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jueves, 1 de octubre de 2020

Regla de una gota y Prueba del lápiz

 Por  Jorge Gómez Barata

Una gota de sangre negra en la herencia era en Estados Unidos prueba de ser negro. Después de la Guerra Civil, el credo se aplicó en los estados sureños para sustentar la doctrina de “Iguales pero separados”. La regla fue oficialmente válida hasta los años cuarenta del siglo XX. Según se creía entonces, la mezcla entre un blanco y un negro, daba inexorablemente negro.

Desde 1883, debido a la sentencia de la Corte Suprema, “Pace contra Alabama” que penalizaba con cárcel el matrimonio interracial, el mestizaje fue ilegalizado. La situación cambió a partir de 1967 cuando el propio Tribunal Supremo, anuló las disposiciones que condenaban el matrimonio interracial. La regla de “una gota”, que era exclusivamente estadounidense, perdió entidad jurídica.

Estudios genéticos prueban que, como promedio, alrededor del 58 por ciento de los afroamericanos tienen al menos el 12,5 por ciento de ascendencia europea. Según estimados nacionales, el 70% de los estadounidenses blancos no tienen ancestros africanos, lo cual significa que el 30 por ciento los tiene.

Hasta no hace mucho, la cuestión de las razas fue estudiada y expuesta por racistas, lo cual dio lugar a conclusiones pseudocientíficas que reforzaron la ideología racial. Todo cambió cuando en 1951 James Watson y Francis Crick y Maurice Wilkins, describieron la estructura de la molécula de ADN, que contiene y transmite la información hereditaria. El descubrimiento es la base de la biología molecular.

Tras décadas de intensas investigaciones en 1990 se desplegó el proyecto internacional Genoma Humano que concluyó con la identificación de unos 25.000 genes presente en el núcleo de las células humanas, 3000 millones pares de bases del ADN y la presencia en los 23 pares de cromosomas en el núcleo del genoma humano.

En diez años se levantó el “mapa del genoma humano”, una especie de “Atlas de la vida” que no solo abrió infinitas posibilidades a las  ciencias y la medicina, sino que asestó un golpe definitivo al racismo al probar que la humanidad es genéticamente homogénea, aunque culturalmente diversa.

El mega estudio reveló que el genoma de un blanco ario, casi rosado, de ojos profundamente azules, es apenas el 0,1 por ciento diferente de su vecino congolés. La mejor noticia es que así ocurre con todos los humanos.

La regla del lápiz, aplicada en Sudáfrica era estúpidamente pragmática. Ante la duda de si una persona era blanca o negra, se le introducía un lápiz en el pelo. Si era sostenido por la trama del cabello, el sujeto era negro, si por el contrario el lápiz caía, era blanco. Quien encuentre los límites de la estupidez humana, levante la mano. Allá nos vemos.

01/10/2020
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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto! Al
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martes, 9 de junio de 2020

PARADOJA AMERICANA

Por Jorge Gómez Barata

Estados Unidos, donde el racismo es más crudo y cruel, uno de los primeros países en importar esclavos africanos (1619), de los últimos en abolir la esclavitud (1865) y el penúltimo en poner fin a la política de apartheid (1964), desde 1983 se dedica un día feriado nacional a homenajear a Martin Luther King, el más destacado de los líderes negros que arrancó al sistema concesiones sustantivas a escala social.

Ninguno de los siete “padres fundadores” de los Estados Unidos, prohombres de la revolución: George Washington, Thomas Jefferson, John Adams, John Jay, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton y James Madison, ha mereció tal distinción. Tampoco lo hicieron ninguno de los 45 presidentes, ni los héroes de las numerosas guerras. No han sido siquiera nominados alguno de sus científicos, intelectuales y artistas ni deportistas destacados. ¿Por qué un negro?

A mi juicio, la exaltación de Luther King al “Salón de la fama” del cual es el único integrante, expresó una tendencia predominante en un momento en el cual la clase política y las elites sociales estadounidense intentaron resolver el más grave problema social de los Estados Unidos y, el único con potencial suficiente para provocar estallidos sociales cercanos a una guerra civil o de razas. Aunque el pragmatismo político y la buena fe de entonces no pueden considerarse fracasados, tampoco aportaron los resultados deseados.

Varias veces he confesado mi incapacidad para comprender por qué la profundidad de las raíces del racismo en los Estados Unidos, un país que es capaz de elegir a un presidente negro, descendiente en primera  generación de un emigrante africano, pero no aceptar a los afroamericanos como parte de los suyos.

Tampoco comparto el punto de vista de que las clases políticas y las élites blancas, han hecho poco por beneficiar a la población negra y ponerla a salvo del racismo, prueba de ello es que cuatro ocasiones se han emitido pronunciamientos constitucionales al respecto.

El primero fue la disposición constitucional que estableció 1808 como la fecha a partir de la cual se prohibía la importación de personas, acción por la cual, con el paso del tiempo, la esclavitud se extinguiría. Las otras fueron las enmiendas 13º, 14º y 15º todas ligadas a las cuestiones de la esclavitud y los derechos de los negros a ser ciudadanos y a votar.

En 1957 para hacer cumplir la orden de la Corte Suprema relativa a la integración escolar, Eisenhower envió tropas del ejército a Arkansas y en 1962 Kennedy despachó efectivos militares y alguaciles federales para escoltar a James Meredith, primer estudiante negro matriculado en la universidad de Mississippi.

La enérgica oleada de protestas por la muerte de George Floyd, como antes ocurrió con Rodney King en California y otras, se caracterizan, además de por la violencia y la contaminación con acciones vandálicas, por su falta de articulación debida a la ausencia de liderazgo y de fundamentaciones definidas que formen una plataforma de metas que puedan ser compartidas por el pueblo americano o por una parte del mismo.

En 1968 Martin Luther King, paradigma de la no violencia, fue asesinado en Menfis, Tennessee y 15 años después, luego de intensas demandas, gestiones legislativas y acciones de masas, en 1983 el Congreso aprobó el establecimiento como festivo el Día Martin Luther King, adoptando para ello la fecha de su cumpleaños. El presidente Ronald Reagan promulgó la ley.

Tal vez, como ha sugerido el expresidente Barack Obama, una tarea común del momento es inscribirse y votar, para sumar los sufragios afroamericanos al de las fuerzas sociales que quisieran cambiar la actual orientación del país que, actualmente favorece el extremismo, el racismo y la exclusión. La oleada reaccionaria se frena mejor con votos que con rebeliones inconexas. Allá nos vemos.

09/06/2020
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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto! Al
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