La estructuración de compras, la tendencia al crecimiento sostenido en el año y la diversificación han empezado a armar un mercado de combustibles fósiles para Cuba en Estados Unidos.
Por Daniel Torralbas
En el primer semestre de 2026, Estados Unidos le vendió más combustible a Cuba que en los 24 años anteriores juntos. Setenta y cinco veces más.
Según el US Census Bureau, la oficina federal para datos estadísticos, las compras cubanas de combustible estadounidense entre enero y junio fueron de 95.7 millones de dólares. En perspectiva, la suma total previa entre 2002 y 2025 no alcanza los 1.3 millones.
El crecimiento se ha disparado este año, coincidiendo con la autorización del Gobierno cubano para que el sector privado importe y venda combustible. Desde marzo, cada mes ha superado ampliamente al anterior, y desde abril se ha duplicado el ritmo: a los 12 millones importados en abril siguieron casi 24 millones en mayo y 47 millones en junio. Solo junio vale tanto como los cinco meses previos sumados. El gráfico de abajo refleja los valores mensuales exactos.
Qué se está importando
La composición detrás de la cifra de 95.7 millones revela las urgencias energéticas de la isla. Casi el 70 % del dinero (66.8 millones) está en solo dos renglones.
El mayor, correspondiente a diésel, es de 41.3 millones. Este es el combustible que hace funcionar plantas eléctricas, maquinaria o camiones de carga. Se usa para alumbrar una casa, echar a andar una panadería o transportar mercancía. El segundo renglón, con 25.4 millones, viaja bajo la etiqueta genérica de “otros aceites de petróleo”.
El tercer renglón es el que más ha cambiado: las gasolinas, con 19.9 millones en el semestre. En los primeros cuatro meses apenas representaban el 15 % de las compras; en junio ya son más de la quinta parte del mes, con 10.5 millones.
Las estadísticas sí registran cantidades, pero cada exportador las declara a su manera y los valores unitarios que resultan son inservibles: la misma partida de diésel arroja precios por barril que varían hasta trece veces de un mes a otro. Pero la conclusión de fondo no está en duda: entre enero y mayo el precio de referencia del diésel en Estados Unidos subió alrededor de un 60 %, mientras el valor importado pasaba de 87 mil dólares a decenas de millones. Lo que explica la explosión son las cantidades, no los precios.
Otro hallazgo importante: no solo han crecido las cantidades, sino que en seis meses se ha diversificado el surtido de productos. Por ejemplo, en enero se importó un solo tipo de producto por 87 mil dólares. En junio, el surtido creció a veinte por casi 100 millones: diésel, gasolina, queroseno, lubricantes, aceites, propano licuado y mezclas de combustibles renovables.
La estructuración de compras, la tendencia al crecimiento sostenido en el año y la diversificación han empezado a armar un mercado de combustibles fósiles para Cuba en Estados Unidos.

Elaborado por el autor a partir del US Census Bureau, 2026.
Operaciones en expansión
Los datos no permiten contar empresas, pero sí la cantidad de operaciones, lo que revela una tendencia importante.
En todo 2024 se generaron 30 registros de exportación de combustible hacia Cuba, y trece en 2025. En seis meses de 2026, los registros son nada menos que 1883; de ellos, 863 solo en junio. No es la multiplicación de flujos existentes, sino la aparición de nuevos flujos de mercancía.
Hay que hacer una precisión importante: un registro no equivale exactamente a un envío. Un mismo contenedor puede incluir varios productos y, por tanto, generar varios registros. Pero aun con esa salvedad, el salto es demasiado grande como para ignorarlo. Por otra parte, el valor promedio por registro se mantiene bastante estable, alrededor de 50 mil dólares entre febrero y junio.
La razón detrás es logística. Este combustible no está llegando en grandes buques tanqueros, sino en los famosos isotanques de decenas de miles de litros transportados en barcos portacontenedores, que descargan en puertos como el Mariel. Como cada isotanque tiene un tamaño parecido y cuesta alrededor de 30 a 40 mil dólares, el valor promedio por operación cambia poco. En vez de unos pocos importadores moviendo volúmenes grandes, hay muchos lotes pequeños bastante parecidos entre sí.
Este fenómeno devela tanto oportunidades como limitaciones en el sector privado cubano. Como oportunidad, las mipymes y emprendimientos están cubriendo rápidamente un mercado nuevo, introduciendo y comercializando combustible al país. Como limitación, se evidencia el problema de la escala: ni el capital ni la infraestructura del sector privado cubano, por sí solos, alcanzan para cubrir una parte más significativa de la demanda.
Esto explica por qué el combustible importado es tan costoso para las mipymes cubanas. Ese costo, unido luego a la escasez crítica dentro del mercado cubano, son los que han disparado el precio final de la gasolina en el mercado negro.
La paradoja del bloqueo petrolero
¿Cómo es posible que el combustible importado de Estados Unidos haya crecido al mismo tiempo que ese país impone a Cuba un bloqueo petrolero?
Parece una paradoja, pero la explicación legal está en la autorización que la Administración Trump emitió en febrero para que los privados cubanos puedan comprar combustible. Esta brecha, abierta por el propio gobierno estadounidense, desde sus puertos, solo abastece a una parte diminuta de la demanda. Pongamos en perspectiva que, según el Gobierno cubano, la factura anual por la importación de combustible en condiciones “normales” podía ascender a 1800 millones de dólares. Los 95.7 millones importados desde el vecino norteño en estos seis meses representan apenas el 5.3 %.
Por lo tanto, mientras esa abertura está, Estados Unidos cerró el flujo proveniente del resto del mundo. El bloqueo petrolero sigue ahí.
Qué significan realmente las cifras para la economía cubana
Primero, la proporción. Como ya vimos, los 95.7 millones no son representativos de la demanda total de combustibles de la economía cubana, aunque alivien situaciones puntuales.
Segundo, el precio. El sobreprecio asociado a comprar volúmenes relativamente pequeños se traslada al precio minorista del pan de la panadería particular, al flete del camionero privado y a la factura del bodegón. No obstante, sin esta fuente de combustibles habría mucha menos oferta, más negocios cerrados, más personas desempleadas y más problemas en general, cosa que siempre es posible.
Tercero, el tipo de producto. Incluso si las importaciones privadas continuaran creciendo aceleradamente, el tipo de producto importado se destina fundamentalmente para el consumo de las propias mipymes (producir, vender, transportar) y los hogares (iluminar la vivienda con una planta eléctrica, viajar en automóvil). No es atinado esperar que el sector privado importe el crudo pesado que necesitan las termoeléctricas para generar electricidad para todos.
El efecto general de este fenómeno no es un alivio energético generalizado, sino muy focalizado. Por ahora, los flujos están decidiendo quién puede seguir operando en una economía al límite. Una ampliación de las operaciones que termine en volúmenes de importación mayores podría beneficiar cada vez a más clientes dentro de Cuba. Sin embargo, acceder a este mercado es altamente restrictivo, en tanto requiere acceso a divisas y, preferiblemente, contactos formales e informales externos.
El cuadro general del comercio Cuba-EEUU
Junio de 2026 acaba de convertirse en el mes con más exportaciones de Estados Unidos a Cuba (117.5 millones de dólares) desde 1992, cuando el US Census Bureau comenzó a registrar esta serie.
En total, el primer semestre de 2026 suma 525.1 millones de dólares en exportaciones estadounidenses a la isla, siendo también el volumen más alto alcanzado en la primera mitad de un año. De mantenerse la tendencia, 2026 romperá el récord de 809 millones alcanzado por el año precedente.
La tendencia al alza esconde cambios en la composición de los bienes enviados a Cuba. Hasta el año pasado, comprarle a Estados Unidos significaba comprar alimentos, especialmente pollo. Sin embargo, aunque los envíos de productos agroalimentarios ascendieron a 218 millones hasta junio, reportan un decrecimiento del 10.2 % respecto al mismo periodo de 2025. A los bienes agroalimentarios hay que sumarles los vehículos, cuyo valor acumulado desde 2022 supera los 240 millones de dólares.
Aquí es donde entran los combustibles, que con los 95.7 millones importados hasta ahora, pasaron de ser una casilla vacía a representar una porción significativa de todo lo que Cuba le compra a su vecino.
Es el mayor giro en la estructura del comercio Cuba-Estados Unidos desde 1992, y está ocurriendo en el peor momento político de la relación en décadas. Aunque no puede hablarse técnicamente de dependencia ni de concentración del comercio exterior de Cuba en Estados Unidos, sí hay un crecimiento sostenido de la participación relativa de ese país en las importaciones cubanas. Esta tendencia contradictoria marcará con fuerza el desempeño de la economía cubana en lo que queda de año.
