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domingo, 28 de julio de 2019

La crisis de la democracia angloestadounidense

Jul 25, 2019 JEFFREY D. SACHS

NUEVA YORK – ¿Cómo fue que las dos democracias más venerables e influyentes del mundo (el Reino Unido y Estados Unidos) terminaron con Donald Trump y Boris Johnson al mando? No se equivoca Trump al decir que Johnson es el “Trump del RU” (sic). Y no es meramente cuestión de personalidades o estilos similares: también es un reflejo de defectos patentes en las instituciones políticas que permitieron a esos hombres llegar al poder.

Trump y Johnson son ejemplos de lo que el físico y psicólogo irlandés Ian Hughes llama “mentes desordenadas”. Trump es un mentiroso, promotor del racismo y evasor de impuestos a gran escala. El informe del fiscal especial de los Estados Unidos Robert Mueller sobre sus 22 meses de investigación de la campaña presidencial de 2016 describe reiterados casos de obstrucción de la justicia por parte de Trump. Acusado por más de 20 mujeres de depredación sexual, una conducta de la que alardeó en una conversación que quedó grabada, instruyó a su abogado para que hiciera pagos ilegales a cambio de silencio, lo que constituye una infracción a la legislación sobre financiación de campañas.

La conducta personal de Johnson es igualmente incontinente. Tiene amplia fama de mentiroso y de llevar una vida desordenada, que incluye dos matrimonios fallidos y un aparente altercado doméstico en vísperas de convertirse en primer ministro. Perdió varios empleos por mentiras y otras conductas vergonzosas. En 2016 llevó adelante la campaña por el Brexit sobre la base de afirmaciones que resultaron falsas. Como secretario de asuntos exteriores del RU, filtró en dos ocasiones datos de inteligencia secretos (en un caso, información de Francia sobre Libia y en el otro información del RU sobre Irán). Como Trump, tiene altos índices de desaprobación en todas las franjas etarias, y sus índices de aprobación aumentan con la edad del encuestado.

El historial de Trump en el gobierno plantea otro enigma político. Sus políticas son en general impopulares, y rara vez reflejan una mayoría de la opinión pública. Su victoria legislativa más importante (la rebaja impositiva de 2017) fue impopular en aquel momento y todavía lo es. Lo mismo puede decirse de sus posturas en relación con el cambio climático, la inmigración, la construcción de un muro en la frontera con México, el recorte de gastos sociales, la eliminación de componentes fundamentales del Obamacare, la retirada del pacto nuclear con Irán y muchos otros temas. El índice de aprobación de Trump nunca pasa de 50%, y en la actualidad se sitúa en cerca del 43%, con 53% de desaprobación.

Trump lleva adelante su impopular agenda mediante decretos de emergencia y órdenes ejecutivas. Si bien los tribunales anularon muchos decretos, el proceso judicial es lento, sinuoso e impredecible. En la práctica, Estados Unidos está tan cerca del gobierno unipersonal como pueda imaginarse dentro de los precarios límites de su Constitución.

Es posible que el caso de Johnson sea similar. La opinión pública le dio la espalda al Brexit (el caballo de batalla de Johnson) después de que las negociaciones con la Unión Europea dejaron a la vista las mentiras y exageraciones de la campaña por la salida del bloque antes del referendo de 2016. Pese a que la opinión pública y una mayoría de los parlamentarios se oponen firmemente a un Brexit sin acuerdo, Johnson prometió ese resultado si no consigue negociar una alternativa.

Hay una respuesta obvia a la pregunta de cómo dos democracias venerables instalaron mentes desordenadas en el poder y les permitieron aplicar políticas impopulares. Pero también hay una más profunda.

La respuesta obvia es que Trump y Johnson obtuvieron el apoyo de votantes más viejos, que en décadas recientes se sintieron marginados. Trump atrae especialmente a varones conservadores blancos de más edad desplazados por el comercio internacional y la tecnología (y en opinión de algunos, por los movimientos estadounidenses a favor de los derechos civiles, femeninos y sexuales). Johnson atrae a votantes de más edad que fueron muy afectados por la desindustrialización y a los que añoran los tiempos gloriosos en los que el RU era una potencia global.

Pero esta explicación es insuficiente. El ascenso de Trump y de Johnson también refleja una falla política más profunda. Los partidos que se les opusieron, el Demócrata y el Laborista respectivamente, desatendieron las necesidades de los trabajadores desplazados por la globalización, que entonces migraron a la derecha. Pero Trump y Johnson promueven políticas (rebajas de impuestos para los ricos en Estados Unidos, un Brexit sin acuerdo en el RU) contrarias a los intereses de sus bases electorales.

El defecto político común a ambos países está en la mecánica de la representación política, sobre todo sus sistemas de votación uninominales. La elección de representantes por mayoría simple en distritos uninominales fomentó en Estados Unidos y en el RU el surgimiento de dos partidos dominantes, en vez de la multiplicidad de partidos elegidos en los sistemas de representación proporcional de Europa occidental. El sistema bipartidista, conducente a una política en la que el ganador se lleva todo, no representa los intereses de los votantes tan bien como los gobiernos de coalición, que deben negociar y formular políticas que sean aceptables para dos o más partidos.

Veamos el caso de Estados Unidos. Trump domina el Partido Republicano, pero solo el 29% de los estadounidenses se identifican como republicanos, mientras que 27% se identifican como demócratas y 38% como independientes que no se sienten cómodos con ninguno de los dos partidos pero no tienen una alternativa que los represente. Tras obtener poder dentro del Partido Republicano, Trump consiguió por escaso margen la presidencia, con menos votos que su rival Hillary Clinton pero con más delegados en el Colegio Electoral. En 2016 solo votó el 56% de los estadounidenses con derecho a votar (resultado en parte de los esfuerzos deliberados de los republicanos para dificultar el voto); es decir que Trump recibió el apoyo de apenas el 27% de los votantes habilitados.

Trump controla un partido que representa a menos de un tercio del electorado, y gobierna en general por decreto. En el caso de Johnson, menos de 100 000 afiliados conservadores lo eligieron como líder del partido, lo que lo convirtió en primer ministro, pese a que su índice de aprobación apenas llega al 31% (contra un 47% que lo desaprueba).

Los politólogos predicen que un sistema bipartidista representará al “votante medio”, porque cada partido se correrá hacia el centro para conseguir la mitad de los votos más uno. Pero en la práctica, los cálculos de los partidos estadounidenses durante las últimas décadas estuvieron dominados por la financiación de las campañas, así que los partidos y los candidatos gravitaron hacia la derecha para congraciarse con los donantes ricos. (El senador Bernie Sanders está tratando de quebrar el dominio de las grandes fortunas recaudando grandes sumas de pequeños donantes).

En el RU, ninguno de los dos partidos principales representa a la mayoría que se opone al Brexit. Pero aun así, es posible que el sistema político británico permita a una facción de un único partido tomar por el país decisiones históricas y duraderas a las que la mayoría de los votantes se opone. Peor aún, la política uninominal ha permitido a dos personalidades peligrosas obtener el poder nacional a pesar de una amplia oposición pública.

Ningún sistema político puede traducir perfectamente la voluntad general en políticas públicas, y a menudo la voluntad general está confundida, desinformada o influida por pasiones peligrosas. El diseño de las instituciones políticas es un desafío que evoluciona todo el tiempo. Pero hoy, debido a sus anticuados sistemas uninominales, las dos democracias más antiguas y veneradas del mundo están funcionando mal, y peligrosamente mal.

Traducción: Esteban Flamini


JEFFREY D. SACHS, Professor of Sustainable Development and Professor of Health Policy and Management at Columbia University, is Director of Columbia’s Center for Sustainable Development and of the UN Sustainable Development Solutions Network. His books include The End of Poverty, Common Wealth, The Age of Sustainable Development, Building the New American Economy, and most recently, A New Foreign Policy: Beyond American Exceptionalism.

¿Quién va ganando la guerra comercial entre China y EEUU?


Por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

En México se suele estar abrumado por los multimedia de Estados Unidos/Gran Bretaña y sus sucursales locales, y no se toma en cuenta dialécticamente la antítesis de la contraparte afectada, como es el caso flagrante de China en la guerra comercial que inició Trump.

Si uno se basa en los tuits de Trump, pues prácticamente China estaría liquidada en forma absurda, lo cual atenta contra la realidad.

Trump es un excelente propagandista como se entrenó 13 años en su programa de reality show The Apprentice (https://imdb.to/2K3Pjtn), además de ser un consagrado blufista de póquer, lo aprendió en sus casinos y con su socio israelí Sheldon Adelson, mandamás de Las Vegas y Macao.

Sucede que hay categorías entre los 193 países de la ONU, cuando unos, como vulgares naciones bananeras sucumben al primer amago de amenazas de Trump, y otros, como las superpotencias, Rusia y China –incluso India– lo paran en seco.

En estos momentos Norcorea e Irán –y hasta la Unión Europea– han descubierto los alcances de los blufs de Trump, que pueden ser muy letales cuando los países afectados carecen de anticuerpos, ya no se diga de un sistema inmunológico ni de resiliencia ni carácter.

El punto de vista de China sobre la guerra comercial que libra EEUU es diametralmente opuesto a la propaganda electorera de Trump.

Yu Jincui, del Global Times, alega que “EEUU está más ansioso para un arreglo que China (https://bit.ly/2LFv5t2)”.

La guerra comercial de Trump, que ha durado un año, ha afectado a importantes segmentos de la economía de EEUU –aunque no la bolsa de Wall Street, donde la inminente disminución de las tasas de interés puede servir a Trump para su anhelada relección, entre otros factores–, como el área rural que ha periclitado, además del sector ya de por sí alicaído de la manufactura que se encuentra al borde de la recesión cuando la deuda de EEUU está a punto de alcanzar su récord.

En síntesis, a juicio de Yu, los consumidores, los granjeros y los manufactureros son todos víctimas, por lo que Trump confronta una presión creciente para finiquitar su guerra comercial contra China, en rechazo a la cual se han expresado públicamente sus Cámaras de Comercio.

Pese a que Trump se ha autoelogiado como el Rey de las Tarifas enmarcadas con su frase indeleble las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar(sic) –relativizando el grado de codependencia del país afectado–, los tuits del presidente no han (con)movido a China, a pesar de que en la histórica cumbre del G-20 en Osaka, en la reunión bilateral al margen entre Trump y el mandarín Xi acordaron una tregua, donde el mandatario de EEUU ni siquiera pudo sacar la firma de Beijing para la necesitada compra de sus productos rurales, sino vagas promesas no-vinculantes, cuando China busca la exoneración de Huawei, una de sus joyas tecnológicas, y guarda en el bolsillo dos armas letales: la prohibición y/o el incremento de las tarifas a la exportación de sus “minerales de tierras raras (https://bit.ly/2EGM09J)”, y el dumping de sus cuantiosas reservas de Bonos del Tesoro de EEUU que pondrían a prueba el orden financiero global basado en la unipolaridad aberrante del dólar.

Yi juzga que China y EEUU desean concluir la guerra comercial, pero China está más tranquila que EEUU.

Hoy hasta Boris Johnson, el flamante premier británico y supremo aliado de Trump, coquetea con la Ruta de la Seda de China.

Es absurdo pretender que una de las dos superpotencias geoeconómicas va a ganar. Las dos pierden, máxime que tienen una gran complementariedad en sus cadenas de suministro, lo cual daña las economías del mundo entero, con mayor dolo en Latinoamérica.

Ni siquiera EEUU tiene fácil el panorama militar cuando China acaba de publicar su vigoroso Libro Blanco de “Defensa para una Nueva Era (https://bit.ly/2ZeHcAn)”.

El tiempo chino le gana a Trump: China lleva una ventaja institucional cuando puede esperar el desenlace de la elección presidencial de EEUU, mientras el mandarín Xi ha sido elegido de por vida por su Partido Comunista.

China espera y EEUU desespera.

Nueva planta Cloro Sosa de Villa Clara, en fase de puesta en marcha

En este artículo: Cuba, Economía, Industria, Química, Villa Clara
28 julio 2019 | + |


El Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez durante recorrido en la planta. Foto: Granma.
La nueva Planta Cloro Sosa perteneciente a la Empresa Electroquímica de Sagua la Grande fue puesta en marcha luego de un arduo proyecto de reconversión tecnológica, que se extendió por cerca de cinco años, informó el portal web de Radio Sagua.
Las primeras producciones de la recién inaugurada industria dieron inicio tras suministrársele energía al electrolizador.
Durante el mencionado período se montaron 1 253 estructuras metálicas, se emplearon 11 000 metros cúbicos de hormigón, se instalaron 20 000 metros de tuberías, 317 equipos de diversos tamaños, así como 4 678 metros lineales de cables en la colocación de bandejas eléctricas, entre otras acciones.
La nueva planta emplea tecnología de punta, que sustituye el proceso de fabricación utilizado hasta ahora, basado en el mercurio metálico, compuesto químico altamente contaminante y muy costoso, por otro mucho más eficiente que se fundamenta en un proceso electrolítico a través de membranas de intercambio iónico.
Entre las primeras elaboraciones que ejecuta esa nueva industria figuran el cloro gas y la sosa cáustica al 50 por ciento, para la obtención de hipoclorito de sodio, y en una segunda fase en breve se quiere lograr el cloro líquido y el ácido clorhídrico, para lo cual cuentan con especialistas nacionales y extranjeros en funciones de asesoramiento técnico.
Además de todo el personal especializado con que se contó desde el punto de vista de asesoramiento industrial, para lograr una arrancada segura, también estuvieron presentes a tiempo completo los combatientes del Cuerpo Provincial de Extinción de Incendios y personal del sistema de Salud.
(Con información de Juventud Rebelde)

Gobierno de La Habana establece precios máximos de venta de productos


En este artículo: gastronomía, Gobierno, La Habana, Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), Precios, Sector no estatal, Trabajo por cuenta propia
28 julio 2019

Las normativas financieras actuales establecen las facultades que tienen los Consejos de la Administración Provincial y Municipal para regular los precios, en tal sentido se realizó el análisis de los precios de un grupo de productos que comercializan los trabajadores por Cuenta Propia, en las actividades de servicio Gastronómico en cafeterías y los panaderos–dulceros, partiendo de las preocupaciones realizadas por la población proponiendo el establecimiento de precios máximos a partir del primero de agosto considerando, entre otros los siguientes elementos:
  • Constituyen productos demandados por la población.
  • Son productos listos para la venta adquiridos por los trabajadores por Cuenta Propia que no requieren de gastos adicionales para su comercialización salvo su transportación y el impuesto correspondiente de la venta.
  • El resto de los productos que se comercializan por los trabajadores por Cuenta Propia mantienen los precios actuales y no pueden ser incrementados.

Medidas para su aplicación y control

Los grupos multidisciplinarios para el TPCP a nivel municipal y provincial garantizarán el control del cumplimiento de lo establecido, aplicando las medidas de apercibimiento, así como en los casos que se requieran las multas por contravenciones, el retiro de la licencia entre otras.
Producto                                                                                        Precio máximo
Refrescos gaseados nacionales
En PET de 330 ml                                                                             17,00
En PET de 500 ml                                                                             26,00
En PET de 1,5 lt                                                                                45,00
En PET de 2,0 lt                                                                                67,00
En lata de 355 ml (excepto sabor piñita)                                          18,00
En lata de 355 ml sabor piñita                                                           20,00
Maltas   
Malta Bucanero en lata de 355 ml                                                     22,00
Malta Tínima en botella de 250 ml                                                    16,00
Malta importada                                                                                 30,00
Jugos, néctares y zumos    
En caja pequeña 200 ml                                                                      25,00
En caja mediana 500 ml                                                                      40,00
En caja grande 1 lt                                                                               70,00
En lata de 355 ml                                                                                 30,00
Aguas
Agua mineral carbonatada Ciego Montero 330 ml                               20,00
Agua natural 500 ml Ciego Montero                                                     17,00
Agua natural 1,5 lt Ciego Montero                                                         26,00
Cervezas
Cervezas nacionales (Cacique y Mayabe)                                             30,00
Cervezas nacionales (Cristal y Bucanero)                                              35,00
Cervezas importadas                                                                               40,00
(Con información de Tribuna de La Habana)