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lunes, 10 de agosto de 2026

Cuba: desequilibrios macroeconómicos, la crisis de acumulación de capital y el sector externo.

 

Por Antonio Romero Gómez

Para revertir esta situación se requerirán reformas estructurales de gran alcance en el sistema productivo, el sector empresarial, el marco regulatorio y la estructura de incentivos de Cuba.

Nota del editor:

Mi querido amigo Antonio Romero dejó este trabajo inconcluso. Me había prometido publicar este artículo en Horizonte Cubano , pero su fallecimiento le impidió terminarlo. En su honor, decidí darle los últimos retoques y publicarlo como tributo a su extraordinario talento como economista.

Omar Everleny Pérez Villanueva

1 de agosto de 2026

La economía cubana lleva varios años sumida en una profunda crisis estructural, y los principales indicadores asociados al sector exterior del país se han deteriorado drásticamente.

Todo indica que, en el actual entorno internacional de gran incertidumbre, es probable que se intensifiquen las tendencias negativas inherentes al insostenible modelo de relaciones económicas externas de Cuba.

Varios economistas cubanos han sostenido reiteradamente que, sin un programa de estabilización macroeconómica coherente, eficaz y decidido, y sin profundas reformas estructurales, será imposible alterar el patrón de integración económica externa de Cuba.

Los debates sobre la estabilización macroeconómica generalmente han hecho hincapié en los saldos internos, en particular el déficit fiscal y la inflación. Sin embargo, los programas de estabilización también deben abordar la balanza de pagos, especialmente en economías como la cubana. Por consiguiente, uno de los objetivos fundamentales de la estabilización en la economía cubana debería ser restablecer el equilibrio de las cuentas externas del país.

Al mismo tiempo, cualquier esfuerzo por afrontar el declive económico y el deterioro del sector exterior cubano de los últimos años debe incorporar el concepto de transformación estructural profunda.

Este artículo presenta, a modo de resumen, varias ideas destinadas a vincular las crisis en los sectores económico y externo del país, la necesidad de estabilización macroeconómica, reforma estructural y cambios en el patrón de participación económica internacional de Cuba. 

Indicadores de actividad económica y del sector exterior

En los últimos años, la economía cubana ha seguido una senda regresiva caracterizada por crecientes distorsiones tanto a nivel macroeconómico como microeconómico. Esta trayectoria negativa se ha manifestado en un estancamiento del crecimiento económico durante la última década, incluyendo cuatro años consecutivos de recesión económica entre 2019 y 2024.

Al mismo tiempo, los déficits fiscales han alcanzado niveles insostenibles, y los déficits del sector público se han mantenido en dos dígitos como porcentaje del PIB desde 2020.

Como resultado de esta destructiva combinación de factores —y otros también— el Índice de Precios al Consumidor (IPC) ha aumentado drásticamente desde 2020, produciendo efectos dramáticos en los ingresos y los niveles de consumo de la mayor parte de la población, al tiempo que erosiona gravemente el poder adquisitivo de la moneda nacional.

En resumen, Cuba ha experimentado más de cinco años de estanflación, con todas las consecuencias sociales, políticas e institucionales que inevitablemente conlleva un entorno económico de este tipo.

La imagen presenta una tabla con los principales indicadores económicos de Cuba entre 2014 y 2024. Se observa una fuerte caída del PIB en 2020, una recuperación parcial en 2021 y 2022, y nuevos descensos en 2023 y 2024. La inflación alcanzó su punto máximo en 2021 y disminuyó en los años siguientes, mientras que el saldo fiscal se mantuvo negativo durante todo el período. Los datos provienen del Anuario Estadístico de Cuba de la ONEI.

Un indicador clave que explica en gran medida el estancamiento económico a largo plazo del país, agravado en los últimos años, es la inversión bruta como porcentaje de la producción total. Entre 2014 y 2023, la inversión bruta representó, en promedio, solo el 10,9 por ciento del PIB. 

Este nivel de inversión ni siquiera ha sido suficiente para garantizar la simple reposición del capital. Durante muchos años, el desempeño de la economía cubana no ha logrado siquiera reemplazar el capital consumido o depreciado en el proceso productivo.

En consecuencia, el país carece de la capacidad tanto para expandir su potencial productivo como para evitar la descapitalización progresiva de su infraestructura física y productiva.

Esta es quizás la manifestación más clara de lo que la literatura económica describe como una "crisis de acumulación". Debe entenderse como la naturaleza fundamental de la actual crisis económica cubana y como un concepto esencial para comprender la profundidad de los cambios estructurales necesarios para que el país supere su difícil situación actual.

En última instancia, las crisis de acumulación solo pueden superarse transformando el patrón de acumulación, entendido en su sentido más amplio como cambios fundamentales en la relación entre las fuerzas productivas y el sistema de relaciones sociales de producción.

La continua descapitalización de la infraestructura productiva del país —y, de hecho, de su infraestructura en general— es la raíz del marcado deterioro de la producción, la productividad y la competitividad. Por lo tanto, constituye la principal explicación de las severas limitaciones externas que han afectado repetidamente a la economía cubana.

También es importante destacar que el nivel excepcionalmente bajo de formación bruta de capital fijo de Cuba en las últimas dos décadas ha estado acompañado de otra característica distintiva: la limitada inversión del país se ha concentrado excesivamente en infraestructuras relacionadas con el turismo y el sector inmobiliario, mientras que la agricultura, la industria manufacturera y la innovación han recibido recursos de inversión mínimos.

La crisis de acumulación que ha afectado a la economía cubana durante muchos años —y que define sus condiciones estructurales internas— ha desempeñado un papel decisivo en la configuración, el desarrollo y la consolidación del modelo de integración económica externa de Cuba. En gran medida, explica las características que han definido las relaciones económicas externas de Cuba durante años y que ahora se han acentuado aún más, en particular:

  • Una capacidad muy limitada para sustituir las importaciones por producción nacional y para transformar la producción nacional en bienes exportables.
  • Una voracidad excepcionalmente alta por las importaciones.
  • La incapacidad de aprovechar el acceso preferencial a los principales mercados extranjeros garantizado mediante los acuerdos comerciales y de cooperación existentes.
  • Una marcada pérdida de participación en el comercio mundial, junto con la incapacidad del país para diversificar su estructura exportadora en los últimos años.
  • Episodios recurrentes de graves crisis de liquidez financiera externa, a pesar de los exitosos procesos de renegociación de la deuda que dieron como resultado la cancelación de partes sustanciales de las obligaciones financieras externas acumuladas del país. 
La imagen presenta una tabla con datos sobre el comercio exterior y la cuenta corriente de Cuba entre 2014 y 2023. A partir de 2021, se observa un deterioro en la balanza comercial total, impulsado por el persistente déficit en el comercio de bienes. El superávit en el comercio de servicios disminuye durante este período y no logra compensar completamente dicho déficit. La cuenta corriente también pasa de valores positivos a negativos entre 2020 y 2022.

Para revertir el patrón descrito anteriormente, se requieren transformaciones estructurales radicales que reformulen la estructura productiva del país, la organización empresarial y el sistema de empresas, los mecanismos de asignación de recursos, el sistema de incentivos, la distribución del ingreso y las reglas fundamentales que rigen la economía.

Muchas de estas reformas necesarias ya estaban incorporadas en las Directrices de Política Económica y Social aprobadas —y posteriormente actualizadas— en los últimos tres Congresos del Partido Comunista. Sin embargo, su implementación ha estado muy por debajo de las expectativas, impidiendo que el país supere el estancamiento, corrija las distorsiones, mejore la eficiencia y reduzca las vulnerabilidades externas. 

La imagen presenta una tabla con indicadores de las finanzas externas de Cuba para 2010, 2014, 2021 y 2022. A partir de 2021, se observa un aumento de la deuda externa y una mayor relación deuda/PIB. Al mismo tiempo, disminuyen los flujos de inversión extranjera y las reservas internacionales. La tabla también incluye datos sobre el servicio de la deuda y las remesas recibidas.

Propuestas de políticas a corto plazo

Existen diversas medidas y decisiones políticas que podrían implementarse a muy corto plazo. Estas ayudarían a aliviar algunos de los obstáculos que actualmente impiden una mejora a corto plazo de la posición económica externa del país. Entre las más importantes se encuentran las siguientes:

  • Redefinir las prioridades de inversión para impulsar el desarrollo productivo. Esto crearía las condiciones necesarias para aumentar, a corto y mediano plazo, la sustitución de importaciones —en particular de productos alimenticios— y, a mediano y largo plazo, para expandir las exportaciones. Para ello, sería necesario reorientar la inversión pública, actualmente destinada en gran medida al sector turístico, hacia la agricultura, la industria manufacturera y, sobre todo, la infraestructura energética.

  • Flexibilizar las normativas y procedimientos vigentes que, en la práctica, desalientan las exportaciones y la sustitución de importaciones tanto por parte de empresas estatales como de entidades no estatales (FGNE). Esto requeriría otorgar mayor autonomía a las empresas estatales como parte de una reforma integral del sistema empresarial, a la vez que se reducen los trámites burocráticos, los requisitos de permisos y los costos logísticos y regulatorios asociados que afectan a los proyectos de exportación y sustitución de importaciones emprendidos tanto por el sector no estatal como por las empresas estatales.

  • Considere la posibilidad de implementar una serie de instrumentos de política ampliamente utilizados en los países en desarrollo, no solo para promover las exportaciones, sino también para facilitar los numerosos procesos asociados con el comercio internacional.

    La Ventanilla Única para el Comercio Exterior (VUCE) y la Ventanilla Única para la Inversión Extranjera (VUIEX) son instrumentos de larga trayectoria utilizados en todo el mundo. Sin embargo, en Cuba, aún distan mucho de cumplir con los estándares aceptados de integración, interoperabilidad y emisión automática de licencias, certificaciones y autorizaciones. Siguen presentando deficiencias significativas en tres áreas: a) la arquitectura técnica del sistema; b) su arquitectura de tecnología de la información; y c) el marco de gobernanza bajo el cual operan estos mecanismos. 

  • Es necesario revisar radicalmente y con urgencia la política cambiaria actual. Esto implica transformar la estructura y el funcionamiento del mercado de divisas, el tipo de cambio en sí y el régimen cambiario. Sin tales reformas, es muy improbable que las exportaciones o la sustitución eficiente de importaciones reciban los incentivos necesarios. 

    Estas reformas deben considerarse componentes esenciales de la estabilización macroeconómica y la reforma estructural. A su vez, contribuirían al necesario proceso de desdolarización, sin el cual será sumamente difícil restablecer el nivel mínimo de confianza en la política económica nacional, fundamental tanto para la estabilización como para la reactivación del crecimiento económico. 

  • Aprobar e implementar el marco legal, largamente postergado, que permita de forma transparente a las empresas no estatales establecer negocios con capital extranjero. Al mismo tiempo, es necesario reevaluar el marco regulatorio y las políticas vigentes que rigen la inversión extranjera. Persisten disposiciones restrictivas que no reconocen el alto nivel de riesgo que asumen los inversionistas extranjeros que optan por hacer negocios en Cuba.

  • Fomentar el envío de remesas a los cubanos residentes en la isla, con base en normas flexibles y el pleno respeto a la naturaleza fundamentalmente privada de dichas transferencias, en particular las remesas que puedan estar vinculadas, directa o indirectamente, al desarrollo de empresas productivas. Lograr este objetivo requiere la aprobación del marco legal que rige las asociaciones de capital extranjero que involucran a empresas no estatales.

  • Desarrollar una estrategia integral para renegociar las obligaciones financieras externas acumuladas de Cuba. El país ha vuelto a entrar en cesación de pagos. Esta estrategia debe abarcar todos los componentes incluidos en el concepto de "deuda externa", a saber:

    a. obligaciones con acreedores oficiales, incluido el Club de París, con el que Cuba alcanzó un acuerdo de reestructuración muy favorable en 2015 que incluía la cancelación del 90 por ciento de la deuda pendiente;

    b. obligaciones con acreedores privados, comúnmente conocidas como el Club de Londres;

    c. deuda a corto plazo contraída con proveedores; y

    d. Particularmente importantes en el caso de Cuba, las obligaciones contraídas con los inversionistas extranjeros. 

    Dado que resolver esta situación es fundamental para atraer mayores flujos de inversión extranjera directa, Cuba debería adoptar un mecanismo financiero negociado basado en diversas opciones para cumplir con sus obligaciones acumuladas con los inversionistas extranjeros. Naturalmente, la credibilidad necesaria para llevar a cabo una negociación seria y compleja con los acreedores depende de que las autoridades cubanas demuestren avances tangibles tanto en la estabilización macroeconómica como en la reforma estructural.

Sin tales avances —es decir, sin una hoja de ruta creíble y ampliamente aceptada para cambios radicales en la estructura económica del país— el círculo vicioso actual simplemente se repetirá. En el mejor de los casos, Cuba podría obtener otra ronda de reestructuración de la deuda acompañada de una condonación parcial. Sin embargo, en pocos años, es probable que el país enfrente otra crisis de liquidez externa y una nueva ronda de impagos de sus obligaciones negociadas. 

Conclusiones

La economía cubana atraviesa una profunda crisis estructural caracterizada por el estancamiento económico, una recesión prolongada, déficits fiscales persistentemente elevados y una inflación sostenida. Más de cinco años de estanflación han erosionado significativamente el nivel de vida de la población. 

En el centro de esta crisis se encuentra una crisis de acumulación . Cuba invierte demasiado poco: la inversión bruta ha promediado apenas el 10,9% del PIB, un nivel insuficiente incluso para mantener la infraestructura productiva del país. Como resultado, la economía ha sufrido un prolongado proceso de descapitalización y la consiguiente pérdida de capacidad productiva. 

Esta debilidad interna ha generado, a su vez, un patrón insostenible de relaciones económicas externas , caracterizado por una alta dependencia de las importaciones, una capacidad de exportación limitada, la pérdida de mercados extranjeros y crisis recurrentes de liquidez externa. 

Las políticas y directrices económicas oficiales han resultado insuficientes y solo se han implementado parcialmente . El alto grado de incumplimiento ha impedido que el país corrija las distorsiones estructurales y avance en las reformas necesarias para reactivar el crecimiento. 

La deuda externa ha alcanzado niveles críticos y Cuba ha vuelto a caer en impago . Sin profundas reformas estructurales, el país seguirá inmerso en un ciclo de renegociación de la deuda seguido de nuevos impagos. 

Para revertir esta situación se requieren transformaciones estructurales radicales que afecten al sistema productivo, al sector empresarial, al marco regulatorio y al sistema de incentivos económicos del país. 

Reorientar la inversión hacia los sectores productivos, flexibilizar las regulaciones que rigen las exportaciones, modernizar los sistemas de ventanilla única para el comercio y la inversión, reformar la política cambiaria, permitir que el capital extranjero participe en empresas no estatales, facilitar las remesas productivas y renegociar la deuda externa mediante una estrategia integral son medidas urgentes que ya no se pueden posponer. 

Un hombre con chaqueta oscura y camisa blanca está sentado a una mesa de madera durante una reunión o conferencia. Mira fijamente hacia un lado con expresión seria. Sobre la mesa hay documentos, unas gafas y un teléfono móvil. Al fondo, se aprecia un mural artístico en tonos blancos, negros y marrones.

El economista cubano Antonio Romero Gómez (1961–2025), conocido entre sus colegas y amigos como Tony Romero, falleció en La Habana el 22 de noviembre.

Entre sus obras publicadas se encuentran numerosos estudios y proyectos de investigación sobre economía internacional; relaciones económicas internacionales, con especial énfasis en el comercio internacional, la integración y la cooperación en América Latina y el Caribe; la integración de Cuba en un mundo cada vez más globalizado y la transformación del modelo económico y social cubano.

En Horizonte Cubano , tuvimos el privilegio de contar con él como colaborador y de beneficiarnos tanto de su entusiasmo como de su perspicacia crítica. Por ello, publicamos ahora un artículo que le habíamos encargado, pero que quedó inconcluso debido a su prematura muerte. Gracias al esfuerzo de nuestro equipo editorial, ha sido finalizado.

Que esta publicación sirva como un modesto pero sincero homenaje a Tony, uno de los economistas cubanos más distinguidos de su generación. 

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