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lunes, 7 de abril de 2025

El crecimiento económico debería ser la prioridad de Cuba

7 abril 2025



Ilustración: Félix Azcuy

En estas páginas reflexiono sobre a lo que mi entender representa la verdadera urgencia de la política económica en Cuba: el crecimiento económico. Empecemos por analizar qué dicen los datos oficiales. La Figura 1 muestra una estimación del crecimiento de largo plazo entre los años 1996 hasta 2019; y tres escenarios de recuperación después de la abrupta caída del 10.9% del PIB en 2020, que simulan procesos hipotéticos de crecimiento post crisis (covid-19) al 1%, 3% y 5% hasta el año 2030. En la figura se muestra ─además─ el PIB a precios constantes con el objetivo de comparar los datos reales de la economía con los escenarios de recuperación.

Figura 1. Crecimiento Económico de Largo Plazo y Proyecciones hasta 2030


Fuente: CEEC, «Reporte sobre Economía Cubana, Julio-diciembre, 2024». Segunda Edición a partir de datos de la ONEI.

Las conclusiones son inequívocas. Primero, la tasa de crecimiento estructural (línea discontinua) venía desacelerándose desde antes de 2020. De forma más específica, el crecimiento (promedio) en la primera mitad de la década pasada fue de 2.8%, mientras que en la segunda fue de apenas 1.1%.

Existe cierto consenso entre economistas de que una parte de aquel enlentecimiento es atribuible a cambios en el contexto internacional. La crisis económica en Venezuela, el cambio de ciclo político en América Latina y la reimposición de sanciones durante la primera administración de Donald Trump gestaron una nueva crisis de ingresos externos en el país.

A la vez, muchos economistas también coincidimos en que las reformas implementadas bajo el paraguas de la Actualización del Modelo Económico fueron insuficientes para colocar a Cuba en una senda de mayor crecimiento y competitividad; tampoco lograron contrarrestar la influencia negativa ejercida por el cambio de contexto externo.

Las reformas implementadas bajo el paraguas de la Actualización del Modelo Económico fueron insuficientes para colocar a Cuba en una senda de mayor crecimiento y competitividad.

Ambos factores contribuyeron a que la economía entrara en recesión en 2019, a lo cual siguió una abrupta caída de 10.9% del PIB en 2020, como consecuencia de la pandemia, en la que se vio prácticamente inhabilitado uno de los principales sectores: el turismo.

La segunda conclusión de la Figura 1 es la inexistente recuperación después de 2020. A diferencia de muchas economías a nivel regional e internacional, en las cuales hubo un rebote inmediato que les permitió regresar a sus niveles de actividad pre-crisis; la economía cubana se ha mantenido creciendo a una tasa promedio de 1% (el peor de los escenarios posibles). A este ritmo, nos tomaría como país aproximadamente una década regresar al nivel de ingreso per cápita de 2019 (que en sí mismo era bajo). Este hecho representa un serio problema para una sociedad que aspira y merece un presente y futuro prósperos; igualmente plantea un grave dilema para la sostenibilidad de un modelo social que acumula años de carencias materiales profundas.

Las causas del estancamiento actual: una crisis generalizada de los drivers del crecimiento

Cuando se examinan las fuentes de crecimiento económico en Cuba, encontramos obstrucción en cada uno de sus canales. Empezando por el más general: el contexto geopolítico actual es lo suficientemente adverso como para pensar que podrían abrirse ─como ha ocurrido en el pasado─ oportunidades de intercambio comercial y financiero en condiciones ventajosas que marquen un cambio significativo respecto a la situación presente. Encima, las contrapartes potenciales de ese improbable escenario, Rusia y China, representan actores extra-regionales en un contexto donde EE.UU. ─bajo la segunda administración de Donald Trump─ intenta consolidar (más que nunca) el dominio exclusivo sobre su área de influencia.

Figura 2. Los Canales del Crecimiento Económico


El crecimiento económico debería ser la prioridad de Cuba

En el orden interno, la situación es igual de compleja. Desde el lado de la oferta hay una nueva crisis generalizada de factores productivos. Problemas de descapitalización e insuficiente inversión en sectores claves y de infraestructura, que se combinan con aumentos de la emigración de la fuerza laboral y envejecimiento poblacional, ─la cuarta parte de la población cubana tiene 60 años o más—. Una crisis energética que se expresa en la pérdida del 25% de la capacidad de generación respecto a 2019, y, otra crisis, igual de grave, de disponibilidad de combustibles. Por si todo esto fuera poco, la escasez de materias primas ─sobre todo la importada─ limita considerablemente las operaciones diarias de las empresas estatales. Sin maquinarias, trabajadores, energías, combustibles y materias primas no puede haber crecimiento económico.

El crecimiento, sin embargo, no depende solamente de la acumulación ampliada de recursos productivos; sino también, y, sobre todo, de la productividad en el empleo de dichos recursos. Cuando se examinan los impulsores de la productividad encontramos, de igual forma, canales obstruidos.

En primer lugar, el progreso tecnológico apenas existe. Las empresas operan con tecnologías, procedimientos logísticos y un «saber hacer» muy rezagado, mientras la innovación es mínima, exceptuando a la industria biotecnológica. En segundo lugar, los problemas de incentivos y las fallas (institucionales) del modelo económico impiden que las empresas estatales alcancen su capacidad máxima de producción, incluso dentro de los reducidos límites impuestos por su tecnología atrasada. En tercer lugar, los problemas asignativos provocan que los poquísimos recursos disponibles, se coloquen en destinos (empresas o industrias) diferentes a aquellos que producirían el máximo rendimiento, llevando a la economía a operar por debajo de su capacidad potencial. Resumiendo, ni el cambio tecnológico, ni la eficiencia técnica, ni la eficiencia asignativa favorecen aumentos sostenidos de la productividad.

Adicionalmente, las restricciones al crecimiento no se producen solo por el lado de la oferta, sino también por el lado de la demanda. La crisis inflacionaria vivida por el país en el último quinquenio ayudó a instalar la idea ─en mi opinión, correcta─ sobre lo necesario de implementar un plan de estabilización macroeconómica. El problema ha estado ─no obstante─ no tanto en el «qué», sino en el «cómo» se ha llevado adelante.

Las restricciones al crecimiento no se producen solo por el lado de la oferta, sino también por el lado de la demanda.

Aunque el plan no es un documento publicado y sus objetivos y metas no han trascendido a la opinión pública, es posible inferir su «lógica» ─o al menos una parte de esta─ atendiendo a sus acciones. Por ejemplo, examinemos las fuentes que permitieron la reducción del déficit fiscal en el año 2024 ─innegablemente alto─. El ajuste, de unos 55 mil millones de CUP, fue, sin duda, significativo. Dicha disminución se basó en una combinación de medidas de naturaleza recaudatoria (incrementos de precios y tributos) y de ajustes de gastos presupuestarios e inejecuciones. No se observa ─sin embargo─ que a este esfuerzo contribuyera el estímulo a la actividad económica inducida por reformas estructurales, que es, curiosamente, donde más reservas existen. Se pospusieron reformas como la apertura del mercado cambiario o la Ley de Empresas, mientras se desaceleraba, considerablemente, la tasa de creación de mipymes en la economía.

Rescato una idea obvia, pero al parecer olvidada: la recaudación fiscal puede crecer, tanto por incrementos de precios e impuestos, como por la expansión de la base tributaria, sobre la cual se incide a través de la implementación de políticas (estructurales) y de fomento productivo desde el lado de la oferta. Haber pospuesto estas transformaciones imprescindibles pudo costar puntos porcentuales de expansión a la recaudación fiscal y al crecimiento del PIB en 2024 ─de hecho, se espera una nueva contracción superior al 1%─.

La recaudación fiscal puede crecer, tanto por incrementos de precios e impuestos, como por la expansión de la base tributaria.

Parecería, por lo tanto, que la «lógica» del plan ha sido reducir el déficit fiscal como (única) vía para reducir la inflación, y crear ─de alguna forma no precisada─ las «condiciones» (¿?) necesarias para el crecimiento. Una idea que resulta, como mínimo, polémica, sobre todo en el contexto cubano.

Concebir el plan así es un problema para la propia estabilización. Por una parte, significa desentenderse del desequilibrio externo, un problema igual de problemático; por ejemplo, obviar aspectos como el déficit en cuenta corriente o la brecha cambiaria. Por otra, tampoco internaliza los importantes problemas estructurales e institucionales de la economía que son la base de la significativa distorsión de precios relativos que existe en el país, una fuente sistemática de desequilibrios.

Pero, por encima de todo, concebir el plan así es muy costoso para el crecimiento económico. Los economistas hemos sabido por suficiente tiempo que ─en contextos recesivos─ disminuir gastos presupuestarios y aumentar impuestos significa «actuar» de forma procíclica en el sentido de la crisis; en otras palabras, alimentar aún más la recesión.

Por otra parte, también hay problemas con las anclas nominales del esquema de estabilización. En la literatura económica, se conoce como «anclas nominales» a las referencias explícitas que guían las expectativas y el comportamiento de los agentes económicos respecto a variables nominales (inflación, tipo de cambio, etc.), y se utilizan, principalmente, para lograr estabilidad macroeconómica.

Dos de las anclas nominales del actual esquema de estabilización están en los salarios estatales y las pensiones ─que no se actualizan al mismo ritmo de la inflación─. Al usar salarios y pensiones como anclas se reduce progresivamente el poder adquisitivo y se frena el consumo de las familias, cancelando, así, un importante componente de demanda agregada. Nótese que de acuerdo con datos oficiales entre 2019 y 2023 los hogares en Cuba acumularon pérdidas de consumo de 6.5% en términos reales (1.6% anual). Todo ello contrae aún más el crecimiento económico, eso sin contar los obvios efectos sociales y distributivos que genera.

En resumen, aunque el crecimiento económico ha sido, es y será (al menos en el mediano plazo) la verdadera prioridad de la agenda nacional, en la actualidad todos sus canales están obstruidos. Para reactivarlo se requiere, en primer lugar, de una estrategia que recomponga el sistema de prioridades de la política económica, hoy sesgado demasiado hacia la “estabilización.” Pero, por encima de todo, se requiere acumular voluntades para reformar esos obstáculos que lo obstruyen.

viernes, 31 de enero de 2025

Estabilización sin crecimiento: ¿Qué nos dicen las tendencias recientes de la inflación y el tipo de cambio sobre el estado de la economía cubana?

 Por: Joel Ernesto Marill Domenech

El hecho de concluir un año, siempre es un buen momento para hacer balances de lo que se ha vivido y donde estamos en materia económica. Dado que aún no se encuentran disponibles las estadísticas oficiales, una evaluación integral del mismo podría ser difícil de realizar, pero si algo está claro es que ha sido uno de los más complejos de nuestra historia económica reciente.

Este trabajo se propone un objetivo mucho más modesto: evaluar como las políticas de estabilización adoptadas -de las que se tiene información- y los cambios en el entorno han modificado el escenario económico, y que retos fundamentales nos dejan de cara a este 2025.

Este trabajo presenta así dos tesis fundamentales:

a. La primera es que durante el año se alcanzó determinado grado de estabilidad fiscal, no sin sacrificios e impactos sobre la producción, que permitió reducir las presiones inflacionarias y deprecatorias de la economía, aun en un escenario de estancamiento.

b. El segundo elemento, es que dicha estabilización no es suficiente para impulsar un crecimiento de los salarios reales -que se han mantenido estancados- y que nos coloca en un escenario de “estabilización sin crecimiento” que solo podrá ser superado mediante reformas más profundas del entorno productivo.

Dinámicas de recientes de la inflación y depreciación del tipo de cambio.

Uno de los elementos que ha caracterizado a la economía cubana en los últimos meses, en medio de complejas tensiones financieras y una crisis energética profunda, es la aparente moderación en la tendencia alcista del tipo de cambio informal y los precios.

Después de una marcada inestabilidad a inicios de año con un máximo en el mes de mayo, entre los meses de agosto y noviembre de 2024 la tasa de cambio informal en el país se mantuvo relativamente estable, acumulando desde entonces una depreciación de solo 2.5% (o 0.83% mensual) lo que ha traído como resultado una de las tasas de depreciación interanual (de un año a otro) más bajas desde el inicio del proceso inflacionario actual.


De igual manera, como podemos observar en el gráfico siguiente, el ritmo de inflación interanual, comenzó a desacelerarse a partir del inicio del segundo trimestre del año, después de un pico en el mes de marzo, que coincidía con la alta inestabilidad presentada en el mercado cambiario.

Si bien el Índice de Precios al Consumidor publicado por la ONEI, puede presentar sesgos y subvaloración de la inflación real debido al envejecimiento de la canasta de referencia y las dificultades para medir los precios en mercados informales, este podría emplearse como proxy para evaluar la tendencia subyacente en la dinámica de los precios.

Es valido señalar que la ralentización de la inflación o de la depreciación cambiaria no implica que el tipo de cambio descienda ni que los precios hayan disminuido. Estos datos solo podrían indicar que tanto los precios como el tipo de cambio, o se vienen incrementando a niveles menores a los meses previos. En cualquier caso, los índices de inflación siguen siendo altos, aunque muestren una tendencia a la desaceleración en el largo plazo.

En este escenario: dos preguntas relevantes para la política económica del país serían: ¿a qué se deben estos comportamientos? y ¿son los mismos permanentes o transitorios? Para responder las mismas se presentan dos hipótesis sobre las causas de dichos comportamientos.

Dos hipótesis sobre la ralentización de la inflación y la depreciación cambiaria.

La ralentización de estos indicadores monetarios -tipo de cambio e inflación- puede deberse a diversos factores, incluso cada uno puede estar explicado por elementos particulares relacionado a las características propias de los mercados cambiario y de consumo. Sin embargo, dada la estrecha relación que conecta a estas dos variables -y estos dos mercados-, y aun con las limitadas estadísticas disponibles sobre la coyuntura actual en el país, se podría argumentar que existen dos factores fundamentales que pueden explicar dicha tendencia:

Factor 1: El ajuste fiscal realizado entre los meses de marzo y agosto, que incluye conjunto de medidas sobre los gastos e ingresos del del Presupuesto del Estado. Diversas medidas presupuestarias como incremento de aranceles, extensión de impuestos y recortes a los gastos presupuestarios han derivado en que el déficit fiscal ejecutado durante el año se encuentre casi un 40% por debajo al proyectado a inicios de año, según trascendió en las notas del Consejo de ministros de septiembre del presente año (Puig, 2024)[1].

Factor 2: Incremento de los flujos de remesas y las importaciones del sector privado. Igualmente ha trascendido que durante el primer semestre del año los actores económicos no estatales realizaron importaciones por 936 millones de dólares (Cubadebate, 2024)[2], lo que de continuar dicha tendencia en el año supondría un incremento de cerca de un 50% respecto al volumen reportado de importaciones de dichos actores en el año 2023.

Esta dinámica creciente de las actividades del sector privado puede deberse a diversos factores. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la fuente fundamental de divisas para financiar dichas importaciones proviene de las operaciones realizadas en el mercado cambiario informal, que se nutre mayormente de la entrada de remesas al país, tanto las que llegan en efectivo como las que se triangulan en el exterior por operadores informales.

En un contexto donde la actividad productiva parece no estar reaccionando a ritmos deseados, las ofertas en el mercado minorista estatal en moneda nacional continúan siendo mínimas y otras fuentes de ingresos externos como el turismo han experimentado una ralentización o decrecimiento en varios meses del año -medido por la entrada de visitantes-, no es descabellado suponer que ha sido la combinación de un ajuste fiscal moderado y un incremento exógeno de la entrada de remesas lo que ha permitido aun en las condiciones antes descritas, ralentizar tanto la tendencia inflacionaria como la depreciación del tipo de cambio.

Estabilización sin crecimiento: ¿qué supone para la economía y los salarios reales?

Si las tesis anteriores son correctas, y la ralentización de la inflación viene producto de un origen fiscal e incremento de las remesas -que es un factor exógeno-, la economía cubana podría estar arribando en lo que podríamos denominar un periodo de: estabilización sin crecimiento. Entiéndase por esto, un escenario donde la inflación no es tan alta como en el periodo de desequilibrios monetarios agudos, pero donde no se ha producido aun una respuesta significativa del sector productivo en el país, o esta continúa decreciendo.

Este no es, sin embargo, un escenario poco común. Las dos principales experiencias recientes de desinflación en la región -Venezuela y Argentina- lo han sufrido. En el caso venezolano, luego de un ajuste fiscal las tasas de inflación comenzaron a descender incluso antes de que el producto se reactivara a ritmos significativos, este periodo fue seguido de un crecimiento de la producción que ha llevado a registrar algunos de los trimestres de mayor crecimiento económico de la región.

En el caso argentino, la fuerte y acelerada reducción fiscal en el primer semestre del año llevó a Argentina a un escenario de contracción de la producción aun cuando los niveles de inflación han continuado cayendo. Queda por ver si la estrategia implementada permite reimpulsar el sector productivo, o el periodo de estancamiento y baja inflación se prolonga más en el tiempo.

Independientemente de las experiencias particulares, lo que en la mayoría de los casos históricos tiene en común este periodo/proceso es que viene acompañado de un severo congelamiento de los salarios reales de los trabajadores y los resultados posteriores de reactivación productiva, no está asegurado solamente como resultado de la estabilización macroeconómica. 

En el caso de Cuba, en términos de salario real[3] -los bienes y servicios que realmente se pueden acceder con los ingresos monetarios percibidos-, al cierre de 2023 este se encontraba cerca de un 45% por debajo de su valor estimado en 2019 para el sector estatal de la economía. Como puede observarse en el gráfico siguiente, después de un incremento nominal en el año 2021, asociado a la Tarea Ordenamiento y una aparente mejora del poder adquisitivo de los trabajadores producto del retardo monetario -los ingresos se ajustaron de una sola vez en enero de 2021 y los precios fueron creciendo poco a poco durante el año-, el salario real se ha desplomado hasta niveles de hace más de una década.

La tendencia en 2024, ha sido a un estancamiento o incluso mayor deterioro de este indicador. En similar lugar se encuentran las pensiones, las cuales además parten de un nivel de ingreso mucho más bajo y por tanto una situación mucho más precaria.

La ralentización de la inflación y la depreciación cambiaria son siempre buenas noticias, en especial para los grupos que perciben ingresos fijos como los trabajadores públicos y los pensionados.  Sin embargo, debemos tener en cuenta de que nos encontramos en un equilibrio extremadamente precario, impulsado por un moderado incremento de la oferta financiada con remesas y por la compresión de los gastos presupuestarios -entre los que se encuentra una ralentización de la inversión pública que agrega mayor presión a los ya deteriorados servicios sociales-.

El riesgo de que las presiones sectoriales por aumentos de salarios o pensiones, estas últimas encontrándose a niveles extremadamente precarios, lleven a la decisión de expandir nuevamente los gastos del sector público y deteriorar el equilibrio fiscal son en la práctica extremadamente altas. A la par el deterioro de los servicios públicos puede no permitir que el ajuste sobre las inversiones financiadas por el presupuesto se mantenga bajo por demasiado tiempo.

Estos factores, y otros muchos no mencionados, pueden tirar por tierra fácilmente el equilibrio fiscal alcanzado y devolver a la economía a una senda de inflación, que drene aún más el ya deteriorado poder de compra de los salarios reales en el país.

Sin crecimiento de la economía real esta relativa estabilidad momentánea de los precios puede en la práctica desaparecer en cualquier momento y una nueva aceleración de la inflación. A la par, la necesidad de mantener controlados los gastos presupuestarios obliga a un congelamiento de facto como generalidad de los salarios y pensiones dependientes de las finanzas públicas -al menos mientras no se emprenda una restructuración profunda del sector público y el esquema de subsidios- y por tanto a un estancamiento del salario real en niveles sumamente bajos.

Por su parte, no es que incrementando los salarios y pensiones el gobierno pueda corregir ese estancamiento de los ingresos reales, pues con ello solo generaría más inflación y depreciación cambiaria como la experimentada en el primer trimestre del año 2024, que terminaría por liquidar cualquier incremento momentáneo de poder adquisitivo. La solución de este círculo vicioso esta fuera del ámbito monetario -incluso en gran medida del ámbito fiscal-. Podemos estar llegando a un punto donde la estabilización del lado de la demanda ha llegado a dar todo lo que socialmente podía dar, y nos encontramos que en la práctica ha resultado ser poco.

Estabilización y crecimiento: remedio de mediano plazo de la inflación.

A excepción algunos monetaristas, el resto de las escuelas de economía -desde el marxismo hasta el nuevo consenso neoclásico-keynesiano- argumentarán fuertemente que la inflación no es solo un fenómeno monetario, aunque su expresión se refleje en indicadores monetarios como los precios o el tipo de cambio.

La inflación es también un fenómeno de causas reales, y los shocks de oferta tienen un papel determinante a la hora de entender la dinámica inflacionaria en el mediano plazo. Si bien los shocks monetarios pueden inducir enormes desequilibrios de corto plazo y una inflación muy acelerada, también tienen una solución comparativamente sencilla. Dado que sus orígenes son mayormente -o casi siempre- de origen fiscal, su solución es también fiscal: incremento de los ingresos públicos, compresión de los gastos del estado o una combinación de ambos.

Sin embargo, la eliminación de las causas monetarias de la inflación no garantiza directamente que sea posible ni la elevación de los salarios reales ni el crecimiento productivo. La estabilidad fiscal induce elementos de estabilidad macroeconómica que son indispensables para el funcionamiento y la recuperación de la economía, pero no lo aseguran.

El consumo real total -gobierno más población- no aumenta o disminuye por la cantidad de dinero que halla en la economía. Al final del día la oferta de bienes y servicios es la misma ya sea con un nivel de oferta monetaria mayor o menor. El estado al reducir sus gastos -o más bien su déficit fiscal- deja de demandar una parte mayor del pastel -o sea de la oferta agregada- lo que permite reducir la inflación en la población, al ajustar el consumo del gobierno. Pero esto solo brinda un oxigeno momentáneo a un salario real en una situación extremadamente precaria.

Para recuperar los salarios reales no basta con la estabilidad macroeconómica, hace falta también crecimiento del producto real. Y esto no es solo un tema de incrementar la oferta de forma inorgánica por unos meses, mediante nueva deuda externa o por incremento coyunturales de las remesas, sino que es necesario la generación de condiciones microeconómicas -regulatorias y productivas- para que el sector empresarial realmente se abra camino. O lo que es decir lo mismo, es necesario una reforma integral de la economía.

Apuntes finales. Transformar para crecer.

Durante los últimos años yo me he posicionado como uno de los defensores del ajuste fiscal. De la necesidad de incrementar los precios de algunos productos como los combustibles, las telecomunicaciones etc. de ajustar el gasto en partidas que se pueden posponer -como las inversiones públicas-, en reducir subsidios y focalizarlos, de extender algunos impuestos e incluso selectivamente aranceles en moneda nacional. No solo porque creo que el grado de inflación generado por el desequilibrio fiscal ha sido en algunos momentos el principal combustible al alza de los precios, sino porque soy de los que suscribe la tesis de que no hay crecimiento sin estabilidad fiscal. Pero sin duda, esta no es suficiente.

La estabilización macroeconómica no puede ser entendida como un fin en sí mismo, porque una estabilidad sin crecimiento solo puede ser sostenida en la compresión del nivel de salario real de la mayoría trabajadora. Es indispensable ser capaces de implementar con la efectividad del ajuste fiscal, medidas que permitan la reactivación por el lado de la oferta agregada. En este aspecto dos grupos de medidas resultan vitales: a. la reforma integral del modelo económico, b. las políticas para la transformación productiva con énfasis en la reinserción internacional.

No hay escenario de recuperación posible sin una recuperación de las actividades exportadoras tradicionales, así como la creación de nuevos rubros exportables que compensen la reducción permanente de otros. Sin embargo, esta recuperación solo podrá venir como resultado de medidas mucho más profundas y previsiblemente más difíciles que las implementadas hasta el momento. Acciones que deberán ir desde una prioridad en la asignación central de recursos hasta un tipo de cambio que garantice la competitividad del sector exportador, medidas que debemos tener presente que pueden implicar ajustes de corto plazo sobre el consumo.

Sin energía, sin combustible, sin divisas para importar insumos es casi imposible producir, mucho menos para mercados internacionales competitivos. Pero también el efecto contrario es correcto: sin incremento de la producción, sin incremento esencialmente de las exportaciones será muy difícil hacer frente a las crisis -productiva, energética, cambiaria, deuda externa- que vive el país. En muchos sentidos la escasez perpetua la escasez, pues en niveles de mínimo consumo es complejo emplear los escasos recursos disponibles para priorizar la producción. Pero si no se logra generar mecanismos que permitan paulatinamente avanzar hacia la recuperación de algunos sectores críticos, cada vez habrá menos y menos de donde producir, y de donde sostener el consumo.

Transformar nuestra economía requiere de cambios mucho más profundos que los emprendidos en las últimas décadas. Una estrategia coherente de recuperación en Cuba, no puede ser otra que una estrategia que combine la estabilización de corto plazo con la creación de las condiciones -nueva institucionalidad del modelo económico- y los motores -nuevos sectores productivos- de un crecimiento sostenible de mediano plazo.

Si algo nos indican las primeras medidas de la nueva administración norteamericana, es que cualquier aspiración de mejoría mediante acercamiento a los Estados Unidos está, al menos por los próximos años, fuera del tablero, y que hoy todas las papeletas apuntan a un escenario mucho más complejo en este sentido. Así mismo, en un contexto donde nuestros aliados -China, Rusia, México o Venezuela- pueden ayudarnos a sortear coyunturas específicas, pero no son una solución mágica a nuestra difícil situación, se hace más vigente que nunca que solo podemos optar por una salida: emanciparnos por nosotros mismos y por nuestros propios esfuerzos, y esto hoy implica una profunda transformación de la economía.



[1] Puig, Y. (2024): El Plan de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía es un proceso que avanza, pero no a la velocidad que queremos. Recuperado: https://www.presidencia.gob.cu/es/noticias/el-plan-de-gobierno-para-corregir-distorsiones-y-reimpulsar-la-economia-es-un-proceso-que-avanza-pero-no-a-la-velocidad-que-queremos/

[2] Cubadebate, 2024: En la corrección de las distorsiones económicas, más producción y más orden. Recuperado: https://www.granma.cu/cuba/2024-07-17/presentan-informe-sobre-los-avances-del-plan-de-accion-del-gobierno  

[3] Nota: Dada las dificultades para el cálculo de los salarios reales en Cuba, se empleó un método indirecto en dos pasos: a) primeramente se procedió a convertir los salarios nominales en USD al tipo de cambio de CADECA entre 2004 y 2018, luego se empleó el tipo de cambio informal. b) Posteriormente los mismos se deflactaron empleando la variación del precio de las importaciones para recoger la inflación internacional en dólares y convertir el indicador a términos reales.  

 

sábado, 7 de agosto de 2021

Economía cubana, caminos hacia el crecimiento


Ilustración realizada por el autor del articulo

Hay una idea muy esencial, y es no olvidar nunca dónde estamos situados, que no es en el Mar Negro, sino en el Mar Caribe, no a 90 millas de Odesa, sino a 90 millas de Miami, con frontera en nuestra propia tierra, en una parte ocupada de nuestro territorio, con el imperialismo. Fidel Castro. (Granma, 2021)

Este post analiza el futuro de la economía cubana, enfocándose en los factores que dependen de la dirección del Partido Comunista de Cuba, haciendo abstracción de factores externos como el bloqueo/embargo impuesto por los Estados Unidos y la inestabilidad de la economía internacional.

Cuba hace parte de los ya pocos países del campo socialista, caracterizados por la planificación central de sus economías, cuya “columna vertebral” es la propiedad estatal sobre los medios de producción (Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 2021).

Prácticamente toda la economía de la isla es gestionada por planificadores del Estado, en lugar de ser gestionada por la iniciativa privada bajo la lógica de la ganancia, guiada por los precios de mercado para producir bienes y servicios que los consumidores e inversionistas quieren demandar. La falta de empresas sujetas a la competencia del mercado provoca insuficiencia de incentivos para incrementar el esfuerzo del trabajo, además de la falta de disciplina que impone en los trabajadores la baja posibilidad de ser desempleados (Stiglitz, 2014), toda vez que los países socialistas tradicionalmente han implementado políticas de empleo para minimizar la tasa de desocupación.

Las Fuentes del Crecimiento Económico

El Comité Central del Partido Comunista de Cuba (2021) ha reconocido la necesidad de “actualización del Modelo” (p.5), y ha implementado medidas tendientes a permitir el aumento de la actividad privada en la isla, aunque sin sacrificar los principios de equidad social sostenidos por la revolución.

Teóricamente Cuba puede aumentar su tasa de crecimiento a través del aumento de la inversión, incorporando más trabajo y más capital, lo cual traería un crecimiento económico predominantemente extensivo, con ganancias de productividad derivadas de la incorporación de maquinaria y equipos modernos, como ha sido el caso de varias experiencias internacionales donde la acumulación de capital explicó gran parte del crecimiento económico (De Long y Summers, 1992; Ross, 2016). Esto podría hacerse bajo la planificación central, sin grandes cambios en el modelo y con un enfoque top-down, asignando por decreto recursos con el propósito de movilizar trabajo y capital físico hacia la producción manufacturera. Sin embargo, las ganancias en productividad serían mínimas y las tasas de crecimiento estarían limitadas por la productividad marginal del capital, esto llevaría a la economía hacia un estado estacionario una vez se haya acumulado el suficiente capital por trabajador. En este sentido, la economía encontraría el problema de sobrecapacidad que encontró la URSS al haber acumulado capital físico en exceso (Allen, 2001; Mazat y Serrano, 2012).

El crecimiento económico no se trata sólo de efectuar ingentes inversiones en maquinaria y equipo, sino de emplear eficientemente dicho capital en manos de los trabajadores en el campo y en las fábricas (De Long y Summers, 1992). Adicionalmente, contrario a la URSS, Cuba no cuenta con los enormes recursos naturales con los que contó la URSS en virtud de su extenso tamaño, que le permitía desarrollar sus fuerzas productivas con recursos propios en autarquía (Allen, 2003). Cuba, como país pequeño, necesita del comercio internacional y, por ende, de ganancias en productividad y competitividad.

La otra vía hacia el crecimiento económico, radicaría en la implementación de reformas de mercado, con un enfoque bottom-up, que permitan la gestión más eficiente de los factores capital y trabajo, como es el caso de China. Según Brandt y Rawski (2008) la tasa de crecimiento económico de dicho país, en el periodo 1978-2004, es explicada en gran medida por el crecimiento de la productividad, en virtud de las reformas de mercado realizadas por el Partido Comunista de China que permitió el surgimiento de un sector no estatal bajo la lógica de la competencia del mercado. Lin (2004) coincide con esta apreciación remitiéndose al periodo 1978-1984. En este sentido, la inversión se cristalizaba en mayor cantidad de equipos operados de manera más eficiente por el sector privado, no obstante, habiendo tomado lugar reformas en el sector público. Lin (1998), afirma que la explotación de las ventajas comparativas con las que contaba China jugó un papel medular en el crecimiento y desarrollo económico del país. Una estrategia que bien podría emplear Cuba aprovechando la abundancia relativa de mano de obra y su nivel educativo (Human Development Report) para impulsar industrias estratégicas, valiéndose de la demanda infinita que brinda el mercado externo para generar divisas con las cuales poder importar y aumentar las tasas de inversión en sectores de ventaja comparativa y con demanda internacional suficiente para acelerar el crecimiento económico.

Considerando la baja participación de la inversión en la producción total del país a lo largo de los últimos años (Banco Mundial, 2021), la isla no cuenta con una economía enfocada en la producción de bienes de capital y material de guerra, como el caso de la URSS, sino en el consumo, por tanto, no tiene que efectuar una costosa reconversión de su aparato productivo hacia la producción de bienes de consumo. Pero, por otro lado, al no haber enfocado su economía hacia la inversión, no cuenta con el suficiente margen para aumentar sustancialmente el consumo a través de la reducción de la participación de la inversión en la producción total anual.

Experiencia rusa vs experiencia china

La dirección política de la isla debe tener en cuenta las experiencias de los países del campo socialista que transitaron por reformas de mercado, evitando grandes costos sociales.

El caso de Rusia enseña cómo la implementación de un paquete de reformas, promovidas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los Estados Unidos, de manera rápida y sin tener en cuenta las especificidades de la economía del país, traen consecuencias sociales dolorosas. Stiglitz (2002) señala que, a partir del colapso de la Unión Soviética y la pérdida del poder del partido comunista, la economía fue sujeta a una terapia de choque que consistió en la liberalización de precios y en la estabilización macroeconómica. Se liberalizaron los precios que una vez fueron controlados por el Estado con el fin de que reflejaran el valor de mercado de los bienes y servicios, esto produjo una escalada brutal de precios que devoró todo el ahorro de los rusos. Luego vino la estabilización. Para controlar los precios se contrajo la política monetaria a través de la subida de las tasas de interés, esto condujo a los rusos a una situación en donde la gran mayoría no tuvo la oportunidad de comprar las empresas públicas que se privatizaban; no tenían ahorros y las tasas de interés eran altas. Además, faltaron instituciones financieras de mercado que permitieran a las empresas capitalizarse para emprender la producción. En suma, la brutal caída del producto en este periodo fue mayor a la presentada durante la segunda guerra mundial, como lo señala Stiglitz (2002).

De acuerdo con Ross (1992) los monopolios cambiaron de propiedad, del Estado hacia el sector privado, iniciándose un proceso de acumulación de capital privado a través de aumentos de precios con caída de la producción. Luego, vinieron las políticas de ajuste para controlar la alta inflación.

Ross (2016), habla del inicio de un proceso de privatizaciones de las empresas públicas, orientado por teorías equivocadas del crecimiento económico que sobreestimaron las virtudes de la actividad privada en el crecimiento de la productividad y de la economía en su conjunto, y subestimaron el impacto de la inversión en capital físico e insumos intermedios.

El caso de China contrasta con el de Rusia, ahí las reformas tomaron lugar de manera gradual y controlada. La autonomía de los cambios se conservó bajo la dirección del Partido Comunista de China en 1978, cuando la idea del socialismo mantenía el suficiente capital político, contrario al caso ruso, que tomó lugar una década después (Ross, 1992). En China, la economía aceleró su crecimiento económico.

Por otro lado, China impidió los grandes costos sociales que experimentó Rusia. El país asiático inició sus reformas desde una economía estable que le brindó margen para hacer cambios a su modelo (Ross,1992). La situación contrastaría con la de Cuba, toda vez que, debido a la pandemia, el turismo ha sido fuertemente golpeado, anulando su fuente principal de divisas y agravando la situación económica de la isla.

En Cuba una agresiva política de ajuste, privatización y liberalización de precios, provocaría presiones inflacionarias una vez los precios artificiales fijados por el Estado sean reemplazados por precios de mercado que reflejen la verdadera escasez de bienes y servicios. El ajuste fiscal, implicaría que el Estado mejore sus finanzas, ya sea reduciendo gastos o aumentando impuestos, o ambas, lo que contraería la economía ya golpeada por la pandemia al reducir la demanda agregada. Medidas de este tipo socavarían la capacidad de consumo de la población, de manera que las empresas privatizadas no cumplirían su objetivo de rentabilizar la producción y cerrarían sus operaciones, agravando la situación social a través de caídas en la producción y el desempleo. Sin embargo, el Partido comunista no parece plantear cambios en esa dirección y propone mantener la “propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” (Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 2021, p.21).

Cuba se enfrenta al reto de actualizar su modelo en medio del conflicto externo con los Estados Unidos y las restricciones impuestas que afectan el flujo de divisas en Cuba y su capacidad de intercambio con sus socios comerciales. Además de las periódicas crisis económicas globales (hoy causadas por el COVID-19). Sin dejar de lado que el país debe hacer frente a los efectos meteorológicos periódicos, brotes epidémicos y al atraso de su estructura productiva.

Referencias

* Economista y Magister en Gestión Pública graduado en la Universidad Santiago de Cali, Colombia. He sido Profesor desde el año 2014 en distintas universidades de Cali. En la actualidad me encuentro adelantando estudios y viajando en Australia. El proposito de mi blog es difundir conocimiento sobre economía y brindar un espacio para el debate.

lunes, 28 de junio de 2021

¿Es demasiado optimista el pronóstico oficial de crecimiento económico de Cuba de 6% para 2021 y 2022?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

La institución de análisis The Economist Intelligence Unit (EIU) ha reducido a 2,2% su pronóstico de crecimiento de la economía cubana en 2021, en su informe del pasado 11 de junio. (1)

La cifra revisada es menor que la tasa de 2,7% que EIU había estimado en su anterior informe del 9 de abril de 2021, y es muy inferior al pronóstico de 6% del gobierno cubano. (2)

EIU estima que para el período 2022- 2025 se registraría una tasa promedio de crecimiento anual de 4,2% del PIB.

Para el período más extenso que comienza en 2019 (antes de la recesión) y que se extiende hasta 2025, se registraría un crecimiento promedio anual muy bajo de 1,08%.

La discrepancia entre el pronóstico del gobierno cubano y el dato calculado por EIU es tan grande, que es necesario asumir un enfoque cauteloso respecto al pronóstico oficial.

Un crecimiento lastrado por la pobre dinámica del consumo de hogares y de las exportaciones.

En la información reciente de EIU se destaca una revisión hacia la baja del crecimiento del indicador “consumo de hogares” en 2021, un componente que representa aproximadamente 60% del valor del Producto Interno Bruto (PIB).

EIU proyecta ahora un incremento de 4% del “consumo de hogares” en 2021, una cifra menor que el 5% estimado en el informe de EIU publicado en abril.

A primera vista, la diferencia de 1% pudiera parecer poco significante, pero debido al peso del “consumo de hogares” en el PIB, esto empeora inevitablemente la proyección de crecimiento del PIB.

Otro indicador que empeora en el nuevo informe del 11 de junio de EIU es el de las exportaciones. Su crecimiento ha sido revisado y se estima ahora en 3,2%, en vez del incremento de 6,7% proyectado anteriormente.

El estimado de EIU no es positivo a pesar de que se apoya en supuestos optimistas.

El informe de EIU proyecta una recuperación inicial lenta de la recesión de 2020 debido al shock causado por la “reforma monetaria”, es decir la llamada “tarea ordenamiento”. (3)

EIU considera que la actividad económica sería más dinámica con posterioridad, pero advierte que, debido a la limitada capacidad agrícola e industrial, aumentarían las importaciones y con ello se moderaría el ritmo de crecimiento.

El pronóstico de The Economist Intelligence Unit es menos optimista que el pronóstico oficial, a pesar de que EIU adopta el supuesto de que la administración Biden restauraría elementos del acercamiento introducido bajo la administración Obama.

La recuperación pudiera demorar más que lo proyectado oficialmente.

Oficialmente, se proyecta que el PIB alcanzaría el nivel anterior a la crisis al finalizar el año 2022.

Sin embargo, utilizando las cifras de crecimiento económico anual pronosticadas por EIU, el nivel “real”, a precios constantes, que tuvo el PIB en 2019 se alcanzaría en 2024, dos años después de lo proyectado oficialmente.

¿Hacia una década perdida?

Lo que debería ser examinado no es si el pronóstico de EIU es superior a lo que parecería ser la proyección oficial porque es obvio que, en materia de pronóstico económico, es problemático asumir de manera anticipada la precisión de lo que se proyecta.

No obstante, hay dos puntos sobre los que conviene llamar la atención:

  • A diferencia del pronóstico oficial, hasta ahora más colocado en la narrativa que en el de los datos, el pronóstico de EIU incluye información detallada sobre las cuatro principales variables macroeconómicas del crecimiento (consumo de hogares, consumo de gobierno, inversión y saldo de comercio) lo cual permite entender la racionalidad de lo que se proyecta, aunque naturalmente no asegura que tal pronóstico se materialice.
  • Cuando se utilizan los datos de EIU, el crecimiento promedio anual del decenio 2015- 2025 sería de apenas 1%, muy inferior al nivel de 5% a 6% anual que se estima que debería asegurar la “velocidad de despegue” que necesita el país para aspirar al desarrollo. Pudiera ser el equivalente de una “década perdida”. El término es polémico. Debería discutirse sobre el tema.

Notas:

The Economist Intelligence Unit. Cuba country report. 11 June 2021. London.

2 Oscar Figueredo Reinaldo, Lissett Izquierdo Ferrer, Roberto Suárez, “Gil Fernández: Pese a tensa situación económica, Cuba no renuncia a su meta de crecer 6 por ciento en 2021”, Cubadebate, 20 de mayo de 2021, http://www.cubadebate.cu/noticias/2021/05/20/gil-fernandez-pese-a-tensa-situacion-economica-cuba-no-renuncia-a-su-meta-de-crecer-6-por-ciento-en-2021/

3

Fuente: The Economist Intelligence Unit. Cuba country report. 11 June 2021. London.

jueves, 8 de agosto de 2019

CEPAL La proyección de crecimiento para América Latina y el Caribe. Cuba baja a un 0,5%, producto de la desaceleración generalizada en los países de la región. Comentario HHC


La región continúa empantanada en una senda de bajo crecimiento. Luego de contraerse  a tasas del -0,2% y el -1% en el bienio 2015 y 2016, la región de América Latina y el Caribe creció en 2017 apenas por sobre el 1% para luego desacelerar al 0,9% en 2018 y desacelerar aún más este año según las actuales proyecciones de la CEPAL.


En 2019, el PIB de América Latina y el Caribe crecerá un 0,5%, lo que representa un ajuste a la baja de ocho décimas respecto de las proyecciones publicadas en abril.

Esto es producto de revisiones a la baja en 15 de los 20 países de América Latina y la mantención en la proyección de los 5 restantes. Lo anterior, evidencia el deterioro generalizado que sufren las economías de la región. Sin embargo, esta muestra una gran heterogeneidad al evaluar el desempeño específico de los países, dado que mientras 3 países crecerán por sobre el 5%, 11 países lo harán entre el 2,6% y el 5% y 16 países entre el 0% y el 2,5%. Por el contrario, la actividad en la Argentina, Nicaragua y Venezuela (República Bolivariana de) se contraerá (véase el gráfico I.60).

Cuba

A pesar del arreciamiento del bloqueo, señala el titular del ramo, la Cepal pronostica que la economía cubana no decrecerá en 2019 y estima un crecimiento del 0.5%, similar al de la región. Seguimos enfocados en mejorar la calidad de vida del pueblo, que es lo verdaderamente importante.


Todo ello se produce en medio del recrudecimiento de las agresiones del Us Government contra Cuba, que impiden mayor presencia de visitantes norteamericanos, más gastos para importar recursos necesarios, más chantaje contra quiénes comercian con Cuba, como bien señala la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales de Camagüey, en respuesta a lo informado por Gil.

Esta realidad, reconocida por el organismo internacional en su informe anual, reafirma las proyecciones de la economía cubana para este año y, al mismo tiempo, valida una gestión de Gobierno enfocada en un futuro próspero y, sobre todo, posible.

Según el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2019 se espera que este año el crecimiento económico de la región mantenga una trayectoria descendente, debido a «un contexto internacional con mayores incertidumbres y complejidades y un débil comportamiento de la inversión, las exportaciones y el consumo».

Comentario HHC:  Hay esfuerzo de parte de Cuba si alcanzamos los +0.5 % de crecimiento en medio de la agresividad imperial de los EE.UU, pero compararlo con la región (+0.5 %) puede resultar  conflictivo, ya que el crecimiento si se quita Venezuela , Nicaragua  ( sometidos  a una guerra irregular mas directa) mas la debacle de la Argentina de Macri a pesar del apoyo de FMI y EE:UU, el por ciento de la región fuera mucho mayor. 

Aquí lo relevante, por tanto  seria también compararnos con los que si crecen más que nosotros y que el promedio de la región ( +0.5 %), y esto lo hacen 25 países  que son la inmensa mayoría.  Por ejemplo el crecimiento de  +9.9 %  de Dominica parece muy significativo como referente.  

¿ Cuánto de reserva tenemos a lo interno por no aprovechar plenamente nuestras potencialidades y enfrentar los desafíos internos y externos? . 

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Pude vivir en otro país precios topados ante la escasez, de un producto de primera necesidad o de la canasta básica como es el huevo. Esto se produjo con la fiebre aviar.  El estado cuando empezó a elevarse el precio ante la escasez , lo " topó " en poco mas que el doble, despues dedico importante  partidas  de dinero a importar el mismo y otras partidas a importar gallinas ponedoras adultas de alto rendimiento.  Los precios topados duraron 4 meses, cuando empezó la estabilizarse la oferta empezaron a bajar el precio poco a poco cada semana, a los siete meses el huevo tenia el precio de antes y ahí se quedo. 

La inyección de dinero en circulación como resultado  de los incrementos salariales en el sector presupuestario debió ser la medida a posteriori de insectivar la producción  en el sector empresarial, cooperativo y privado o no estatal, esto no se hizo.   Ahora comento tres  posibilidades, incentivar la rama productiva sobre todo de producción de alimentos que es donde el cubano invierte mas del 60 % de su salario, dedicar partidas extraordinarias en divisas para importar productos que tengan mayor  demanda  y de mayor precio, y hacer un uso discresional en los niveles de precios a la baja o a la alta, cada cierto tiempo mediante estudios y encuestas de mercado, al tiempo de garantizar la estabilidad relativa de los mismos.  

Seria una buena oportunidad para devaluar el peso dolarizado y sobrevaluado que tenemos en el sector empresarial estatal en aquellas entidades que se dedican a la exportación o empiecen hacerlo.

Estamos dedicando muchas energías a controlar los precios, el mercado negro esta ahí para corregirnos nuestros precios topados que sean irreales, incluyendo la tasa de cambio del usd en el mercado informal. Recuerdo 1993,  1 usd = 120 CUC. 

sábado, 20 de julio de 2019

Los de “alante” corren mucho

Por Juan M.Ferran Oliva

Finalizando la década de los sesenta del pasado siglo, el entonces jefe del Estado español se ufanó en proclamar –urbi et orbi- que acababan de rebasar la renta nacional per cápita que por entonces constituía el umbral del desarrollo. A los pocos días la libra esterlina se devaluó y en su caída arrastró a numerosas monedas, la peseta entre ellas. Según esta convención mecanicista. España volvía a su imagen de país subdesarrollado.

Se trata de una anécdota apócrifa circulada por algún crítico del Caudillo, que en paz se escalde. Pero cierta o falsa sugiere como moraleja las inconsecuencias de los esquemas. Una nación no supera una categoría económica a través del simple traspaso de un nivel estadístico.

Los pocos países que calculaban su macroeconomía solían emplear el Ingreso Nacional, con metodologías no siempre uniformes. Actualmente el método ha sido estandarizado. El Producto Interno Bruto (PIB) es utilizado universalmente. Lo controlan más de 238 Estados, naciones sin Estado y regiones. Es el Sistema de Cuentas Nacionales de Naciones Unidas (SCN). En 2001 el Anuario Estadístico de Cuba comenzó a referirse al PIB siguiendo dicha metodología y tomando a 1997 como base para los precios constantes[1]. En 2006 aparecieron en INTERNET. 

La familia de indicadores globales sobre el ingreso de un país no lo dice todo. Su carácter sintético puede velar determinados atributos. El PIB indica potencialidades cuantitativas y refleja tangencialmente los niveles de educación, salud pública, seguridad, ausencia de contaminación, costo de la vida y otros atributos relativos a la calidad de vida – a la relativa felicidad - que también merece la población.

Se han realizado estudios para puntualizar estos aspectos. Las sistemáticas en tal sentido abordan la calidad de vida, la distribución de la riqueza, la capacidad de poder adquisitivo, el desarrollo humano y la medición de la pobreza. Por lo general, tales alternativas intentan resaltar determinados aspectos, no siempre compartidos como únicos o esenciales por todos los autores[2].

A pesar de dichas deficiencias el PIB per cápita constituye la información par excellence del nivel económico. Expresa mucho aunque no lo diga todo. Por justa que sea la distribución y por mucha que sea la voluntad política, el monto del valor total agregado constituye un límite a las mejores intenciones. Su análisis en tiempo y espacio nos dice si avanzamos o desandamos. 

La tabla incorporada muestra el salto experimentado en 67 años por la economía de diversos países. La comparación no es perfecta pero resulta ilustrativa. La muestra responde a los criterios de época y circunstancias de su fuente: la llamada Misión Truslow[3]. En su informe de 1950 señalaba que en Cuba …los niveles de vida de agricultores, trabajadores agrícolas, trabajadores industriales, tenderos y otros son más altos que los grupos similares en otros países tropicales y casi que en toda Latinoamérica. Ello no significa que no haya pobreza en Cuba, pero simplemente en términos comparativos los cubanos se hallan mejor que los pueblos de otras áreas.


Según se desprende no estábamos tan bien, pero otros se hallaban peor. En el más de medio siglo transcurrido la situación ha cambiado. Algunos países, principalmente, los europeos, han dado un salto enorme. En ellos y en otros casos han concurrido circunstancias determinadas que escapan al presente análisis. 

La dinámica económica obliga a no estancarse. Quien lo hace, simplemente retrocede. Los que van más rápido lo adelantan. Nuestro atraso comienza a ser dramático. No es solo una cuestión de prestigio. Están en juego los llamados logros de la Revolución. 

A veces crecemos pero otros van más aprisa y nos toman la delantera. Unos han corrido como liebres y otros avanzan como tortugas. Como dice la canción infantil: Los de “alante” corren mucho, los de atrás se quedarán. 

fin 

[1] En la zona de Economías Centralmente Dirigidas se aplicaba el Sistema de Balances de la Economía Nacional (SBEN) cuyo indicador clave era el Producto Social Global. .

[2] El método de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) intenta eludir ilusiones monetarias abordando el costo de la vida. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) considera PIB per cápita combinado con el modo de vida, la educación y la salud. El coeficiente de Gini valora la distribución de la riqueza. Distintos medidores miden el nivel de pobreza en términos de grado de satisfacción de determinados bienes (vivienda, salud, educación, cultura, disponibilidad de determinados bines, etc.). Uno de los métodos utiliza expresiones monetarias, y se basa en el coeficiente de Engel y a partir de su manipulación matemática establece la línea de indigencia y la línea de pobreza atendiendo, por lo general a canastas de consumo.. 

[3] Informe de la llamada Misión Truslow del International Bank for Reconstruction and Development y la colaboración del gobierno de Cuba. Fue dirigida por Francis Adams Trsulow en 1950. Pág. 38, 39 y 40.