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miércoles, 28 de julio de 2021

Conversaciones con Michael E. Parmly

“Todavía hay americanos que piensan que Cuba debe someterse a la voluntad americana, pero no es la voluntad de la mayoría de los cubanos”

Por Salim Lamrani



Diplomático de carrera, con una experiencia de más de tres décadas, Michael E. Parmly fue nombrado a la cabeza de la Sección de Intereses Norteamericanos de La Habana de 2005 a 2008, durante la administración de George W. Bush, en un periodo en que las relaciones entre ambos países eran particularmente tensas, a causa del enfoque hostil que adoptó la Casa Blanca contra Cuba.

En efecto, durante los ocho años de los dos mandatos republicanos, Washington acrecentó las sanciones económicas contra la isla y adoptó en mayo de 2004 y julio de 2006 toda una serie de medidas –cuyo objetivo declarado era derrocar al Gobierno cubano– que afectaban principalmente a la población cubana. La medida más emblemática, denunciada desde ambos lados del estrecho de la Florida, era la que limitaba los viajes familiares de la comunidad cubanoamericana hacia la isla a dos semanas cada tres años, en el mejor de los casos. En efecto, para poder conseguir la autorización de visitar a los familiares en Cuba, hacía falta demostrar que se tenía a un miembro “directo” de la familia en el país de origen. La Administración de Bush había redefinido de modo muy restrictivo el concepto de “familia”, limitándolo a los abuelos, padres, hermanos, esposos e hijos. Así, un cubanoamericano de Miami que tenía una tía en La Habana no podía viajar a la isla, ni siquiera catorce días cada tres años. Del mismo modo, las remesas a los miembros de la familia –en la nueva definición estrecha– se limitaban a 100 dólares por mes, mientras que constituían la segunda fuente de ingresos del país.

A su llegada en La Habana, al intentar comprender mejor la idiosincrasia cubana, Michael Parmly se desmarcó un poco de su predecesor James Cason, cuya actitud que las autoridades cubanas juzgaron como provocadora estaba alejada de las exigencias de la diplomacia tradicional y de los principios de la Convención de Viena.

También profesor en estudios de seguridad nacional en el National War College, Michael Parmly se ha pronunciado a favor de una normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y ha publicado un estudio sobre Guantánamo, en el cual invita a Washington a devolver la base naval a Cuba. En estas conversaciones, el diplomático, ahora jubilado, comparte su punto de vista sobre las relaciones conflictivas entre ambos países.

Salim Lamrani: Señor Embajador, usted es diplomático de carrera con una larga experiencia. ¿Podría hablarnos un poco de su trayectoria?

Michael Parmly: Primero, le agradezco la promoción. El hecho es que jamás tuve el rango de embajador, sino sólo el nivel. En efecto, el Senado nunca confirmó mi nombramiento pues no teníamos relaciones diplomáticas con Cuba. Aunque todo el mundo me llama Señor Embajador, no tengo el título.

Mi carrera como diplomático duró 34 años. Integré el cuerpo diplomático el 29 de junio de 1977, para ser preciso, y me jubilé el 30 de noviembre de 2010. Durante este periodo ocupé varios cargos en Europa occidental, en Europa oriental – Romania, en los Balcanes, Bosnia y más tarde en Kosovo – en Marruecos y en Cuba para coronar todo eso. También estuve en función en Washington cinco veces durante mi carrera.

Podría dividir mi carrera en tres etapas: antes de Bosnia, después de Bosnia y Cuba. Antes de Bosnia tuve una trayectoria tradicional, ocupé cargos clásicos y aprendí mi oficio. Después de Bosnia descubrí otro tipo de diplomacia y a partir de allí ocupé cargos de dirección, como embajador o director. Finalmente el cargo en Cuba, que era algo excepcional.

SL: Usted estuvo en La Habana como Jefe de la Sección de Intereses Norteamericanos entre 2005 y 2008 bajo la Administración de Bush, en una época en que las relaciones entre ambos países eran tensas. ¿Cuál era su relación con la isla antes de su salida hacia Cuba y qué conocimiento tenía usted de este país?

MP: Le voy a confesar algo. Llegué a La Habana el 15 de septiembre de 2005. Pero no era la primera vez que visitaba la isla. Pasé el verano de 1959 en Cuba con la familia, es decir justo después del triunfo de la Revolución de Fidel Castro. Pasé el verano con mis primos, mis tías y mis tíos en La Habana, Matanzas y Varadero.

Yo no hablaba ni una palabra de español en aquella época, pero yo veía que estaba ocurriendo algo excepcional. No era sólo porque los hombres llevaban una barba y un uniforme, sino porque por la noche yo escuchaba las conversaciones de mis tíos y de mis tías que se estaban preguntando lo que había que hacer.

Como embajador hablaba bastante bien el español. Había sido profesor de español para pagar mis estudios doctorales y tenía entonces un buen conocimiento técnico del idioma de Cervantes. En cambio, no era el caso de mi equipo y les reproché a mis colegas el hecho de que no hablaran suficientemente bien el castellano. Los incité entonces a que salieran de las oficinas y fueran al encuentro de los cubanos para aprender la lengua.

Antes de llegar a Cuba yo había dirigido la División de Derechos Humanos en el Departamento de Estado. En cualquier lugar del mundo donde había un problema de los derechos humanos, mi división se ocupaba del tema. Entonces yo tenía muchos contactos con la realidad cubana.

SL: ¿En qué consistía su misión en Cuba? ¿Cuál es el papel de un diplomático en función en un país que mantenía relaciones complicadas con los Estados Unidos?

MP: Complicado es una palabra muy cubana. Si un cubano le dice “es complicado”, eso significa que es realmente el caso. Desde un punto de vista formal yo estaba a cargo de 51 diplomáticos de carrera, de profesionales. Contraté a una quincena de personas, pues teníamos mucho trabajo, principalmente a las parejas de los diplomáticos en función. Por otra parte, yo tenía a mi disposición a más de 320 cubanos que no eran mis empleados sino los del Gobierno cubano, para ayudar la misión de la embajada americana.

Tuve una conversación con la Secretaria de Estado Condoleeza Rice alrededor de dos meses después de mi llegada a La Habana. Me dijo textualmente lo siguiente: “Michael, yo no quiero que hagas de Cuba una cuestión de política interior americana. Quiero que hagas política exterior en Cuba”. Esta declaración de Condoleeza Rice era muy importante para mí. Mis predecesores habían interpretado su papel como el de representante de Miami, de la comunidad cubana de Estados Unidos. Pero Condoleeza Rice me dijo, en presencia de testigos, que quería que yo hiciera de La Habana un cargo normal, es decir que me ocupara de política exterior.

Había otras opiniones en el seno de la Administración de Bush y el símbolo de eso era el letrero. Algunas personas del Gobierno de Bush tuvieron la idea de instalar un panel luminoso que difundiera constantemente mensajes, de día y de noche. Usted se puede imaginar la reacción de Fidel a este letrero. Fue la única vez que vino a la embajada americana y les dijo textualmente a sus guardias: “Quítenme eso”. Como se trataba de la representación diplomática de Estados Unidos, los guardias no tenían acceso y el panel luminoso se quedó allí. Sin embargo, modifiqué el contenido de los mensajes del letrero durante mi estancia, pues pensando en las palabras de Condoleeza Rice estimé que mi papel era comprender a los cubanos.

Los diplomáticos americanos tenían un papel muy importante, ya que éramos los únicos americanos en tener un contacto con el pueblo cubano. Había que escuchar y comprender a los cubanos, ya que nadie en el Gobierno americano tenía esa capacidad. Había visitas oficiales de vez en cuando, pero era algo muy excepcional. Yo quería entonces comprender a los cubanos y transmitir mis conocimientos a Washington, para que el Gobierno entendiera al país. Mi presidente George W. Bush no comprendía lo que pensaba en Cuba y fue gracias a nosotros que entendió mejor la isla.

SL: ¿Acaso recibió usted durante su mandato como embajador recibio órdenes con las cuales estuvo en desacuerdo?

MP: Hay que saber algo a propósito de los diplomáticos americanos: somos muy disciplinados, tanto como los militares, aunque tenemos mucho más flexibilidad y posibilidades de diálogo. Siempre tuve la posibilidad de dialogar con mis superiores. Hubo dos jefes que admiré mucho: Hillary Clinton y Colin Powell. Además, Colin Powell, que era Secretario de Estado bajo George W. Bush, me eligió para el puesto en La Habana. El primer día cuando vino al Departamento de Estado, dijo lo siguiente: “Hay que saber algo de mí. Yo me enojo rápidamente, pero me sereno rápidamente también”. Lo que él quería decir era que, durante una discusión, en caso de desacuerdo, el interlocutor no debía ceder en su posición, sino al contrario, exponer sus argumentos. Condoleeza Rice y Hillary Clinton tenían la misma actitud y estaban abiertas al diálogo. Tuve la suerte en mi carrera de diplomático de tener a jefes que estaban a favor del diálogo. Entonces no puedo decir que recibí una orden con la cual yo no estaba de acuerdo.

Cuando me nombraron en La Habana yo sabía que había en el Departamento de Estado la idea de instalar el panel luminoso, el letrero, en la embajada. Yo sabía que no iba a ser del agrado de los cubanos. Tenía la siguiente elección: negarme a instalar el letrero o elegir el contenido de los mensajes. Si yo hubiera escuchado la línea dura de la Casa Blanca bajo George W. Bush, habría puesto los eslóganes más insultantes. Pero como yo era el Jefe de Misión, me tocaba decidir del contenido. Me criticaron de modo severo en el Departamento de Estado. Una vez, incluso me llamaron a Washington para consultas y me dijeron: “Parmly, ¿por qué no pones eslóganes más radicales en el letrero?”. Respondí que yo sabía comunicar con los cubanos y que sabía lo que podía lesionar o no su sensibilidad. Entonces di la orden de que fueran exclusivamente los diplomáticos jóvenes, que iniciaban su carrera, los que se encargaran de los mensajes. Yo tenía el derecho de veto. Si me hubieran sugerido algo provocador no lo hubiera aceptado. Pero nunca fue el caso. Habían comprendido mi manera de gestionar las relaciones con Cuba y nunca propusieron mensajes provocadores. Por ejemplo, poníamos siempre los resultados de los partidos de baseball americanos pues a los cubanos les encanta este deporte.

Cuando me criticaron en Washington yo sabía que tenía el apoyo de Condoleeza Rice. Un día un diputado cubanoamericano fue al Departamento de Estado para criticar una de mis acciones en La Habana. Condoleeza Rice le respondió entonces textualmente: “Si Michael lo hizo de esta manera es porque era la manera adecuada”. Que la Secretaria de Estado respondiera en esos términos a un diputado americano era todo el apoyo que me hacía falta.

En una palabra, nunca recibí una orden que me hubiera podido llevar a desobedecer pues siempre mantuve un diálogo con mis superiores.

SL: ¿Temió alguna vez por su seguridad como embajador en Cuba?

MP: No, de verdad. Teníamos tres niveles de protección. Había los guardias cubanos que contratábamos y que eran nuestros empleados. Había los guardias del Gobierno cubano, que eran miembros de las brigadas especiales. Había también doce marines que protegían la embajada, no a los diplomáticos, sino los equipamientos, los secretos, etc.

Hubo un incidente un día. Si mi memoria no me falla fue el 11 de agosto de 2006. El 31 de julio de 2006 Fidel Castro anunció que se retiraba del poder después de su enfermedad. El 11 de agosto es la fecha del cumpleaños de Fidel y el Gobierno cubano organizó una gran fiesta delante de la embajada para mostrar su lealtad al jefe. Por mi parte, yo quería ver cuál era el grado de entusiasmo de los cubanos hacia Fidel y si iban a celebrar su cumpleaños en la Tribuna Antiimperialista situada frente a la embajada, la cual era una manera de responder al letrero.

Entonces fui, vestido de modo informal, más para escuchar a la gente presente que para escuchar música. Un cuarto de hora después de mi llegada una periodista holandesa me vio y le pidió a su camarógrafo que me filmara. De repente, me rodeó una jauría de fotógrafos y no me sentí muy seguro. Sabía sin embargo que había guardias cubanos que vigilaban lo que yo hacía, me seguían, sabían dónde me encontraba y con quién hablaba. Todo el mundo los conoce en Cuba y sabe que hay que tomarlos en serio. Esos guardias vestidos de civil, con guayabera, con un auricular, se acercaron a mí, apartaron tranquilamente a la gente y me preguntaron con una cortesía extrema: “Señor, ¿quiere usted que lo acompañemos a su coche?”. La gente no me hubiera hecho ningún daño, pero había un fenómeno de muchedumbre que podía ser peligroso y acepté que me acompañaran hasta mi coche.

Un día me encontraba en la Casa Blanca, en la Oficina Oval, con George W. Bush. Me dijo: “Debe ser terrible para ti allí”. Yo le respondí que no. Me contestó: “¡Pero, todo el mundo me dice que es hostil!”. Le dije que la gente era hostil y éramos hostiles con ellos. Si uno los escucha, no es el caso. Había gente que estaba enojada conmigo en Cuba, pero nunca hasta el punto de amenazarme físicamente.

Estuve en Afganistán, en Kandahar durante cuatro meses, y allí había peligro pues no se controlaba la situación. En Cuba el Gobierno controla la situación. Es una de las ventajas de un Estado totalitario. Permítame explicar el término: ¿qué significa “totalitario”? Significa que la totalidad de lo que pasa en la isla está controlado por el Estado. Pero lo que puedo decir es que el pueblo cubano se caracteriza por su espontaneidad. Si los cubanos son disciplinados es porque lo han decidido, no porque se trata de una solicitud del Gobierno. Son demasiado espontáneos para eso. Son disciplinados porque lo han decidido ellos mismos.

SL: ¿Qué mirada tiene de la sociedad cubana que usted conoció durante su misión? Según usted, ¿cuáles son los aspectos positivos y los puntos negativos?

MP: Los cubanos son muy espontáneos y eso me gustaba mucho. Me decían lo que pensaban. Por más que se diga que es un Estado totalitario, los cubanos son tan espontáneos que dicen lo que piensan. A veces eso me dolía, pero yo sabía que eran honestos conmigo.

Los cubanos son muy cultos. Sean jóvenes o ancianos, sean pobres o ricos, tienen una cultura sumamente amplia, mucho más que cualquier otro país de América Latina. México, que tiene una gran cultura y una gran historia, se acerca un poco a este nivel. Los cubanos son conscientes de ello. Están orgullosos de tener este nivel de conocimiento en artes, en música, en literatura. Al respecto, mi autor favorito en el mundo entero es Leonardo Padura. Es un cubano que vive en la isla y que publica libros formidables. La cultura cubana es muy rica. Por otra parte, mi casa en Suiza, cerca de Ginebra, está decorada con arte cubano. Uno de mis mejores amigos es un pianista cubano. Entre los mejores artistas, los mejores músicos, los mejores bailarines, los mejores escritores, muchos están en Cuba. Los cubanos naturalmente se sienten orgullosos de eso.

SL: ¿Qué piensa usted del nivel de vida de los cubanos?

MP: Es difícil ser cubano hoy día. El Periodo Especial no tiene nada que envidiar al periodo actual. Nosotros, los Estados Unidos, somos en parte responsables de esta situación. Pero no somos los únicos responsables. Pienso que el Gobierno cubano se encuentra en la buena dirección pues deja que la gente desarrolle la economía a su manera. Los cubanos son buenos emprendedores. Raúl Castro abrió la vía cuando autorizó al inicio catorce categorías a la iniciativa privada. Hoy casi toda la economía y todas las profesiones están abiertas a la iniciativa privada. Pienso sin embargo que el control de la economía por el Gobierno limitó la iniciativa privada. La situación en Cuba es complicada – para retomar un término usado por los cubanos. Ellos no se quejan y no lloran sobre su suerte porque no es su temperamento, pero van a decir “es complicado”. Pero frente a cada situación complicada los cubanos tienen la capacidad de “resolver”, otro término que usan mucho, es decir, encontrar una solución, arreglárselas. Cada cubano resuelve y no se queja.

SL: ¿Qué mirada tiene justamente sobre el pueblo cubano?

MP: Le voy a hacer otra confesión: soy un cuarto cubano. Mi abuela materna era cubana. Tenía como primo a uno de los héroes de la Revolución de 1933. Según mis amigos cubanos, si pude hacer lo que hice en la isla, fue porque Fidel estaba al tanto de mis raíces cubanas. No sé si es verdad o no. Fidel Castro tenía una gran admiración – la expresó varias veces – por el primo de mi abuela, Antonio Guiteras, que era Presidente del sindicato de los estudiantes cubanos de la época y que desempeñó un papel importante en el derrocamiento del dictador sanguinario Gerardo Machado. Luego ocupó el cargo de Ministro de Interior – Ministro de Gobernación – en el gobierno de los 100 Días.

Leí su historia antes de tomar mi cargo en Cuba. Antonio Guiteras fue asesinado por Fulgencio Batista, porque Guiteras era la principal figura capaz de impedir el ascenso de Batista hacia el poder. Guiteras era un revolucionario católico.

SL: Para un gran parte de la opinión pública, la permanencia del conflicto entre Cuba y los Estados Unidos es difícilmente comprensible en el siglo XXI, más de treinta años después de la desaparición de la Unión Soviética. ¿Cuáles son, según usted, los verdaderos motivos de este diferendo que dura desde hace más de seis décadas?

MP: Yo intenté encontrar una respuesta a eso durante los tres años de mi estancia en Cuba y le debo confesar que todavía hoy esta cuestión me deja perplejo.

Permítame darle mi opinión, a título personal y no como exdiplomático. Desde el inicio de nuestra historia, es decir desde finales del siglo XVIII, hubo en los Estados Unidos americanos que querían dominar la isla y hacer de Cuba un Estado de la Unión. La gente del Sur quería que Cuba fuera un Estado de esclavos. Recordemos que existía todavía la esclavitud en los Estados Unidos, antes de la guerra civil. John Quincy Adamas, que sería después Presidente de los Estados Unidos, elaboró la teoría de la “fruta madura” en 1823 y predijo que Cuba caería en la faltriquera americana. ¿Acaso se puede decir a otro que su país no vale nada y que va a ser absorbido?

Los cubanos, conscientes de ello y orgullosos de sí mismos, se negaron a someterse. Todavía hay americanos que piensan que Cuba debe someterse a la voluntad americana, pero no es la voluntad de la mayoría de los cubanos. Hay algunos cubanos que están dispuestos a someterse a la voluntad americana, pero son muy pocos. Los cubanos se sienten muy orgullosos de lo que son. Lo que caracteriza a los cubanos es el orgullo y el carácter.

Lamentablemente, hay todavía esta mentalidad que está presente entre algunos americanos.

SL: ¿Qué mirada tiene sobre las sanciones impuestas a Cuba durante la Administración de Bush?

MP: Las sanciones de 2004 eran severas y se explicaban por el contexto político americano. Había una elección presidencial. Había un elemento de la línea dura del Partido republicano que había declarado que si Bush deseaba volver a ganar la Florida, había que imponer una ley severa contra Cuba. La política americana se volvió entonces más severa. Tuve la mala suerte de llegar unos meses después de la imposición de esas medidas.

Condoleeza Rice era asesora para la Seguridad Nacional durante el primer mandato de Bush. Se volvió Secretaria de Estado durante el segundo mandato, cuando se adoptaron las normas más duras para con Cuba. Pero descubrí que no estaba a favor de ello.

Bush tampoco tenía un conocimiento real de Cuba. Me acuerdo que me hacía preguntas raras sobre la isla. Entonces le dije: “Usted debe visitar Cuba”. Me miró con ojos grandes y le dije que se podía hacer de modo virtual, por internet. Le hice visitar la isla cinco veces y le encantó. La opinión de George W. Bush respecto a Cuba evolucionó enormemente durante su presidencia. Soy testigo de ello. La única condición impuesta a esas visitas virtuales era que yo no podía mencionarlas públicamente, pues estábamos preocupados por la reacción de los cubanoamericanos. Era un motivo relativo a la política interior. Temíamos disgustar a los republicanos de Florida.

Laura Bush, su esposa, había escuchado decir que los profesores y maestros en Cuba eran brillantes. Expresó entonces el deseo de intercambiar con ellos de modo virtual y le puedo afirmar que le encantó el encuentro.

SL: En 2014 el Presidente Obama, siguiendo los pasos de James Carter, decidió establecer un diálogo histórico con Cuba, el cual desembocó en muchos avances. ¿Podría usted decir una palabra sobre el tema y explicarnos por qué hubo que esperar tanto tiempo para proceder a este acercamiento?

MP: Obama llegó con un pensamiento distinto sobre Cuba, como fue el caso con Jimmy Carter que quería restablecer relaciones diplomáticas. Carter tomó su cargo el 20 de enero de 1977 y abrió una Sección de Intereses en La Habana ese mismo año, estableciendo así una presencia americana oficial en Cuba. La idea era transformar luego la Sección en una embajada. Eso no se pudo materializar por varias razones.

Obama retomó la antorcha y decidió establecer formalmente relaciones diplomáticas, en concertación con los cubanos en 2016. Obama estaba convencido de que la política americana para con Cuba era un error y deseaba cambiar eso. De algún modo, mi estancia entre 2005 y 2008 echó las bases de la llegada de Obama a la Casa Blanca pues yo quería tener contactos con el pueblo cubano y el Presidente Obama también deseaba que los diplomáticos en cargo en La Habana tuvieran contactos con la población de la isla.

¿Por qué hubo que esperar tantos años? Es una buena pregunta. La política americana hacia la isla era un error que convenía subsanar.

SL: En cambio, la Administración de Trump optó por un cambio total en la política hacia Cuba y volvió a un enfoque más hostil. ¿Qué opinión tiene sobre el mandato de Donald Trump en general y más particularmente sobre su posición para con la isla?

MP: Le confieso que nunca me ha caído bien Trump. Trabajé a favor de la campaña de Joe Biden para conseguir la salida de Trump. El expresidente habla out of both sides of his mouth, como se dice en inglés, es decir que dice una cosa y la contraria. De todas formas, no tengo autoridad para hablar de él porque nunca nos hemos encontrado. Conviene entonces tomar mis palabras con prudencia.

Inicialmente, Donald Trump quería hacer negocios con Cuba. Como sólo piensa en sí mismo, quería construir hoteles en Cuba y exploró las posibilidades en este sentido antes de su elección. Cuando llegó a la Casa Blanca procedió a un cambio total pues estimó que la Florida era importante para él desde un punto de vista electoral y deseaba tener el apoyo de la comunidad cubanoamericana. Entonces identificó a algunos grupos de esta comunidad, es decir, a la parte más conservadora, y decidió adoptar una posición extremista que respondía a los intereses de esa franja. En mi opinión fue un error.

La arrogancia de Donal Trump lo lleva a pensar que puede dar órdenes a los cubanos y – como soy un cuarto cubano – no lo puedo aceptar.

SL: ¿Qué piensa usted del estado actual de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos? ¿Cuál debería ser el enfoque del Presidente Joe Biden hacia la isla?

MP: El potencial entre ambos países es enorme. Biden declaró que corregiría los errores de Trump y es una de las razones por las cuales le he brindado mi apoyo. Pienso que lo va a hacer. Tiene cierta sensibilidad y no tomará decisiones que Cuba no va a aceptar. Creo que Joe Biden se preocupa por el pueblo cubano. El centro de gravedad – como se dice en teoría de las relaciones internacionales – debe ser el pueblo cubano y es lo que ha declarado varias veces. Al mismo tiempo, Joe Biden sabe que no es todopoderoso. Trump pensaba serlo. En el Senado americano hay paridad entre demócratas y republicanos.

Además, por lo que se refiere a la Comisión de las Relaciones Extranjeras del Senado, la dirige Bob Menéndez, al que conozco muy bien. Cada vez que yo viajaba a Washington desde La Habana él me recibía en su oficina. Es una persona muy inteligente. Es un cubanoamericano, pero no nació en la isla. No pienso que él haya visitado Cuba. Es más bien partidario de la línea dura en cuanto a las relaciones con La Habana. No es tan extremista como la rama conservadora del Partido republicano, cuya posición es desastrosa. Pero Bob Menéndez es sin embargo conservador y ocupa el cargo de Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Conviene recordar no obstante que un senador del Delaware, Joe Biden, ocupó este cargo. Es consciente del poder del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Biden va a modificar el estado de las relaciones con Cuba, pero actuará con prudencia, paso a paso. No espero un cambio radical de la política americana de un día a otro.

Me han solicitado para que yo comparta mis ideas sobre el tema y mandé entonces una nota a Washington. He identificado algunos aspectos importantes. El primero tiene que ver con la presencia diplomática americana en Cuba. Es simbólico pues una embajada trabaja y escucha. Fui diplomático durante 34 años y me encantó mi trabajo porque permite comprender a los demás pueblos, a los vecinos. Si Joe Biden quiere comprender al pueblo cubano, debe tener un contacto con La Habana. No podrá avanzar sin el acuerdo de los cubanos. El segundo aspecto es la base naval de Guantánamo.

SL: Usted trabajó justamente sobre la cuestión de la base naval de Guantánamo. ¿Cuál debería ser la actitud de la Casa Blanca sobre este tema?

MP: Redacté efectivamente un trabajo sobre Guantánamo en la época que Barack Obama era Presidente de los Estados Unidos y Raúl Castro Presidente de Cuba. Estos dos hombres eran capaces de entenderse y de dialogar. Tomamos posesión de Guantánamo en 1901 y fue un error, un gran error. En la época Cuba estaba ocupada por las tropas americanas. Los Estados Unidos habían declarado que sólo retirarían a sus tropas del suelo cubano si la Asamblea Constituyente aceptaba integrar la enmienda Platt en la Constitución. Esta enmienda estipulaba, entre otras cosas, que correspondía a los Estados Unidos decidir la política exterior de Cuba. El artículo 8 de este texto estipulaba también que Cuba tenía que entregar a Washington bases en su territorio. Era la condición para poner fin a la ocupación. Los cubanos no querían integrar la enmienda Platt, pero finalmente tuvieron que aceptar con una corta mayoría de 16 votos contra 11. No era una gran mayoría. Los cubanos se dieron cuenta de que la única manera de liberar al país de la presencia de las tropas americanas era aceptar la enmienda Platt. En 1934 el Presidente Franklin Roosevelt adoptó otro enfoque para con Cuba y abrogó la enmienda Platt que permitía a los Estados Unidos tener el control sobre la política exterior de Cuba, salvo el artículo 8 relativo a la base de Guantánamo.

Entonces, nuestra presencia en Guantánamo no es legítima. Es mi opinión personal, pero estoy convencido de que la historia me da la razón. Me había jubilado cuando redacté este artículo. No lo habría podido hacer si hubiera estado todavía en servicio activo. Una persona que trabajaba en la Casa Blanca en esa época – no la voy a nombrar – me dijo lo siguiente: “Michael, no abandones nunca tu idea sobre Guantánamo”. Llegará el día en que los Estados Unidos saldrán de Guantánamo, pero desgraciadamente será demasiado tarde. Nuestra presencia no es legítima.

¿Por qué tenemos bases militares en el exterior? Hay un objetivo muy preciso. ¿Cuál era la idea en 1901? En esa época necesitábamos una estación naval para abastecer nuestros barcos en combustible. Pero hoy día los barcos americanos ya no funcionan del mismo modo. Luego, necesitamos un lugar para acoger a los refugiados que interceptábamos en alta mar, pero ahora tenemos un acuerdo con Cuba que nos permite devolver a los refugiados cubanos a su país. Entonces ya no necesitamos una base para eso. La presencia americana puede proyectarse de otro modo que con una base militar. ¿Por qué mantenemos esta base? No lo sé. Quizás por una cuestión de orgullo.

SL: ¿Qué otros aspectos mencionó usted en la nota que mandó a la Administración de Biden?

MP: La situación del pueblo cubano interesa mucho a la Administración de Biden. Las relaciones entre los gobiernos son importantes, pero la diplomacia evoluciona. Entonces es interesante saber cuál es el sentimiento del pueblo. En este momento el pueblo cubano sufre y hay que facilitar el envío de remesas de la comunidad cubanoamericana hacia la isla.

La cuestión migratoria también es importante. Habría que volver a una política migratoria humanitaria. Los Republicanos intentan instrumentalizar eso a ultranza y Biden naturalmente se muestra prudente sobre este tema. En el Gobierno se encuentran personas competentes como Alessandro Mallorcas, Ministro de Seguridad Interior, que nació en Estados Unidos de padres cubanos y que tiene sensibilidad por esta cuestión. Puedo también mencionar a Roberta Jacobson, que es miembro del Consejo de Seguridad Nacional encargada de la Frontera Sur. Es una amiga por quien tengo una profunda admiración, que fue embajadora en México y que conoce el tema cubano. Ricardo Zúniga, que estuvo en función en la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, es ahora en Enviado Especial de la Administración de Biden para el Triángulo del Norte (México y América Central), encargado entre otros asuntos de la problemática migratoria. Tiene un profundo conocimiento de Cuba. Ello me lleva a pensar que esta cuestión debería ser bien gestionada.

SL: Los Estados Unidos declaran que su prioridad en Cuba es la democracia y los derechos humanos, pero pocos observadores están realmente convencidos de este argumento que parece ser utilizado con geometría variable. ¿Cuál es su punto de vista sobre este tema?

MP: Yo estuve a cargo de la política americana sobre la cuestión de los derechos humanos y es un tema muy importante para mí. En mi opinión, hay derechos humanos que no se respetan en Cuba. Estoy convencido de que eso está evolucionando y que el Gobierno actual está evolucionando sobre el tema. Pero Cuba no actuará porque los Estados Unidos le ponga el cuchillo en la garganta. Cuba actuará si ella misma lo decide y piensa que es lo mejor para el país. Acuérdese de lo que le he dicho sobre el orgullo de los cubanos.

Sin embargo quisiera que nosotros diéramos prueba de consistencia sobre este tema. Si criticamos la política cubana en materia de derechos humanos, Cuba debe también tener el derecho de criticar a los Estados Unidos. Mire lo que pasó el 6 de enero de 2021 en Washington, con el asalto al Capitolio. Los Estados Unidos tampoco son irreprochables sobre el tema. Tenemos la base de Guantánamo y todo lo que pasa allí no se corresponde con la idea que podemos tener de la mejor democracia del mundo. También podemos evocar el asesinato de George Floyd. Los Estados Unidos no tienen entonces de qué vanagloriarse sobre la cuestión de los derechos humanos.

En mi opinión, es la Convención Internacional sobre los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos Humanas de 1948 las que deben dictar la vía a seguir, y no la ley americana.

SL ¿Piensa usted que algún día los Estados Unidos pondrán término a su política hostil hacia Cuba?

MP: Como conozco a mi pueblo, temo que eso requiera tiempo. Los cubanos no son hostiles hacia los Estados Unidos. La mayoría de los americanos no son hostiles hacia Cuba. Pero hay un puñado de americanos, por diversos motivos, que son hostiles hacia Cuba. Eso va a durar. Como dirían los cubanos, “es complicado”.

Esperemos que haya un regreso de una política como la de Obama pues él entendió el alma cubana y eso se vio durante su viaje a la isla en 2016. Por mi parte intenté comprender a los cubanos cuando estaba en función en La Habana. El papel de un diplomático es entender al pueblo del país en el que se encuentra. Desgraciadamente hay un puñado de americanos, con cierto poder, que no quieren comprender al pueblo cubano. Es la mentalidad de la enmienda Platt de 1901 que quería dictarles su destino a los cubanos. ¿Acaso eso cambiará algún día? Ojalá, pero desafortunadamente yo conozco demasiado a mi pueblo

martes, 18 de febrero de 2020

Regreso a la política de la confrontación

Por: Salim Lamrani


Los resultados de la colaboración médica cubana se refleja en las millones de vidas salvadas en los más de 56 años brindando salud. Foto: @MINSAPCuba/Twitter.
En 2014 la Administración de Obama tomó medidas inauditas a favor de una normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y respondió así al reclamo unánime de la comunidad internacional, que siempre ha abogado a favor de una solución pacífica al conflicto asimétrico que opone Washington a La Habana desde hace cerca de seis décadas. En marzo de 2016 el presidente demócrata incluso realizó un viaje histórico a Cuba, por primera vez desde la visita de Calvin Coolidge en 1928, sellando así la voluntad oficial de la Casa Blanca de encontrar una salida positiva.
Así, en el espacio de dos años Barack Obama reabrió una embajada en La Habanasuprimió a Cuba de la lista de los países patrocinadores del terrorismo, alivió un poco las sanciones económicas, restableció los vuelos comerciales directos entre ambos países, amplió las categorías (12 en total) de los ciudadanos estadounidenses autorizados a viajar a la isla y dio su acuerdo para algunas inversiones en Cuba. El mundo entero aplaudió el abandono de una política de hostilidad anacrónica que se remonta a la Guerra Fría, cruel ya que afecta a las categorías más vulnerables de la población cubana, e ilegal pues contraviene los principios elementales del derecho internacional público.
¿Cuál ha sido la política de Donald Trump hacia a Cuba desde su llegada al poder en 2017? ¿Qué decisiones ha tomado después de haberse mostrado muy crítico con las medidas adoptadas por su predecesor, las cuales consideró concesiones al “régimen cubano”?
Sin sorpresa, la toma de posesión de Donald Trump ha marcado un viraje de 180° en la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba. Lejos de proseguir con la política de acercamiento iniciada por Obama, al contrario, ha procedido a un recrudecimiento de las sanciones contra la isla atacando las tres principales fuentes de ingresos del país: la cooperación médica internacional, las transferencias de remesas procedentes de la comunidad cubana en Estados Unidos y el turismo.
Además la Administración de Trump ha decidido aplicar el Título III de la ley Helms-Burton, que permite que las empresas extranjeras con intereses en Cuba sean perseguidas ante los tribunales estadounidenses, con el objetivo de privar a La Habana de toda inversión extranjera. La Casa Blanca también ha tomado medidas para privar a Cuba de recursos energéticos sancionando las empresas petroleras y los buques que tienen relaciones comerciales con la nación caribeña, engendrando importantes penurias para la población.

Presiones sobre la cooperación médica cubana

La cooperación médica cubana: un pilar de la política exterior
Desde 1969 y el envío de la primera brigada médica a Chile tras un terremoto, Cuba ha hecho de la solidaridad internacional con los pueblos del Sur un pilar de su política exterior. Desde esa fecha 407.000 profesionales de la salud han trabajado en 164 países de todos los continentes. En 2019 más de 29.000 de ellos se encontraban en 66 naciones. La solidaridad y el beneficio mutuo son los dos principios que rigen esta cooperación. Así, el servicio es gratuito para los países con recursos limitados, particularmente algunos países de África.
En cambio, tiene un costo para las naciones que disponen de los medios de retribuir esta cooperación, como Brasil, por ejemplo. Con el tiempo la cooperación internacional cubana, principalmente médica, se ha convertido en la primera fuente de ingresos de la isla, a la altura de 7.000 millones de dólares.
Además de esta cooperación basada en el envío de personal médico, Cuba ha elaborado desde 1988 el Programa Integral de Salud para los países de América Central y del Caribe, tras el huracán Mitch que destruyó la región, y se extendió luego a los otros continentes. Con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud, Cuba lanzó campañas de vacunación en el mundo entero para proteger a las poblaciones más vulnerables. En total, 44 países se han beneficiado de este programa que ha ofrecido una cobertura médica integral a decenas de millones de personas.
También en 1998 Cuba creó la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), cuyo papel es formar a estudiantes de medicina procedentes de los países del Tercer Mundo e incluso de Estados Unidos. Así, en 2019 Cuba formó en sus distintas universidades, en el área de la salud, a más de 35.000 personas de 136 naciones del mundo. Según las Naciones Unidas “la ELAM es la escuela médica más avanzada del mundo”.
Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud, destacó el trabajo realizado por la ELAM y elogió la política cubana y su compromiso en la cooperación Sur-Sur:
“No conozco ninguna otra escuela de medicina con una política de admisión que da la prioridad a los candidatos procedentes de las comunidades pobres y que saben, de primera mano, lo que significa vivir sin acceso a una atención médica de base. Por primera vez si usted es pobre, si usted es una mujer o si procede de una población indígena, usted dispone de una ventaja precisa. Es una ética institucional que hace de esta escuela una entidad única”.
En 2004 Cuba lanzó con Venezuela la Operación Milagro, que consiste en operar a personas víctimas de cataratas y otras enfermedades oculares y que no tienen los recursos para operarse. Desde esa fecha más de seis millones de personas procedentes de 34 países han podido recobrar la vista gracias a los médicos cubanos. Ningún otro país en el mundo ha lanzado una operación humanitaria de semejante envergadura con resultados tan tangibles.
En 2014 los médicos cubanos desempeñaron un papel fundamental en la lucha contra la epidemia de ébola en el oeste de África, particularmente en Liberia, Guinea y Sierra Leona. Tras el llamado de la Organización Mundial de la Salud, La Habana mandó a 168 médicos de la Brigada Henry Reeve, creada en 2005 después del huracán Katrina que asoló Estados Unidos, para ayudar a las víctimas de catástrofes naturales. La isla del Caribe mandó tantos médicos como la suma de los enviados por todos los demás países juntos.
Estados Unidos, mediante la voz del Presidente Barack Obama, destacó el compromiso humanitario de Cuba en la lucha contra el ébola:
“Quiero expresar mi gratitud a los médicos cubanos que fueron voluntarios y que se involucraron en misiones muy difíciles para salvar vidas en el oeste de África junto con nosotros y otros países. Apreciamos mucho el trabajo hecho. Nadie puede negar el servicio que miles de médicos cubanos brindaron a los pobres y a las poblaciones sufrientes”.
En 2017 la OMS entregó a Cuba el Premio de Salud Pública, la más alta distinción otorgada por la institución, por su obra contra el ébola. Explicó las razones:
“La experiencia internacional de Cuba en materia de emergencias médicas empezó más de 50 años antes de la creación del contingente Henry Reeve […]. Ello marcó el inicio de la perspectiva internacionalista y de la cooperación sanitaria de Cuba. Desde su creación […] 24 contingentes integrados por 7.000 equipos brindaron voluntariamente su apoyo en 21 países […].
Más recientemente, en 2014, en Contingente Henry Reeve respondió al virus del ébola en África Occidental, donde más de 250 profesionales de la salud obraron con las comunidades afectadas de Sierra Leona, Liberia y Guinea.
El Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon y la Directora General de la OMS, la doctora Margaret Chan, pidieron al General Raúl Castro Ruz, Presidente de Cuba, que desplegara a su personal médico para luchar contra la epidemia del ébola. La respuesta positiva de Cuba fue inmediata.
La asistencia internacional brindada por Cuba no disminuye la atención ofrecida por el país a su propia población, que disfruta de un sistema nacional de salud universal y gratuito […] que cuenta con un total de 493.368 agentes de salud y una ratio de 80,2 médicos, 15 dentistas y 79,3 enfermeras por 10.000 habitantes”.
El Contingente Henry Reeve también intervino durante el terremoto en Ecuador en 2016, las inundaciones en Perú en 2017, el huracán María en el Caribe y el terremoto en México en 2017, entre múltiples emergencias en todo el mundo.
Las medidas hostiles de la Administración de Trump
Desde su llegada al poder Donald Trump decidió volver a una política agresiva contra Cuba y apuntó a su principal fuente de ingresos, la cooperación médica internacional. El 20 de julio de 2019 Washington decidió incluir a la isla en la lista de países responsables de tráfico de seres humanos. Según la Casa Blanca, la cooperación médica cubana en el mundo equivale a un tráfico de seres humanos y a “trabajos forzados”.
El 26 de septiembre de 2019 el Departamento de Estado lanzó un llamado público a todos los países pidiéndoles que pusieran término a su cooperación médica con Cuba, acusando a la isla de “tráfico de médicos” y de “esclavitud moderna”.
Estados Unidos no ocultó su verdadero objetivo que es atentar contra la economía del país presionando a las naciones que se benefician de estos servicios:
“Estos programas emplean hasta 50.000 profesionales de la salud en más de 60 países y son una fuente principal de ingresos para el régimen cubano. […] El Gobierno recogió 7.200 millones de dólares en un año”.
Antes Washington ejerció presión sobre varios países de América Latina para poner fin a los acuerdos de cooperación. El primer país en plegarse a estas órdenes fue el Brasil del Presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, quien decidió romper en noviembre de 2018 de modo unilateral el acuerdo tripartito firmado en 2013 por su predecesora Dilma Roussef, Cuba y la Organización Panamericana de la Salud.
En cinco años los 20.000 profesionales de la salud cubanos realizaron más de 112 millones de consultas en más de 3.600 municipios y ofrecieron una cobertura médica permanente a 60 millones de brasileños. Por otra parte, Cuba formó un total de 1.214 médicos brasileños. La decisión tomada por Brasilia bajo influencia de Washington priva a Cuba de importantes ingresos, pero priva sobre todo a decenas de millones de personas de asistencia médica.
En mayo de 2019 Estados Unidos exigió a Ecuador que le proporcionara una lista completa de los acuerdos firmados con Cuba. Unos meses más tarde, en octubre de 2019, el Gobierno de Lenin Moreno decidió poner fin a los acuerdos de cooperación médica con Cuba unos días antes de su fecha de expiración.
Desde el inicio de la colaboración empezada bajo el gobierno de Rafael Correa, 3.565 médicos cubanos trabajaron en el país andino y realizaron 6,7 millones de consultas médicas, ofreciendo una cobertura médica a varias centenas de miles de personas procedentes de las capas populares. Por otra parte, 2.093 ecuatorianos consiguieron sus diplomas de médicos en Cuba.
En Bolivia, tras el golpe de Estado orquestado contra Evo Morales en noviembre de 2019, el régimen golpista ordenó a todos los cooperantes cubanos que abandonaran el país a la mayor brevedad. Cuba denunció un total de 26 incidentes graves contra su personal médico, actos de violencia contra dos de ellos y la detención de 50 colaboradores. Cuba se vio en la obligación de repatriar de urgencia a su personal médico por razones de seguridad.
La brigada médica cubana en Bolivia se componía de un 54% de mujeres sobre un total de 406 médicos y 208 profesionales de la salud. Desde su llegada al territorio boliviano los médicos cubanos realizaron 73 millones de consultas médicas y 1,5 millones de intervenciones quirúrgicas. Por otra parte, 5.184 médicos consiguieron su diploma en las universidades cubanas. El Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo no dejó de felicitar a la junta militar boliviana: “El Gobierno de Bolivia anunció el viernes la expulsión de centenas de funcionarios cubanos de su país. Fue una buena decisión. ¡Bravo Bolivia! Bolivia se suma a Brasil y Ecuador”.
La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) también ha dedicado un presupuesto de tres millones de dólares para llevar una campaña internacional con los gobiernos de las naciones que han firmado acuerdos con Cuba en el campo de la cooperación médica. El objetivo es “promover en Cuba, en América Latina y en los organismos regionales e internacionales, tales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas [una política destinada] a presionar al régimen cubano para que mejore las condiciones de vida de los doctores y otros trabajadores”.
En octubre de 2019 Washington se negó a conceder visas a la delegación cubana, dirigida por el Ministro de Salud Pública José Ángel Porta, invitada al 57 Consejo Director de la Organización Panamericana de la Salud. Esta decisión, en violación de los convenios internacionales, impidió que Cuba participara en el más importante congreso regional en materia de salud y presentara su punto de vista sobre la cooperación médica.
En diciembre de 2019 la Organización de Estados Americanos, entidad notoriamente bajo influencia de Estados Unidos cuya sede se encuentra en Washington y de la cual Cuba no es miembro desde su expulsión en 1962, organizó un foro titulado “La oscura realidad detrás de las misiones médicas cubanas”, promoviendo así la campaña de desprestigio lanzada por la Casa Blanca. La Habana condenó este nuevo ataque orquestado por la Administración de Trump.
Washington contempla restablecer el Cuban Medical Professional Parole Program (CMPP), en vigor de 2006 a 2017, cuyo objetivo es incitar a los médicos cubanos en servicio en el exterior a desertar ofreciéndoles la posibilidad de ir a ejercer su profesión en Estados Unidos y privar así a Cuba de un precioso capital humano. Según las autoridades estadounidenses, “en virtud del programa CPPP, los médicos y otros profesionales del sector de la salud enviados por el Gobierno de Cuba para trabajar o estudiar en los países del Tercer Mundo podrán pedir asilo en Estados Unidos”. Así, de 2006 a 2017, cerca de 8.000 profesionales cubanos optaron por beneficiarse de este programa –que incluía el pago de los boletos aéreos, los gastos de abogado y la entrega de una visa de viaje– y emigrar a Estados Unidos.
Reacción de La Habana
El Ministerio cubano de Relaciones Exteriores denunció la política intervencionista y la campaña de desprestigio llevadas a cabo por Estados Unidos. Según La Habana, Washington ejerció presiones sobre Guatemala para el país pusiera término a su cooperación médica con Cuba. “La persecución y búsqueda de información ha incluido intentos de interrogar al personal cubano por ‘diplomáticos’ de Estados Unidos en los propios centros de salud donde este labora en el exterior, incluso en el norte de África y Medio Oriente”, declararon las autoridades de la isla. La diplomacia rechazó todas las acusaciones de la Casa Blanca:
En Cuba se han formado de manera gratuita 35.613 profesionales de la salud de 138 países. En el caso de las naciones con condiciones económicas más desfavorables, Cuba asume prácticamente los gastos de la colaboración. De igual modo y en línea con las concepciones de las Naciones Unidas sobre la cooperación entre países en desarrollo, esta se ofrece en otras naciones sobre la base de la complementariedad y la compensación parcial por los servicios prestados.
Los técnicos y profesionales cubanos que participan en esos programas lo hacen absolutamente de manera libre y voluntaria. Durante el cumplimiento de su misión continúan recibiendo íntegramente su salario en Cuba y disponen, además, de un estipendio en el país de destino, junto a otras prestaciones. Cuando Cuba recibe compensación por la cooperación prestada, esos colaboradores tienen el mérito de brindar un aporte justo y totalmente legítimo para el financiamiento, la sostenibilidad y el desarrollo del sistema de salud masivo y gratuito, accesible a todos los cubanos, así como para los programas de cooperación que se despliegan, sin ningún pago a nuestro país, en muchas partes del mundo.
Una cooperación médica destacada por las instituciones internacionales
Los distintos organismos internacionales destacaron la cooperación internacional de Cuba. “Salvar vidas: eso es lo que hace Cuba aquí y en el mundo”, señalan las Naciones Unidas que agregan que la isla “tiene una larga historia de cooperación” con los países del Tercer Mundo. “Los médicos cubanos son los primeros en llegar y los últimos en retirarse” durante las catástrofes naturales, señaló Ban Ki-moon, entonces Secretario General de la ONU.
Según José Di Fabio, representante de la OMS,
“Cuba es un caso aparte por su capacidad de respuesta rápida, su voluntad política y por la experiencia de los médicos. Lo que Cuba es capaz de hacer es increíble. Hay a la vez la voluntad política [de los dirigentes] y la voluntad humana de la población. Cuando hubo un terremoto en Pakistán, 2.000 médicos llegaron allí en 48 horas. Fueron los primeros en llegar a Pakistán y los últimos en retirarse del país. Estuvieron presentes seis meses. Ocurrió lo mismo en Haití”.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo señala en un informe:
La cooperación ofrecida por Cuba se enmarca en el contexto de la cooperación Sur-Sur. No persigue el lucro, sino que se otorga como expresión de un principio de solidaridad y, en la medida de lo posible, a partir de costos compartidos. Durante años, sin embargo, Cuba ha proporcionado ayuda en calidad de donación a los países más pobres, y ha sido muy flexible con respecto a las formas o estructuras que pueda adoptar la colaboración.
En la casi totalidad de los casos la ayuda cubana fue gratuita, aunque a partir de 1977, con algunos países de altos ingresos, básicamente petroleros, se desarrolló la cooperación de forma compensada.
El elevado desarrollo alcanzado por Cuba en salud, educación y deportes determinó que el mayor peso de la cooperación estuviera concentrado en estos servicios, aunque hubo participación en otras ramas como, por ejemplo, la construcción, la pesca y la agricultura.
Al atacar la principal fuente de ingresos de la isla, la Administración de Trump atenta gravemente contra el bienestar de la población cubana, cuya economía depende ampliamente de la cooperación médica. Del mismo modo, Washington priva a millones de personas en el mundo del único acceso a la salud del cual disponían, poniendo así en peligro sus vidas.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sanciones económicas, principal obstáculo para el desarrollo de Cuba.


Por Salim Lamrani
28 SEPTIEMBRE, 2016, La Pupila Insomne 

A pesar del establecimiento de un diálogo histórico con La Habana el 17 de diciembre de 2014 y pese a la visita oficial del presidente Barack Obama a la isla en marzo de 2016, Washington sigue aplicando sanciones económicas contra la población cubana, suscitando la incomprensión de la comunidad internacional. Establecidas en 1960, en plena Guerra Fría, las sanciones perduran más de medio siglo después, ocasionan importantes dificultades a la economía cubana e infligen sufrimientos inútiles a las categorías más vulnerables de la población. Su costo elevado y su alcance extraterritorial motivan el rechazo unánime de la comunidad internacional. No obstante la resolución de este conflicto asimétrico depende del poder ejecutivo estadounidense, que dispone de las prerrogativas necesarias para desmantelar gran parte de la red de sanciones impuestas a la isla.

Costo de las sanciones económicas

El 13 de septiembre de 2016 Barack Obama volvió a renovar por un año la Ley de Comercio con el Enemigo, una legislación de 1917 utilizada por primera vez por el presidente John F. Kennedy en 1962 para imponer sanciones económicas totales a Cuba, que prorroga el estado de sitio contra la isla. Esta ley, prorrogada cada año por los nueve presidentes de Estados Unidos desde esa fecha, sólo se aplica contra La Habana [1].

Una vez más el impacto de las sanciones ha sido dramático para la economía y la sociedad cubanas. En un año, de abril de 2015 a marzo de 2016, costaron 4.680 millones de dólares a la isla según Bruno Rodríguez, ministro cubano de Relaciones Exteriores. En su informe anual sobre las sanciones económicas, las autoridades cubanas estimaron los daños causados a nivel nacional. Resultaron afectados particularmente tres sectores. Primero las exportaciones, ya que Cuba no puede vender bienes ni servicios a Estados Unidos. Luego el costo producido por la búsqueda de mercados alternativos geográficamente alejados de la isla. Y finalmente el impacto financiero, pues Cuba todavía no puede usar el dólar en sus transacciones internacionales, a pesar de las declaraciones del presidente Obama sobre la supresión de esta restricción. “No existe elemento en nuestras vidas en el que no esté presente su impacto”, concluyó Bruno Rodríguez [2]. En total las sanciones económicas han costado 125.000 millones de dólares a Cuba desde su implementación en los años 1960 [3].

Otros sectores vitales, como el de la salud, resultan afectados por las sanciones económicas. Sólo para citar un ejemplo, Cuba no puede adquirir los estimuladores cerebrales profundos, que permiten tratar las enfermedades neurológicas, que produce de modo exclusivo la empresa estadounidense Medtronic. Varios centenares de pacientes cubanos con la enfermedad de Parkinson, que podrían beneficiar de una mejor calidad de vida gracias a este equipo, se ven privados de él a causa de un diferendo político que opone Washington a La Habana desde hace más de medio siglo [4].

Aspecto extraterritorial de las sanciones

A pesar del acercamiento histórico de diciembre de 2014, varias entidades internacionales fueron fuertemente sancionadas después de esa fecha por realizar, en perfecta legalidad con el derecho internacional, transacciones financieras con Cuba. Así, en mayo de 2015, el banco francés BNP Paribas fue condenado a una multa record de 8.900 millones de dólares por mantener, entre otros, relaciones financieras con Cuba [5]. En octubre de 2015 otro banco francés, Crédit Agricole, tuvo que pagar una multa de 1.116 millones de dólares por el mismo motivo. Conviene recordar queBNP Paribas y Crédit Agricole no violaron ninguna ley francesa y respetaron escrupulosamente el derecho europeo y el derecho internacional. Washington aplicó de modo extraterritorial, es decir ilegal, sus sanciones contra Cuba. Otras entidades financieras también fueron fuertemente sancionadas. Así el banco alemán Commerzbank tuvo que pagar una multa de 1.710 millones de dólares y puso término a todas sus relaciones con Cuba [6]. El poder ejecutivo estadounidense tomó todas estas decisiones.

Margen de maniobra del presidente Obama

No obstante, el presidente Obama lanzó varios llamados al Congreso convidándolo a poner fin al estado de sitio anacrónico, cruel e ineficiente. Expresó varias veces su oposición al mantenimiento de medidas de retorsión económica que además de afectar gravemente el bienestar de los cubanos han aislado a Estados Unidos en la escena internacional. Durante su histórico viaje a Cuba admitió lo siguiente: “La política de Estados Unidos ha fracasado. Debemos tener la valentía de reconocer esta verdad. Una política de aislamiento elaborada para la Guerra Fría no tiene ningún sentido en el siglo XXI. El embargo sólo hace daño al pueblo cubano en vez de ayudarlo. Es una carga de otro tiempo que pesa sobre el pueblo cubano”. La comunidad mundial, favorable a la resolución pacífica de este conflicto, aplaudió este discurso marcado por la lucidez [7].

Sin embargo la retórica constructiva de Barack Obama no ha sido corroborada por hechos tangibles, a pesar de sus prerrogativas como jefe del poder ejecutivo. Es verdad que el presidente de Estados Unidos restableció el diálogo político con Cuba en diciembre de 2014, amplió el número de categorías de ciudadanos estadounidenses autorizados a viajar a la isla en enero de 2015, retiró a Cuba de la lista de los países patrocinadores del terrorismo en mayo de 2015, restableció los lazos diplomáticos con la reapertura de embajadas en Washington y La Habana en julio de 2015, autorizó la exportación de bienes y servicios en el campo de las telecomunicaciones en marzo de 2016 (sólo hacia el sector no estatal) y facilitó la reanudación del transporte marítimo de pasajeros entre ambas naciones en mayo de 2016 y de los vuelos comerciales en agosto de 2016.

No obstante, más allá de estas medidas positivas pero muy limitadas, el presidente de Estados Unidos dispone de todo el margen de maniobra necesario para desmantelar la casi totalidad de la red de sanciones impuestas desde 1960, sin necesitar la autorización del Congreso. Barack Obama podría autorizar a las empresas cubanas a abrir cuentas bancarias en Estados Unidos para facilitar las transacciones comerciales y financieras. Podría también poner fin a la persecución financiera contra Cuba, de la cual han sufrido muchos bancos internacionales. En total la administración de Obama infligió multas por un importe total de 14.000 millones de dólares a diversas entidades bancarias del mundo por sus relaciones con la isla del Caribe. Del mismo modo, la Casa Blanca podría permitir el comercio bilateral entre las empresas cubanas y estadounidenses (importaciones/exportaciones). También podría consentir a los capitales estadounidenses la posibilidad de hacer inversiones en Cuba. Por fin, podría, por ejemplo, eliminar la restricción que impide que todo barco, cual fuere su origen, que transporte mercancía a Cuba, entre en un puerto estadounidense durante los siguientes seis meses [8].

Sólo hay cuatro sectores que el poder ejecutivo no puede tocar sin el acuerdo del Congreso. El Presidente Obama no puede autorizar el comercio entre las subsidiarias de las empresas estadounidenses ubicadas en el exterior y Cuba (Ley Torricelli de 1992). En cambio, puede permitir el comercio entre la empresa matriz instalada en Estados Unidos y las empresas cubanas, lo que hace que resulte de facto inútil toda transacción con una subsidiaria establecida en un tercer país [9].

Del mismo modo, Barack Obama no puede permitir el turismo ordinario en Cuba (Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales de 2000). En cambio puede perfectamente multiplicar el número de categorías de ciudadanos autorizados a viajar a la isla y ampliar su definición. Así, la Casa Blanca podría redefinir la noción de “viaje cultural” e integrar por ejemplo la visita de un simple museo. De este modo todo ciudadano que se comprometa a visitar un museo durante su estancia en Cuba podría beneficiarse de la categoría “viaje cultural” [10].

Sin el acuerdo del Congreso, el presidente Obama tampoco puede autorizar la venta a crédito de materias primas alimenticias (Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales de 2000). En cambio puede perfectamente consentir la venta a crédito de todo producto no alimenticio, lo que limitaría considerablemente el impacto de la sanción [11].

Finalmente la Casa Blanca no puede permitir las transacciones con las propiedades estadounidenses nacionalizadas en los años 1960 (Ley Helms-Burton de 1996). No obstante, puede abrir la vía a todo negocio que implique las demás propiedades de la isla [12].

Rechazo unánime de las sanciones

Todos los sectores de la sociedad estadounidense están a favor del levantamiento de las sanciones económicas. El mundo de los negocios, mediante la Cámara de Comercio de Estados Unidos, desea fuertemente su fin pues ve un mercado de 11 millones de habitantes a 150 kilómetros de las costas estadounidenses que acoge a otros inversionistas internacionales. La opinión pública favorece a más del 70 % la normalización completa de las relaciones bilaterales entre ambas naciones, pues no entiende por qué su gobierno le prohíbe viajar a Cuba para hacer turismo ordinario. Las autoridades religiosas, mediante el Consejo Nacional de Iglesias, han condenado las sanciones por el sufrimiento que infligen a la población de la isla. Los cubanoamericanos, con un 63 % según un sondeo de septiembre de 2016, también son partidarios del levantamiento de las sanciones, pues saben que las medidas económicas hostiles afectan a sus familiares en la isla [13]. Por fin conviene recordar que en 2015, por vigesimocuarta vez consecutiva, 191 países sobre 193 pidieron el fin del estado de sitio contra la isla durante la reunión anual de la Asamblea General de Naciones Unidas [14].

Un conflicto asimétrico

Algunos observadores consideran que Cuba debe responder a los gestos que realizó el presidente Obama con cambios de orden interno. Olvidan de hecho el carácter asimétrico del conflicto. En efecto, en el diferendo que opone Washington a La Habana, la hostilidad es unilateral. Cuba no impone sanciones económicas a Estados Unidos, no ocupa de modo ilegal una parte de su territorio soberano (Guantánamo), no financia abiertamente a una oposición interna con el objetivo de conseguir un “cambio de régimen”, no roba el capital humano como lo hace la Ley de Ajuste Cubano, no realiza transmisiones ilegales destinadas a fomentar la subversión interna –como es el caso con Radio y TV Martí- Por otra parte, Cuba es una nación independiente y según el derecho internacional y desde el Congreso de Westfalia de 1648, que reconoce la igualdad soberana entre los Estados, los cambios en la isla son competencia exclusiva del pueblo cubano, el único que puede decidir su sistema político y su modelo de sociedad.

Conclusión

Las sanciones contra Cuba son anacrónicas, crueles e ineficientes. Tienen un impacto desastroso sobre la economía cubana y afectan durablemente el bienestar de la población de la isla. A pesar de las declaraciones constructivas de la Casa Blanca a favor de un levantamiento de este estado de sitio, no se ha adoptado ninguna medida de envergadura para aliviar a los cubanos de este estrangulamiento económico que dura desde hace más de medio siglo y que la comunidad internacional condena de modo masivo. Desde luego, ninguna normalización completa de las relaciones será posible mientras esté en vigor esta política hostil.

Notas:

[1] EFE, «Obama renueva Ley de Comercio con el Enemigo que sustenta el embargo a Cuba”, 13 de septiembre de 2016.

[2] Óscar Figueredo Reinaldo, José Raúl Concepción & Layrene Pérez, «En un año el bloqueo restó cuatro mil 680 de dólares a la economía cubana», 9 de septiembre de 2016.

[3] Ibid.

[4] República de Cuba, “Informe de Cuba sobre la resolución 70/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas titulada ‘Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba’”, junio de 2016.http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2016/09/Necesidad-de-poner-fin-al-bloqueo-econ%C3%B3mico-comercial-y-financiero-impuesto-por-los-Estados-Unidos-de-Am%C3%A9rica-contra-Cuba.pdf (sitio consultado el 19 de septiembre de 2016).

[5] Le Monde, « La BNP Paribas formellement condamnée à une amende record aux Etats-Unis», 1 de mayo de 2015.

[6] Bruno Rodríguez, «Le blocus économique, commercial et financier appliqué à Cuba continue d’exister pleinement et complètement», 28 de octubre de 2015.http://fr.granma.cu/mundo/2015-10-28/le-blocus-economique-commercial-et-financier-applique-a-cuba-continue-dexister-pleinement-et-completement (sitio consultado el 19 de septiembre de 2016) ; República de Cuba, “Informe de Cuba sobre la resolución 70/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas titulada ‘Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba’”, op. cit.

[7] Barack Obama, «Remarks by President Obama to the People of Cuba», The White House, 22 de marzo de 2016.https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/03/22/remarks-president-obama-people-cuba (sitio consultado el 17 de septiembre de 2016).

[8] República de Cuba, “Informe de Cuba sobre la resolución 70/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas titulada ‘Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba’”, junio de 2016.http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2016/09/Necesidad-de-poner-fin-al-bloqueo-econ%C3%B3mico-comercial-y-financiero-impuesto-por-los-Estados-Unidos-de-Am%C3%A9rica-contra-Cuba.pdf (sitio consultado el 19 de septiembre de 2016).

[9] Ibid.

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] Ibid.

[13] EFE, «Mayoría cubanoamericanos quiere fin embargo, pero no cree en cambios en Cuba», 14 de septiembre de 2016.

[14] Nations unies, «191 países piden en la Asamblea General el fin del bloqueo contra Cuba», 27 de octubre de 2015. http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=33704#.V-ACGXrj-2U(sitio consultado el 19 de septiembre de 2016).

Salim Lamrani. Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016.