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domingo, 5 de julio de 2026

El premier Mark Carney se rebela contra Trump, quien busca la balcanización de Canadá

 Por Alfredo Jalife-Rahme

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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, en imagen de abril pasado.Foto Ap

Financial Times (FT) –vinculado a la plutocracia del megaespeculador George Soros, a quien llegó a nombrar Hombre del Año– anda muy activo promoviendo las publicaciones y los proyectos del polémico globalista primer ministro canadiense Mark Carney (MC), quien cada día se exhibe más como acérrimo enemigo de Donald Trump.

Ya en noviembre de 2025 (https://bit.ly/4eYixbo), un servidor había reportado que “el pugnaz premier canadiense globalista MC, financierista vinculado a los banqueros jázaros ( khazar, https://bit.ly/3QqemJr) Rothschild, se rebeló contra el liderazgo geoestratégico de Trump en la desangelada cumbre del G-20 –con la notable ausencia de los tres grandes del planeta: Putin/Xi/Trump–, donde reclamó un nuevo orden global de la anglósfera (sin Trump) en asociación subrepticia con los BRICS (sin Putin)” (https://bit.ly/3MmLh2U).

Ocho meses más tarde, FT titula que “Canadá devela planes para un nuevo oleoducto que rompa (¡ megasic!) la dependencia con EU” (https://bit.ly/4xZZw12) mediante “un proyecto para abastecer a Asia con un millón de barriles al día, que se gesta en medio de las hostilidades ( megasic) comerciales con su vecino del sur (léase EU)”.

Nueve días antes de su enésima rebelión, MC conminó con el premier de Luxemburgo, Luc Frieden (LF), que “una disuasión creíble requiere de un nuevo banco de la OTAN (¡ megasic!)”, ya que “las reglas de capitalización previenen al ecosistema de defensa obtener financiamiento en el volumen que necesita de sus prestamistas comerciales”. ¡Ni más ni menos que la militarización bancaria! Aquí MC y LF proponen una nueva institución financiera multilateral, Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia (DSRB, por sus siglas en inglés), con el fin de promover la economía de guerra y las “capacidades disuasivas de la OTAN” que requiere “más de 850 mil millones de euros en gasto anual adicional (¡ megasic!) en la alianza (¡ megasic!) de Europa y Canadá”, según “el modelo del Banco Mundial” (https://bit.ly/4vvE7KV).

¿Cómo responderá Trump a la rebeldía consuetudinaria de MC, quien parece representar a la Santa Alianza jázara de la banca Rothschild y el megaespeculador George Soros en su contra?

Trump tampoco se ha quedado quieto e impulsa la balcanización de Canadá en la riquísima provincia petrolera de Alberta, que tendrá un referendo el 19 de octubre, con el fin de separarse de Canadá, lo cual, a mi juicio, podría tener un efecto dominó de carácter balcanizador en la provincia de Quebec.

Son tiempos de desglobalización y balcanizaciones, como adelanté en mi libro de hace 26 ( sic) años, El lado oscuro de la globalización: Posglobalización y balcanización (https://bit.ly/4wquOg1). Al inconsistente MC, muy dado a las vendettas financieristas, no le importa abandonar su previa cruzada climática –¡llegó a ser hasta enviado de la ONU para asuntos ambientales!– y ahora busca convertir Canadá en una superpotencia (¡ megasic!) energética y “romper así su dependencia con el mercado estadunidense”, según FT.

¿Cómo responderá el petrolero vengativo Trump, quien busca anexar a Canadá como el estado número 51 de EU? MC apuesta más a los mercados asiáticos de “mayor velocidad de crecimiento en el mundo” mediante la expansión del oleoducto Trans Mountain, sistema de oleoductos de Canadá que transporta petróleo crudo y productos refinados desde Edmonton (Alberta) hasta la costa del Pacífico en Columbia Británica. MC exulta que su nuevo oleoducto, que mira a Asia, “catalizará más de 141 mil millones de dólares en nuevas inversiones directas en Canadá”, lo cual “más que triplicará” su producción de gas natural licuado mediante el desarrollo de cinco terminales en la próxima década.

A poco más de tres meses del referendo en Alberta –que supuestamente saldría beneficiada con el maná petrolero y gasero de sus exportaciones, primordialmente a China– pareciera que MC intenta contrarrestar las veleidades balcanizadoras de Trump y/o la anexión tout court de Canadá como el próximo estado 51 de EU.

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El informe Rubio sobre Cuba

 






Por Peter Kornbluh 05/07/2026


El 30 de junio, el ministro de Asuntos Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, anunció que su Gobierno ha solicitado formalmente a las Naciones Unidas que aborde la creciente agresión económica de Estados Unidos contra Cuba y la catastrófica crisis humanitaria que ha provocado. Está previsto que el 7 de julio se celebre una votación en la Asamblea General para abrir el debate sobre la campaña de «máxima presión» de la Administración Trump, según declaró Rodríguez a los periodistas en una rueda de prensa celebrada en La Habana, siempre y cuando las «medidas coercitivas» de Estados Unidos no logren bloquear la iniciativa. «El aparato del Departamento de Estado», denunció Rodríguez, «está tratando de impedir que la Asamblea General examine una cuestión de urgente interés mundial, recurriendo a la presión, las mentiras y las amenazas» dirigidas a los Estados miembros.

De hecho, eso es precisamente lo que está intentando hacer el Departamento de Estado de Trump. En un revelador cable diplomático de «solicitud de acción» del 1 de julio —titulado «Implicar a los Estados miembros de la ONU en el debate abierto de la Asamblea General de la ONU sobre Cuba del 7 de julio»—, el secretario Marco Rubio ha ordenado a las embajadas estadounidenses en el extranjero que presionen a sus países anfitriones para que «reafirmen nuestra objeción» a la votación de la ONU y se opongan a un debate en la Asamblea General sobre los esfuerzos actuales de EE. UU. por asfixiar la economía cubana. Si el debate sigue adelante a pesar de las objeciones de EE. UU., según las instrucciones de Rubio, «EE. UU. está animando a los Estados miembros más alineados con su postura a que pronuncien discursos en los que reprendan a Cuba por su adhesión a una teoría económica totalmente desacreditada, su grave incompetencia y su corrupción masiva». A los Estados no alineados, EE. UU. les exige que «se abstengan de intervenir» en la ONU. Y para los países que tradicionalmente han apoyado a Cuba, hay una clara advertencia: «Estados Unidos escuchará con mucha atención sus intervenciones en el debate y desaconsejará el uso de argumentos que puedan crear fricciones en nuestras relaciones bilaterales».

El documento de tres páginas, clasificado como «SBU» —sensible pero no clasificado—, fue obtenido por el periodista de investigación Ken Klippenstein y facilitado a la revista The Nation. Contiene los «puntos de debate» del Departamento de Estado, agrupados por países. Se aconseja a todos los países que se opongan a la votación del 7 de julio alegando que «la resolución anual sobre el “embargo económico” contra Cuba… ya proporciona al régimen una vía anual para difundir su propaganda y eludir su responsabilidad», y que debatir ahora sería una «pérdida» de tiempo y recursos. Los embajadores de EE. UU. deben aconsejar a los gobiernos de los países que les acogen —naciones proestadounidenses— que condenen a Cuba por las violaciones de los derechos humanos y el apoyo al terrorismo internacional. Si el debate sigue adelante, se aconsejará a los gobiernos que tradicionalmente han votado en contra del embargo estadounidense —como siempre ha hecho la gran mayoría de las naciones del mundo— que «sean extremadamente cuidadosos con la redacción de cualquier intervención que realicen, para evitar desviar la culpa de los propios fallos del régimen cubano».

Culpar a Cuba de la creciente crisis humanitaria, mientras la Administración Trump libra una guerra económica abierta contra la isla —un bloqueo petrolero, sanciones contra empresas extranjeras que operan en la isla, amenazas contra los países que intentan proporcionar ayuda humanitaria a Cuba—, se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos en Washington. El telegrama de Rubio continúa con ese esfuerzo orwelliano. «La economía cubana carece de una economía real», afirma, atribuyendo el motivo por el que la economía está en ruinas a la mala gestión, la incompetencia y la corrupción. Aún más dudosa es la afirmación del cable de que «Estados Unidos se preocupa profundamente por el pueblo cubano, razón por la cual nos hemos ofrecido a entregar 100 millones de dólares en ayuda humanitaria», y culpar al Gobierno cubano del retraso en la entrega de esa ayuda, a pesar de que este la ha aceptado desde que se hizo la oferta hace más de un mes.

Sin duda, el Gobierno cubano ha gestionado mal la economía en los últimos años; solo ahora, bajo una presión extrema por parte de EE. UU., ha anunciado nuevas medidas de amplio alcance para potenciar el sector privado y la inversión extranjera como motores del desarrollo económico para el futuro. No obstante, la comunidad internacional es plenamente consciente de que la Administración Trump está empujando metódicamente a la nación isleña hacia un colapso socioeconómico total, como parte de la estrategia de Trump para coaccionar a los líderes cubanos a doblegarse y capitular ante sus exigencias.

La ONU cuenta con una sólida y orgullosa trayectoria de oposición al embargo comercial de EE. UU. contra Cuba; la Asamblea General ha votado en 31 ocasiones consecutivas, por abrumadora mayoría, para condenar las restricciones comerciales estadounidenses y exigir su levantamiento. Sin embargo, ahora que gran parte del mundo se enfrenta a la amenaza caprichosa de la agresión estadounidense, la ONU apenas está alzando la voz para oponerse al sufrimiento generalizado del pueblo cubano que ha provocado la política de privación y sumisión de Trump. «Unas sanciones tan severas que afectan a sectores enteros de una economía y producen efectos generalizados, indiscriminados y duros sobre la población son incompatibles con los principios básicos del derecho internacional de los derechos humanos», afirmó el mes pasado el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk. «Hay niños que mueren porque los médicos carecen de acceso a suministros médicos esenciales y a medicamentos. Esto es inaceptable».

En su rueda de prensa de esta semana, el ministro de Asuntos Exteriores Rodríguez describió la situación con precisión: «Cuba no es ni puede ser una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, que es una potencia militar y nuclear», señaló. «Cuba no es una amenaza. Pero el bloqueo sí lo es. Es un crimen contra la humanidad que se está cometiendo en estos momentos».



Peter Kornbluh colaborador habitual de la revista The Nation en temas relacionados con Cuba, es coautor, junto con William M. LeoGrande, de *Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana* (Canal secreto a Cuba: la historia oculta de las negociaciones entre Washington y La Habana). Kornbluh es también autor de *The Pinochet File: A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability* (El expediente Pinochet: un dossier desclasificado sobre atrocidades y responsabilidad).Fuente:
The Nation, 2 de junio 2026

¿Los cambios en la base económica tienen implicaciones en la superestrutura, por lo tanto en la politica?

Por Humberto Herrera Carlés

La respuesta corta al titulo, es sí, absolutamente. Según la teoría marxista, los cambios en la base económica necesariamente tienen implicaciones directas y determinantes en la superestructura, y por lo tanto, en la política.

Sin embargo, para entenderlo bien, hay que matizar cómo ocurre esa implicación, porque no es un proceso mecánico ni automático. Vamos a desglosarlo:

1. ¿Qué es la base y la superestructura?

Base económica (o infraestructura): Son las fuerzas productivas (tecnología, herramientas, mano de obra) y las relaciones de producción (quién es dueño de los medios de producción, cómo se distribuye el trabajo). Es el modo en que los humanos producen los bienes materiales para sobrevivir.

Superestructura: Es el conjunto de instituciones jurídicas, políticas, ideológicas, culturales y religiosas. Incluye el Estado, las leyes, los partidos políticos, los medios de comunicación, la educación y la religión.

2. La tesis central: Determinación en última instancia

Marx sostiene que la base económica es el "fundamento real" sobre el que se levanta la superestructura. La famosa frase de Marx en el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política dice:

"El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general."

Por lo tanto, sí, un cambio en la base (por ejemplo, el paso del feudalismo al capitalismo, o del capitalismo industrial al capitalismo financiero) genera tensiones y transformaciones en la política.

3. ¿Cómo se da esa implicación en la política?

La política como expresión de intereses de clase: La superestructura política (leyes, gobierno, Estado) no es neutral. Su función principal es organizar y legitimar las relaciones de producción existentes. Es decir, el Estado actúa, en última instancia, como un "comité de administración de los asuntos comunes de toda la burguesía" (en el Manifiesto Comunista). Cuando la base cambia (por ejemplo, surge una nueva clase social), la política tendrá que reflejar esa nueva correlación de fuerzas.

Cambios graduales vs. revoluciones: La implicación no es inmediata. Marx distingue entre:

Reformas políticas: Ajustes dentro del sistema (cambios en leyes o impuestos) que ocurren cuando la base cambia paulatinamente.

Revolución política: Cuando el cambio en la base es tan profundo (ej. los talleres artesanales son reemplazados por la gran industria fabril) que la vieja superestructura política se vuelve un obstáculo para el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas. Entonces, la superestructura debe ser derribada y reemplazada por una nueva que sirva a la nueva clase dominante (ej. la revolución burguesa derribó la monarquía feudal, la revolución socialista derribaría el Estado burgués).

4. El gran matiz: la "autonomía relativa" y la retroalimentación

Aquí viene lo más importante para no caer en un "determinismo vulgar" (la idea de que todo cambio político es un mero reflejo pasivo de la economía). Los marxistas posteriores (como Gramsci o Althusser) enfatizan que:

La superestructura tiene "autonomía relativa". No es un simple espejo. Una vez que se crea el sistema legal, educativo y político, este adquiere cierta inercia y puede influir de vuelta sobre la base (por ejemplo, el Estado puede usar leyes para acelerar o frenar el desarrollo económico).

La política y la ideología son terrenos de lucha de clases. No es que la economía determine automáticamente qué ley se aprueba; más bien, la economía establece los límites y las condiciones de posibilidad dentro de los cuales los actores políticos luchan.

5. Ejemplo práctico para ilustrarlo:

Base: La Revolución Industrial (máquinas de vapor, fábricas) crea una nueva clase: el proletariado industrial.

Implicación política: Ese cambio económico genera demandas políticas como el sufragio universal, la legalización de los sindicatos, las leyes de jornada laboral y, eventualmente, la creación de partidos obreros. La vieja política del "Antiguo Régimen" (basada en la tierra y la aristocracia) queda obsoleta y debe transformarse para incluir (o reprimir) a esta nueva fuerza social.

Conclusión final

Sí, es así. Según el marxismo, los cambios en la base económica son el motor último de los cambios en la política. Pero no es una relación de causa-efecto directa como un billar; es una relación dialéctica en la que la política tiene su propio peso, pero siempre está condicionada y limitada por la estructura económica subyacente.

Como decía Marx: "Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y que les han sido legadas por el pasado." Y esas circunstancias son, fundamentalmente, económicas.

Digo que debemos tener en cuenta lo anterior, para los cambios que se esperan hacer en Cuba, en materia económica y social y su implicación politica.