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sábado, 24 de septiembre de 2022

Agricultura sostenible y el alimento del futuro



Foto. / BBVA


La innovación tecnológica desempeña un papel fundamental cuando de modelos de agricultura sostenible se habla.

El uso de drones, sensores, imágenes satelitales, big data o inteligencia de datos, así como de la inteligencia artificial y la robótica en los campos, ha permitido optimizar recursos y agilizar las labores de esta faena milenaria.

El desarrollo de las sociedades, en gran parte, es consecuencia directa también de la invención de la agricultura. La industria textil o el papel, por ejemplo, no pueden entenderse hoy sin ella. Sin embargo, estos beneficios no vienen exentos de costos, y no me refiero solamente a montos económicos.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que la producción agrícola y el uso de tierras de cultivo son responsables de más del 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y del consumo de 70 por ciento de agua a nivel mundial.

“Un tercio de la producción agrícola global se desperdicia y, a pesar del aumento constante del rendimiento de los cultivos, cerca de 700 millones de personas en el mundo pasan hambre”, alerta el organismo.


En este contexto, la apuesta por una agricultura sostenible –esa que es rentable, social y respetuosa con el medio ambiente– se ha convertido, más que en una nueva escala de desarrollo dentro de la denominada Revolución Verde, en una necesidad.

Cultivo a largo plazo


En el campo ya se aplica inteligencia artificial, internet de las coas (IoT) y blockchain, entre otras innovaciones. / AGRIZON.

La propia FAO define a la agricultura sostenible como un sistema de prácticas agrícolas ecológicas basado en innovaciones científicas, a través de las cuales es posible producir alimentos saludables con prácticas respetuosas para el suelo, el aire y el agua.

Dicho de una manera más simple, y tal y como su nombre lo indica, engloba aquellas prácticas que permiten que la actividad agrícola pueda sostenerse en el tiempo.

Las técnicas que en un inicio se basaban en la rotación de cultivos para mejorar el rendimiento de los suelos, o en cubrir el terreno con paja o materia orgánica para mantener la humedad óptima del suelo y regular su temperatura, ahora se apoyan en un sólido sistema tecnológico que las hace aplicables a gran escala y capaces de optimizar al máximo el trabajo y los recursos.

En muchas regiones se utilizan vehículos no tripulados para supervisar cultivos en tiempo real y transmitir información útil; otros se destinan a la cartografía del terreno; los más avanzados se alistan con cámaras infrarrojas para detectar problemas en los cultivos.

En tanto, sensores ambientales son colocados en los campos para registrar, por ejemplo, datos meteorológicos y climáticos u otras informaciones sobre los requerimientos hídricos del terreno.

El desarrollo de controles ambientales, microgranjas, granjas urbanas y el apoyo de las tecnologías led y robots, se suman a esta nueva forma de transición digital que muchos llaman Agricultura 4.0.

En los últimos 60 años, la ciencia no ha cesado en la búsqueda de un nuevo paradigma agrícola, con un menor impacto ambiental, o de alternativas para una agricultura realmente sostenible.

De los laboratorios biotecnológicos salieron los primeros organismos mejorados genéticamente para hacer más rentables los cultivos. Y aunque esto continúa siendo uno de los factores más controvertidos en la búsqueda de la sostenibilidad agrícola, o pese a que su uso genera reticencias entre los consumidores, la FAO apunta que la modificación genética puede ofrecer alternativas para mitigar el hambre en el mundo y avanzar hacia una agricultura más sustentable.

Además, señala entre sus ventajas una mayor resistencia a los agentes externos (ya sean plagas, condiciones climáticas o productos químicos) y mayor productividad con menos insumos. A escala mundial, algunos productos como la soja o el maíz proceden en su gran mayoría del cultivo de variedades modificadas.


Pese a la controversia, la biotecnología agrícola es clave en la agricultura sostenible. / BBVA

Otras opciones se basan en técnicas como la llamada agricultura de conservación, que busca alterar lo menos posible la composición del suelo y la biodiversidad, imitando al máximo la estructura de los ecosistemas naturales.
Agtechs, dos en una

En mayo del presente año, durante la Semana de la Agricultura Digital, el Instituto Interamericano para la Cooperación en Agricultura (IICA) destacó el rol de las llamadas startups o empresas emergentes y agtechs. Estos son sistemas que desarrollan soluciones como software, inteligencia artificial y blockchain (cadenas de bloques de información criptografiada) para analizar datos provenientes del cultivo y el ganado, y gestionar y optimizar las operaciones.

El término agtech, surgido de la combinación en inglés de agricultura y tecnología, abarca una amplia gama de tecnologías que son aplicadas a los sistemas agropecuarios y que permiten aumentar la productividad, la eficiencia y la rentabilidad.

Aplicaciones de pronósticos climáticos y mercados online, son algunas de las más recientes innovaciones tecnológicas en ese sentido.

La plataforma digital argentina Kilimo, por ejemplo, desarrolló un software para el sistema de riego, extendido ya en al menos cinco países del continente americano, que informa a los productores cuándo y cuánto regar. En tanto, Nanonita Agro, otra de origen argentino, sobresale por el desarrollo de una tecnología de nano-encapsulación que baja la cantidad requerida de fertilizantes químicos, lo cual reduce la contaminación y promueve la seguridad alimentaria.

Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, la más alta concentración de agtechs se encuentra en Brasil y en Argentina.

El círculo de la economía


Retos y desafíos de la agricultura del futuro. / PENSIS

La FAO establece cinco principios fundamentales de la agricultura sostenible. Uno de ellos es promover un desarrollo económico inclusivo. ¿Se cumple? Si pensamos en las grandes brechas que separan a países y regiones, y, por ende, a sus productores, ya se tiene la respuesta.

El acceso a la tecnología está tan extendido, que muchos pudieran llegar a pensar en que no hay lugar en el mundo que escape al universo de los ceros y unos. Sin embargo, el panorama en el entorno rural es muy diferente.

Estudios recientes del IICA mostraron que solo 37 por ciento de los habitantes rurales tiene acceso a la conectividad y menos de 17 por ciento posee habilidades digitales básicas para la manipulación de las herramientas y procesos digitales.

Los gobiernos deberán enfocarse en llevar la alfabetización digital también a esos parajes; además de garantizar financiación para que un sector tan importante como el de la agricultura contribuya con un mundo más verde.

El valor de la producción agrícola mundial supera los 3 000 billones de dólares al año y en algunos países supone hasta 40 por ciento de su riqueza, reporta el Banco Mundial.

Avanzar hacia la agricultura sostenible conlleva también el uso de muchos recursos, de adquisición de maquinaria de siembra directa, equipamientos de eficiencia energética, sistemas de riego eficientes como la aspersión o el goteo para el ahorro de al menos 30 por ciento de agua; construir plantas de reciclado, mecanismos de captura de carbono, sistemas de economía circular o proyectos de conservación de la biodiversidad, entre otros.

Es una gran inversión, pero apuesta por tener el alimento sobre la mesa a largo plazo, sobre todo cuando la población mundial sigue en aumento y, con ella, la inseguridad alimentaria.

El informe El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos para el año 2050, de la FAO, prevé que para 2050 el planeta alcanzará los más de 9 000 millones de habitantes, lo cual requerirá un incremento de 70 por ciento en la producción de alimentos.

De cara a esa realidad, se hace necesario el empleo de maquinaria agrícola de avanzada y sistemas más eficientes ligados a la técnica y la ciencia.

Ya lo dijo la FAO y ratificó Naciones Unidas: “La agricultura sostenible, basándose en ciencia y tecnología, es la herramienta clave para conseguir los dos grandes objetivos de la humanidad para la primera mitad del siglo XXI: que cero personas pasen hambre y que las emisiones de gases de efecto invernadero sean cero”.

Realmente, no estoy convencida de que ambos problemas hallen solución en este siglo, pero mantengo la esperanza de que, más temprano que tarde, se expanda la voluntad de muchos para conseguirlo.

Innovador cubano se alía con el sol para modelar espacio sostenible



Félix Morffi, un jubilado de 84 años, muestra un calentador solar fabricado por él mismo y paneles solares fotovoltaicos instalados en el techo de su vivienda ubicada en el municipio de Regla, en La Habana. Su aspiración es que su casa se convierta pronto en un polígono experimental sobre el uso de las energías renovables y estudiantes aprendan in situ sobre el tema. Foto: Jorge Luis Baños / IPS


LA HABANA – Después de modelar un calentador, instalar paneles fotovoltaicos y componer un dispositivo para deshidratar alimentos con ayuda del sol, Félix Morffi prepara su vivienda como un espacio para la producción y promoción de las energías renovables en Cuba.

Con dos tanques, cristal, láminas de aluminio, además de bloques, arena y cemento para la instalación, este jubilado de 84 años creó, en 2006, el calentador solar que satisface las necesidades domésticas y muestra con orgullo.

“Lo construyes hoy y mañana tienes agua caliente; lo puede hacer cualquiera, y si tiene un poco de asesoría, mejor”, enfatizó el otrora técnico medio en reparación de maquinarias y herramientas.

Un imán trata magnéticamente el agua mediante un sistema que la purifica y deja apta para el consumo humano, sin gastos adicionales de energía.

También en el techo de la vivienda, un grupo de 16 paneles fotovoltaicos importados en 2019 aporta cinco kilovatios de potencia (kWp) y respalda las labores del pequeño taller de reparación automotriz para empresas estatales y particulares.

Se trata del emprendimiento autónomo que impulsa Morffi en una parte del terreno de la casa, ubicada en el municipio de Regla, uno de los 15 que conforman La Habana.

Además de cubrir las necesidades hogareñas, el excedente de electricidad es aportado al Sistema Electroenergético Nacional (SEN).

“Estamos dispuestos a asesorar a cualquier persona que quiera montar paneles, calentadores o secadores solares, todo lo inherente a las energías renovables. Tenemos conocimiento, experiencia y podemos aportar”: Félix Morffi.

Por esa inyección de energía y como parte de un contrato, de la Unión Eléctrica de Cuba, perteneciente al Ministerio de Energía y Minas, “recibimos como promedio mensual algo más de 2000 pesos (unos 83 dólares, a la tasa oficial), más o menos el monto de lo que pagamos por nuestro consumo en el periodo”, comparó Morffi en entrevista con IPS en su vivienda.

No obstante, considera que la tarifa de 12,5 centavos de dólar por cada kilovatio (Kv) de energía entregada al SEN pudiera incrementarse si se desea que más personas aporten con esta fuente.

Desde 2014, Cuba dispone de la Política para el desarrollo perspectivo de las fuentes renovables de energía y su uso eficiente, y en 2019, el decreto ley 345 estableció regulaciones para aumentar la participación en la generación de electricidad y disminuir progresivamente la de los combustibles fósiles.

Se han sumado normas como la que exime del pago de impuestos sobre utilidades durante ocho años a empresas extranjeras que ejecuten proyectos de generación de electricidad con métodos sostenibles.

Otras decisiones buscan incentivar el autoabastecimiento mediante la generación descentralizada con la venta de excedentes al SEN, así como exenciones arancelarias para importar sin fines comerciales sistemas fotovoltaicos, sus partes y piezas.


Secadero solar para deshidratar frutas, especias y tubérculos, elaborado con productos reciclados por el innovador cubano Félix Morffi en su vivienda, en el municipio de Regla, en La Habana. Foto: Jorge Luis Baños /IPS

Potencial solar

Según varios estudios, Cuba recibe una radiación solar promedio de más de cinco kilowatts por metro cuadrado al día, considerada alta y con enormes potencialidades en este archipiélago de más de 110 800 kilómetros cuadrados y una media anual de 330 días soleados.

Hasta fines de 2021 se invirtieron unos 500 millones de dólares en ampliar el aporte de las fuentes solar fotovoltaica, eólica, biomasa e hidroeléctrica, de acuerdo con datos del Ministerio de Energía y Minas.

El programa fotovoltaico aparece como el más adelantado y con mejores oportunidades de crecimiento.

Los parques solares fotovoltaicos instalados en el país aportan 238 megavatios, más de 75 % de la energía renovable que se produce localmente.

Asimismo, más de 160 000 viviendas de las 3,9 millones de la nación, sobre todo en zonas montañosas y de difícil acceso, reciben electricidad mediante módulos solares fotovoltaicos, muestran las estadísticas.

Pero las fuentes limpias apenas significan 5 % de la generación eléctrica en la isla, un panorama que las autoridades quieren transformar radicalmente, con una ambiciosa meta que propone 37 % de participación para 2030.

Resulta un asunto de seguridad nacional la modificación sustancial de la matriz energética en Cuba, muy dependiente de la importación de combustibles fósiles y golpeada por cíclicos déficits energéticos.

La isla atraviesa una crisis de generación con apagones de hasta 12 horas o más en algunos territorios, ante el deterioro de la red de 20 bloques de generación termoeléctrica con un promedio de explotación de 30 años y urgidos de frecuentes reparaciones.

A ello se suma el aumento del precio internacional del diésel y el fueloil, así como el déficit de piezas para mantener operativos en los 168 municipios cubanos los motores y grupos electrógenos alimentados con estos carburantes.


La energía solar también es aliada del cubano Félix Morffi para el desarrollo de la acuicultura: un panel fotovoltaico alimenta una bomba hidráulica solar mediante la cual se mantiene el flujo de agua en el estanque para la cría de variedades de peces ornamentales y tilapias para el consumo familiar. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Frenos

Autoridades gubernamentales señalan el embargo de Estados Unidos como un factor de freno al crecimiento de las energías renovables, y lo responsabilizan de desestimular a posibles inversionistas y obstaculizar la compra de componentes y tecnologías modernas.

Por otra parte, la inflación, la dolarización parcial de la economía y el agudo desabastecimiento de artículos de primera necesidad, incluidos los alimentos, deja a la mayoría de las familias sin muchas opciones de apostar por la producción autónoma de energía limpia, aun cuando reconozcan su positivo impacto ambiental.

Una de las empresas estatales facultadas comercializa y monta sistemas de paneles solares de 1,0 kWp por el precio equivalente a unos 2300 dólares, en un país con salario medio calculado en 160 dólares, si bien es posible solicitar un crédito bancario para su instalación.

Ciudadanos consultados por IPS llamaron la atención sobre las dificultades para acumular la energía para su uso nocturno, durante cortes del servicio o en días nublados o de lluvias, si se tiene en cuenta el muy elevado precio de las baterías.

Para Morffi falta una mayor capacitación del personal implicado en varios procesos, y enumeró desde demoras de más de un año entre la firma del contrato con la Unión Eléctrica y el inicio del pago por los excedentes de energía abonados al SEN, hasta “incongruencia con respecto al montaje” de los equipos.

Si bien existe una política nacional sobre fuentes renovables de energía, “todavía hay mucho desconocimiento y pocos deseos de hacer las cosas, y hacerlas bien… hay que sensibilizar a la gente”, argumentó.


Prototipo de reloj de cuarto cuadrante que registra los valores de generación y de consumo eléctrico de la vivienda de Félix Morffi, en el habanero municipio de Regla. En los últimos años, varias normas buscan incentivar en Cuba el autoabastecimiento con energías renovables, la venta de excedentes, así como exenciones arancelarias para importar sin fines comerciales sistemas fotovoltaicos, sus partes y piezas. Foto: Jorge Luis Baños /IPS

Energías renovables reunidas

Morffi cree que a contrapelo de las condiciones económicas, con un poco de ingenio puede sacarse provecho de los elementos naturales, porque “el sol sale para todo el mundo; el aire está ahí y no te cuesta nada, pero la riqueza de uno está en el cerebro”.

Muestra un secadero que se vale del calor del sol para deshidratar frutas, especias y tubérculos, el cual armó en su mayoría con productos reciclados como recortes de madera, nylon, acrílico y planchas de aluminio.

Otros equipos sí llevarán una importante inversión como la de los tres pequeños aerogeneradores de 0,5 kWp cada uno que planea importar y un nuevo lote de paneles solares fotovoltaicos de 4,0 kWp, para lo cual deberá solicitar un crédito bancario.

Al fondo de la vivienda, un pequeño panel fotovoltaico mantiene el flujo de agua de un pozo para aves domésticas y el estanque artificial donde serpentean variedades de peces ornamentales, además de tilapias para el consumo familiar.

En el terreno también se encuentra avanzada la construcción de un pequeño biodigestor, de unos cuatro metros cúbicos, con el objetivo de aprovechar para la cocción el gas metano resultante de la descomposición de las excrementos de animales.

De acuerdo con Morffi, quien gestiona estas actividades con el respaldo de varios miembros de la familia, su vivienda va camino a convertirse en un polígono experimental sobre el uso de las energías renovables.

Allí debe construirse un aula especializada, a fin de que estudiantes aprendan in situ sobre el tema.

Por ahora en fase de diseño y conversaciones con los posibles apoyos, este proyecto de desarrollo local pudiera incluso instalar “calentadores solares en lugares de la comunidad como el consultorio médico, un círculo infantil y un comedor para personas adultas mayores”, apuntó Morffi.

Señaló que la idea debe recibir respaldo de la cooperación internacional, el gobierno del municipio de Regla y de la no gubernamental Cubasolar, una sociedad dedicada a la promoción de fuentes renovables y el respeto ambiental, de la cual Morffi es miembro desde 2004.

“Estamos dispuestos a asesorar a cualquier persona que quiera montar paneles, calentadores o secadores solares, todo lo inherente a las energías renovables. Tenemos conocimiento, experiencia y podemos aportar”, remarcó.

ED: EG

¿Cómo hizo Occidente para envenenar su dinero?

Sep 21, 2022 YANIS VAROUFAKIS


ATENAS – El capitalismo conquistó al mundo a fuerza de convertir casi todo lo que tuviera valor, pero no precio, en productos básicos. Clavó así una aguda cuña entre los valores y los precios... e hizo lo mismo con el dinero. El valor de intercambio del dinero siempre reflejó la voluntad de la gente para entregar cosas valiosas a cambio de él. Pero con el capitalismo, y una vez que el cristianismo aceptó la idea de cobrar por los préstamos, el dinero también adquirió un precio de mercado: la tasa de interés, o el precio de prestar una pila de efectivo por cierto tiempo.

Después del derrumbe financiero de 2008 —y especialmente durante la pandemia— ocurrió algo extraño: el dinero mantuvo su valor de cambio (que la inflación reduce), pero su precio se vino abajo y llegó a ser negativo en muchas ocasiones. Los políticos y funcionarios de los bancos centrales habían envenenado sin querer a la «capacidad alienada de la humanidad» (la poética definición que Carlos Marx dio del dinero). El veneno que administraron fue la política post-2008, en Europa y Estados Unidos, de austeridad dura para la mayoría, para financiar el socialismo de unos pocos.

La austeridad redujo el gasto público precisamente cuando el privado se venía a pique, acelerando la caída del gasto total —que, por definición, es el ingreso nacional—. Con el capitalismo solo las grandes empresas pueden tomar los grandes créditos que los prestamistas —en su mayor parte, gente rica con muchos ahorros— están dispuestos a ofrecer. Por eso el precio del dinero se desplomó después de 2008: se agotó su demanda porque las grandes empresas cancelaron las inversiones ante los catastróficos efectos de la austeridad sobre la demanda, aun cuando la oferta de dinero (para ellas) crecía con fuerza.

Como ocurre con las papas acopiadas que nadie quiere comprar al precio vigente, el precio del dinero —la tasa de interés— cae cuando su demanda queda por debajo de la cantidad disponible para los préstamos. Pero hay aquí una diferencia fundamental: aunque la rápida caída del precio de las papas soluciona rápidamente el problema del exceso de oferta, con el dinero ocurre lo opuesto. En vez de regocijarse por la posibilidad de tomar créditos más baratos los inversores piensan: «El Banco Central debe considerar que las cosas están mal si deja que las tasas de interés caigan tanto. No invertiremos aunque nos den el dinero gratis». Las inversiones no se recuperaron incluso después de que los bancos centrales redujeron bruscamente el precio oficial del dinero, que siguió cayendo hasta llegar al territorio negativo.

Fue una situación extraña. Los precios negativos tienen sentido para los males, no para los bienes. Cuando una fábrica procura eliminar residuos tóxicos, cobra un precio negativo por ello: quienes la dirigen le pagan a alguien para que lo haga. Pero cuando los bancos centrales empiezan a tratar al dinero como los fabricantes de autos al ácido sulfúrico, o las estaciones de energía nuclear al agua residual radioactiva, nos damos cuenta de que algo está podrido en el reino del capitalismo financierizado.

Algunos analistas esperan ahora que el dinero occidental se purifique en las llamas de la inflación y las subas de las tasas de interés, pero la inflación no expulsará al veneno del sistema monetario occidental. Después de más de una década de adicción al dinero envenenado no surgió ningún método obvio para la desintoxicación. La inflación actual es muy diferente de la que enfrentó Occidente en la década de 1970 y principios de los 80. Esta vez amenaza al trabajo, al capital y a los gobiernos en formas de las que era incapaz 50 años atrás. En ese entonces, el trabajo estaba lo suficientemente organizado como para exigir subas salariales y evitar una crisis por el costo de vida, y ni los estados ni las empresas privadas dependían del dinero gratuito para seguir adelante. Hoy no existe una tasa de interés óptima para llevar nuevamente a la oferta y la demanda monetarias al equilibrio que no vaya a desatar una ola gigantesca de bancarrotas privadas y públicas. Ese es el precio a largo plazo del dinero envenenado.

El gobierno de EE. UU. enfrenta el dilema imposible entre limitar la inflación local y obligar a las corporaciones de su país y a muchos gobiernos amigos a sufrir una crisis de solvencia que amenazará la propia estabilidad estadounidense. Las cosas están mucho peor en la zona del euro, donde los responsables de las políticas se negaron a implementar lo obvio cuando cayeron los bancos europeos después de 2008: establecer la base adecuada para la federación: una unión fiscal. En lugar de eso permitieron que el Banco Central Europeo hiciera «todo lo necesario» para salvar al euro. Solo envenenando su propia moneda el BCE podía mantener a flote al show del euro. Actualmente el BCE posee enormes cantidades de deuda italiana, española, francesa y hasta griega que ya no puede justificar como medio para alcanzar su meta inflacionaria, pero a la que no puede renunciar sin poner en duda la existencia del euro.

Mientras ponderamos el acertijo sin solución que enfrentan Europa y EE. UU., tal vez sea un buen momento para pensar en el motivo más profundo por el que se puede envenenar al dinero (que no es lo mismo que su degradación por la inflación). Un buen punto de partida es una idea que podemos pedir prestada a Albert Einstein: solo podemos entender a la luz si aceptamos que tiene dos comportamientos diferentes, el de las partículas y el de las ondas.

El dinero también tiene una doble naturaleza. La primera es la de un producto básico que intercambiamos por otros, eso nunca podrá explicar por qué el dinero puede tener un precio negativo. Pero la segunda, sí. El dinero, como el idioma, es un reflejo de nuestras interrelaciones y tecnologías. Refleja la manera en que transformamos la materia y damos forma al mundo a nuestro alrededor. Cuantifica nuestra «capacidad alienada» para actuar de manera colectiva. Cuando reconocemos la segunda naturaleza del dinero, todo empieza a adquirir mucho más sentido.

El socialismo para los banqueros y la austeridad para la mayoría de los demás coartó al dinamismo capitalista y lo dejó en un estado de estancamiento dorado. El dinero envenenado fluyó a cántaros, pero no hacia las inversiones serias, los buenos empleos ni algo capaz de revivir al desaparecido espíritu animal capitalista. Y ahora que nos ronda el fantasma de la inflación, ninguna política monetaria puede purificarlo, recuperar el equilibrio u orientar las inversiones hacia donde la humanidad las necesita.

Traducción al español por Ant-Translation


YANIS VAROUFAKIS, a former finance minister of Greece, is leader of the MeRA25 party and Professor of Economics at the University of Athens.