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martes, 11 de agosto de 2026

Cuba no es un peligro. Cuba está en peligro


Por Jorge Gómez Barata

Colocar las palabras Estados Unidos, Cuba y peligro en la misma oración es atinado; no lo es conceder a la Isla capacidades bélicas para hacer peligrar a la más grande superpotencia militar y económica del planeta, a la vez el país políticamente más influyente del mundo, líder de la OTAN y cuyos aliados pasan de 150. La asimetría con la acosada Isla es abrumadora.

La estrategia de Marco Rubio, secretario de estado de los Estados Unidos radica en ejercer sobre Cuba permanentemente y sin consideración alguna, la máxima presión en todos los ámbitos: político, económico, militar, de inteligencia y seguridad, migratorio y otros, tratando de influir en los ambientes internacionales.

El ponente de esta política cree que las consecuencias existenciales de la misma, de algún modo impactarán en los ambientes nacionales, erosionando la cohesión social que sostiene el proceso político cubano centrado en la revolución y la construcción del socialismo, categorías que internacionalmente, actualmente resultan poco asequibles.

Con una persistencia digna de mejor causa, las políticas de la administración Trump son acompañadas con frecuentes artículos de The New York Times y otros medios norteamericanos a los cuales se suman influencers y redes sociales originadas en los Estados Unidos que, con inusitada frecuencia, publican artículos sobre Cuba, siempre negativos.

En esos textos de circulación inmediata y universal y contenidos desmesurados, se presenta a la Isla como núcleo y centro generatriz de la izquierda mundial y de sus estrategias, principalmente en Estados Unidos que asume el papel de víctima. Según estos contenidos, no hay en el planeta organizaciones ni universidades, medios de prensa ni redes sociales de perfiles progresistas o políticamente avanzadas que no respondan a la influencia de Cuba.

Según palabras del presidente y el secretario de estado, repetidas por adeptos y clientes, Cuba es también, “Una superpotencia de inteligencia internacional”, homologable a lo que un día fue la Unión Soviética que penetró la Gestapo y los estados mayores hitlerianos y colocó más de 20 agentes en el Proyecto Manhattan encargado de la fabricación de la bomba atómica.

Estas invenciones emulan la del Golfo de Tonkín, la que condujo al general Colin Powell, entonces secretario de estado a comparecer públicamente y mostrar unos tubos de aluminio de uso corriente, como prueba de que, con esa tecnología de fontanero, Sadam Hussein pretendía construir una bomba atómica o aquella, según la cual unos sonidos que imitaban la onomatopeya del chirriar de los grillos, eran parte de un arma sónica que enfermó a los diplomáticos norteamericanos en La Habana.

Lo interesante del asunto es que, por distintas razones, esas fantasías impactan en gobiernos, partidos políticos, entidades académicas, medios de prensa y finalmente en importantes sectores de la opinión pública internacional que se alejan o, como mínimo, toman distancia de los pretendidos culpables.

Al especular sobre si Cuba constituye una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, es pertinente observar que, por sus capacidades nucleares, Estados Unidos al igual que Rusia y China no pueden ser retados por ningún país, ni por todos juntos. Cualquiera de estas potencias tiene más misiles, ojivas nucleares y bombas atómicas que blancos a batir en los territorios de sus probables adversarios.

Estados Unidos dispone de unas 3700 ojivas nucleares, Rusia 5420, China 620, Francia 370, Gran Bretaña 226, India 190, Pakistán 170 y Corea del Norte 60. Presumiblemente Israel puede poseer unas 200. Todos los países nucleares, especialmente las potencias, poseen más armas nucleares que adversarios. Tres de ellas pueden abatir blancos en cualquier punto del planeta.

Cuba no es, ni nunca ha sido un peligro militar para Estados Unidos, ni siquiera cuando la alianza con la Unión Soviética llevó al despliegue de misiles de alcance medio portadores de armas nucleares, entre otras cosas, porque aquellas armas, no llegaron a estar operativas y porque la decisión para utilizarlos nunca fue de Cuba, ni siquiera del general Issá Pliyev, jefe de la Agrupación de Tropas Soviéticas (ATS) en Cuba, sino que siempre estuvo en manos de Moscú.

Si bien en algunos momentos los efectivos cubanos sobre las armas fueron numerosos y abundante la técnica de combate sobre todo blindados, artillería, incluida costera para batir objetivos en el mar, defensa antiaérea, y aviación avanzada, marina de guerra que, en un momento, incluyó submarinos, el perfil de las fuerzas armadas cubanas fue siempre exclusivamente defensivo, tal como continúa siendo.

La capacidad para causar bajas en la defensa de su territorio, no definió nunca como temibles a las fuerzas armadas cubanas, preparadas para la defensa del país, sin ningunas intenciones ni posibilidades tácticas o estratégicas para operar contra el territorio de los Estados Unidos, cosa que nunca ha sido su objetivo.

Este perfil se acentuó desde los años ochenta del pasado siglo cuando se estableció la certeza de que la aplicación de ciertos elementos de la concepción militar soviética, eran inaplicables a Cuba. Se trataba entonces del carácter exclusivamente defensivo de la doctrina militar cubana, de la enorme asimetría en la correlación de fuerzas militares, la economía y en las capacidades industriales para hacer sostenible un conflicto militar clásico.

En lo único que Cuba presume de ser una potencia es en su capacidad de resistencia y en la movilización nacional mediante la guerra de todo el pueblo, capaz de convertir al país en un avispero donde ningún ocupante se pueda sentir seguro.

Cuba se enfrenta hoy a una guerra híbrida, asimétrica y de inteligencia en dos escenarios, uno real basado en los bloqueos económico, comercial, financiero y energético que la colocan en situaciones extremas y la guerra mediática que la incrimina por acciones que nunca ha realizado ni quiere realizar y de las cuales es víctima.

Uno de los elementos más llamativos y peligrosos es la total impunidad con que Estados Unidos realiza una agresión múltiple que en cualquier momento puede incluir componentes militares aplastantes. No es verdad que Cuba agreda ni haga peligrar a Estados Unidos pero el mundo no lo sabe y, muchos que lo conocen, son indiferentes. Allá nos vemos.

Agosto de 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

jueves, 6 de agosto de 2026

De granja a gasolinera: los combustibles impulsan un cambio acelerado en el comercio de EEUU con Cuba


La estructuración de compras, la tendencia al crecimiento sostenido en el año y la diversificación han empezado a armar un mercado de combustibles fósiles para Cuba en Estados Unidos.







En el primer semestre de 2026, Estados Unidos le vendió más combustible a Cuba que en los 24 años anteriores juntos. Setenta y cinco veces más.

Según el US Census Bureau, la oficina federal para datos estadísticos, las compras cubanas de combustible estadounidense entre enero y junio fueron de 95.7 millones de dólares. En perspectiva, la suma total previa entre 2002 y 2025 no alcanza los 1.3 millones.

El crecimiento se ha disparado este año, coincidiendo con la autorización del Gobierno cubano para que el sector privado importe y venda combustible. Desde marzo, cada mes ha superado ampliamente al anterior, y desde abril se ha duplicado el ritmo: a los 12 millones importados en abril siguieron casi 24 millones en mayo y 47 millones en junio. Solo junio vale tanto como los cinco meses previos sumados. El gráfico de abajo refleja los valores mensuales exactos.

Qué se está importando

La composición detrás de la cifra de 95.7 millones revela las urgencias energéticas de la isla. Casi el 70 % del dinero (66.8 millones) está en solo dos renglones.

El mayor, correspondiente a diésel, es de 41.3 millones. Este es el combustible que hace funcionar plantas eléctricas, maquinaria o camiones de carga. Se usa para alumbrar una casa, echar a andar una panadería o transportar mercancía. El segundo renglón, con 25.4 millones, viaja bajo la etiqueta genérica de “otros aceites de petróleo”.

El tercer renglón es el que más ha cambiado: las gasolinas, con 19.9 millones en el semestre. En los primeros cuatro meses apenas representaban el 15 % de las compras; en junio ya son más de la quinta parte del mes, con 10.5 millones.

Las estadísticas sí registran cantidades, pero cada exportador las declara a su manera y los valores unitarios que resultan son inservibles: la misma partida de diésel arroja precios por barril que varían hasta trece veces de un mes a otro. Pero la conclusión de fondo no está en duda: entre enero y mayo el precio de referencia del diésel en Estados Unidos subió alrededor de un 60 %, mientras el valor importado pasaba de 87 mil dólares a decenas de millones. Lo que explica la explosión son las cantidades, no los precios.

Otro hallazgo importante: no solo han crecido las cantidades, sino que en seis meses se ha diversificado el surtido de productos. Por ejemplo, en enero se importó un solo tipo de producto por 87 mil dólares. En junio, el surtido creció a veinte por casi 100 millones: diésel, gasolina, queroseno, lubricantes, aceites, propano licuado y mezclas de combustibles renovables.

La estructuración de compras, la tendencia al crecimiento sostenido en el año y la diversificación han empezado a armar un mercado de combustibles fósiles para Cuba en Estados Unidos.


Elaborado por el autor a partir del US Census Bureau, 2026.

Operaciones en expansión

Los datos no permiten contar empresas, pero sí la cantidad de operaciones, lo que revela una tendencia importante.

En todo 2024 se generaron 30 registros de exportación de combustible hacia Cuba, y trece en 2025. En seis meses de 2026, los registros son nada menos que 1883; de ellos, 863 solo en junio. No es la multiplicación de flujos existentes, sino la aparición de nuevos flujos de mercancía.

Hay que hacer una precisión importante: un registro no equivale exactamente a un envío. Un mismo contenedor puede incluir varios productos y, por tanto, generar varios registros. Pero aun con esa salvedad, el salto es demasiado grande como para ignorarlo. Por otra parte, el valor promedio por registro se mantiene bastante estable, alrededor de 50 mil dólares entre febrero y junio.

La razón detrás es logística. Este combustible no está llegando en grandes buques tanqueros, sino en los famosos isotanques de decenas de miles de litros transportados en barcos portacontenedores, que descargan en puertos como el Mariel. Como cada isotanque tiene un tamaño parecido y cuesta alrededor de 30 a 40 mil dólares, el valor promedio por operación cambia poco. En vez de unos pocos importadores moviendo volúmenes grandes, hay muchos lotes pequeños bastante parecidos entre sí.

Este fenómeno devela tanto oportunidades como limitaciones en el sector privado cubano. Como oportunidad, las mipymes y emprendimientos están cubriendo rápidamente un mercado nuevo, introduciendo y comercializando combustible al país. Como limitación, se evidencia el problema de la escala: ni el capital ni la infraestructura del sector privado cubano, por sí solos, alcanzan para cubrir una parte más significativa de la demanda.

Esto explica por qué el combustible importado es tan costoso para las mipymes cubanas. Ese costo, unido luego a la escasez crítica dentro del mercado cubano, son los que han disparado el precio final de la gasolina en el mercado negro.

La paradoja del bloqueo petrolero

¿Cómo es posible que el combustible importado de Estados Unidos haya crecido al mismo tiempo que ese país impone a Cuba un bloqueo petrolero?

Parece una paradoja, pero la explicación legal está en la autorización que la Administración Trump emitió en febrero para que los privados cubanos puedan comprar combustible. Esta brecha, abierta por el propio gobierno estadounidense, desde sus puertos, solo abastece a una parte diminuta de la demanda. Pongamos en perspectiva que, según el Gobierno cubano, la factura anual por la importación de combustible en condiciones “normales” podía ascender a 1800 millones de dólares. Los 95.7 millones importados desde el vecino norteño en estos seis meses representan apenas el 5.3 %.

Por lo tanto, mientras esa abertura está, Estados Unidos cerró el flujo proveniente del resto del mundo. El bloqueo petrolero sigue ahí.

Qué significan realmente las cifras para la economía cubana

Primero, la proporción. Como ya vimos, los 95.7 millones no son representativos de la demanda total de combustibles de la economía cubana, aunque alivien situaciones puntuales.

Segundo, el precio. El sobreprecio asociado a comprar volúmenes relativamente pequeños se traslada al precio minorista del pan de la panadería particular, al flete del camionero privado y a la factura del bodegón. No obstante, sin esta fuente de combustibles habría mucha menos oferta, más negocios cerrados, más personas desempleadas y más problemas en general, cosa que siempre es posible.

Tercero, el tipo de producto. Incluso si las importaciones privadas continuaran creciendo aceleradamente, el tipo de producto importado se destina fundamentalmente para el consumo de las propias mipymes (producir, vender, transportar) y los hogares (iluminar la vivienda con una planta eléctrica, viajar en automóvil). No es atinado esperar que el sector privado importe el crudo pesado que necesitan las termoeléctricas para generar electricidad para todos.

El efecto general de este fenómeno no es un alivio energético generalizado, sino muy focalizado. Por ahora, los flujos están decidiendo quién puede seguir operando en una economía al límite. Una ampliación de las operaciones que termine en volúmenes de importación mayores podría beneficiar cada vez a más clientes dentro de Cuba. Sin embargo, acceder a este mercado es altamente restrictivo, en tanto requiere acceso a divisas y, preferiblemente, contactos formales e informales externos.

El cuadro general del comercio Cuba-EEUU

Junio de 2026 acaba de convertirse en el mes con más exportaciones de Estados Unidos a Cuba (117.5 millones de dólares) desde 1992, cuando el US Census Bureau comenzó a registrar esta serie.

En total, el primer semestre de 2026 suma 525.1 millones de dólares en exportaciones estadounidenses a la isla, siendo también el volumen más alto alcanzado en la primera mitad de un año. De mantenerse la tendencia, 2026 romperá el récord de 809 millones alcanzado por el año precedente.

La tendencia al alza esconde cambios en la composición de los bienes enviados a Cuba. Hasta el año pasado, comprarle a Estados Unidos significaba comprar alimentos, especialmente pollo. Sin embargo, aunque los envíos de productos agroalimentarios ascendieron a 218 millones hasta junio, reportan un decrecimiento del 10.2 % respecto al mismo periodo de 2025. A los bienes agroalimentarios hay que sumarles los vehículos, cuyo valor acumulado desde 2022 supera los 240 millones de dólares.

Aquí es donde entran los combustibles, que con los 95.7 millones importados hasta ahora, pasaron de ser una casilla vacía a representar una porción significativa de todo lo que Cuba le compra a su vecino.

Es el mayor giro en la estructura del comercio Cuba-Estados Unidos desde 1992, y está ocurriendo en el peor momento político de la relación en décadas. Aunque no puede hablarse técnicamente de dependencia ni de concentración del comercio exterior de Cuba en Estados Unidos, sí hay un crecimiento sostenido de la participación relativa de ese país en las importaciones cubanas. Esta tendencia contradictoria marcará con fuerza el desempeño de la economía cubana en lo que queda de año.

sábado, 1 de agosto de 2026

Cuba en la encrucijada del “nuevo orden trumpista/fascista”

 

Por Enrique Ubieta Gómez

El diálogo/negociación como una operación mediática 

La primera premisa de estas reflexiones es categórica: el gobierno de Trump jamás ha querido dialogar con Cuba. Su propuesta de diálogo, asumida en principio por Cuba, es una finta para desamarrar el nudo gordiano de la resistencia popular y del prestigio internacional que hemos ganado en décadas de consecuencia, una fina operación política y mediática para deslegitimar la Revolución, hacia afuera y hacia adentro. Para el actual gobierno de los Estados Unidos, la única solución posible es la destrucción, la sumisión total de la isla rebelde. Enemigos y amigos (que se atienen al manual de la vieja diplomacia) piden que cese la amenaza militar sobre la Isla y que el conflicto se solucione por la vía pacífica, lo que significa negociar una salida. Pero los caminos están obstruidos en tanto la salida es inaceptable. Y una parte importante de la Humanidad (los pueblos, y yo diría que muchos gobiernos afectados por la política caótica de Washington), aspira en secreto a que Cuba resista. 

En la historia de los pueblos, como en la de los individuos, hay un punto de no retorno. Si un pueblo desafía los mayores poderes hasta el punto de que su propia existencia peligra (“los que van a morir te saludan”, retaba Fidel a Bush hijo, que amenazaba al país), no puede retroceder. Además del caso venezolano, me viene a la mente la traición de Syriza al pueblo griego, que después de consultarlo y recibir su respaldo para el repudio de la deuda, optó por ceder ante la presión europea. En ambos casos (Venezuela y Grecia) sus autoridades adujeron que lo hacían para impedir una masacre o una hambruna.

¿Cuáles han sido las matrices de opinión que el imperialismo ha construido para su actual campaña mediática? Hablo de una estrategia para dividir y desacreditar a la Revolución, y para deslegitimar al presidente Díaz Canel, basada en mentiras, medias verdades y hechos manipulados. Todas están enlazadas: la presentación de Cuba como Estado fallido, necesitado de apoyos externos para sobrevivir, como el de la Unión Soviética o Venezuela, y a la presentación de la actual crisis extrema como consecuencia no de las sanciones, sino de la incapacidad del gobierno para gestionar el país y el desvío de los recursos disponibles hacia la satisfacción de una elite gubernamental; la presunción de que el verdadero poder está en la “familia Castro” y su círculo, y de que Díaz Canel es solo un administrador sin capacidad de decisión. En este propósito ha jugado un papel simbólico Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl y jefe de su escolta. ¿Insistieron los emisarios del imperio en que fuese uno de los interlocutores?

Como nosotros —siguiendo el comportamiento diplomático tradicional para encuentros sensibles— guardamos silencio, ellos inmediatamente filtraron y sobredimensionaron su presencia y anunciaron la realización de “negociaciones” (entrecomillo la palabra, porque negociar la paz al estilo de Trump, supone grandes concesiones que nunca haremos): “en unas semanas tomaré Cuba amistosamente”, dijo el emperador. Esa frase era suficiente para romper cualquier contacto. No ha sido la única. Cuba sin embargo apuesta a que las supuestas o reales conversaciones ofrezcan a quienes se oponen al trumpismo un argumento más para luchar por la desmovilización militar.

No obstante, pensar que las declaraciones de Trump son actos de reafirmación personal, y que existe un segmento de su gobierno, incluso del sector militar, más serio y pragmático, capaz de detenerlo, es ilusorio. El binomio Trump – Rubio controla la política hacia Cuba. Nuestras conversaciones anteriores con gobiernos estadounidenses, hasta llegar a Obama, se produjeron en contextos diferentes. Entiéndase: Fidel siempre dijo —y un video que trasmitía una y otra vez la televisión, lo recordaba— que Cuba jamás negociaría con una pistola en la sien. “No nos gusta que nos amenacen”, decía.

El Poder en Washington hoy es fascista; lo que entiende por conveniente trasciende el concepto de relaciones moderadamente hegemónicas, necesita colonias. Su modelo presidencial para América Latina tiene ya varios rostros: Milei, Kast, Noboa, Fujimori, Bolsonaro, pero ninguno de esos lacayos sería adecuado para Cuba. Tampoco una Delcy Rodríguez, opción imposible en el entramado político cubano. La traición del actual gobierno de Venezuela para con su pueblo es una herida abierta en América Latina, especialmente dolorosa para Cuba. En nuestro país, según la Ley Helms-Burton, sería necesario un gobernador al estilo de Puerto Rico y una masacre previa de revolucionarios que lo permita.

De manera reactiva reconocimos públicamente que habíamos aceptado el ofrecimiento de diálogo, lo que ha sido una actitud de principio en la historia de la Revolución. En varias de sus intervenciones, Díaz Canel ha ratificado esa disposición. Dos maniobras del imperialismo, enlazadas en su aparente antítesis se sucedieron, para fortalecer el mensaje deslegitimador: Raúl Castro, el héroe y líder cubano, supuestamente al frente de la “negociación” (según los medios enemigos), es enjuiciado en ausencia por el “asesinato” de los pilotos del grupo terrorista Hermanos al Rescate; de la otra, una manipulada entrevista/perfil de Raúl Guillermo, que se regala con extrema ingenuidad política y muestra sus debilidades reales. Como era de esperar, esta última generó repulsa y la legítima protesta de los revolucionarios; pero también propició que los contrarrevolucionarios y los reformistas/autonomistas del siglo XXI aprovecharan ese performance para señalar la existencia de individuos que traicionan los ideales socialistas.

No se trata de marginar a los descendientes del liderazgo histórico, que deben ser ciudadanos con iguales condiciones de vida y de participación política y social; de hecho hay algunos que destacan por su aporte y modestia. Supongo que es un drama terrible, por el que transitó el hijo de Martí. Pero esas personas tienen una responsabilidad histórica en una sociedad que enarbola el paradigma de la justicia social. La idea que intentan sembrar de que en la Revolución cubana gobierna Raúl “y sus hombres”, poseedores del control económico y militar, es contraproducente. Ello conduce a la idea de que existen intereses diferentes y que incluso, alguno de esos hombres, o todos de conjunto, podrían usar a su favor o forzar según su parecer la toma de decisiones en nombre de un héroe legendario que, no hay que olvidarlo, tiene 95 años.

La persistencia del imperialismo en cercar con sanciones al conglomerado GAESA, una estructura económica exitosa creada dentro de las Fuerzas Armadas para romper el bloqueo estadounidense, que hereda su disciplina y su discreción, además de golpear a un sector vital de la economía cubana, es asociada a la matriz que sitúa a las FAR (y a su líder histórico) como el verdadero poder. Es cierto que Díaz Canel ha insistido, sin complejos, que en su gobierno se toman decisiones conjuntas y que no existen diferencias de criterio con Raúl. Pero su legitimidad, ganada a pie de pueblo, y de los sucesivos gobiernos que vendrían en el país, no puede depender del respaldo de ninguna figura histórica.  

Las medidas económicas y su impacto ideológico

Quisiera detenerme en las 176 medidas recientemente adoptadas por el Partido y el gobierno cubanos. Mi análisis, lo reconozco, es ideológico, no económico. Aunque ambos planos están interrelacionados, miro la economía desde la atalaya ideológica y no al revés. Muchas de esas medidas habían sido ya discutidas y aprobadas en principio. Otras avanzaron más (algunos reformistas locales han declarado que las medidas fueron más lejos de lo que ellos habían propuesto) e introducen mecanismos económicos típicamente capitalistas. No pretendo discutir si existía o no otro camino; reconozco que las vías de financiamiento para la vida en Cuba se han obstruido al punto de provocar una parálisis general. Solo pretendo, como ya dije, valorar sus implicaciones ideológicas.

El proceso hacia la aceptación de mecanismos propios de una economía de mercado viene abriéndose paso, de manera integral, desde la aprobación de los Lineamientos (2011). Reitero: de manera integral, aunque puedan reconocerse antecedentes. Para la aceptación de ese camino convergen tres elementos infalibles: desesperación e impotencia de la población ante los efectos del bloqueo recrudecido, bombardeo mediático contrarrevolucionario y reformista/autonomista, y origen de la propuesta en el propio liderazgo de la Revolución.

No es un dato menor el hecho de que la primera versión de la nueva Constitución (2019) prescindiera de la palabra comunismo. A pesar de que las investigaciones sociológicas ya evidenciaban un deterioro importante del consenso popular en torno al socialismo, el pueblo reclamó ese horizonte, y la palabra fue reincorporada. No importa lo lejano que pueda parecer (y estar) el horizonte comunista y lo difuso de su planteamiento, si dejamos de considerarlo, la navegación pierde sentido, el río se transforma en lago, y el capitalismo parece “perfectible”, pero no superable.

Si consideramos que el crecimiento económico fue percibido como el principal trabajo ideológico, y se abandonaron las movilizaciones y las misiones del pueblo, los discursos pedagógicos y que, por otra parte, los cambios que desde entonces vienen introduciéndose arrastran su propia estela ideológica, la situación creada, que ahora se aduce como referente de partida (cuando en realidad es referente de llegada), es la de un retroceso en el consenso alcanzado y mantenido durante décadas en torno al socialismo. Añado que la guerra ideológica pasó de ser una batalla “persona a persona” (la Batalla de Ideas y el internacionalismo médico revitalizado de Fidel, sus últimos esfuerzos por recuperar las esencias del socialismo), a ser una guerra de redes sociales, donde la supuesta victoria radicaba en la cantidad de seguidores y de retuits.

El sobredimensionamiento de la capacidad de las redes para hacer política revolucionaria (y la subestimación en la práctica, a pesar de las continuas declaraciones al respecto, de su capacidad para hacer política contrarrevolucionaria) produjo un deterioro en las posibilidades de incidencia ideológica entre los jóvenes. Las redes están diseñadas, como las corrientes marinas, para alejar a los nadadores de la costa.

Por último, de la “universalización” de la enseñanza que proponía la Batalla de Ideas (Fidel hablaba de convertir a Cuba en el país más culto del mundo) se pasó a una reducción de los currículos académicos (2013 – 2018), de acuerdo con los modelos “modernos” y se suprimieron asignaturas vitales (historia, filosofía y economía política marxistas) en carreras que aparentemente no las necesitaban. Aunque insisto, la escuela de una Revolución, más que en los libros o en las redes (ambos son complementos necesarios), está en la calle, en la participación del pueblo, en la pedagogía del hacer, en la práctica revolucionaria.

El movimiento revolucionario cubano, latinoamericano y mundial ha aspirado siempre a la nacionalización de las grandes empresas extranjeras y a la eliminación de los latifundios, sean productivos o no. Eso es parte también de la historia de la Revolución cubana. La pregunta más importante que debemos responder en estas condiciones, para recuperar la dignidad de aquel consenso es simple: ¿por qué no se asumieron estas medidas antes? Los reformistas (término que en la historia de Cuba se asocia a una proyección no revolucionaria, y no a la adopción de reformas) dicen que este paquete debió implementarse hace 30 años y argumentan que no se hizo por culpa del dogmatismo y del esquematismo de algunos dirigentes y funcionarios.

¿Era dogmático Fidel? Es cierto que en determinados momentos aceptó cambios que eran inevitables, pero lo hizo no sin resistencia y bajo el presupuesto de que significaban un retroceso. Si entendemos bien sus palabras, en las condiciones del Período Especial debíamos consagrarnos a la conservación de las conquistas del socialismo. Ello no significaba la renuncia a proseguir su construcción en cuanto fuese posible. La adversidad nunca lo detuvo.

Sin embargo, el concepto de “conquistas de la Revolución” ha empezado a flexibilizarse y la privatización empieza a cortejar incluso a sectores como la salud y la educación. La disculpa más socorrida para cada medida, es que lo que se acepta ya existía de manera ilegal y solo se trata de legalizarlo. Pero los revolucionarios no administramos consensos y realidades previamente conformadas; derribamos lo establecido en la práctica y en las mentes para construir nuestros propios consensos y realidades.

La comprensión de lo que entendemos por socialismo es vital para el sostenimiento de la soberanía nacional. Hablar de sentimientos patrióticos en abstracto es una estrategia burguesa: las palmas, el mar, el barrio, los amigos, la familia, el juego de dominó, incluso la música, no son la Patria, no la Patria libre, justa, internacionalista, martiana y fidelista. La Patria abstracta que ya se manifiesta sin contrapeso en las redes sociales y en un segmento del discurso oficial, funde las dos posibilidades del destino nacional: Miami y La Habana, la colonia y la independencia (y sabemos que ambas no pueden coexistir), a favor de la primera, que es donde está el dinero.

Por otra parte, ¿qué es una conquista de la Revolución? Por ejemplo, la nacionalización de la Empresa Eléctrica yanqui, ¿fue una conquista revolucionaria? No me digan que la estatal no funciona, porque la privada de Puerto Rico, sin bloqueo, tampoco. La Reforma Agraria, ¿fue una conquista de la Revolución? En un sentido más profundo y complejo: ¿podremos sostener la mayor de las conquistas de la Revolución: el orgullo nacional, por ser el primer país libre de América, el de la victoria sobre el imperialismo en Girón, el del internacionalismo y la derrota del Apartheid en África, el de nuestros imbatibles campeones ajenos al mercado como Stevenson, Juantorena, Ana Fidelia, Mijain, las morenas del Caribe, los equipos de pelota capaces de triunfar sobre cualquier rival, profesional o amateur, las vacunas hechas en casa, más eficientes que las de grandes trasnacionales? ¿Por qué se condena como peligrosos seudomarxistas y ultraizquierdistas, a quienes expresan criterios que se oponen o que cuestionan algunas de las medidas adoptadas? Necesitamos un debate real, y si las opiniones de los revolucionarios que piensan de otra manera son consideradas “incomprensiones”, el debate se reduce a “que comprendan”. 

De alguna manera, en lo económico, estamos más cerca de una concepción socialdemócrata (redistribución solidaria de la riqueza mediante impuestos y políticas sociales, en un llamado Estado de Bienestar, solo posible en países con un alto desarrollo económico) del socialismo. Con la diferencia de que pretendemos conservar el actual sistema político (partido único y dirigente de la sociedad y Poder Popular, que puede y debe profundizarse si queremos que ejerza el papel que el socialismo demanda), con la esperanza de que garantice la direccionalidad de las inversiones y de las ganancias en beneficio e interés social, según el modelo chino y vietnamita, dos países con enormes riquezas naturales, muy lejos geográficamente de los Estados Unidos, que crecieron sin bloqueo y con una emigración amistosa. La cultura del ser opuesta a la del tener, no era ciertamente una conquista, era un horizonte que por el momento se desvanece.

En esos países de cultura milenaria, los sentimientos patrióticos no dependen como en Cuba de concepciones socialistas. La nación cubana surge de una Revolución que empieza a germinar a fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX en un segmento privilegiado de su población y estalla en 1868, para alcanzar con los años a todos los estratos sociales en sucesivos combates antiesclavistas, anticolonialistas y antimperialistas, aferrada a un concepto cada vez más amplio y radical de justicia social. No es una nación (o si se prefiere, ajustando el concepto marxista de nación al Estado burgués, una protonación) que fue colonizada por una potencia extranjera, como las asiáticas, es una nación que el colonialismo engendró. Es Calíban, hijo de Próspero, hecho de las más diversas influencias y al mismo tiempo negador de estas. Una nación parricida. O es anticolonial y antimperialista, es decir, anticapitalista, o no es.

El debate podría extenderse incluso hasta un presupuesto extremo: ¿realmente existió el socialismo en Cuba? Tuvimos una economía estatizada, alegan algunos, pero no un verdadero control popular en cada fábrica, empresa, en cada comunidad. Nuestro concepto de socialismo estuvo lastrado por la práctica histórica y el cerco imperialista, y a pesar de ello, gracias al genio de Fidel, fue más democrático y participativo que otras experiencias. No solo ejercimos la solidaridad hacia el interior del país, también la practicamos hacia el mundo.

Es verdad que no haló parejo a sus ciudadanos: las diferencias sociales, eliminadas de las normas jurídicas y de la posesión de bienes, mantuvieron su presencia en la cultura y la economía del subdesarrollo, en las costumbres y en los diversos orígenes e identidades. Algunas zonas alejadas de los centros metropolitanos no alcanzaron los beneficios esperados. Pero el pueblo se sintió protagonista de la historia, consolidó su sentido de nación y vislumbró un horizonte común. ¿Seremos capaces de sostener y elevar el protagonismo del pueblo y del Partido, en la nueva estructura socio-clasista, en la que ya existe y en la que se avecina? 

Contexto internacional resumido

No puede entenderse la crisis económica y social por la que atraviesa Cuba si no se ubica en su contexto internacional. A partir del abrupto derrumbe o “desmerengamiento” del llamado sistema socialista, las fuerzas de izquierda han navegado a la deriva. No me refiero a quienes abjuraron de sus creencias y sintieron vergüenza de haber luchado alguna vez por los desposeídos, como si al caer la Unión Soviéticas y hacerse públicas sus manquedades (nadie habló más de sus éxitos), hubiesen desaparecido la pobreza y la explotación de unos hombres sobre otros y de unos pueblos sobre otros. Cuba fue la excepción en el hemisferio occidental. “No es que seamos el único país progresista, democrático y revolucionario —afirmaba Fidel en 1992—, es que somos el único país convertido en un islote de Revolución en un mundo prácticamente unipolar, a pocas millas del imperialismo hegemónico, y rodeado de capitalismo por todas partes; en un islote de Revolución entre el Atlántico y el Pacífico”. 

Hablo de quienes han persistido en un ideal de justicia social. El unipolarismo de los años noventa llevó a Fidel a la convicción de que no era ya posible la lucha armada como vía para la toma del poder. El internacionalismo médico (reducido en años posteriores el simbolismo semántico de la palabra al de “colaboración”, más ajustado al lenguaje de las Naciones Unidas) revitalizado por Fidel en Centroamérica y Haití poco antes del triunfo electoral de Chávez, como una manera de construir ideología socialista también hacia lo interno, sin palabras, con hechos, fue parte de la nueva estrategia. “Ejército de batas blancas”, lo llamó. La irrupción de Chávez en Venezuela por la vía electoral abrió un nuevo camino y una nueva esperanza.

La democracia burguesa finamente tejida para sostener a la burguesía inicialmente revolucionaria en el poder e impedir la llegada a este de los grupos antisistema (de los reaccionarios y de los nuevos revolucionarios), mostraba un gran desgaste y muchos descocidos, y la voluntad popular empezaba a cobrar en las urnas los años de neoliberalismo. Aquella democracia se hizo inservible para la clase que le había dado origen. Poco a poco fue surgiendo un frente continental (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, El Salvador, Uruguay, Paraguay, Honduras, más algunas islas del Caribe) progresista, que se caracterizaba sobre todo por su oposición mayor o menor al imperialismo estadounidense y su latinoamericanismo.

Por un momento todo parecía posible: la casi muerte de la OEA y el nacimiento de la CELAC, sin la presencia de los Estados Unidos y Canadá. Siempre he sostenido la idea de que cada eslabón que se rompe o se agrieta en la cadena que nos mantiene supeditados al imperialismo, aún cuando el golpe provenga de una burguesía nacionalista (que no dejará de ser explotadora hacia lo interno), es un paso para la ruptura del orden internacional que sostiene al capitalismo en su fase actual.

Cuba, desde luego, había hecho una Revolución mucho más profunda, pero la nueva fórmula fue adoptada de inmediato, no solo por las izquierdas latinoamericanas, sino por las europeas. Se produjo entonces una situación contradictoria: el imperialismo (que no es solo estadounidense) y sus súbditos empezaron a desentenderse de la democracia burguesa que ya no era funcional, mientras acusaba a los estados progresistas de haber roto con ella, porque si esta no sacaba del gobierno a la izquierda intrusa en los cuatro o cinco años siguientes, como se presuponía, evidentemente no funcionaba.

En sentido inverso, la izquierda empezó entonces a defender el funcionamiento de la democracia burguesa (sin mencionar el apellido, como si fuera la única posible), y su propuesta en esos años no sobrepasó sus marcos estrechos. Cada cierto tiempo se sometía a elecciones burguesas, donde el dinero burgués/imperialista corría como es natural a favor de la oposición entreguista. A pesar de ello, esas izquierdas ganaron sucesivas elecciones (nunca reconocidas por el imperialismo, como era natural), pero se desgastaban cada vez más en el círculo vicioso de una guerra económica y mediática. La Revolución venezolana fue la más radical en sus transformaciones, con el doble efecto de las misiones sociales y la organización de comunas populares. La alianza de Chávez y Fidel elevó la apuesta internacionalista a planos superiores, con la Operación Milagro, y la conformación del ALBA – TCP.

Desentendido de las normas que exigía, el imperialismo organizó asesinatos, fraudes, golpes judiciales, mediáticos y militares, guerras económicas, demonización de estados y de figuras claves del progresismo y cuando fue posible, su encausamiento jurídico. En Cuba estábamos pendientes de cada triunfo o derrota electoral burguesa de los candidatos progresistas, y el Noticiero Nacional de televisión declaraba jubiloso que se había producido una “victoria de la democracia” cuando era reelegido uno de ellos, como si en realidad aquella fuese la democracia. Los partidos revolucionarios, inmersos en la carrera electoral, dejaron de buscar otro tipo de democracia verdaderamente popular y desestimaron, al menos en la práctica, la posibilidad de derrotar y superar al sistema capitalista. En muchos casos, las políticas progresistas de esos gobiernos fueron asistencialistas; otros aplicaron casi las mismas medidas neoliberales que habían combatido.

Mientras el imperialismo inyectaba en la conciencia social la idea de que un buen gobierno dependía únicamente de “una buena persona”, e igualaba a todos los políticos, los de izquierda y los de derecha, definiéndolos como corruptos o no corruptos, los candidatos de la “nueva” izquierda usaban los mismos mecanismos de presentación electoral que la vieja derecha, y sus propuestas no se alejaban mucho de las de sus adversarios. Algunos, temerosos y obedientes, respetaban los límites de lo “políticamente correcto”, y trataban de distanciarse de sus homólogos más audaces o vilipendiados, como Chávez o Fidel, a pesar de lo cual los acusaban de ser chavistas o fidelistas; a nosotros, sin embargo, nos acusaban de no ser como ellos.

El capitalismo vació de su contenido revolucionario y resignificó el discurso de la izquierda, de sus consignas y sus banderas. Y el pueblo dejó de creer en los políticos, en la política y en los partidos de cualquier color. Se dice que el auge de los sentimientos fascistas y la apatía ante las elecciones reflejan el descreimiento de la gente en la democracia. Es cierto, pero solo si la adjetivamos como burguesa. Los pueblos han dejado de creer, con razón, en aquella democracia. Es necesario que sepa que existe otra democracia, la popular, y que hay que luchar por ella.

Entretanto, ocurrió una pandemia que afectó a los países ricos y a los pobres, y que evidenció el fracaso del capitalismo, incluso en los estados de mayor desarrollo económico. El sistema se tambaleó, y los grandes magnates, desnudos, se sintieron horrorizados ante la exposición pública y las posibles consecuencias. Cuba envió brigadas médicas a más de 40 países, algunos de Europa, como Italia y Andorra y creó tres candidatos vacunales muy efectivos que las grandes trasnacionales farmacéuticas bloquearon. Sin embargo, nada pasó, quiero decir, nada hizo la izquierda; inmersa en los mecanismos democráticos de la burguesía, ya había interiorizado la imposibilidad de derrotarlo. Por un instante, parecía posible que de aquel desastre emergiera un mundo nuevo, más justo. Ante la parálisis de la izquierda revolucionaria, la derecha regresó ajustando sus mecanismos de control, restringiendo aún más los derechos de los trabajadores. 

La guerra económica entre las grandes potencias se intensificaba. China emergía como un poderoso centro alternativo capaz de disputar la hegemonía global a los Estados Unidos. Incluso durante la pandemia fue la única economía que creció de manera constante. En 2010 se constituyó formalmente una asociación económico–comercial alternativa al G-7, integrada por economías emergentes de enorme potencial: los BRICS (las iniciales de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, más otro grupo de países que se han sumado con posterioridad). Esta asociación empezó a utilizar las monedas nacionales de sus respectivos países en sus transacciones comerciales, prescindiendo del dólar estadounidense. La hegemonía del imperialismo occidental estaba seriamente amenazada.

La pandemia de Covid-19 surgida en 2020 se extendió hasta el 2023. Ya en sus últimos meses, el imperialismo, liderado por los Estados Unidos, iniciaba la contraofensiva. El fuego de la guerra se extendía rápidamente: en Ucrania, con el propósito no conseguido de debilitar a Rusia (2022) alentado y auspiciado por la OTAN; en Gaza (2023), donde el gobierno sionista de Israel perpetra impunemente un genocidio contra su población civil, con el apoyo europeo y estadounidense, que ya ha cobrado la vida de más de 73 000 seres humanos, con incursiones en Líbano y Siria; y más recientemente en Irán (2026) por fuerzas conjuntas de Israel y Estados Unidos.

Pero el regreso del convicto Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos en 2025 marcaría un punto de inflexión en las relaciones políticas internacionales. Si la democracia burguesa ha estado desde hace décadas enferma de muerte, la llegada de Trump ha dado el golpe final al viejo orden internacional establecido por las potencias triunfantes de la II Guerra Mundial. El imperialismo ha comprendido que solo puede sostener su hegemonía mediante la fuerza bruta, el chantaje y la extorsión, métodos nada nuevos, pero que hoy se aplican sin disfraces o convenientes excusas. Los Estados Unidos han declarado que en lo adelante no se someterán a las normas de convivencia de las Naciones Unidas y que harán valer a cómo de lugar sus intereses imperiales. El primer ministro de Canadá Mark J. Carney, fue brutalmente honesto y cínico al describir la situación creada:

Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. (…) Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.

Y sentenciaba:

los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben. Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose.

Pareciera que el Nuevo Orden más justo que pedíamos los países del Sur ha sido definitivamente sustituido por la ausencia de todo orden. Los países arriban a la fase vergonzante de “portarse bien”. Los pueblos reclaman cambios profundos pero no tienen un horizonte al que asirse y no confían en los políticos y en los partidos que solo piensan en sobrevivir. El fascismo en cambio propone cambios “profundos” en el peor de los sentidos, y atrae a un segmento desesperado de la población.

Pero el propio Carney advierte: “ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad. No lo hará”. Si Europa está postrada, ¿qué podríamos decir de los países latinoamericanos donde el fraude anunciado y la presión económica han impuesto a gobernantes títeres? Por otra parte, los BRICS, que necesitan como aliado al movimiento antimperialista, no por convicción ideológica, sino porque es una importante herramienta de presión, no se han mostrado unidos. La ausencia de una ideología común o de una actitud que no se limite al beneficio inmediato de cada miembro por separado, ha producido costosas inconsecuencias en su seno y pueden frustrar su capacidad para imponer un orden multilateral. Cuba es más que nunca una isla (un islote decía Fidel en 1992). Ha recibido apoyos importantes de China y Vietnam, así como de Rusia, pero tendrá que valerse por sí misma.

El 3 de enero de 2026 la resistencia de América Latina se fracturó en Caracas. Treinta y dos cubanos ofrendaron sus vidas por la Revolución bolivariana y latinoamericana, pero sobre todo por Cuba. No traicionaremos a esos heroicos combatientes. El imperialismo avanza cada vez más y el mundo parece retroceder, bajar la cabeza, guardar silencio. Construye una Falange internacional fascista, para supuestamente combatir el terrorismo de izquierda. Ha situado a Cuba como la capital del comunismo mundial, que ellos califican de terrorista. No habrá mucho tiempo ni pretendientes para las reformas. Si bien la lucha armada no era ya el camino, como advirtiera Fidel, es posible que el imperialismo nos obligue a retomarlo. La historia de Cuba nos reclama, nos exige. En el centenario de Fidel, su consigna resuena más alto que nunca: ¡Socialismo o Muerte! Porque no siempre la muerte es una derrota, a veces es la única manera de vencer.

viernes, 17 de julio de 2026

Diez mentiras de Marco Rubio en su cumbre anti-izquierda

 Por: Observatorio de Medios de Cubadebate

 


El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, pronunció hoy un discurso en la sede del Departamento de Estado, en Washington, durante la apertura de la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político.

Al encuentro asistieron delegaciones de 66 países de América, Europa y Asia, representadas por ministros de Exteriores y del Interior, responsables de seguridad, diplomáticos y especialistas en contraterrorismo. También estuvieron presentes altos funcionarios de la Administración de Donald Trump, entre ellos el director del FBI, Kash Patel; la secretaria de Educación, Linda McMahon; el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el subjefe de Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller.

Ante este auditorio, Rubio construyó una supuesta amenaza terrorista global mediante hechos descontextualizados, cifras sin respaldo verificable, acusaciones no demostradas y una retórica que convierte a la izquierda en un enemigo esencialmente violento y ajeno a la civilización.

El siguiente análisis reúne diez de sus afirmaciones más relevantes y distingue entre falsedades e ideas de matriz claramente fascista.


1. «Los gobiernos se negaron a procesar la violencia de 2020»

¿Qué dijo?
Los gobiernos locales estadounidenses «simplemente se negaron a procesar» a quienes cometieron actos violentos durante las protestas de 2020.

Por qué es falso: Los registros del propio Departamento de Justicia contradicen esa generalización. Hubo investigaciones, acusaciones y condenas federales por incendios, disturbios y destrucción de propiedades. Cuatro personas fueron imputadas por el incendio de la Tercera Comisaría de Minneapolis y un jurado federal condenó a otro acusado por incendio y participación en disturbios. Pueden discutirse decisiones fiscales concretas, la retirada de cargos menores o los casos sin pruebas suficientes, pero no es cierto que las autoridades se negaran de forma general a perseguir los delitos. La distorsión presenta a fiscales, alcaldes y jueces como cómplices políticos de la violencia.

Fuentes:
Departamento de Justicia: cuatro imputados por el incendio de la Tercera Comisaría de Minneapolis;
Departamento de Justicia: condena federal por incendio y disturbios.


2. «Todos estos crímenes son terrorismo organizado de izquierda»

¿Qué dijo?
Rubio agrupó un tiroteo escolar, el asesinato de un directivo sanitario, los atentados contra Donald Trump y otros homicidios políticos como pruebas de una misma ofensiva terrorista de extrema izquierda.

Por qué es falso: La enumeración reúne delitos muy diferentes sin demostrar que compartan organización, dirección, financiación o doctrina. En el caso de Luigi Mangione, un tribunal de Nueva York desestimó los cargos estatales de terrorismo por insuficiencia jurídica, aunque mantuvo la acusación de asesinato. Sobre Thomas Crooks, autor del atentado de Butler contra Trump, el FBI informó que no había identificado una ideología definitiva de izquierda o derecha. Los hechos pueden ser gravísimos sin formar parte de una conspiración común. Rubio sustituye la prueba de coordinación por la proximidad narrativa y la culpabilidad por asociación.

Fuentes:
Tribunales de Nueva York: decisión que desestima los cargos de terrorismo contra Luigi Mangione;
FBI: no se identificó una ideología definitiva en Thomas Crooks.


3. «Antifa es una red terrorista mundial coordinada»

¿Qué dijo?
Los militantes de Antifa forman redes interconectadas que comparten infraestructura, financiación, entrenamiento, enemigos y una misma misión.

Por qué es falso: Algunas personas han cometido actos violentos, pero eso no demuestra la existencia de una organización mundial única. Antifa no existe. El propio Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos describe Antifa como un "movimiento descentralizado" compuesto por grupos e individuos independientes y advierte de las dificultades jurídicas de tratarlo como una sola organización. El FBI también ha sostenido que debe investigar delitos y violencia, no ideologías o asociaciones protegidas constitucionalmente. Rubio convierte contactos, viajes y canales digitales en una estructura terrorista global sin presentar públicamente su cadena de mando ni sus mecanismos comunes de financiación.

Fuentes:
Servicio de Investigación del Congreso: Antifa como movimiento descentralizado;
FBI: las investigaciones se basan en actos violentos, no en ideologías o protestas pacíficas.


4. «Irán coordina a los grupos de izquierda de todo el mundo»

¿Qué dijo?
Las redes aliadas de Irán están cada vez más estrechamente vinculadas con grupos militantes de izquierda de distintos países.

Por qué es falso: Rubio no identificó organizaciones, transferencias financieras, operaciones, entrenamientos, comunicaciones interceptadas ni procesos judiciales que probaran esa coordinación. Reuters señaló expresamente que vinculó a grupos izquierdistas con Irán y Cuba sin presentar evidencias. Además, las evaluaciones públicas del FBI describen como amenaza predominante a actores solitarios o pequeñas células que suelen radicalizarse por internet y actuar por motivaciones mezcladas, no a una estructura mundial única dirigida desde Teherán. La acusación convierte fenómenos domésticos heterogéneos en una guerra internacional por delegación sin mostrar las pruebas necesarias.

Fuentes:
Reuters: Rubio no presentó pruebas de los vínculos atribuidos a Irán y Cuba;
FBI: predominio de actores solitarios y pequeñas células radicalizadas en línea.


5. «Cuba construyó la extrema izquierda occidental»

¿Qué dijo?
La red ideológica y de inteligencia cubana contribuyó a construir la extrema izquierda en Estados Unidos y continúa vinculada inseparablemente con movimientos de izquierda dentro y fuera de Occidente.

Por qué es falso: Cuba apoyó históricamente a movimientos revolucionarios y mantiene relaciones con partidos, sindicatos y organizaciones de izquierda. No existe ninguna de que en 2026 dirija, financie o entrene una red terrorista internacional. Rubio mezcla diplomacia, afinidad ideológica y apoyo operativo a organizaciones armadas como si fueran una misma cosa. Reuters constató que no aportó pruebas públicas de esa red contemporánea. El Gobierno cubano, por su parte, ha negado oficialmente que albergue, apoye o financie organizaciones terroristas o extremistas.

Fuentes:
Reuters: ausencia de pruebas presentadas por Rubio;
Declaración oficial cubana: Cuba niega albergar, apoyar o financiar organizaciones terroristas;
Información del Gobierno cubano tras una reunión bilateral sobre seguridad.


6. «El 93 % de los atentados en Occidente fue de extrema izquierda»

¿Qué dijo?
Entre 1970 y 1980, el 93 % de los atentados terroristas cometidos en Occidente procedió de la extrema izquierda.

Por qué es falso: Rubio no mencionó la base de datos, los países incluidos, la definición de «Occidente», el periodo exacto ni el tratamiento de organizaciones separatistas, nacionalistas o etnonacionalistas. Tampoco aclaró si contabilizaba atentados, víctimas, intentos o complots. La Global Terrorism Database exige criterios metodológicos precisos para clasificar cada incidente, y Europol distingue expresamente entre terrorismo yihadista, derechista, izquierdista y anarquista, etnonacionalista y separatista, entre otras categorías. Sin la metodología empleada por Rubio, el porcentaje no puede reproducirse ni aceptarse como un hecho demostrado.

Fuentes:
Universidad de Maryland: metodología de la Global Terrorism Database;
Global Terrorism Database y su manual de codificación;
Europol: clasificación diferenciada de las formas de terrorismo.


7. «La inmigración importa directamente el terrorismo»

¿Qué dijo?
La amenaza terrorista continuará mientras los países toleren sistemas migratorios que la importan directamente a sus territorios.

Por qué es falso: Algunos terroristas han cruzado fronteras utilizando sistemas migratorios o de viaje, pero eso no convierte a la inmigración en la causa general del terrorismo. El FBI ha señalado que una parte esencial de la amenaza procede de actores autoradicalizados dentro de Estados Unidos, frecuentemente sin dirección individual de organizaciones extranjeras. También ha advertido que no existe un perfil demográfico útil del terrorista solitario y que muchos atacantes estudiados habían nacido en Estados Unidos. Rubio transforma un riesgo concreto en una sospecha general sobre millones de migrantes y omite la radicalización interna, las redes digitales y las motivaciones personales. Lo hace para seguir la política de Trump y traicionando a los latinos, grupo al que pertenece, por oportunismo político.

Fuentes:
FBI: actores autoradicalizados, ausencia de un perfil demográfico y atacantes nacidos en Estados Unidos;
FBI: extremistas radicados principalmente en Estados Unidos y movilizados de forma autónoma.


8. «Las protestas casi pusieron de rodillas a Estados Unidos»

¿Qué dijo?
Los disturbios de 2020 incendiaron y saquearon las ciudades estadounidenses y estuvieron a punto de poner de rodillas al país.

Por qué es falso: Durante las protestas se produjeron incendios, saqueos, agresiones y daños graves, pero Estados Unidos no estuvo cerca de dejar de funcionar como Estado. Los datos recopilados por ACLED muestran que aproximadamente el 94 % de las manifestaciones vinculadas a Black Lives Matter fueron pacíficas. En el 6 % restante se registraron violencia, enfrentamientos, vandalismo o saqueos, y no siempre estuvo claro qué actor inició los incidentes. Rubio borra la diferencia entre manifestantes pacíficos, infractores, saqueadores oportunistas y grupos violentos, y convierte una crisis de orden público en una amenaza existencial para justificar una respuesta represiva extraordinaria.

Fuentes:
ACLED: aproximadamente el 94 % de las manifestaciones favorables a BLM fueron pacíficas;
ACLED: datos detallados sobre manifestaciones y violencia política en 2020.


9. «Los peores se rebelan contra los mejores»

¿Qué dijo?
La izquierda radical representa «la rebelión de los peores contra los mejores» y de «los débiles y cobardes contra los fuertes y buenos».

Por qué es una idea de matriz fascista: La frase no describe actos delictivos concretos: divide a la sociedad en categorías humanas superiores e inferiores. El Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos identifica entre los rasgos del fascismo el rechazo de la igualdad, la subordinación de los derechos individuales a una comunidad nacional excluyente y la eliminación de quienes son presentados como obstáculos. El paralelo con la doctrina de Mussolini es explícito: el dirigente fascista defendió la «desigualdad inmutable, beneficiosa y fecunda de la humanidad». La semejanza retórica permite identificar un esquema jerárquico y deshumanizador característico de esa tradición.

Fuentes:
Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos: definición y características del fascismo;
Benito Mussolini, La doctrina del fascismo: defensa de la desigualdad humana.


10. «Hay que aplastar este mal para siempre»

¿Qué dijo?
«Ha llegado el momento de aplastar este mal para siempre».

Por qué es una idea de matriz fascista: Rubio no se limita a pedir el procesamiento de personas responsables de delitos. Convierte a un campo político heterogéneo en un «mal» que debe ser aplastado y presenta la política como una guerra absoluta entre civilización y enemigo. El Museo del Holocausto explica que el fascismo construye amenazas existenciales, acepta la violencia contra quienes considera obstáculos y puede atribuirle una función redentora o purificadora.

Ningún otro discurso de Marco Rubio se parece tanto al de Adolfo Hitler, cuando dijo: "Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad".

Fuentes:
Museo Conmemorativo del Holocausto: violencia, amenazas existenciales y fascismo;
Adolf Hitler en un mitin del NSDAP celebrado en Múnich el 13 de abril de 1923.