Foto: Captura de pantalla
¿Cómo éramos en el capitalismo? ¿Quienes controlaban nuestra economía? ¿Por qué algunos insisten en sostener la imagen de una Cuba “feliz y próspera” en los años 50 a pesar de las grandes desigualdades existentes?
Para indagar sobre la verdadera realidad económica de la sociedad cubana que se estableció a partir de la República Neocolonial de 1902, hasta el triunfo de la Revolución en 1959, conversamos con José Luis Rodríguez, prestigioso intelectual cubano, Doctor en Ciencias Económicas, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2021 y ex Ministro de Economía y de Finanzas y Precios.
Si deseas mirar de frente a «La Cuba que no quieren que conozcas», acompáñanos en este nuevo episodio del podcast de Cubadebate, “El deber de contarla”.

Vale el recuento y exponer puntos de vista. Calificaciones sobre lo bueno y lo malo no van a escapar del partido que haya tomado previamente quien evalúe. La imparcialidad será siempre el principal ausente. Nada humano será perfecto, concepto aplicable si se intenta analizar la Cuba de antes, porque también existe una Cuba de después. A ambas hay que apuntarles la lupa sin andar demasiado en comparaciones; son situaciones diferentes. La Cuba de antes justifica en mucho lo que dio lugar a lo ocurrido para cambiarla; también lo posterior más inmediato; no tanto lo que siguió a continuación. Viene a la memoria aquella apreciación más reciente, no por eso menos válida entonces como ahora, de: "cambiar lo que tenga que ser cambiado". El exceso tiene efectos similares a quedarse corto, lo que para adivino Dios. Llegamos entonces al punto cardinal muy molesto de reconocer que errar es humano, pero persistir en el error tiene calificaciones más fuertes. No es lo mismo tesón que tozudez ni razón con capricho. Y así andan las cosas, intentando no volver a lo pasado de más larga data ni al más reciente; no desechar lo válido de uno ni del otro. De lo más antiguo: las reglas del mercado, el manejo de la macroeconomía y ocupar nuevamente el lugar que corresponde en la fila sin andarse con exageraciones ni nostalgia. De lo más cercano ciertos beneficios sociales debidamente dimensionados y el respeto internacional. Tarea difícil conducir en reversa, en vehículo achacoso, con ojos encima y en vía repleta de obstáculos de factura propia y ajena.
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