lunes, 12 de junio de 2017

El cambio climático y la sociopatía de Trump

Jeffrey D. Sachs, Professor of Sustainable Development and Professor of Health Policy and Management at Columbia University, is Director of Columbia’s Center for Sustainable Development and of the UN Sustainable Development Solutions Network. His books include The End of PovertyCommon WealthThe Age of Sustainable Development, and, most recently, Building the New American Economy.

NUEVA YORK – La decisión del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos del acuerdo climático de París no sólo es peligrosa para el mundo: también es sociopática. Trump está infligiendo daño a terceros deliberadamente y sin ningún remordimiento. La declaración de Nikki Haley (embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas) de que Trump no descree del cambio climático lo hace todavía peor: implica que Trump pone en peligro el planeta a sabiendas y descaradamente.

Trump anunció su decisión con altanería, bramando que un acuerdo internacional que es simétrico en todos los aspectos, entre todos los países del mundo, es en realidad un truco, un complot antiestadounidense. Según él, el resto del mundo ha estado “riéndose de nosotros”.

Estas afirmaciones son completamente delirantes, profundamente cínicas o muestra de total ignorancia. Probablemente, las tres cosas. Y hay que denunciarlas por lo que son.

Después de que Trump dijo que su misión es representar a “Pittsburgh, no a París”, el alcalde de Pittsburgh declaró inmediatamente que Trump no representa a su ciudad ni mucho menos. En realidad, Pittsburgh ha transicionado de una economía contaminante basada en la industria pesada a otra avanzada basada en tecnologías limpias. Y es sede de la Universidad Carnegie Mellon, uno de los mayores centros mundiales de innovación en tecnologías informáticas capaces de promover la transición a un modelo de crecimiento no contaminante, altamente eficiente, equitativo y sostenible (o para decirlo en pocas palabras, una economía que sea “inteligente, justa y sostenible”).

El anuncio de Trump es derivación de dos hechos profundamente destructivos. El primero es la corrupción del sistema político estadounidense. La decisión de Trump no fue en realidad sólo suya, sino que refleja la voluntad del liderazgo republicano en el Congreso, incluidos los 22 senadores republicanos que una semana antes habían enviado a Trump una carta en la que pidieron la retirada del acuerdo de París.

Estos senadores, y sus homólogos en la Cámara de Representantes, aceptan sobornos de la industria gaspetrolera, que en 2016 gastó cien millones de dólares en aportes de campaña, de los que el 90% fue para candidatos republicanos. (En realidad, es casi seguro que el total fue mucho más de cien millones, pero la mayor parte es imposible de rastrear.)

El segundo hecho destructivo es la retorcida mentalidad de Trump y sus asesores más cercanos. Defienden con “hechos alternativos” un punto de vista que no tiene ninguna base en la realidad, que es paranoide y malevolente, y que está dirigido a infligir daño a otros, o en el mejor de los casos es indiferente a que otros puedan sufrir daño. “El acuerdo de París”, despotrica Trump, “menoscaba la economía de Estados Unidos para ganar el elogio de los mismos capitales extranjeros y activistas internacionales que hace mucho tratan de enriquecerse a costa de nuestro país”.

Es una locura. El acuerdo de París es un tratado universal entre 193 estados miembros de la ONU para cooperar en la descarbonización del sistema energético mundial y así alejar el riesgo de desastres climáticos como el aumento del nivel de los mares varios metros por encima del actual, tormentas extremas, sequías a gran escala y otras amenazas identificadas por la comunidad científica internacional. Algunas de estas amenazas ya son claramente visibles en zonas vulnerables del planeta.

El acuerdo climático de París demanda a cada país hacer su parte según “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. Las responsabilidades diferenciadas de Estados Unidos surgen del hecho de que es, de lejos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero en cifras acumuladas, y como tal, contribuyó más que ningún otro país al cambio climático. Además, el nivel de emisión per cápita de Estados Unidos es mucho mayor al de cualquier otro país grande. El acuerdo de París no victimiza a Estados Unidos; por el contrario, Estados Unidos es el que tiene más responsabilidad que los otros países de poner la casa en orden.

Según datos del World Resources Institute, Estados Unidos es responsable de nada menos que el 26,6% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero entre 1850 y 2013. La población estadounidense es apenas el 4,4% de la mundial. En síntesis, es Estados Unidos, cuyas emisiones per cápita siempre fueron varias veces más que el promedio mundial, el que está en deuda con la justicia climática, no al revés.

Piénsese en los datos más recientes correspondientes al año 2014 tomados de las Estadísticas de Energía 2016 de la Agencia Internacional de la Energía. La emisión mundial promedio de CO2 por consumo de energía y actividades industriales fue 4,5 toneladas por persona (32 400 millones de toneladas dividido entre 7200 millones de personas, según los datos de la AIE), mientras que las emisiones de Estados Unidos llegaron casi al cuádruple: 16,2 toneladas por persona (5200 millones de toneladas dividido entre 320 millones de personas). Trump acusa al acuerdo de París de tener un sesgo favorable a la India, pero omite decir que las emisiones per cápita de este país son 1,6 toneladas, apenas la décima parte de las de Estados Unidos.

Trump también deplora los aportes que tiene que hacer Estados Unidos al Fondo Verde para el Clima (y encima el nombre le parece gracioso). Se queja porque Estados Unidos ya entregó más de mil millones de dólares, pero no explica al pueblo estadounidense y al mundo que esos mil millones suponen un aporte de 3,08 dólares por cada estadounidense. Es decir que los diez mil millones que Estados Unidos debería aportar a lo largo de varios años apenas son 30,80 dólares por cada estadounidense.

He aquí la simple verdad: el mundo entero necesita pasarse en forma rápida y decidida a un sistema energético con baja emisión de carbono, para poner fin a las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero antes de la mitad del siglo. No hay aquí ninguna trampa contra Estados Unidos. Es una necesidad global, igualmente válida para Estados Unidos, China, la India, Rusia, Arabia Saudita, Canadá y otros países con abundancia de combustibles fósiles, y para las regiones que importan esos combustibles, como Europa, Japón y la mayor parte de África. Felizmente, las tecnologías necesarias ya existen: las fuentes de energía solar, eólica, geotérmica, hidroeléctrica, oceánica, nuclear y otras con baja emisión de carbono.

He aquí otra verdad más simple: con su enorme y rica economía de alto consumo de combustibles, Estados Unidos aportó mucho más que cualquier otro país al peligro global del cambio climático, así que le corresponde aceptar su responsabilidad de ayudar a sacarnos a todos del peligro. Lo menos que uno esperaría es que Estados Unidos se mostrara ansioso por cooperar con el resto del mundo.

En vez de eso, la conducta sociopática de Trump, y la corrupción y malevolencia de los que lo rodean, han generado un total desdén por un mundo que está al borde de una catástrofe provocada por los seres humanos. Los próximos desastres climáticos causados por el hombre tendrían que llamarse tifón Donald, supertormenta Ivanka y megainundación Jared. El mundo no olvidará.

Abrirán nuevas habitaciones en hotel Pullman Cayo Coco (+Video)

Escrito por Lisandra López Pérez (ACN) Foto: www.facebook.com/PullmanCayoCocoCategoría: Economia
Hotel Pullman
Durante la temporada de verano próxima a iniciarse, el hotel Pullman Cayo Coco, al norte de Ciego de Ávila, pondrá en funcionamiento 143 habitaciones para completar al ciento por ciento la instalación que tendrá un total de 566.

Estas se sumarán a las 8 018 en explotación que existen actualmente en el polo, distribuidas en 16 hoteles
“El Pullman se mantiene en la preferencia de los clientes, puesto en evidencia por los altos índices de repitencia y el nivel ocupacional que se encuentra, en estas fechas, a un 90 por ciento como promedio”, destacó Yanet Mora, subdirectora comercial.
“Su mercado principal en la temporada alta fue el canadiense, con presencia también de Inglaterra, Francia y Alemania, y para este período estival se prevé la llegada de españoles y franceses, además de un incremento del turismo nacional.
“Distinguen al lugar, el servicio de restaurantes, con representación de la cocina criolla e internacional, y la animación, que trata de promover y promocionar la cultura cubana en diversas manifestaciones.
“La planta hotelera está dividida en dos secciones, una para adultos y otra para las familias, lo que permite a los usuarios elegir las mejores oportunidades para pasar sus vacaciones, en dependencia de sus gustos y necesidades.”
“Después de las acciones del vertimiento de arena realizado en varios puntos de Jardines del Rey, se tiene un producto con valores agregados y unos 600 metros (m) de playa para disfrute de los bañistas con hermosas vistas”, comentó Jean Christophe Martínez, director general de la instalación.
“Los clientes que recibimos también agradecen y tienen en cuenta para llegar al destino, la puesta en funcionamiento de un vuelo nacional desde hace unos meses, que conecta con la capital cubana y brinda facilidades para mejor movilidad dentro de la Isla, pues muchas veces están interesados en visitar varios lugares en su período de estancia”, dijo.
El Pullman Cayo Coco, inaugurado en diciembre de 2015, pertenece a la cadena francesa Accor, la cual posee más de 1 100 habitaciones localizadas en diversas partes del mundo.
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Cuba y sus circunstancias: socialismo, mercado y propiedad privada.


Por JULIO CARRANZA. El Estado como tal.

Julio Carranza, autor invitado de este blog, somete a consideración del lector su interesante artículo “Cuba y sus circunstancias: socialismo, mercado y propiedad privada”.

Motivado por el debate sobre el socialismo, la reforma económica y el problema de la igualdad que muy oportunamente se ha abierto en Cuba me permito escribir de manera muy sintética y con escasez de tiempo algunas consideraciones generales formadas a lo largo de años entre lecturas, investigaciones, especulaciones, discusiones y experiencias vividas en diversos países y contextos.

En un “olvidado” libro que escribimos en 1995[i] (y que es, en mi opinión, lo más importante que aquellos tres autores han escrito sobre la economía cubana) abordábamos este asunto, o sea la inevitable necesidad de diversificar las formas de propiedad y gestión de la economía y a la vez preservar la condición socialista del sistema. El problema planteado por varios colegas en el intercambio reciente es medular[ii]: la razón de ser de la empresa privada (por mucha responsabilidad social que puedan tener) es la rentabilidad y la acumulación y su impacto sobre el crecimiento de la economía y del empleo depende de esto, lo cual, visto de manera general, conduciría también al crecimiento y concentración de la riqueza y de la propiedad lo que “tropieza” más tarde o más temprano con la lógica del carácter socialista del sistema; la complejidad del asunto es que ambas cosas serían necesarias hoy para el mejor futuro de Cuba: generar riqueza para lo cual hay que necesariamente diversificar las formas de propiedad y gestión y distribuir con justicia la riqueza lo cual supone mantener el carácter socialista del sistema. Con la economía en las condiciones en que está ningún futuro sería mejor (hay suficientes estadísticas y análisis que abundan en los diversos déficits que afectan a la economía nacional y entrampan su recuperación estratégica).

Ya en aquel texto de 1995, como parte de una propuesta bastante integral de reforma económica, argumentábamos sobre la necesidad de diversificar las formas de propiedad y de gestión, pensamos bastante sobre las implicaciones de este proceso, es más, ese asunto era la esencia de lo que allí proponíamos, o para ser exactos, de lo que proponíamos que se debatiera, la necesidad de hacerlo desde entonces nos parecía obvia.

Claro que han pasado 22 años de su publicación en Cuba y 21 de la publicación de su segunda edición ampliada en varios países, muchas cosas han cambiado en el país y en el mundo y todo debe ser revisado a la luz de hoy, con los datos de la actualidad, sin embargo los planteos esenciales allí expuestos me parece que siguen siendo válidos. Sobre esta cuestión específica y medular de la propiedad privada y el mercado en el socialismo, además de las alternativas fiscales que son las clásicas y que deben garantizar tanto los ajustes distributivos adecuados, como el financiamiento de las políticas sociales y de la inversión pública para el desarrollo estratégico del país, también proponíamos, y esto es fundamental, establecer formas de coinversión y cogestión entre el estado y el sector privado y cooperativo solo a partir de determinados niveles de crecimiento de esas empresas y del sector en el cual estuvieran operando, esto no le ponía tope a la rentabilidad del sector privado, ni al establecimiento de pequeñas y medianas empresas cooperativas y privadas, ni desincentivaba su inversión, ni condenaba sus ingresos a ser destinados exclusivamente al consumo o al ahorro puesto que mantenía abierta la puerta a nuevas formas de inversión conjunta, pero sí impedía su control creciente sobre los medios de producción (sobre las diversas formas de coinversión y cogestión público privada hay una extensa y apreciable experiencia en los casos de China y Vietnam que debe ser examinada). Además de que la inversión privada nacional estaría limitada en sectores estratégicos de la economía. En el caso de la inversión extranjera se proponían otros controles diferentes con el mismo objetivo, o sea garantizar niveles adecuados y competitivos de rentabilidad sin enajenar el control sobre los recursos de la nación.

También insistíamos en lo esencial de la reforma de la empresa estatal en el sentido de una mayor autonomía, participación de los trabajadores y descentralización basada en su propia rentabilidad, acompañado de una planificación más indirecta y estratégica compatible con los altos niveles de descentralización de la economía, manteniendo su carácter directivo solamente para empresas e inversiones de máxima prioridad e impacto estratégico en el desarrollo del país. Nótese que con toda intención digo empresa estatal, no digo empresa socialista, tampoco digo empresa capitalista cuando me refiero las empresas privadas, lo que es capitalista o socialista es el sistema en el cual estas actúan, o ¿acaso a las numerosas empresas estatales o públicas en los países capitalistas se les puede llamar empresas socialistas debido a su carácter estatal?!

En aquel texto decíamos y hoy insisto, en que lo que define a una sociedad socialista no es la supresión del mercado, tampoco la eliminación total de la propiedad privada sobre medios de producción, lo que define al socialismo es la supresión de la hegemonía del capital que es algo diferente. El socialismo, como la historia se ha encargado de demostrar hasta la saciedad, no es la primera sociedad no mercantil, es, quizás, la última de las sociedades mercantiles. Para decirlo con otra palabras: mercado sí, pero regulado, propiedad privada sí pero acotada (no fundamentalmente en su “riqueza” ni en sus alternativas de inversión, si no en su control de los medios de producción).

La discusión es compleja pero necesaria y claro que no son suficientes declaraciones generales para terciar el debate, sino también propuestas específicas basadas en los datos concretos de la realidad acerca de cómo alcanzar los objetivos propuestos, incluso debatir si es posible alcanzarlos en el contexto actual y en qué plazos. Hay bastantes aportes hoy en estos intercambios con consideraciones y debates serios basados en estadísticas comparadas, referencias a textos y a autores fundamentales, consideraciones técnicas, cálculos sobre inversión, productividad, tasas de cambio, equilibrios macroeconómicos, proyecciones, reflexiones críticas sobre experiencias pasadas, análisis de coyunturas, etc. que son muy útiles y deben ser tomadas en consideración porque aportan mucho para el aterrizaje de cursos específicos de acción, me refiero esencialmente a aportes de economistas que con diversidad de puntos de vista se adscriben a una propuesta socialista[iii] Hay también una larga lista de otros autores que abogan y argumentan sobre una restauración capitalista, estos también deben ser considerados en el debate aun cuando no compartamos sus paradigmas y objetivos, muchas veces hacen aportes útiles que debemos incorporar a nuestras reflexiones sobre esta muy compleja realidad. No es la pretensión de este texto entrar ahora en esos detalles más específicos.

Creo que la discusión sobre estas definiciones conceptuales en Cuba son aún más determinantes y sobre todo hoy, pues en ningún caso el país clasificaría en la situación que el pensamiento marxista clásico definía como condiciones para el socialismo (sociedades desarrolladas y sistema internacional) además de que lo que fueron las grandes apuestas de la Revolución al decidir su opción socialista para garantizar su sostenibilidad y desarrollo en el largo plazo, no se cumplieron excepto una, quizás la más importante, aunque no suficiente: la capacidad de resistencia del pueblo cubano (al menos hasta el momento), las demás cuya realización era difícil pero posible vista desde aquellos días ya lejanos y por las cuales se trabajó y se luchó mucho se fueron perdiendo una a una, a saber: a) la expansión y fortalecimiento del campo socialista: que, a pesar de sus contradicciones, parecía su curso natural en la década de los 60 y los 70, sin embargo un par de décadas después este no sólo se debilitó sino que desapareció, su impacto sobre Cuba fue tremendo y no solo en lo económico b) el triunfo de los movimientos revolucionarios en América Latina: que alcanzaron niveles muy altos en importantes países de la región pero que, salvo en Nicaragua, no obtuvieron el triunfo político por el cual luchaban, muchos de ellos no sólo fueron vencidos militarmente, sino que también política e ideológicamente, enfrentados no solamente a las fuerzas reaccionarias locales sino a la “ayuda” militar y de inteligencia de potencias internacionales tanto de Estados Unidos como de Europa e Israel (ver por ejemplo el importante libro de Marie-Monique Robin “Escuadrones de la Muerte: La Escuela Francesa”)[iv] c) el declinar del poder y la influencia de Estados Unidos para imponer sus intereses a nivel internacional: lo cual parecía también posible en la década de los 60 y primeros 70s con la intensidad que tomaba la lucha progresista por los derechos civiles en ese país, el repudio a la guerra de Vietnam y el final que esta tuvo, la desconexión del dólar del patrón oro, el caso Watergate, etc. sin embargo el curso final de los acontecimientos reforzó la hegemonía mundial de los Estados Unidos por más que se pueda matizar esta afirmación.

A todo esto habría que añadir procesos no conocidos en los 60 y 70, incluso en los 80s: el enorme nivel de influencia y alcance de los medios masivos de comunicación dominados por las grandes empresas de la información bajo control fundamentalmente de Estados Unidos y basados ahora en el avance exponencial de las tecnologías, la integración y el control de los mercados financieros internacionales e incluso el rumbo de las reformas de mercado en países socialistas como China y Vietnam y más recientemente el declinar de la influencia de procesos progresistas en diferentes países de la región, hoy en situaciones muy difíciles como es el caso de Venezuela y Brasil (ambos habían significado una importante alternativa económica para el país). Habría también que añadir el curso, aún incierto y complejo, de la política norteamericana hacia Cuba y desde el punto de vista interno: la ausencia del liderazgo histórico de la Revolución (el fallecimiento de Fidel Castro y el próximo retiro en febrero de 2018 de Raul Castro como Jefe de Estado y de Gobierno), que como quiera que se vea es el ascenso de una nueva generación al máximo poder del Estado, la cual, por razones obvias, no tiene la misma autoridad histórica, ni la influencia, ni las condiciones históricas que la anterior para establecer el consenso nacional en condiciones extremadamente complejas, más aún en una situación en la cual la economía no parece encontrar una ruta de crecimiento suficiente y sostenido, lo cual impacta y en muchos casos hace retroceder el nivel de vida de sectores mayoritarios de la población en un contexto de mayor desigualdad.

De modo que, como consecuencia de todos esos factores enumerados de manera muy rápida, para Cuba (país pequeño, sin grandes recursos naturales y en una posición geográfica muy difícil) el desafío es enorme y en efecto hay que asumir la necesidad impostergable de una reforma, como de una manera u otra y a diferencia de los años 90 y primeros del 2000, con mayores o menores reservas, viene siendo aceptado en diferentes documentos oficiales sometidos al debate social (no me parece que el concepto más preciso sea actualización, aunque no es su denominación la cuestión esencial).

Ese proceso de cambios debería tener un carácter integral y plantearse: recuperar la economía sobre la base de mayores niveles de eficiencia y la mayor capacidad para producir y distribuir ingresos (reforma empresarial integral, nuevas formas de gestión, mayores espacios e incentivos a las iniciativas y a la innovación y a la inversion, unificación monetaria y equilibrio financiero, recuperación del salario, ajustes fiscales, nuevas políticas sociales más focalizadas, nuevas inserciones internacionales, una más clara estrategia de desarrollo, etc.) a la vez que sostener la soberanía del país, elevar los niveles de participación política y garantizar los niveles más altos posibles, insisto, posibles de igualdad social, pues aspirar a sostener los altos estándares de igualdad que la Revolución alcanzó en el pasado sería hoy un imposible e impediría la rearticulación imprescindible de la economía.

Ya en nota anterior decía que las diferenciaciones en los niveles de ingresos a los que la nueva economía más abierta y descentralizada da lugar deben entenderse como una necesidad (en el sentido filosófico del término) y no como una virtud que deba ser elogiada. La política económica habrá siempre de actuar para reducir esa brecha e impedir que la dinámica del mercado y la acumulación la coloquen en niveles incompatibles con la esencia de un modelo social basado en principios a los cuales no se ha renunciado. No se trata de reproducir políticas del pasado cuyo efecto fue la “igualación hacia abajo” y el consecuente desestimulo a la eficiencia, la productividad, la iniciativa y la innovación, factores claves para la viabilidad de la reforma económica en curso.

La igualdad social, la libertad, y la dignidad plena del ser humano deben ser el factor esencial en la definición de cualquier propuesta socialista por condicionada que esta esté a las realidades que impone la actual situación de la economía y los mercados internacionales, sin embargo las inevitables diferencias de ingresos, deben asumirse como parte del modelo económico necesario e integrarse a lo común de la dinámica social, pero estas no deben ser extremas ni conducir a exclusiones y marginalidad[v]. La igualdad y la justicia social no se deben remitir solamente a los ingresos monetarios de las personas, el acceso universal y gratuito a la salud, la educación y la seguridad social son conquistas irrenunciables de una alternativa socialista. En esto media la política, que en una perspectiva socialista, no puede reducirse a la buena administración de la economía, aunque tampoco puede ser contraria a esta.

Hacer afirmaciones abstractas, sin atender los datos de la realidad de Cuba y del mundo o declaraciones doctrinarias vacías que apelen a un igualitarismo imposible de sostener, así como considerar que el socialismo, aun el socialismo desarrollado, puede alcanzar la igualdad total es solo un radicalismo fatuo que lejos de contribuir a solucionar los principales problemas de la nación, condena el futuro y cierra la movilidad social a la que legítimamente aspiran las nuevas generaciones. Esto no niega de ninguna manera que la aspiración a los mayores niveles de igualdad posibles sea una preocupación y ocupación permanente de la política y la construcción de valores éticos como la solidaridad un objetivo fundamental de la educación.

La construcción del consenso social, factor imprescindible para una Cuba que aspire a mantener su soberanía frente a enormes desafíos internacionales, supone necesariamente una economía con tasas de crecimiento sostenidas y niveles adecuados de redistribución de la riqueza, que sin ser igualitarios, sean incluyentes y abran diversas oportunidades de desarrollo social a toda la población sobre todo a las nuevas generaciones, ahí debe haber una medición permanente de los diferentes indicadores para medir la igualdad (coeficiente Gini y otros) que permiten observar adecuadamente el proceso y desde el poder político realizar a tiempo las correcciones convenientes y posibles.

Para el gobierno de la nueva generación el reto de lo económico es enorme, pero más complejo aún es el reto de lo político, sin olvidar que ambos están estrechamente ligados[vi]. Ya no es posible la forma de estado teóricamente definida en el pensamiento clásico[vii] y practicada (con muchas insuficiencias) en las experiencias del socialismo histórico, Cuba incluido, que legitimaba un mayor nivel de control y restricción de espacios no ya a los opositores activos del sistema manipulados por poderes e intereses transnacionales y que se asumían siempre como pequeñas minorías, sino a cualquier propuesta o demanda critica por justificada y argumentada que estuviera[viii], lo cual ya no es posible debido a la historia y al dominio casi absoluto en la comunidad internacional de la concepción que vincula casi como un acto de fe la formalidad de la democracia representativa con el respeto a los derechos humanos del individuo, de hecho ya nadie reivindica en la arena internacional (Cuba tampoco a pesar de que ha mantenido la esencia de su sistema político) el viejo y superado concepto (en mi opinión siempre mal entendido y peor implementado) de “la dictadura del proletariado”.

Esto no es solo el resultado de la influencia ideológica del capitalismo, sino también de los tremendos errores del socialismo histórico, que lejos de entender la democracia como una conquista de la humanidad, deformada en el capitalismo por la interferencia de los poderes económicos de los sectores dominantes tanto a nivel nacional como internacional, la enfrentó como un rasgo del viejo sistema que se debía superar y en vez de, para rescatar sus contenidos esenciales, despojarla de la influencia determinante de los poderosos intereses específicos que la reducen en gran medida a una formalidad vacía de contenidos (más aún en el mundo subdesarrollado) la sustituyeron por regímenes cerrados donde el poder fue ejercido esencialmente por la burocracia, con lo cual se ocluyó también la consolidación del socialismo mismo, porque su sujeto social, la ciudadanía (y como parte esencial de esta el pueblo trabajador), termina sintiéndose enajenada del poder político que ya solo formalmente le pertenece, el impacto de esto sobre las nuevas generaciones es desbastador, es como el avance de una enfermedad silenciosa cuya consecuencia fatal es “la despolitización” de la juventud[ix], ahora además impactada por la fuerte propaganda política, cultural y comercial de los medios masivos de comunicación que montado en las nuevas tecnologías han derribado todas las fronteras y han puesto a su alcance una audiencia universal.

Esto obliga a enfrentar y resolver también un reto comunicacional que supere el primitivismo, la opacidad y el carácter reactivo, cerrado y defensivo de los sistemas de información pública que ha caracterizado al socialismo histórico, también aquí Cuba incluida.

El socialismo histórico no supo superar con creatividad las restricciones a la cual obligaron los primeros años de guerra directa que de una forma o de otra afectaron a todas las experiencias revolucionarias, tampoco superaron con creatividad las definiciones clásicas que solo delinearon en sus aspectos más esenciales las formas del nuevo estado (aquellas no podían hacer otra cosa, puesto que esa era entonces una experiencia aún por vivir).

Las formas cerradas de gobierno que las agresiones imponían como una necesidad para la defensa ya no sólo del nuevo sistema, sino incluso para la defensa de la soberanía nacional, fueron convertidas con el tiempo en “rasgos definitivos”, casi “principios incuestionables” del sistema donde la burocracia, que generaba sus propios intereses, encontró una forma cómoda de gobernar, sin entender que con ello se estaba cerrando el paso al futuro del sistema mismo, las lecciones de la historia son duras, pero o se entienden y se asumen o se condena el porvenir.

Cuba está hoy en esa encrucijada y está además sola. Para decirlo de otra manera, el socialismo del futuro será democrático o no será, pero esto no quiere decir reproducir las deformaciones de la “democracia” de los sistemas políticos capitalistas, sino construir una nueva concepción que se abra a libertades crecientes y a la mayor participación a la vez que preservando la esencia social del sistema.

Es preciso construir una “esfera pública” para la circulación abierta de las ideas, las opiniones, las propuestas y las demandas sociales, sin esta el cuerpo político se debilita y el futuro queda comprometido.

Se puede argumentar que las agresiones no cesan y que los intereses antinacionales, como el dinosaurio de Monterroso, todavía están ahí! y es cierto, pero esta realidad ya hoy no exime la necesidad de superar las torceduras de la historia. Difícil reto, pero hay que asumirlo y también en Cuba, esto por supuesto que hace más complejo la construcción del consenso, el “arte” de la política y la reproducción misma del sistema político, pero a esa ruta no hay alternativa, ya no hay “atajos”, creo yo.

La diversificación de la economía, el sector privado, el mercado y la descentralización, imprescindibles hoy, así como su inevitable impacto en diferenciaciones relativas en los niveles de ingresos monetarios de los ciudadanos no impiden per se que el mercado este subordinado a la política y el interés privado al interés público.

Las instituciones, la participación democrática y las regulaciones constitucionales y legales establecidas desde el poder político son los únicos garantes de esa condición. Por ello, el sistema político debe representar la diversidad social a la que la reforma económica da lugar y a la vez la reforma económica por profunda y diversa que deba ser no debe dar lugar a una clase económicamente dominante que adquiera el control de los medios fundamentales de producción y por lo tanto los destinos del país y eso no excluye ni al mercado ni a la empresa privada en el contexto de un sistema y un estado (que no digo solo gobierno) auténticamente socialistas.

8 de junio 2017

Citas

[i] Julio Carranza, Luis Gutierrez, Pedro Monreal: Cuba: La reestructuración de la economía (Una propuesta para el debate). Libro Edit. C. Sociales, Cuba 1995; Edit. IEPALA, España 1996; Edit. Nueva Sociedad, Venezuela 1997; Edit. Alerce, Chile 1997; Edit. Institute of Latin American Studies. London University, Inglaterra 1997 (dos ediciones)

[ii] Ver notas de J. Gómez Barata: De Adam Smith a Marino Murillo: La Riqueza de las Naciones en Moncada 5 de junio 2017, H. Perez, comentario al texto de Gómez Barata, P. Monreal: Desarrollo, pobreza y normas sociales en blog El estado como tal, 31 mayo 2017, Ricardo Torres, Riqueza, propiedad y otros males en Progreso Semanal 6 de junio 2017, etc.

[iii] Ver diversos textos de destacados economistas como por ejemplo J. Triana, H. Perez, P. Monreal, J. L. Rodriguez, M. Figueras, F. Vascos, J. Diaz Vázquez, etc.

[iv] Marie-Monique Robin “Escuadrones de la Muerte: La Escuela Francesa” Editorial: SUDAMERICANA

2005

[v] Ver Julio Carranza “Dinamizar el cambio y retener los mayores niveles de justicia e igualdad social posibles” en Cuba Posible 7 de junio 2015

[vi] Ver la notable entrevista realizada a Juan Valdés Paz “El socialismo no puede posponer la democracia que ha prometido” en Catalejo, 15 de abril 2016.

[vii] Sobre esto hay varios textos fundamentales, pero por su carácter sintético recomiendo repasar la carta de K. Marx a J. Weydemeyer del 5 de marzo 1852 en K. Marx Obras Escogidas, en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1974, t. I.

[viii] Recordar las advertencias de Rosa Luxemburgo sobre las negativas restricciones de la libertad por parte del nuevo estado revolucionario, ella no negaban la fuerte defensa del nuevo sistema frente a la amenazas de la poderosa reacción interna e internacional, pero señalaba que en nombre de esa defensa no se podían cerrar las libertades del individuo y los colectivos aun cuando estas no coincidieran con la política oficial: “el socialismo, según su naturaleza, no se deja otorgar, imponer por Ucase. Tiene como condición una serie de medidas por la fuerza – contra la propiedad privada, etc. Lo negativo, la reducción, se puede decretar; la construcción, lo positivo, no. Tierra nueva. Miles de problemas. Sólo la experiencia es capaz de corregir y abrir nuevos caminos. Solamente la vida desenfrenada, desbordante cae en miles de nuevas formas, improvisaciones, recibe fuerza creadora, se corrige ella misma todas sus equivocaciones. La vida pública de los estados con libertad restringida es justamente por eso tan indigente, tan pobre, tan esquemática, tan infecunda, porque a través de la exclusión de la democracia se cortan las fuentes vitales de toda la riqueza espiritual y del progreso.” Luxemburg, Rosa. “Sobre la revolución rusa” en: OC, tomo 4, p. 360

[ix] Ver la interesante reflexión de Carlitos en “No hay tercera vía, hay participación o habrá despolitización” en blog A mano y sin permiso, 3 de junio 2017

Instalan el primer cable de esquí del país en Cayo Guillermo


El Ministerio de Turismo (Mintur) propicia el desarrollo de actividades de aventuras como parte de la espiral creciente de la industria de los viajes, hoy con un cable de esquí en el centro del país.

Un reporte del periódico Juventud Rebelde, relata que en la zona de Jardines del Rey, en particular en Cayo Guillermo, instalan el primer cable de esquí del país, a su vez pionero del área caribeña.

El reporte agrega que la instalación está en fase de ejecución y comenzará a operar a fines de este año, lo que reforzará la temporada turística de invierno (noviembre-abril) en la región centro norte de la provincia de Ciego de Ávila.

La obra está a cargo de la compañía alemana CON-IMPEX, y se encuentra en áreas aledañas al Centro de Interacción con Delfines, y cerca de la zona donde se practica el kite surf.

El gerente general de CON-IMPEX, Piter Apel, dijo que el cable esquí es un sistema eléctrico con un motor que siempre hala a la misma velocidad, además de ser muy potente y seguro.

Insistió en que será el primero de su tipo en el área del Caribe, aunque en Cancún, México, existe uno, pero más pequeño que el que se construye en Cuba.

Perteneciente a la sucursal extrahotelera Palmares el Cablepark es un producto en el cual el cliente puede aprender y practicar las modalidades de esquí acuático y wakeboard a una velocidad constante.

Además, no afecta al medio ambiente, pues la circulación del agua le aporta oxígeno, por lo que aumenta cualitativamente la calidad del líquido, perfecta propuesta entre diversión, deporte y disfrute de la naturaleza.

Cayo Guillermo abarca 13 kilómetros cuadrados, con seis kilómetros de playas.

Ese escenario, por sus condiciones naturales, constituye uno de los principales escenarios para el desarrollo de la náutica recreativa, modalidad que cobra fuerza dentro del turismo insular.

Jardines del Rey, está formado por los cayos Coco, Guillermo, Media Luna, Paredón Grande y Antón Chico, región considerada por los expertos parte de los más importantes destinos turísticos de Cuba.

Posee ocho mil habitaciones en 16 hoteles de cuatro y cinco estrellas, una rica vegetación y 40 kilómetros de excelentes playas, agrega el informe.

Sesionará en La Habana Convención Internacional Agroforestal

Foto: Tomado de www.inaf.co.cu
LA HABANA.–Más de 600 delegados cubanos y extranjeros asistirán a la Convención Internacional Agroforestal, que se realizará desde el martes 13 y hasta el viernes 16 en el Palacio de Convenciones de La Habana.
El evento posibilitará a especialistas, académicos, empresarios y productores intercambiar sobre cómo incrementar la calidad y los rendimientos de las cadenas productivas, dijo a la prensa Humberto García Corrales, director general del Instituto Nacional de Investigaciones Agroforestales (INAF).
Aseveró que a la cita concurrirán representantes de 19 naciones, entre las que sobresalen México, Colombia, Chile, Argentina, Costa Rica, Ecuador, Etiopía, Congo, Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia.
Mencionó entre los temas a debatir la preservación de los bosques y la sociedad, producción de energía y biomasa forestal, biodiversidad y servicios ecosistémicos, plagas y enfermedades, manejo de las plantaciones de cacao, flora apícola y cambio climático.
La convención incluye el VII Encuentro Internacional de Jóvenes Investigadores Agroforestales, el VII Simposio Internacional de Apicultura y el III Congreso de Café y Cacao.
De acuerdo con García Corrales, el INAF desarrolla 52 proyectos de investigación, dirigidos principalmente a las demandas del sistema empresarial y los intereses de los programas nacionales, en aras de obtener mejores resultados en las producciones cafetaleras, cacaoteras y forestales.
También explicó que efectúan intercambios de colaboración con Vietnam, Italia y Francia, y mantienen vínculos con la Agencia de Medio Ambiente, de Cuba, mediante los proyectos Manglar Vivo y Colectando Paisaje, para la conservación de los ecosistemas.