discusión, y he seleccionado la distribución del ingreso medida por el coeficiente de Gini.

Volvamos entonces a la pregunta inicial: ¿Cuál es el nivel máximo de desigualdad que sería compatible con un modelo socialista en Cuba?

Una comparación internacional del coeficiente Gini permitiría apreciar que los valores extremos muy bajos y muy altos son excepcionales. En realidad, la mayoría de los países se ubican en un rango intermedio con coeficientes entre 0,35 y 0,45. Es decir, la distribución internacional de coeficientes puede representarse aproximadamente mediante la conocida curva “normal” o de “campana”, que indica una concentración en los niveles “moderados” (hacia la parte intermedia del eje “X” del gráfico).


Esto nos pudiera ofrecer una primera pista: cuando menos, Cuba debería aspirar, y creo que puede lograrlo, un coeficiente Gini “moderado” en términos internacionales, especialmente en el rango de 0,35 a 0,40.

Se trataría aproximadamente del último nivel del coeficiente de Gini que se conoce de fuentes oficiales que existía hace dos décadas en Cuba. Como se dijo anteriormente, en comparación con momentos previos, para Cuba ese nivel de 0,407 es “malo” porque históricamente indicaría un desplazamiento de la desigualdad en un sentido no deseado.

Insisto en que no sabemos cuál es el nivel actual de ese indicador en Cuba, pero a los efectos de este análisis supongamos que ese nivel se hubiese mantenido. Es un supuesto problemático pues pudiera haber aumentado (personalmente no creo que se haya reducido), pero algún supuesto “de trabajo” debemos adoptar.

Una hipótesis posible es que un coeficiente de Gini de 0,40 pudiera estar indicando una “frontera” de desigualdad de la cual se aspira a alejarse para poder regresar a un índice menor. Aquí cabrían dos posibilidades: el índice real de Gini que existe en Cuba en 2017 (que no conocemos) es igual o menor que 0,40, o ese índice real de Gini es mayor que 0,40.

En materia de alternativas de acciones para reducir el índice, en ambos casos se necesitarían medidas e instrumentos de política que compartirían una serie de componentes básicos, pero los pesos relativos de estos y sus combinaciones pudieran ser distintos si la base que se tiene es de 0,40 (o un nivel inferior), a que cuando la base tiene un nivel superior a 0,40, digamos que 0,50, en cuyo caso se necesitaría medidas mucho más vigorosas. Debe retenerse el punto de que cuando una alta desigualdad se mantiene por mucho tiempo, tiende a convertirse en “estructural” y dificulta una “vuelta atrás”. Es por eso que debe ser una prioridad atajarla y reducirla.

Habiendo establecido provisionalmente el supuesto de que un coeficiente de Gini de 0,40 es “malo”, pero que todavía pudiera ser compatible –al menos por un tiempo- con un sistema socio-económico socialista en Cuba, la cuestión sería entonces hasta donde sería deseable y factible reducir el nivel del coeficiente.

Todo plan necesita un punto de partida y una meta. El primero (el Gini real de Cuba en 2017) no lo sabemos con precisión y por ello solamente lo podemos manejar en términos de hipótesis. Exploremos brevemente entonces la posible meta, igualmente de manera hipotética.

En mi modesta opinión, para Cuba un coeficiente de Gini de aproximadamente 0,32 sería deseable y además realizable, pero eso va a necesitar medidas efectivas y un plazo de tiempo que probablemente no sea inferior a diez años.

Un mismo nivel del coeficiente de Gini pudiera expresar diversas variantes de distribución del ingreso entre los grupos de la población, pero una de esas variantes hipotéticas indica que un índice de 0,32 sería compatible, por ejemplo, con un patrón de distribución donde el 95 por ciento de la población con menos ingresos reciba el 90,5 por ciento de los ingresos totales, lo cual indica una distribución razonablemente equitativa del ingreso nacional.

Obviamente, lo anterior no es el resultado de un análisis pues no se dispone de datos concretos de la realidad. Sin embargo, al identificar, aunque sea hipotéticamente, un posible punto de partida y uno de llegada para las políticas públicas, quizás ofrece la posibilidad de tratar de colocar cualquier discusión sobre el carácter socialista del modelo socio-económico en términos relativamente concretos. Nos ahorraría la verbosidad y la abstracción con la que frecuentemente se aborda –generalmente en medios no académicos- el problema de la desigualdad en Cuba.

Resumiendo, invito cordialmente a una reflexión sobre los dos puntos siguientes:
  • Un nivel del coeficiente de Gini de 0,40– “malo” para Cuba, aunque “moderado” para otros países- debería ser considerado como la cota de desigualdad máxima que sería compatible con el socialismo en Cuba, y habría que adoptar medidas para reducir ese nivel lo antes posible.
  • La meta de reducir la desigualdad hasta un nivel del coeficiente Gini de entre 0,30 y 0,35 debería ser adoptada en Cuba como el macro-objetivo socioeconómico más importante para los próximos cinco años, al mismo nivel de importancia que se le concede a lograr tasas de crecimiento del producto Interno Bruto de entre 5 y 7 por ciento anuales.
Por aquí pudiéramos intentar hacer una conversación concreta y en serio sobre lo que serían posiciones de “izquierda” en Cuba, ¿o quizás me equivoco y debemos seguirle dándole vueltas a la noria de las visiones genéricas sobre el socialismo cubano?

Tomado del Blog de Pedro Monreal 
 https://elestadocomotal.com/2017/04/11/test2/