Cuba Economic Review: Presentamos “De la crisis a la transformación” (nueva serie)
Una crisis que no admite soluciones rápidas Esta primera entrega de nuestra serie sobre la transformación de Cuba examina la crisis cubana en perspectiva comparada para precisar tanto su naturaleza como la magnitud de la transformación necesaria para revertirla. A partir de comparadores regionales e indicadores sencillos, identificamos patrones estructurales más que fluctuaciones de corto plazo. El análisis avanza con cautela, dadas las limitaciones de las estadísticas cubanas y la ausencia de estimaciones ampliamente aceptadas para algunas variables. Aun así, la conclusión es clara: las dificultades actuales de Cuba son estructurales y acumulativas, y están muy lejos del alcance de ajustes graduales o de soluciones parciales. Un declive prolongado, no un shock transitorio La evidencia comparada indica un deterioro relativo prolongado en lugar de una disrupción temporal. Cuba ya no ocupa la posición económica que tuvo en el Caribe, y esta erosión se ha prolongado durante décadas (consultar la tabla siguiente). Incluso periodos de apoyo externo excepcional —primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela— no lograron una renovación productiva sostenida ni reconstruir la base de capital físico del país. La crisis actual no debe interpretarse como resultado de una sola política fallida, de un choque adverso o de un año particularmente difícil. Más bien, refleja debilidades profundas, acumuladas a lo largo de décadas, que nunca fueron abordadas de manera eficaz. El círculo vicioso macroeconómico. El cuadro macroeconómico refuerza este diagnóstico. Cuba enfrenta:
Estas condiciones dejan un margen de maniobra extremadamente estrecho para la política económica. Al mismo tiempo, buena parte del ajuste más doloroso ya ocurrió, no por una acción deliberada de política, sino por la propia crisis: mediante una fuerte compresión de los ingresos reales, la reducción de la demanda y la contracción forzada de la actividad económica. Esto importa porque sugiere que la primera etapa de cualquier transformación seria no puede consistir en un programa convencional de estabilización. La estabilización sigue siendo indispensable, pero debe insertarse en un esfuerzo más amplio por restablecer las condiciones mínimas de funcionamiento de la economía, y no en exigir nuevos sacrificios a una población que ya ha sufrido pérdidas catastróficas. Una base productiva en deterioro Los indicadores de inversión y producción revelan que Cuba carece de la base material esencial para un desarrollo sostenido. El problema no es solo la inversión insuficiente durante mucho tiempo, sino que la reposición de capital generalmente ha quedado por debajo de la depreciación en sectores clave, lo cual explica el deterioro evidente en:
Cuba no solo crece demasiado poco, si es que crece. Opera sobre una plataforma productiva cada vez más debilitada. Sectores prioritarios para una recuperación inicial La energía se ha convertido en la expresión más clara de este deterioro. Un sistema eléctrico que ya era frágil se convirtió en una restricción vinculante para la actividad en casi todos los sectores. Los déficits energéticos hoy afectan simultáneamente la producción, el comercio, el transporte y los servicios básicos. Por eso, la recuperación de los sectores habilitadores debe figurar entre las prioridades más tempranas de cualquier esfuerzo de reforma viable. Una lógica similar se aplica a la agricultura, la logística y el turismo. Aunque no tienen la misma importancia por las mismas razones, los cuatro son esenciales para una primera etapa de la recuperación. Por qué importan estos sectores Energía: Sin una mejora sustancial en la disponibilidad de energía, el resto de la economía seguirá atrapado en un ciclo de baja productividad, incertidumbre e interrupciones recurrentes Agricultura: La inseguridad alimentaria, la dependencia de importaciones y la debilidad de la oferta interna alimentan tanto la inflación como el malestar social Logística: Ninguna economía puede funcionar cuando siguen deteriorados el transporte, la disponibilidad de combustible, los sistemas de distribución y las operaciones portuarias Turismo: A pesar de las distorsiones de política del pasado, sigue siendo uno de los pocos sectores con capacidad instalada para generar divisas con relativa rapidez bajo condiciones más favorables El desafío inmediato no es el desarrollo en sentido pleno, sino la restauración de una plataforma básica a partir de la cual el desarrollo vuelva a ser posible. El costo humano: demografía y deterioro social Las tendencias demográficas y sociales refuerzan la urgencia. Cuba todavía conserva un acervo importante de capital humano acumulado durante décadas, pero ese activo se erosiona a medida que continúan saliendo del país personas en edad laboral, muchas de ellas altamente calificadas. La fuerza de trabajo se reduce mientras se debilitan la capacidad institucional y los servicios públicos. Esta combinación resulta especialmente dañina: reduce no solo el potencial productivo actual, sino también la capacidad futura para implementar y sostener reformas. Las consecuencias sociales dejan de ser efectos secundarios para convertirse en rasgos fundamentales de la crisis. La desigualdad ha crecido, la pobreza se ha extendido y los mecanismos que antes mitigaban el impacto de los choques económicos en los hogares vulnerables se han debilitado significativamente. El deterioro de los resultados de salud y la contracción del personal médico ilustran un patrón más amplio: la crisis se ha extendido más allá de la economía productiva y ahora afecta instituciones que alguna vez figuraron entre las ventajas comparativas más claras de Cuba. Por eso, proteger desde el principio a los grupos de población más vulnerables debe ser una prioridad, junto con la estabilización y la recuperación sectorial. La protección social no debe considerarse solo como una corrección en una etapa posterior; es un elemento fundamental para garantizar la viabilidad del proceso. Un consenso emergente sobre la necesidad del cambio Si de la crisis actual puede extraerse una conclusión constructiva, es que empieza a surgir gradualmente un consenso significativo en torno a varios puntos básicos. La crisis es estructural y multidimensional. Las autoridades y el modelo prevaleciente en sí mismo han mostrado una incapacidad sostenida para concebir e implementar respuestas acordes con la magnitud de los desafíos que hoy enfrenta el país. Y los cambios requeridos van más allá de ajustes administrativos, flexibilizaciones tácticas o aperturas parciales. Persisten desacuerdos importantes, entre ellos si un cambio de gran alcance debe abarcar también el modelo político y qué marco de referencia político, económico y social más amplio debería guiar un proceso futuro de transformación. Pero los términos del debate han cambiado. Cada vez resulta más difícil negar que Cuba necesita cambios profundos en múltiples planos. Lecciones de la experiencia comparada La transformación que Cuba necesita exige también, en cierta medida, un ejercicio de confianza por parte de sus hijos e hijas más comprometidos y, ojalá, de actores internacionales responsables. Esa confianza no debe descansar en ilusiones, sino en el reconocimiento sobrio de que, pese a la gravedad del deterioro, una transformación exitosa sigue siendo posible. La experiencia comparada de otros procesos de reorganización económica a gran escala ofrece varias lecciones relevantes: Primero, fortalecer al Estado en lugar de debilitarlo prematuramente. Cuba tendría que preservar y ampliar la capacidad fiscal y administrativa a medida que avance el cambio. Cuando los gobiernos pierden ingresos, capacidad de control y coherencia burocrática demasiado pronto, suelen tener dificultades para hacer cumplir las reglas, proveer servicios públicos y sostener la confianza social. Este punto es particularmente importante para la descentralización. Una mayor autonomía local puede mejorar la capacidad de respuesta y de experimentación, pero solo si va acompañada de responsabilidades fiscales claras, de una contratación pública transparente, de una capacidad de auditoría y de mecanismos efectivos de rendición de cuentas. De lo contrario, puede reproducir ineficiencia y captura de rentas a escala local. Segundo, ordenar las reglas y los mercados antes de cambiar la propiedad. Una de las advertencias más claras de la experiencia comparada se refiere a las transferencias masivas de activos realizadas antes de que existieran instituciones adecuadas. Los cambios rápidos en la propiedad sin capacidad regulatoria, valoración transparente, buen gobierno corporativo y salvaguardas de competencia suelen debilitar la reestructuración, erosionar la base fiscal y concentrar ventajas en pocas manos. Esto no implica preservar indefinidamente estructuras ineficientes. Implica reconocer que la reforma del marco institucional es una precondición para una reestructuración exitosa, no algo que pueda improvisarse después. Tercero, construir legitimidad social a partir de la equidad. Una transformación duradera requiere legitimidad social. En la práctica, eso implica combinar la estabilización macroeconómica, la protección social focalizada y mejoras visibles en la legalidad, la previsibilidad y la equidad. Es más probable que la ciudadanía apoye cambios profundos cuando estos generan orden, protección y oportunidades, y no desposesión, incertidumbre ni acceso privilegiado para una minoría. En el caso cubano, este asunto probablemente será decisivo, precisamente porque el tejido social ya ha sido sometido a una tensión severa y los costos de un mayor desorden serían excepcionalmente altos. Las ventajas que aún conserva Cuba Cuba también conserva varias ventajas importantes frente a sus vecinos caribeños. Su acervo de capital humano, todavía inusualmente sólido para su nivel de ingreso, sigue siendo un activo comparativo real. Altos niveles de alfabetización y logros educativos pueden sostener una recuperación más intensa del conocimiento si se crean las condiciones institucionales adecuadas. En particular, las capacidades del país en salud y biotecnología podrían convertirse en activos significativos en un marco que ofrezca derechos más seguros, mejores incentivos y acceso a los mercados externos. La diáspora cubana representa a la vez un desafío y una oportunidad. Los desafíos son reales: fuga de cerebros, polarización y disputas complejas sobre derechos fundamentales, propiedad de activos y representación política. Pero Cuba también cuenta con una amplia comunidad externa con capital, redes, experiencia profesional y un fuerte interés en el futuro de la Isla. Si se maneja adecuadamente, mediante arreglos justos y jurídicamente creíbles, la diáspora podría convertirse en una fuente importante de inversión, de transferencia de conocimiento y de anclaje externo. La geografía es otra ventaja estructural. La proximidad a Estados Unidos podría resultar transformadora en un escenario de normalización. El turismo, las remesas, la inversión extranjera directa, la logística y el comercio podrían expandirse significativamente en un contexto más favorable. Ese potencial no es automático ni depende por completo de Cuba. Pero sigue siendo una de las fortalezas latentes más importantes del país. Conclusión: primeros pasos de un camino largo Vista en el espejo regional, la conclusión central no es solo que Cuba haya quedado rezagada. Es que el país enfrenta hoy una crisis demasiado profunda, amplia y prolongada como para ser abordada dentro de la lógica actual. Los indicadores disponibles apuntan a una posición macroeconómica debilitada, a una estructura productiva deteriorada, a la erosión de los servicios públicos y a la pérdida de capital demográfico y humano. También sugieren que Cuba carece hoy de la base material mínima necesaria para emprender una senda normal de desarrollo. Por eso, las primeras prioridades deben ser más básicas y urgentes: estabilizar la economía sobre supuestos realistas, recuperar sectores habilitadores como la energía, la agricultura, el turismo y la logística, y proteger a los grupos de población menos capaces de absorber un mayor deterioro. Solo a partir de ese punto de partida podrá tomar forma una estrategia más amplia de transformación sostenida. Comentario HHC: Muy interesante, aun cuando no se esté acuerdo en todo,
como la necesidad de transformaciones políticas, pero se aborda la realidad con
un análisis que implica un debate sobre la experiencia que han acumulado otros países
en la economía misma, y que se ha demostrado que funciona, y constatar que es
aplicable a nuestro país.
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Las transformaciones políticas han ocurrido a pesar de los pesares. Lo que no han sido todo lo radicales que se requiere y sobre todo han proliferado en medias tintas con el resultado de continuar considerando el tiempo como una variable poco importante. El hecho es que deben administrarse según la gravedad del momento y lo cierto es que la receta y el método no están en correspondencia con el estado del paciente. Se impone un rediseño de la sociedad, pero para ello se requiere un liderazgo para el que resulta insuficiente apoyarse exclusivamente en un pasado glorioso. Las generaciones actuales ansían referencias apuntando al futuro y para ello se requiere de la existencia de un entorno propicio, preciso y creíble, lo cual no se está logrando. Las instituciones que rigen los destinos del país están anquilosadas en estructuras y métodos obsoletos, también figuras, que poco le dicen a los actores sociales, no los oficiales en los cuales pocos creen, sino en aquellos capaces de llevar adelante el proyecto colaborando en un marco de más visibilidad y mayores libertades de acción. Quiérase o no, los privados han contribuido a salvar la situación a pesar de que crean o digan lo que otros piensan para sus adentros. Los seres humanos reaccionan sobre todo según intereses, quizás no todos, pero si la mayoría y en este caso el número cuenta. Sobre una Ley de empresas, ojalá una Ley pueda hacer eficiente lo que hasta ahora otras leyes no han logrado en la esfera de su competencia. El asunto es de entorno más que de Leyes. De entornos y decisiones desde quienes pueden tomarlas, responsables de haber aprovechado mejor el caudal de recursos proveniente del otrora campo socialista y, por que no, de los préstamos capitalistas, a pesar del bloqueo, que hoy en gran medida engrosan las deudas externas multimillonarias con el club de París y con las once mil vírgenes. Debería pensarse seriamente en que el cuestionamiento a la realidad de la ilegalidad del bloqueo podría aplicarse con igual rigor a medidas restrictivas tomadas internamente sobre la base de razones igualmente baladíes e injustificables. Un nuevo comienzo no puede forjarse a partir de viejos conceptos.
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