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jueves, 5 de febrero de 2026

Comparecencia especial ante la prensa del Presidente Miguel Díaz-Canel

 

Foto: Archivo

El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez comparecerá hoy a las 10 de la mañana ante medios nacionales y extranjeros. El encuentro se transmitirá en cadena nacional de radio y televisión, así como a través del canal de YouTube de la Presidencia.



El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez comparece desde las 10 de la mañana ante medios nacionales y extranjeros.

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Hemos enfrentado las máximas presiones de la principal potencia del mundo

Al iniciar su comparecencia ante los medios, el primer secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, aseguró que la dirección del país conoce las preocupaciones de la población, y también “las intensas campañas mediáticas de calumnia, odio y guerra psicológica que se tratan de imponer”.  

Precisamente, este encuentro se realiza para poder explicar las proyecciones de gobierno, las maneras en que se está trabajando para salir de la situación en el menor tiempo posible y, sobre todo, la disposición, la voluntad y el empeño con el que se está trabajando.

“Hemos tenido que hacer un grupo de valoraciones en el Buró Político, el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, en el Consejo de Defensa Nacional y ahora acabamos de tener un encuentro en el Consejo de Ministros para actualizar el plan a ejecutar a partir de las directivas de gobierno para enfrentar un desabastecimiento agudo de combustible”, explicó el mandatario.

Ante la interrogante de Oliver Zamora, corresponsal de RT en Cuba, sobre la “retórica de colapso” que ha comenzado a fortalecerse desde el gobierno de Estados Unidos, Díaz-Canel explicó que está muy relacionada con la teoría del “estado fallido” y un grupo de construcciones con las que el gobierno de Washington ha tratado de caracterizar la situación cubana.

Precisamente, a criterio del mandatario, esta teoría del colapso está asociada a ese empeño del gobierno de los EE.UU. para derrocar a la Revolución cubana. “Hay dos direcciones fundamentales, la asfixia económica que data desde los años 60 con el Memorando Lester Mallory y la agresión militar”.

De hecho, agregó Díaz-Canel, esta primera dirección está sintetizada en una de las declaraciones del presidente de los Estados Unidos cuando dijo que habían aplicado contra Cuba todas las presiones posibles. “Reconoció entonces que no hay Estado fallido, sino uno que ha tenido que enfrentar con mucha resistencia las máximas presiones de la principal potencia del mundo; una potencia que además tiene basamento imperial y un propósito hegemónico de dominación”.

La segunda dirección es la agresión militar, cuando Trump aseguró en su discurso que no quedaba otra opción que no fuera “ocupar el lugar y arrasar”.

“Tenemos presente esa teoría de asfixia económica en los 67 años de Revolución, con el surgimiento del bloqueo. Todas las generaciones de cubanos desde los primeros años de la Revolución hasta las más actuales vivimos bloqueados y nacimos bajo los signos de esa aflicción económica. Siempre hemos tenido carencias y dificultades complejas. Hemos tenido que funcionar en medio de vicisitudes, de imposiciones y de presiones que no se le imponen a nadie en el mundo, y mucho menos de una manera tan prolongada”, explicó el primer secretario del PCC.

En este sentido, dijo que el colapso está en la filosofía imperial, pero no en la mentalidad de los cubanos. 

“El colapso no se puede asociar solo a las presiones y a las intenciones de un gobierno imperial. En nuestra visión está el concepto de la resistencia, de la resistencia creativa que tiene que ver con la defensa de las ideas en las que creemos, de las convicciones, de la victoria. No soy idealista. Sé que vamos a vivir tiempos difíciles, lo hemos hecho antes, pero los vamos a superar entre todos, con resistencia creativa, con el esfuerzo y con el talento de la mayoría de cubanas y cubanos”.

El vínculo con Venezuela no se puede catalogar como una relación de dependencia

Foto: Presidencia Cuba.

Sobre el estado de las relaciones bilaterales entre la mayor de las Antillas y Venezuela, Díaz-Canel aseguró que el vínculo con el país sudamericano no se puede catalogar como una relación de dependencia.

“Verla de esa manera es restringirla, reducirla a un intercambio de mercancías y servicios, y esa no es la realidad de la relación que hemos tenido con Venezuela. Desde que Chávez encabezó la Revolución Bolivariana, se tejió toda una relación de cooperación, de colaboración con un principio solidario, de complementariedad, como dos países hermanos, amigos que podían aprovechar las potencialidades de cada uno en función de esa integración”, refirió el mandatario.

De hecho, recordó que gracias a esa cooperación surgió hace más de 25 años el Convenio de Colaboración Integral entre Cuba y Venezuela, el cual abarcó los temas de energía, soberanía alimentaria, educación y alfabetización, formación de cuadros y recursos humanos, industria, minería, telecomunicaciones e intercambio cultural y político. “Ese convenio trascendió a las relaciones de Cuba y Venezuela”, consideró, al rememorar que cuatro años después surgió el Alba-TCP, extendiendo los beneficios de esa relación a un grupo de países en América Latina y el Caribe.

“Posteriormente, el Alba-TCP apoyó también a Petrocaribe, un grupo de proyectos con un enfoque energético, orientados hacia la justicia social, la equidad, las oportunidades y el beneficio mutuo, el desarrollo de los pueblos, ya no solo de Venezuela y Cuba, sino de América Latina y el Caribe”, dijo el mandatario. 

Ahí está reflejado el concepto de integración, enfatizó, “esa integración que soñaron Martí y Bolívar, que defendieron Fidel y Chávez, y con la que todos nosotros estamos comprometidos”.

Sobre los resultados, Díaz-Canel destacó que no hay ningún bloque de integración regional que haya logrado en tan poco tiempo los éxitos sociales del Alba TCP, “que nació como parte de esa relación estrecha entre Cuba y Venezuela”. En especial, señaló la Misión Milagro que le devolvió la visión a más de 3,5 millones de latinoamericanos, no con un enfoque comercial, sino de justicia social y equidad.

También, resaltó entre los logros de ese convenio el método cubano de alfabetización “Yo sí puedo”, donde cuatro países se declararon territorios libres de analfabetismo. 

“Desde que Cuba se declaró primer territorio libre de analfabetismo en América Latina y el Caribe, ¿cuántas décadas pasaron para que otras naciones lo pudieran lograr?”, preguntó el dirigente al tiempo que recordó que fue gracias a ese concepto de complementariedad e integración en un sistema de relaciones no basadas en el egoísmo, sino en los conceptos más humanistas, a partir de un enfoque de no dejar a nadie atrás.

Por supuesto, añadió, entre Cuba y Venezuela se tejieron relaciones económicas, comerciales, proyectos de colaboración importantes en temas energéticos y de prestación de servicios médicos, que se compensaba en una parte con combustible.

“En otro momento sí cubrían todas las necesidades de combustible de nuestro país, pero en los tiempos más actuales no, porque hay que recordar que Venezuela ha estado sometida a sanciones, a medidas coercitivas, presiones que han afectado ese intercambio”, explicó el presidente.  

Luego, agregó, comenzó el bloqueo energético y naval a Venezuela que ha impedido que barcos de ese país, incluso de otras naciones con combustible venezolano, lleguen a Cuba. 

“La situación se recrudece más aún con la orden ejecutiva que en días pasados firmó el gobierno de los Estados Unidos, para manipular a través de amenazas con aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba. Con ese pretexto, prácticamente han impuesto un bloqueo energético a nuestro país”.

Sobre el futuro de las relaciones de Venezuela, dijo que “está en la manera en que seamos capaces de construir ese futuro desde la situación presente, de una Venezuela que ha sido  agredida, a la que ilegalmente le secuestraron el presidente, a quien mantienen en una prisión en Estados Unidos”.

“Nosotros no imponemos colaboración. Nosotros damos colaboración, compartimos colaboración, compartimos con solidaridad cuando un gobierno o los pueblos nos lo piden. Y bajo ese concepto hemos mantenido en estos años esa colaboración con Venezuela”, dijo.

Guiados por los preceptos martianos, los cubanos tenemos sentimientos muy fuertes por Venezuela. “Mientras el gobierno venezolano propicie, defienda que haya colaboración, Cuba estará dispuesto a colaborar”, enfatizó.

Cuba no está sola

Sobre el apoyo de otros países a Cuba, el mandatario explicó que se recibieron muestras de manera inmediata. “Voceros de cancillerías, partidos políticos, embajadas, líderes internacionales, movimientos que agrupan países, congresistas demócratas y eurodiputados. La presidenta Claudia Sheinbaum prácticamente en todas sus Mañaneras responde preguntas que tienen que ver con la posición de México y su apoyo a Cuba. Hoy conocimos una Declaración del Movimiento de Países No Alineados y otra del Grupo de Países Amigos de la Carta de las Naciones Unidas”.

También, mencionó las conversaciones telefónicas entre el presidente chino, Xi Jinping, con el presidente ruso, Vladímir Putin. “Se manifestó el apoyo, el compromiso y la decisión de continuar la colaboración y la cooperación con Cuba y Venezuela”.

En sentido general, explicó el mandatario que a nivel diplomático y de discursos se ha recibido apoyo de muchos países, “pero detrás de esos discursos hay más cosas, cosas que tampoco podemos explicar abiertamente porque el enemigo está en una persecución de todos los caminos que se le pueden abrir de Cuba”. “Sí les puedo asegurar, con todo sentido de responsabilidad, que Cuba no está sola”.

“En estos momentos hay personas, gobiernos, países, instituciones, empresas que están dispuestos a trabajar con Cuba, y que ya nos han hecho llegar vías, mecanismos, intenciones de cómo podemos hacer”, señaló.

“La persecución energética, la persecución financiera, el recrudecimiento del bloqueo con estas medidas coercitivas es tal, que sabemos que tenemos que hacer un trabajo muy fuerte, muy creativo, muy inteligente para sortear todos esos obstáculos”, dijo.

Foto: Presidencia Cuba.

“El mundo no puede dejarse avasallar, humillar, no puede permitir que la fuerza aplaste el multilateralismo”, respondió el primer secretario del Partido Comunista de Cuba a la pregunta de la Agencia de Noticias Xinhua, sobre qué pueden hacer los países del Sur Global para apoyar a la mayor de las Antillas en el complejo escenario energético, a raíz de la orden ejecutiva del gobierno estadounidense que refuerza el bloqueo petrolero.

Al observar lo ocurrido en Venezuela, la intervención militar de EE.UU., y las posteriores amenazas a países como Cuba, México, Colombia, Groenlandia, sacamos aprendizajes y lecciones. “Uno piensa en qué podía hacer el mundo”.

“Los países tienen que entender, los pueblos tienen que entender, qué es lo que está pasando. Tienen que entender que estamos enfrentando todos en el mundo, sin excepciones, una guerra que es política, que es ideológica, una guerra que tiene también un componente cultural y una guerra que tiene un componente comunicacional, un componente mediático”, comentó.

Explicó que este es el concepto de una guerra no convencional, de una guerra de cuarta generación que combina todos estos elementos y otros más.

“¿Por qué es una guerra ideológica? Porque se está tratando de imponer el pensamiento hegemónico de la principal potencia imperialista del mundo. ¿Por qué es una guerra cultural? Porque para que prime la hegemonía de esa potencia a nivel mundial, tienen que romper los nexos y las raíces culturales de los pueblos. Tienen que hacer todas las maniobras posibles para que los pueblos vean como obsoleta su cultura, su historia. Estoy hablando de la cultura en el sentido más amplio posible, que la gente reniegue su identidad, que la gente se avergüence de su historia para que entonces puedan asimilar y le impongan los paradigmas y los patrones de esa filosofía hegemónica, de esa filosofía imperial”, dijo.

Agregó que también es una guerra mediática. “Hemos visto todas las fases de la agresión a Venezuela, la manera en que se manejaba la opinión pública nacional e internacional, la manera en que actuaban los medios, en que actuaban las redes sociales”.

“Una importantísima guerra psicológica la están aplicando contra Cuba hoy, una guerra de presiones para fracturar la unidad, para crear desconfianza, para promover incertidumbre, son elementos que demuestran la perversidad en la política estadounidense”, señaló el presidente.

“Los pueblos, los gobiernos, las naciones del Sur Global tienen que entender esto, comprender qué es lo que está en disputa: ¿Cuáles son los escenarios en los que está esa disputa? ¿Qué es lo que nos están ofreciendo como futuro en este presente tan brutal? Y entonces, a partir de ahí, buscar la articulación, la unidad, una unidad que no puede ser solo de discurso, sino también de acción, de denuncia constante, de buscar toda la integración en bloques posible en un mismo frente, defender ideas, buscar también acciones económicas, comerciales y de cooperación para defender el multilateralismo”.

El presidente consideró que hay bloques que en estos momentos están teniendo liderazgo en ese sentido, como el de los BRICS, “que ofrece una perspectivas distintas para el Sur Global”. “Las propias relaciones de China y Rusia con los países del sur es distinta. La Unión Euroasiática, el Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77, tienen un papel fundamental en esto”.

De acuerdo con Díaz-Canel, el Sur Global debe unirse en una movilización antihegemónica y antifascista.

“Se está actuando como si fueran las hordas hitlerianas cuando se agrede a un país, cuando se avasalla al mundo, cuando se secuestra un presidente o cuando se cometen acciones criminales contra embarcaciones, contra personas, de manera extrajudicial, sin ningún elemento de legalidad”.

“No me atrevería a decir en concreto acciones que pienso se podrían hacer, porque sería comprometer demasiado a otros. Pero hay caminos. Estoy seguro que hay caminos. Lo que pasa que para abordar esos caminos y para lograr esa integración todos nos tenemos que mostrar en el Sur Global con valor y con coraje”, opinó.

Cuba está dispuesta a un diálogo con los Estados Unidos

Sobre el diálogo con el gobierno de Estados Unidos, Díaz-Canel recordó que la historia de las relaciones entre ambos países después del triunfo de la Revolución se ha caracterizado por una asimetría, marcada por la imposición de un bloqueo económico, comercial y financiero durante tantos años, sostenido y recrudecido en los momentos actuales. 

“Siempre ha existido dentro de EE.UU, y también a nivel internacional, un grupo de personas y organismos que han favorecido rutas, puentes, espacios de diálogo o canales de comunicación. Y muchas veces se ha logrado”, dijo Díaz-Canel, y explicó que, entonces, “se ha hablado como iguales sobre temas en los que se puede compartir, incluso con criterios diferentes, pero que se deben abordar de manera común, porque estamos en una misma área geográfica”.

El presidente señaló que Cuba y Estados Unidos son países vecinos muy cercanos, que comparten preocupaciones por temas migratorios, temas de seguridad, temas de lucha contra el narcotráfico, de lucha contra el terrorismo. Asimismo, temas medioambientales sobre los mares y los alrededores del Golfo de México, las corrientes marinas, y otros temas que tienen que ver con la colaboración científica y los intercambios académicos.

“Hay una agenda de temas que se pueden tocar. Y siempre ha existido una posición histórica de Cuba, una posición que la definió y la defendió el Comandante en Jefe Fidel Castro, que la continuó el General de Ejército Raúl Castro; y que a mi modo de ver es inalterable y es invariable en los momentos actuales.

Cuba está dispuesta a un diálogo con los Estados Unidos. A un diálogo sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir. ¿Con qué condiciones? Sin presiones, bajo presiones no se puede dialogar. Sin precondicionamiento, en una posición de iguales. En una posición de respeto a nuestra soberanía, a nuestra independencia, a nuestra autodeterminación, sin abordar temas que nos laceran y que podamos entender como injerencia en nuestros asuntos internos”.

El presidente dijo “que de un diálogo como ese, se puede construir una relación entre vecinos civilizada, que le podría aportar un beneficio mutuo a nuestros pueblos, a los pueblos de las dos naciones. Las cubanas y los cubanos no odiamos al pueblo norteamericano, reconocemos valores del pueblo norteamericano, valores de su historia, valores de su cultura”. 

“Cuando hemos tenido oportunidad de que existan espacios de encuentro entre nuestros pueblos en diferentes sectores, en el sector científico, en el sector deportivo, en el sector religioso, en el sector cultural, en el sector de la salud, incluso diálogo a nivel político, hemos encontrado que hay muchas cosas en las que podemos trabajar juntos sin prejuicios, que pueden aportarle muchísimo; o visto de otra manera, de cuántas cosas privamos a ambos pueblos por esa política decadente, por esa política prepotente, por esa política criminal de bloqueo; y la persistencia en ese bloqueo al punto de haberlo recrudecido en los momentos actuales y lo siguen recrudeciendo, siguen apretando las tuercas de ese bloqueo”, comentó Díaz-Canel.

Agregó que la agenda para unas conversaciones podría abarcar todos estos temas. “Esa es nuestra posición, es una posición también de continuidad, y yo creo que es posible”, dijo.

La doctrina militar es la concepción de la guerra de todo el pueblo

Respondiendo a la pregunta de Juventud Rebelde sobre en qué momento de la preparación militar se encuentra el país, teniendo en cuenta las preocupaciones que se suscitaron en la población por la nota oficial publicada recientemente sobre las medidas a adoptar ante un eventual paso al estado de guerra, el presidente aclaró que “prepararnos es un derecho soberano”

“Indudablemente, puede existir preocupación en la población, pero es menor, porque la población está participando de esa preparación para la defensa. La preocupación es de otros. De ese enjambre anexionista que tenemos por ahí, de los que empiezan a flaquear, de los que se empiezan a mostrar cobardes o débiles ante las presiones y la guerra psicológica que nos están haciendo, ante los anuncios de una posible agresión militar o de seguir recrudeciendo el bloqueo a Cuba con las consecuencias que puede traer para nuestro pueblo. Y hay una realidad, Cuba es un país de paz”, comentó.

El presidente recordó que la doctrina de defensa o la doctrina militar de nuestro país es la concepción de la guerra de todo el pueblo, que es un concepto de defensa de la soberanía y la independencia del país, y que no contempla en ningún momento, en ningún acápite, en ningún concepto, la agresión a otro país. “Nosotros no somos una amenaza para los Estados Unidos”.

Agregó que el que constantemente está hablando de agresiones, y que ha levantado la retórica insultante sobre la posible agresión a Cuba, ha sido el gobierno de Estados Unidos. “Los revolucionarios sabemos lo que vale defender una revolución. Es un deber soberano nuestro, ante un peligro de agresión, prepararnos para la defensa”, subrayó.

Relató que cuando se hizo el análisis de lo ocurrido el pasado 3 de enero en Venezuela, de las implicaciones y de las amenazas para el área de América Latina y el Caribe y para Cuba, “una de las prioridades que establecimos fue desplegar un plan de preparación para la defensa bajo el principio de la guerra de todo el pueblo”.

Dijo que este concepto comprende la preparación de todo el sistema defensivo territorial de nuestro país en todos sus eslabones, desde la zona de defensa del municipio, de la provincia, hasta el Consejo de Defensa Nacional. También de las unidades regulares del ejército, de las brigadas de producción y defensa de las milicias de tropas territoriales y de las estructuras en zonas de defensa de las agrupaciones especiales, “para elevar nuestros niveles de preparación para la defensa, lo cual es legítimo e incluso contemplado en nuestra constitución”.

El presidente recordó que se han declarado todos los sábados como días nacionales de la defensa y entonces de manera gradual y sistemática todos nuestros sistemas defensivos, todos los componentes de nuestro sistema defensivo territorial se están preparando. “Nosotros estamos participando en esa preparación”.

En el Consejo de Defensa Nacional actualizamos todos los planes para enfrentar una agresión, dijo el presidente y recordó que  la nota oficial que se publicó recientemente decía exactamente así: En cumplimiento de las actividades previstas para el Día de la Defensa y con el objetivo de incrementar y perfeccionar el nivel de preparación y cohesión de los órganos de dirección y del personal, este sábado se reunió el Consejo de Defensa Nacional para analizar y aprobar los planes y medidas del paso al estado de guerra como parte de la preparación del país bajo la concepción estratégica de la guerra de todo el pueblo.

“No está diciendo que pasamos al estado de guerra, sino que nos estamos preparando para sí hay que pasar al estado de guerra en algún momento. Por lo tanto, la realidad es esta y todo lo demás es una manipulación. La cual enseguida fue acogida por todo el sistema de medios de intoxicación mediática que existe defendiendo los intereses del gobierno de Estados Unidos”.

“Nuestro pueblo está participando en las actividades de preparación para la defensa”, dijo.

La energía de la guerra




Por Enrico Tomaselli, Giubbe Rosse News

Un aspecto poco enfatizado de la fase histórica actual, caracterizada fundamentalmente por la decadencia del imperio estadounidense –y en consecuencia por la reorganización total de los equilibrios globales–, es la importancia de la cuestión energética, y en particular sus entrelazamientos y conexiones.

Por supuesto, es bastante intuitivo que la capacidad de satisfacer las necesidades energéticas de los aparatos industriales y militares, que están estrechamente relacionadas entre sí, es un factor clave para mantener una posición de poder. Pero, precisamente, si analizamos la cuestión con más profundidad, surgen algunas consideraciones extremadamente interesantes.

Comencemos diciendo que, a pesar de toda una serie de compromisos y políticas activas, los combustibles fósiles siguen siendo, con diferencia, el principal motor energético del mundo, y todo sugiere que mantendrán un papel predominante durante las próximas décadas. Paradójicamente, las propias políticas verde (los coches eléctricos) son uno de los factores que contribuyen a mantener una alta demanda de combustibles fósiles. De hecho, aunque hoy en día la producción mundial de electricidad se debe en gran medida a fuentes renovables (37%), la demanda crece a un ritmo vertiginoso, hasta el punto de que el abandono progresivo de otras fuentes de energía es extremadamente imposible. Sólo el carbón –actualmente una fuente de generación de electricidad del 32%– muestra una tendencia descendente significativa.

Pero la verdadera novedad es la explosión de la demanda energética vinculada al desarrollo y uso de la Inteligencia Artificial (IA). En 2024, los centro de datos globales consumieron alrededor de 415 TWh, una cifra superior a todas las necesidades energéticas del Reino Unido. En Irlanda, el centro de datos ya consume el 21% de la electricidad nacional [1]. Y, recordemos, la IA no es sólo el sector que impulsa el PIB de Estados Unidos (y probablemente una gigantesca burbuja financiera), pero también el sector en el que China y Estados Unidos centran hoy su competencia y en el que Estados Unidos en particular se centra para mantener y fortalecer su posición dominante.

La Inteligencia Artificial es por tanto un sector estratégico de primordial importancia, que entre otras cosas ve ahora sus aplicaciones más importantes en los sectores militar y de seguridad (también conocido como control), y que por tanto está destinado a aumentar drásticamente la demanda energética mundial. Esta demanda es tan fuerte que algunos actores importantes de Estados Unidos, como Microsoft, Google y Amazon, están recurriendo ahora a la energía nuclear para alimentar sus plantas; Microsoft ha firmado un acuerdo para reabrir la planta de energía de Three Mile Island (la que cerró tras el accidente de fusión del núcleo el 28 de marzo de 1979), mientras que Amazon y Google se están centrando en el desarrollo de reactores modulares.

Además, desde el punto de vista de Estados Unidos, la cuestión energética tiene otro aspecto estratégico de primordial importancia. De hecho, todo el sistema estadounidense se basa fundamentalmente en la deuda (38,5 billones de dólares), que a su vez se basa en la demanda global de la moneda estadounidense, que a su vez está nuevamente impulsada por el hecho de que el dólar es la moneda estándar para el comercio global. Más de la mitad (54%) de todo el comercio mundial todavía se factura en dólares, y en el caso de las materias primas (petróleo, gas, oro), esta proporción supera el ’80%. Y esto nos lleva al tercer repunte: el dólar se ha consolidado como moneda de referencia a través de su vinculación al petróleo.

En 1974, Kissinger puso en marcha un movimiento estratégico muy importante para Estados Unidos, firmando un acuerdo con Arabia Saudita, basado fundamentalmente en el intercambio de protección militar por Ryad y la venta de petróleo exclusivamente en dólares. Entonces Arabia era el país más importante de la OPEP y el mayor productor del mundo, y esto sirvió para determinar el éxito de la moneda estadounidense.

Por lo tanto, tal como están las cosas, la cuestión energética tiene una importancia estratégica absolutamente central para Washington. Tanto desde el punto de vista de las necesidades como del predominio del dólar. Y, por supuesto, también como herramienta de control sobre el desarrollo de la economía china (y por tanto del poder). Por lo tanto, como cuestión estratégica, debe considerarse en términos de una perspectiva de mediano y largo plazo.

Intentemos pues examinar la situación, tanto americana como mundial, a partir de esta lectura clave, empezando por el petróleo, que representa –como hemos visto– un elemento clave desde más de un punto de vista.

Actualmente, Estados Unidos es el principal productor mundial, con ~13,8 millones de barriles/día. Esto se debe al desarrollo de la extracción del petróleo de esquisto, mediante la técnica de fracking, que sin embargo tiene el problema de ser significativamente más caro [2]. Como Estados Unidos es un sistema capitalista-liberal, toda la cadena de suministro de petróleo (extracción, refinación, comercialización, distribución) está en manos de entidades privadas, que obviamente operan sólo si hay un margen de beneficio razonable. Y esto significa que el precio por barril de petróleo debe mantenerse por encima de una determinada cuota, para ser remunerativo. Por ejemplo, mientras que el petróleo de Medio Oriente tiene un costo de extracción que oscila entre $5 y $15 por barril, extraer el petróleo de esquistoEstados Unidos cuesta entre 35 y 55 dólares el barril. Obviamente, esto significa que Estados Unidos tiene una buena capacidad de autosuficiencia, pero que la exportación de su petróleo es menos competitiva.

Pero, una vez más, si pensamos en términos estratégicos, surge una criticidad importante: Estados Unidos está consumiendo sus reservas muy rápidamente. De hecho, según las estimaciones actuales, ascienden a ~74 mil millones de barriles, lo que los sitúa 9° entre los mayores poseedores de reservas. Y al ritmo de producción actual, las reservas estadounidenses se agotarían en unos quince años. Estratégicamente hablando, sólo un momento. Esto explica el enfoque casi obsesivo no sólo en Venezuela (reservas estimadas de ~303 millones de barriles), sino también en el Ártico, donde se cree que se encuentran grandes depósitos.

Por lo tanto, desde una perspectiva petrolera, se prevé una situación para Estados Unidos en el corto plazo en la que no sólo podría perder la autosuficiencia (volviendo a ser un importador neto) sino, en consecuencia, también perdería la capacidad de influir en los mercados y, por tanto, controlar los flujos y mantener la centralidad de petrodólares. Si luego analizamos la clasificación de los países con mayores reservas, el panorama se vuelve aún más claro y no precisamente tranquilizador.

Es evidente que entre estos países hay algunos que escapan al estricto control político de Estados Unidos, y que se convierten en objeto de atención especial de la administración Trump. Una mirada a los niveles de producción también ofrece información interesante [3].

En una fase de transición turbulenta y redefinición de los equilibrios geopolíticos mundiales, es evidente que para Washington –y por las razones anteriormente indicadas– asumir directa o indirectamente el control sobre el petróleo venezolano y canadiense, mantener el control sobre el petróleo iraquí y al menos limitar las exportaciones iraníes (mediante sanciones y/o desestabilización) es una cuestión estratégica crucial.

Otro sector importante, desde el punto de vista energético, también en vista del tumultuoso crecimiento de la demanda vinculado al desarrollo de la IA, es el de la energía nuclear.

Estados Unidos es el principal productor mundial de energía nuclear, pero no tiene suficiente infraestructura para convertir el mineral en bruto en combustible utilizable. Como resultado, Estados Unidos importa alrededor del 24% de su uranio enriquecido… ¡de Rusia! Aunque en realidad existe un sistema de sanciones, como siempre ocurre, éste se ha eludido adecuadamente pro domo sua, mediante una serie de excepciones. Se espera que estas exenciones expiren en 2028, pero es fácil predecir que se renovarán, dada la continua dependencia de Estados Unidos. De hecho, algo’ como ocurre con las tierras raras con China, a pesar de que Rusia extrae sólo entre el 5% y el 6% del uranio del mundo, posee alrededor del 44% de la capacidad de enriquecimiento global. Y en 2025, los suministros de uranio ruso a Estados Unidos aumentaron casi un 50% (y a la UE un 25%).

Esto significa que la creciente demanda energética en los EEUU, vinculada entre otras cosas también a proyectos de reindustrialización, está destinada al menos durante algunos años más a depender también de los suministros de uranio ruso; lo que, a su vez, añade una clave adicional para comprender el deseo de para cambiar el tamaño hostilidades con Moscú. Por cierto, el precio del uranio está aumentando considerablemente, precisamente en virtud de la creciente demanda y del enriquecimiento estable.

También en este caso, como notas al margen, vale la pena señalar –por ejemplo– que Irán es uno de los pocos países del mundo con capacidades de enriquecimiento autónomas, y esto explica por qué Estados Unidos insiste en prohibirlo. O que las fuentes alternativas muy limitadas son Canadá y Kazajstán (con los que Washington intenta desarrollar relaciones fructíferas, también en virtud de su posición geográfica). O que la pérdida de uranio de Níger por parte de Francia (pasado a la órbita rusa, tras las convulsiones geopolíticas en el África subsahariana – Níger, Malí y Burkina Faso), no sólo aumentó la dependencia francesa, sino que redujo la disponibilidad de minerales de uranio en la disponibilidad Occidental.

Curiosamente, aunque siguen siendo los primeros productores de energía nuclear, Estados Unidos todavía está tratando de liberarse de una dependencia significativa del material enriquecido, del que actualmente casi una cuarta parte proviene de un oponente como Rusia, mientras que el conocido como el mayor competidor, es decir, China, está logrando grandes avances, tanto en el desarrollo de nuevas tecnologías (reactores Torio) como, más en general, en la construcción de nuevas centrales eléctricas [4]. Tecnología significativa de la llamada Sol artificial; el tokamak oriental. Los chinos siguen batiendo récords. A principios de 2026, los científicos anunciaron nuevos avances en el confinamiento de plasma a temperatura ultraalta durante períodos prolongados, con el objetivo de tener la primera instalación de demostración comercial alrededor de 2045.

Por lo tanto, también en este caso la feroz competencia por un sector que consume mucha energía como la IA se refleja directamente en la capacidad de responder adecuadamente a la demanda. Y China espera superar la generación de energía nuclear estadounidense en 2030, menos de cinco años.

Otro sector crucial, el gas.

También en este caso observamos una situación similar a la que ya se observa en el caso del petróleo. De hecho, Estados Unidos es el principal productor mundial, con ~1.050 – 1.100 mil millones de m³/año, además de un importante exportador. Pero, incluso aquí, la extracción es predominantemente de gas de esquisto (fracking), con los mismos problemas de costes, mientras que la exportación –en ausencia de oleoductos transoceánicos– se realiza por barco, mediante licuefacción (GNL). Lo que, por supuesto, aumenta aún más los costes (licuefacción, transporte, regasificación + las plantas necesarias para el procesamiento aguas arriba y aguas abajo). De hecho, los principales compradores somos nosotros, los tontos europeos, que pagamos entre 4 y 5 veces más que el ruso y que –con la típica actitud tafazziana de la UE– acabamos de decidir no comprar más ni un solo metro cúbico de gas ruso a partir de 2028.

Si Estados Unidos es un gran productor, no es un gran poseedor de reservas. Al ritmo actual, estos (17.000 mld m³) se agotarán en menos de veinte años. Compitiendo con la producción estadounidense está obviamente Rusia, con sus ~620 – 680 mil millones de m³ y reservas de 47.000 mld m³ (primera mundial) [5], pero también Qatar, que a pesar de ser sólo el productor mundial 6° tiene los costos de producción más bajos y espera igualar el nivel de las exportaciones estadounidenses ya el próximo año. Por cierto, Irán tiene 34.000 millones de m³ de reservas…

El único sector energético en el que Estados Unidos tiene una supremacía real e indiscutible es el carbón: ~250 mil millones de toneladas de reservas, el 22% de las del mundo. Pero la producción está muy por debajo, ~460 – 470 millones de toneladas por año. Obviamente, esto depende en gran medida de las decisiones de diversificación energética tomadas especialmente en Occidente, pero garantiza al sector industrial estadounidense una posible fuente importante de energía, que puede reactivarse según sea necesario, especialmente en lo que respecta a la generación de electricidad y la producción de acero.

Lo que se desprende de este panorama general es, en primer lugar, que Estados Unidos está acelerando su producción de petróleo y gas, incluso a costa de afectar rápidamente sus reservas, ya que evidentemente cree que es estratégicamente necesario mantener en la medida de lo posible la ventaja que se puede obtener de ello – y hemos visto cuáles son las implicaciones, no sólo estrictamente energéticas. Una aceleración que, además, es de hecho la figura clave de la política estadounidense en todos los campos y que da testimonio de la percepción de que el tiempo para mantener el papel hegemónico se está reduciendo rápidamente.

Si observamos los dos documentos de estrategia que acabamos de publicar, Estrategia de seguridad nacional y Estrategia de Defensa Nacional, debemos leer su indicación fundamental –a saber, la reanudación del hierro y el control total sobre el hemisferio occidental– como uno de los pasos necesarios para garantizar la capacidad energética necesaria para afrontar tanto el desafío de la IA como el de la producción industrial. Venezuela, Canadá y el Ártico representan la tríada clave a este respecto. Así como el desprecio cada vez más manifiesto hacia los países europeos no está sólo vinculado al odio ideológico, o a la pérdida de la centralidad geopolítica del viejo continente, pero también a su absoluta inutilidad en términos energéticos – excepto como cliente de GNL estadounidense, siempre que tenga dinero para pagarlo.

Crea algún tipo de área protegida, centrado precisamente en el hemisferio occidental, lejos de ser un paso hacia una especie de nueva Yalta, con la división del mundo en áreas de influencia, es ante todo un intento de garantizar un mercado más estrictamente colonial, y funcional para proporcionar recursos y absorber la producción, en beneficio de Estados Unidos.

Aunque los documentos estratégicos siempre hablan de competidoresComo si se tratara de un asunto de libre mercado, la realidad es obviamente que la perspectiva geopolítica estadounidense es esencial para la idea de la guerra. Lo cual no es necesariamente, y sobre todo no siempre, una actividad cinética, sino más bien una predisposición. Significa considerar a cualquier otra entidad estatal-nacional en términos de subordinación de servicios públicos o hostilidad de amenazas. La ideología liberal, transpuesta al nivel geopolítico, no prevé la libre competencia, sino la supresión de competidores potenciales. Y el monopolio (de la fuerza) es la respuesta a esta necesidad. En ausencia de una capacidad militar efectiva para contrarrestar a las potencias (globales o regionales) identificadas como hostiles, que ahora ni siquiera se abordan individualmente, la demostración de poder se convierte a su vez en un instrumento de guerra híbriday responde exactamente a la función de proyectar una imagen de mayor potencia que las capacidades reales.

Los estrategas políticos estadounidenses han señalado que el proyecto hegemónico condensado en globalización ha fracasado – porque no ha transformado el mundo en un gran mercado capitalista, en consecuencia no ha uniformizado (y subordinado) a todos al modelo estadounidense, ha inflado hipertróficamente la economía financiera y ha agotado las capacidades productivas materiales. El nuevo desafío para mantener cierta preeminencia global radica no sólo en el desarrollo tecnológico, sino también en una capacidad industrial renovada y poderosa. Y esto requiere ser alimentado.

Un factor poderoso en la ecuación es entonces la capacidad de disponer de energía y limitar el acceso a otros. Se necesita energía para alimentar la guerra, se necesita guerra para controlar la energía. Estados Unidos aspira a ganar la carrera de 100 metros, mientras que Rusia y China compiten por la carrera de cross country.


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Notas:
– En Italia, a finales de 2025, solicitudes de conexión para nuevos centro de datos alcanzó los 69 GW, una cifra enorme que requiere una mejora de la infraestructura sin precedentes. Cabe señalar que Estados Unidos está planeando trasladar algunos de sus centros de datos (y, por lo tanto, la demanda de energía) a algunos países de confianza, como Ucrania e Italia. Microsoft (octubre de 2024) anunció una inversión de 4.300 millones de euros (la mayor jamás realizada en Italia) para reforzar su centro de datos a hiperescala, con el objetivo de crear la Región de la nube del norte de Italia (concentrado en Lombardía), que se convertirá en uno de los mayores centros de datos de Microsoft en Europa. El gobierno italiano está trabajando activamente en conjunto para simplificar las regulaciones a través de IA DDL y atraer a otros jugador como Google y AWS (Amazon), que ya cuentan con planes de expansión de miles de millones de dólares en el país.
– El fracking, término de jerga para fracturación hidráulica (fracturación hidráulica), es una técnica utilizada para extraer gas natural o petróleo atrapado en rocas sedimentarias muy compactas y poco permeables, como el esquisto (esquisto). Mientras que las extracciones tradicionales explotan bolsas de hidrocarburos que aumentan naturalmente, el fracking sirve para liberar forzosamente los recursos incrustados en los microporos de la roca.
– Actualmente (datos de 2025) los 10 países con mayor producción son: Estados Unidos (~13,8 millones de barriles/día); Arabia Saudita (~10,1 millones de barriles/día); Rusia (~9,9 millones de barriles/día); Canadá (~5,0 millones de barriles/día); China (~4,3 millones de barriles/día); Irak (~4,1 millones de barriles/día); Brasil (~3,9 millones de barriles/día); Emiratos Árabes Unidos (~3,4 millones de barriles/día); Irán (~3,2 millones de barriles/día); Kuwait (~2,6 millones de barriles/día). Fuente: EIA – Estadísticas Energéticas Internacionales.
– La República Popular China cuenta actualmente con 60 reactores operativos y otros 30 en construcción (la mayor expansión mundial). Y su objetivo es alcanzar los 110 GWe en 2030. Además, está implementando una estrategia Del carbón a la energía nuclear (C2N), para convertir antiguas centrales eléctricas alimentadas con carbón en instalaciones nucleares. Esto tiene ventajas logísticas obvias: en lugar de construir desde cero, se utiliza la infraestructura existente (redes eléctricas, sistemas de refrigeración y personal cualificado) para albergar nuevos reactores nucleares, acelerando la descarbonización del sector industrial pesado.
– Después de Estados Unidos, las mayores reservas de carbón pertenecen a: Rusia, con ~160 mld de m³ (15% del total mundial), Australia, con ~150 mld de m³ (14%), China, con ~145 mld de m³ (13%), e India, con ~110 mld de m³ (10%). Fuente: EIA – Global Energy Review 2025 (Sección del Carbón
  1. ).

Venezuela privatiza el petróleo a punta de pistola de EE. UU.: el callejón sin salida del «socialismo del siglo XXI»

 

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, se dirige a los trabajadores petroleros de PDVSA en la refinería de Puerto La Cruz el 25 de enero de 2026. [Photo: presidencialve]
Hace apenas cuatro semanas, tropas de operaciones especiales estadounidenses invadieron Venezuela, irrumpieron en su instalación más segura, Fuerte Tiuna, y secuestraron al presidente de facto Nicolás Maduro y a su esposa, Celia Flores, matando a más de 100 personas en la operación. Desde entonces, el destino de la pareja ha desaparecido de los medios de comunicación de Estados Unidos, ya que permanecen recluidos en un famoso centro de detención federal de Brooklyn. Han comparecido una vez ante el tribunal para declararse inocentes de los falsos cargos de «narcoterrorismo» que les imputa Estados Unidos y volverán a comparecer para las mociones previas al juicio el 17 de marzo.

Su hijo, Nicolás Maduro Guerra, ha hecho público un mensaje que le han transmitido los abogados estadounidenses en el que Maduro declara que él y su esposa se encuentran bien y de buen ánimo, y expresa su confianza en que «vamos a preservar la vida, vamos a preservar el poder y vamos a preservar la revolución».

Mientras que la determinación del destino de Maduro y Flores avanza a paso de tortuga en el sistema judicial estadounidense, la «preservación de la revolución» tras el ataque del 3 de enero se ha revelado con sorprendente rapidez como una transformación de Venezuela en una semicolonia, totalmente subordinada a la estrategia imperialista de Estados Unidos y a los intereses lucrativos de los conglomerados energéticos con sede en ese país.

Esto quedó explícitamente reflejado en el testimonio del 28 de enero del secretario de Estado Marco Rubio ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Rubio defendió la decisión de la administración de trabajar con la exvicepresidenta de Maduro y ahora «presidenta interina», Delcy Rodríguez, para implementar sus objetivos en Venezuela. Al hacerlo, insistió, se había evitado el peligro de una guerra civil. Los intereses estadounidenses se impondrían a Venezuela a través del control del petróleo, «que no puede moverse debido a nuestra cuarentena». El petróleo representa el 90 % de los ingresos por exportaciones de un país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta.

El secretario de Estado describió un sistema humillante y profundamente corrupto en el que Estados Unidos monopolizaría la comercialización del petróleo venezolano, y los ingresos se depositarían en una cuenta offshore en Qatar. El Gobierno venezolano, dijo, «presentará cada mes un presupuesto con lo que necesitamos financiar». Washington, añadió, «les proporcionará por adelantado lo que no se puede hacer con ese dinero». Lo que ocurrirá con el resto del dinero es una incógnita.

Rubio elogió al Gobierno encabezado por Rodríguez por ser «muy cooperativo» e indicó que había aceptado las condiciones según las cuales «compraría directamente a Estados Unidos medicamentos y equipos», así como nafta y otros diluyentes necesarios para reducir la densidad del crudo pesado que produce Venezuela. Anteriormente, los importaba de Rusia.

Washington y Caracas, continuó Rubio, estaban «manteniendo conversaciones serias sobre la erosión y la eliminación de la presencia iraní, la influencia china y la presencia rusa».

Aún más significativo es que Rubio elogió la rapidez con la que el régimen post-Maduro en Caracas ha impulsado una «reforma» de la «Ley Orgánica de Hidrocarburos» del país, declarando que la nueva versión «erradica muchas de las restricciones de la era [Hugo] Chávez a la inversión privada en la industria petrolera».

Según sus detractores, la «reforma», que fue aprobada a toda prisa por la Asamblea Nacional de Venezuela el jueves pasado, va mucho más allá. Retrocede a Venezuela medio siglo, hasta antes de la nacionalización inicial en 1976, e incluso antes de que se aprobara la primera Ley de Hidrocarburos en 1943, que establecía un sistema de reparto de beneficios «50-50» entre el Estado y las empresas petroleras estadounidenses.

Hay quien dice que hay que remontarse a la década de 1930 y a la época del famoso dictador Juan Vicente Gómez, cuando solo tres empresas extranjeras, Gulf, Royal Dutch Shell y Standard Oil, ejercían un control absoluto sobre el 98 % del sector petrolero venezolano, proporcionando a Gómez el dinero suficiente para llenarse los bolsillos, pagar a sus partidarios políticos y financiar su cruel aparato policial.

Aunque Venezuela conserva nominalmente la soberanía sobre su subsuelo, la «reforma» ha cedido a Washington y a las grandes petroleras el control sobre la extracción y la comercialización —a quién se venderá el petróleo y a qué precio— y qué parte de los ingresos irá a parar al país.

La defensa de esta rendición retrógrada por parte de las autoridades venezolanas es impresionante por su descaro e hipocresía. La «presidenta interina» Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, pronunciaron discursos demagógicos consecutivos ante un público cautivo de trabajadores petroleros de la empresa petrolera estatal PDVSA.

Delcy Rodríguez aprovechó la ocasión para responder a una declaración contundente sobre la política colonialista de Washington. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Trump, dijo en una entrevista en Davos: «Estados Unidos está dirigiendo las políticas en Venezuela en este momento. Ha dejado a figuras del régimen anterior en puestos de poder para que puedan gobernar el país siguiendo las directrices de Washington».

En cuanto al fondo y al tono, las declaraciones de Bessent no se diferenciaban mucho de otras declaraciones igualmente imperiosas de funcionarios estadounidenses, incluidas muchas del propio Trump. En este caso, sin embargo, utilizó las palabras poco diplomáticas del secretario del Tesoro como pretexto para adoptar un tono desafiante. «¡Basta ya de órdenes de Washington sobre la política en Venezuela!», declaró. «Dejemos que la política venezolana resuelva nuestras diferencias y nuestros conflictos internos».

En la misma línea, insistió: «No debemos temer la agenda energética, ni de Estados Unidos ni del resto del mundo». En otras palabras, dejemos que nosotros nos ocupemos de los asuntos políticos internos, aunque nos sometamos a los dictados de Washington.

El discurso de su hermano Jorge fue, si cabe, aún más demagógico y grosero. Por un lado, denunció a los funcionarios que se declaraban «rojos rojitos» mientras desviaban de forma corrupta la riqueza petrolera del país para su propio beneficio y la negaban a los trabajadores del país. Pero ¿quiénes son estos malhechores anónimos si no los aliados y socios más cercanos de los hermanos Rodríguez? A continuación, contó a los trabajadores petroleros reunidos un dicho que atribuyó a su abuela: «No importa el color del gato, siempre que cace ratones».

Cualquiera que tenga un conocimiento siquiera superficial de la política y la historia mundial —y Rodríguez sin duda tiene más que eso— sabe que el proverbio fue un eslogan clave promovido por el antiguo líder del Partido Comunista Chino, Deng Xiaoping, para justificar el desmantelamiento de lo que quedaba de las relaciones de propiedad nacionalizadas y la planificación económica del Estado obrero deformado establecido a raíz de la revolución de 1949, y para integrar a China en el capitalismo global. En el contexto venezolano, esta frase se reduce a «no importa si Venezuela controla su petróleo o si está controlada por compañías petroleras extranjeras, siempre y cuando haya dinero fluyendo hacia las arcas del gobierno».

Uno de los momentos más significativos de la audiencia en el Senado en la que testificó el secretario de Estado Rubio fue la pregunta inicial del presidente del Comité de Relaciones Exteriores, el senador Jim Risch. El republicano de Idaho señaló que, aunque la audiencia no se celebraba en un «entorno clasificado», le gustaría que Rubio contara al comité lo que le había informado sobre cómo se habían sentado las «bases» para el asalto del 3 de enero. Se declaró «increíblemente impresionado con lo que me contó sobre cómo usted y el presidente negociaron con las partes allí sobre el terreno, en particular con las partes que iban a estar al mando después de la destitución de Maduro».

Rubio respondió con una larga evasiva que consistió en una prolongada denuncia de Maduro como mentiroso y como alguien con quien Washington no podía llegar a un acuerdo. Evidentemente, no creía que relatar las negociaciones previas al 3 de enero con «las partes que iban a estar al mando» tras el secuestro de Maduro redundara en interés de Estados Unidos.

El intercambio pareció confirmar aún más los informes de que los Rodríguez, y quizás otros líderes venezolanos, habían entablado conversaciones con la administración Trump antes del secuestro de Maduro, acordando colaborar con Washington.
«Maduro tiene que irse»

La más reveladora de ellas apareció el mes pasado en The Guardian, que citaba a múltiples fuentes anónimas con conocimiento de las negociaciones entre los Rodríguez y Washington, según las cuales «aseguraron en secreto a funcionarios estadounidenses y qataríes a través de intermediarios, con antelación, que acogerían con satisfacción la salida de Maduro».

Un funcionario estadounidense involucrado en las conversaciones dijo al diario británico que Delcy Rodríguez le comunicó a Washington que estaba dispuesta a intervenir: «Delcy estaba comunicando que «Maduro tiene que irse»». Otra persona familiarizada con las conversaciones la citó diciendo: «Trabajaré con las consecuencias que sean».

El informe añadía que «aunque la familia Rodríguez prometió ayudar a Estados Unidos una vez que Maduro se fuera, no aceptó ayudar activamente a Estados Unidos a derrocarlo».

Aunque el ahora «presidente interino» haya trazado una línea tan fina, en Venezuela existen amplias sospechas de que la operación «impecable» y «quirúrgica» para capturar a Maduro y Flores no encontró oposición efectiva debido a la colaboración de elementos dentro de las fuerzas de seguridad venezolanas.

Esta suposición encontró un importante respaldo en el embajador de Moscú en Venezuela, Serguéi Melik-Bagdasarov, quien declaró en una entrevista al canal de televisión ruso Rossiya-24 que la operación estadounidense había tenido éxito gracias a la negligencia y la colaboración con la inteligencia estadounidense por parte de funcionarios venezolanos. El embajador calificó estas acciones de «traición» y afirmó que la colaboración comenzó mucho antes de la incursión del 3 de enero. Afirmó que Moscú conocía los nombres de quienes «trabajaban sistemáticamente para la inteligencia estadounidense».

Las declaraciones fueron repetidas la semana pasada por el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasily Nebenzya, en una entrevista con el mismo canal de televisión: «En Venezuela, sin duda se produjo una traición y se habla abiertamente de ello. Algunos altos cargos traicionaron esencialmente al presidente», afirmó.

Aunque es muy posible que se haya producido una traición en lo que respecta al destino personal de Maduro, no hay motivos para creer que él hubiera dado una respuesta significativamente diferente al gangsterismo del régimen de Trump. Como dejaron claro sus propias declaraciones y las de Trump, estaba dispuesto a entregarle todo a Washington. El único escollo era la exigencia de que cediera la presidencia y abandonara Venezuela.

Además, el acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Maduro y Chevron para la explotación del petróleo venezolano en el marco de una medida «antibloqueo» sentó un claro precedente para la privatización generalizada que se está llevando a cabo actualmente.

La fuerza motriz fundamental detrás de los tumultuosos acontecimientos desde el criminal ataque estadounidense del 3 de enero no es el comportamiento traidor de la familia Rodríguez o de elementos del mando militar venezolano, sino más bien el callejón sin salida histórico del chavismo y su «socialismo del siglo XXI» y, en general, del nacionalismo burgués y el llamado movimiento de la Marea Rosa en toda América Latina.

En su apogeo bajo Chávez, el gobierno chavista pudo utilizar los ingresos excedentes proporcionados por el auge de los precios del petróleo para financiar programas de asistencia social que beneficiaron a los sectores más empobrecidos de la sociedad.

Con el colapso del auge de las materias primas, que se produjo tras la muerte de Chávez y la sucesión de Maduro, junto con el endurecimiento del régimen de sanciones de Estados Unidos, la pobreza volvió a aumentar y el gobierno impuso cada vez más el peso de la crisis económica del país sobre las espaldas de la clase trabajadora.

Como resultado, Venezuela se convirtió en uno de los países más empobrecidos y desiguales de la región, con el 31 % de la riqueza concentrada en manos del 1 % más rico, mientras que la mitad más pobre de la sociedad solo poseía el 3,6 %.

La «Revolución Bolivariana», en un nivel fundamental, no logró resolver la maldición histórica de la economía venezolana: su abrumadora dependencia de la exportación de una sola materia prima, el petróleo, cuya mayor parte se destina, con diferencia, a Estados Unidos. Esto dejó al país vulnerable, como siempre, a las fluctuaciones de los mercados energéticos mundiales, así como al régimen de sanciones de Estados Unidos y, en última instancia, al bloqueo militar de Washington.

Ahora, el chavismo, en su última versión bajo Delcy Rodríguez, preside un régimen títere cuyas políticas económicas, militares y exteriores son dictadas por Washington. Hay que remontarse a la Cuba de la Enmienda Platt (1903-1934) o a la Nicaragua y Haití bajo ocupación militar estadounidense para encontrar una dominación neocolonial más descarada por parte del imperialismo yanqui de las tierras del sur.

La principal función independiente del Gobierno consiste en defender los intereses de sus principales electores, entre los que se encuentran las fuerzas de seguridad y la llamada «boliburguesía», una capa rica de capitalistas venezolanos que hicieron fortuna gracias a los contratos gubernamentales, la corrupción y la especulación financiera.

La clase obrera venezolana ha pagado un precio terriblemente alto por esta ignominiosa trayectoria del movimiento fundado por Hugo Chávez, con masas sumidas en la pobreza, millones de personas obligadas a emigrar y quienes luchan por defender los salarios y las condiciones laborales denunciados como «contrarrevolucionarios» y reprimidos.

El destino del chavismo ha puesto de manifiesto el papel reaccionario de todos los grupos pseudoprogresistas, entre los que destacan las organizaciones pablistas y morenistas, que promovieron la ilusión de que la «Revolución Bolivariana» en Venezuela había abierto un nuevo camino hacia la liberación de la opresión imperialista e incluso hacia el socialismo.

Más bien ha proporcionado a América Latina una más de una larga serie de trágicas y costosas confirmaciones negativas de la teoría de Trotsky sobre la revolución permanente. Trotsky estableció que en los países oprimidos por el imperialismo, las tareas democráticas y nacionales históricamente asociadas con la revolución burguesa no podían realizarse bajo la dirección de la burguesía nacional, que está vinculada y depende del capitalismo mundial y teme la revolución desde abajo. Más bien, estas tareas solo pueden llevarse a cabo bajo la dirección de la clase obrera, que se vería obligada a tomar el poder y pasar a medidas socialistas mientras busca la extensión de su revolución a nivel internacional.

Las amargas lecciones del naufragio del chavismo y, más ampliamente, de todo el movimiento de la Marea Rosa, deben ser asimiladas por las capas más avanzadas de la clase obrera en la lucha por construir una nueva dirección revolucionaria en forma de secciones del movimiento trotskista mundial, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de febrero de 2025)