Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 23 de junio de 2026

Profesor Chino: ¿Estamos a punto de pasar del capitalismo al socialismo?

 

La sociedad humana se encuentra en otra encrucijada: o bien es arrastrada al abismo por la lógica del capitalismo, o bien avanza hacia una vía socialista…

Zhu Andong, decano de la Facultad de Marxismo de la Universidad de Tsinghua.

El mundo actual está experimentando cambios sin precedentes en un siglo, en los que se entremezclan la agitación y el desorden. El conflicto entre Rusia y Ucrania se prolonga, el conflicto entre Israel y Palestina sigue sin resolverse, Estados Unidos secuestró por la fuerza al presidente venezolano Nicolás Maduro, y Estados Unidos e Israel han lanzado acciones militares contra Irán. La mayoría de las personas están familiarizadas con las estadísticas relevantes sobre la guerra. 

Aunque las cifras varían según las instituciones, todas son profundamente angustiosas. Según datos del año pasado, más de cincuenta países de todo el mundo se vieron envueltos en conflictos armados, con al menos 20.000 personas fallecidas a causa de la guerra cada mes.

Tras regresar a la Casa Blanca para un segundo mandato, Donald Trump llegó incluso a plantear reivindicaciones territoriales sobre Groenlandia y Canadá. Esto ha llevado a algunos observadores a argumentar que no solo el sistema de Yalta se encuentra bajo una grave presión, sino que incluso el propio sistema de Westfalia podría estar entrando en un estado de colapso.

Junto con las políticas que aplicó durante su primer mandato, Trump ha desmantelado activamente muchas de las normas e instituciones que los propios Estados Unidos ayudaron a establecer y que, en conjunto, han servido a los intereses estadounidenses al tiempo que sustentaban el funcionamiento del orden económico y político mundial.

No se puede evitar recordar el famoso pasaje: «Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado».

Así describieron Karl Marx y Friedrich Engels la transición del feudalismo al capitalismo en El Manifiesto Comunista. Las estructuras jerárquicas y fijas que sustentaban la sociedad feudal o bien se disolvieron en la nada o bien fueron despojadas de su carácter sagrado.

Hoy, sin embargo, nos vemos obligados a preguntarnos: ¿están empezando a desmoronarse también las instituciones «jerárquicas», «fijas» y «sagradas» que sustentan la sociedad capitalista? ¿Podemos plantearnos si estamos viviendo una transición del capitalismo al socialismo y al comunismo y, de ser así, en qué etapa de esa transición nos encontramos actualmente?

El informe del XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China afirmaba que el mundo ha entrado en un nuevo período de turbulencias y transformaciones. Mi propia interpretación es que el mundo está experimentando un cambio profundo y un desorden profundo, en los que la agitación y la inestabilidad se alimentan mutuamente. A esta descripción añadiría tres palabras más: una crisis profunda.

El capitalismo global se enfrenta a una crisis sistémica e institucional. Ya no se trata simplemente de una crisis cíclica; cada vez presenta más características estructurales y a largo plazo. La crisis se extiende más allá de la economía y las finanzas para abarcar dimensiones sociales, políticas e incluso culturales.

En El Capital, Marx escribió: «El motivo de la producción capitalista es la obtención de beneficios. El proceso de producción no es más que una etapa intermedia indispensable para ganar dinero, un mal necesario que hay que soportar para ganar dinero. (De ahí que todas las naciones con un modo de producción capitalista se vean periódicamente invadidas por la fantasía de intentar ganar dinero sin la mediación del proceso de producción).»

En el lenguaje actual, llamaríamos a esto el cambio «de la economía real a la economía virtual». La frase entre paréntesis llama naturalmente la atención sobre la naturaleza cíclica del fenómeno. Sin embargo, últimamente me he estado preguntando si también podría apuntar a una transformación estructural o a largo plazo más profunda dentro del propio capitalismo.

En mi opinión, la característica definitoria del capitalismo contemporáneo puede resumirse como el dominio del capital monopolista financiero. Dicho sistema se ha consolidado, como mínimo, en Estados Unidos y se ha extendido también a muchos otros países.

La influencia de los principales bancos de inversión disminuyó en cierta medida tras la crisis financiera de 2008. Hoy en día, los actores más poderosos son las empresas de gestión de activos, entre las que destacan tres gigantes: The Vanguard Group, BlackRock y State Street Corporation.

Tanto Vanguard como BlackRock gestionan cada una más de 10 billones de dólares en activos. Son los mayores accionistas de la inmensa mayoría de las empresas que cotizan en el S&P 500, lo que les confiere influencia en prácticamente todo el panorama empresarial. Entre los cinco mayores accionistas de la mayoría de las empresas del S&P 500, ahora resulta difícil encontrar inversores particulares. Figuras como Jeff Bezos y Elon Musk son raras excepciones; el resto son, en su gran mayoría, instituciones que representan al capital financiero.

Una vez que el capital financiero obtiene el control de las empresas más grandes y estratégicamente importantes, ¿influye en su comportamiento? Hay quien sostiene que estas inversiones son en gran medida pasivas, mantenidas a través de fondos de inversión, fondos indexados o ETF. Pero piénselo: si usted se convirtiera en el mayor accionista de Microsoft, ¿realmente se abstendría de participar en la gestión? Es difícil de imaginar. En realidad, estas instituciones se ven inevitablemente involucradas en el gobierno corporativo y, al hacerlo, moldean el comportamiento de las empresas.

El resultado es que, una vez generados los beneficios, las empresas dan cada vez más prioridad a la recompra de acciones y a los dividendos para los accionistas, en lugar de a la inversión o a la investigación y el desarrollo. Ambas prácticas tienen su origen en la ideología de la «primacía de los accionistas»: la creencia de que una empresa existe, ante todo, para maximizar la rentabilidad a corto plazo de los accionistas. 

Como consecuencia, las empresas que antes se centraban en la fabricación han adoptado una perspectiva cada vez más cortoplacista, prestando cada vez menos atención al desarrollo a largo plazo. Al fin y al cabo, el capital financiero privado suele estar impulsado por la búsqueda de beneficios rápidos y rendimientos desmesurados.

Esto ha tenido una serie de consecuencias. Boeing ofrece un ejemplo especialmente revelador. Como uno de los dos duopolistas mundiales en el mercado de los grandes aviones comerciales, Boeing no debería tener dificultades para conseguir pedidos y mantener la rentabilidad, siempre y cuando evite fallos graves. Sin embargo, ¿cómo es posible que una empresa así acabara fabricando un avión defectuoso como el Boeing 737 MAX?

Es probable que la respuesta sea inseparable de la fusión de Boeing con McDonnell Douglas y del posterior ascenso de antiguos ejecutivos de McDonnell Douglas dentro de la dirección de Boeing. Estos ejecutivos hicieron hincapié en la financiarización de las operaciones corporativas, una estrategia que ya había contribuido al declive de McDonnell Douglas y a su eventual adquisición por parte de Boeing. 

Sin embargo, tras tomar el control de Boeing, continuaron aplicando la misma filosofía de gestión. No podían tolerar la cultura corporativa impulsada por los ingenieros que durante mucho tiempo había definido la sede de Boeing, y finalmente trasladaron la sede de la empresa a Chicago.

Tras la crisis del 737 MAX, Boeing volvió a trasladar su sede, esta vez a Arlington, Virginia. La razón es sencilla: Arlington está cerca del Pentágono, y una parte sustancial del negocio de Boeing depende ahora de los contratos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Desde la década de 1980 —y especialmente desde principios del siglo XXI— las principales economías capitalistas han experimentado una clara tendencia hacia la desindustrialización. 

Si se analiza el valor añadido manufacturero entre las principales naciones industriales del mundo, todas las potencias industriales tradicionales, incluido Estados Unidos, han visto disminuir su cuota en la fabricación mundial. En 2023, China representaba el 31 % del valor añadido de la industria manufacturera mundial, frente a solo el 15 % de Estados Unidos, el 6 % de Japón y el 5 % de Alemania.

Aunque las sucesivas administraciones estadounidenses, a partir de la de Barack Obama, han promovido políticas destinadas a recuperar la industria manufacturera en Estados Unidos, los resultados han sido limitados. Desde el inicio del siglo XXI —y, en particular, desde la crisis financiera de 2008— la producción industrial y manufacturera estadounidense no ha logrado recuperarse hasta alcanzar su máximo de 2007. La capacidad productiva tampoco ha mostrado un gran crecimiento. Personalmente, no descartaría la posibilidad de un descenso precipitado en algún momento del futuro.

Hoy en día, Estados Unidos tiene dificultades incluso con el mantenimiento y la reparación de portaaviones. Esto refleja un conjunto más amplio de problemas estructurales subyacentes.

El estancamiento económico a largo plazo ha venido acompañado de burbujas financieras galopantes y de una carga de deuda cada vez más grave. En promedio, la deuda pública en los países capitalistas asciende ahora a aproximadamente el 120 % del PIB. Esto ha creado un grave desafío: el mero pago de los intereses de la deuda pública se ha convertido en una importante carga fiscal para países como Estados Unidos. De hecho, los pagos de intereses de Estados Unidos por la deuda nacional superan ahora a sus gastos militares.

En el ámbito de la crisis social, los países occidentales, incluido Estados Unidos, están experimentando un flujo incesante de disturbios sociales. El problema principal radica en la creciente desigualdad de riqueza y la distribución de ingresos cada vez más injusta, que han generado una serie de agudas contradicciones. 

En Estados Unidos, la desigualdad de riqueza ha alcanzado un máximo histórico, ya que el 1 % más rico de la población posee ahora más riqueza que el 60 % de la clase media en su conjunto. Además, cuestiones como la inmigración ilegal, los refugiados, la religión y la raza están cada vez más entrelazadas. Es probable que estos problemas empujen a las sociedades occidentales hacia una crisis aún más profunda en el futuro.

Los países occidentales también se encuentran, en general, atrapados en una crisis política: polarización política, conflicto partidista constante y un continuo declive de la capacidad de gobernanza, hasta el punto de que incluso acciones como las retiradas militares se gestionan de forma deficiente. 

Durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, el bombardeo de los gasoductos Nord Stream reveló aún más que Estados Unidos, como potencia hegemónica, ya no está dispuesto a tener en cuenta los intereses de sus aliados. Esto refleja una mentalidad de «los aliados están para ser sacrificados» y «mejor ellos que nosotros». ¿Indica esto que las contradicciones internas ya se han vuelto tan graves que los intereses de los aliados ya no pueden ser atendidos?

Quizás aún más trascendental sea una crisis cultural. En la actualidad, las ideas, conceptos y teorías dominantes en las sociedades occidentales no son capaces ni de explicar la difícil situación actual ni de ofrecer soluciones viables. Echando la vista atrás a la historia, la propia China experimentó una crisis cultural tras la Revolución de 1911. ¿Ha caído ahora Occidente en una situación similar? Una vez que una sociedad entra en una crisis cultural, puede tardar entre treinta y cincuenta años, o incluso un siglo, en recuperarse.

Desde la década de 1980, el neoliberalismo —promovido por Estados Unidos— se ha extendido por todo el mundo. Sin embargo, tras 2008 se ha vuelto insostenible y ha dado paso al populismo, especialmente al populismo de derecha, con figuras como Donald Trump y Narendra Modi como ejemplos representativos. Sin embargo, el populismo tampoco logra resolver estos problemas, ya que ninguna fuerza política se atreve a perjudicar los intereses del capital monopolista financiero. 

En tales condiciones, Occidente necesita urgentemente una reforma, pero esta resulta imposible. ¿Quién se atrevería a desafiar a Wall Street? Quienes lo hagan podrían, en el mejor de los casos, enfrentarse a un proceso de destitución.

Occidente se encuentra ahora atrapado en un dilema: «la reforma es necesaria, pero imposible de lograr». Como resultado, todo tipo de contradicciones seguirán inevitablemente profundizándose, intensificándose y entrelazándose. La probabilidad de que los países occidentales continúen desplazándose hacia la derecha es extremadamente alta. 

De hecho, en algunos países, la influencia de políticos y partidos con tendencias fascistas o militaristas está aumentando de forma constante. Existe la preocupación de que dichas fuerzas sigan expandiéndose y, finalmente, lleguen al gobierno en varios países importantes. Si esto llegara a suceder, la humanidad podría enfrentarse a consecuencias catastróficas.

En este contexto, el auge de China adquiere una profunda relevancia mundial. La teoría, la trayectoria, el sistema y la cultura del socialismo con características chinas han cobrado una importancia capital para el desarrollo futuro de la humanidad.

En resumen, la sociedad humana se encuentra en otra encrucijada: o bien es arrastrada al abismo por la lógica del capitalismo, o bien avanza hacia una vía socialista y forja un nuevo camino a seguir, trayendo esperanza para el futuro de la humanidad.

Nuevas Sanciones contra la red de generación de ingresos del régimen cubano. Comentario HHC

Traducción cortesía del Departamento de Estado de los Estados Unidos



DEPARTAMENTO DE ESTADO DE EE. UU.
DECLARACIÓN DE PRENSA
MARCO RUBIO, SECRETARIO DE ESTADO
23 DE JUNIO DE 2026

Hoy designo a cinco entidades cubanas que generan ingresos para el régimen cubano, entre ellas tres asociadas con el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), previamente designado, y a un miembro lejano de la familia Castro, de conformidad con la orden ejecutiva (O.E.) 14404 del presidente Trump de 1 de mayo de 2026, “Imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.

GAESA sigue operando como el organismo financiero detrás del aparato de seguridad represivo del régimen cubano. Dos de las entidades designadas hoy son instituciones financieras vinculadas a GAESA y asociadas con el movimiento de dinero en nombre del régimen, y una es una empresa de logística vinculada a GAESA que ejecuta las licitaciones del régimen en toda la isla. Asimismo, designo a dos entidades adicionales que generan ingresos para Cuba mediante la explotación de las reservas minerales y metálicas de la isla, incluida la empresa estatal cubana GeoMinera. Por último, designo a la esposa de Alejandro Castro Espín, que él mismo fue previamente designado de conformidad con la orden ejecutiva 14404. Estas entidades y actores financian, facilitan o se benefician de las actividades malignas del régimen, tanto en Cuba como en todo nuestro hemisferio.

Las acciones del Departamento de Estado se llevan a cabo en virtud de la orden ejecutiva (O. E.) 14404, la cual autoriza sanciones a Cuba, e incluye personas que apoyan al aparato de seguridad del régimen cubano y a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos. Estas acciones implementan también tanto la O. E. 14380, “Sobre las amenazas a los Estados Unidos por parte del Gobierno de Cuba” como el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional 5 (NSPM-5), el cual instruye a la rama ejecutiva a mejorar los derechos humanos, impulsar el Estado de derecho, fomentar los mercados libres y la libre empresa, y promover la democracia en Cuba. Para más información sobre las acciones de hoy, favor de leer la hoja informativa del Departamento de Estado.

(Todos los enlaces en inglés)

 

Para ver el texto original, ir a: https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/06/further-sanctions-on-the-cuban-regimes-revenue-generation-network/

Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.


DEPARTAMENTO DE ESTADO DE EE. UU.
HOJA INFORMATIVA
OFICINA DEL PORTAVOZ
23 DE JUNIO DE 2026

Hoy el Departamento de Estado designa a cinco entidades y a una persona con la finalidad de impulsar el esfuerzo integral de la Administración Trump para poner fin a las actividades malignas del régimen cubano, tanto en Cuba como en todo nuestro hemisferio.

Todos los objetivos del Departamento de Estado sancionados hoy han sido designados de conformidad con la orden ejecutiva (O.E.) 14404, que autoriza sanciones contra personas que se ha determinado cumplen con criterios específicos relacionados con la represión en Cuba y con otras amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. 

Entidades afiliadas al Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), previamente designado

Las siguientes entidades asociadas con GAESA de Cuba son designadas para restringir aún más la capacidad del régimen de mover dinero y materiales en detrimento de la seguridad nacional de Estados Unidos y del bienestar del pueblo cubano:

  • ALMACENES UNIVERSALES S.A. (AUSA) es designada de conformidad con la sección 2(a)(i)(B) de la orden ejecutiva 14404 por ser propiedad de, estar controlada o dirigida por, o haber actuado o pretendido actuar en nombre del Gobierno de Cuba o de cualquier persona cuyos bienes o intereses en bienes estén bloqueados en virtud de dicha orden, ya sea de forma directa o indirecta. AUSA, subsidiaria de GAESA, es una empresa cubana de logística y almacenamiento especializada en servicios de almacenaje, manejo y transporte, incluidas actividades portuarias. AUSA controla el tráfico de contenedores en la Zona Especial de Desarrollo del puerto de Mariel. GAESA fue designada el 7 de mayo de 2026 conforme la orden ejecutiva 14404.
  • RAFIN S.A. (RAFIN) es designada de conformidad con la sección 2(a)(i)(A) de la orden ejecutiva 14404 por operar o haber operado en el sector de servicios financieros de la economía cubana. RAFIN opera como un componente clave de la gestión financiera del conglomerado GAESA.
  • BANCO FINANCIERO INTERNACIONAL, S.A. (BFI) es designado de conformidad con la sección 2(a)(i)(A) de la orden ejecutiva 14404 por operar o haber operado en el sector de servicios financieros de la economía cubana. El BFI es una institución bancaria comercial absorbida por GAESA en 2016 que gestiona la gran mayoría de las transacciones que involucran a entidades extranjeras que operan hacia y desde Cuba.

Entidades involucradas en la explotación del sector de metales y minería de Cuba

Las siguientes entidades son designadas de conformidad con la sección 2(a)(i)(A) de la orden ejecutiva 14404 por operar o haber operado en el sector de metales y minería de la economía cubana:

  • GEOMINERA, S.A., es una empresa estatal bajo la jurisdicción del Ministerio de Energía y Minas del gobierno cubano, que aprovecha la inversión extranjera de la empresa Antilles Gold, con sede en Australia, así como de otras empresas para gestionar los activos de minerales metálicos sin níquel de Cuba. GEOMINERA, S.A. gestiona Minera La Victoria S.A., que fue designada de conformidad con la orden ejecutiva 14404 el 4 de junio de 2026.
  • EMPRESA SIDERÚRGICA JOSÉ MARTÍ (Antillana de Acero), es el mayor productor de acero bruto de Cuba y recientemente fue objeto de una modernización y expansión en colaboración con entidades rusas.

Designaciones continuadas de funcionarios del régimen cubano y sus redes

Para continuar restringiendo la capacidad de las élites alineadas con el régimen cubano de beneficiarse mientras el pueblo de a pie sufre, ANNALIE LILLIAM RUEDA CARDERO es designada de conformidad con la sección 2(a)(i)(I) de la orden ejecutiva 14404 por ser un familiar adulto de ALEJANDRO CASTRO ESPÍN, que fue designado en virtud de la orden ejecutiva 14404 el 4 de junio de 2026. ALEJANDRO CASTRO ESPÍN es el exjefe de los servicios de inteligencia cubanos e hijo de Raúl Modesto Castro Ruz.

IMPLICACIONES DE LAS SANCIONES

Como resultado de las acciones de hoy relacionadas con las sanciones, y en virtud de la orden ejecutiva 14404 de 1 de mayo de 2026, “Imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, todas las propiedades e intereses en poder de las personas designadas descritas anteriormente que se encuentren en Estados Unidos o en posesión o control de personas estadounidenses, están bloqueadas y deben ser reportadas a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro. Además, cualquier entidad que sea propiedad, directa o indirectamente, individualmente o en un 50 por ciento o más por ellas o con otras personas bloqueadas, también están bloqueadas.

Se prohíben todas las transacciones realizadas por personas estadounidenses, dentro de Estados Unidos (o en tránsito), que impliquen cualquier propiedad o interés en propiedades de las personas designadas o bloqueadas de algún modo a menos que esté autorizada por una licencia general o específica emitida por la OFAC, o que esté exento. Las prohibiciones incluyen la realización de cualquier contribución o provisión de fondos, bienes o servicios por, para o en beneficio de cualquier persona bloqueada, o la recepción de cualquier contribución o provisión de fondos, bienes o servicios de cualquiera de estas personas. Las personas extranjeras que participen en transacciones con personas designadas en virtud de la O. E. 14404, o que operen en los sectores de energía, defensa y material relacionado, metalúrgico y minería, servicios financieros, o el sector de seguridad de la economía cubana, como se identifican en la O. E. 14404, se arriesgan a ser objeto de sanciones. Las personas no estadounidenses, incluyendo instituciones financieras extranjeras, deben proceder con precaución respecto a cualquier operación con una parte sancionada bajo esta autoridad. Las acciones para devolver activos a una parte sancionada o transferirlos a otra jurisdicción para posible uso por el sujeto podrían exponer a las personas no estadounidenses a un riesgo significativo de ser sancionadas. Toda propiedad o interés en propiedad de personas que estén bloqueadas en virtud de la reglamentaciones de control de activos cubanos (CACR) continúa estando bloqueada. La CACR prohíbe a personas sujetas a la jurisdicción de Estados Unidos hacer transacciones con propiedades en las que Cuba o un nacional cubano tenga intereses a no ser que esté autorizada o exenta.

El poder y la integridad de las sanciones del Gobierno de Estados Unidos derivan no solo de la capacidad del Gobierno de Estados Unidos para designar y agregar personas a la Lista de Nacionales Especialmente Designados y Personas Bloqueadas (Lista SDN), sino también de su voluntad para eliminar a personas de la Lista SDN de conformidad con la ley. El objetivo final de las sanciones no es castigar, sino provocar un cambio positivo en el comportamiento.

Las solicitudes de exclusión de la Lista SDN pueden enviarse a: OFAC.Reconsideration@treasury.gov. Los solicitantes también pueden consultar la página de información del Departamento de Estado para conocer las condiciones para ser eliminado de la lista (Delisting Guidance, en inglés).


Comentario HHC: Esta gente se creen dueños del mundo, para sancionar a diestras y siniestras a todo el mundo y según su antojo.   No olvidemos las principales violaciones, que se presenta como si fuera legal.

La decisión del Departamento de Estado de EE. UU. de designar nuevas entidades cubanas, aunque se basa en la orden ejecutiva 14404, ha sido ampliamente considerada por la comunidad internacional y expertos como una violación de varias normas fundamentales del derecho internacional.

El genocidio que practica EEUU contra el pueblo de Cuba, ademas de ilegal es un crimen de lesa humanidad, al cual no tiene derecho alguno. 

Seria importante que nuestros juristas en base a las normas vigentes del derecho cubano y el derecho internacional tipifique y publique las violaciones que en este sentido  se estan cometiendo de parte del Gobierno de EEUU.  

Según el análisis de expertos, las principales violaciones se pueden resumir de la siguiente manera:

1. Violación de la Carta de las Naciones Unidas y Principio de No Intervención

La base legal de estas acciones, la Orden Ejecutiva 14380 que declara una "emergencia nacional", ha sido calificada como una "grave violación del derecho internacional" y una interferencia directa en los asuntos internos de Cuba. El argumento es que el derecho internacional, consagrado en la Carta de la ONU, prohíbe a un Estado imponer medidas coercitivas unilaterales contra otro, especialmente con el objetivo explícito de forzar un cambio de régimen, como ha sido declarado abiertamente por funcionarios de la administración Trump.

2. Extraterritorialidad de las Sanciones

La decisión, en particular la Orden Ejecutiva 14404 que establece sanciones secundarias, es un claro ejemplo de extraterritorialidad. Esta medida amenaza con sancionar a empresas e instituciones financieras de terceros países (como las mencionadas en los resultados de búsqueda: Meliá, Iberostar, Banco Sabadell) que mantengan relaciones comerciales con las entidades cubanas designadas. Esto viola la soberanía de otras naciones al pretender que EE. UU. controle el comercio legítimo entre Estados soberanos, un acto que expertos califican de "interferencia flagrante" y contrario al derecho internacional.

3. Conflicto con Resoluciones de la Asamblea General de la ONU

La comunidad internacional ha rechazado sistemáticamente el bloqueo de EE. UU. contra Cuba. La Asamblea General de la ONU ha aprobado cada año, por una abrumadora mayoría (recientemente 165-7-12), una resolución que condena el embargo y pide su fin. Estas acciones unilaterales y su intensificación, como las sanciones secundarias, contradicen directamente el sentir mayoritario de la comunidad internacional y socavan el multilateralismo.

4. Violación de Derechos Humanos y el Derecho Humanitario

Expertos en derechos humanos de la ONU han señalado que el bloqueo, exacerbado por estas nuevas sanciones, constituye un castigo colectivo contra la población civil cubana, lo que es una violación grave del derecho internacional humanitario. Las medidas han provocado una grave crisis energética, con apagones de hasta 20 horas, escasez de combustible, medicinas y alimentos, afectando el derecho a la salud, la alimentación y una vida digna de millones de personas.

En resumen, la decisión del Departamento de Estado es vista como parte de una estrategia de "máxima presión" que, lejos de basarse en el derecho internacional, lo transgrede en múltiples aspectos al imponer medidas coercitivas unilaterales de carácter extraterritorial que buscan asfixiar económicamente a la isla y causar un daño humanitario a su población, todo ello con el objetivo político de forzar un cambio de gobierno.

¿Ahora sí? La transición pospuesta



¿Cuáles deben ser las políticas prioritarias para salir de la crisis? Responden los economistas Juan Triana, Omar Everleny y Julio Carranza.




Cualquier cubano que haya estado despierto desde 1993-94 sabe que el socialismo ya no fue en lo adelante lo que solía ser.

Después de la implosión de los socialismos en Europa del Este y el desmantelamiento de la Unión Soviética, las cosas en Cuba cambiaron de golpe. La admisión del mercado, del sector privado, la legalización del dólar, la redistribución en usufructo de la mayor parte de las tierras estatales, la apertura a la inversión extranjera, crearon no solo una nueva economía y una nueva relación con el mundo, sino otras mentalidades sobre el socialismo como sistema, incluida su reversibilidad.

Estas políticas inicialmente se justificaban como el enfrentamiento a la crisis denominada “Periodo especial en tiempo de paz”, o al menos así se proyectaron entonces. De manera que, a medida que la crisis se fue aliviando o así pareció (por un tiempo), su continuidad y profundización se hicieron más lentas; y aunque sus consecuencias en el plano ideológico (¿qué socialismo va a ser este?), y sobre todo su impacto en las desigualdades sociales y la pobreza, se fueron extendiendo.

Las políticas que igualaban a las distintas clases y grupos sociales en la Cuba anterior, tales como una estructura salarial muy acotada, canasta básica subsidiada mediante cartilla de racionamiento (la “libreta de abastecimientos”), control de precios, gratuidades y subsidios de todo tipo, se fueron desvaneciendo, formalmente o de facto, a medida que el salario y el ingreso divergían, que el acceso a divisas alteraba la relación establecida entre salarios y capacitación, que los niveles de producción no se recuperaban.

A pesar de la supuesta temporalidad de la crisis, Cuba no volvió nunca al nivel de bienestar y visión de futuro que había existido, sobre todo en la década anterior al Periodo especial.

Más de una década después de aquellas medidas —aprobadas e implementadas bajo la dirección de Fidel—, un documento titulado Lineamientos económicos y sociales fue discutido públicamente en una consulta masiva, y adoptado oficialmente en el VI Congreso del PCC (2011). Cinco años después, apenas el 23 % de sus políticas acordadas se habían cumplido.

En 2018, la consulta sobre una muy amplia reforma constitucional arrojó resultados inesperados. Entre ellos, que los temas más polémicos del nuevo texto no eran precisamente los cambios radicales en la diversificación de la propiedad sobre medios de producción, la extensión del mercado, el acceso del capital privado a sectores como la agricultura y los servicios (incluidos los sectores nacionalizados en 1960).

O sea, que estas transformaciones no suscitaban oposición, a pesar de su alcance fundamental. La nueva Constitución, aprobada por mayoría abrumadora en 2019, ponía la equidad —en vez de la igualdad— por delante y se preocupaba por la concentración del ingreso, pero no la proscribía.

Desde principios de los 90 hasta hoy, cada vez más expertos, dentro y fuera de nuestras instituciones, han venido haciendo propuestas encaminadas a constituir un programa de reformas que rebasara el alcance de un paquete de medidas anticrisis.

Aunque ninguno había propuesto nunca políticas como las que marcaron el desmantelamiento del socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética, no pocos de ellos fueron calificados como emisarios del capitalismo.

A pesar de las diferencias introducidas en los documentos emitidos en los últimos 30 años acerca de la naturaleza del socialismo cubano, este recelo hacia cualquier propuesta de reforma se ha mantenido vivo hasta nuestros días.

A raíz de la intervención de Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero, se me ocurrió encuestar a un grupo de economistas y analistas políticos en torno a la pregunta: ¿Cuáles deben ser las políticas prioritarias, coherentes con una estrategia para salir de la crisis y que se hagan cargo de la complejidad del momento?

Según algunos lectores que me lo dijeron por lo claro, las respuestas de mis encuestados resultaban “excesivas” (neoliberales): Cuba ante Estados Unidos: lecciones y antilecciones de la intervención en Venezuela – OnCuba.

Ahora que la Asamblea Nacional (ANPP) acaba de aprobar un programa de transformaciones que rebasa con mucho, por su radicalidad y amplitud, lo que cualquiera de estos expertos propuso nunca, sin embargo, la visión que identifica las reformas con el virus del capitalismo sigue ahí.

Si uno lee, por ejemplo, las narrativas de medios extranjeros, supuestamente bien informados sobre lo que está pasando aquí y ahora, podrá comprobar que identifican las recientes transformaciones con concesiones al capitalismo, que reflejan la quiebra definitiva del socialismo. Exactamente como los fundamentalistas vernáculos. Y como si entre estas transformaciones y el derrumbe del Muro de Berlín no hubiera cambiado nada en Cuba.

En busca de luz sobre la compleja red de interrogantes que se derivan de las 176 medidas debatidas en la ANPP, decidí sometérselas a tres economistas, pioneros, que las anticiparon en escritos y conferencias, y a quienes conozco bien por su manera de pensar, persistencia y compromiso: Juan Triana Cordoví (JTC), Omar Everleny Pérez-Villanueva (OEP) y Julio Carranza (JCV).

Les agradezco a ellos por responder a mis preguntas de cabeza múltiple, y también por contestarme en un tiempo récord.


Rafael Hernández, Juan Triana, Omar Everleny y Julio Carranza.


Según algunos economistas, el eje de las reformas es o debería ser la extensión del sector privado, en todas aquellas actividades donde pudiera desarrollarse con mayor eficiencia que el estatal o el público. ¿Va a ser o debería ser así en la política económica que se avecina? ¿No implicaría, en el mediano plazo, que el sector privado se tragara al público?

JTC: No hay un solo eje en las reformas, sino al menos dos o tres grandes ejes. Uno de ellos, la expansión del sector privado y su papel en la economía. El otro, la reforma de la empresa estatal, aplazada tantas veces.

No creo que el sector privado pueda tragarse al público. Todavía este es muy grande, y hay realmente ahí un negocio poderoso; costaría mucho trabajo al sector privado poder desplazarlo, siendo todavía un sector naciente.

OEP: El sector privado debe jugar un papel esencial en la política económica que se avecina. No porque sea privado, sino porque el problema de Cuba, más que financiero, es de oferta de bienes y servicios. Y el Estado en estos momentos no cuenta con recursos financieros para producir lo que puede desarrollar el sector privado.

No creo que vaya a tragarse al sector público. Cada uno tiene su espacio.

Lo primero que hay que definir como estrategia es cuál será el tamaño de ese sector público. La energía, la producción de acero, todo ese tipo de producciones que necesitan un gran capital solo las puede garantizar el Estado.

Pero en el comercio minorista, la alimentación, los servicios personales, hay un área muy grande que puede cubrir el sector privado.

En el pasado, el sector público, por diferentes motivos, ha sido ineficiente. El Estado le ha quitado recursos que produce la empresa estatal socialista. Y esas reglas tienen que cambiar.

JCV: Una cuestión fundamental del actual planteamiento es darle a todo el sistema empresarial el reconocimiento y las facultades que debe tener para operar, sean estatales, cooperativas, privadas y mixtas, nacionales o extranjeras; todas integradas a los mercados regulados por el Estado, y en el caso de las empresas estatales, bajo una planificación estratégica y financiera, no una burocrática y administrativa como la que ha existido hasta hoy.

Los prejuicios con el sector privado se deben superar y darle el lugar que le corresponde. El sector privado y el cooperativo han de jugar un papel importante e imprescindible; sus intereses deben ser reconocidos y tener representaciones, pero de ninguna manera imponer esos intereses individuales o empresariales, por legítimos que sean y lo son, por encima de los intereses generales y mayoritarios del pueblo y la nación.

Claro que los medios de producción fundamentales, estratégicos, deben continuar bajo propiedad social con protección legal y también deben mantenerse y desarrollarse todas las empresas públicas que sean eficientes.

El sector estatal que salga de aquí ha de ser eficiente y competitivo. Eso no excluye la existencia de determinadas actividades que por definición son deficitarias y, dada su función, han de mantenerse bajo el subsidio del presupuesto del Estado, pero deben ser pocas y plenamente justificadas.

También han de mantenerse bajo régimen estatal y con la asignación de recursos necesarios a sectores fundamentales como la educación y la salud, aun cuando algunas actividades específicas de estos sectores pasen a formas privadas, como de hecho ya sucede con algunos comercios de medicinas y servicios de óptica y dentales, donde la participación ha de ser mixta.

Estas medidas van a acentuar diferencias sociales, pero estas deben estar reguladas y acompañarse de una política fiscal progresiva y rigurosa. Que las diferencias de ingresos sean resultado de la eficiencia y el trabajo y no de la corrupción y actividades espurias, las políticas sociales deben también reforzarse para apoyar a una población fatigada y hoy empobrecida. Se debe mantener el principio de que nadie quede abandonado.

Hay que impedir privatizaciones perversas y sin licitaciones que respondan a intereses de grupos particulares, muchos de ellos provenientes de la antigua burocracia. Ya vimos lo que sucedió en Europa del Este.

Esos peligros están activados, pero la manera de preverlos y controlarlos también debe activarse. Su esencia es la participación y el poder político de la población, mediante una actuación adecuada de las instancias del poder popular y de los órganos de control de la república, las instituciones políticas y sociales, en primer lugar, el Partido. Pero para cumplir adecuadamente ese papel, ellas mismas deben reformarse, el Partido incluido, y por el lado estatal, en lugar primordial, la Contraloría General, cuya función debe incluir a todos los sectores de la economía, sin exclusiones injustificadas.

Las instituciones democráticas del país, en primer lugar el parlamento, deben tener una voz activa y diversa, expresión de lo que ya hoy es y será la sociedad cubana.

Un sector público eficiente, con autonomía real para planear, decidir lo que produce, redistribuir ganancias entre sus trabajadores y hacer que participen en las decisiones, operar en el mercado cambiario, establecer acuerdos con otras empresas, sean públicas o privadas, nacionales o extranjeras, parece un animal muy diferente al actual. ¿Es posible esa metamorfosis? ¿Qué debería ocurrir para que esa transformación tuviera lugar? ¿En qué plazo?

JTC: La transformación de la empresa estatal tiene que ser profunda y grande. No se puede aspirar a que ocurra en un plazo corto. Pero esa metamorfosis, como tú la llamas, puede ocurrir porque, aunque a veces se desconoce, tenemos empresarios muy capaces, que no han dejado desarrollarse como empresarios de verdad.

Esa transformación va a tener lugar no solo por acciones directas hacia la manera en que se gestiona la empresa estatal, sino también por acciones indirectas. Una parte de las políticas que se están discutiendo y se aprobaron hoy obligan a esa metamorfosis: participar en el mercado cambiario, poder tener relaciones mucho más fluidas con empresas extranjeras, exportar e importar libremente; todo eso obliga al cambio de ese sector.

¿Qué más debería ocurrir? Dejar que los empresarios se pongan las pilas o no quitarles las pilas cuando ya las tienen puestas, que es también lo que ha pasado.

Es muy difícil poner un plazo. Ahí hay un proceso de aprendizaje, que exige desvestirse, desaprender, volver a vestirse y volver a aprender. Para ese proceso no me atrevo a poner un plazo, pero no debe ser corto, o sea, no ocurrirá en seis meses. Aunque hay empresas cubanas que empezaron a trabajar con empresas extranjeras y se fueron transformando rápido, siempre es un proceso complicado, pues desaprender y volver a aprender otra vez es relativamente complejo.

OEP: Va a haber diferentes etapas de la reforma. Una etapa en los dos primeros años, que algunos economistas hemos planteado identificar como de estabilización. Después, una etapa de cambios estructurales, entre dos a cinco años, que es donde realmente se hagan cambios más profundos.

En los dos primeros años, hay que concentrarse en tres temas vitales: energía, alimentación e infraestructura. Porque hay problemas críticos para la población cubana, como el del agua, la recogida de los desechos sólidos y otros servicios públicos que hay que recuperar.

Para después definir qué sectores, qué áreas son los que vamos a priorizar.

Yo sigo viendo el turismo como importante. Y la posibilidad de que empiecen a haber agentes turísticos, turoperadores privados, da cierta garantía de que se puede recuperar ese sector. Por ejemplo, si un hotel no tan grande, de 30 o 40 habitaciones, hostales, moteles, se le puede dar en administración a un privado, ¿por qué no dárselo, si ya lo tienen extranjeros?

El gobierno tiene un plan muy concreto y ha sido muy hábil, muy pragmático, en los últimos días, para plantear cosas que en otro momento no hubiera pensado.

Hay que pasar a CADECAs (casas de cambio) privadas, pues de todas maneras se cambia en la calle y ese es un dinero que no accede al Estado. ¿Por qué no poner CADECAs privadas y cobrar un impuesto por operaciones?

Otro paso importante es eliminar el monopolio del comercio exterior, de manera que todas las formas de propiedad puedan importar y exportar directamente. Si alguien lo quiere hacer a través de una empresa estatal con experiencia, que lo haga. Pero que no sea obligatorio. Así como eliminar las agencias empleadoras, que han sido una traba para los inversionistas extranjeros. Y sobre todo, trabajar el problema de la deuda externa. Si no destrabas la deuda, seguirá faltando el financiamiento.

Un sector público eficiente es aquel sector que se concentra en determinadas entidades, que para ser eficientes requieren una ley de empresas que las iguale a todas en las mismas condiciones. De manera que el sector estatal participe en el mercado cambiario, retenga parte de sus utilidades para recuperar la producción y la descapitalización que sufre.

Con las reglas aplicadas hasta ahora, no puede garantizar determinados bienes y servicios. ¡Claro que no! Pues si una empresa estatal tiene utilidades, pero después el Estado las recoge para un “bien común” —como producir determinadas cosas para toda la población—, eso puede justificarse así, pero se afecta la capacidad de la empresa como tal.

En un mediano plazo, habría que darles las mismas posibilidades que ha tenido el sector más dinámico de la economía hasta este momento, y que es el mayor importador de alimentos en Cuba ahora mismo (y las cifras lo avalan). La utilización de las remesas, para decidir dónde comprar y a qué precios, no la tiene el sector público o estatal.

La autonomía tiene que ser real. El camino que se avecina, yo creo que sí va a incluir una mejoría de las condiciones de competencia.

JCV: La situación actual tiene urgencias que hay que atender de manera prioritaria y también la necesidad de una transformación integral y profunda del modelo económico. Planos interdependientes, pero que no deben confundirse.

La respuesta inmediata a las urgencias está determinada por los problemas fundamentales que afectan hoy a la población: energía, alimentación, agua, salud, higiene pública, movilidad, etc. Esa respuesta también supone contar con más recursos externos, de ahí que el problema de la deuda y el acceso a créditos, inversión, etc., sea también una prioridad. En las medidas propuestas están incluidas las formas para responder a esas urgencias.

Lo otro es la transformación integral del modelo económico. Ese es un proceso necesariamente más lento, aunque se debe acelerar lo más posible, que ha de comenzar con el restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos: déficit fiscal, inflación, déficits externos, etc. Ese proceso lleva más tiempo, pues es mucho lo que hay que transformar.

Es preciso definir etapas, áreas de acción, objetivos generales y parciales, indicadores, etc.; y sobre todo tener un horizonte estratégico claro y la capacidad política para corregir las desviaciones que inevitablemente habrán de aparecer. De lo contrario, se podría llegar a un triste destino no deseado y quizás ya sin recuperación posible. Sobre todo esto hemos escrito y propuesto en extenso desde nuestro libro de 1995 y con otros muchos textos posteriores con las actualizaciones correspondientes.

Hoy la política es más importante que nunca, aunque haya quienes piensen lo contrario, no para trabar ni para detener el proceso de reforma, sino para conducirlo por la ruta que debe marchar, respondiendo siempre a los intereses de la nación y no a espurios intereses sectoriales y de grupo, mucho menos a las presiones imperialistas. En eso hay un desafío fundamental. En un reciente artículo utilicé una expresión: que sean las ideas y no los hechos incontrolados las fuerzas conductoras de este proceso.

Uno de los rasgos del nuevo socialismo, tal como se retrata en la nueva Constitución, es la descentralización, en particular, la entrega de poderes a los niveles locales. Aunque seguimos sin una ley que se los haya otorgado al cabo de siete años de esa definición constitucional, ahora se enfatiza la descentralización y el papel estratégico de los municipios. ¿Están preparados los gobiernos locales para esa autonomía? ¿Para ser capaces de administrar sus recursos, gestionar inversiones internas y externas, diseñar políticas fiscales y de empleo, controlar servicios básicos y adaptar las políticas sociales a sus necesidades…? ¿Qué debería ocurrir para que los gobiernos locales asumieran plenamente ese papel? ¿Qué peligros se corren al descentralizar?

JTC: Si están preparados los gobiernos locales para la autonomía que se les concede, creo que no lo están. Es así de escueta mi respuesta.

En cuanto a qué debería ocurrir para que lleguen a estarlo, algo que está ocurriendo es que le están concediendo ya esos espacios, determinados derechos y obligaciones. Lo otro que debe ocurrir es que ellos tendrán que formar personal adecuado para eso.

Si uno revisa hoy a los gobiernos locales, no solo son pobrecitos porque estén en un territorio pobrecito, sino porque el personal que tienen para trabajar probablemente no sea el más adecuado, aunque, por cierto, sí pueda ser el más entregado.

Peligros que se corren al descentralizar, hay muchos, desde una interpretación errónea de las políticas nacionales hasta aquellos que están asociados a hechos de corrupción, sin lugar a dudas.

No me atrevo a enumerarlos todos porque a cada rato sale uno nuevo. Pero disponer de esa capacidad para interpretar las políticas nacionales y adecuarlas a sus necesidades, y para generar políticas propias, tiene como un componente la toma de riesgo y la posibilidad, sin dudas, de equivocarse.

Yo prefiero correr ese peligro en vez de quedarme sin hacer nada.

OEP: Una de las deficiencias que afectan a los niveles locales, y también a los centrales, es la falta de preparación de los cuadros. A veces se pone a ocupar un cargo a una persona que no está preparada o que no es el profesional que se necesita. Y para lo que se avecina, los gobiernos locales deberían tener una mayor preparación, y que se les dieran las prerrogativas de las que carecen, y se anuncian, pero en la práctica no se les otorgan. De la mano de la autonomía local deben ir la preparación y los estímulos necesarios para que los dirigentes sean capaces de administrar recursos a ese nivel.

Si se paga un salario bajo, no estimulante, no va a haber personas dispuestas a dirigir en los municipios. Antes de asumir cargos, digamos, en la educación municipal, estarán más interesadas en hacerlo en un negocio privado, donde pueden ganar diez veces más. Todos esos desajustes deben corregirse. Pero yo sí creo en los poderes locales, en lo cual hay que trabajar intensamente para lo que se avecina.

Sí hay peligros al descentralizar, efectivamente, pero hay que asumirlos. Porque antes las medidas centrales se daban en un contexto donde el Estado podía administrar recursos. Hoy no los tiene, ni los va a tener en los próximos años, porque hoy estamos solos. Solos significa que no tendremos el crédito necesario para distribuir, ni los amigos que necesitamos, porque los hemos perdido por la mala gestión en administrarlos.

Si un amigo te entrega, digamos, una serie de vehículos, de ómnibus para tu transporte público, y tú no se los pagas, él no te dará las piezas de repuesto de esos ómnibus. Así hemos tratado a los amigos que nos han ayudado vendiéndonos, con períodos cortos de pago, pero con tasas de interés muy bajas, y nos han permitido pagarles con productos, digamos, níquel, como China, a quien dejamos de enviarle níquel porque no lo producimos.

Todo eso hay que corregirlo, porque ese va a ser el próximo camino, porque no queda ningún otro. Hay que sobreponerse a todas las adversidades, pero eso lleva un costo. No tanto un mayor costo social, porque ya la reforma social se ha hecho –y te voy a comentar más adelante sobre eso.

JCV: Yo considero que la descentralización de estos procesos a los municipios debe hacerse con muchísimo cuidado. Es positivo y necesario y podría hacer la gestión más democrática y eficaz, pero no de cualquier manera. La descentralización municipal no debe significar que el gobierno central se desentienda de responsabilidades que le son propias e indelegables.

Un país no es la simple suma de sus municipios, ni siquiera en los países de fuerte carácter federal. Los municipios son muy diferentes entre sí y su articulación, su complementariedad como partes de un todo, es una responsabilidad indeclinable del gobierno central.

La política económica y la conducción de la estrategia nacional de desarrollo son una tarea de responsabilidad central. O sea, la acertada descentralización municipal no debe significar la anulación del papel imprescindible del gobierno central, pues somos una sola nación.

Por otra parte, para que la descentralización opere adecuadamente, deben contar los municipios con los recursos indispensables. En primer lugar, con los cuadros y funcionarios capaces. Ha de ser la meritocracia (capacidad, formación, ética, probidad, empatía y compromiso) lo que determine los nombramientos y la elección a ese nivel, como habría de ser en todos los niveles.

En general, el actual nivel de los cuadros y funcionarios a nivel municipal está por debajo del que se requiere para esta compleja función y, por supuesto, que ese trabajo debe tener la remuneración que merece.

En un contexto de descapitalización, falta de fuentes de financiamiento, alta deuda externa, infraestructura deteriorada, crisis energética y alimentaria, ¿de dónde podría salir la inversión necesaria para recuperar la economía y reestructurar el modelo? ¿Disponen los emigrados cubanos del capital y la voluntad para convertirse en esa fuente principal? ¿Hasta qué punto las circunstancias políticas en la diáspora cubana lo facilitan o lo ponen en riesgo? ¿Sería posible sin que Estados Unidos y Cuba volvieran al camino de la normalización?

JTC: La inversión necesaria para recuperar la economía y reestructurar el modelo puede salir de diferentes orígenes.

Una es la inversión extranjera, que puede sentirse estimulada por las decisiones adoptadas para facilitar y ampliar sus espacios en el país.

Otra fuente pueden ser las facilidades que ofrecen los BRICS. Para lo cual se requiere acabar de entender cómo negociar y participar en ese marco.

Una tercera fuente puede ser el capital nacional. Un capital no solo privado, sino de empresas estatales que sean exitosas y quieran invertir para crecer, para diversificarse, y que habría que dejarlas.

Están también los créditos que pueden aportar los organismos multinacionales, y los países individuales, a los cuales hoy cuesta mucho más trabajo acceder. Pero no los desestimo totalmente.

Por último, el capital de cubanos residentes en el exterior. Ahí viene la pregunta: ¿Hasta qué punto las circunstancias políticas en la diáspora cubana lo facilitan o lo ponen en riesgo? Hasta ahora, la historia de esa relación ha sido muy compleja —y tú la conoces mucho mejor que yo. Conlleva que una parte de esa diáspora tenga mucha desconfianza en invertir en Cuba.

De otra parte, el marco legal en Cuba todavía no se entiende bien. Hay que perfeccionarlo mucho, mejorarlo para que pueda dar las seguridades que requiere el inversionista en general, y en particular, este inversionista cubano que viene de la experiencia de haber vivido en Cuba. Esa incertidumbre hay que borrarla, creando un grupo de reglas muy claras que además incentiven y garanticen esa participación.

La mayor parte de la diáspora cubana vive dentro de un riesgo constante y bajo la amenaza de las propias restricciones que el gobierno norteamericano le impone a Cuba. Tienen que estar midiendo si están violando alguna ley norteamericana y puede ser objeto, por lo tanto, de una represalia. Eso está presente, sin lugar a dudas, y puede complicar la inversión masiva de capitales de cubanos residentes en el extranjero.

En cuanto a si sería posible sin que Estados Unidos y Cuba volvieran al camino de la normalización: resulta difícil, pero no imposible. Tendría que extenderme mucho para explicarlo, pero hoy por hoy ya se da inversión de capitales de cubanos residentes en el exterior en la economía nacional. Así que, tomando los hechos como parte de esa respuesta y criterio de la verdad, diría que sí es posible, a pesar de que no haya una normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

OEP: Tenemos que ubicarnos en que el entorno económico natural de Cuba son los Estados Unidos, dada la distancia y el hecho mismo de haber recibido una parte mayoritaria de la emigración cubana. Pero el gobierno de ese país ha sido muy agresivo contra Cuba, y sobre todo en los últimos meses las sanciones han sido muy fuertes.

Sin embargo, Cuba tiene que encaminarse hacia lo que se podría hacer para esa normalización. Yo sí he podido conocer que los emigrados cubanos tienen capital y pueden convertirse en una fuente importante. Pero para eso hay que hacer cambios legislativos, hay que sentarse a analizar en la mesa de negociaciones el problema de las nacionalizaciones y otros temas pendientes, que hay que lograr resolver.

Si en algún momento fuera posible cambiar inversión por activo tipo swap, habría que hacerlo. Si tenemos un hotel con apenas 10 % de ocupación de sus capacidades, se podría disponer que un emigrado administrara ese hotel y parte de las utilidades se le entreguen, como parte del capital que Cuba dispuso. Hay muchas fórmulas.

Si no se arreglan las relaciones y no se alcanza la normalización, es muy difícil que Cuba acceda al capital que se necesita. Porque el capital hoy es transnacional; y aunque muchas compañías estarían dispuestas a invertir en Cuba, si luego van a ser sancionadas por Estados Unidos, no van a hacerlo, lo que ya está sucediendo en estos momentos.

Pero no podemos desistir, hay que buscar cualquier alternativa positiva, sin ceder soberanía, pero sin ser muy estricto, porque no hay forma de resolver esos problemas que has planteado. Y la cuestión del financiamiento externo es prioritaria.

El Estado tiene que hacer un proceso de estabilización de dos años vista, para resolver dos problemas prioritarios de corto plazo: la energía y la alimentación. Ya no va a garantizar la cartilla de racionamiento como en el pasado; no tiene con qué hacerlo. Eso llevará a que las personas entiendan que la Cuba socialista anterior a 2026 no será posible, y que para mantenerla en nuevas condiciones se requiere reestructurar el modelo.

Para mí, hay que construir un modelo social de mercado. Uno de los errores de estos últimos años es no haber adelantado las reformas que muchos sugirieron hacer, sobre todo Rusia y China, donde tuvieran un mayor peso todas las formas de producción, especialmente privadas. Y Cuba se demoró mucho en hacerlas. Hoy lo estamos haciendo en las condiciones en que no tenemos otras opciones. Y cuando se negocia en estas condiciones actuales es muy difícil, porque hay que aceptar muchas cosas que no se hubieran aceptado en otro momento histórico. Para salvar al país, por encima de todo.

JCV: Como señalé antes, la disposición de recursos es un problema fundamental, un fuerte nudo que afecta a la economía nacional; por eso el tema de buscar acceso a nuevos recursos es parte de las urgencias. Y destrabar la deuda es fundamental. He venido planteando lo de cambiar deuda por activos y por inversión, esto es muy posible y probablemente la opción más viable. Hay muchos recursos y capacidades que hoy están subutilizados y muchos deteriorándose. Claro que siempre debe hacerse de manera tan rigurosa como ágil, hay que cuidar que las presiones del momento no lleven a decisiones inconvenientes que afecten la soberanía y el control de recursos estratégicos de la nación.

La migración cubana es parte de la nación. Un sector de ella tiene capitales y capacidad empresarial, aunque no es toda ni la mayoría, integrada por trabajadores asalariados. Pero todos podrían participar de alguna manera. Los primeros, con inversiones, tecnologías, comercio, mercados, etc. Esto ha de ser parte de una voluntad compartida y aquí habrían de darse todas las garantías de manera transparente y sin titubeos, establecer con leyes y regulaciones lo que se puede hacer y lo que no; o sea, espacios y garantías amplias, claramente establecidas, en función de un proyecto de nación que debería ser compartido por todos, incluida, ojalá, los que han tenido una conducta hostil. Es todo un tema político y muy actual.

La respuesta corta es clara: sí deberían jugar un papel importante, sin renunciar a sus intereses individuales. Riesgos siempre habrá, pero hay que asumirlos con inteligencia y resolución. Lo más importante es el interés del pueblo y su bienestar, ¿es difícil hacer todo eso compatible? Sí. ¿Es imposible? No. Quizás este sea el desafío político más importante hoy.

Un escenario de negociación con Estados Unidos es lo más deseable, pues podría cambiar notablemente el cuadro, la superación de la crisis económica, etc. Creo que el gobierno ha trabajado y trabaja intensamente en ello, hoy con la experiencia de los años, de la historia, de los errores del pasado, etc. Pero la pregunta siempre ha de ser: negociar qué y para qué.

Es ahí donde la claridad de la respuesta ha de ser meridiana. Una posición amplia que incluye muchas decisiones sensibles, pero puntos muy claros acerca de que no es negociable bajo ninguna circunstancia. Se ha dicho que la soberanía y el orden interno, y yo estoy de acuerdo. Los temas internos de Cuba son un problema de los cubanos, de todos los cubanos, pero sin añadiduras.

El gobierno norteamericano debe estar consciente y seguro de que Cuba está dispuesta a avanzar y a poner mucho sobre la mesa, excepto lo irrenunciable. Esa conciencia podría dar lugar a una relación de respeto y mutua conveniencia. Ahora bien, ¿estará dispuesto el gobierno de Estados Unidos y esta administración en particular a establecer un marco adecuado de negociación?

Cuba debe trabajar para eso, pero también estar preparada para la peor de las situaciones, incluida una indeseada agresión militar. La soberanía, bien entendida, es irrenunciable, lo que no requiere fundamento académico. Es la voluntad histórica de un pueblo demostrada durante casi dos siglos. Ahora no habrá de ser diferente. Negociación sí, toda la posible, realista y amplia; pero imposición y concesiones de soberanía, bajo ninguna condición.

Desde 2011, se han venido adoptando sucesivos programas de reforma, alcanzando acuerdos en congresos del PCC, aprobando una nueva Constitución y nuevas leyes. Sin embargo, el proceso de reformas se ha estancado y hasta cierto punto parece haber extraviado su curso. ¿Qué razones hay para pensar que a partir de hoy será diferente?

JTC: Te diría que hay muchas razones y ninguna.

La primera razón para pensar diferente es el contexto internacional en el que Cuba se está desarrollando hoy, que ha cambiado tremendamente y genera mucho estrés a la hora de manejar el país. Esta situación puede empujar a ese proceso de reformas y que no pase lo que ha pasado otras veces.

Segundo, tenemos ahí la permanente amenaza de Estados Unidos y sus intenciones de cambiar el país, en función de lo que ellos entiendan que debe cambiar. Obviamente, ese es un elemento que empuja para hacer este proceso de reformas y no virar hacia atrás.

Lo tercero es la situación económica y social, esa policrisis en la que estamos todos metidos y sufrimos constantemente. Si no hay una reforma, está muy claro que va a ser muy difícil poder salir de esta policrisis.

También hay que entender que este gobierno ha tenido un proceso de aprendizaje. Hoy está en una situación con muy pocas alternativas, como no sean las de seguir un camino de reformas, que ya fue trazado en líneas generales y nunca se siguió, sino que se detuvo y se echó para atrás. Ahora hay que seguirlas, y esa es otra razón, sin lugar a dudas. Ahí hay un proceso de aprendizaje, que cuenta bastante.

OEP: El modelo que se avecina es diferente. Aunque es cierto que hemos aprobado decenas de programas, hemos alcanzado miles de acuerdos y hemos pasado balance de los congresos del Partido, la Constitución, las leyes, etc., sin embargo, el país no ha avanzado. Y entre las trabas por las que el país no ha avanzado, está el haberle tenido miedo al sector privado, que es un problema ideológico.

Hoy deberá ser diferente, porque reitero que Cuba está sola en el mundo. Nunca se había estado en un momento de policrisis como este. Significa que tenemos crisis financiera, de alimentación, largos apagones, problemas con los medicamentos y problemas con el transporte, todo junto.

En una familia cubana hoy se duerme mal, se come mal, se transportan caminando a los centros de trabajo, se gana poco y hay una alta inflación. No ha habido otro momento en la historia reciente de Cuba —hablando de los 90 para acá— que presente esta situación tan convulsa y tan complicada.

Si queremos salvar, no el modelo, sino al país, tenemos que hacer las cosas diferente. Si seguimos haciendo lo mismo, vamos a seguir repartiendo miseria. Si hay políticas nuevas que conlleven cambios constitucionales, hay que hacerlos. Si hay que eliminar en la Constitución aquello que dice que no se permitirá la concentración de los ingresos ni la propiedad, hay que cambiarlo. Mientras que sea legítimo, mientras que sea legal, mientras que el sector privado dé determinados bienes y servicios, ¿por qué cogerle miedo? La fuerza del Estado radica en lograr ponerle impuestos a esas actividades y después redistribuirlos a nivel de la sociedad.

Para mí, la única cosa diferente es que hay que hacer un país con mercado.

JCV: Hemos llegado a una situación límite: la agresión externa por un lado (que no es solo el bloqueo) y las insuficiencias internas por otro, entre ellas el tremendo retraso de una reforma económica integral y profunda. Ese ha sido uno de esos principales errores; lo hemos dicho y argumentado al menos desde hace más de tres décadas, cuando era ya evidente el agotamiento del modelo económico de planificación burocrática.

Si uno lee los documentos aprobados en los congresos del partido desde 2011, y después la Constitución de 2019, aprecia que esa realidad se comprende desde entonces; y que se aprobaron documentos que daban el espacio político y legal necesario para la reforma. Sin embargo, inercias, incomprensiones, dogmatismos e intereses creados fueron una permanente fuerza en contra.

Lo nuevo ahora es haberlo asumido; y la voluntad política para avanzar por encima de esa resistencia. Va a ser difícil, pero el camino ya empezó. Hay que tener cuidado con aquella máxima existente en Cuba desde época de la colonia: “Se acata, pero no se cumple”. Pero es preciso acabar con esos obstáculos sedimentados, tan fuertes como difusos, por eso son tan difíciles de eliminar. Nunca faltarán, pero con consenso, participación popular imprescindible, rendición de cuentas y una conducción certera se puede lograr.

Es difícil declararse pesimista u optimista frente a un proceso tan complejo. Debemos ser realistas y, como decía Gramsci, continuar, quizás, con el pesimismo de la mente, pero siempre con el optimismo del corazón.