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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 9 de febrero de 2026

Estos son los países más endeudados con el FMI a febrero en Latinoamérica y sus retos para 2026

De cara a 2026, la resiliencia económica dependerá menos del nivel de deuda y más de la capacidad de pagar intereses y amortizaciones sin perder acceso al financiamiento ni afectar la estabilidad macroeconómica, según el IIF.

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09 de febrero, 2026 | 06:00 AM Bloomberg

Bloomberg Línea — Los países más endeudados en Latinoamérica con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como Argentina, enfrentan mayor presión por el servicio de la deuda en un contexto de tasas de interés altas que encarecen los costos financieros y bajo crecimiento regional.

“El principal reto que enfrenta América Latina este año en términos de servicio de la deuda no es un problema generalizado de solvencia, sino una combinación cada vez más exigente de costos financieros elevados, crecimiento moderado y una menor tolerancia del mercado a desvíos fiscales”, dijo a Bloomberg Línea Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

Fortun explica que, en términos prácticos, el servicio de la deuda está absorbiendo una porción creciente de los ingresos públicos, justo cuando el crecimiento económico no alcanza para aliviar esa carga y el acceso al financiamiento externo sigue siendo selectivo.

El año pasado, la debilidad global del dólar alivió parcialmente la carga de la deuda externa medida en moneda local y ayudó a mejorar el acceso a financiamiento.

No obstante, “ese viento a favor no resuelve la fragilidad de fondo, que es tener que refinanciar vencimientos relevantes con tasas internacionales todavía exigentes y con crecimiento que no alcanza para estabilizar la dinámica de deuda sin generar superávits primarios más altos”, dijo a Bloomberg Línea Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma XTB Latam.

En la práctica, dice que el riesgo aparece cuando se cierran las ventanas de financiamiento y sube la prima por riesgo.

En este contexto, refinanciar la deuda se vuelve más caro y los gobiernos pasan a depender más de organismos multilaterales o de ajustes fiscales que generalmente son políticamente costosos.

Presiones fiscales

Las presiones fiscales y financieras hoy vienen por tres canales que se retroalimentan, según la analista de XTB Latam.

Por un lado, menciona un mayor gasto por intereses que compite con gasto social e inversión.

En segunda medida, se refiere al crecimiento bajo que limita recaudación y hace más visible la rigidez presupuestaria.

Y en tercera instancia el riesgo de un dólar más fuerte o de episodios de volatilidad global que encarecen el servicio de deuda.

Estas presiones, a su vez, pueden reabrir tensiones inflacionarias y forzar políticas más restrictivas.

En este contexto, “la coordinación del mix de políticas importa mucho, porque si el mercado percibe señales fiscales poco creíbles o prociclicidad, suben spreads, cae la demanda por duración y se acorta el financiamiento, elevando la probabilidad de ajustes desordenados incluso sin un problema inmediato de solvencia”, según Santos.

Deuda de Argentina y Ecuador

Milei’s Austerity Plan Pushes Argentina Into Recession In First Quarter

Argentina se mantiene a comienzos de 2026 como el país más endeudado del mundo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), según datos actualizados del propio organismo revisados por Bloomberg Línea.

Para Fortun, Argentina el caso más desafiante por la magnitud de sus obligaciones y por un calendario que comienza a endurecerse.

En Argentina, “el desafío no es solo el volumen, sino la gestión de flujos en un contexto de acceso limitado al mercado y necesidad de acumular reservas”, dijo el economista del IIF. “El servicio de la deuda se convierte en una prueba de consistencia del programa macroeconómico en su conjunto, más que en un problema contable puntual”.

Argentina saldó intereses con el FMI la semana pasada, en uno de los múltiples vencimientos previstos para 2026.

Para cumplir con sus compromisos, el Gobierno compró Derechos Especiales de Giro (DEG) al Tesoro de EE.UU. Estados Unidos por US$808 millones.

En abril del año pasado, Argentina y el FMI concretaron un acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, por sus siglas en inglés) por US$20.000 millones.

Según el FMI, “las prioridades políticas se centrarán en mantener un ancla fiscal fuerte, hacer la transición a un régimen monetario y cambiario más robusto, con mayor flexibilidad cambiaria, y avanzar en reformas para fomentar la productividad, la competitividad y el crecimiento”.

Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó a la Argentina a finales de la semana pasada para llevar a cabo la segunda revisión del programa de 48 meses.

La visita se realizó en medio de la polémica que desató la decisión del gobierno de Javier Milei de suspender la aplicación de una nueva metodología de medición de la inflación.

Después de Argentina, el país con mayores compromisos con el FMI en la región es Ecuador, que también enfrenta retos asociados con el servicio de la deuda.

En octubre del año pasado, Ecuador y el FMI alcanzaron un acuerdo técnico para completar la cuarta revisión del programa por US$5.000 millones, lo que habilita un desembolso de US$620 millones.

Si bien la exposición de Ecuador con el FMI es menor en términos absolutos, esta es elevada en relación con el tamaño de su economía.

Además, opera bajo un régimen de dolarización que elimina amortiguadores monetarios.

Según Fortun, en este caso, el pago de deuda externa compite directamente con prioridades fiscales y sociales, y cualquier deterioro de la confianza se traduce rápidamente en mayores costos financieros.

Economías más y menos expuestas

Quito

Para Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma XTB Latam, las economías más expuestas son las que combinan alta deuda con acreedores externos, necesidades relevantes de refinanciamiento y menor flexibilidad para absorber shocks.

“Ahí Argentina destaca por lejos por el tamaño de sus compromisos con el FMI y por la sensibilidad de su programa a reservas y confianza, mientras Ecuador y El Salvador enfrentan vulnerabilidades altas por operar dolarizados, lo que reduce el riesgo cambiario, pero concentra todo el ajuste en caja, crecimiento y acceso a financiamiento”, dijo la analista de XTB Latam.

También aparecen más sensibles los países con mayor proporción de deuda externa sobre PIB y dependencia de condiciones externas para financiarse, citando casos como los de Nicaragua.

En esos casos, un cambio de régimen en tasas o en apetito por riesgo suele reflejarse rápido en spreads y disponibilidad de crédito.

En cambio, anotó Emanoelle Santos, economías con menor deuda externa relativa y mercados locales más profundos tienden a resistir mejor, “como Costa Rica, en el grupo de los más ordenados, aunque no queda inmune si se endurecen las condiciones globales”.

El caso de Costa Rica

Colones costarricenses

En el caso de Costa Rica, el monto que se refleja de los compromisos con el FMI corresponde a la Línea de Crédito Flexible (LCF), que es precautoria ante el escenario de incertidumbre que afronta la economía mundial, explica a Bloomberg Línea Luis Vargas Montoya,investigador adjunto del Programa Estado de la Nación (PEN).

En relación con el FMI, “el país no cuenta con una línea activa, por lo que no tiene ningún compromiso de desembolsos con el fondo hasta el momento en que decida utilizar la LCF”, dijo el analista. No obstante, “cuando se analiza el rubro de amortización de la deuda, el país requiere un 5,2% del PIB en el 2026, que es superior al 4,7% estimado al cierre del 2025 e igual al 5,2% del 2024″.

Desde el 2020, Vargas Montoya señala que el FMI ha venido acompañando el proceso de estabilización macroeconómica de Costa Rica.

El primer apoyo del FMI al país consistió en un financiamiento de emergencia para disminuir las presiones en la balanza de pagos.

Posteriormente, el FMI le otorgó a Costa Rica dos financiamientos más, el primero en apoyo a la reforma fiscal y estabilidad monetaria y financiera, y el segundo para apoyar los esfuerzos ante el cambio climático.

En el 2025, el FMI reconoce la evolución favorable de los indicadores macroeconómicos de Costa Rica y le otorga una Línea de Crédito Flexible (LCF) por US$1.500 millones, señaló Luis Vargas Montoya, investigador del PEN.

Canales de impacto

Las presiones fiscales y financieras se concentran en economías con menor espacio fiscal, mayor dependencia de financiamiento externo y marcos políticos que dificultan el ajuste.

De cara a 2026, Fortun cree que la capacidad de gestionar flujos de deuda, más que los niveles heredados, definirá qué países transitan el año con estabilidad y cuáles enfrentan episodios de tensión.

Los principales canales de presión seguirían siendo las tasas globales, el crecimiento económico y la arquitectura financiera global.

Nivel de tasas

Según el economista del IIF, aun sin nuevos aumentos, las tasas globales siguen siendo altas en términos reales y el term premium se mantiene por encima de los promedios de la década pasada. “Esto implica que refinanciar deuda, tanto externa como doméstica, es estructuralmente más caro que en el ciclo previo”.

En varios países de la región, el pago de intereses ya supera el gasto en inversión pública, lo que comprime el espacio fiscal incluso antes de considerar amortizaciones.

Este efecto es particularmente relevante en economías con una mayor proporción de deuda a tasa variable o con vencimientos concentrados en el corto y mediano plazo.

Crecimiento

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Las proyecciones de crecimiento para América Latina en 2025 y 2026 apuntan a expansiones positivas, pero modestas y heterogéneas.

Ese ritmo es insuficiente para reducir de forma automática el peso del servicio de la deuda, advirtió Fortun.

“En ausencia de un impulso fuerte por actividad, la carga financiera solo puede aliviarse mediante consolidación fiscal o mejoras sostenidas en las condiciones financieras externas, ninguna de las cuales está garantizada”, dijo Fortun.

En este entorno, incluso déficits primarios relativamente acotados pueden volverse problemáticos si el costo de financiamiento permanece elevado.

Arquitectura financiera global

Aunque el escenario base no es de un dólar persistentemente más fuerte, la dependencia de liquidez en esa moneda sigue siendo un factor clave.

Episodios de aversión al riesgo, aun transitorios, tienden a encarecer el financiamiento externo y a cerrar ventanas de emisión.

Para países con una alta proporción de deuda en moneda extranjera o con mercados domésticos poco profundos, esto se traduce rápidamente en mayores presiones sobre el servicio, incluso sin grandes movimientos del tipo de cambio spot.

“Estos factores explican por qué el foco se desplaza desde el stock de deuda hacia el flujo de pagos. De cara a 2026, lo que separa a las economías más expuestas de las más resilientes no es tanto el nivel heredado de deuda, sino la capacidad de absorber pagos de intereses y amortizaciones sin perder acceso a financiamiento ni comprometer la estabilidad macroeconómica”, apuntó Fortun.

domingo, 8 de febrero de 2026

Montaje de tecnologías solares refuerza producción en Mayabeque (VIDEO)

 




Silvio Rodríguez: “Mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza”

 



En esta entrevista, el legendario trovador repasa su profundo vínculo con Chile y reflexiona sobre la tradición poética de la trova, su oficio y el poder de crear cuando "más feo luce el panorama".
Berenice Ojeda Jara
07-02-2026

Silvio Rodríguez se define como un “trovador del tiempo”, y posiblemente –para algunos admiradores– es un hacedor de canciones que a lo largo de más de seis décadas ha logrado entrelazar emoción y conciencia, con una propuesta musical y poética ligada a ritmos populares, a estructuras versales y estróficas de la tradición hispanoamericana, y al tránsito entre las diversas facetas de las contradicciones humanas, la intimidad del ser, y “las circunstancias que me tocaron vivir”, como señala en una de sus respuestas.

Esa sensibilidad y ese compromiso encontró en Chile un lugar especial en su trayectoria musical y vital. Su primera visita data de septiembre de 1972, cuando junto a Noel Nicola y Pablo Milanés, llegó al país invitado por Isabel Parra, y desde ese primer encuentro —con Víctor Jara esperándolo al llegar a Pudahuel— estableció un vínculo profundo con la memoria cultural y política de nuestro país.

Chile no sólo ha sido escenario de aplausos y cantos, sino también de recuerdos y afectos que a lo largo de los años se han renovado. En 2025, tras siete años de ausencia, Rodríguez regresó a Santiago en el contrexto de una gira latinoamericana que consideró a nuestro país como primer destino, y que posibilitó el reencuentro con antiguos y nuevos públicos. En una serie de emotivos conciertos en el Movistar Arena, interpretó los clásicos de siempre y también sus composiciones más recientes, acompañado de una banda de connotados músicos/as.

Este regreso no fue sólo musical, fue también un encuentro con personas para él significativas. En Santiago, conversó con figuras como el Presidente Gabriel Boric, a quien calificó como “amigo”, y evocó experiencias compartidas con Víctor Jara, en una visita a la Fundación que resguarda el patrimonio cultural del artista asesinado luego del Golpe de Estado y que dirige su hija, Amanda Jara.

La trayectoria de Silvio Rodríguez es un mapa de estaciones difíciles de separar; desde los albores de la Nueva Trova Cubana en 1968 —una corriente que combinó raíz popular, compromiso social y exploración lírica— hasta su presencia actual en escenarios de todo el continente, y discos que se han convertido en referentes absolutos del cancionero latinoamericano.

Trova

La trova, desde sus orígenes, ha integrado la fusión de música y poesía, y esta poesía ha estado ligada a estructuras versales y estróficas propias de una historia, un idioma y una tradición cultural que se desarrolla en el tiempo (verso endecasílabo, copla octosilábica, décima espinela, romance español). Desde tu oficio de trovador y ‘hacedor de canciones’, cubano, ¿Qué relevancia otorgas a estas formas poéticas, muchas de ellas presentes en tu obra?

La trova cubana es fusión de música y poesía, no sólo porque haya musicalizado formas literarias habituales en la poesía y versos de poetas; lo es, sobre todo, porque desde el siglo 19, cuando empezó a cuajar esta expresión, los trovadores cubanos partieron de una identificación con lo poético. Tan es así, que los primeros trovadores fueron llamados poetas por sus admiradores.

¿Qué autores, dentro de esta línea literaria de la tradición, resuenan particularmente en tu obra? ¿Caben aquí, los cultores repentistas del punto guajiro, por ejemplo?

A los 20 años titulé un tema “La canción de la trova”, inspirado en la impresión que me causaba la obra de Sindo Garay, uno de los padres de la trova cubana. Ya la trova había evolucionado cuando yo aparecí, sobre todo armónicamente. La mayoría de los grandes autores de boleros y canciones románticas fueron trovadores como César Portillo de la Luz, Marta Valdés, José Antonio Méndez, Ñico Rojas y otros. Recuerdo que por entonces se puso de moda el término cantautor. Creo que fue por influencia del Festival de San Remo y de autores italianos que por entonces componían e interpretaban sus propias canciones (Doménico Modugno, Sergio Endrigo, Gino Paoli). Sin embargo, prácticamente desde que empecé pedí que me presentaran como trovador. Mi identificación, además de por oficio, tenía también cierta razón de clase. Por entonces los trovadores eran los más mal pagados en la radio y la televisión.

Aunque a veces en lo que hago asoman referencias del campo, creo que mis derroteros musicales han sido armónica, rítmica y literariamente más urbanos. El punto guajiro, también llamado cubano, es una expresión eminentemente campesina. A menos de 100 metros de mi casa natal, en San Antonio de los Baños, está lo que fue el hogar de Ángel Valiente, uno de los más importantes repentistas cubanos de todos los tiempos. En Cuba es imposible desconocer el repentismo y el punto, porque son expresiones con muchos seguidores; siempre han existido programas de radio y televisión dedicados a esa música.

Silvio Rodríguez caminando sobre el escenario del Movistar Arena.

Silvio Rodríguez durante el primero de sus cuatro shows agendados en Chile. Foto: Guille Salazar (Red Eyes Concerts, productora. Vía Instagram)

¿Esas estructuras versales te sugieren ‘una música’ con características propias o especiales?

Las formas clásicas de versificar se destacan por su musicalidad. Las he usado, aunque no mucho, porque yo no compongo desde lo escrito. Más bien hago al revés: estructuro una idea musical y después trato de encontrarle las palabras.

¿Cómo comprendes hoy el concepto “trovador”? ¿Te consideras portador de una tradición que resguarda y a la vez innova en este oficio?

Como toda mi generación, me considero un trovador del tiempo y las circunstancias que me tocaron vivir.

Relación con Chile

Anunciado tu concierto en nuestro país, –septiembre y octubre del 2025–, la respuesta de tus seguidores fue casi inmediata. Se agotaron rápidamente las entradas para la primera fecha anunciada, obligando la apertura de dos nuevas presentaciones. Este hecho denota la profunda admiración y cariño de nuestro pueblo por tu obra. Si pregunto a la inversa, ¿Qué significa, en el plano afectivo y creativo, Chile para ti?

Chile fue el primer país Latinoamericano que visitamos Pablo Milanés, Noel Nicola y yo, gracias a una invitación de Gladys Marín. Fue en septiembre de 1972, durante el gobierno de Salvador Allende, a quien tuvimos la suerte de ver de cerca. Fueron tres o cuatro semanas que calaron muy hondo en mi conciencia. Estuve mucho en la Peña de los Parra. Allí vimos a Inti Illimani, Illapu, Tito Fernández, Pato Manns, Payo Grondona. A Víctor Jara lo recogimos una mañana y fuimos con él hasta Valparaíso, a cantar en una universidad. Por aquellos días el sello Alerce empezaba a gestarse en la cabeza de Ricardo García y estallaba la muralística popular en las paredes de la ciudad. Había combates callejeros a diario. Fue un viaje inolvidable, muy subrayado por lo que sucedió justo un año después.

El año 2004, en Barcelona, participaste en el concierto “Neruda en el corazón”, junto a destacados artistas cubanos y españoles. ¿Qué valor le asignas a la obra de Pablo Neruda? Y ¿Qué otros autores chilenos son significativos para ti?

Neruda es muy Neruda: una obra poética de proporciones universales, premio Nobel incluso. Siempre me atrajo mucho Nicanor Parra, por esa suerte de aspereza declarada en sus antipoemas. En La Habana, en Casa de las Américas, alguna vez coincidí con Enrique Lihn, y allí también hicimos un programa de televisión con Gonzalo Rojas. Una de las trovadoras cubanas que más quiero, Teresita Fernández, fue una gran divulgadora de Gabriela Mistral.

Durante tu camino artístico has colaborado en varias ocasiones con artistas chilenos, últimamente con Manuel García y Patricio Anabalón, entre otros. Según esto, ¿cómo observas el proceso creativo del Chile actual?

No estoy lo suficientemente enterado de lo actual como para atreverme a un criterio. Solo decir que tanto Manuel como el Pato son cantores extraordinarios, ambos con canciones bellísimas, además de muy bien interpretadas.

Carátula del disco "En Chile", de Silvio Rodríguez

Carátula del disco “En Chile”, de Silvio Rodríguez

Trayectoria

Si pudieras describir, en pocas palabras, tu recorrido artístico desde los inicios hasta la actualidad, ¿qué aspectos, situaciones y emociones relevarías?

Creo que he sido una persona con una suerte enorme. Por haber nacido donde y cuando nací; por haber escogido un oficio que es como seguir jugando, asumiéndome niño para siempre. Que, para colmo, te aplaudan y te paguen por hacer lo que te vino en gana, puede parecer demasiado.

¿Qué intereses creativos tiene el Silvio del 2026?

Tengo mucho pendiente, varios trabajos discográficos que van cobrando forma lentamente. Me gusta trabajar así, tomando distancia y regresando después a lo mismo. Se van descubriendo variantes, cosas nuevas.

¿Qué reflexiones y emociones quedaron en ti luego de la reciente y exitosa gira por Sudamérica, y particularmente sobre el reencuentro con Chile y con algunos amigas/os significativas/os, como Amanda Jara, por ejemplo.

Además del público chileno, que a mis años es como una especie de familia, vi a familiares que tengo en Chile, vi a gente muy querida. Cierto que fue especialmente lindo el encuentro con Amanda y su gente de la Fundación Víctor Jara. Le hice saber que la había visto pequeñita, cuando fuimos a recoger a su padre para irnos a Valparaíso. Aquel día ella salió a la puerta, le abrazó y le dio un beso.

Política

Hace años hablaste de “revolucionar la revolución”, ¿sigues sosteniendo este enunciado? Y ¿cómo comprendes actualmente la palabra “Revolución”?

También he dicho que le debiéramos quitar la R. Fíjate en cómo quedaría.

Cuba sigue siendo un referente de resistencia ante los innumerables actos de sabotaje en su contra, incluidas las amenazas de Trump contra la isla y otros países de la región, luego de asumir por la fuerza el control político y económico sobre Venezuela. ¿Cuáles crees son los factores que inciden en la preservación de su porfía, considerando el actual escenario de crisis interna y asedio externo?

En cierto sentido siempre hemos estado en crisis. Es crítico –muy crítico—plantearse un mundo en el que imperen la piedad y altruismo. Esa es la causa de todo lo que nos sucede.

Desde lo humano-político: ¿Qué travesuras sueña “El Necio” de Silvio en el presente?

Hace unos días, en un evento trovadoresco que se hace anualmente en la ciudad de Santa Clara, llamado “Longina”, como la canción de Manuel Corona –uno de los padres de la primera trova–, me preguntaron qué le diría a los jóvenes. Pasando por alto que me aterra ese tipo de preguntas –dicen que “solo da consejos quien ya no puede dar malos ejemplos”–, te voy a responder lo mismo: mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza.

sábado, 7 de febrero de 2026

Un caso de América Primero para poner fin al embargo a Cuba.

 Ha llegado el momento de entablar un diálogo con La Habana.





Misión cumplida en Venezuela. Tras meses de creciente presión que culminaron con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, Donald Trump ha declarado su victoria.

Ahora la atención del presidente se ha centrado en Cuba. Trump ha insinuado que, sin el petróleo venezolano, Cuba está al borde del abismo, y el 11 de enero instó a su gobierno a "llegar a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE".

Es una advertencia que los líderes cubanos deberían tomar en serio. Pero el colapso de la economía de la isla no sería un problema exclusivo de La Habana.

Durante décadas, la guerra económica de Washington contra Cuba ha debilitado a un gobierno que posiblemente ha sido nuestro socio de seguridad más confiable en el Caribe.

En lugar de aumentar la influencia de Estados Unidos, el endurecimiento de las sanciones ha restado estabilidad a Cuba —y a Estados Unidos, menos seguro— al desestabilizar la economía de la isla, acelerar una migración sin precedentes hacia la frontera estadounidense, socavar las iniciativas antinarcóticos, perjudicar a las empresas estadounidenses e incentivar relaciones más estrechas con Rusia y China. Un Estado cubano verdaderamente fallido a tan solo 90 millas de nuestra costa probablemente generaría consecuencias aún mayores.

La política actual hacia Cuba no se basa en nuestros intereses nacionales fundamentales, sino en la nostalgia de la Guerra Fría y la política de Florida. Estas han obstaculizado la recalibración explícitamente solicitada en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de la administración Trump:

Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que se alinean ampliamente con nuestros principios y estrategia. Sin embargo, no debemos ignorar a los gobiernos con perspectivas diferentes, con quienes, sin embargo, compartimos intereses y que desean colaborar con nosotros.

La Estrategia Nacional de Seguridad plantea cuatro preocupaciones de seguridad concretas en el hemisferio occidental: detener la migración a Estados Unidos; tratar a los cárteles de la droga como amenazas a la seguridad nacional; bloquear la influencia china y rusa; y asegurar el acceso de Estados Unidos a las cadenas de suministro, ubicaciones estratégicas y recursos.

Abordar estas cuatro preocupaciones se describe como el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, o como Trump la ha llamado, la “Doctrina Donroe”.

Defender la Doctrina Monroe no es nuevo en la presidencia de Trump. En 2019, el entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, declaró que la Doctrina Monroe estaba "vigente y vigente". La retórica puede ser la misma en el segundo mandato de Trump, pero la interpretación de Bolton y el enfoque de la Estrategia Nacional de Seguridad de 2025 reflejan dos enfoques completamente diferentes. Bolton utilizó el término para defender una campaña antisocialista al estilo de la Guerra Fría dirigida contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. La política articulada en la Estrategia Nacional de Seguridad se rige por una lógica diferente.

La NSS representa un cambio de una doctrina neoconservadora obsesionada con el comunismo a un “realismo flexible” que no ve “nada inconsistente o hipócrita… en mantener buenas relaciones con países cuyos sistemas de gobierno y sociedades difieren de los nuestros”.

Pero en lo que respecta a Cuba, el enfoque de la administración Trump no es ni flexible ni realista. Bajo la supervisión del secretario de Estado Marco Rubio, un ideólogo neoconservador que se declaró el " arquitecto " de las sanciones de máxima presión iniciadas durante el primer mandato de Trump, la actual política hacia Cuba socava los objetivos y principios fundamentales de la Estrategia Nacional de Seguridad (NSS).

Un cambio de 180 grados hacia el acercamiento no es una concesión ni una apuesta: es la manera más coherente de alinear la política estadounidense hacia Cuba con la visión estratégica de la administración para el hemisferio.

En ningún ámbito es más llamativa la incoherencia actual que en la lucha contra el narcotráfico.

A pesar de todo lo que se habla en Washington sobre el narcotráfico como una amenaza a la seguridad nacional, la política estadounidense hacia Cuba ignora una verdad incómoda: Cuba es el principal socio de seguridad del gobierno estadounidense en el Caribe.

Según el Informe de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos 2024 del Departamento de Estado , los narcotraficantes evitan la isla debido a la “robusta y agresiva presencia de seguridad” del gobierno cubano, que impide que las organizaciones criminales transnacionales se afiancen. No se puede decir lo mismo de aliados de Estados Unidos como República Dominicana, Haití, Jamaica y Bahamas, que son importantes puntos de tránsito de cocaína debido a la corrupción, la débil aplicación de la ley y las fronteras porosas. En contraste, Cuba es ampliamente reconocida como un “punto brillante” en la lucha contra el tráfico ilegal de drogas en América Latina, trabajando en estrecha colaboración con la Guardia Costera de Estados Unidos y otras agencias estadounidenses para rastrear a los narcotraficantes, compartir inteligencia e interrumpir las rutas de contrabando que se mueven a través de la región.

“El socio más eficiente de Estados Unidos en materia de seguridad en Latinoamérica es Cuba”, afirmó Hal Klepak, historiador militar y exanalista estratégico de la OTAN. “La cooperación con Cuba genera beneficios para Estados Unidos en áreas clave de seguridad que, francamente, no existen con ningún otro país latinoamericano”.

Esos logros probablemente no se materializarán sin un cambio de política. Bajo la supervisión de Rubio, cuyo cuñado fue condenado por tráfico de cocaína a Estados Unidos en la década de 1980, el Departamento de Estado eliminó por completo a Cuba de su Informe de Estrategia Internacional de Control de Narcóticos de 2025. No se dio ninguna explicación de por qué. Mientras tanto, bajo la guía de Rubio, la administración Trump ha difamado a la isla con etiquetas alejadas de la realidad. Por ejemplo, la designación de Cuba por parte del Departamento de Estado como "Estado patrocinador del terrorismo" contradice la posición de consenso en la comunidad de inteligencia estadounidense. No hay evidencia creíble de que la isla patrocine el terrorismo, e incluso ha sido víctima de ataques terroristas llevados a cabo y financiados por individuos en Estados Unidos.

La ironía es evidente. En un momento en que la administración enfatiza la necesidad de garantizar la seguridad de las fronteras estadounidenses combatiendo la violencia de los cárteles y el crimen transnacional, la política estadounidense está socavando la cooperación con uno de los pocos gobiernos de la región que cumple con sus compromisos de forma consistente.

Los costos de este enfoque no se limitan a la lucha contra el narcotráfico.

Durante años, Washington ha advertido que Rusia y China están expandiendo su presencia en el hemisferio. La Estrategia de Seguridad Nacional considera esto una amenaza crucial, señalando que competidores no hemisféricos están aprovechando las oportunidades creadas por la presión económica y la negligencia política.

Cuba es el ejemplo A.

Hace siete años, la isla regresaba, lenta pero inequívocamente, a la esfera de influencia estadounidense. Las relaciones diplomáticas se habían normalizado, el embargo se había suavizado y el comercio entre ambos países estaba en aumento. Por primera vez desde la Guerra Fría, Estados Unidos estaba en posición de moldear el futuro económico de Cuba mediante la interacción, en lugar del castigo.

Cruceros estadounidenses llegaban a diario a La Habana. Las aerolíneas estadounidenses restablecieron su servicio regular. Google, Netflix, AT&T, Marriott, Airbnb, Carnival, Caterpillar y General Electric, entre otras, se encontraban en Cuba cerrando acuerdos o explorando oportunidades de negocio.

Esa apertura se cerró abruptamente cuando Trump entregó por primera vez la política hacia Cuba a Rubio en 2017. La estrategia de “máxima presión”, impulsada por Rubio durante el primer mandato de Trump y adoptada por el presidente Joe Biden, separó a Cuba de Estados Unidos.

Empresas estadounidenses abandonaron la isla, y algunas fueron demandadas en un tribunal federal de Miami por cubanoamericanos que alegaban, a menudo dudosamente, que las empresas habían traficado con sus propiedades confiscadas. Estas demandas fueron posibles cuando Trump activó el Título III de la Ley Helms-Burton, una ley controvertida y largamente inactiva, a instancias de Rubio y sus correligionarios de línea dura del sur de Florida, quienes habían recibido donaciones de campaña de algunos de los demandantes.

El resultado fue previsible: Washington creó un vacío que Rusia y China intentaron llenar.

Moscú ha ofrecido inversión, turismo y petróleo, mientras que los buques de guerra rusos reemplazaron a los cruceros estadounidenses en el puerto de La Habana. Las empresas chinas han ampliado su papel en infraestructura, telecomunicaciones y energía. Estas relaciones no se basan en afinidades ideológicas, sino en la necesidad.

No hay indicios de que Cuba prefiera alinearse con Rusia o China antes que estrechar lazos con Estados Unidos. Al contrario, la historia reciente sugiere lo contrario. Cuando el acercamiento con Washington fue posible, La Habana lo buscó. Cuando el acercamiento fue reemplazado por la hostilidad, el gobierno cubano recurrió a otras vías.

Sin embargo, los neoconservadores de línea dura siguen tratando la presencia rusa y china en Cuba como si fuera una provocación, en lugar de un resultado que su política contribuyó a lograr. Rubio y sus aliados de Florida han propagado mitos de "bases de espionaje" y otras amenazas inverosímiles para justificar medidas cada vez más severas que profundizan la dependencia de Cuba de los adversarios de Estados Unidos.

Ésta es la paradoja central de la política de la administración hacia Cuba: al debilitar al Estado cubano y excluir a las empresas estadounidenses, Washington ha reducido su propia influencia mientras amplifica la de sus rivales.

En 1958, Estados Unidos abastecía aproximadamente el 70 % de las importaciones totales de Cuba (el 86 % de sus importaciones agrícolas) y absorbía el 67 % de sus exportaciones totales (el 88 % de sus exportaciones agrícolas). Hoy en día, Cuba importa más de China, que se encuentra al otro lado del mundo, que de Estados Unidos, que se encuentra a 145 kilómetros de distancia. Según la Coalición Agrícola de Estados Unidos para Cuba , Estados Unidos posee una cuota de mercado del 15 % de las exportaciones de alimentos a Cuba, que podría aumentar al 60 % si se levantaran las restricciones comerciales.

El embargo no solo restringe las compras cubanas de productos estadounidenses, sino que también impide a empresas estadounidenses operar en Cuba o asociarse con entidades cubanas. A principios de este año, Cuba arrendó tierras a una empresa extranjera por primera vez desde la revolución de 1959, lo que permitió a una empresa vietnamita cultivar arroz en más de 7000 acres.

Mientras tanto, el gobierno cubano considera nuevas medidas de liberalización para atraer aún más inversión, permitiendo a las empresas extranjeras operar en dólares estadounidenses y contratar trabajadores directamente. El anuncio se realizó en la Feria Internacional de La Habana, que acogió a 715 empresas de 52 países. Huelga decir que la presencia de empresas estadounidenses fue mínima.

Además, nuestra política actual hacia Cuba impide cualquier posibilidad de acceso a los minerales esenciales de Cuba. Cuba posee la cuarta mayor reserva mundial de cobalto y cantidades significativas de níquel. La empresa minera extranjera que extrae ambos minerales de la isla es canadiense.

Mientras tanto, una evaluación reciente del Servicio Geológico de Estados Unidos estimó que existen 4.000 millones de barriles de petróleo sin descubrir frente a las costas del norte de Cuba. Empresas de Rusia, China, India, Gran Bretaña, Francia, Angola, España, Venezuela, Vietnam, Malasia y Canadá han obtenido derechos de exploración .

Si bien la Estrategia Nacional de Seguridad (NSS) exige convertir a Estados Unidos en el "socio de primera opción", nuestra política garantiza lo contrario. Al excluirse del mercado cubano, Estados Unidos pierde influencia económica, debilita su posición competitiva, cede recursos cruciales a competidores extranjeros y socava sus propios objetivos de seguridad nacional.

También ha impuesto una pesada carga al contribuyente estadounidense.

La NSS deja claro que el público estadounidense ya no está dispuesto a financiar proyectos permanentes de política exterior que no tengan conexión con los intereses nacionales fundamentales. La política estadounidense hacia Cuba viola ese principio en todos los sentidos.

Mantener el embargo no es gratuito. Requiere un amplio aparato de control para vigilar los viajes, las transacciones financieras, el transporte marítimo y el comercio, a menudo dirigido contra ciudadanos y empresas estadounidenses, en lugar de contra adversarios. Millones de dólares de los contribuyentes se gastan cada año en congelar activos, investigar infracciones menores e imponer multas que no contribuyen en absoluto a mejorar la seguridad de Estados Unidos.

Los contribuyentes también financian un amplio ecosistema de organizaciones sin fines de lucro, medios de comunicación e iniciativas de inteligencia bajo el lema de "promoción de la democracia". Durante décadas, el gobierno federal ha malgastado cientos de millones de dólares con poco impacto, más allá de subsidiar proyectos de representación política en Miami y enriquecer a los aliados de políticos cubanoamericanos como Rubio, Bob Menéndez y Mario Díaz-Balart.

Estos programas no solo no están contemplados en la Estrategia de Seguridad Nacional, sino que la contradicen directamente. Ni la democracia ni los derechos humanos se mencionan en la Estrategia de Seguridad Nacional en relación con nuestros intereses de seguridad hemisférica.

La administración Trump ha supervisado una reforma histórica de la burocracia de asistencia internacional, recortando miles de millones de dólares en programas de ayuda exterior en un esfuerzo por redirigir recursos hacia intereses nacionales fundamentales y reducir el gasto ineficiente.

Pero Rubio ha protegido la supuesta "promoción de la democracia" dirigida a Cuba. Los intransigentes de Miami aún disfrutan de salarios generosos financiados por los contribuyentes estadounidenses y una línea directa con Rubio y otros políticos cubanoamericanos en Washington.

Una política de acercamiento que normalice las relaciones entre Estados Unidos y Cuba haría innecesarios tanto los mecanismos de aplicación de sanciones como la industria de “promoción de la democracia”, impulsando directamente el objetivo declarado del NSS de reducir el complejo estado de bienestar, regulación y administración y el complejo de ayuda exterior.

Los estadounidenses están pagando la política hacia Cuba no sólo con sus impuestos, sino también con sus libertades.

La NSS enfatiza que el primer deber del gobierno federal es salvaguardar los derechos constitucionales de los ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, nuestra política hacia Cuba viola esos derechos al restringir los viajes, no por una emergencia nacional ni por motivos de seguridad pública, sino para perseguir fantasías de cambio de régimen urdidas por neoconservadores como Rubio, quien, huelga decirlo, jamás ha pisado la isla.

Cuba da la bienvenida a los viajeros estadounidenses, quienes enfrentan menos riesgos de seguridad que en otros países de Latinoamérica. Irónicamente, el gobierno cubano permite a los visitantes estadounidenses entrar libremente a la isla, mientras que nuestro propio gobierno impide a sus ciudadanos viajar en ejercicio de sus derechos constitucionales.

Los estadounidenses pueden viajar a Rusia, China, Arabia Saudita, Afganistán e incluso Irán sin un proceso de licencia federal que dicte el propósito y el contenido de sus actividades. Sin embargo, la ley estadounidense prohíbe viajar a Cuba como turista e impone sanciones penales de hasta diez años de prisión y multas de 250.000 dólares.

Hace una década, cuando se flexibilizaron las restricciones de viaje, cientos de miles de estadounidenses visitaban la isla. Ahora, los balnearios cubanos reciben a muchos más turistas rusos que estadounidenses.

Al vulnerar nuestro derecho a viajar, nuestra política actual hacia Cuba limita la posibilidad de que Estados Unidos ejerza su poder blando para promover nuestros intereses, lo cual constituye uno de los objetivos declarados de la Estrategia Nacional de Seguridad (NSS). Una política que prohíbe a los estadounidenses ejercer las libertades fundamentales que proyectan el poder blando estadounidense es fundamentalmente incompatible con nuestra estrategia de contrarrestar la influencia extranjera en el hemisferio.

“Cincuenta años son suficientes; la idea de abrirse a Cuba está bien. Creo que deberíamos haber llegado a un acuerdo más sólido”, declaró Trump en una entrevista con The Daily Caller en septiembre de 2015. Finalmente tiene la oportunidad de cerrar ese acuerdo, y su Estrategia Nacional de Seguridad (NSS) describe exactamente cómo debería ser: transaccional, basado en intereses y basado no en ideologías, sino en la realidad.

Por su parte, el gobierno cubano ha mostrado una constante disposición a negociar. Cuba desea estabilidad, una relación bilateral sólida y el fin de las sanciones. Solo hay una línea roja que no cruzará: su soberanía. Esta línea no negociable es coherente con la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Trump, que alienta a otros países a priorizar sus propios intereses y deja claro que Estados Unidos "defiende los derechos soberanos de las naciones".

Lamentablemente, la política hacia Cuba sigue atrapada en una lógica fallida de cambio de régimen, anterior al fin de la Guerra Fría. Esta lógica se ha mantenido vigente no por necesidad estratégica, sino gracias a una política acaparada por un puñado de cubanoamericanos de línea dura que llevan décadas insistiendo en que el único resultado aceptable es la rendición total.

Eso no es negociar. Es una receta para el fracaso. Cualquier negociación impulsada por exigencias ideológicas de ruptura política o transición democrática tiene pocas probabilidades de prosperar.

La elección no es entre presión y compromiso. La presión ya se ha aplicado. La decisión ahora es si esa presión conduce a un acuerdo o al fracaso.

Un colapso podría significar una migración masiva, un afianzamiento más profundo de los rivales extranjeros, una oportunidad para el narcotráfico y un estado fallido a tan solo 145 kilómetros de Florida. Ese escenario podría favorecer las ambiciones políticas de los ideólogos de Miami y Washington, pero perjudicaría los intereses de Estados Unidos.

Si Trump busca el mejor acuerdo, deberá dejar de lado las fantasías de cambio de régimen que han saboteado la política estadounidense durante décadas. Cuba está debilitada, pero no desesperada. No cambiará su soberanía por la supervivencia.

Estados Unidos tiene influencia. Pero también tiene algo que perder. El único resultado que beneficia a Estados Unidos es el que mantiene a Cuba en pie y la lleva a la mesa como socio, no como premio.

Acerca del autor:
Reed Lindsay es periodista y realizador de documentales de Belly of the Beast , un medio de comunicación independiente con sede en Estados Unidos centrado en Cuba y las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.