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martes, 4 de agosto de 2026

Un fantasma recorre la inteligencia artificial



La batalla tecnológica que Occidente ha entablado contra China responde a una necesidad estratégica: impedir que Beijing compita —y eventualmente lidere— en el complejo territorio de la IA


Jorge Elbaum, La Haine

La cadena de valor de esta dimensión estratégica incluye insumos para la producción de microprocesadores (tierras raras, minerales críticos y tecnologías litográficas); el entrenamiento permanente de las plataformas y el emplazamiento de Centros de Datos que consumen enormes volúmenes de energía y agua para su refrigeración.

En este contexto, en la última semana, se produjo un verdadero cimbronazo global tras conocerse un nuevo avance tecnológico chino. El hecho fue invisibilizado porque su irrupción supone un nuevo momento DeepSeek, comparable al impacto de comienzos de 2025, cuando un laboratorio chino lanzó modelos de IA de alto rendimiento con código abierto y a una fracción del costo asumido por Silicon Valley.

Este nuevo cisne negro fue informado por el grupo estatal Shanghái Aishengna Electronic Technology Group (SAETG), al comunicar el inicio de la producción de máquinas de litografía ultravioleta profunda (DUV), que hasta la semana pasada solo se elaboraban en EEUU, Europa y Japón.

Las tecnologías litográficas se han convertido en el núcleo del proceso de fabricación de los circuitos integrados más avanzados, al permitir la elaboración de nodos de dos a siete nanómetros --millonésima parte de un milímetro-- soldados en microprocesadores que pueden medir apenas dos milímetros. Las máquinas DUV transfieren intrincados patrones de circuitos a las obleas de silicio y definen las dimensiones críticas de los chips necesarios para la IA y sus usos derivados: robótica, producción de armas, orientación de misiles, satélites, control de datos soberanos, espionaje y vigilancia global.

La novedad tecnológica encendió alarmas en la OTAN y sus socios. Provocó un tembladeral bursátil que derivó en el cierre de la Bolsa de Seúl (KRX) el 28 y 29 de julio de 2026 y en una caída abrupta del valor de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo. La firma intentó blindarse mediante créditos a sus clientes para garantizar ventas futuras, ante la posibilidad de que China desarrolle toda las tecnologías necesarias para la IA. El mismo día en que cerró la Bolsa de Seúl, las acciones de Nvidia se desplomaron, reactivando el sobresalto de los señores tecnofeudales, ya golpeados por DeepSeek.

El informe de la empresa estatal china de litografía DUV consigna que producirá cinco impresoras (cada una produce millones de chips) este año y veinte en 2027, acortando parcialmente la brecha tecnológica con Occidente, de donde China compraba casi todos sus microprocesadores más modernos. Existen dos tipos de máquinas litográficas: las DUV (que trabajan con luz ultravioleta profunda) y las EUV (que emplean longitudes de onda ultravioleta extrema). Esta última tecnología, la más avanzada, sigue monopolizada por Occidente a través de ASML, con sede en Veldhoven, Países Bajos.

El consorcio lidera la producción de las máquinas litográficas más modernas y cuenta con fuertes inversiones estadounidenses y regulaciones impuestas por Washington en nombre de su seguridad nacional. Sus profesionales tienen vedado cualquier contacto con contrapartes empresariales chinas y se les prohíbe la comercialización de determinados productos de última generación.

Mientras se clausuraba la Bolsa de Seúl, también se desplomaban las acciones de ASML. El temor, como siempre, resulta sintomático. En diciembre de 2025, Reuters informó que Xi Jinping impulsó desde 2022 la creación de un prototipo funcional de tecnología litográfica ultravioleta extrema (EUV), cuya planta se ubica en Shenzhen, dentro de un perímetro de seguridad que algunos analistas comparan con el laboratorio de Los Álamos, donde se emplazó el Proyecto Manhattan. Las restricciones promovidas principalmente por Washington tienen un objetivo medular: ralentizar, condicionar o paralizar la Larga Marcha china hacia el liderazgo global, con la IA como uno de sus capítulos decisivos.

En ese marco, la información sobre los nuevos artefactos litográficos de SAETG vuelve a exhibir la capacidad de autosuficiencia incremental de China, apalancada por la sustitución de importaciones y por su gigantesco complejo científico-tecnológico. El pánico occidental se funda en la posibilidad de que se sucedan nuevos momentos DeepSeek, capaces de ubicar a Beijing no solo en el liderazgo tecnológico-productivo, sino también en el centro de una alternativa civilizatoria ajena a los cantos de sirena que proclaman la superioridad de los mercados y el consecuente desprecio por los Estados.

La disputa, en ese sentido, no es solo geoeconómica: también es política y cultural. La apuesta actual de Occidente promete recuperar la competitividad y la productividad perdidas frente a China mediante la IA. Esa promesa, sin embargo, descansa sobre un nuevo espejismo tecnocrático: un ciber-progreso de plenitud que preserva la explotación del trabajo y profundiza la concentración obscena de la riqueza.

La fragilidad de la jugada empieza a generar altos niveles de incertidumbre entre inversores internacionales y analistas tecnológicos porque: (a) no hay garantías de que la IA occidental logre superar la competitividad productiva china; (b) persisten dudas sobre el retorno de la inversión desplegada en la cadena de valor asociada a microprocesadores y centros de datos; y (c) reaparecen los fantasmas de una burbuja especulativa ligada a la IA, similar a la debacle de las puntocom de fines del siglo XX y al ciclo abierto, una década y media después, por las hipotecas 'subprime', que desencadenó una crisis económica estructural que Occidente todavía no logra superar.

El capitalismo occidental atraviesa un ciclo de inversión restringida, bajo crecimiento, endeudamiento creciente y caída de la productividad. Ese cuadro incluye un desacople cada vez mayor entre el sector financiero y la economía real. Tales desajustes fueron alimentados por la financiarización y la desindustrialización promovidas por el neoliberalismo, que buscó reducir el costo de la fuerza de trabajo doméstica mediante el traslado de la producción a regiones con grandes reservas de empleo precarizable, que Beijing transformó, en forma paulatina, en empleo de calidad.

Aquel abandono de la producción industrial, en nombre de la ficcional economía de los intangibles, habilitó a China a liderar la competitividad fabril e incluso a disputarle --durante la próxima década-- la hegemonía sobre las fantasías de salvación tecnológica con las que Occidente pretende recuperar el tiempo perdido. El drama occidental no consiste solo en haber perdido fábricas, saberes y cadenas de valor: consiste en pretender que una nueva burbuja tecnológica sustituya aquello que el neoliberalismo demolió. En esa escena, Trump, sus adláteres europeos y sus títeres de la derecha latinoamericana no encarnan una recuperación productiva, sino la ansiedad de un bloque que confunde sanciones con política industrial y propaganda macartista con poder global.

domingo, 7 de junio de 2026

La IA es un recurso público: deberías tener la mitad

 

Bernie Sanders

02/06/2026

Es casi seguro que la inteligencia artificial será la tecnología más transformadora en la historia del mundo. Afectará profundamente la vida de cada hombre, mujer y niño en nuestro país. Traerá, y ya está trayendo, cambios inimaginables a nuestra economía, nuestra democracia, nuestro bienestar emocional, nuestro medio ambiente y cómo educamos y criamos a nuestros hijos. Además, existe un temor muy real de que a medida que la IA se vuelva más inteligente que los humanos, eventualmente pueda funcionar de forma independiente, con consecuencias potencialmente catastróficas.

La pregunta, entonces, no es si la IA cambiará el mundo. Lo hará. La pregunta es: ¿Quién será el dueño y controlará ese futuro? ¿Quién se beneficiará de ello y quién se verá perjudicado por ello? ¿Se utilizará la IA para mejorar la vida de las familias trabajadoras? ¿Enriquecerá nuestra calidad de vida? ¿Nos ayudará a eliminar la pobreza, ampliar la esperanza de vida y resolver la crisis climática? ¿O el futuro de la humanidad estará determinado por un puñado de multimillonarios que han promovido y desarrollado la IA, prácticamente sin aportes democráticos, que serán aún más ricos y poderosos de lo que son ya hoy?

Esa es la elección que tenemos ante nosotros.

Seamos claros. La inteligencia artificial no fue creada de la nada. Los datos y el lenguaje utilizados por las herramientas de IA generativa no solo surgieron de la cabeza de Sam Altman o de la imaginación de Elon Musk. La IA se basa en nuestra inteligencia colectiva: nuestros libros, canciones, obras de arte, periodismo, códigos informáticos, investigación científica, vídeos, conversaciones, imágenes e ideas que abarcan generaciones. No es solo la opinión de Bernie Sanders. Según el Sr. Altman, el jefe de OpenAI, los modelos de IA fueron entrenados en nuestra "experiencia colectiva, conocimiento" y "sabiduría de la humanidad".

En su mayor parte, los oligarcas tecnológicos han alimentado este conocimiento en sus modelos de IA sin permiso, sin reconocimiento, sin compensación. En otras palabras, el trabajo creativo de millones de personas (escritores, artistas, músicos, periodistas, profesores, científicos y ciudadanos comunes) ha sido esencialmente robado por algunas de las personas más ricas del mundo. Es hora de que lo reclamemos.

Dado que la IA se basa en el conocimiento colectivo de la humanidad, la riqueza que genera debe beneficiar a la humanidad. No solo al Sr. Musk, al Sr. Altman, a Dario Amodei y otros magnates cuyas empresas están posicionadas para dominar la industria. No solo a los capitalistas de riesgo en Silicon Valley o los administradores de dinero en Wall Street que sin duda ven a la IA como la próxima gran máquina de extracción de riqueza.

Por eso pronto presentaré la propuesta de una Ley de Fondo de Patrimonio Soberano de la IA de EEUU. Esta legislación le daría a los ciudadanos una participación directa en la propiedad de las mayores empresas de IA de nuestro país. ¿Cómo? Crearía un fondo soberano a través de un impuesto único del 50 por ciento, no sobre las ganancias de OpenAI, Anthropic, xAI y otras empresas, sino que se pagaría con algo mucho más valioso: las acciones.

Si se aprueba, esta legislación haría dos cosas cruciales. En primer lugar, le daría al público un papel directo en la determinación del futuro de esta tecnología. El futuro de la IA y la transformación de la vida humana que traerá ya no serían dictados por un puñado de oligarcas de las Big Tech. El gobierno federal tendría el poder, a través de sus acciones con derecho a voto y una representación igualitaria en la junta directiva de cada empresa, para bloquear las decisiones que perjudican a nuestros ciudadanos y presionar a favor de políticas que los ayuden.

En segundo lugar, esta legislación garantizaría que los billones de dólares potencialmente generados por la IA se utilicen para mejorar la vida de todos nosotros, no simplemente para enriquecer aún más a las personas más ricas del mundo. Si las grandes empresas de IA continúan creciendo tan rápido como muchos analistas esperan, entonces el valor del fondo soberano también crecerá, y los beneficios para el pueblo estadounidense crecerán junto con él.

Esta no es una idea original. Ha sido propuesto por académicos. Ha sido respaldado por algunas de las principales empresas de IA en Estados Unidos. OpenAI, por ejemplo, propuso recientemente crear un "fondo de riqueza pública que proporcione a todos los ciudadanos, incluidos los que no invierten en los mercados financieros, una participación en el crecimiento económico impulsado por la IA". Anthropic, dirigido por el Sr. Amodei, propuso de manera similar la creación de "fondos soberanos nacionales con participaciones en la IA". El Sr. Musk, que dirige xAI, escribió: "Un ingreso universal alto mediante cheques emitidos por el gobierno federal es la mejor manera de lidiar con el desempleo causado por la IA".

Existen docenas de fondos soberanos en todo el mundo para garantizar que la gente común se beneficie de la riqueza nacional. El fondo soberano de Noruega, uno de los más grandes del mundo, fue financiado por la riqueza petrolera del país y ahora vale más de 2 billones de dólares. En lugar de unos pocos ejecutivos petroleros que se embolsan todos los beneficios de este recurso nacional, Noruega tomó la decisión de que esta riqueza debería usarse para mejorar la vida de toda su gente.

Este concepto ya se ha puesto en práctica aquí mismo en casa. Hace cincuenta años, Alaska creó un fondo soberano a partir de los ingresos petroleros del estado. Durante décadas, ha pagado dividendos anuales directamente a los habitantes de Alaska. Además, los fondos públicos de pensiones en los estados de todo el país ya tienen cientos de miles de millones de dólares en acciones de empresas en todo Estados Unidos. Incluso el presidente Trump, en una orden ejecutiva, ha propuesto establecer un fondo soberano estadounidense.

Para empezar, los miles de millones, si no billones, de dólares generados por este fondo proporcionarían ingresos directos al pueblo estadounidense. Y a medida que el fondo genera más y más riqueza, los ingresos se utilizarían para garantizar que todos los hombres, mujeres y niños de nuestro país tengan un nivel de vida decente y digno, incluida atención médica, educación y vivienda.

No hace falta decir que reconozco que para el gobierno tener una participación importante en una empresa, particularmente una para la que la IA es solo parte de su negocio, es complicado. Más detalles, incluidas las prioridades de gasto específicas y el mecanismo de implementación, se incluirán en la legislación que anunciaré en las próximas semanas.

Pero el principio es simple: cuando un recurso público genera riqueza, el público debe compartir esa riqueza. La IA se está construyendo sobre un recurso público mucho más valioso que el petróleo: el conocimiento acumulado, la creatividad y el trabajo de la humanidad.

El futuro de la IA y el destino de la humanidad no deben decidirse a puerta cerrada en Silicon Valley. No debe ser dictado por multimillonarios que buscan maximizar su poder y ganancias. Debe ser decidido por trabajadores, padres, maestros, artistas, científicos, comunidades y el pueblo estadounidense. Es nuestro futuro. Debemos decidirlo.

 

 
Senador independiente por Vermont, socialista democrático.
Fuente:
https://www.nytimes.com/2026/06/01/opinion/artificial-intelligence-bernie-sanders.html
Traducción:
G. Buster

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Advertencia: La Reserva Federal no puede rescatar la IA

 Lecciones de la crisis de las punto.com

Aunque todo se siente político ahora —una especie de caos político de fin de siglo— , hoy quiero hacer una breve pausa. En su lugar, quiero hablar sobre los mercados de activos y la Reserva Federal.

Podríamos decir que la economía estadounidense en 2025 era esquizoide. Por un lado, Donald Trump revirtió abruptamente 90 años de política comercial estadounidense, rompiendo todos nuestros acuerdos internacionales, y elevó los aranceles a niveles no vistos desde la década de 1930. Peor aún, los aranceles cambian constantemente de forma impredecible. Esta incertidumbre es claramente perjudicial para los negocios y está deprimiendo la economía. Por otro lado, simultáneamente se ha producido un enorme auge en la inversión relacionada con la IA, lo que está impulsando la economía.

Como muchos ya han señalado, el auge de la IA guarda un parecido inconfundible con el auge tecnológico de finales de los 90, un auge que resultó ser una enorme burbuja. El Nasdaq no recuperó su máximo del año 2000 hasta 2014. Existe un intenso debate sobre si la inversión en IA es también una burbuja, que yo resumiría como una pelea a empujones: "¡No lo es!" "¡Sí que lo es!" "¡No lo es!" "¡Sí que lo es!"

Aunque mi opinión personal es que la IA se encuentra en plena burbuja, no dedicaré la publicación de hoy a ese debate. En cambio, quiero hablar de un aspecto reciente del comportamiento del mercado que es muy llamativo y que tiene fuertes ecos de la burbuja tecnológica de hace una generación. En concreto, las acciones relacionadas con la IA, al igual que las tecnológicas de entonces, están reaccionando con mucha fuerza a las percepciones sobre la política de tipos de interés a corto plazo de la Reserva Federal.

Ahora como entonces, estas reacciones fuertes no tienen sentido.

Para entender de qué hablo, consideren las fluctuaciones recientes en los precios de las acciones, estrechamente relacionadas con la IA. Este gráfico muestra la evolución del índice bursátil " Magnificent 7 " de Bloomberg durante el último mes:

Un gráfico que muestra una línea de contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: Bloomberg

Durante la mayor parte de ese mes, estas acciones cayeron, a medida que aumentaba la preocupación por la posibilidad de que la IA fuera una burbuja. Pero el lunes, el índice Mag7 se disparó, recuperando gran parte de las pérdidas. ¿Por qué? Las conversaciones de los analistas sobre las supuestas causas de las fluctuaciones del mercado bursátil siempre deben tomarse con cautela. Pero es evidente que este aumento fue impulsado por las declaraciones de los funcionarios de la Reserva Federal, que el mercado interpretó como una mayor probabilidad de un recorte en la tasa de los fondos federales el próximo mes.

Algunos hemos visto esta película antes. Para quienes no, existe la opinión generalizada de que la deflación de la burbuja tecnológica de los 90 fue algo repentino: un momento de Wile E. Coyote en el que los inversores miraron hacia abajo, se dieron cuenta de que no había nada que respaldara esas altas valoraciones y el mercado se desplomó. Sin embargo, en realidad, fue un proceso largo y prolongado, salpicado de importantes rebotes de mercado. Aquí está el Nasdaq 100 durante el período relevante (la barra gris representa la recesión de 2001):

Un gráfico que muestra el crecimiento del mercado de valores generado por IA puede ser incorrecto.

Comparadas con la impresionante magnitud de la caída definitiva de las acciones tecnológicas, las subidas temporales no parecen tan grandes. Pero en realidad fueron enormes en comparación con los movimientos bursátiles normales. Veamos un primer plano:

Un gráfico con líneas rojas y números generados por IA puede ser incorrecto.

¿Qué impulsó estos brotes temporales de optimismo? En aquel entonces, la opinión general era que se debían a las reducciones de las tasas de interés de la Reserva Federal y a la perspectiva de nuevos recortes. De hecho, muchos observadores solían argumentar que el mercado bursátil se sustentaba en la " opción de venta de Greenspan ": No te preocupes por una crisis, el tío Alan vendrá al rescate.

Y después del aumento repentino de los precios de las acciones el lunes, está claro que la confianza en una "opción de venta de la Fed" ha tenido un modesto regreso .

De hecho, el gráfico a continuación muestra los numerosos recortes de tasas a medida que estalló la burbuja tecnológica:

Un gráfico de una escalera generado por IA puede ser incorrecto.

Pero si bien estos recortes de tasas crearon breves episodios de, digamos, exuberancia irracional, no hicieron nada para evitar que la burbuja tecnológica terminara desinflándose.

¿Por qué no pudo Greenspan rescatar las acciones tecnológicas? Para responder a esa pregunta, piense en por qué las tasas de interés son importantes para los precios de los activos: las tasas de interés más bajas reducen la tasa a la que los inversores descuentan los rendimientos futuros esperados. Un dólar que se le entregue dentro de X años tiene un "valor presente" (es decir, un valor actual más alto) si las tasas de interés son del 1 por ciento que si son del 6 por ciento. Cuánto más alto depende de X, el número de años hasta que lo reciba. Por ejemplo, una casa puede durar generaciones y ofrece valor a su propietario en forma de un lugar para vivir a lo largo de los años. Ese flujo de consumo de vivienda a lo largo de los años vale más (tiene un valor presente más alto) cuando la tasa de interés es del 1 por ciento que cuando es del 6 por ciento. O, dicho de otro modo, si puede obtener un 6 por ciento de su dinero en un depósito bancario, puede que le convenga más alquilar que comprar. Es por eso que la demanda de viviendas se ve fuertemente afectada por las tasas hipotecarias.

Las tasas de interés importan mucho más para el valor de los activos que seguirán produciendo rendimientos dentro de 10 o 20 años que para el de los activos que sólo producirán rendimientos durante unos pocos años.

Es decir, el valor de los activos con una vida económica corta se ve mucho menos afectado por las tasas de interés. No es sorprendente que los economistas hayan tenido dificultades para encontrar evidencia del efecto de las tasas de interés en la inversión empresarial.

Además, las inversiones en tecnología digital suelen tener una vida media especialmente corta, precisamente porque el rápido progreso tecnológico vuelve rápidamente obsoletos los equipos y el software. ¿Qué valor tendrán los centros de datos actualmente en construcción dentro de 5 años? ¿Tendrán algún valor dentro de 10 años? Una respuesta realista a estas preguntas seguramente implica que la política de tipos de interés de la Reserva Federal debería tener poco o ningún impacto en las valoraciones de Mag 7 o en la sostenibilidad del auge tecnológico.

Sin embargo, como vimos el lunes, la política de la Reserva Federal y los rumores sobre su futura política pueden afectar en ocasiones los precios de las acciones de IA a corto plazo. Sin embargo, desde una perspectiva económica pura, estos movimientos son más el resultado de la psicología del mercado que de una evaluación objetiva de los rendimientos futuros.

A medida que surgen dudas sobre la IA, cada vez escucho más comentarios sobre que la Reserva Federal puede y debe salvar la industria. Pero la lección de la última gran burbuja tecnológica es que no puede. De hecho, dudo de que la Reserva Federal pueda evitar una recesión más amplia si el auge tecnológico colapsa, pero ese es un tema para una próxima publicación.

Por ahora, mi punto es que si les preocupa una burbuja de IA, no esperen que Jerome Powell o su sucesor designado por Trump —los rumores no son alentadores— vengan al rescate. No pueden.

CODA MUSICAL