lunes, 1 de mayo de 2017

Desigualdad global: ¿Dónde se ubica Cuba?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal.

El indicador de igualdad de Cuba empeoró 85% en poco más de una década. A nivel mundial, pasó de la “punta” al “pelotón”. La desigualdad no se ha medido oficialmente en casi veinte años y pudiera haber empeorado, pero no podemos estar seguros de esto.


Cuando Cuba registró un coeficiente de Gini de 0,2200 en 1986, el país estaba firmemente instalado en la vanguardia internacional de la distribución equitativa del ingreso. De hecho, la cifra cubana de 1986 es mejor que la que hoy presenta Ucrania (0.2409), actual líder global del coeficiente de Gini.
No existen razones para asumir que el coeficiente de Gini haya mejorado en Cuba desde 1999 ya que –entre otros factores- la dispersión de ingresos ha aumentado incluso dentro del conjunto de los salarios estatales, la mayor fuente de ingresos personales legales en Cuba.
Es probable que, como mínimo, el coeficiente de Gini se haya mantenido al mismo nivel de 1999. Sin embargo, no es implausible asumir que hubiese incrementado, es decir, que hubiese ocurrido un empeoramiento adicional de la desigualdad, aunque no es posible precisar una cifra.
¿Dónde se ubicaría Cuba hoy a nivel internacional en términos de distribución equitativa del ingreso?
La plataforma online The Inequality Project estrenada hace poco por el diario británico The Guardian pudiera ayudar a visualizar una respuesta a esa pregunta.
Para empezar, es interesante darle una rápida mirada al mapamundi de la desigualdad donde se representan en colores los distintos rangos  del índice de Gini, o sea, el coeficiente llevado a una escala de 1 a 100.
Mapamundi desigualdad
La mayor intensidad del color identifica una mayor desigualdad, que es muy visible en la sub-región del cono sur africano. Cuba, en color gris, se encuentra entre los países sin medición reciente del coeficiente de Gini.
La plataforma online de The Guardian ofrece también un gráfico que representa los cinco países con mejor índice de Gini y los cinco países con el peor registro.
GRÁFICO  1
Guardian-inequality-fig-2
Hacia 1999, última medición conocida del Gini en Cuba (0,407), el retroceso había sido considerable en relación con la década previa  Como consuelo quedaban dos circunstancias: ese es un dato “medio” a nivel mundial y “muy bueno” en el contexto regional.
Un nivel de 0,407 se ubica aproximadamente en el registro medio internacional donde se concentran muchos países. Si se agrega al gráfico # 1 el caso de Cuba –asumiendo que se ha mantenido el índice de Gini de 40,70 de hace dos décadas- se obtiene el siguiente gráfico modificado:
GRÁFICO  2
Grafico Cuba y Topy top
Por otra parte, si se asume que el Gini actual de Cuba es de 40,70, esa sería la mejor cifra a nivel de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con la mayor desigualdad en la distribución del ingreso.
GRÁFICO  3
Gini LAC
Si se asume que el índice de Gini registrado por Cuba en 1999 (40,70) hubiese tenido una oscilación en un rango estrecho, por ejemplo, entre 37,0 y 43,0, Cuba tendría el registro de desigualdad aproximado de los países representados en el grafico siguiente:
GRÁFICO  4
Grafico rango medio
Obviamente, la explicación de los resultados de ese gráfico representa un reto analítico. Explicar por qué países como Tanzania, Sri Lanka o Senegal pudieran tener un índice de Gini mejor que el de Cuba, o que el índice de Uganda fuese solamente ligeramente peor, parece estar en contradicción con muchos análisis que se hacen sobre esos países.
Pudiera ser también, como se ha señalado en otras notas de este blog, que el coeficiente de Gini presenta limitaciones para poder avanzar en determinados aspectos de los análisis de desigualdad y que por esa razón sería conveniente emplear el índice de Palma, el cual ha adquirido una rápida aceptación entre los economistas.
En ese sentido, cabe puntualizar que parece no existir estimación alguna del índice de Palma para el caso de Cuba.
Dejo a los lectores con el gráfico de la plataforma online de The Guardian.

El libro prohibido de la economía (V)

Por Fernando Trias de Bes


SERVICIO TÉCNICO


Versión oficial:

Servicio que ofrecen las marcas para la reparación de sus productos por parte de técnicos oficiales y autorizados.

Versión prohibida:

Proceso disuasorio que le convence de reponer antes que reparar.

Desde un punto de vista ecológico esto es evidentemente un despropósito porque estamos convirtiendo el planeta en un basurero de electrodomésticos y aparatos relacionados con la tecnología.


Pero, además, supone meter al cliente en una rueda de la que es muy difícil escapar.

La obsolescencia no es terreno exclusivo de la electrónica de consumo. Se hacen obsoletos los productos también con el diseño. Así, la ropa, gafas, muebles, iluminación del hogar, accesorios deportivos, juguetes… Todo caduca a una velocidad de vértigo. La dinámica competitiva es buena, obviamente, así como la mejora continua. Pero una cosa es que la actividad competitiva acelere el ciclo de vida de los productos y otra bien distinta que las marcas programen la obsolescencia de sus propios productos, que es una degeneración absoluta del concepto y que va contra toda la lógica de la calidad y durabilidad de los bienes.

¿Cómo defenderse de ello? Hay varias formas.

En determinados sectores, las marcas han acelerado tanto los plazos de obsolescencia programada que se han cargado su propia gallina de los huevos de oro. Al imprimir demasiada velocidad a la obsolescencia programada se ha creado un mercado de ocasión alternativo que les quita a las marcas más negocio del que generan. Esto ha sucedido en equipamiento deportivo, por ejemplo. Tomemos el ejemplo de las bicicletas de montaña, mercado que conozco bien por ser un gran aficionado al ciclismo. Durante mucho tiempo, años, se vendieron como lo mejor del mundo mundial las bicicletas con ruedas de 26 pulgadas. Les hablo de verdaderas máquinas con una cantidad de tecnología e I+D increíble. Hechas de carbono, con componentes ligeros y automatismos de alta precisión; bicicletas ligeras, de apenas diez kilogramos de peso y una flexibilidad extraordinaria para poder descender por caminos, senderos o torrentes. Hablamos de bicicletas que pueden costar entre 3000 y 7000 euros.

Pues   bien,   cuando   el   parque     de bicicletas dejó de crecer, las marcas decidieron convertir en obsoletas estas fabulosas bicicletas a base de lanzar bicicletas con ruedas de 29 pulgadas en lugar de 26. Corrió la voz de que eran mucho más rápidas y seguras, que no tenían nada que ver con las otras. ¡Por tres pulgadas! Miles y miles de aficionados decidieron que sus impresionantes máquinas de carbono de 3000 euros eran insuficientes, cuando durante años estuvieron consideradas por todo el mundo como lo mejor de lo mejor para bajar montañas y, más absurdo aún, les iban perfectamente.

¿Qué han logrado las marcas? Por un lado han conseguido que mucha gente renovara una bicicleta que todavía podía ejercer su función, y a la vez han creado un mercado de ocasión y de segunda mano impresionante, pues esas bicicletas no eran en realidad obsoletas. En estos momentos se venden más bicicletas de segunda mano que nuevas. Todos los aficionados que empiezan, y que en circunstancias normales hubieran comprado una bicicleta nueva (el mercado de ocasión era reducido hasta la aparición de las de 29 pulgadas), están adquiriendo a 800 euros las máquinas por las que solo cuatro años atrás se pagaban 3000. Esto, contra lo que pueda pensarse, ha disgustado a muchos aficionados, pues por estar a la última, han visto depreciarse sus bicicletas.

Las marcas no tuvieron suficiente y se les ha ocurrido lanzar ahora las de 27,5 pulgadas, aduciendo que las de 26 eran muy pequeñas y que tal vez las de 29 pulgadas eran demasiado grandes, y que ahora han perfeccionado el diseño y la medida: las mejores son las de 27 pulgadas y media.

Esta vez la gente no se lo ha creído.

Han quemado al cliente y al mercado.

Un ejemplo parecido es el del esquí. Hay establecimientos donde por una cuota anual reducida te van dando material usado solo un año. Pertenece a gente que cae en la trampa de la obsolescencia programada y que repone a los ritmos que las marcas imponen.

Por fortuna, emprendedores y distribuidores que se han dado cuenta de ello están haciendo un negocio a base de reciclar lo que en realidad aún podría ser utilizado.

Estos dos ejemplos en que la obsolescencia programada se ha vuelto contra las propias marcas nos dan una pista de cómo defenderse de estas políticas abusivas: la primera es funcionar en el mercado de segunda mano o de ocasión. Dado que la obsolescencia es tan rápida, le recomiendo minimizar los costes de reposición, y la mejor forma de hacerlo es comprando producto usado. Irá ligeramente por detrás de las novedades, pero podrá seguir la estela de innovaciones del mercado a un coste mucho menor.

La otra solución es prescindir de modas y diseños y sencillamente renovar cuando el producto esté funcionalmente obsoleto sin prestar atención a la imagen que proyectamos o a su estética desfasada. Además, las modas van y vuelven tan deprisa que cada vez es menos problemático y evidente no ir a la última.

De hecho, haciendo de la necesidad virtud, la mayor empresa de España, Zara, ha desarrollado el eje de su estrategia en la obsolescencia. ¿Cuál era el principal problema del sector textil? Los excedentes. A las empresas les era muy difícil calcular cuántas unidades de cada talla y modelo confeccionar o solicitar y, acabada la temporada, se veían obligadas a tirarlas de precio (de ahí las típicas liquidaciones de final de temporada) para sacárselas de encima. Si no las vendían, se las tenían que «comer». Zara llevó la obsolescencia programada a los trapitos, pero a lo bestia. Decidió tener muy pocas unidades de cada modelo y pasar a treinta diseños por temporada cuando lo habitual eran dos, a lo sumo. Diseñar nuevos              modelos              continuamente convertiría al producto en tienda en un perecedero. La idea era además realizar tiradas muy cortas. Y si se terminaba, pues mala suerte. Los clientes de Zara aprendieron aprisa que, si un modelo te gustaba, no podías decir aquello de: «Ya me lo pensaré», porque en apenas cuatro o cinco días, cuando regresabas para adquirirlo, ya no quedaba y, para sorpresa del comprador, no iban a recibir más ni iban a fabricarlo. Ese modelo ya había muerto. De este modo lograron tres efectos mágicos que eran impensables hasta el momento. El primero es que el comprador no dude. Si le gusta algo, sabe que ha de comprarlo o lo pierde. En moda, las mujeres (y muchos hombres) tendemos a dudar. Zara no te permite dudar porque, si te lo piensas, te quedas sin la posibilidad. Es decir, aceleraron las decisiones de compra (¿recuerda cuando le hablé del proceso de compra?). En segundo lugar, provocaron que los clientes se interesaran por revisitar las tiendas cada dos semanas para verificar qué habían recibido de nuevo. Treinta diseños por temporada implica muchos diseños, algunos de los cuales pueden gustarnos mucho y, además, habrá pocos. A través de la obsolescencia programada Zara fue capaz de crear sed por el producto y rapidez en la decisión de compra. En tercer y último lugar, acabó con los excedentes o quedaron muy minimizados. Te puedes equivocar mucho si las tiradas son largas. Pero en tiradas cortas, para equivocarte mucho te has de equivocar en muchos diseños, lo cual es ya más difícil. La reducción de excedentes ha supuesto para Zara un ahorro de costes descomunal.

¿Es esto bueno o malo? Simplemente es. Y lo importante es que lo sepa. ¿Compra usted más o menos ropa que antes debido a la obsolescencia programada del sector moda? No tengo ni idea, pero lo que sí puedo decirle es que la obsolescencia programada es una moneda de dos caras. Si bien, por un lado, acelera la compra (como hemos visto en moda), la reposición del parque (como hemos visto en material deportivo) o el afán por no quedarse atrás (como hemos visto en electrónica de consumo); por otro lado, brinda una excelente oportunidad al cliente: no tienes por qué tener prisa. Si las marcas corren mucho, en realidad los clientes podemos permitirnos el lujo de ir despacio. ¿Que se ha acabado este modelo? No hay que angustiarse porque faltan aún una veintena de colecciones por aparecer esta temporada, algo saldrá que me guste igual o más. ¿Que resulta que el último móvil que compré ya no es el último modelo? Esperándonos un poco más tendremos un móvil dos versiones por encima del actual. La obsolescencia programada, en teoría, acelera la compra, pero en el límite, cuando las marcas abusan de él, se convierte en una tranquilidad para nosotros. ¿Por qué vamos a sustituir un producto obsoleto cuando la novedad que lo ha provocado va a quedar también obsoleta en breve? Al final, lo que hacemos es desentendernos y pasar. Cuando me haga falta, me lo cambio. Esa es mi recomendación. Como he dicho anteriormente, céntrese en la obsolescencia física o funcional del producto. El resto es prescindible.


OBSOLESCENCIA


Versión oficial:

Se llama obsolescencia a la situación en que un producto ha dejado de ser demandado por el público por ser viejo, porque ha dejado de ser útil o porque ha pasado de moda.

Versión prohibida:

Obsolescencia es la estrategia de fijar premeditadamente la fecha de defunción de un producto en el momento de ser lanzado.

 Dentro del capítulo de obsolescencias, sin lugar a dudas hemos de reservar un espacio a las fechas de caducidad de los productos de alimentación. Corresponde a cada marca fijar la denominada fecha de consumo preferente o fecha de caducidad según una serie de análisis que está obligada a realizar. Tradicionalmente, las marcas luchaban por fechas de caducidad lo más largas posible, pues así minimizaban las devoluciones de productos no vendidos. Sin embargo, siguiendo la tendencia de la obsolescencia programada, las marcas de mayor rotación se dieron cuenta de las ventajas que obtendrían si sus productos caducasen pronto.

Reproduzco a continuación una situación que le resultará familiar. Es la hora de la cena. Se encuentra en su casa con la familia. Llega el momento del postre. Abre la nevera y comprueba que tiene un pack de ocho yogures por estrenar. Mira la fecha de caducidad: ¡tres días! ¡Faltan tres días para que caduquen los ocho yogures! ¿Qué hace? Pedir a toda la familia que, por favor, en la medida de lo posible esa noche y los dos días siguientes tomen yogur de postre o para desayunar. Rápidamente, la familia, concienciada, consume los ocho yogures antes de que caduquen. Es importante no tirar comida a la basura.

Llega el sábado. Lista de la compra. Productos básicos que hay que tener en la nevera: leche, huevos, queso, mantequilla y… yogur. «No quedan. Se terminaron ayer. Apunta: yogures».

Y volvemos a llenar la nevera de un pack de ocho yogures que, antes de que se dé cuenta, se hallará consumiendo en tropel de nuevo con los suyos.

Las fechas de caducidad breves son la versión alimenticia de la obsolescencia programada del mundo de la electrónica y la moda. Los antaño objetivos industriales de lograr fechas de caducidad lejanas se ha invertido en determinados sectores y productos, especialmente en los denominados productos de consumo básico y alta rotación.

La forma de defenderse de esta estrategia es bien sencilla. Comprar pocas unidades y reponer solo cuando sea estrictamente necesario. Y, sobre todo, en los puntos de venta, compruebe las unidades del fondo de la estantería o las que estén en pisos inferiores. Las más alejadas del alcance de la mano suelen ser las que caducan más tarde.

FECHA DE CADUCIDAD

Versión oficial:

La fecha de caducidad de un alimento, un medicamento, un producto químico o un cosmético es el día límite para un consumo óptimo desde el punto de vista sanitario. Es la fecha a partir de la cual, según el fabricante, el producto ya no es seguro para la salud del consumidor.

Versión prohibida:

Fechas utilizadas estratégicamente en algunos productos como aceleradores de reposición.

Ahora que mencionaba el pack de ocho yogures, me gustaría dedicar un espacio al patético espectáculo de las políticas de envases. Este es uno de los más lamentables despropósitos de los departamentos de marketing. ¿Para qué se concibieron los tamaños de envase? Muy sencillo. Para adaptar la cantidad a la venta de un producto envasado en función del tamaño de la unidad familiar, la persona o de la situación de consumo.

Así, una botella de dos litros de un refresco está pensada para ocasiones especiales en que hay invitados en casa, o bien para familias de varios miembros. Una lata de treinta y tres centilitros, en cambio, está pensada para consumir de forma aislada. Hay categorías donde las cantidades están bastante determinadas por los usos y costumbres. No hay botellas de refresco de 147 ml. Sería una cantidad demasiado extraña. Son de 50 ml, 100 ml, 125 ml, 250 ml, etc.

Sin embargo, hay toda una serie de productos donde esto es mucho más anárquico y desorganizado debido a la ausencia de unos estándares claros. Es por ejemplo el caso de los frutos secos, aperitivos salados, patatas fritas, golosinas, cereales, embutidos, quesos y, en general, cualquier producto embolsado o empaquetado.

¿A  qué  se  han  dedicado  aquí   las marcas? Pues a probar de entre todas las posibles combinatorias aquellas que maximizan el precio por unidad de medida que paga el consumidor. A las marcas les importa un rábano si, por ejemplo, la bolsa de patatas pequeña y dirigida a un niño contiene 50 g, 60 g o 75 g. Lo que le obsesiona y le quita el sueño es cómo combinar la apariencia de la bolsa, los gramos y el desembolso que el niño —con su limitado presupuesto— puede comprar, de modo que el beneficio por gramo sea el más elevado posible.

Les aseguro que he presenciado en mi vida profesional experimentos a caballo entre lo kafkiano y lo maléfico para determinar si una bolsita de cacahuetes de 35 g a 20 céntimos se puede pasar a 30 g, cobrando 18 céntimos y manteniendo la apariencia de la bolsa, bajar de 35 a 30 g supone una reducción del 14%, mientras que pasar de 20 a 18 céntimos es una bajada de precio del 10%. Como resultado, en el primer caso el gramo de cacahuetes sale a 0,57 céntimos y, en el segundo, a 0,60 céntimos. Claro, para un niño esta diferencia es insignificante, pero póngase en la piel del fabricante. Si usted vende mil toneladas de cacahuetes al año, esta pequeña variación le supone 30 millones de euros adicionales.

Por   si   fuera   poco,   la   marca  se devanea los sesos para saber si, con esta triquiñuela, además de ganar más por gramo de cacahuete vendido, los niños comprarán más bolsas. Las de 35 gramos costaban 20 céntimos, pero las de 30 céntimos que, no les quepa duda alguna, gracias a un brillante diseñador industrial, parecerán iguales o más grandes que las anteriores, cuestan 18 céntimos. Esto significa que tal vez haya un porcentaje pequeño de niños que, donde antes adquirían una bolsa, ahora les llegue para dos bolsas. De nuevo, este incremento de unidades producirá mayores ingresos para la marca.

Lo del diseñador es importante. No pueden ustedes ni imaginarse la cantidad  
de tiempo que se destina a estudiar cómo disimular que se ha reducido la cantidad a la venta o a aparentar que un envase de menor contenido es tan grande como los demás. Bolsas con aire, bolsas que no se ensanchan para que puedan ser más grandes, botellas tan delgadas que se tambalean encima de las mesas y que parecen más tentetiesos que envases, cajas con hendiduras en la base para que la parte superior parezca más grande…

Hemos llegado a un grado tal de absurdo que prácticamente se han perdido de vista las verdaderas funciones de un tamaño de envase, bolsa o pack. A las marcas que así actúan les da ya lo mismo si un envase está o no adaptado a una unidad familiar, momento de consumo o tipología de consumidor. Las políticas de envase y pack se han convertido en complicadas ecuaciones donde hay que conseguir que la derivada sea máxima.

Algunos puntos de venta, tratando de que el cliente sepa cuánto paga realmente por lo que compra, han introducido en algunas etiquetas de precio de las estanterías el dato de precio por gramo resultante junto al precio de venta del producto. Así, todos hemos visto una etiqueta como esta:



  
Fijémonos que nos informan, muy en pequeño, pero nos lo proporcionan, el precio por mililitro, de modo que podamos compararlo con el de otras marcas. ¿Cuál es el problema? Primero, el tamaño con que se imprime ese dato. Para muchas personas resulta difícil verlo sin gafas. Pero aun viéndolo, lo complicado es que a la hora de decidir nos han introducido tres variables cuantitativas: (1) el peso, volumen o gramaje del producto, (2) el desembolso total a realizar o precio y (3) el precio por unidad de medida. A eso añadamos la marca, que es una cuarta variable, en este caso cualitativa.

Así, un cliente encuentra una pasta dentífrica de Colgate, de 100 ml, que cuesta 3,20 euros y que sale a 3,2 céntimos el mililitro. Y debe decidirse entre esta y la de la marca Eroski que es de 200 ml, cuesta 5,90 euros y que sale a 2,95 céntimos el mililitro.

Claro, la de Eroski presenta un precio por mililitro menor, es una compra en realidad más barata, pero hay que desembolsar casi seis euros contra los tres y pico de la marca conocida. Es cierto que tengo el doble de tamaño, pero es más desembolso. ¡La decisión es complicadísima para el consumidor!

Este galimatías es absolutamente deliberado y por eso digo que es patético y es una deformación más de las herramientas comerciales que economistas y teóricos del marketing han desarrollado. ¡Jamás inventamos las políticas de envase para complicar la toma de decisiones ni para maximizar el precio por gramo! ¿Acaso alguien en su sano juicio piensa que un autor de gestión empresarial concebiría una teoría que tuviese este malicioso objetivo?

Continuará

CONTRIBUCIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO CALIFICADA AL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN CUBA. PRINCIPALES DETERMINANTES (III)

TESIS EN OPCIÓN AL GRADO CIENTÍFICO DE DOCTOR EN CIENCIAS ECONÓMICAS

Autora: MSc. Yordanka Cribeiro Díaz

Tutor: Dra. Vilma Hidalgo de los Santos

CAPÍTULO 2. FUERZA DE TRABAJO CALIFICADA Y CRECIMIENTO EN CUBA

Uno de los ejes fundamentales del proyecto social cubano ha sido garantizar de forma sistemática el acceso generalizado a la educación y la elevación del nivel educacional de la población, como parte de una estrategia organizada y dirigida desde el Estado51. Sus indiscutibles resultados en materia de instrucción en condiciones de bajo PIB per cápita inicial reflejaron la voluntad política de la Revolución, posibilitando el incremento en los niveles de escolaridad promedio desde 3,52 en 1960 hasta 11,68 en el 2010.

El esfuerzo acumulado en materia de formación profesional debía responder también a las necesidades de crecimiento y, en particular, a la sostenibilidad de una considerable magnitud de gasto social consistente con el modelo económico socialista, creando así un círculo virtuoso a favor del desarrollo. Sin embargo, los resultados en materia de crecimiento no han sido suficientes. Como muestra la Figura 2.1, Cuba presenta un PIB per cápita comparable con el de otros pses con nivel de escolaridad inferior y considerablemente por debajo del que caracteriza a la formación de su fuerza de trabajo.



Con todo, este trabajo sostiene que, efectivamente, la contribución de la fuerza de trabajo ha sido crucial y significativa para el crecimiento y desarrollo en Cuba; aunque en los últimos años se ha visto limitada por marcos económicos e institucionales que no lograron complementarse integralmente y  evolucionar en  correspondencia con los  cambios del
entorno nacional e internacional.



51 En 1960, el PIB per cápita de Cuba era equivalente a 411,8 pesos a precios de 1997.



Ello explica que en los últimos años tanto el discurso académico como público enfaticen en que la sostenibilidad económica del proyecto social depende de la mayor eficacia de la inversión en conocimientos, en términos de incremento de la productividad del trabajo y de su aporte al crecimiento; ante problemas de estructura productiva, restricciones de balanza de pagos y envejecimiento poblacional.52

Bajo esta perspectiva, los estudios sobre educación en Cuba han transitado desde la medición del capital humano o su conceptualización (Fernández de Bulnes, 2005; Odriozola, 2007; Pons, 2009) hacia la obtención de su contribución al crecimiento, como forma de evaluar la eficacia y racionalidad económica del gasto en educación.

En la primera sección de este capítulo, se revisan los estudios precedentes sobre el tema en Cuba, relacionados tanto con la conceptualización del factor como su impacto en el crecimiento.  En las secciones siguientes, se obtiene la contribución de la fuerza de trabajo al crecimiento realizando modificaciones en la forma de medición de los factores productivos, inclusión de variables y formas de modelación, con la intención de demostrar la inconsistencia de las explicaciones convencionales para fundamentar su comportamiento en Cuba.

2.1. Los estudios sobre capital humano y crecimiento en Cuba, antecedentes


En los estudios académicos cubanos el tema de la educación ha sido tratado esencialmente desde una perspectiva social. A pesar de los abundantes estudios a nivel internacional en torno a las implicaciones para el crecimiento económico de la llamada inversión en capital humano, en el caso de Cuba los estudios empíricos sobre estas cuestiones han sido relativamente escasos.
En González et al. (1989) se encuentra el primer antecedente sobre el tema. Si bien el objetivo central de dicho estudio no era la fuerza de trabajo calificada, la utilización por vez primera de funciones de producción para la economía cubana les permite demostrar la importancia de las desproporciones macroeconómicas como limitante al crecimiento, así

52  El fenómeno de envejecimiento poblacional tiene dos implicaciones económicas importantes. En primer lugar, sen estimados de la ONE (2008), de mantenerse las tasas actuales de actividad, se prevé una reducción de la población económicamente activa para el 2025, lo que supone una escasez progresiva de fuerza de trabajo. Por otra parte, en circunstancias en que el acceso a una seguridad social de amplia cobertura es también uno de los objetivos del proyecto social cubano, genera presiones importantes sobre el presupuesto del Estado.

como el agotamiento del modelo de crecimiento extensivo precedente. Mediante la estimación de una función de producción Cobb Douglas para el período 1960 1988, los autores señalan la necesidad de elevar el aporte del progreso cienfico-técnico y la eficiencia del Sistema de Dirección de la Economía.

Sin embargo, el análisis pionero sobre la relación entre los niveles de escolaridad de la población o de la fuerza de trabajo y el crecimiento en Cuba se encuentra en Brundenius (2000), quien señala la inconsistencia entre el nivel de escolaridad de la fuerza de trabajo y los niveles de PIB per cápita, en comparación con otras regiones del mundo. Dentro de sus explicaciones, el autor plantea la existencia de un robo de cerebros interno, para resaltar los problemas de asignación de la fuerza de trabajo, manifiesto en la no correspondencia entre la actividad que realiza y su formación original.

En la misma línea, Fernández de Bulnes (2005) analiza comparativamente la situación de Cuba en términos de nivel de escolaridad y crecimiento con la región latinoamericana. Para ello el autor calcula los años medios de escolaridad de la fuerza de trabajo, teniendo en cuenta las características del sistema educativo nacional y la estructura anual de los ocupados por nivel de escolaridad. Al igual que Brundenius, el autor insiste en los problemas de utilización del capital humano. Para él, la combinación del bajo nivel de graduación en Ciencia e Ingeniería y la ubicación de la mayor parte de la fuerza de trabajo en ramas manufactureras de bajo contenido tecnológico, determina que los problemas asociados  a  la  fuerza  de  trabajo  calificada  en  Cuba  se  refieran  a  su  composición disciplinaria y asignación sectorial. No obstante la importancia de las conclusiones de los dos trabajos anteriores, en ellos no se realiza una real identificación o medición de los problemas de composición y asignación que se señalan ni se analizan integralmente sus potenciales implicaciones.

Si bien los trabajos precedentes ya evidenciaban posibles problemas de contribución de la fuerza de trabajo calificada, el primer estudio empírico encaminado a su cuantificación se encuentra en Mendoza (2004), continuación de Mendoza y Álvarez (2002). Asumiendo rendimientos a escala constantes y una participación para el capital (a) igual a 0,40, el autor utiliza el método tradicional de contabilidad del crecimiento para el período 1960 – 2001, tomando como base la ecuación 2.1.



yt  = tt  + akt  + (1 - a )(lt  + ht )


( 2.1 )


donde las variables en minúsculas reflejan tasas de crecimiento del capital (kt), el trabajo

(lt) y el capital humano (ht).


A pesar de las limitaciones que implican la consideración a priori de rendimientos a escala constantes,  una  elasticidad  predefinida  para  el  stock  de  capital  y  una  elasticidad homogénea para el empleo y el capital humano, el autor obtiene un crecimiento promedio total de la productividad total de los factores (PTF) de un 4,3%, el cual se vuelve negativo al incluir los años medios de escolaridad de la fuerza de trabajo como proxy del capital humano (-0,79). La Tabla 2.1 muestra como la contribución del factor, a pesar de ser siempre  positiva  se  reduce  en  el  tiempo,  decayendo  igualmente  su  impacto  en  la generación del producto (de 28,5% en el período 1971 85 a 9,9% con posterioridad a la
crisis53).


Tabla 2.1. Contribución de factores 1960 2001

Períodos
Crec. PIB
K
L
H
PTF
H/Crec. PIB
1961-67
4,99
0,61
1,11
0,84
2,43
16,8
1968-70
1,19
1,16
2,95
2,67
-5,59
224,4
1971-85
6,84
2,82
0,70
1,95
1,37
28,5
1986-89
0,50
3,43
2,22
0,54
-5,69
108,0
1990-93
-10,13
0,30
0,60
0,43
-11,46
-
1994-01
3,63
-0,91
0,30
0,36
3,88
9,9
Fuente: Mendoza (2004)

Nótese  además  que  en  los  períodos  donde  la  contribución  del  capital  humano  al crecimiento  del  producto  supera  el  100%  (1968   70  y  1986   89),  coinciden  con deterioros significativos de la PTF lo cual podría reflejar su utilización ineficiente asociada a   una  baja  productividad.  Asimismo,  el  autor  asocia  los  valores  positivos  de  la contribución del empleo y el capital humano durante el período 1990 - 1993 a los objetivos
de política encaminados a reducir al máximo los costos de la crisis, reflejados en la 

53 Estos cálculos se realizaron con base a la información del autor, para los efectos de este trabajo.

congelación del empleo y los salarios y cuyo ajuste se expresó en el incremento considerable del déficit fiscal y en la brusca contracción de la PTF en el período.54

Complementando este análisis, el autor invierte la relación de causalidad, intentando encontrar los determinantes de la PTF. Para ello, la serie residual de la productividad total de los factores es estimada con respecto a los factores (incluido el capital humano) y otras variables relacionadas con el sector externo. Según sus resultados, el impacto del capital humano en la PTF es negativo y significativo, aunque en la práctica este resultado podría estar asociado a la propia metodología adoptada, pues en la estimación de la PTF ya se encontraba ese efecto descontado. Finalmente, el autor realiza un análisis de cointegración de Johansen para la productividad del trabajo con respecto a la inversión por trabajador, el empleo, el capital humano y las variables de comercio exterior. Sus resultados confirman que el papel del capital humano en el crecimiento y la productividad del trabajo se incrementa cuando se rezaga la variable. Esto podría estar reflejando el importante peso de la experiencia laboral si se tiene en cuenta que la medida de capital humano utilizada está fundamentada en un indicador de educación formal.

Por su parte, Doimeadiós (2006, 2007) explica los determinantes del crecimiento del PIB en el período 1971 2003, a partir de la estimación de una función de producción agregada en series de tiempo y un panel sectorial de datos, respectivamente.

La estimación del impacto del nivel de escolaridad como un argumento independiente en la función de producción arrojó resultados teóricamente inconsistentes con coeficientes demasiado elevados o no significativos en las distintas variantes de estimación (Doimeadiós, 2006). A partir de estos resultados y la alta correlación entre las variables de empleo y capital humano se introdujo una especificación alternativa, sintetizando en una variable tanto la cantidad como la calidad del empleo (AL).
Utilizando  como  modelo  sico  una  función  de  producción  Cobb   Douglas  log- linealizada  con  cambio  técnico  neutral  (ecuación  2.2),  obtiene  las  elasticidades  del
  

54 Este resultado contrasta significativamente con lo previsto en una economía de mercado donde los ajustes se realizan vía utilización de factores productivos y ajustes de precios. En el caso de la economía cubana, el ajuste fundamental se realizó a partir de la eficiencia global (Mendoza, 2004), aunque también se expresó en un incremento significativo del índice de precios al consumidor (por su componente en el mercado informal) y del tipo de cambio en el mercado informal.


producto con respecto a los factores y analiza la contribución promedio de cada factor al crecimiento, a partir de un modelo básico de contabilidad de crecimiento.


ln Yit


= a i  + b k  ln Kit  + bl ln ALit  + gt + e it


( 2.2 )


Si bien el objetivo de estos estudios no estaba orientado al análisis de la contribución de la fuerza de trabajo calificada al crecimiento, se puede percibir que su aporte se ha reducido en el tiempo, a pesar de ser positivo y de haber contribuido a reducir la caída del producto en los noventa55 (Tabla 2.2).

Tabla 2.2. Contribución de factores 1971 2003

Series temporales (2006)
Panel de Sectores (2007)

Período
Crec. PIB

AL

PTF
AL/Crec
PIB

Período
Crec. PIB

AL

PTF
AL/Crec
PIB
71-85
7,95
1,29
1,67
16,2
75-85
6,45
2,56
2,19
39,7
86-89
0,52
0,92
-4,30
176,9
86-89
0,52
1,25
-2,71
240,4
90-93
-10,03
0,34
-4,12
-
90-93
-10,03
0,41
-9,87
-
94-03
3,33
0,24
4,81
7,2
94-03
3,33
0,27
4,58
8,1
Fuente: Doimeadiós (2006, 2007)


Según la autora, las razones que explican este resultado pudieran estar relacionadas con: i) las restricciones de capital y tecnología que permitan un uso adecuado de las ganancias de especialización de este factor en el período; ii) la estructura del empleo, pues se ha producido  un  crecimiento  del  empleo  en  las  ramas  donde  el  crecimiento  de  la productividad ha sido menos dinámico; y iii) las propias limitaciones del indicador empleado, ya que al utilizar los años totales de escolaridad la calificación se restringe a la dimensión educacional, desestimando otros impactos derivados de la experiencia laboral, la especialización postgraduada, el rendimiento social, entre otros.
Intentando corregir algunas limitaciones asociadas a la medición del capital humano y su forma de incorporación en la función de producción, Odriozola y Herrera (2011) replican el modelo de Kyriacou (1991) para la economía cubana, utilizando cinco formas distintas de  cuantificar  los  años  medios  de  escolaridad.  Sin  embargo,  en  todos  los  casos,  la
  

55 En el caso del período 1990 93, nótese que la fuerza de trabajo calificada evitó una contracción superior del producto de un 4%. Sin embargo, ello puede ser atribuido a que durante la crisis el factor trabajo no se ajustó en cantidad, con el objetivo de minimizar los costos sociales de la crisis a costa de pérdidas de productividad.


elasticidad del producto con respecto al capital humano resultó negativa, no significativa o con valores teóricamente inconsistentes, los cuales resultaron robustos a los cambios en la forma de medición del componente educativo y de su inclusión en la función, no detectándose claramente ni efectos nivel o tasa de crecimiento, ni impacto significativo del stock medio de educación. En relación con este estudio, la no verificación de relaciones de cointegración entre las variables incorporadas constituye una limitación, pues pudiera suponer la existencia de una relación espuria afectando la interpretación de los resultados. Asimismo, si bien las diversas formas de medición del capital humano solo están referidas a formas de cuantificación de los años medios de escolaridad, ello permite corregir deficiencias que pudieran asociarse a los datos empleados así como a la forma de modelación del impacto del capital humano en el crecimiento.

Por otra parte, Pons (2011) obtiene la elasticidad del producto con respecto a la fuerza de trabajo calificada, mediante la estimación por efectos fijos de una función trascendental – logarítmica (Translog)56 para un micro panel compuesto por 2583 empresas de todo el país en el bienio 2008 2009.  Como promedio, la elasticidad de la fuerza de trabajo calificada57 es mayor a los valores obtenidos anteriormente, con un coeficiente estimado de 0,65. A pesar de que dicho resultado es estable en el período y con un coeficiente elevado, no garantiza necesariamente una mayor contribución total del factor al crecimiento del producto, derivado de un análisis de su descomposición. Adicionalmente, este valor puede estar sesgado por la influencia de los precios en la producción, ya que el análisis se realiza a  precios corrientes. Asimismo, la utilización del proxy de capital humano considerado, promedio por sectores NAE, puede sobredimensionar o infravalorar el nivel de calificación específico de cada empresa. Por otra parte, las características propias del estudio, su dimensión temporal y técnica utilizada impiden compararlo con los trabajos previos. Como resultado adicional, se calculan las elasticidades de sustitución parciales de Allen Hicks, resultando negativa entre el capital y la fuerza de trabajo calificada, lo que evidencia la existencia de complementariedad entre los dos factores.


56 La función de producción Cobb Douglas asume homotecia y una elasticidad de sustitución constante y unitaria entre los factores productivos. Por el contrario, la translog es la forma funcional más flexible que no impone a priori los supuestos y restricciones asumidos por otras formas funcionales (Pons, 2011).
57 Como proxy de esta variable utiliza el producto del promedio de trabajadores por los os medios de escolaridad promedio del sector.

En la misma línea, Doimeadiós y Sánchez (2011) realizan un análisis de la eficiencia para una muestra de 386  empresas de Ciudad de La Habana en el período 2007  –  2009, mediante la estimación de fronteras de producción. Utilizando como frontera una función Cobb   Douglas  obtienen  una  elevada  elasticidad  para  el  trabajo  (promedio  de trabajadores), consistente en todas las variantes de estimación. A pesar de que este estudio no incorpora la calidad de la fuerza de trabajo, su relevancia radica en la cercanía del coeficiente estimado al obtenido por Pons (2011), lo que pudiera transmitir una señal sobre la débil contribución de la calificación a la evolución del producto.

Como ha podido apreciarse, los estudios precedentes apuntan a un resultado común: la contribución de la fuerza de trabajo calificada en Cuba ha sido positiva y significativa en todos los períodos, pero con una tendencia decreciente, reflejada en un menor impacto en el último período en términos relativos. Sin embargo, tal y como fue constatado en el primer capítulo, estos resultados pueden estar sesgados por problemas asociados a la medición de variables o las formas de modelación.

Con la intención de reducir el posible sesgo derivado de estos problemas y fortalecer el punto de partida para la profundización en los determinantes de la contribución de la fuerza de trabajo calificada al crecimiento, en los próximos epígrafes se realizan nuevas estimaciones  de  esa  relación,  corrigiendo  distorsiones  en  la  medición  de  variables, inclusión de series estadísticas y formas de modelación. Para ello, se agrupan los estudios en i) aquellos que corrigen la medición de variables o distorsiones en series estadísticas y ii) los que intentan corregir problemas asociados a la modelación de esta relación para Cuba.

2.2. Los problemas de medición de variables y la contribución de la fuerza de trabajo calificada

Usualmente,  los  métodos  empleados  para  la  descomposición  del  crecimiento  en  los factores de producción son la contabilidad de crecimiento y la estimación de funciones de producción agregadas.

En cada caso, el producto de la elasticidad por la tasa de crecimiento del factor, representa la contribución de cada factor al crecimiento de la producción.

Una de las diferencias fundamentales entre la contabilidad del crecimiento y la estimación de funciones de producción agregada radica en la obtención de las elasticidades.
Según la contabilidad del crecimiento, se asumen las proporciones de los factores de producción a partir de supuestos de rendimientos a escala constante y competencia perfecta, especialmente

r
maximización de beneficios ( PMgK =    ;
Py


PMgL =  w ).  En la práctica, se emplean los ratios
Py

de capital y empleo (PMeK, PMeL) de la contabilidad nacional como proxies  para la obtención de los  shares.  La  ventaja  fundamental  de  esta  metodología  es  que  las  series  utilizadas  son generalmente datos existentes en el sistema de cuentas nacionales. El grado de progreso técnico se obtiene a partir de una diferencia aritmética que expresa el crecimiento de la productividad total de los factores.

Por otra parte, las elasticidades pueden obtenerse mediante la obtención de una relación estructural entre el nivel de output y las variables explicativas a partir de la estimación de una función de producción agregada.

La desventaja fundamental asociada a esta metodología radica en los problemas de multicolinealidad encontrados en este tipo de regresiones (Harberger, 1996). Tales problemas conducen a la obtención de mayores errores estándar de los coeficientes de las variables independientes, lo que compromete la precisión de la estimación de los parámetros poblacionales. Sin embargo, tiene como ventaja que no es necesario hacer ningún supuesto, ya que los parámetros se obtienen de la propia regresión.

Fuente: Elaboración en base a Doimeadiós (2007) y Solow (1957)



Teniendo en cuenta que los supuestos de  maximización de beneficios y rendimientos constantes a escala que exige la primera metodología, no necesariamente se cumplen en una economía centralmente planificada, se utiliza la estimación de funciones de producción agregadas en todos los casos.

Como primera corrección, se reestima una función de producción agregada para el período 1971-2006 (similar a Doimeadiós (2006)) introduciendo un índice de consumo energético como tasa de utilización del stock de capital así como las importaciones de insumos para capturar la restricción externa al crecimiento.



ln Yt


= ln At  + bl ln LHt  + b k  ln KAt + b m ln MIt


+ e t


( 2.10 )


donde Yt se corresponde con el producto agregado en el período t; mientras que LHt, MIt  y

KAt  denotan la fuerza de trabajo calificada, las importaciones de insumos y el capital físico ajustado por su tasa de utilización ut (KAt  = ut*Kt) respectivamente.


At  = e


a + ft t + ftt t 2


representa la Productividad Total de los Factores, que explica la parte del producto no explicada por los factores de producción considerados explícitamente dentro de la función y que puede ser asociada a cambios en la organización de la producción, el papel de las instituciones, el progreso técnico, etc.

Los datos utilizados fueron compilados o elaborados a partir de las series estadísticas publicadas por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

Las variables dependientes son el Producto Interno Bruto total (PIB) y el Producto Interno Bruto sin agricultura, expresados en millones de pesos a precios constantes del año 1981. Las variables independientes se explican a continuación; Fuerza  de trabajo calificada (LH):  Se  utiliza una variable que sintetiza la calidad y cantidad de fuerza de trabajo empleada. Esta variable fue construida mediante la multiplicación del empleo por un indicador de calificacn. Como empleo, se utilizó la suma del mero de trabajadores en el sector no estatal y el promedio de trabajadores en el sector estatal. El promedio de trabajadores no incluye a los trabajadores que se encuentran temporalmente alejados de su puesto de trabajo por cualquier motivo (embarazo, accidente laboral, prestando servicio en otras entidades), y incluye los trabajadores de otras entidades prestando servicios en la unidad en cuestión. En cuanto a la calificación, fueron utilizados los años medios de escolaridad de la fuerza de trabajo, extraídos de Fernández de Bulnes (2005) ante la inexistencia de un indicador alternativo que reflejase estudios de especialización postgraduada, experiencia laboral, etc.

Stock de capital físico ajustado (KA): Serie elaborada por Doimeadiós (2007). El intervalo de las series entre 1975 y 1986 fue obtenido a partir del método de inventarios de activos físicos, basado en la elaboración de censos completos de activos fijos. El resto de la serie (1987 2006) fue estimada mediante el Método del Inventario permanente, asumiendo una tasa de depreciación lineal del 7%. Para el stock de capital de la agricultura, se mantuvo el supuesto de depreciación lineal, asumiendo una tasa del 9%, que se corresponde con el promedio del sector en el período 1960 1975. Igualmente, están expresados en millones de pesos a precios constantes del año 1981. Basados en la propuesta de Solimano y Soto (2005), se utilizó un índice de consumo de electricidad como tasa de utilización de la capacidad productiva instalada.

Índice de consumo energético: construido a partir del consumo productivo de electricidad en Gw/h, obtenido al eliminar del consumo total el correspondiente al sector residencial. El índice se construyó como el cociente entre el consumo productivo anual y el correspondiente al año 1981. La Figura 2.2 muestra como el indicador propuesto se ajusta considerablemente a las fluctuaciones del producto y por tanto puede ser utilizado como proxy de la utilización del stock de capital.

Importaciones de insumos: importaciones de bienes intermedios a precios de 1981, como deflactor se utilizó el índice de precios de las importaciones totales con respecto a ese año.

Figura 2.2. Cuba. Índice de consumo de electricidad y PIB (MM pesos)



Para el modelo sin agricultura, tanto la variable dependiente como el resto de los inputs fueron obtenidos restando de las series originales los montos equivalentes a cada variable para ese sector.

En la Tabla 2.3 se ofrecen las estadísticas descriptivas de las variables empleadas.

Tabla 2.3. Estadísticas Descriptivas de las variables.

Variable
PIB
K
LH
MI
Media
15213,9
23219,4
32458,4
3358,0
σ
3710,4
10929,1
9230,4
1289,6
Max
21851,4
47434,5
45500,9
5295,8
Min
7177,0
4900,2
15349,7
1248,3
Fuente: Elaboración propia



El modelo fue estimado en varias versiones. Inicialmente, se consideró el modelo básico tradicional donde el producto solo depende de las dotaciones de capital físico y fuerza de trabajo calificada. Sin embargo, teniendo en cuenta la elevada dependencia de las importaciones para la producción doméstica en Cuba (Vidal y Fundora, 2009), le fueron posteriormente incorporadas al modelo las importaciones de bienes intermedios como proxy de la restricción en la oferta de insumos.

Las variables utilizadas fueron integradas de primer orden y en todos los casos pudo verificarse la existencia de una relación de cointegración entre ellas. Adicionalmente se comprobó la normalidad de los residuos pero se encontraron problemas de autocorrelación en el modelo sin importaciones.

Es necesario señalar que la violación del supuesto de no autocorrelación entre los errores afecta la eficiencia de los estimadores pero no su insesgadez, lo cual limita el proceso de inferencia estadística pero no el poder explicativo del modelo. No obstante, en ocasiones la incorrecta especificación de un modelo se expresa como autocorrelación, siendo consecuencia de variables omitidas o utilización de una forma funcional incorrecta. En este estudio nótese que la misma desaparece una vez que se incluyen las importaciones de insumos, a la vez que disminuye el criterio Akaike y se incrementa el R2, validando la pertinencia de esta transformación para explicar la evolución del producto en el período (Anexos 2.1 – 2.3).


Adicionalmente el análisis del test de CUSUM indujo a la verificación de un cambio estructural en  el  año  1984,  el  cual  fue  corroborado por  la  prueba  de  Chow,  siendo modelado para verificar cambios de nivel y de sensibilidad del producto a las variables explicativas (Anexo 2.4).

La Tabla 2.4 muestra como la incorporación de las importaciones absorbe parte del poder interpretativo del stock del capital ajustado. Este resultado pudiera estar fundamentado en la limitación a la utilización efectiva de la capacidad productiva instalada que implica la elevada dependencia de insumos externos. Por otra parte, se incrementa la elasticidad asociada a la fuerza de trabajo calificada (pasa de 0,44 a 0,59) y se verifica la existencia de rendimientos a escala constantes.



Tabla 2.4. Cuba. Función de producción agregada. Período 1971 - 2006



Modelo
Variables
Criterios
LLH
LKA
LMI
D84*LKA
t
t2
R2
Akaike
Sin Importaciones
0,443*
0,558*
-
-
-0,072*
0,0017*
0,92
-2,07
Con Importaciones
0,587**
0,149**
0,265*
-
-0,013***
0,0004***
0,97
-3,17
Con dummy 1984
0,222*
0,653*
0,163*
-0.442*
-0,071*
0,002*
0,98
-3,49
Sin Agricultura
0,62*
0,39*
-
-
-0,075*
0,002*
0,88
-2,30
Con dummy 1984
0,271*
0,762*

-0,479*
-0,117*
0,003*
0,93
-2,73
Nota: * Significativa al 1%; ** Significativa al 5%; *** Significativa al 10% Fuente: Elaboración propia


Sin embargo, una vez que se introduce el cambio estructural se reducen los coeficientes asociados a la fuerza de trabajo calificada y las importaciones, los cuales se mantienen estables durante todo el período. En cuanto al stock de capital, nótese que el modelo captura una importancia superior en la etapa 1971 1984, consistente con el proceso de acumulación acelerado, que se debilita con el estancamiento de las inversiones y la descapitalización de la economía en el período siguiente.

Intentando eliminar otras distorsiones, estos resultados se complementan con la reestimación de la función excluyendo al sector agrícola. En la mayoría de los estudios agregados, suele excluirse a la agricultura por su componente volátil, no controlable por la política económica y porque este tipo de actividad no requiere de niveles significativos de calificación (Rosenzweig, 1995, 1999). En cuanto a las elasticidades estimadas, es apreciable el incremento del coeficiente asociado al empleo calificado y la reducción de la elasticidad del producto con respecto al stock de capital ajustado. Estos resultados pudieran ser atribuidos a la concentración del empleo en el sector terciario, más intensivo en fuerza de trabajo calificada que en capital.  No obstante, cuando se modela el cambio estructural los coeficientes  se  modifican  drásticamente,  acercándose  a  los  obtenidos  en  el  modelo  con
importaciones (Anexos 2.5 y 2.6)58.

  
58  Los modelos estimados superaron todas las pruebas para los residuos menos el supuesto de no autocorrelación. Considerando los resultados previos, su incumplimiento podría atribuirse a la omisión de las importaciones en el modelo, pero la no disponibilidad de las mismas para el sector agrícola impiden la incorporación de dicha variable en el modelo.


Con los coeficientes obtenidos en cada una de las funciones de producción, se puede analizar la contribución promedio de cada factor al crecimiento a partir de un modelo básico de contabilidad de crecimiento.

Como puede apreciarse en la Tabla 2.5, a partir de 1994 se evidencia una contribución positiva de la fuerza de trabajo calificada, pero inferior a la obtenida en períodos precedentes. En esta etapa, lo más relevante es el incremento de la contribución del empleo calificado en el último período una vez que se excluye la agricultura. Ello podría atribuirse a la prioridad que se le ha asignado dentro de las exportaciones a los servicios médicos y educativos, aprovechando el potencial y la experiencia con que cuenta la economía en el suministro de dichos servicios.

Sin embargo, un análisis se impone en relación a que esta dinámica de crecimiento basada en la exportación de servicios educacionales y médicos a otras regiones de América Latina puede  no  ser  sostenible,  si  se  tiene  en  cuenta  que  el  avance  en  la  formación  de profesionales latinoamericanos en estas áreas implica necesariamente una sustitución paulatina de los servicios cubanos por servicios propios.

Tabla 2.5. Cuba. Contribución de factores al crecimiento del PIB



Períodos
Con Importaciones
General
Con Dummy 1984
Crec PIB
LH
LH / Crec PIB
LH
LH / Crec PIB
1976 - 1985
6,45
4,18
64,81
1,56
24,17
1986 - 1989
0,52
2,03
389,37
0,76
145,19
1990 - 1993
-10,03
0,67
(-6,67)
0,25
(-2,49)
1994 - 2003
3,33
0,47
14,23
0,18
5,31
2004 - 2006
7,36
1,23
16,70
0,46
6,23
Sin Agricultura

Períodos
General
Con Dummy 1984
Crec PIB
LH
LH / Crec PIB
LH
LH / Crec PIB
1976 - 1985
7,24
5,41
74,7
2,35
32,5
1986 - 1989
-1,05
2,01
191,7
0,88
-83,5
1990 - 1993
-9,33
-0,28
(3,0)
-0,12
1,3
1994 - 2003
3,31
0,19
5,8
0,08
2,5
2004 - 2006
8,33
2,45
29,5
1,07
12,8
Fuente: Elaboración propia



Asimismo, en todos los casos el período de mayor contribución se corresponde con 1976 – 1985. En estos años se fortalecen las relaciones con el campo socialista y se intensifica tanto el proceso de industrialización de la economía como las inversiones en materia educativa. No obstante, ya a estas alturas podía apreciarse el deterioro progresivo de la productividad, que se hizo más notable en el período siguiente (1985 1989), reflejando el agotamiento del modelo de crecimiento extensivo anteriormente sustentado por relaciones comerciales preferenciales y condiciones de financiamiento favorables y estables. Lo anterior  se   exacerbó  entre  199 –   1993   ante  la   importante  contracción  de  las importaciones, la obsolescencia tecnológica y la descapitalización de la economía.

En cuanto a la contribución al crecimiento de la fuerza de trabajo calificada, estos dos períodos reflejan comportamientos paradójicos. Si bien en el intervalo 1986 1989 se verifica que su impacto supera el 100%, ello viene aparejado de la caída más significativa de la PTF. Por otra parte, la contribución del factor evitó una contracción mucho mayor del producto en los noventa en la economía en general, aunque el flujo de empleo calificado hacia ese sector contribuyó al deterioro del crecimiento en el resto de la economía en el mismo período.

Otra posible explicación podría asociarse al manejo del empleo como una variable de política social en el modelo socialista cubano; que tiende a enmascarar la brecha entre desempleo cíclico y estructural en el fenómeno de subempleo (Doimeadiós, 2007), expresándose fundamentalmente en la subutilización de las capacidades pero no en la remuneración y asumiendo el salario una función de seguro social.59
Desde una concepción de desarrollo económico social, esto tiene implicaciones positivas tales  como  la  garantía  de  una  fuente  estable  de  ingresos  para  los  trabajadores,  la sistemática capacitación de la fuerza de trabajo y el fomento de la cultura productiva, etc.60. Para el análisis empírico, introduce sesgos metodológicos que se reflejan en una aparente independencia entre las series estasticas, lo que impide capturar su contribución
  
59 Este aspecto cobra especial relevancia durante el período de la crisis de los noventa, donde una de las características de la reforma fue el ajuste paulatino de los niveles de empleo, acompañado de programas de recalificación de la fuerza de trabajo de acuerdo con la reconversión emprendida en la economía.  De acuerdo con  ello,  los  trabajadores  interruptos  recibían  un  importante  por  ciento  de  sus  salarios  y  entraban  en programas de recalificación o eran reubicados en otras tareas (Hidalgo y Gancedo, 1998).
60 Ver Galtés (2009) para profundizar en un balance acerca de los beneficios y costos de la política de pleno empleo.


real al crecimiento.61 En ese sentido, pudiera interpretarse que en la economía cubana la fuerza de trabajo calificada actúa como un complemento a la producción de bienes y servicios, realmente limitada por el stock de capital y la disponibilidad de insumos.
Según Galtés (2009), el grado de exogeneidad estadística del producto con respecto al empleo, pudiera explicarse en parte por la política de pleno empleo, que ocasiona que en la mayor parte del período se observen intervalos de exceso y déficit de fuerza de trabajo calificada de acuerdo a criterios de eficiencia productiva, con un impacto negativo sobre la productividad. Con el objetivo de obtener las magnitudes correspondientes a estos efectos, e intentar corregir la distorsión que ello genera en la serie de empleo observada, la autora estima el diferencial entre el nivel de empleo efectivo y un nivel de empleo estimado, que se considera el óptimo, de acuerdo a determinados supuestos sobre el comportamiento de la productividad en el período62.


Como muestra la Figura 2.3, utilizando el método correspondiente a la máxima productividad (caso extremo), obtiene una tasa de exceso de fuerza de trabajo permanente en todo el período (azul). En cambio, cuando se aplica el método basado en el producto potencial, el exceso de fuerza de trabajo se concentra en aquellos os de mayor caída del producto.




  
E representa el exceso de fuerza de trabajo calificada.
Le:empleo calificado requerido, estimado según el método del producto potencial. Lmax: empleo requerido según el criterio de xima productividad.


61  La realización de una prueba de causalidad de Granger para el producto y la fuerza de trabajo calificada permite confirmar la afirmación anterior. Según la prueba, se verifica la existencia de causalidad unidireccional del PIB al empleo calificado, validando una ley de Okun para la economía cubana.
62 En un primer momento, estima las desviaciones entre el empleo efectivo y el empleo estimado en base a la determinación de la productividad media asociada al producto potencial para el período 1961-2006, estimado
por el filtro de Hodrick – Prescott. En un segundo momento, asume el comportamiento máximo de la productividad en el período, correspondiente al año 2006. 

Los hallazgos relacionados a la distorsión en la serie de empleo implican la necesidad de profundizar en  la  otra  vertiente de  modificaciones, intentando verificar si  el comportamiento detectado en la contribución de la fuerza de trabajo calificada al crecimiento puede ser atribuido a la forma de modelación o los métodos de estimación previamente empleados.

Continuará