Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 31 de julio de 2026

La caja de Pandora… Posdata sobre la economía cubana y sus debates


Réplica al artículo "La transformación del modelo cubano frente a las alas de Ícaro", firmado por el economista Pedro Monreal, publicado el 28 de julio en OnCuba.





Sin tener que recurrir a citas de autores famosos que lo avalen, permítanme partir de una noción elemental: cualquier cambio económico significativo ya es un cambio político.

No solo porque la economía no es una habitación separada —salvo para los economistas tecnócratas—, sino porque la manera en que la sociedad procesa esos cambios y reacciona frente a ellos se manifiesta en actitudes políticas que marcan el consenso efectivo aquí y ahora. Consenso heterogéneo y contradictorio que afecta la receptividad, eficacia y también los costos de las reformas, sobre todo cuando las medidas son tardías.

El grado de apoyo o de no oposición a esos cambios influye también, en última instancia, en la velocidad y rectitud de su implementación. Que se hagan ya y se hagan bien reduce el riesgo de que se extravíen o se degraden, a manos de una burocracia tendiente a la inercia y a no ceder su cuota de poder, por razones obvias.

La experiencia muestra que la propia cautela “sin pausa, pero sin prisa” ha tenido antes un efecto ralentizador. Esto facilita la gestación de un frente opositor formado por los “realistas desengañados”, en auge hoy gracias al descreimiento fomentado por el acumulado de políticas ineficaces, y a la decepción de los “custodios del socialismo verdadero”, que ya no se limitan a aceptarlos a regañadientes, sino que se dedican a levantar cargos de traición a los ideales.

Para evitar que alguien coja el rábano por las hojas con lo que estoy argumentando, aclaro que no se trata de aplaudir en vez de debatir críticamente. Digo que ignorar esas medidas o reaccionar ante ellas, antes de que se pongan en práctica, declarándolas de entrada nefastas y contraproducentes, cuando no contrarias al interés del pueblo, es algo diferente a evaluarlas en su alcance, integridad, parcialidad, riesgos, y a recomendarles correcciones y adiciones.

Analizarlas en su formulación y contenido está bien y así debe ser, especialmente desde las ciencias sociales. Pero adelantarse a juzgar efectos que dependen de su implementación y aplicación reales parece soslayar que la política es lo que se hace. Sobre todo si se limita a pronosticar impactos negativos, en el contexto profundamente alterado de una crisis tan policrítica como la actual, donde cualquier alivio es un paso de avance. Y aunque se justifique el recelo ante esa entidad llamada “el gobierno”, a la que se considera incapaz de aplicarlas como se debe.

Ignorar las políticas que promueve este gobierno, y que son debatidas públicamente, incluye a veces ignorar también a quienes las han propuesto durante los últimos 35 años, poniéndolas por escrito y publicándolas. Especialmente cuando el análisis de “los problemas de la economía” abarca no solo el círculo gremial de los economistas y la reflexión crítica y rigurosa de un comité ilustrado, sino discusiones múltiples con la puerta abierta.

Mi modesta experiencia en ese terreno, como algunos lectores saben, consiste en organizar un espacio de debate público que cumple 25 años en febrero próximo —Último Jueves—, donde han participado investigadores, practicantes, funcionarios, activistas, artistas, religiosos, líderes comunitarios, cubanos y no cubanos, residentes en Cuba y en el extranjero, y se han abordado temas de carácter económico, social y político, caracterizados por reunir puntos de vista siempre diferentes, algunos muy críticos.

Al final de este artículo voy a listar una selección de los debates más recientes (desde 2023) que, aunque se han publicado en las redes desde hace muchos años, algunos no saben que existen.

Volviendo al eje de mis consideraciones en “¿La caja de Pandora?…”, añado que no haber cogido al toro de los cambios políticos por los cuernos y pospuesto tanto tiempo su reconocimiento ha tenido un rebote negativo sobre la profundidad y continuidad de “esas reformas económicas”.

No en balde la mayoría de las numerosas medidas que se han venido acordando desde el lanzamiento de la Actualización del modelo, hace ahora quince años, muchas bien articuladas y sistémicas, no llegaron nunca a pasar la prueba de la aplicación. ¿Por qué?

Naturalmente, que ni los Lineamientos “económicos y sociales” ni la “reforma a la Constitución” alcanzaban a expresar el alcance de una transformación estructural e integral del socialismo en Cuba. Y cuando esos remilgos se revelaron como trabas a los cambios de fondo prometidos para lograr un socialismo “próspero y sostenible”, con sector privado y reforma del Estado, pero también descentralizado y democrático, el camino de una nueva Constitución se hizo imperioso.

Una Constitución que, con todos sus déficits e imperfecciones, sigue siendo la propuesta más sistemática e integral de un orden social, económico y político cubano.

Ningún paquete de cambios económicos, generados adentro y mucho menos afuera, tiene la legitimidad de una Constitución respaldada por el 86 % de los ciudadanos que votaron en 2019 por un orden político distinto. Es decir, por uno que postula “un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, …para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”. Y que incluye conceptos radicalmente nuevos sobre la propiedad, los derechos humanos, las libertades individuales, la ley, las atribuciones de los gobiernos locales, así como refrenda el acceso universal a la educación, la salud, el trabajo y el respeto a la dignidad de los ciudadanos sin diferencias marcadas por género, orientación sexual, color de la piel, etc.

Por todo eso se votó en 2019. Y seguimos esperando porque la mayoría de esas transformaciones se ejecuten en forma de leyes. Para que puedan convertirse en políticas reales.

Pregunto: ¿Es posible otra legitimidad que compita con la mayoría democrática expresada en aquel voto popular?

Claro que no siempre lo legítimo coincide con las ideas y sentimientos de una parte de la ciudadanía. Por ejemplo, resulta probable que alguno de los católicos asociados al Cuba Study Group en Cuba no hubiera votado a favor del Código de la Familia. De hecho, uno de cada tres cubanos que votaron en el referéndum del Código lo hicieron por el NO.

¿Es lícito argumentar que el derecho de familia vigente en Cuba gracias a ese Código y a esa Constitución resulta una expresión de “ideología de género” porque no refleja los principios, muy respetables por demás, de esos religiosos, no solo católicos, que rechazaron, a veces en términos bastante enardecidos, una legislación que existe, por cierto, en muy pocos países?

¿Un grupo de normas de ese derecho, que no se practican en ninguno de los otros países socialistas y tampoco en numerosos con “economías de mercado” —para hablar solo de la democrática Europa, en Italia, Polonia, Eslovaquia, Rumanía, Croacia, Bulgaria, Hungría, Bosnia, Serbia, Turquía?

Pregunto: ¿De dónde sacan que una economía gobernada por el mercado, con un sistema multipartidista, elecciones tan libres como para poder ganarlas la ultraderecha, es un marco democrático que garantiza per se los derechos ciudadanos y un esquema de desarrollo social y humano por encima?

Lo que leemos en documentos y en las redes acerca de los cambios políticos que deben acompañar a una economía de mercado por parte de los abogados de la reforma antisocialista define de manera más bien vaga estos cambios. Para que en esta posdata no haya confusión con lo que estoy diciendo, voy a citar sus ideas.

Cuba necesita una economía de mercado que sea “social”. Porque “el sentido de la economía es la sociedad”. Cuba necesita “un Estado de derecho democrático, porque el pueblo se ha empobrecido precisamente por el carácter autoritario del sistema”, además de algunas “presiones externas”. Y en un sistema democrático, “el pueblo controla al gobierno”.

¿Lo que diferencia a una “economía social de mercado” (ESM) capitalista del socialismo plasmado en la Constitución sería un Estado democrático de derecho? ¿Todo lo que no fuera una ESM capitalista excluye la posibilidad de ejercer “control democrático sobre las instituciones públicas”, “restringe la libertad de información y expresión”, “consolida las élites burocráticas”? ¿No ha sido posible en Cuba, bajo este socialismo defectuoso que tenemos, avanzar en el campo de la libertad de expresión y de la manifestación de una sociedad plural capaz de defender la participación ciudadana y criticar públicamente las políticas gubernamentales?

Ante tanta carga doctrinal, se me ocurren maneras de verificar el sentido de estas propuestas, colocándolas ante escenarios políticos concretos.

Imaginemos que la ANPP discutiera una ley de asociaciones que defina los requisitos para registrar organizaciones de carácter económico, religioso, étnico, cultural, gremial, deportivo. Y que, a partir del concepto de oposición leal, se admitieran algunas, cuyas bases estuvieran dirigidas a fomentar políticas identificadas con los presupuestos de desarrollo y justicia social, equidad, participación y democracia ciudadanas, control popular, sustentabilidad, independencia y soberanía. Y que en ese proyecto de ley se especificara que ninguna de esas organizaciones políticas podría legalizarse si tuviera vínculos de cualquier tipo con agencias del USG, ni con sus asociados en el exilio militante anticomunista.

Supongamos que las reglas electorales existentes abajo se abrieran hacia arriba, y organizaciones legales ya existentes o nuevas, que reunieran a mujeres, productores agrícolas, empresarios, artistas, académicos, religiosos, jóvenes, personas mayores, LGTB, trabajadores domésticos, científicos, gremios, profesionales, sindicatos, eligieran a sus representantes en un proceso de consulta interna y los registraran como candidatos a la ANPP.

Y que los ciudadanos cubanos residentes afuera pudieran participar en ese mecanismo electoral, incorporándose a esas organizaciones existentes en la isla. Esta ampliación del proceso de nominación de candidatos solo estaría limitada por la prohibición de usar fuentes de financiamiento, internas o externas, que crearan desiguales oportunidades entre los candidatos propuestos.

Si entre las muchas legislaciones pendientes, basadas en la Constitución y en los derechos que reconoce en materia de expresión pública y participación ciudadana, se introdujeran estas reformas políticas, ¿sería posible que los reformistas antisocialistas reconsideraran sus presupuestos doctrinales? ¿Que admitieran, por ejemplo, como saben quienes han hecho investigaciones en Vietnam, que a pesar de que existe un solo partido, y que no se trata precisamente de una ESM, la Asamblea Nacional ejerce un control del gobierno y le exige rendición de cuentas, de manera efectiva y transparente?

Nunca respondo a los comentarios que suscitan mis artículos en esta columna. Tampoco lo voy a hacer ahora, aunque, como es obvio, he leído todas las propuestas y conozco la manera de pensar de los autores, porque la mayoría han sido mis amigos durante muchísimos años.

Que discrepemos no me parece dañino ni contraproducente; al contrario. Algunas de sus observaciones me recuerdan el conocido recurso que los franceses llaman l´homme de paille. O sea, simplificar lo que el otro dice para dispararle desde la cintura.

En cambio, prefiero terminar estos comentarios dispersos con una invitación.

Como aparece el programa de debates de Último Jueves para 2026, publicado antes que todos estos documentos dedicados a “las transformaciones”, tenemos previsto un panel titulado “Partiendo los nudos de la política económica: las alternativas”. Lo vamos a celebrar el último jueves de septiembre.

Todos los que quieran discutir esas transformaciones, las formuladas en documentos y las que ya están en fase de ejecución, y otras, especialmente quienes hayan elaborado algunas y quienes quieran debatirlas, están invitados a participar activamente, en modo presencial o a distancia.

Posdata de la posdata

Termino esta larga posdata con una digresión sobre los mitos griegos, evocando mis años juveniles como profesor de literatura y teatro clásicos en la Escuela de Letras.

Según la leyenda, Ícaro y su padre quieren fugarse de la isla de Creta y no saben cómo, porque el rey Minos no los deja. Así que inventan una salida ilegal, consistente en irse volando con unas alas hechas de plumas de verdad. Ícaro, embullado con eso de volar, se remonta demasiado y termina quemado por el sol, como diría Nikita Mijalkov.

Moraleja 1: Acercarse demasiado al fuego del sol puede derretirle las alas a uno y conducir no precisamente al sueño de la libertad.

Moraleja 2: Volar es una ciencia y uno no la lleva consigo como un par de alas postizas.

Mucho más compleja y menos moralizante, yo diría que más política, es la historia de la caja de Pandora, ese recipiente prohibido que guarda fuerzas maléficas, y una vez destapadas, resulta imposible encerrar de nuevo. Ciertamente, las acciones humanas no tienen marcha atrás; pero la esperanza habita en el fondo de esa caja, y esa es la única manera en que puede salir.

La transformación del modelo cubano frente a las alas de Ícaro.

 

Respuesta a una crítica.


Comento brevemente las críticas de mi amigo Rafael Hernández sobre Cuba Transformación . Más que el mito de Pandora resulta pertinente el de Ícaro que embriagado por el vuelo y la sensación de poder, ignora las advertencias sobre el invento defectuoso con el que pretende salir del laberinto.

El invento largamente cavilado y aprobado por el Partido Comunista de Cuba (PCC) se denominó “ordenamiento”. Su estrepitoso fracaso metió de lleno el modelo económico cubano en un laberinto del que no se sale con una reforma parcial. Si a ello se suma la modificación brusca del entorno geopolítico de Cuba en 2026 —que no se limita a lo que hace el gobierno de Estados Unidos—, no queda claro por qué mi amigo Rafael considera ilegítimo que economistas cubanos no vinculados al PCC puedan pensar con cabeza propia alternativas de transformación económica y política.

Comienzo con tres aclaraciones importantes:

Primero, resulta incomprensible que la crítica honesta de un intelectual que supongo que leyó la propuesta de Cuba Transformación, afirme que compartimos “lógica y objetivos” con una política “antidemocrática, americanocéntrica y supremacista”. El texto de Cuba Transformación dice textualmente que “la transformación propuesta no implica aceptar condiciones que comprometan la soberanía nacional a cambio del levantamiento de esas sanciones. Cuba deberá defender sus intereses legítimos en cualquier proceso de negociación, siempre dentro del marco del derecho internacional, con transparencia y plena rendición de cuentas ante la ciudadanía… La independencia nacional no se define por el aislamiento económico ni por el control estatal de la actividad productiva, sino por la capacidad efectiva de una nación para decidir libremente su destino, proteger sus intereses estratégicos y garantizar el bienestar de su población”.

¿De dónde pudo haber salido eso de asociarnos “sin ton ni son” con políticas de gobiernos extranjeros?

Agrego algo que he dicho antes, por si no ha quedado suficientemente claro: La crítica de que proponer una economía social de mercado y un Estado democrático de derecho, bajo el supuesto de una solución pacífica del diferendo con EE.UU. implica perder soberanía merece una respuesta clara, porque confunde soberanía con aislamiento y autoritarismo.

Reducir la soberanía cubana a la interpretación del PCC confunde la defensa de un sistema político monopolizado por un partido con la soberanía plena del pueblo para decidir libremente su sistema político y económico. ¿Puede llamarse soberano un pueblo al que se le impide cambiar pacíficamente su sistema político? La soberanía real se afirma liberando el talento, la iniciativa y las libertades de los ciudadanos.

Segundo, en ninguna parte el texto de Cuba Transformación sostiene que sea “la única opción realista para Cuba”. Eso es un invento. Por el contrario, el documento aclara expresamente que “no pretende constituir un programa cerrado ni ofrecer respuestas definitivas a todos los desafíos que enfrentará la transformación de Cuba… aspira también a contribuir a una discusión más amplia sobre las alternativas y decisiones que deberá afrontar el país”.

Tercero, Cuba Transformación no es la propuesta “de” ninguna institución. Es el resultado del trabajo de cinco economistas con nombres y apellidos. En orden alfabético del primer apellido: Mauricio De Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro.

Paso ahora a reafirmar aspectos que se enuncian en la crítica:

1. La transformación que proponemos abarca tanto el modelo político como el económico: convertir un Estado de partido único en un Estado democrático de derecho, y un modelo de economía centralmente planificada en una economía social de mercado.

2. La propuesta de un Estado democrático de derecho no se reduce a la mención de una “democracia liberal”, como sugiere Rafael. Hemos sido precisos en los componentes esenciales de la visión que presentamos: libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de prensa, celebración de elecciones libres, competitivas, pluripartidistas, inclusivas, periódicas y transparentes, así como el sometimiento de los gobernantes y de los poderes públicos a la Constitución y al ordenamiento jurídico.

3. En modo alguno Cuba Transformación favorece “la disminución del papel del Estado al nivel de proveedor de servicios básicos, y dejarle todo lo demás al sector privado”, como afirma Rafael. Lo que el texto postula de manera explícita es que “el Estado debe disponer de la capacidad institucional necesaria para actuar de manera coherente, autónoma y estratégica, promoviendo el desarrollo económico, corrigiendo las fallas del mercado y garantizando el funcionamiento de un sistema competitivo. Ello implica regular los mercados de factores productivos, preservar la competencia, aplicar políticas antimonopolio, desarrollar la infraestructura, formular estrategias nacionales de desarrollo y promover políticas sociales orientadas, en particular, a la erradicación de la pobreza y al desarrollo humano”.

4. La propuesta de un modelo de “economía social de mercado” se sustenta en aspectos esenciales, entre ellos que “la actividad económica se orienta hacia el bienestar de la sociedad como objetivo superior, utilizando la eficiencia de los mercados libres como uno de los principales instrumentos, pero no como fin exclusivo”. No empleamos el concepto de manera limitada a su origen histórico. No se trata, como sostiene Rafael, de “copiar el diseño político de Alemania, Austria, Países Bajos, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Suiza”. Eso no aparece en ninguna parte del texto.

5. Cuba Transformación es clara respecto a otras experiencias: “Las transformaciones económicas exitosas de Polonia, Estonia, Vietnam y China ocurrieron bajo condiciones históricas, geopolíticas y de capital humano parcialmente distintas a las de Cuba en 2026. Cualquier extrapolación debe tomarse con cautela”. No proponemos una transformación de tipo chino o vietnamita porque “la ausencia de mecanismos efectivos de control ciudadano y de alternancia en el poder implica que las reformas permanezcan sujetas a decisiones discrecionales y puedan ser modificadas o revertidas por las propias élites gobernantes”.

6. Cuba Transformación descarta “cualquier justificación exclusivamente utilitarista de regímenes autoritarios basada en sus resultados económicos”. Esa posición está expresada de forma contundente en nuestra propuesta.

7. La propuesta de Cuba Transformación no muestra “desprecio” ni “invisibilización” respecto a las 176 medidas del gobierno cubano. Se mencionan en el texto, aunque no nos detuvimos en ellas porque nuestra propuesta estaba esencialmente escrita cuando se anunciaron (todavía pocas han sido realmente implementadas). Por esa razón, la prioridad fue publicar el documento según nuestro calendario de trabajo, sin revisar extensivamente hechos nuevos. En cualquier caso, después de su publicación hemos comentado críticamente las 176 medidas. No ha habido intención de “ningunearlas”. Existe la posibilidad de que estén “perdidas en el llano”, pero esa valoración general tendría que respaldarse con evidencia. Habrá que esperar los resultados.

Reitero que es bienvenida la crítica y la identificación de alternativas a lo que propone Cuba Transformación, pero no vale todo.

Finalmente, resulta interesante que Rafael se refiera a Cuba Transformación como parte de “esas propuestas intelectuales modernizadoras”. En cualquier caso, contra lo que habría que estar en guardia es contra las propuestas políticas de la “continuidad”, con su récord verificable de incumplimientos, fracasos y falta de autocrítica razonada, a pesar de lo cual insisten en inventar nuevas alas de Ícaro.




Nota: Artículo de Rafael Hernández “¿La caja de Pandora? Seguridad, instituciones, credibilidad y transformación en Cuba”, OnCuba News, 27 de julio de 2026 https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/la-caja-de-pandora-seguridad-instituciones-credibilidad-y-transformacion-en-cuba/