domingo, 14 de mayo de 2017

Una nueva perspectiva sobre el vínculo entre la desigualdad y el desarrollo económico


Image: REUTERS/Beawiharta

Con la colaboración de Diálogo a Fondo, FMI
Francesco GrigoliEconomist, IMF

Mucho se ha escrito acerca de la relación entre la desigualdad y el desarrollo económico, pero la teoría no llega a una conclusión definitiva. Cuando el ingreso está más concentrado en unas pocas personas, puede generar una menor demanda de la población general y una menor inversión en educación y salud, lo que afecta el crecimiento a largo plazo. Al mismo tiempo, un nivel determinado de desigualdad confiere a los ricos los medios para crear empresas y crea incentivos para aumentar la productividad y el nivel de inversiones, lo que promueve la actividad económica. Sin embargo, los niveles de desigualdad iniciales también son importantes para explicar por qué el impacto del aumento de la desigualdad sobre el desarrollo económico varía entre países.

La investigación empírica supone que la relación entre la desigualdad y el desarrollo económico no varía, independientemente del lugar que ocupe el país en la escala de desigualdad, medido según el coeficiente de Gini (que va de cero, nivel en el que todos tienen el mismo nivel de ingreso, a 100, nivel en el que una persona recibe la totalidad del ingreso).

En dos trabajos recientes —Inequality Overhang e Inequality and Growth: A Heterogeneous Approach—, profundizamos el análisis de la dirección de esta relación utilizando una muestra de 77 países en distintas etapas de desarrollo y representativos de todas las regiones, con al menos 20 años de datos, y empleando técnicas que abordan algunas de las deficiencias en materia bibliográfica. A causa de las limitaciones de los datos, nos concentramos exclusivamente en la desigualdad en términos de ingreso y no analizamos el concepto de desigualdad en términos de riqueza, igualmente pertinente.

Llegamos a la conclusión de que el efecto de la desigualdad del ingreso sobre el crecimiento económico puede ser positivo o negativo, y que con un nivel determinado de desigualdad —un coeficiente de Gini de aproximadamente 27%, para ser exactos— la dirección de la relación cambia: es decir, el momento en el que la desigualdad empieza a afectar el desarrollo económico.

También evaluamos si algunas de las medidas habitualmente propuestas para combatir los efectos nocivos del aumento de la desigualdad —como impulsar la inclusión financiera y promover la participación de la mujer en el mercado laboral— mitigan efectivamente el impacto sobre el desarrollo económico.

No todos los países son iguales


Nuestros resultados indican que un cambio en el crecimiento de la desigualdad del ingreso no tiene el mismo efecto en todos los países.

Si bien la mediana del impacto del crecimiento de la desigualdad sobre el crecimiento del PIB per cápita es negativa y significativa, y dura aproximadamente dos años, esto no se cumple en todos los países. En Ecuador, Jordania, Nigeria y Panamá, por ejemplo, el impacto es importante y negativo. En otros países, como Finlandia, el impacto es positivo, como ilustran los resultados del percentil 25. Este nivel elevado de dispersión resalta la pertinencia reducida del efecto promedio que suele estimarse.

Exceso de desigualdad

Los distintos efectos que se registran entre los países pueden vincularse con los diversos niveles de desigualdad iniciales. Si el ingreso no está altamente concentrado, un aumento de la desigualdad puede representar incentivos para que los países sean más productivos, pero si está muy concentrado, el mismo aumento puede generar comportamientos de búsqueda de renta: los más ricos toman para sí mismos porciones cada vez más grandes de la riqueza de la nación. Además, si la desigualdad es baja, es poco probable que un aumento genere descontento social. Por el contrario, si la desigualdad ya es elevada, todo incremento adicional probablemente reduzca el consenso social y la capacidad de aplicar reformas favorables al crecimiento.

El gráfico siguiente resalta la existencia de una relación con forma de U inversa entre la desigualdad y el desarrollo económico y revela lo que nosotros denominamos “exceso de desigualdad”. En otras palabras, el impacto de la desigualdad del ingreso sobre el desarrollo económico es positivo para los valores del coeficiente de Gini neto inferiores a 27% (neto se refiere a que se mide después del pago de impuestos y transferencias), pero se torna negativo para los valores superiores a 27%. Además, a medida que los países se vuelven más desiguales, la magnitud del impacto negativo sobre el desarrollo económico crece.

Relaciones de compensación y políticas con las que todos ganan

La mejora del acceso de los hogares y las empresas a los servicios bancarios, además de la promoción de la participación de la mujer en el mercado laboral, pueden ayudar a contrarrestar el impacto negativo de la desigualdad sobre el crecimiento económico. No obstante, también podrían empeorar las cosas, mediante un sobreapalancamiento de los hogares más pobres o a través de una sobreoferta de mano de obra.


Concluimos que, si bien el acceso financiero suele ser algo deseable, puede llevar a un mayor impacto negativo de la desigualdad del ingreso sobre el desarrollo económico, ya que es posible que los bancos restrinjan el crédito a los clientes en el extremo inferior de la distribución del ingreso, por su incapacidad de reembolso. A fin de evitar esa relación de compensación, deben contemplarse mecanismos que garanticen que los que pierden acceso al crédito cuando se concentra el ingreso puedan seguir consumiendo, incluso si su nivel de ingreso disminuye. Por otro lado, una mayor participación de la mujer en el mercado laboral es una situación doblemente beneficiosa, ya que amplía el agrupamiento de talento disponible para trabajar y reduce (e incluso revierte) el impacto negativo de la desigualdad sobre el crecimiento.

Cuba: Primera contracción del PIB en 23 años en 2016, pero un mejor comienzo en este 2017.

Red Econolatin 
CUBA 
www.econolatin.com Enero-Marzo 

Expertos Económicos de Universidades Latinoamericanas 

Dr. Ricardo Torres 
Centro de Estudios de la Economía Cubana 
Universidad de La Habana 


1. SITUACIÓN ECONÓMICA 

ACTIVIDAD ECONÓMICA 

En relación al comportamiento durante el 2016, no se han difundidos informes detallados sobre el cierre de la economía. El dato más sobresaliente lo constituye, sin dudas, el anuncio de la contracción del PIB en el orden del 0,9%, que constituye el primer decrecimiento en más de 23 años. 

Este tampoco es un desempeño excepcional en el contexto regional, aunque América Latina no sea un referente muy exigente a los efectos de la comparación. De acuerdo con el reporte preliminar publicado por la CEPAL, otros siete países de la región vieron números rojos al cierre del 2016. Entre ellos destacan algunas de las economías más grandes del continente como Brasil (-3.6) y Argentina (-2.0). Venezuela (-9.6) y Suriname (-10.4) sufrieron los mayores descalabros. La región en su conjunto cae un 1.1%. Junto a factores específicos de cada país, un elemento común que incidió negativamente fue el endurecimiento de las condiciones externas. 


La mayoría de los sectores enfrentaron dificultades en la producción y la exportación. El empeoramiento de la situación financiera externa tuvo un impacto negativo en el comportamiento de las importaciones, lo que evidentemente tiene un impacto recesivo sobre la actividad económica general. Esto es especialmente perjudicial para la industria manufacturera que produce para el mercado interno, altamente dependiente de las importaciones. 

Algunas actividades específicamente quedaron por debajo de lo estimado a inicios de año debido a otros factores. En primer lugar, la zafra azucarera representó un decrecimiento de la producción respecto a la cosecha anterior, a partir de una combinación de factores climáticos, problemas con los suministros de insumos y otros aspectos de largo recorrido en el sector. En segundo lugar, la producción de níquel estuvo doblemente afectada por el comportamiento de los precios externos y la producción doméstica que no repunta, dado que esencialmente, existe una sola planta en operación, frente a tres un par de años atrás. 

Al menos el inicio del año trajo buenas noticias para uno de esos sectores: el azúcar. Los precios en el mercado internacional se han sostenido, y la zafra hasta el cierre de febrero exhibía el mayor volumen logrado en 20 campañas. Este año se aspira a producir más de dos millones de toneladas que significarían un crecimiento del 45% en relación a la cosecha anterior. 

El desfavorable desempeño económico se reflejó en las cuentas del Estado. Aunque el déficit fiscal se mantuvo dentro de las perspectivas trazadas a inicios de año, esté empeoró hasta -7,9%. Aunque una parte sustancial del mismo se financia con deuda pública y a corto plazo no supone una presión sobre los precios, la espiral de endeudamiento que se puede estar generando debe ser seguida con cuidado por el Ministerio de Finanzas. Es necesario tener en cuenta que estos bonos están siendo comprados por los propios bancos del Estado, a través de un mecanismo que no refleja adecuadamente en las tasas de interés la posición fiscal del gobierno. 

SECTOR EXTERIOR 

Los indicadores preliminares del sector exterior cubano en 2016 reflejan una agudización de las condiciones de externas de operación de la economía. La caída de las exportaciones por cuarto año consecutivo se tradujo en un bastante severo ajuste de las importaciones para mantener el necesario equilibrio externo y no aumentar el endeudamiento. 

Cuba enfrenta condiciones particularmente complejas de diverso tipo para acudir a la deuda como una forma de amortiguar la caída de los niveles de actividad en la parte baja del ciclo y empezar a devolver durante la recuperación. En primer lugar, el acceso de la Isla a los mercados financieros internacionales es muy imperfecta debido esencialmente a tres elementos interconectados: el país no es miembro de ningún organismo financiero internacional relevante, ni concesional ni compensatorio; las sanciones de Estados Unidos, y el pobre historial crediticio que exhibe la nación, con varias moratorias de deuda. Todo esto implica que los costos de emisión de deuda son muy altos, a lo que se une que no existe una amplia cartera de socios con los que trabajar en este sentido. Aunque estas condiciones han mejorado relativamente en los últimos cinco años, a partir de acertadas decisiones en relación a la restructuración de la deuda exterior, todavía la situación es adversa. 

Por otra parte, otros dos aspectos de tipo doméstico explicarían esta extrema precaución en relación a la deuda externa. Por una parte, luego de siete años de reforma y una economía que no acaba de repuntar, probablemente se piensa que el contexto no está maduro como para apostar al futuro, si no se pueden implementar los cambios requeridos para impulsar la economía. En ese escenario previsto, al aumento del endeudamiento, justificado en otros casos, no cumple con el requisito de contar con mejores condiciones para devolver en unos años. A su vez, existe la percepción de que la deuda pone al país en manos de sus acreedores, sin alternativas viables, estos pueden tratar de empujar a Cuba hacia la adopción de medidas que se han tratado de esquivar hasta el momento. A pesar de todo lo expuesto, es difícil imaginar cómo se pueden evitar los efectos más negativos de esta coyuntura sin una plataforma de compensación externa. 

Probablemente las únicas buenas noticias en 2016 en el sector externo provinieron del turismo internacional. Los datos preliminares extraídos de informaciones de prensa citando a funcionarios del gobierno ubican el número total de visitantes un cifra alrededor de los cuatro millones. Esto significaría un aumento de más de 13% en relación al año precedente. No solo es importante porque contribuye a aliviar parcialmente la escasez aguda de divisas, sino porque se van encadenando dos muy buenos años de resultados para el sector, que retoma su posición como líder en el país. 

Esta tendencia se confirma para los primeros dos meses de 2017. A inicios de marzo el Ministerio de Turismo de Cuba anunciaba que los arribos se habían incrementado en un 15% respecto al año anterior, y los visitantes norteamericanos en un 125% en enero. De mantenerse esta proyección, este puede ser otro gran año para el sector. Ahora el problema se cierne sobre la capacidad efectiva de absorber esta demanda adicional, en un momento en que ciertas infraestructuras en Cuba parecen sobrepasadas. 

El turismo tiene además la característica de hacer una mayor contribución indirecta a la economía que por ejemplo, los servicios médicos, en tanto sus derrames en términos de encadenamientos (aún muy por debajo del potencial) e ingresos directos hacia las familias cubanas es sustancialmente superior. 


Una de las nuevas tendencias del sector en Cuba está vinculada a la creciente participación del sector privado en la oferta de alojamiento, y cada vez extendiéndose a otros servicios conectados con los viajeros. Según fuentes no confirmadas, en 2016 alrededor del 29% de las pernoctaciones ocurrieron en instalaciones privadas, esencialmente pequeños hostales y habitaciones independientes. Uno de los efectos colaterales de este fenómeno es el frenesí de renovaciones que se aprecia en la Capital, y otros destinos turísticos importantes, en lo que se entiende que es uno de los negocios más florecientes del panorama económico cubano. En al menos dos destinos muy atractivos como Viñales y Trinidad, la oferta privada supera ampliamente a sus equivalentes del sector público. 

El otro elemento que podía haber contribuido a relajar esta presión es la inversión extranjera. Sin embargo, otra vez queda muy distante de las expectativas y las necesidades de la nación. El ritmo de aprobación de nuevos proyectos con capital extranjero marcha muy despacio. Esto ha impedido acceder a recursos frescos en el corto plazo, y lo que es más importante, expandir la capacidad productiva para asegurar un mayor dinamismo de la economía en los años venideros. Cabe preguntarse si no se podría haber actuado con mayor resolución para destrabar la aprobación de proyectos, problema denunciado por el propio presidente Raúl Castro en su discurso ante la Asamblea Nacional en diciembre de 2016. 

2. PERSPECTIVAS ECONÓMICAS 

El panorama económico permanece muy complejo para Cuba en 2017. El gobierno ha trazado una meta de crecimiento de 2%, que aunque alcanzable es muy optimista en las actuales condiciones. Por ello resultan especialmente alentadores los resultados que han conseguido en estos primeros tres meses el turismo internacional y la fabricación de azúcar. 

La situación de algunos de los socios principales de Cuba no parece mejorar a corto plazo, entre ellos destaca Venezuela. Es improbable una recuperación de las cotizaciones de algunos de los productos relevantes para el país, mientras que también en el patio existen limitaciones en la oferta. 

Quizá el elemento sobre el que se puede actuar con mayor efectividad a corto plazo es la atracción de inversión extranjera. Si bien existen factores que limitan de forma sustancial la llegada de capitales, los procesos burocráticos dentro de Cuba pueden y deben ser aligerados para maximizar el efecto económico y de paso enviar una señal de aliento y compromiso a los socios actuales y potenciales. No sería descabellado buscar una diversificación estratégica de los inversionistas actuales para abarcar un mayor número de países y gobiernos interesados en defender los intereses de sus compañías en Cuba. Esto se podría combinar con proyectos estrella en sectores de gran impacto, como la infraestructura y aquellos vinculados a la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, al oeste de La Habana. 

3. SITUACIÓN POLÍTICA 

En general, la situación política permanece estable aunque al menos tres fenómenos gravitan sobre el futuro inmediato del país. En el orden doméstico, casi un año después de la celebración del Congreso del Partido Comunista, no se conoce la versión final de los documentos que deben guiar el proceso de transformaciones en el futuro inmediato. 

En segundo lugar, sobre el cambio de gobierno que implica la salida de Raúl Castro de la presidencia en febrero de 2018, no se ha anunciado nada específico. Esto viene generando incertidumbre en un número creciente socios estratégicos para el país. Aun en medio de este escenario, no sería ocioso adelantar algunos de los cambios más importantes que se deben concretar en el futuro inmediato, como puede ser la unificación monetaria y cambiaria. 

Por último, si bien todavía el gobierno de Donald Trump no ha hecho ningún anuncio específico sobre Cuba, está en curso una revisión a fondo de los cambios introducidos por Obama. La incertidumbre es alta, y varias de las organizaciones que han trabajado arduamente para hacer posible este tímido acercamiento manejan la situación con cautela y desconfianza. 

CONTRIBUCIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO CALIFICADA AL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN CUBA. PRINCIPALES DETERMINANTES (ICONTRIBUCIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO CALIFICADA AL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN CUBA. PRINCIPALES DETERMINANTES (V)

TESIS EN OPCIÓN AL GRADO CIENTÍFICO DE DOCTOR EN CIENCIAS ECONÓMICAS

Autora: MSc. Yordanka Cribeiro Díaz

Tutor: Dra. Vilma Hidalgo de los Santos

CAPÍTULO 3. DETERMINANTES DE LA CONTRIBUCIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO CALIFICADA EN CUBA. UN ANÁLISIS INTEGRAL


Los resultados descritos en el capítulo anterior corroboran el significativo impacto de la política educacional en la economía y sociedad cubana. Una variable de éxito ha sido la creación de una masa crítica de profesionales y la acumulación de conocimientos de la fuerza de trabajo, lo que trajo no sólo beneficios económicos - como la posibilidad de asimilar nuevas tecnologías y de activar prácticas de innovación - sino también permitió elevar las capacidades de participación e implicación de los ciudadanos en la sociedad, los niveles de seguridad, estabilidad y capital social. Sin embargo, existe una coincidencia de que ese impacto ha decrecido con respecto a períodos precedentes, incluso cuando los niveles de calificación han continuado en ascenso. La robustez de dichos resultados ratifica la incapacidad de las explicaciones convencionales para fundamentar este comportamiento y con ello la necesidad de avanzar en el reconocimiento de otros aspectos relacionados con el aprovechamiento de la fuerza de trabajo calificada.

Este trabajo introduce la idea de que para sostener la contribución de la fuerza de trabajo calificada, es necesario corregir distorsiones en el proceso de formación, asignación y utilización  de  la  calificación;  vistos  como  sistema.67    La  formación  determina  la composición en cuanto a nivel y especialización, que debe estar en correspondencia con la dinámica y estructura productiva mediante una asignación eficiente de la fuerza de trabajo; y al propio tiempo complementarse con un entorno tecnológico y un sistema de incentivos adecuados para favorecer su rendimiento.

Lograr tal consistencia no es una meta fácil. Como antes se comentó, la evidencia empírica internacional apunta a fallas tanto del mercado como de las políticas públicas (Moreno- Brid y Ruiz-Nápoles, 2009), lo que desde la perspectiva de este trabajo podría ser explicativo  de  situaciones  de  sobre-inversión  (o  sub-inversión)  en  educación  y  baja eficacia en términos de crecimiento.
En el caso de Cuba ¾ después de más de veinte años de un modelo económico socialista basado en relaciones económicas internacionales favorables dentro del bloque socialista


67 Fernández de Bulnes (2005) señala como problemas asociados al capital humano en Cuba su composición en cuanto a nivel y especialidad así como su localización sectorial.


(CAME)  ¾  se  enfrentó  una  difícil  situación  económica  a  inicios  de  los  noventa, exacerbada por el recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos y el agotamiento del modelo de crecimiento extensivo de décadas anteriores (González, 1997). La  caída  abrupta  del  producto  y  las  importaciones  afectaron  la  infraestructura  y  la inversión. A pesar de la dimensión de la crisis, el acceso total a la educación pública y la inversión en capital humano continúo siendo una realidad en Cuba. Se preservaron los logros sociales esenciales, pero la protección al empleo obligó inevitablemente a un ajuste del salario real, motivo por el cual afloraron contradicciones propias del sistema de incentivos. Este contexto sin duda explica muchas de las asimetrías presentadas en el siguiente análisis, pero también influyó la inercia de algunos mecanismos y la incompleta internalización de este nuevo entorno; evidenciándose una lenta reacción de las políticas públicas y los marcos institucionales en algunas de las direcciones abordadas en el estudio.

3.1. Composición de la fuerza de trabajo en Cuba


A nivel internacional existe consenso acerca de la importancia de la composición de la fuerza de trabajo para el crecimiento económico. A pesar de la escasa literatura sobre el tema,  como  fue  mencionado  en  el  primer  capítulo,  la  mayor  parte  de  los  trabajos identifican factores como: la significación del nivel básico y técnico en etapas tempranas de desarrollo económico (Oroval, 1995 y Bertochi y Spagat, 1992), los efectos derrame en el crecimiento de la educación superior con respecto a otros niveles (Faure, 1972 y Moretti,
2004) y el impacto mayor de la formación técnica respecto a los estudios humanísticos

(Serrano, 1998; De Ferranti, 2003; De la Fuente y Doménech, 2005), entre otros.


Desde la visión de este trabajo la relevancia de estos factores depende de su interrelación y correspondencia  con  la  estructura  productiva.  La  clave  se  encuentra  en  la  relación dinámica y bidireccional entre la composición de la fuerza de trabajo y la estructura económica. Por una parte importa la calificación para responder a demandas productivas inmediatas. Por otra, la inversión en educación debe ser coherente con el patrón de especialización y diversificación productiva al que se aspira en el mediano y largo plazo, convirtiéndose en un instrumento de planificación productiva. En ese sentido, una proyección adecuada de los recursos laborales, que parta de la identificación real de las demandas concretas en función de las capacidades productivas del país y las necesidades de crecimiento, evitaría situaciones de sobreinversión en educación.

En primer lugar, se requiere de una complementariedad entre la fuerza de trabajo de nivel superior y técnica por especialidad, donde la demanda de la primera obedezca a la complejidad de los puestos de trabajo. Distorsiones en este aspecto tienen un impacto negativo en el presupuesto pues conducen a gastos en educación por encima de los requeridos para el desempeño de la actividad, a la vez que reproducen comportamientos nocivos derivados de la desmotivación por sobrecalificación, con efectos perversos sobre la productividad del trabajo.

Relacionado con lo anterior, es importante determinar el balance entre educación formal y calificación continua en el puesto de trabajo, como forma de aprendizaje y valorización de la fuerza de trabajo en la actividad específica que se realiza. Un análisis adecuado al respecto posibilitaría una mayor descentralización del gasto en educación hacia las empresas y así, mayor eficiencia. En ese sentido, si la formación recibida en los centros educativos no se corresponde con el nivel y la especialidad requerida para el puesto de trabajo emergen dos problemas importantes, una inadecuada asignación de la calificación y el incremento de los costos de la formación en el puesto de trabajo, reduciéndose la eficacia del gasto en educación.

Finalmente, se reconoce la importancia de las especialidades de educación terciaria promotoras  de  las  actividades  de  I+D,  que  constituyen  actualmente  las  ramas  más dinámicas a nivel internacional. Una mayor disponibilidad de profesionales en estas áreas mejora la adaptabilidad a los cambios de productos, tecnologías y formas de organización, necesarios para acompañar los procesos intensivos de industrialización y de innovación tecnológica.

En el caso de Cuba, a pesar de la proyección de la fuerza de trabajo calificada que se realiza como parte de las políticas educativas y de capital humano (Recuadro 3.1), en las condiciones actuales sobresalen problemas de desproporción entre calificación superior y técnica por especialidad; desbalances entre educación formal y continua; e inadecuada estructura de especialidades de educación técnica, terciaria y de posgrado, expresada fundamentalmente en la baja importancia de actividades de I+D, entre otros.


Recuadro 3.1. Política de Planificación de la Formación y Distribución de Graduados


Con  el  objetivo  de  hacer  corresponder la  oferta  y  la  demanda  de  fuerza  de  trabajo calificada (FTC) en el país, tanto de nivel medio como superior, se incluye en el proceso de elaboración del Plan de la Economía Nacional, un acápite referido al cálculo de las necesidades de especialistas de nivel superior, su formación, distribución y utilización. Este procedimiento se realiza para todos los territorios, con un horizonte de cinco años.

Para la confección del Plan de FTC, el Ministerio de Economía y Planificación (MEP), trabaja de conjunto con el resto de los organismos formadores, el Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social, los Consejos de Administración Popular y los Organismos de la Administración Central del Estado.

Dicho plan parte de los resultados del Estudio Integral para la Formación y Empleo de la FTC que se realiza desde el MEP, el cual contiene la demanda de los organismos en función de sus proyecciones hasta el año 201568. Adicionalmente, se consideran los índices de actualizaran los índices de eficiencia en el ciclo de las diferentes carreras que se forman en los centros de educación superior a ellos subordinados.

Por su parte, el plan anual de distribución de egresados de Nivel Superior del Curso Regular Diurno, garantiza la ubicación laboral de la totalidad de los graduados, priorizando entre las necesidades, aquellas de mayor interés para la economía. El déficit y el superávit de egresados por grupos de carreras son tratados puntualmente en cada año.

Fuente: Síntesis a partir de Perez (2010)


Por una parte, se ha producido un incremento significativo en los niveles de calificación de la fuerza de trabajo en todas las ramas de actividad económica. Por ejemplo en el período 2005 2010, los ocupados con nivel medio superior o superior representaban el 65,2% del total de ocupados, cifra 2,13 veces superior a la del período 1975 1989. No obstante, esto contrasta con una estructura productiva caracterizada por una débil participación de las ramas de alta y media–alta intensidad tecnológica, según la clasificación de actividades industriales de CEPAL (2009), reflejada tanto en la producción como en las exportaciones. Como se observa en la Figura 3.1, a pesar de los esfuerzos en materia de transformación productiva y los elevados niveles de calificación, se mantiene un peso preponderante de aquellas actividades con bajo contenido tecnológico, las cuales representan el 80% de las exportaciones.69

  
68 Hay que señalar que en las indicaciones para la elaboración del plan de fuerza de trabajo calificada no se explicita una metodología a seguir por los centros demandantes en el proceso de proyección de los requerimientos de fuerza de trabajo calificada. Las deficiencias en este nivel distorsionan el proceso de formación, con potenciales consecuencias en materia de sobre o subformación de graduados por nivel y especialidades, en correspondencia con las demandas de los territorios.

69 La clasificación desagregada puede consultarse en el Anexo 3.1.




 Destaca  la  agricultura,  una  rama  de  muy  baja  complejidad  que continúa siendo un importante renglón de producción y exportación y que absorbe aproximadamente el 20% del empleo. Desde el punto de vista de la formación, el nivel promedio de escolaridad en la rama es de 9,8 años, mientras que solo el 1,4% de los graduados de nivel superior y el corresponden con especialidades relacionadas con la actividad. Como excepción y caso exitoso se destacan la 
industria biotecnológica, farmacéutica y de fabricación de equipos médicos; donde definitivamente primó una visión estratégica de largo  en las difíciles circunstancias del llamado período especial. Un modelo semejante visualiza en las  ramas informáticas, donde se aprecia el esfuerzo en materia de formación aunque es todavía limitada su producción y exportación.
Lo anterior ha venido acompañado de la profundización del proceso de terciarización de la economía, con una orientación fundamentalmente hacia el turismo y el exterior, fortaleciéndose  partir del 2004 la exportación de servicios profesionales con significativo de los servicios médicos y educacionales. Hacia el interior de la economía se mantiene el peso predominante de los servicios sociales,lo cual es consistente  las características modelo cubano, pero los servicios profesionales para la actividad productiva doméstica se encuentran deprimidos.


Adicionalmente, la relación entre profesionales de educación superior y técnicos medios se ha modificado en el tiempo. En la Tabla 3.1 se han identificado los ciclos experimentados


70 Se refiere al total de graduados en ciencias agropecuarias. En el caso de la enseñanza técnica y profesional, se refiere a los graduados de técnicos medios u obreros calificados en la producción agropecuaria.


por la contribución estimada de la fuerza de trabajo calificada al crecimiento (Galtés, 2009) y la estructura de los graduados provenientes de la enseñanza especializada. Como puede apreciarse, a excepción del quinquenio 1970 1975 donde el comportamiento es muy inestable, los períodos de mayor contribución de la fuerza de trabajo al crecimiento coinciden con una tendencia creciente de la recomposición a favor de los técnicos medios,
lo cual se hizo excesivamente visible en el período 1992 – 200271.


Tabla 3.1. Correlación entre la contribución de la fuerza de trabajo calificada y la participación de los graduados de nivel superior en el total de graduados de la enseñanza
especializada

     Período       Contribución    Superior / Total    Correlación     

1970 1975
creciente
+/-
0,15
1975 1979
decreciente
creciente
-0,37
1980 1985
creciente
decreciente
-0,19
1986 1991
decreciente
creciente
-0,73
1992 2002
creciente
decreciente
-0,9
2003 - 2006
decreciente
creciente
-0,75
Fuente: Elaboración propia con base a Galtés (2009) y AEC (varios os)


Teniendo en cuenta que en una parte importante de las carreras existe una correspondencia de especialidades entre los dos niveles de formación (superior y técnico-profesional), un balance más adecuado entre los mismos dentro de la misma especialidad podría ser más eficiente para el desarrollo de cadenas de conocimientos y clusters industriales.

Finalmente, el  análisis de  la  estructura de  la  formación por  perfil  de  especialización muestra una pérdida de participación dentro de la estructura de graduados por ramas de la ciencia, de aquellas especialidades con mayor impacto en las ganancias de productividad vía creación de tecnología y nuevos bienes de capital, organización de la producción, sustitución de importaciones, etc. En ese sentido, la formación se ha sesgado hacia las
ciencias más relacionadas con servicios en su mayoría no transables72.

  
71 Si bien el coeficiente de correlación no implica necesariamente la existencia de causalidad entre dos series estadísticas, permite tener una aproximación de su interrelación en el tiempo.
72  Adicionalmente, entre 1990 2007 el 18% de los profesionales cubanos radicados en el exterior eran ingenieros, lo cual también reduce la disponibilidad de fuerza de trabajo en estas especialidades (CEMI,
2009).

Este comportamiento contrasta con la tendencia de otras regiones geográficas73. Como se muestra en la Figura 3.2, Cuba presenta muy bajas proporciones de graduados en ciencias e ingenierías, orientando el esfuerzo hacia la formación de profesores y especialistas de ciencias médicas (Moreno-Brid y Ruiz-Nápoles, 2009). En el año 2010, del total de egresados universitarios el 58,8% correspondieron a salud y educación74. Asimismo, la mayor dinámica en la formación ha caracterizado a las Ciencias Sociales y Humanísticas cuya cifra de titulados creció diez veces en el 2010 con respecto al 2006 mientras que las Ciencias Naturales y Matemáticas no tienen crecimiento en la etapa (CINDA, 2011).



Esta tendencia queda reflejada más claramente en la Figura 3.3. De manera general, se ha deteriorado la participación de graduados en carreras vinculadas a la producción y la innovación tecnológica, actualmente más dinámicas a nivel internacional, a favor de las ciencias sociales y humanísticas. Como puede apreciarse en los paneles B y C, este comportamiento es extensivo a la enseñanza técnica y de postgrado.


73 Con respecto a otras regiones, se percibe una heterogeneidad en los perfiles de formación en Cuba, pues aproximadamente el 60% de los graduados no coinciden con las clasificaciones internacionales. Para una información más desagregada de los países analizados, ver Anexo 3.2.
74  Desde la visión de este trabajo, el énfasis sostenido en la formación en ciencias pedagógicas no ha sido resultado de requerimientos superiores de la educación, sino consecuencia de la migración tanto sectorial
como externa de los profesionales de esta área del conocimiento. De hecho, la relación entre la matrícula
(primaria, media y medio superior) y el número de graduados de esta especialidad muestra una tendencia estable desde hace más de 20 años, mostrando un ligero deterioro en el período 1995 - 2005.





A la situación de hipertrofia sociohumanista, se adiciona la baja incorporación este perfil a sinergias productivas, derivadas de la generalización de actividades de emprendimiento local e innovaciones sociales que potencien su utilización efectiva, lo que podría ser particularmente importante en algunos territorios del país. Experiencias internacionales y domésticas demuestran el potencial creador de riqueza que podría derivarse de este tipo de actividades. Específicamente, el proyecto de desarrollo del casco histórico de la Habana Vieja es un ejemplo exitoso de diseño de un producto turístico de amplia demanda, sustentado en la combinación adecuada de las potencialidades culturales e históricas de la localidad y que aprovecha las ventajas de la formación en estas áreas.



Una de las causas del sesgo en la composición hacia las ciencias sociales puede asociarse a los efectos de la crisis económica de los noventa. La reducción de los ingresos por exportaciones, unida al recrudecimiento del bloqueo y a la pérdida de suministros por el ajuste obligado de las importaciones desde los países socialistas, provocaron el deterioro del presupuesto estatal y la necesaria contracción del gasto público. La recomposición del gasto en educación en detrimento de las carreras más costosas, unido a una intencionalidad política de incrementar la formación de sociólogos y humanistas favoreció esta tendencia. Adicionalmente, las perspectivas de empleo asociadas a perfiles con mayor soporte tecnológico se vieron afectadas ante la descapitalización, falta de insumos y el atraso tecnológico de la industria nacional.

Si bien en el caso de Cuba esta tendencia es reversible mediante la utilización directa de la política educacional, su aplicación queda sujeta a la capacidad real de la economía de generar el conjunto de actividades productivas y la reconversión tecnológica necesaria para absorberlos, que impone la política laboral vigente. Estos elementos exigen la necesidad de avanzar en la coordinación de políticas y diseños integrales que incorporen a la política educacional, políticas productivas y de ciencia y técnica en el contexto de una estrategia propia de desarrollo articulado, como se discutirá en el epígrafe 3.4.

En  resumen,  las  asimetrías  detectadas  apuntan  a  la  obligada  revisión  del  gasto  en educación y su composición. Desde la visión de este trabajo, las condiciones actuales indican la existencia de sobre-inversión que resulta ineficiente desde el punto de vista económico y cuyos efectos pueden apreciarse en una asignación distorsionada y forzosa hacia ramas y puestos de trabajo con requerimientos distintos en cuanto a niveles de calificación y especialización.

3.2. Asignación de los recursos laborales  en Cuba


La eficiencia en el uso de la calificación depende de varios factores, dentro de los cuales tiene especial relevancia el lugar concreto donde se materializa el conjunto de habilidades adquiridas durante el proceso de formación, es decir, la asignación de la fuerza de trabajo. Como fue analizado en el primer capítulo, una inadecuada asignación laboral tiene importantes costos en materia de eficiencia social: desincentivos por sobrecalificación, incremento en los costos de capacitación en el puesto de trabajo, deterioro de la productividad global, etc.

Los problemas de asignación de la fuerza de trabajo son más frecuentes en circunstancias de alto nivel de calificación no coherentes con la estructura productiva o distorsiones en el sistema de incentivos. La combinación de ambos genera asimetrías que pueden expresarse en cinco niveles fundamentales: i) migración sectorial interna hacia ramas con menores requerimientos de calificación pero mayores niveles de remuneración; ii) no correspondencia entre la ubicación laboral y el nivel de calificación o perfil de especialización; iii) desempleo voluntario de individuos con elevado nivel de calificación, iv) deslocalización territorial de fuerza de trabajo calificada y v) migración externa. En todos los casos el resultado conspira contra la eficacia del gasto en educación en términos de crecimiento económico.

En el caso de Cuba pueden identificarse distorsiones en cada uno de los grupos señalados. Con relación al primer aspecto, un análisis agregado de la estructura del producto y del empleo por sectores refleja que, en su mayoría, no existe una correspondencia entre las ganancias de productividad del trabajo y su participación en el empleo. Como ejemplo, en el año 2010 sólo el 9,8% de los ocupados en la economía nacional se encontraban vinculados laboralmente a la industria manufacturera, sector por su naturaleza promotor del progreso tecnológico y de cambios estructurales a favor del desarrollo. Igualmente, del 11,4% que caracterizaba ese sector en el 2003, menos del 20% estaban incorporados a las industrias  de  mayor  contenido  tecnológico,  relaciones  verticales  y  dinámica  en  los mercados internacionales (Fernández de Bulnes, 2007).

Estos comportamientos asimétricos han sido apoyados por el proceso de cambio estructural orientado hacia los servicios que ha experimentado la economía cubana con posterioridad 1994, patrón característico de economías desarrolladas. Usualmente, tiende a identificarse dicha reestructuración sectorial con un incremento de la productividad provocado por el mayor dinamismo de estas industrias, que a su vez supone requerimientos mayores de calificación. Sin embargo, las necesidades de fuerza de trabajo calificada estarán determinadas por las sub-ramas concretas que se desarrollen, lo que hace necesario una valoración de la actividad hacia lo interno del sector.

Comparativamente, en los países desarrollados con un grado de terciarización similar al de Cuba, los servicios más dinámicos se asocian a transporte, almacenamiento y comunicaciones, servicios financieros y de seguros, servicios de negocios, renta y bienes y raíces,75 reflejando el grado de desarrollo tecnológico de las sociedades y de sus mercados financieros. En el caso de Cuba, la tendencia natural hacia la terciarización se orientó hacia el turismo y sector externo,  fortaleciéndose a partir del 2004 la exportación de servicios educacionales y médicos76. Sin embargo, aún es insuficiente su aprovechamiento respecto al potencial desarrollo de otras modalidades más intensivas en calificación, así como su articulación con otras actividades. Vale reconocer no obstante su aporte sustantivo a la exportación, pero también alertar la vulnerabilidad que imprime a las cuentas externas como resultado de enmarcarse en acuerdos sustentados en la voluntad política de los gobiernos. Además, su suministro en el país receptor reduce las potencialidades de encadenamientos productivos hacia el resto de la economía doméstica. Finalmente, a pesar de  los  esfuerzos  en  formación  de  especialistas  de  las  ciencias  informáticas,  las exportaciones de paquetes de aplicaciones de software, servicios informáticos y servicios técnicos son todavía pequeñas.
Por otra parte, el turismo (rama que sigue en importancia relativa) concentra aproximadamente el 14% de la fuerza de trabajo con más de 11 años de escolaridad promedio. Teniendo en cuenta que la modalidad que caracteriza al mismo no es reconocida como intensiva en calificación de fuerza de trabajo, esta alta concentración, resultado de deficiencias en el sistema de incentivos, refleja un problema de localización del empleo.


La intuición detrás de estos resultados ha sido validada por Torres (2007). Mediante un análisis shift share77 que descompone la evolución de la productividad del trabajo a partir


75 Sen estimados de OECD (2009), estos servicios aportaron el 37,3% del valor añadido en esas regiones.
76 Para mayor información sobre la estructura del empleo en el sector terciario, ver Anexo 3.3.
77 Esta metodología permite descomponer el crecimiento de la productividad del trabajo en tres efectos, estático, dinámico e interno. El efecto estático mide el crecimiento de la productividad ocasionado por unredistribución de la fuerza de trabajo hacia sectores con mayores niveles de productividad inicial. Si el rmino es positivo refleja que las ramas de mayor productividad incrementan su participación en el empleo total, bonificando al crecimiento. El efecto dinámico explica en qué medida los sectores con un crecimiento más rápido de la productividad incrementan su participación en el empleo total. Luego, un signo negativo estaría reflejando que el empleo crece en aquellos sectores con un pobre desempeño de la productividad. Finalmente, el efecto interno recoge la parte del crecimiento de la productividad que no se debe a cambios en la estructura sectorial al nivel de agregación analizado. Como se especifica, ese ha sido el comportamiento promedio de la economía, lo cual no excluye por ejemplo al caso del turismo, considerado como uno de los sectores más dinámicos y que ha absorbido una parte importante de la fuerza de trabajo


de su asignación entre sectores con productividades diferentes, el autor obtuvo que la asignación de la fuerza de trabajo entre sectores resultante del cambio estructural, ha penalizado  el  crecimiento  económico  pues  el  empleo  ha  crecido  como  promedio  en aquellas ramas donde el crecimiento de la productividad ha sido menos dinámico.

El estudio del segundo nivel de distorsión, referido a la no correspondencia entre el nivel de calificación o perfil de especialización y el puesto de trabajo, es más complejo y requiere de la captación de información estadística individual no comúnmente disponible en fuentes oficiales, y generalmente captada mediante encuestas directas a la fuerza de trabajo calificada78.

Como caso de estudio se selecciona la actual provincia La Habana. Dos razones fundamentan la elección: i) los problemas logísticos y costo elevado de aplicación en otras provincias del país y ii) representatividad de La Habana, que concentra aproximadamente el 20% de la población, el 20,4% de los ocupados y el 46,6% de la producción del país. Adicionalmente, teniendo en cuenta las características propias del fenómeno que se intenta cuantificar, se seleccionan como actividades relevantes a la Industria manufacturera, Hoteles y restaurantes, y Comercio y reparación de efectos personales. De esta forma, la población queda determinada por la suma del promedio de trabajadores calificados de cada uno de los sectores seleccionados.

La hipótesis que se pretende demostrar con este instrumento es la no correspondencia entre la especialidad estudiada y la ocupación concreta. En base a ello, se diseñó un cuestionario compuesto por  preguntas cualitativas cerradas y  donde las  variables más  importantes fueron el nivel de escolaridad, la especialidad estudiada y la relación entre su perfil de especialización y la ocupación actual. Asimismo, se incorporaron preguntas de identificación de la muestra (edad, sexo y sector) y otras sobre la calificación en el puesto de trabajo, incentivos y valoración del entorno tecnológico. (Anexo 3.5)
Para la determinación del tamaño de la muestra, se utilizó el Muestreo Aleatorio Estratificado sin reemplazamiento, definiendo como estratos a los sectores que componen la población objeto de estudio. Si bien se conoce el promedio de trabajadores de cada sector, se desconoce su estructura por nivel de escolaridad y con ello la proporción de
  
78 En el Anexo 3.4 se presentan los elementos básicos del muestreo, relevantes para el presente análisis.


fuerza de trabajo calificada. Por estas cuestiones, se determinó el tamaño global de la muestra mediante el Método Aleatorio Simple. Según las ecuaciones (3.2 - 3.4 en Anexo 3.5), la proporción poblacional (para una probabilidad de éxito (P) de 0,5, un nivel de confianza del 95% con su correspondiente Z = 1,96 y un error máximo admisible (d) de 0,04) resultó de 660 trabajadores. Como aproximación a los coeficientes de afijación, se utilizó el cociente entre el promedio de trabajadores del sector y el total de la población, obteniéndose la estructura muestral que se presenta en la Tabla 3.2.

Tabla 3.2. Estructura muestral para la aplicación de la encuesta de asignación

                                   Sector                                        Trabajadores           %          Muestra    

Industria manufacturera (274)
116760
37,23
246
Hoteles y Restaurantes (75)
56373
17,98
119
Comercio y reparación de efectos personales (251)
140441
44,79
295
Total
313574
100
660
Nota: Entre paréntesis la cantidad de empresas en la provincia de estudio, según el Registro Estatal de Empresas y Unidades Presupuestadas (REEUP) de la ONE.
Fuente: Elaboración propia


Para lograr representatividad de las empresas en la muestra de trabajadores, se seleccionaron aleatoriamente 30 empresas de la Industria manufacturera, 30 de Comercio, y diez de Hoteles y restaurantes. La selección de los trabajadores fue semi-intencionada, identificándose antes del muestreo a los trabajadores considerados calificados (Técnico medio y Superior). De manera general, en cada una fueron encuestados entre ocho y diez trabajadores.

Como se puede observar en la Tabla 3.3, el resultado obtenido valida la existencia de asimetrías significativas en este tipo de asignación. A nivel agregado, en más del 40% de los encuestados la ocupación que desempeña no se relaciona con la especialidad estudiada, cifra comparativamente superior en Hoteles y restaurantes. Ello significa una importante sobreinversión en materia de formación lo que supone un exceso de gasto en educación, incluso cuando solo el 21,6 % de los trabajadores se consideró sobrecalificado. De otra parte, el 25 % de las personas sobrecalificadas atribuyeron esta situación a la inexistencia de un puesto de trabajo acorde a su especialidad.




Tabla 3.3. Indicadores de asignación. Análisis agregado y sectorial (%)


Concepto                         Total       Industria        Comercio       Hot y Rest.

Universitarios en total de trabajadores
39
41,2
31,3
44,7
No relacionados
41,8
38,3
43,8
45,9
Calificación en el puesto de trabajo
70,1
65,8
72,5
72,9
Proporción de Sobrecalificados
21,6
18,9
21,7
29,4
Fuente: Elaboración propia a partir de resultados de la encuesta


Igualmente, destaca la relación positiva entre este indicador y la calificación recibida en el puesto de trabajo, registrándose un menor índice de recalificación donde existen menores problemas de no correspondencia ocupacional (Industria manufacturera).

Por otra parte, también se corroboran las asimetrías de primer nivel comentadas previamente, relacionadas con la asignación de fuerza de trabajo muy calificada en ramas de baja complejidad, expresada en la elevada proporción de universitarios en Hoteles y restaurantes.

La tercera fuente de ineficiencia del gasto en educación en términos de crecimiento económico la constituye el nivel de escolaridad de la fuerza de trabajo no vinculada laboralmente. En el año 2009 los desempleados y subempleados tenían como promedio 10,6 y 11,03 años de escolaridad respectivamente,79  mientras que en la población no económicamente activa (PNEA) la proporción de graduados de nivel medio superior y superior alcanzaba el 30% de total, aunque vale mencionar que de ellos sólo el 3 % tiene nivel superior (Anexo 3.3). Por otra parte, a excepción de los estudiantes, los mayores niveles  de  escolaridad  se  corresponden  con  los  individuos  que  no  realizan  ninguna actividad y que no desean trabajar (38,4% y 37,2%, respectivamente). Asimismo, es en estos  dos  últimos  grupos  donde  se  percibe  una  concentración  en  las  edades  más productivas (entre 25 y 40 años, y con un peso predominante de los hombres), lo que significa un desaprovechamiento de potencial productivo para la economía.
La persistencia de personas dentro de la PNEA con elevado nivel de escolaridad obedece a elementos de distinta naturaleza. Como puede apreciarse en la Figura 3.4, dentro de sus causas fundamentales destacan la responsabilidad en el cuidado de niños, ancianos y


79 Calculados según cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación (ENO) para el año 2009.


discapacitados, la desarticulación entre los niveles de formación y las ofertas de trabajo y la pérdida del salario dentro de la estructura de ingresos y su debilidad como mecanismo generador de incentivos positivos. Si bien la primera fuente identificada es más común en el caso de las mujeres, ello tiene una especial relevancia pues la fuerza de trabajo calificada femenina representa el 45% de la fuerza de trabajo calificada y el 50%  de la población.

Por otra parte, el deterioro del salario tiene otro efecto importante. Su combinación con la política  de  suministro  gratuito  de  la  educación,  prácticamente  anula  el  costo  de oportunidad del estudio generando incentivos a la prolongación de la vida estudiantil, el retraso del momento de incorporación al mercado laboral y el tiempo de trabajo en las edades más productivas.80



Todo lo anterior refleja la existencia de problemas de asignación a nivel nacional los cuales pueden acentuarse a escala territorial, produciéndose situaciones de exceso o déficit de graduados  por  niveles  y  especialidades  con  respecto  a  las  demandas  concretas  del territorio, fundamentando la importancia del análisis de la localización geográfica de la fuerza de trabajo calificada.

Un estudio comparado con Fernández de Bulnes (2007a) constata un incremento generalizado del nivel educacional de la fuerza de trabajo por provincias con respecto al 2003. Asimismo, se aprecia una convergencia en los niveles de calificación provincial, expresada en la homogeneidad del nivel promedio de escolaridad de los ocupados y la

80 Según cifras de la ENO, existen 58 mil estudiantes entre 25 y 40 años.


  
reducción de la desigualdad global en la calificación desde  46,5% en 2003 a 27,6% en el 2009. No obstante, se aprecian resultados más diferenciados en cuanto a la concentración de la calificación, destacándose Ciudad de la Habana e Isla de la Juventud como casos extremos, mientras que Las Tunas y La Habana presentan los índices más bajos de calificación laboral81 (Anexo 3.8).

Si bien los indicadores anteriores no reflejan diferencias notables entre provincias en cuanto a niveles de escolaridad, el panorama municipal es bien distinto. Un análisis profundo  de  este  aspecto  requeriría  de  información  censal  sobre  fuerza  de  trabajo calificada solo disponible para el año 2002, no obstante la distribución municipal de la matrícula por niveles de enseñanza constituye una aproximación al problema. En ese sentido, el Anexo 3.9 evidencia la polarización actual en materia de ingreso a la educación media superior y superior en los municipios. En el caso del primer nivel de enseñanza, predominan las localidades con un índice en relación a la matrícula total por debajo de la media nacional. En la enseñanza superior la dispersión es más significativa con el predominio de áreas con muy bajo ingreso a este nivel educacional.

Los problemas de localización geográfica son más notables en cuanto a los perfiles de especialización y su correspondencia con los requerimientos productivos de los territorios. De hecho, el mapa de nuevo ingreso a la carrera de Agronomía muestra una concentración en municipios concretos, no necesariamente asociados a las características productivas de los mismos (Anexo 3.10).
El análisis realizado presenta limitaciones pues el ingreso a un nivel de enseñanza no garantiza la entrada al mercado laboral en el plazo establecido por cada nivel educativo82 ni el retorno al lugar de origen con posterioridad a la graduación83. No obstante, arroja



81 El índice global de desigualdad determina la varianza de los niveles educativos por provincias con respecto a la media nacional. El mismo puede descomponerse en indicadores individuales de desigualdad para cada nivel educativo. El índice de concentración refleja la participación de los trabajadores con nivel superior en cada provincia con respecto al total de ocupados con nivel superior en el país, mientras que el indicador de calificación laboral se refiere al por ciento de trabajadores con nivel superior en el total de ocupados por provincias (Fernández de Bulnes, 2007a).
82   Más  importante  en  las  carreras  de  ciencias  naturales  y  exactas,  caracterizadas  por  bajos  niveles  de eficiencia vertical (Anexo 3.11).
83 La movilidad de la fuerza de trabajo puede acentuar las diferencias territoriales a favor de aquellas áreas con mayor desarrollo industrial y oportunidades de empleo en las especialidades estudiadas. Por otra parte,
restricciones en este aspecto pueden generar desajustes en la fuerza de trabajo calificada por especialidades no previstas en el proceso de planificación de la misma




señales sobre la necesidad de adoptar políticas diferenciadas para favorecer la complementariedad entre la formación y la posterior utilización productiva de los graduados, incluso cuando la demanda territorial de fuerza de trabajo calificada tenga un componente de incertidumbre alto, en condiciones de restricciones de recursos para llevar a cabo acciones de emprendimiento local.

En último lugar, la quinta expresión de los problemas de asignación se refleja en la emigración de fuerza de trabajo calificada. Según PNUD (2009), el nivel educacional de los emigrados cubanos mayores de 15 años residentes en los estados pertenecientes a la OCDE se estructura en un 40,8% secundario, un 35,1% preuniversitario y en un 23,9% terciario, ello significa un 59% con un nivel de formación elevado y casi una cuarta parte universitaria. En el caso de los graduados de nivel terciario, solo en estos países receptores la cifra asciende a 220,9 mil, aproximadamente equivalentes al total de graduados de ese nivel entre 2006 y 2009.
Las consecuencias de este fenómeno se expresan en la pérdida de recursos financieros que se convierten en subsidios al crecimiento y desarrollo de las economías receptoras y que se agrava entre otras cosas por el carácter gratuito de la educación en Cuba,84  pérdidas de recursos asociadas al reemplazo de los profesionales emigrados, ya sea en términos de formación  como  de  experiencia  laboral,  merma  del  umbral  de  conocimientos  de  la sociedad, entre otros. Estudios preliminares de los costos por carrera en la Universidad de la Habana, arrojan un costo promedio anual por estudiante de 4502 CUP85. Solo considerando la estructura de los emigrados por facultades de la misma institución en el período 1990 2007, ello supone un subsidio superior a los 13,6 MM de CUP86 para las economías receptoras. Considerando una tasa de cambio CUC:CUP de 1:10 y 1:15, el monto del subsidio asciende a aproximadamente 15 MM CUP, equivalentes al 21% del presupuesto de dicha institución en el año 2010.




84   En  npocos  estudios  internacionales  se aluden  beneficios  considerando  la  importancia  del  flujo  de remesas. En contraposición, además de los argumentos mencionados, Linares (2009) y Casaña (2002) destacan la concentración de beneficios en familias y comunidades locales, dependencia externa y estímulo a mayor emigración,  entre otros. Asimismo, se señala que no son los profesionales los que más remesan, en tanto es muy cara la inversión en su formación.
85 Vicerrectoría Ecomica de la Universidad de la Habana.
86  Según Linares (2009), la cifra de emigrados por facultades excluyendo la Facultad de Enseñanza a
Distancia y Turismo, alcanza la cifra de 510 profesionales. Más información en el Anexo 3.12.




Otro elemento importante es la composición por especialidades de los flujos migratorios. Un examen de la emigración de profesionales de las instituciones académicas adscritas al Ministerio de Educación Superior demostró que las áreas del conocimiento más afectadas son las ciencias exactas y naturales. En el caso de la Universidad de La Habana, la proporción de las bajas de profesores e investigadores relacionadas con la emigración alcanzó un 58% en dichas especialidades, mientras en las ciencias sociales y humanísticas y en las económicas fue de un 24% y un 12%, respectivamente (Linares, 2009). Adicionalmente, los ingenieros representaban el 18% del total de profesionales emigrados en el período 1990 2007 (CEMI, 2009).87 Si se combina este fenómeno con la tendencia decreciente de los graduados en las ciencias de alto nivel identificada previamente, se evidencia la pérdida de potencialidades domésticas de crecimiento e innovación tecnológica.

Asimismo,  el  comportamiento  histórico  refleja  que  son  los  jóvenes  los  de  mayor propensión a la migración calificada,88 peligrando el relevo de la fuerza de trabajo sobre la cual recae la responsabilidad de sostener a los no capacitados para ello (ancianos, discapacitados, niños), en condiciones de envejecimiento poblacional y baja natalidad.

Finalmente, otro aspecto a considerar en el análisis de la asignación de la fuerza de trabajo es la proporción entre trabajadores directos e indirectos a la producción. Como primera aproximación  a  este  fenómeno,  la  utilización  del  cociente  entre  los  trabajadores  de servicios, administrativos y dirigentes con respecto a los operarios y técnicos89   que se deriva de la clasificación por categoría ocupacional de la ONE –, muestra una proporción considerablemente alta, equivalente a 1:2 en el 2010 (un indirecto por cada 2 directos) y muy superior a su media histórica.
Lo anteriormente explicado a lo largo del epígrafe corrobora la existencia de asimetrías en el proceso de asignación de la fuerza de trabajo calificada en Cuba. De manera general, sus implicaciones fundamentales pueden sintetizarse en:



87  El éxodo de graduados en ciencias técnicas, naturales y exactas también se relaciona con la situación específica de las ramas de producción que los emplean.
88  Según CEMI (2010), el 86% de los profesionales que emigran, procedentes del sistema de educación superior lo hace antes de los 40 años.
89    Este indicador está sesgado por la consideración de la totalidad de los trabajadores de servicios como indirectos. Por ello, se  Su evolución se presenta en el Anexo 3.3.




a. Posible sobreinversión pública en materia de formación que no se revierte en incrementos de productividad y crecimiento e incremento de los costos por reemplazo.

b.  Incentivos perversos sobre productividad del trabajo asociado a la sobrecalificación.


c.   Depreciación u obsolescencia de la calificación alcanzada, expresada en pérdida de habilidades profesionales a partir de la desinserción productiva.

d.  Pérdida de los valores consistentes con el proyecto de desarrollo cubano y con la construcción socialista, en la medida que el trabajo debe ser considerado no solo un medio de vida sino como medio de realización profesional e individual.

e.   Relacionado con los dos factores anteriores, riesgos de vulnerabilidad social.


Desde la visión de este trabajo, si bien hay espacios para el perfeccionamiento de la política educacional y los marcos de regulación laboral, no hay duda, que la corrección de estas  distorsiones  dependerá  esencialmente  del  necesario  rediseño  del  sistema  de incentivos en el  modelo económico, sobre lo que se discutirá en el último epígrafe. Las correcciones en este sentido no solo mejorarán los problemas de asignación y sus costos derivados, sino que permitirán potenciar el rendimiento de la fuerza de trabajo calificada a favor del crecimiento.

3.3. Productividad del trabajo: sistema de incentivos y entorno tecnológico


La literatura económica presta una especial atención al tema del impacto de   la productividad de los factores sobre el crecimiento. En el caso de la fuerza de trabajo, es reconocido que su rendimiento está condicionado tanto al sistema de incentivos de la sociedad como a su complementariedad con otros factores en el contexto del patrón tecnológico de que se trate.

En relación a este último aspecto, es aceptado que la combinación efectiva de los recursos laborales con mayor calificación con la disponibilidad de capital y la infraestructura existente, determinan ventajas comparativas a favor de la innovación, el crecimiento y la transformación productiva hacia ramas de mayor valor agregado.

Como se demostró en el capítulo anterior, el patrón de crecimiento que primó en Cuba hasta fines de los ochenta se caracterizó por la correspondencia entre la inversión en calificación y la inversión física. Sin embargo, a partir de los noventa, la combinación de bajas  tasas  de  inversión  con  elevadas  tasas  de  depreciación  de  la  infraestructura empresarial y doméstica, provocaron la descapitalización de la economía y con ello una significativa reducción del acervo de capital por trabajador, lo que perdura hasta nuestros días (Figura 3.5 A).

Conjuntamente, se mantuvo la trayectoria creciente de los gastos en educación aumentando las divergencias entre el nivel de escolaridad y la tasa de inversión, reflejando una mayor velocidad en la formación de la fuerza de trabajo con respecto al capital físico (Figura 3.5 B). Como resultado, la infraestructura productiva se deterioró   respecto a períodos precedentes (Anexo 3.13). A ello se adiciona la contracción relativa de bienes de capital importados a favor de bienes de consumo e intermedios - fundamentalmente alimentos y combustibles - que reducen el potencial efecto de los primeros en materia de difusión y absorción tecnológica implícito en el equipamiento, pudiendo incluso conllevar a una relativa descalificación laboral.



Asimismo, merece prestar atención a la composición del entorno tecnológico que hoy caracteriza a la economía cubana. Más allá de que el acceso a la infraestructura básica es todavía  un  pendiente  en  el  mundo  llamado  en  desarrollo,  en  las  últimas  décadas  la tendencia internacional refleja un desarrollo acelerado de las llamadas tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), como expresión del grado de avance tecnológico




de una economía.90 En este contexto, un análisis comparado de Cuba con otras regiones del mundo arroja un insuficiente avance en esta dirección. Como puede apreciarse en el Anexo
3.14, a pesar del esfuerzo realizado el país se encuentra muy por debajo de la media regional y consecuentemente de los países líderes en esos indicadores.91

El retraso tecnológico no sólo se evidencia en términos de infraestructura pública, sino también empresarial. Una evidencia al respecto se deriva de la encuesta aplicada, donde más del 30 % de los encuestados, con independencia del sector considerado, evaluó el el entorno tecnológico y productivo asociado a su actividad como deficiente (ligeramente superior en la industria manufacturera), mientras que solo el 6 % aproximadamente lo consideró óptimo.  Asimismo, la existencia de problemas técnico materiales en la entidad fue identificada como uno de los problemas que explicaban la no conformidad con la ocupación actual, fundamentalmente en el sector Comercio (Anexos 3.6 y 3.7).

En cuanto a los gastos de I+D, Cuba se encuentra en la media de la región latinoamericana, pero este es sustantivamente inferior a las regiones de mayor dinamismo económico. Asimismo, se manifiesta una relación inversa entre este indicador y el nivel de escolaridad, respecto al observado como regla en estos países.

La Figura 3.6, representan los diferentes patrones de comportamiento entre nivel de escolaridad y gastos en I+D con respecto a la media de una muestra de 31 países. En el cuadrante superior derecho se concentran la mayor parte de los países desarrolladoscon una correlación positiva entre ambos indicadores, mientras que la mayor parte de los países en desarrollo se concentran al otro lado del vértice (esencialmente de Latinoamérica). En los otros dos cuadrantes se ubican comportamientos asimétricos. Así por ejemplo, Portugal y China muestran relativamente bajos niveles de escolaridad en comparación con el esfuerzo en investigación y desarrollo; en tanto Cuba muestra un sesgo hacia la calificación en un contexto de baja inversión en dicha materia. Este significativo rezago es un factor que conspira en contra de la generación endógena de conocimiento técnico y de asimilación
creativa.


90   Dentro  de  loprincipales  indicadores  que  lo  caracterizan,  se  encuentra  la  disponibilidad  de  redes telefónicas, abonados a telefonía móvil, disponibilidad de computadoras, acceso a internet, velocidad de conexión, suscriptores de banda ancha, etc. Ver  CEPAL: Sistema de Información Estadístico de TIC (2010).
91 Si bien en Cuba acceden a Internet 142 personas por cada 1000 habitantes, esta cifra se encuentra muy por debajo de la media mundial de 22,89 usuarios por cada 100 habitantes (De León, 2010).







Otra asimetría emerge entre el potencial científico y la debilidad del sistema nacional de innovación tecnológica, observándose una débil participación de la investigación aplicada. Según Pino y Quevedo (2009), ello se explica  por el exiguo conocimiento tanto de las demandas y necesidades tecnológicas del sector empresarial como de las ofertas del sector científico, la incoherencia en la red de interfases existente en cuanto a su composición, distribución territorial, servicios especializados y mecanismos de acción, así como los insuficientes mecanismos económicos y de otra índole destinados al financiamiento y estímulo a la innovación.

Ciertamente el vínculo entre el sector de ciencia y tecnología y el sector empresarial es extremadamente frágil. A pesar de la presencia de agencias de transferencias tecnológicas en importantes universidades, no se ha logrado traducir generalizadamente la formación en capital humano y los esfuerzos de investigación, en innovación. Esto se explica también por la escasa participación del sector empresarial en la gestión y financiamiento de proyectos conjuntos de investigación, y los vacíos institucionales para promoverlos.
Adicionalmente, se observa el estancamiento de los procesos de innovación reflejados en el bajo número de patentes solicitadas por residentes, incluso en comparación con países latinoamericanos. Asimismo, se  ha  producido una  reducción de  la  autosuficiencia en



92 Azul oscuro: países desarrollados; azul claro: NIC´s y China; naranja: países latinoamericanos.




materia de invenciones y un incremento de la dependencia de invenciones extranjeras

(Tabla 3.4).

Tabla 3.4. Indicadores seleccionados de ciencia y tecnología


2007
2008
2009
2010
Patentes Solicitadas
284
212
231
266
Nacionales
74
56
59
63
% del total de trabajadores en ciencia y técnica
0,10
0,06
0,06
0,07
Coeficiente de Invenciones (a)
0,66
0,50
0,52
0,56
Tasa de dependencia
2,84
2,79
2,92
3,22
Fuente: Elaboración propia a partir de AEC (2011).
(a) Cantidad de solicitudes nacionales por cada 100 000 habitantes.


Incentivos y productividad del trabajo


A lo largo del capítulo aparece de manera recurrente el problema del sistema de incentivos, pero este factor es particularmente relevante para explicar el rendimiento de la fuerza de trabajo calificada de manera directa. No obstante, existe consenso acerca de la importancia de la remuneración dentro de dicho sistema y, por ende, como factor explicativo de la productividad de los trabajadores y su incorporación al mercado laboral.

En los marcos de una sociedad en transición al socialismo, el salario debe cumplir un conjunto de funciones que constituyen su esencia: reproductiva, estimulativa, valorativa y social (Figueroa et. al, 1991). En ese sentido, constituye el medio de reproducción de la fuerza de trabajo; estimula una mayor calificación y preparación de los trabajadores; propicia la valoración de la retribución correspondiente al aporte laboral y sus resultados productivos, equiparándola al nivel de consumo generado; y se vincula al incremento de los ingresos sociales y la elevación del nivel de vida como resultado final de la cantidad y calidad del trabajo. De lo anterior se desprende que, a diferencia de otras economías, en el socialismo el sistema de incentivos debe combinar mecanismos materiales y morales, en pos de la plena realización de la fuerza de trabajo en el proceso de trabajo, tanto en su condición de fuerza productiva, como de copropietario de los medios de producción; lo que deja claro el papel de la remuneración de acuerdo al aporte laboral93.

De no cumplirse adecuadamente este rol, se generan efectos negativos como el desestímulo al trabajo, desvalorización social del mismo y se engendra desigualdad e inequidad social. En términos de eficiencia social, se incorpora además el riesgo de una respuesta en cadena derivada del deterioro de la productividad del trabajo, la incapacidad para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad y una disponibilidad monetaria de la población mayor a la magnitud de bienes y servicios ofertados, que desembocan en inestabilidad económica (Cribeiro y Galtés, 2010).

Al margen de las insuficiencias en períodos previos, es en la década del noventa donde afloran con mayor fuerza las contradicciones del sistema de incentivos en el modelo económico. Aún cuando el programa preservó los logros sociales esenciales, la dimensión de la crisis obligó inevitablemente al ajuste del salario real, considerando además que los niveles de empleo preliminarmente variaron muy poco en relación con la caída del producto. Pero, a pesar del drástico cambio en el entorno económico, los mecanismos de distribución y redistribución de ingresos evolucionaron relativamente poco, respondiendo de manera insuficiente al principio de distribución con arreglo al trabajo e implicando un notorio cambio en el patrón de ingresos de la familia cubana, con consecuencias contradictorias sobre la productividad.
Adicionalmente al drástico deterioro del salario real, en un contexto de dualidad monetaria comenzaron a diversificarse las fuentes de ingresos, ganando importancia formas no salariales. La participación del salario en la estructura de ingresos de las familias, se redujo en  más de un 30 % en las dos últimas décadas, a favor de remesas94 y otros ingresos. A ello se adicionan la debilidad de la distribución con arreglo al trabajo y a los resultados de la organización- primando criterios de igualitarismo por encima de equidad y eficiencia – especialmente en el sector de servicios públicos; escala salarial débilmente indexada al

93  En el caso de Cuba, la ubicación laboral y el desempeño productivo de los trabajadores es también resultado de incentivos no materiales, tales como el compromiso y reconocimiento social, la movilización de energía social a favor de ciertos objetivos, el reconocimiento de la profesión, la posibilidad de ocupar un puesto relacionado con la especialidad, posibilidades de superación profesional, etc.
94 La recepción de 100 USD para un individuo, equivalentes a 87 CUC, representa más de 5 veces el salario medio mensual de la economía. Un monto equivalente a 400 MM por concepto de remesas es equivalente al
14,4% del PIB per pita y el 23,2% del total de ingresos; y asciende al 30.8% y 46.3%, respectivamente, si se consideran 800 MM (datos calculados para el año 2009).




nivel de escolaridad y desvinculada en su mayoría al esfuerzo; reducida diferenciación salarial entre categoría ocupacional, sectores y territorios, mecanismos de remuneración heterogéneos – no siempre  identificado con salario - y poco transparentes como por ejemplo, la estimulación en especie o CUC (Anexo 3.15).

En la encuesta aplicada también afloraron dichos problemas. Por ejemplo, más del 50% de los trabajadores encuestados, no se encontraban vinculados al sistema de pago por esfuerzo y sólo el 21%  consideró esta como relevante. De hecho, el salario fue considerado como uno de los principales determinantes de la inconformidad en el puesto de trabajo en el 60
% de los trabajadores encuestados (Anexo 3.7).


Dentro del consumo de las familias, si bien la distribución a través de fondos sociales no se relacionó con la dualidad, ella impactó significativamente el gasto personal. A pesar de la permanencia de redes de seguridad alimentaria (racionamiento, comedores obreros y otros), más del 50 % del consumo requiere ser completado en el mercado en CUC o liberados donde operan altos niveles de precios— independientemente de los niveles de ingreso (Hidalgo, 2008).

En   tales  circunstancias,  los   mecanismos  de   distribución  de   ingreso  reaccionaron débilmente al cambio del entorno económico. La magnitud y alcance de los subsidios continuaron siendo generalizados, con independencia de las condiciones laborales y de vida de las familias; produciéndose un notorio cambio en el patrón de distribución con efectos contradictorios sobre la productividad. Actualmente, por cada peso de gasto que ejecutan los hogares como parte de su presupuesto, reciben aproximadamente 55 centavos a través de los fondos sociales de consumo. La combinación de esta garantía de consumo, la elevada seguridad en el empleo y los salarios y a la debilidad de mecanismos concretos y expeditos para la penalización de conductas negativas, sin duda afectó la eficiencia productiva  y  social.  Ello  se  expresa  en  una  cultura  productiva  deteriorada,  bajo rendimiento en el trabajo y un deficiente aprovechamiento de la jornada laboral.

Continuará