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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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sábado, 29 de mayo de 2021

¿Cómo desarrollar mejores líderes?

 CATEGORÍA DE NIVEL PRINCIPAL O RAÍZ: ENTREVISTAS

¿Cómo desarrollar mejores líderes?
Afirmaba Peter Drucker que la única definición de líder es la de “alguien que tiene seguidores”. Sin ellos, no hay líderes. Defendía también que estos “vienen en todo tipo de formas, colores y razas”, y que “el liderazgo no es una mezcla misteriosa de carisma y suerte”. Por lo tanto, sin atributos comunes que identificar, la tarea de desarrollar mejores dirigentes se torna todavía más compleja… pero imprescindible. Si algo quedó claro en el pasado Global Peter Drucker Forum es que, actualmente, no hay suficientes buenos líderes.

Según los ponentes del panel “Not enough good leaders – How to develop them?”, urge transitar de un liderazgo estereotipado diseñado por hombres blancos, a otro más flexible, empático y capaz de crear equipos diversos de alto rendimiento. Pero para conseguirlo, hay que aprender primero a soltar varios lastres del presente. Algunos de ellos: la ambigüedad en torno al concepto de liderazgo, la impunidad ante la mentira que ampara a muchos altos directivos o la falta de incentivos para desplegar otros rasgos que chocan frontalmente con la consecución de los objetivos financieros a corto plazo que los accionistas exigen a los máximos responsables de las organizaciones.

¿Cómo desarrollar mejores líderes en la práctica? ¿Qué fortalezas se han de construir? Santiago Íñiguez, presidente de IE University; Julia Middleton, fundadora y responsable de Innovación de Common Purpose; Vikram Mansharamani, profesor de Harvard University; Maelle Gavet, ejecutiva tecnológica, y Claudia Crummenerl, directora general de Capgemini Invent, contrastaron sus ideas en un coloquio moderado por el diseñador de Gestión y Organización Raymond Hofmann.

RAYMOND HOFMANN: La mayoría albergamos pocas dudas sobre la importancia de los líderes, y quizás ahora más que nunca. La calidad de su liderazgo hace de ellos personas instrumentales para que una sociedad funcione adecuadamente. Sin embargo, cuando observamos a empresas, gobiernos e incluso a lo que Henry Mintzberg llama el sector plural, nunca parece que haya suficientes líderes buenos. Quizás deberíamos plantearnos si realmente sabemos lo que estamos buscando.

Preguntado en una reciente entrevista acerca de qué es lo que frena a los líderes que quieren transformar sus organizaciones, el gran Ed Schein declaró que no existe una respuesta específica por una razón: “Nadie define qué es el liderazgo”. De forma parecida se expresa Marcus Buckingham en su último libro, Nueve mentiras sobre el trabajo, donde identifica al liderazgo como una de ellas y narra cómo, si intentamos contrastar las diferentes acepciones del término en el mundo real, no hacemos más que encontrarnos con una excepción tras otra, tras otra… Por ello estoy convencido de que no es coincidencia el hecho de que Peter Drucker tuviese muy poco que decir respecto del liderazgo. En contra de la creencia popular, Drucker nunca declaró: “El management consiste en hacer bien las cosas, el liderazgo en hacer las cosas apropiadas”. ¡Lo dijo Warren Bennis! En cualquier caso, la sensación de escasez de líderes persiste.

Por eso resulta conveniente hablar del porqué y qué podemos hacer. ¿Cuál es tu impresión, Julia?

JULIA MIDDLETON: Me parece muy significativo el grave problema de liderazgo que sufrimos. Una de las razones es que muchos líderes de todos los sectores han descubierto que el éxito puede prolongarse a pesar de mentir, y que incluso puede continuar aunque se divida a los equipos y personas. No hay ningún castigo. Es más, el éxito se acelera si se miente y se incrementa al dividir a las personas. Esta impunidad es uno de los motivos.

El segundo aspecto, en mi opinión, es que gran cantidad de personas han decidido nombrar o votar a favor de líderes que les van a dividir, a pesar de saber que les mienten; lo cual intensifica el problema. La tercera causa es que tenemos a toda una generación de jóvenes aprendiendo de estos líderes, aprendiendo de un mal liderazgo que parece haberse institucionalizado.


Los CEOs son evaluados por la consecución de objetivos financieros por encima de todo. ¿Por qué habrían de tener interés en desplegar otras características positivas del liderazgo, si no tienen ningún incentivo para hacerlo?


Además, el lenguaje sobre el liderazgo fue escrito esencialmente por hombres, aunque también sea utilizado por mujeres. Esto provoca que muchas se distancien de esa forma masculina de expresión del liderazgo o bien que tarden demasiado en intentar adaptarse.

Esto se traduce en ineficacia, porque al final las mujeres, que representan aproximadamente la mitad de la población, creen no poder ser líderes o ni siquiera lo desean por el sacrificio y el tiempo que conlleva. La conclusión es que estamos perdiendo al menos al 50% del talento para liderar, por un lenguaje del liderazgo que no resuena entre las mujeres ni les resulta atractivo, tal y como hoy está planteado.

R.H.: De las tres posibilidades que has expuesto, y que excluyen al 50% del liderazgo, ¿cuál consideras más preocupante?

J.M.: Muchos líderes han descubierto que la mentira funciona. Escuchamos gran cantidad de palabras preciosas, pero no veo que se apliquen. Sucede lo mismo que con los perros jóvenes. Siempre y cuando no descubran la verdad –es decir, que corren mucho más que sus dueños–, se les puede entrenar; pero en el momento que la descubren, pueden escaparse y se vuelven “ineducables”.

SANTIAGO ÍÑIGUEZ: Si miramos atrás en la Historia, vemos que la pregunta de cuáles deben ser los atributos de un líder es recurrente, incluso para Aristóteles y Platón, quien defendía que el gobierno debía estar en manos de los sabios; algo que no estoy seguro que esté sucediendo.

Quizás todavía estemos apegados a un concepto de liderazgo tradicional, convencional y algo sesgado. En la actualidad, el liderazgo se asocia a las ideas de Frederick Nietzsche quien, en su obra Así habló Zaratustra, se refería a los Übermensch o superhombres. Curiosamente, en Estados Unidos este concepto llegó a través del filósofo americano Ralph Waldo Emerson e influenció a muchos magnates. Es llamativo que esta idea del Master que no respeta las reglas ni es responsable ante la sociedad haya influido en lo que hoy se concibe como un líder. Debemos eliminar esos sesgos y prejuicios autoritarios que hacen del concepto de liderazgo algo inútil, e introducir la diversidad en la definición.

Necesitamos más mujeres en puestos directivos, pero también un liderazgo relacionado con la diversidad en un sentido amplio. Sin duda, Nelson Mandela ha sido uno de los líderes contemporáneos más importantes, por no mencionar a Barack Obama. Necesitamos más diversidad intercultural que genere nuevas y diferentes visiones de nuestro mundo; y no solo hombres blancos occidentales en el vértice de las organizaciones. La diversidad vinculada al concepto de liderazgo seguramente sea un incentivo para la innovación y el crecimiento a través de las empresas, y obviamente de la sociedad.

Me gustaría precisar que no estamos planteando una visión pesimista del liderazgo; sino realista. Creo que permanecemos anclados en un concepto obsoleto que debemos actualizar, incorporando elementos como la diversidad generacional, pues los más jóvenes también son capaces de aportar.


Debemos eliminar los sesgos y prejuicios autoritarios que hacen del concepto de liderazgo algo inútil e introducir la diversidad en su definición


MAELLE GAVET: Mi experiencia, después de 20 años de trabajo en diversos sectores, no solo el tecnológico, es que el liderazgo en el ámbito empresarial ha mejorado, en general. Considero que se ha alcanzado un equilibrio entre el IQ y el EQ (coeficiente intelectual y emocional, por sus siglas en inglés), entre estrategia y táctica, así como en cuestiones de diversidad e integración. Soy consciente de que existen muchísimas imperfecciones, pero creo que el concepto de humanidad siempre será un “trabajo en marcha” para la sociedad, y el liderazgo trata de la gestión de la humanidad de una forma u otra.

Estos conceptos cambian y el liderazgo ha de estar en continuo proceso de adaptación; pero mi impresión sobre su evolución en los últimos años, y especialmente durante el COVID, es optimista. Hemos podido observar cómo se comportaron algunos de nuestros líderes, no solo empresariales, ante una crisis tan tremenda e impredecible. A muchos de ellos les daría un notable alto.

VIKRAM MANSHARAMANI: Como profesor de aproximaciones a sistemas de pensamiento que nos ayuden a navegar a través de la incertidumbre y a enfrentarnos a los grandes retos, me gustaría introducir en el debate la noción de que muchos líderes desarrollan su carrera profesional en silos, tendiendo a ser individuos unidisciplinares durante la mayor parte de la misma, y sin desarrollar habilidades multidisciplinares.

Sin embargo, cuando alcanzan los puestos de liderazgo se ven obligados a responder ante situaciones que afectan de forma transversal a otros silos, a adoptar decisiones que involucran perspectivas múltiples y a realizar procesos de juicio para los que no están preparados.

A pesar de formarse en departamentos estancos, también se promueve que los líderes trabajen en ellos. Por eso en un típico comité de dirección, donde todos son miembros altamente competentes, se dirigen al CIO cuando surge una cuestión de inversiones en TI. Por ello, los líderes deberían ser educados en el pensamiento integrador, donde uno es capaz de entender, aunque sea como un generalista y no un especialista; ha de tratar de comprender no solo los puntos sino las conexiones que existen entre los puntos, una cualidad infra-desarrollada.


Muchos directivos desarrollan su carrera en silos, tendiendo a ser unidisciplinares, en lugar de ser educados en un pensamiento integrador, capaz de extraer valor de los demás sin perder autonomía


A causa de los silos, muchos directivos han ido saltando de un extremo al otro, ignorando a los expertos o siguiéndoles literalmente; lo cual tiene consecuencias nefastas. La forma de actuar de un líder debería ser la de recorrer el camino intermedio, adoptando los consejos y las ideas meritorias que recibe, ejercitando el sentido común, conectando los puntos, y extrayendo valor de los demás sin perder autonomía.

En mi propia investigación sobre el liderazgo en las empresas innovadoras, detecto que ese tipo de pensamiento integrador es el que se aplica en las organizaciones que se centran en el mercado y en las necesidades de los usuarios, en lugar de en cuestiones internas.

R.H.: Hasta el momento hemos hablado de habilidades, conductas y fortalezas desde la perspectiva social, emocional y cognitiva. No hemos entrado en el management; y aprovecho para parafrasear a Peter Drucker: “El management crea las condiciones bajo las cuales un potencial liderazgo puede volverse efectivo”. ¿Qué pensáis sobre esto?

MAELLE GAVET: La tecnología nos ayuda en la gestión y en lo que describiríamos como funciones del management. Reportar los KPI es una de ellas, y en parte consiste en la observación de datos y hechos. Hay mucha Inteligencia Artificial (IA) para el análisis de datos que puede contribuir a destacar intuiciones y perspectivas de los datos recogidos.

Otra función del management es la organización de tareas y estructuras. Para ello contamos con varias herramientas. La organización de calendarios, reuniones y asistencias también puede gestionarse tecnológicamente, mientras que las conexiones que se producen en una reunión son tarea exclusiva del líder. En definitiva, la tecnología nos permite dedicar tiempo a los aspectos humanos, liberándonos de las cuestiones más organizacionales.

S.Í.: Tras estos comentarios me viene a la mente el título de master and commander –maestro y comandante– que se otorgaba a hombres como Lord Nelson. Master porque se tienen las habilidades, necesarias y suficientes, para ocuparse de la gestión de un barco, para organizar y planificar de manera competente; y commander, porque se es capaz de liderar a otras personas. Creo que la dirección y el liderazgo son dos facetas diferentes pero complementarias, que pueden encapsularse bien bajo el título master and commander. Existen algunas personas como Nelson que, aun teniendo defectos, somos capaces de comandar; y otras reúnen ambas facetas.

R.H.: La cuestión es: ¿cómo hacerlo?

V.M.: Construyendo sobre lo expresado por Santiago, añadiría que enseñar valores es muy difícil, dado que estos se introducen a edades muy tempranas y esencialmente por parte de los padres. Siendo profesor de Business Ethics en la Universidad de Yale, recuerdo que el decano me preguntó cómo enseñaba la asignatura. Le respondí que no era capaz de dar clases ni lecciones de ética, sino que lo que hacía es exponer a las personas a los componentes éticos de la toma de decisiones, enfrentándoles a situaciones –mediante casos reales– para incrementar su percepción de que el líder gestiona principios. Evidentemente no puedo cambiar los valores que tienen los individuos, pero sí puedo hacer que se den cuenta de que están gestionando temas donde los valores son una consideración fundamental. Si, además, se pueden obtener nuevas y diferentes perspectivas a través de la empatía, más razonada será la decisión.

CLAUDIA CRUMMENERL: Creo que, a medida que la tecnología sea capaz de manejar más y más tareas de gestión, liberará el tiempo de los managers para que puedan dedicarse más a la "dimensión humana" de su trabajo. Esto ayudará a que los líderes se vuelvan más empáticos, adaptables y capaces de conectar a las mejores personas.


A medida que la tecnología maneje más tareas de gestión, los líderes podrán volverse más empáticos y ser capaces de conectar a los mejores


J.M.: Una de las razones más importantes del fracaso en las organizaciones es la persecución de estrategias sin datos que las avalen. Si bien no se puede perseguir una estrategia sin datos, tampoco se puede perseguir si no está apoyada en una historia. Sin un relato, las personas no pueden visualizar el sueño colectivo, con lo cual no seguirán al líder; no serán capaces de entregarle sus mentes y corazones para seguirle en un proyecto, si no lo “compran”. Este tema trata de ese constante ejercicio de equilibrismo entre los datos y la historia, entre ser cariñoso y firme… Todo es un equilibrio.

R.H.: Maelle, ¿qué consideraciones observas sobre el desarrollo del liderazgo en sectores tecnológicos?

M.G. Sorprendentemente, estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho Julia. En estos momentos, estoy trabajando con dos grandes escuelas de negocios –una en la costa Este y otra en el medio Oeste– precisamente sobre cómo podemos ayudar a los líderes del futuro que se están formando en ellas para que sean más empáticos y se preocupen más por quienes les rodean.

En resumen, trabajamos para obtener más datos y más historias; de ahí la coincidencia con la argumentación de Julia. En relación a los datos, hemos lanzado un test de empatía corporativa capaz de medir esta variable en una compañía. La razón es que la mayoría de los líderes empresariales necesitan datos y pruebas para cambiar sus conductas.

También estamos estableciendo correlaciones entre altos niveles de empatía de una empresa y su líder con los resultados financieros en la bolsa, pues no se puede gestionar lo que no se puede medir. No podemos pedir a los líderes que sean más empáticos y se preocupen más de los empleados y compañeros cuando, en un mundo capitalista, nos guste o no, lo que hay que demostrar es que el resultado final va a ser positivo financieramente. Una vez que tienes los números, también necesitas el corazón.

Tampoco todo el mundo entiende lo que significa para un líder el preocuparse por los suyos. ¿Quiere decir que ha de ir por los departamentos cada mañana preguntando a sus subordinados cómo se encuentran? Las historias sobre las que trabajamos son ejemplos reales de lo que implica preocuparse por los demás y ser empático. Como seres humanos, tenemos problemas con los modelos y para que estos funcionen necesitamos historias y ejemplos de conductas adecuadas.

R.H.: ¿Y cómo se incentiva a los líderes para cambiar sus hábitos de contratación?

JULIA MIDDLETON: Vivimos en la impostura de decir cosas agradables, pero necesitamos líderes que llamen a las cosas por su nombre. Yo, por ejemplo, tengo un problema con la expresión unconcious bias (prejuicios inconscientes). Si bien suena fenomenal, he de confesar que tengo prejuicios inconscientes; todos los tenemos, pero voy a superarlos… Mi visión es que normalmente no son inconscientes, sino profundamente conscientes; y eso es algo que no se puede aceptar en las organizaciones. Hemos de ser más duros con este asunto. Hace unas semanas, mantuve una videoconferencia con 12 personas de color que recientemente habían sido contratadas como consejeras en empresas Fortune 500, y las historias que me relataron fueron terribles; una desgracia que no deberíamos olvidar.

R.H.: La mayoría de los líderes responden ante un grupo de accionistas. Se les evalúa por la consecución de objetivos financieros por encima de todo. ¿Por qué habrían de tener interés en desplegar otras características positivas del liderazgo, si no tienen ningún incentivo para hacerlo? Esto es aún más evidente a corto plazo, porque la realidad es que en el entorno empresarial actual resulta frecuente no sobrevivir al corto plazo.


El horizonte temporal juega un papel crítico, pues quizás uno no permanezca en el puesto el tiempo suficiente como para implementar los cambios necesarios


V.M.: Magnífica pregunta. El marco que la prensa ha puesto en torno a los accionistas frente a los stakeholders no solo es contraproducente, sino que también es engañoso. Al final, todo gira alrededor de los horizontes temporales. Por supuesto que a largo plazo necesitamos ocuparnos de nuestro entorno, ya que vivimos en él. Cuidamos nuestras comunidades, porque somos parte de ellas. Nos importan los trabajadores, porque sin empleados no tendríamos un negocio.

Hay muchas propuestas para cambiar la situación, pero me gustaría enfatizar que el horizonte temporal juega un papel crítico. Además, hay que gestionar el riesgo que representa para la carrera profesional, ya que quizás uno no permanezca en el puesto el tiempo suficiente como para implementar cambios.


 Santiago Íñiguez (IE University), Julia Middleton (Common Purpose), Vikram Mansharamani (Harvard University), Maelle Gavet (Techstars) y Claudia Crummenerl (Capgemini Invent), entrevistados por Raymond Hofmann, en el 12th Global Peter Drucker Forum.

Foto de apertura: Library of Congress on Unsplash.

Entrevista publicada en Executive Excellence n174, abril - mayo 2021.

martes, 7 de julio de 2020

Las cuatro tipologías de poder: ¿cuál es la suya?

A muchas personas les motiva el poder o influir en terceros, aunque no lo reconozcan. Veamos una clasificación para identificar el lugar que ocupamos según dicha motivación.




El poder está presente en nuestro día a día. No podemos verlo ni tocarlo, porque es un elemento intangible. El poder significa la posibilidad de hacer cosas, de influir en otras personas o conseguir resultados. No solo está presente en la política o en las empresas, sino en nuestra vida cotidiana. Existen juegos de poder dentro de las parejas, entre los hermanos o en las comunidades de vecinos (si no, piense en alguna discusión aburrida que se mantiene por el mero hecho de demostrar quién tiene razón).

David McClelland, profesor de la Universidad de Harvard, defiende que el poder es también una motivación social, porque lleva a la acción a un gran número de personas, aunque no se suela reconocer. Las decisiones de algunas abuelas, a las que les gusta mandar, no dejan de ser una motivación de poder. McClelland explica que existen varios tipos de poder, dependiendo de la finalidad. Hay quien quiere tenerlo solo por salirse con la suya (poder individualista) o quien lo busca para conseguir un bien común (poder socializante).

Otra tipología depende de su procedencia. En la Roma clásica existían dos categorías: las potestas o la auctoritas. El primer poder proviene de la jerarquía (potestas), mientras que el segundo nace de la capacidad de influencia gracias a las habilidades personales (auctoritas). Y como es de suponer, no siempre coinciden las auctoritas y las potestas, de ahí que existan tan malos jefes habitando en las organizaciones. Si tomamos en cuenta estas divisiones y nos centramos en el trabajo sobre la inteligencia del poder de la autora Julie Diamond, podemos sugerir una nueva tipología para clasificar a aquellos individuos que anhelan tener poder dentro de una organización (aunque también podría ser aplicable a la vida personal). Se trata de una adaptación personal inspirada en las propuestas de Diamond y que se dividiría en cuatro puntos:

Jefes mediocres. Tienen jerarquía, pero poca capacidad de influencia. Se caracterizan, según Diamond, por la parálisis o por la falta de acción. Ocultan los errores y, por supuesto, no piden ayudan ni se apoyan en expertos. Les preocupa más aparentar y suelen tener una actitud protectora y defensiva. Como es de suponer, evitan tomar riesgos o asumir decisiones difíciles.

Burocráticos o quisquillosos. Son aquellas personas que codician el poder, pero que ni tienen posición jerárquica ni habilidades personales de influencia. En las organizaciones, suelen atenerse a las normas, de ahí que puedan caer en la burocracia. Suelen ser muy quisquillosos ante los cambios con la finalidad de hacerse notar.

Líderes. Tienen jerarquía y, además, habilidades personales de influencia. Son los jefes o aquellos individuos que dejan una huella positiva entre quienes les rodean, porque inspiran confianza y se orientan a la acción por el bien común. Asumen riesgos y están abiertos al aprendizaje.

Agentes del cambio (líderes informales): Por último, nos encontramos a aquellas personas que no ostentan ningún cargo, pero que tienen una fuerte capacidad de influencia o de poder personal. Debido a sus actitudes, actúan como líderes informales y son agentes del cambio gracias a su estilo persuasivo.

Lo interesante de esta clasificación es analizar el lugar que ocupamos nosotros. Cuál es nuestra motivación del poder porque, como propone Diamond, este se puede medir y desarrollar con inteligencia.

sábado, 9 de febrero de 2019

Los 4 tipos de líderes que prosperarán en la cuarta revolución industrial



Imagen: REUTERS


Punit RenjenGlobal Chief Executive Officer, Deloitte

Hace un año, en el primer informe de Deloitte que exploraba la preparación de las empresas para la cuarta revolución industrial, el 86 % de los ejecutivos de nivel C sostuvo que sus empresas estaban haciendo “todo lo que podían” para crear una fuerza laboral para la Industria 4.0. Este año, menos de la mitad —47 %— opinó lo mismo.

Eso representa no solo un cambio impresionante en las actitudes, sino también un cambio bienvenido. Porque me indica que los ejecutivos están adquiriendo una comprensión mucho más profunda de la Industria 4.0, están cada vez más conscientes de los desafíos que se les presentan, y están viendo las medidas necesarias para tener éxito de manera más realista en la Industria 4.0.

En el segundo informe de Deloitte sobre la preparación para la Industria 4.0, Liderazgo en la cuarta revolución industrial: las caras del progreso, se les preguntó nuevamente a los ejecutivos cómo posibilitan el éxito de sus empresas en cuatro áreas: sociedad, estrategia, tecnología y talento. Sin embargo, además de nuestra búsqueda de tendencias año tras año, buscamos también descubrir cómo avanzan los líderes, cuáles son las áreas de mayor progreso y qué diferencia a los líderes más eficientes.

Si bien muchos ejecutivos continúan teniendo dificultades para superar la complejidad de la Industria 4.0, otros líderes parecen estar “haciendo las cosas bien”. Detectamos cuatro tipos diferentes de liderazgo que, creemos, pueden proporcionar puntos de referencia para ejecutivos y servir como modelos para los líderes de todo el mundo, a medida que se abordan los desafíos asociados con la transformación digital. Sin embargo, antes de explorar esas personas, resulta útil comprender las principales conclusiones de la encuesta.
Un liderazgo deficiente podría ser el mayor obstáculo para una estrategia exitosa de la cuarta revolución industrial
Imagen: Deloitte

Los ejecutivos expresaron un compromiso genuino para mejorar el mundo. Al evaluar el desempeño anual de sus empresas, los líderes calificaron el impacto social como el factor más importante, por delante del rendimiento financiero y la satisfacción de los clientes o empleados. El año pasado, aproximadamente tres cuartos de los encuestados dijeron que sus empresas habían tomado medidas para fabricar productos o servicios —o cambiarlos— teniendo en cuenta el impacto social. Muchos están motivados por la promesa de nuevos ingresos y crecimiento.

Los ejecutivos se esfuerzan por desarrollar estrategias eficaces en los mercados dinámicos de hoy. Enfrentados a un abanico cada vez más amplio de nuevas tecnologías, los líderes manifestaron tener dificultades para entender las nuevas oportunidades impulsadas por la tecnología, y en algunos casos, carecen de la visión estratégica para guiar sus esfuerzos. Muchos líderes señalaron que sus empresas no siguen procesos de toma de decisiones claramente definidos, y que las estructuras organizativas limitan sus capacidades para desarrollar y compartir conocimientos a fin de implementar estrategias eficaces.

Los líderes continúan centrando más su atención en el uso de tecnologías avanzadas para proteger sus puestos que en hacer inversiones audaces para impulsar la transformación. Muchos ejecutivos de nivel C están observando los beneficios de sus inversiones en tecnología, aunque a otros les resulta complicado avanzar. Entre los desafíos, se incluye la excesiva concentración en los resultados a corto plazo, la falta de compresión plena de las tecnologías de la Industria 4.0 y las múltiples opciones de la tecnología. Los líderes reconocieron las repercusiones éticas inherentes a la nueva tecnología; sin embargo, pocas empresas están implementando políticas para gestionar esas amenazas.

El desafío de las habilidades es ahora más evidente. El alcance de la brecha de habilidades es más visible para los líderes, al igual que la percepción preocupante de que los sistemas educativos actuales no serán suficientes para enfrentar el desafío. Aproximadamente el doble de los líderes aseguraron que sus empresas procurarán capacitar a los empleados actuales en lugar de contratar nuevos. Sin embargo, la investigación de la Encuesta anual sobre los mileniales de Deloitte sugiere que los líderes y los empleados jóvenes tienen diferentes opiniones acerca de qué habilidades son más necesarias y quién es responsable de desarrollarlas.

Con estos resultados como contexto, descubrimos que algunos líderes están avanzando mejor que otros en la resolución de los desafíos dentro de las áreas de la sociedad, la estrategia, la tecnología y el talento. Agrupamos a los líderes que parecen estar haciendo un buen trabajo en cuatro tipos:

1) Las personas supersociales. Algunos líderes se destacan por su capacidad de tener éxito haciendo el bien. Para estas personas supersociales, las iniciativas sociales son fundamentales para los negocios, y su optimismo sobre la generación de impacto social influye en su perspectiva de varias maneras. Es más factible que digan que la composición de su fuerza laboral está preparada para la transformación digital, y están mucho más dispuestos a capacitar a sus trabajadores. Las empresas que cuentan con líderes que se identifican como supersociales también están creciendo más que aquellas que no han encontrado el equilibrio entre hacer el bien y generar ganancias.

2) Las personas decididas basadas en datos. Algunos ejecutivos de nivel C superan los desafíos mediante la adopción de enfoques metódicos y centrados en los datos para la toma de decisiones estratégicas. Es dos veces más probable que estas personas decididas basadas en datos afirmen estar preparadas para aprovechar las oportunidades de la Industria 4.0, y sus empresas ya están cosechando los beneficios económicos de aceptar la Industria 4.0. En el último año, casi la mitad de estas empresas generaron un crecimiento de ingresos anual del 5 % o más, mientras que solo una cuarta parte de las demás organizaciones obtuvieron tales resultados.

3) Los impulsores de la transformación. Estos líderes comprenden que las inversiones en innovación disruptiva diferencian a sus empresas de la competencia. Confían, lo cual les da una ventaja al enfrentar las incógnitas de la Industria 4.0, ya que las empresas más seguras estarán mejor preparadas para implementar tecnologías disruptivas. Por lo general, las empresas de los impulsores de la transformación cuentan con procesos más definidos de toma de decisiones, y es más probable que tomen decisiones basadas en datos con la contribución de una gran gama de personas interesadas.

4) Los defensores de talentos. Estos ejecutivos están preparando empleados para la transformación digital. Son más propensos que otros a invertir en la recapacitación de los empleados para el futuro del trabajo. Y al hacerlo, los defensores de talentos también están comprometidos con el impacto social y están viendo los primeros beneficios de sus esfuerzos progresivos; además el 64 % ya ha generado nuevas fuentes de ingresos para sus empresas a través de iniciativas impulsadas socialmente.

El informe contiene una visión mucho más pormenorizada de lo que define a los cuatro tipos de liderazgo, aunque en general, podemos ver que “hacer el bien” es bueno para los negocios, que el uso de procesos y datos estratégicos definidos para tomar decisiones puede generar ventajas competitivas, que las empresas se benefician de una visión a largo plazo hacia la inversión en tecnologías de la Industria 4.0, y que los líderes que consideren importante la capacitación tendrán más éxito.

De cara al futuro, las cualidades de los líderes definirán la estabilidad futura de las empresas. Los líderes que encarnan las características de éxito anteriores no solo mejoran sus propios resultados y crecen más rápido que sus colegas, sino que también son visionarios en la manera en que conducen a sus empresas hacia el futuro. ¿Cómo liderará la cuarta revolución industrial?

viernes, 7 de septiembre de 2018

Pierda el miedo, pida permiso y hable: así se afrontan los temas tabú

Por Bill Boulding
trad. Mariana Díaz


Jorg Greuel/Getty Images

Estamos viviendo momentos en los que es cada vez más difícil, si no imposible, llegar a la oficina y dejar atrás lo que sucede afuera. Estamos enfrentándonos a problemas difíciles y emocionales en nuestra sociedad: acoso sexual, racismo y divisiones políticas profundas que no se pueden olvidar antes de entrar por la puerta. Solo somos humanos; es imposible pensar que podemos ir a trabajar y no seguir enfadados, heridos o decepcionados por problemas que no se originan en nuestras empresas o con nuestros compañeros.

Como decano de una escuela de negocios, tengo muchas conversaciones con líderes empresariales que me dicen que se sienten cada vez más desafiados por cómo los problemas externos afectan a los miembros de su equipo. Para muchas personas, los temas que involucran asuntos políticos o sociales se consideran tabú en el trabajo. ¿Cómo los maneja? ¿Qué pasa si dice algo equivocado? ¿Y si suena ridículo? ¿Qué pasa si ofende a alguien? ¿Qué pasa si es incómodo? Después de todo, como dice la citacélebre: "Es mejor permanecer en silencio y ser considerado un tonto, que hablar y eliminar cualquier duda".

No obstante, cuando se trata del contexto en el que vivimos hoy, discrepo respetuosamente con esa frase y ofrezco este humilde consejo: hable. Existe el peligro de permanecer en silencio. En ausencia de la conversación, la gente hace suposiciones. Pueden suponer que no le importa o que está de acuerdo con un punto de vista que les haga sentirse marginados. Pueden hacer suposiciones sobre quién es usted o si no está actuando con intención positiva.

Esto me recuerda a una conversación que tuve hace poco con la presidenta de la Liga Profesional de Baloncesto Femenino de Estados Unidos (WNBA, por sus siglas en inglés), Lisa Borders, que ilustra el peligro del silencio. Estábamos discutiendo las relaciones raciales en Estados Unidos. La interpretación de Lisa es que estamos en tan mal lugar porque aprobamos la legislación hace 50 años y muchos de nosotros dejamos de hablar sobre el problema. Como afirma Lisa: "si no limpia las canaletas de su casa durante cinco años, no controlarán el agua de la lluvia. Incluso podrían desbordarse. ¿Qué le hace pensar que podríamos aprobar una ley, no prestar atención durante 50 años a ese tema y no esperar que nuestra sociedad se convierta en un caos? Tiene perfecto sentido donde estamos". Para mí también tiene sentido. El silencio puede empeorar el problema.

Si realmente profundizamos en lo que nos priva de tener estas conversaciones, generalmente se trata del miedo. Tememos parecer ridículos. Tememos no decir algo perfecto. Tememos lo incómoda que sería la conversación. Sin embargo, si se hace con humildad genuina y la intención de buscar la comprensión verdadera, una conversación incómoda puede ser una de las mejores maneras de profundizar en las relaciones.

Le pondré un ejemplo personal. Hace unos años, quería contratar a un miembro de la facultad con mucho talento de una escuela de negocios cercana. Ella es investigadora y profesora de primer nivel que también resulta ser una mujer negra. Planeé un viaje para ir a verla con la esperanza de poder convencerla en persona de mudarse a Duke (EE. UU.). Sin embargo, a medida que se acercaba el viaje, estaba cada vez más ansioso. Quería asegurarme de que esta profesora no pensase que quería que se uniera a nosotros solo por su raza y género.

Decidí consultar a una compañera de confianza que también es una mujer negra. Ella siempre dice lo que piensa y yo sabía que sería sincera conmigo, aunque tengo que admitir que definitivamente me sentí incómodo al abordar el tema. Así fue la conversación:

Yo: "Quiero contratar a esta mujer sin importar el color de su piel, pero el hecho de que ella sea una mujer negra también me atrae, porque creo firmemente en el valor de la diversidad. Sin embargo, no quiero que piense que quiero contratarla solo por su raza y género. ¿Qué debería hacer?".

Compañera: "Olvídese de usted. Dígale lo que acaba de decirme a mí".

No tenía nada en contra del consejo de mi compañera, aparte de que la conversación me haría sentir incómodo. Así que hice lo que ella me sugirió. Terminé y tuve la conversación con la mujer que estaba tratando de reclutar. Para mi sorpresa, no fue muy incómodo. Hablamos abiertamente y creo que ambos nos sentimos mejor por haber abordado lo que podría haber sido una situación realmente incómoda.

Se necesita humildad para tener estas conversaciones. Debe estar dispuesto a ser vulnerable. Necesita tener confianza para entablar un diálogo realmente productivo. También debe obtener el permiso de la otra persona. Puede empezar con algo como: "no estoy seguro de cómo decir esto, pero creo que tenemos que hablar sobre este tema. ¿Le parece bien?". O, "me doy cuenta de que esto es incómodo, pero realmente quiero entender más a cómo se siente. ¿Estaría cómodo hablando de esto?".

Uno de nuestros exalumnos compartió un poderoso ejemplo de este enfoque hace poco. Un miembro de su equipo no se identifica con los roles de género binario. Nuestro exalumno no estaba seguro de cómo interactuar adecuadamente con esta persona y estaba preocupado por ofenderla. Se acercó a la persona y le pidió permiso para tener una conversación incómoda y recibir orientación por su parte. El resultado fue que nuestro exalumno se enteró de lo que significaba ser de género ambiguo y también llegó a conocer a su compañero como persona. Su relación se hizo más fuerte y como resultado, el trabajo que pudieron producir como equipo fue incluso mejor. Al mostrar la vulnerabilidad y el compromiso de asegurarse de que su compañero se sintiera verdaderamente aceptado y cómodo, nuestro exalumno pudo forjar una relación que alentó a un miembro del equipo a ser verdaderamente auténtico y así dar lo mejor de sí mismo.

Me encanta esta historia ya que ilustra cómo estas conversaciones pueden ser tan poderosas a nivel humano. En estos tiempos tan polarizados es fácil refugiarse en silos y no abordar la diferencia o los sentimientos individuales. Es fácil permanecer en silencio y suscribirse al argumento de que la oficina no es un lugar para el diálogo más allá del ámbito comercial. Sin embargo, debemos estar dispuestos a abrazar lo incómodo para desarrollar la capacidad de tener conversaciones abiertas y honestas sobre temas divisivos o personales que son importantes, o arriesgarnos a que estos problemas impacten negativamente en nuestros empleados y en nuestro negocio.

Pedir permiso para ser incómodo y fomentar la honestidad es la única forma en la que podremos llegar a un entendimiento común en tiempos tan difíciles, incluso en el trabajo.


Es decano de la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke (EE.UU.).

martes, 31 de julio de 2018

La transformación es imposible si los líderes no cambian su mentalidad

trad. Mariana Díaz

La transformación es imposible si los líderes no cambian su mentalidad


Hace algún tiempo, pregunté a 100 directores ejecutivos que asistían a una conferencia cuántos de ellos estaban involucrados, en ese momento, en una importante transformación comercial. Casi todos levantaron la mano, pero no fue una sorpresa. Según un estudio de BCG, el 85% de las empresas han emprendido una transformación durante la última década.

La misma investigación encontró que casi el 75% de esas transformaciones no logran mejorar el rendimiento comercial, ya sea a corto o largo plazo.

Entonces, ¿por qué es tan difícil lograr la transformación?

Entre muchas explicaciones posibles, una que recibe muy poca atención puede ser la más fundamental: los temores invisibles y las inseguridades que nos mantienen encerrados en comportamientos incluso cuando sabemos racionalmente que no nos sirven. Sume a eso la ansiedad que experimentan casi todos los seres humanos frente al cambio. Pese a esto, la mayoría de las organizaciones prestan mucha más atención a la estrategia y la ejecución que a lo que sienten y piensan sus empleados cuando se les pide que acepten una transformación. La resistencia, especialmente cuando es pasiva, invisible e inconsciente, puede descarrilar incluso la mejor estrategia.

Las transformaciones empresariales generalmente se basan en nuevos elementos estructurales, que incluyen políticas, procesos, instalaciones y tecnología. Algunas compañías también se enfocan en comportamientos: definir nuevas prácticas, capacitar nuevas habilidades o pedir a los empleados nuevos productos.

Lo que la mayoría de las organizaciones suelen pasar por alto es el cambio interno, es decir, lo que la gente piensa y siente. Y para dar vida a la estrategia, esto tiene que ocurrir. Aquí es donde la resistencia tiende a surgir, cognitivamente, en la forma de creencias fijas, suposiciones profundamente arraigadas y puntos ciegos; y emocionalmente, en forma del miedo y la inseguridad que el cambio engendra. Todo esto se suma a nuestra mentalidad, que refleja cómo vemos el mundo, qué creemos y cómo nos hace sentir.

El resultado es que la transformación de un negocio también depende de la transformación de las personas, comenzando por los líderes e influencers más experimentados. Sin embargo, pocos, en nuestra experiencia, han pasado mucho tiempo observando y comprendiendo sus propias motivaciones, desafiando sus suposiciones o yendo más allá de sus zonas de confort intelectual y emocional. El resultado es algo que los psicólogos Lisa Lahey y Robert Kegan han denominado "inmunidad al cambio".

Primero nos topamos, hace dos décadas, con el poder de la mentalidad, cuando comenzamos a plantear el caso dentro de las organizaciones de que el descanso y la renovación son esenciales para mantener el alto rendimiento. La evidencia científica que presentamos a los clientes fue convincente. Casi todos ellos creyeron que el concepto era persuasivo y atractivo, tanto lógica como intuitivamente. Les enseñamos estrategias muy simples para construir la renovación en sus vidas, y dejaron nuestros talleres ansiosos por cambiar la forma en que trabajaban.

No obstante, la mayoría de ellos tuvo problemas para cambiar su comportamiento cuando volvieron a sus trabajos. Continuaron equiparando el trabajo continuo y las largas horas con el éxito. Tomarse el tiempo necesario para renovarse durante los días de trabajo les hizo sentir como si estuvieran aflojando. Incluso cuando las organizaciones construyeron espacios de siesta, a menudo no se usaban. A la gente le preocupaba que, si descansaban del todo, no iban a realizar su trabajo y, sobre todo, temían fallar. A pesar de sus mejores intenciones, muchos de ellos eventualmente volvieron a sus patrones habituales.

Hace poco trabajamos con el equipo sénior de una gran empresa de productos de consumo que se vio seriamente afectada por competidores online más pequeños y más ágiles que vendían sus servicios directamente a los consumidores. A primera vista, el equipo estaba alineado, enfocado y comprometido con una nueva estrategia multifacética con un fuerte componente digital. No obstante, cuando observamos la mentalidad del equipo más profundamente, descubrimos que compartían varias creencias subyacentes, entre ellas: "Todo lo que hacemos tiene la misma importancia", "Más siempre es mejor" y "Tiene que ser perfecto o no lo hacemos". Resumieron estas creencias en una sola oración: "Si no seguimos corriendo tan rápido como podamos y estamos atentos a cada detalle, todo se derrumbará".

No es sorprendente que los líderes descubrieran que se estaban extendiendo demasiado, luchando por apretar el gatillo en nuevas iniciativas y sintiéndose agotados. El simple hecho de darse cuenta de estos costes y sus consecuencias demostraron ser altamente valiosos y motivadores. También lanzamos varias iniciativas para abordar estos problemas de forma individual y colectiva.

Una de las iniciativas más exitosas comenzó con un simple ejercicio destinado a ayudar a los líderes a definir sus tres principales prioridades. Luego les guiamos a través de un ejercicio estructurado que incluye profundizar en sus calendarios para evaluar si estaban aprovechando su tiempo para obtener la mayor ventaja, incluido reservar tiempo para la renovación. Este proceso les llevó a examinar más conscientemente por qué estaban trabajando de forma autodestructiva.

También desarrollamos un portal en internet donde los líderes acordaron compartir regularmente su progreso en la priorización, así como los sentimientos de resistencia que surgían y cómo los manejaban. Su trabajo es continuo, pero entre los sentimientos más comunes que informaron las personas estaban la liberación y el alivio. Sus peores temores no se materializaron.

Varios factores suelen mantener la mentalidad en su lugar. La primera es que gran parte de ella se enraíza profundamente al principio de nuestras vidas. Con el tiempo, tendemos a desarrollar un sesgo de confirmación, buscando evidencia que refuerce lo que ya creemos y minimizando o descartando lo que no creemos. También estamos diseñados, tanto genética como instintivamente, para poner nuestra propia seguridad primero y para evitar tomar demasiado riesgo. En lugar de utilizar nuestra capacidad de pensamiento crítico para evaluar nuevas posibilidades, a menudo cooptamos nuestra corteza prefrontal para racionalizar las elecciones que en realidad fueron impulsadas por nuestras emociones.

Todo esto explica por qué la transformación más efectiva comienza con lo que está sucediendo dentro de las personas, y especialmente con los líderes más experimentados dada su autoridad e influencia desproporcionadas. Su desafío es dirigir deliberadamente la atención hacia sí mismos para comenzar a notar los patrones fijos en su pensamiento, cómo se sienten en un momento dado y qué tan rápido el instinto de autopreservación puede abrumar a la racionalidad y una perspectiva a más largo plazo, especialmente cuando las apuestas son altas.

Los líderes también tienen un gran impacto en la mentalidad colectiva, es decir, en la cultura organizacional. A medida que comienzan a cambiar la forma en que piensan y sienten, son más capaces de modelar comportamientos nuevos y comunicarse con otros de forma más auténtica y persuasiva. Incluso los empleados altamente resistentes al cambio tienden a seguir a sus líderes, simplemente porque la mayoría de la gente prefiere encajar, en lugar de sobresalir.

En definitiva, la transformación personal requiere el coraje para desafiar la zona de confort actual y tolerar esa incomodidad sin reaccionar de forma exagerada. Una de las herramientas más efectivas que hemos encontrado es una serie de preguntas provocadoras que les pedimos a los líderes y a sus equipos que crearan una práctica para preguntarse a sí mismos:

"¿Qué es lo que no estoy viendo?"

"¿Qué más es cierto?"

"¿Cuál es mi responsabilidad en esta situación?"

"¿Cómo influyen mis miedos en mi perspectiva?"

La gran estrategia sigue siendo fundamental para la transformación, pero una ejecución exitosa también requiere que surjan y aborden continuamente las razones invisibles que a menudo las personas y las culturas se resisten a cambiar, incluso cuando la forma en que están trabajando no está funcionando.


Es el presidente y CEO de The Energy Project y autor de The Way We're Working Is Not Working. Conviértase en un fan de The Energy Project en Facebook y conéctese con Tony en Twitter.com/TonySchwartz y Twitter.com/Energy_Project.

miércoles, 20 de junio de 2018

El problema de tener un jefe que siempre está ausente

Por Scott Gregory
trad. Mariana Díaz


Hace poco, un joven amigo comentó que el peor jefe que había tenido le elogiaba con comentarios que siempre consistían en frases como: "Está haciendo un gran trabajo". Sin embargo, ambos sabían que no era cierto: la organización estaba desordenada, la rotación de personal era excesiva y los clientes no estaban contentos. Mi amigo se estaba esforzando al máximo, pero necesitaba más apoyo y mejores comentarios que los que recibió. Quería un jefe que estuviera cerca cuando lo necesitara y que le diera consejos contundentes, no tópicos. Como reflejo de su frustración señaló: "Preferiría tener un jefe que me gritara o hiciera demandas poco realistas que a este que me elogia con comentarios vacíos".

Durante muchos años, los investigadores han estudiado el descarrilamiento de dirección, o el lado oscuro del liderazgo. Las características clave del descarrilamiento de los malos gerentes están bien documentadas y se dividen en tres amplias categorías de comportamiento:

1. "Alejamiento de comportamientos": que crean distancia entre los demás a través de la hiper-emocionalidad, comunicación disminuida y escepticismo que erosiona la confianza,

2. "Moverse contra comportamientos": que domina y manipula a las personas mientras engrandece el yo,

3. "Avanzar hacia conductas": que incluyen ser condescendientes, demasiado conformistas y reacios a correr riesgos o defender al equipo.

Los medios de comunicación más populares publican una gran cantidad de ejemplos de malos líderes con estas características en el Gobierno, las universidades y los negocios. Sin embargo, mi amigo estaba describiendo algo posiblemente peor que un jefe incompetente. Su gerente no se comportaba abiertamente, ni era un sociópata narcisista. Por el contrario, su jefe solo tenía de líder el título, su papel era el liderazgo, pero no proporcionó ninguno. Mi amigo estaba experimentando un liderazgo ausente y, desafortunadamente, él no está solo. El liderazgo ausente rara vez aparece en el liderazgo o la literatura empresarial actual, pero las investigaciones señalan que es la forma más común de liderazgo incompetente.

Los líderes ausentes son personas en puestos de liderazgo que están psicológicamente ausentes. Consiguieron un aumento y disfrutan de los privilegios y recompensas de un rol de liderazgo, pero evitan la participación significativa con sus equipos. El liderazgo ausente se asemeja al concepto de búsqueda de rentas en economía, sacar valor de una organización sin poner en valor. Como tales, representan un caso especial de liderazgo laissez-faire (deje hacer), pero que se distingue por ser destructivos.

Tener un jefe que le permita hacer lo que le plazca puede sonar ideal, especialmente si su jefe actual le intimida. Sin embargo, una encuesta de 2015 a 1.000 trabajadores adultos demostró que ocho de las nueve quejas más importantes sobre jefes se referían a comportamientos ausentes; los empleados estaban más preocupados de lo que sus jefes no hacían. Está claro que, desde la perspectiva del empleado, el liderazgo ausente es un problema importante y es más problemático que otras formas más claras de mal liderazgo.

La investigación afirma que ser ignorado por el jefe es más alienante que recibir un mal trato. El impacto del liderazgo ausente en la satisfacción laboral dura más que el impacto de formas constructivas y abiertamente destructivas de liderazgo. El liderazgo constructivo mejora inmediatamente la satisfacción laboral, pero los efectos disminuyen rápidamente. El liderazgo destructivo degrada inmediatamente la satisfacción laboral, pero los efectos se disipan tras unos seis meses. Por el contrario, el impacto del liderazgo ausente tarda más en aparecer, pero degrada la satisfacción laboral de los subordinados durante al menos dos años. También se relaciona con una serie de otros resultados negativos para los empleados, como ambigüedad de roles, quejas de salud y mayor intimidación de los miembros del equipo. El liderazgo ausente crea estrés en los empleados y esto puede llevar a resultados deficientes en su salud y al agotamiento del talento, que a su vez afecta el resultado final de una organización.

Si el liderazgo ausente es tan destructivo, ¿por qué no leemos más sobre esto en la literatura sobre gestión? Considere una historia que escuché hace poco sobre el decano de una conocida facultad de Derecho: dos reconocidos miembros de la facultad llamaron al rector para quejarse de su decano porque, dijeron, no hacía nada. El rector respondió diciendo que era un decano estaba borracho, acusado de acoso sexual y de malversar fondos, pero que no le causó ningún problema. Así que, los miembros de la facultad simplemente tendrían que lidiar con su decano, según apuntó el rector.

Al igual que el rector en este ejemplo, muchas organizaciones no enfrentan a los líderes ausentes porque tienen otros gerentes cuyo comportamiento es más destructivo en abierto. Debido a que los líderes ausentes no generan problemas activamente, su impacto negativo en las organizaciones puede ser difícil de detectar y, cuando se detecta, a menudo se considera un problema de baja prioridad. Por lo tanto, los líderes ausentes a menudo son asesinos silenciosos de la organización. Si no se controla, los líderes ausentes obstruyen las arterias de sucesión de una organización, impidiendo que personas potencialmente más efectivas asuman roles importantes y añadan poco a la productividad. Los líderes ausentes rara vez participan en episodios imperdonables de mal comportamiento y rara vez son objeto de investigaciones éticas derivadas de las llamadas a los teléfonos de los empleados. Como resultado, su efecto negativo en las organizaciones se acumula con el tiempo, en gran medida sin control.

Si su organización es una de las pocas que cuenta con métodos efectivos de selección y promoción, podrá identificar líderes eficaces y destructivos. Incluso si su organización no es excelente para la identificación del talento, ambos tipos de líderes son fáciles de detectar una vez que están en el trabajo. También producen resultados organizacionales predecibles: el liderazgo constructivo crea un alto compromiso y productividad, mientras que un liderazgo destructivo elimina el compromiso y la productividad. Sin embargo, hay buenas posibilidades de que su organización no tenga conocimiento de sus líderes ausentes, porque se especializan en volar por debajo del radar al no hacer nada que llame la atención. No obstante, la adhesividad de su impacto negativo puede dañar lentamente a la empresa.

La guerra por el talento de liderazgo es real y las organizaciones con los mejores líderes ganarán. Revisar los puestos administrativos de su organización en búsqueda de líderes ausentes y hacer algo al respecto puede mejorar su arsenal de gestión del talento. Es probable que sus competidores pasen por alto este problema o decidan no hacer nada al respecto, como el rector de la universidad. No hacer nada acerca de los líderes ausentes es fácil. Simplemente pregúntele a cualquier líder ausente.

es director ejecutivo de Hogan Assessment Systems. Es un experto en selección ejecutiva, desarrollo y coaching y un orador frecuente sobre la personalidad en el lugar de trabajo.es director ejecutivo de Hogan Assessment Systems. Es un experto en selección ejecutiva, desarrollo y coaching y un orador frecuente sobre la personalidad en el lugar de trabajo.

martes, 5 de junio de 2018

Cinco actitudes de los líderes que deben afrontar cambios

trad. Mariana Díaz
04.06.2018



En el mejor de los casos, las fusiones y adquisiciones de empresas (M&A, por sus siglas en inglés) tienen una probabilidad del 50% de alcanzar los resultados esperados. Estudio tras estudio sitúa la tasa de fracaso más cerca del 70-90%. ¿Por qué la tasa de fallos es tan alta? En repetidas ocasiones, la investigación cita el factor humano como la razón principal por la cual fracasan las fusiones y adquisiciones.

Parte del problema es la forma en que las organizaciones ven el aspecto humano de la fecha de cierre, que generalmente se trata como el final de la transacción, cuando en realidad es solo el comienzo del cambio. Las organizaciones, los procesos y las culturas se estarán integrando durante semanas y meses después de que las organizaciones se fusionen, causando interrupciones e incertidumbre. Los líderes en el entorno de fusiones y adquisiciones administran una organización que no existía anteriormente. Su personal ya no es parte de la organización a la que se unieron. Su sentido de la normalidad se ve interrumpido. En respuesta, pueden optar por aferrarse al pasado y lo que es cómodo o sentirse un poco desorientados a medida que buscan su lugar en la nueva compañía. En medio de la disrupción, surgirán nuevos desafíos y oportunidades no solo en la integración de la nueva organización, sino en su mercado y entre sus clientes. Y la fusión o adquisición no será el último cambio al que se enfrentarán. El CEB informa que la organización promedio ha experimentado cinco cambios en toda la empresa en los últimos tres años y que el 73 % espera que el cambio se acelere (https://www.cebglobal.com/insights/change-management.html). En este entorno, la agilidad de cambio debe ser parte del ADN de la nueva organización y los líderes. No puede existir solo en unas pocas personas en la organización; tiene que ser la forma en que se llevan a cabo los negocios.

Los líderes que son ágiles para realizar el cambio con éxito en todos los niveles de la organización responden a los cambios en el entorno empresarial aprovechando las oportunidades, como descartar viejos modelos y desarrollar nuevas formas de hacer negocios. Intentan hacer que el cambio sea contagioso, integrándolo en todo lo que hacen, desde las interacciones diarias más fundamentales hasta la estrategia más compleja.

Los líderes ágiles para el cambio demuestran cinco comportamientos integrados que, juntos, crean una ventaja competitiva para la organización. Estos son:

Comparta un propósito convincente y claro: el propósito es la barrera de protección para las acciones. Cambiar la agilidad requiere una respuesta a la pregunta "¿Por qué?", ​​para que las personas puedan luchar contra el instinto natural de resistir el cambio. La respuesta necesita aprovechar lo que es significativo e importante, proporcionando una invitación irresistible para unirse. Así lo expresó el CEO de Konica Minolta, Shoei Yamana: "Creo que las personas no solo trabajan por el dinero... tienen que compartir la misma creencia de que están creando valor de alguna manera". Si no puede articular un propósito claro detrás de los cambios que se están realizando, es poco probable que sus empleados puedan implementarlos.

Mire hacia adelante y vea la oportunidad: la mayoría de los líderes ven esto como el rol de los altos ejecutivos. Para infundir agilidad de cambio en su cultura, los líderes de la línea media y primera línea, que están más cerca de los mercados, clientes y operaciones diarias, necesitan ser alentados e inspirados para ver las oportunidades en lo que hacen todos los días. Necesitan mirar más allá de este mes o de este año para identificar tendencias y tomar medidas. La historia está plagada de líderes del mercado que no vieron las oportunidades por delante ni tomaron medidas al respecto. Kodak, Sears y Motorola son solo algunos ejemplos. Para desarrollar este comportamiento en la organización, los líderes deberían:
  • Hacer que la búsqueda de oportunidades forme parte de la conversación regular. El simple hecho de hacer preguntas como: "¿De qué están hablando nuestros clientes? ¿Qué cree que querrán dentro de un año o dos? ¿Qué nuevas tendencias cree que nos afectarán?", envía el mensaje de que mirar hacia el futuro es importante.

  • Proporcionar un espacio para experimentar. Cuando se identifica una oportunidad potencial, permita que los individuos o grupos experimenten con formas de aprovecharla. Minimice la necesidad de tener múltiples niveles de aprobación, esto hace que la cultura también sea reacia al riesgo y sofoca el impulso.
  • Promocionar los éxitos. Nada genera éxito como el éxito. Cuente las historias en eventos de la compañía y reconozca a los líderes de la línea media y primera línea que miran hacia el futuro e identifican oportunidades. Muestre que el status quo ya no es suficiente.
Busque lo que no funciona: se dice que las malas noticias no viajan hacia arriba. Durante la integración de una adquisición o incluso en la fusión interna de las unidades de negocio, habrá malas noticias de las que la organización necesita aprender. Sin embargo, para que el aprendizaje real ocurra, la gente necesita sentirse psicológicamente segura para compartir lo bueno, lo malo y lo feo.

Considere este ejemplo: Derek dirigía la integración de varias unidades internas en una organización fusionada. Esta integración creó un nuevo equipo de informes directos para él. En el transcurso de la integración, trabajó en la creación de la seguridad psicológica para su equipo para discutir los desafíos del trabajo conjunto y de la integración en general. Usaron un enfoque de confianza para hablar abiertamente sobre lo que estaban haciendo para construir y romper la confianza entre ellos. Las personas discutieron lo que trajeron al equipo y lo que necesitaban de los miembros de su equipo. Midieron el pulso para evaluar su alineación y donde había trabajo por hacer. Tuvieron conversaciones difíciles. Este tipo de conversación abierta y la seguridad psicológica se esparció a través de la nueva organización de 250 personas. Culminó en una reunión de dos días para toda la organización que incluyó conversaciones abiertas sobre lo que funcionaba bien y sobre las oportunidades y desafíos que esta nueva organización necesitaba abordar para sus clientes. La reunión también incluyó una lectura de los resultados de la encuesta de participación de los empleados que, en medio de la turbulencia de una integración, se encontraban entre los más altos en la historia de la compañía.

Promueva la toma de riesgos calculada y la experimentación: Robert Kennedy, parafraseando a George Bernard Shaw, dijo: "Hay quienes miran las cosas tal como son y preguntan por qué. Sueño con cosas que nunca fueron, y pregunto por qué no". Con demasiada frecuencia, la primera respuesta de nuestras organizaciones tradicionales ante un riesgo es preguntar: "¿Por qué?". La agilidad del cambio requiere que los líderes pregunten "¿por qué no?" y establezcan oportunidades para proyectos pilotos, prototipos y la experimentación. La experimentación es una parte integral de I+D. Si bien una estrategia general informa el enfoque de los investigadores, cualquier científico de I+D le dirá que a veces hay docenas de experimentos que no obtienen resultados y que, sin los fracasos, no podrían encontrar los éxitos.

Busque asociaciones que abarquen límites: a medida que el trabajo se vuelve más complejo, se necesitan equipos y colaboraciones transfronterizas para crear productos, atraer clientes y lograr resultados. Los líderes y organizaciones ágiles para el cambio están reemplazando silos funcionales con organizaciones formales e informales que permiten el flujo rápido de información y la toma de decisiones en torno a un producto, cliente o región. Por ejemplo, Maureen es una líder de aprendizaje y desarrollo de nivel medio en una compañía de tecnología global que crece rápidamente a través de adquisiciones. Tener oportunidades de crecimiento y desarrollo para el talento clave ha sido fundamental para la retención, y mejorar la experiencia del empleado es un enfoque estratégico. Los equipos de aprendizaje y desarrollo están dispersos en toda la organización, trabajando de forma independiente para abordar las necesidades de las unidades de negocio. Mirando al futuro, Maureen sintió que la compañía también se enfocaría en la eficiencia en respuesta a los cambios del mercado y la integración continua de las compañías adquiridas. Al ver la oportunidad de mejorar la experiencia de los empleados y crear eficiencias de costes en las organizaciones de aprendizaje, reunió a sus compañeros líderes de aprendizaje. Diseñaron e implementaron una nueva organización de servicios compartidos que centraliza el desarrollo de capacitación y la administración de proveedores. Creará marcas y procesos estandarizados, herramientas para mejorar y ahorros de costes a partir de contratos negociados de forma consistente. Esto crea una experiencia más uniforme para los empleados en todas las funciones de aprendizaje y aborda de manera más eficiente las necesidades de aprendizaje en toda la empresa.

Estos cinco comportamientos, cuando se usan en conjunto, crean cambios culturales que aumentan la agilidad del cambio. Son cambios que deben realizarse en todos los niveles de liderazgo. Pueden que marquen la diferencia entre tener éxito con las fusiones y adquisiciones o ser nulo.

Edith Onderick-Harvey es socia gerente de NextBridge Consulting, una firma de consultoría para el cambio organizacional y el desarrollo de liderazgo enfocada en ayudar a los clientes a mantenerse a la vanguardia. Es consultora, conferencista y autora ampliamente reconocida que ha ayudado a los clientes a aceptar el cambio durante más de 25 años. Es la autora del libro recomendado por Marshall Goldsmith 'Getting Real: Strategies for Leadership in Today’s Innovation-Hungry, Time-Strapped, Multi-Tasking World of Work'.