Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 17 de marzo de 2026

Vietnam seguirá apoyando a Cuba



17 de Marzo de 2026

En este articulo: Recibimiento Oficial

Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, resalta exitosos resultados de la cooperación Cuba-Vietnam en la producción de arroz. Recibe al compañero Nguyen Van Quang, presidente de la empresa Agri-VMA, que desarrolla en Los Palacios, Pinar del Río, el cultivo del grano en tres modalidades de gestión.


Estudios Revolucion

El exitoso avance de la cooperación Cuba-Vietnam en la producción de arroz a partir de las tres modalidades que aplica Agri-VMA en Los Palacios fue destacada por el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al recibir en la tarde de este lunes al compañero Nguyen Van Quang, presidente de esa empresa, en su nueva visita a la Isla.

Usuaria de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), la entidad desarrolla en áreas de la Empresa Agroindustrial del Grano del territorio pinareño una colaboración donde combina el cultivo del arroz en tierras en usufructo en la modalidad de empresa cien por ciento extranjera, el contrato de asociación con productores cubanos y la comercialización en divisas de insumos y paquetes tecnológicos a cosecheros de Vueltabajo; variantes en las que se están obteniendo altos rendimientos de arroz cáscara húmedo.

Foto: Estudios Revolución

Al ponderar los resultados de la colaboración con Agri-VMA, Díaz-Canel subrayó que esta es muestra de los consensos a los que llegó con el Secretario General del Partido Comunista de Vietnam (PCV), To Lam, durante la visita del querido compañero a la Isla en 2024.

El Jefe de Estado agradeció a Nguyen Van Quang por un apoyo que demuestra “que en poco tiempo Cuba podrá ser capaz de autoabastecerse de arroz”.


Foto: Estudios Revolución

Exhortó a la empresa a concluir los planes acordados y a continuar potenciado las modalidades dirigidas a la producción cooperada con los productores y a la comercialización de insumos y paquetes tecnológicos. Subrayó también el aporte que está dando esta experiencia para atraer a otras empresas vietnamitas.

El compañero Nguyen Van Quang agradeció al Presidente Díaz-Canel Bermúdez por el recibimiento; le comentó que esta es una visita que cumple con la decisión de la dirección de su país de seguir apoyando a la hermana Cuba.

“Cuba –expresó-- atraviesa una situación difícil, pero nosotros estamos en la entera disposición de seguir apoyando para que pueda superar estos momentos”.


Foto: Estudios Revolución

Cuba en la encrucijada de un multilateralismo hipócrita



Por Josué Veloz Serrade


mar 17

El síntoma del amo es precisamente no querer saber nada de lo que sostiene su poder.

Jacques Lacan

El asedio perfecto: cuando la asfixia es la política

La actual crisis energética que atraviesa Cuba no es un accidente de la naturaleza ni una mera falla de infraestructura. Es el punto álgido de un asedio geopolítico diseñado con precisión quirúrgica a lo largo de seis décadas. Lo que hoy vive la isla es la convergencia letal de la guerra económica tradicional — el bloqueo — y un nuevo contexto internacional donde los actores que deberían equilibrar la balanza han optado por lo que podríamos denominar una geopolítica de mínimos.

Cuba no solo enfrenta la hostilidad del imperio, sino el abandono silencioso de aquellos que, en teoría, debieran disputar el orden unipolar.

Pero antes de analizar las coordenadas geopolíticas, es necesario interrogar el mapa psíquico que subyace a esta situación. Porque lo que ocurre con Cuba no es solo un problema de correlación de fuerzas; es también un problema de deseo, de fantasma político, de aquello que Freud llamó Verneinung, la negación como forma de reconocimiento encubierto. Los que abandonan a Cuba la niegan, pero al negarla, la confirman, y sobre todo confirman lo que niegan de sí mismos. El bloqueo existe porque Cuba aún interpela, sigue siendo un síntoma incómodo dentro del sistema capitalista global. Si Cuba no representara ninguna amenaza real, bastaría con ignorarla. El hecho de que haya que destruirla demuestra que su mera existencia sigue siendo intolerable para el orden del Amo.

La pregunta que sobrevuela este texto puede enojar a más de uno, pero es necesaria: ¿qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos reemplazan a las acciones concretas? ¿Qué significa realmente apoyar a Cuba cuando el cerco se estrecha y la asfixia se vuelve material? Y sobre todo: ¿qué dice del conjunto de fuerzas geopolíticas que declaran querer otro mundo, el hecho de que sean capaces de mirar ese ahogamiento sin mover una mano?

El abandono no declarado de los socios estratégicos

En estos días de tensiones mundiales se desempolva también la teoría de las relaciones internacionales, en la que se aborda el realismo periférico que describe la tendencia de los Estados a priorizar sus intereses inmediatos — comercio, estabilidad fronteriza, no incomodar al hegemón — sobre alianzas ideológicas o históricas cuando la presión del imperio aumenta. Pero el realismo periférico no alcanza para explicar del todo la conducta actual de Rusia y China frente a Cuba. Aquí opera algo más profundo. Opera la renuncia al deseo propio como condición para sobrevivir en el sistema que, supuestamente, desean transformar.

Lacan distingue entre la demanda y el deseo. La demanda es lo que se pide explícitamente; el deseo es lo que subyace y que a menudo no puede articularse sin costo. Rusia y China demandan, en sus discursos, un mundo multipolar, el fin de la unipolaridad, el respeto a la soberanía. Pero su deseo, revelado por sus actos y no por sus palabras, es la integración progresiva en las reglas del mismo sistema que dicen impugnar.

Por amargo que resulte escucharlo, al abandonar a Cuba, no están siendo simplemente pragmáticos, están confesando que su horizonte real no es la transformación del orden mundial, sino la negociación de un lugar más cómodo dentro de él.

Atrapados en sus propios conflictos de desgaste — Ucrania para Rusia, Taiwán y el mar de China Meridional para Pekín — , ambas potencias han consolidado una postura defensiva. Su apoyo a Cuba se ha reducido al discurso en los foros multilaterales y a la provisión de determinados recursos, sin desafiar estructuralmente el bloqueo. No envían el petróleo necesario, no habilitan líneas de crédito que esquiven las sanciones secundarias, no escoltan con sus buques los suministros hacia la isla. Si se les preguntara por qué, la respuesta quizás sería la misma del gran conformista: el momento no es oportuno, los costos son demasiado altos, hay que ser realistas.

Pero el realismo, en este contexto, es otra forma de avanzar hacia una capitulación anticipada. Quizás en su fuero interno creen que están abandonando a los que pueden caer primero, no a los que caerán últimos, que podrían ser ellos mismos. Han encontrado su límite histórico y, en lugar de empujarlo y quebrarlo, lo han normalizado. Al hacerlo, cometen un error de cálculo estratégico que la historia ya ha castigado antes. Cada vez que una potencia permite que el orden hegemónico destruya a un eslabón sin costo, ese orden sale fortalecido y se acerca un paso más al sometimiento de los que creyeron estar a salvo. Al permitir que un proyecto soberano sea destruido por el imperio sin consecuencias, envían un mensaje a sus propias poblaciones y a otros actores secundarios: la solidaridad es un lujo que no podemos permitirnos; cuando llegue tu turno, estarás solo.
América Latina y el Caribe: la diplomacia de los abrazos vacíos

La postura de Brasil y Colombia es, quizás, la más paradigmática de la bancarrota contemporánea del progresismo. Lula da Silva y Gustavo Petro, dos líderes que deben su capital político a la narrativa de la transformación social y la soberanía regional, han optado por lo que podríamos llamar una especie de simbolismo de bajo costo con declaraciones de apoyo moral, llamados al diálogo, presencia discursiva en los foros internacionales. Pero mientras las palabras circulan, las condiciones estructurales de asfixia — el bloqueo, las listas de países patrocinadores del terrorismo, las sanciones financieras — permanecen intactas.

Todo transcurre como si operara una especie de identificación con el agresor, como un mecanismo por el cual el sujeto sometido a una fuerza superior asimila, inconscientemente, los valores y las lógicas de ese poder para sobrevivir. No se trata de una traición consciente sino de una adaptación que, con el tiempo, se vuelve constitutiva de la propia identidad. Algo de eso ocurre con ciertos gobiernos progresistas latinoamericanos, han incorporado tanto la lógica del campo de juego imperial — sus instituciones, sus mercados, sus reglas — que ya no pueden imaginar una acción política que rompa con ese campo, aunque en el discurso la proclamen necesaria.

Brasil y Colombia olvidan que si fueran hoy una verdadera retaguardia estratégica no sería un favor el que le harían a Cuba, sería una necesidad propia. Si Estados Unidos sigue inclinando la balanza a su favor en la región — como lo hace con su política de sanciones, su dominio del FMI, su control de la OEA y su influencia sobre las derechas locales — , ¿con quién contarán Lula y Petro cuando la marea reaccionaria los golpee a ellos? Habrán quemado, con su prudencia, la retaguardia que desesperadamente necesitarán. En días recientes Lula afirmó que podrían ser invadidos «cualquier día»; podríamos contestarle: «Y mientras más sólo te quedes, más posibilidades reales hay de que eso ocurra».

El caso de Venezuela es el más doloroso porque representa la mutilación de un proyecto que alguna vez fue el pilar de la solidaridad regional. Hoy, Venezuela está de facto sometida a las decisiones geopolíticas de los Estados Unidos.

El régimen de sanciones extrema, el secuestro de Maduro y Cilia Flores, han logrado su objetivo: condicionar al Estado venezolano, obligarlo a negociar en condiciones de inferioridad y reducir su capacidad de proyección internacional. Venezuela ya no puede ayudar a Cuba porque apenas puede ayudarse a sí misma. Si el imperio pudo con Venezuela, con las reservas de petróleo más grandes del mundo, ¿qué esperanza tiene un país más pequeño sin ese recurso? Pero los gobiernos de la región no extraen la conclusión correcta. En lugar de unirse para romper el cerco, se dispersan, negocian por separado, y caen uno tras otro.

Algunos de los países pequeños que recibieron solidaridad cubana — médicos en sus aldeas, maestros en sus escuelas, brigadas en medio de sus catástrofes — aprietan hoy la nariz y dan la espalda. En relaciones internacionales, es lo que se denomina bandwagoning: la tendencia de los actores débiles a alinearse con el más fuerte cuando perciben que el benefactor histórico está en retirada. Es una lógica cruel pero predecible.

Lo que no entienden es que su supervivencia a largo plazo no depende de complacer al Amo, sino de la existencia de un ecosistema regional soberano. Al dar la espalda a Cuba, están contribuyendo a desmantelar el único tejido de solidaridad que podría protegerlos cuando ellos sean los siguientes en la lista. Es la lógica del «yo me salvo» que conduce inevitablemente al «todos nos hundimos». Todo el que elige salvarse a sí mismo termina aislado y luego sometido. Al final, igual le espera la muerte, pero una muerte solitaria, sin la dignidad de haber luchado junto a los demás.

El mito de la autosuficiencia es una trampa discursiva

Frente a ese panorama, la objeción liberal, y a veces incluso la de cierta izquierda, suena previsible: ¿por qué apelar a otros? ¿Acaso Cuba no debería valerse por sí misma? Esa pregunta merece ser demolida con rigor, porque opera como una trampa retórica que naturaliza la violencia del bloqueo y culpabiliza a la víctima.

La autarquía es un mito en el sistema mundial contemporáneo. Ningún país es una isla, ni siquiera las islas. Estados Unidos no se vale por sí mismo, depende de una red global de bases militares, del dólar como moneda de reserva impuesta al mundo mediante los acuerdos de Bretton Woods y la presión de sus portaaviones, y de cadenas de suministro que explota sistemáticamente. China no se vale por sí misma, depende de materias primas africanas y latinoamericanas y de mercados globales para su sobreproducción industrial. Rusia no se vale por sí misma, su poderío energético es nulo sin los gasoductos y sin compradores dispuestos a pagar su tecnología militar.

La dependencia no es la excepción en el sistema internacional, es una regla estructural. Lo que varía es el tipo de dependencia y el margen de autonomía que se puede construir dentro de ella. Un país como Luxemburgo disfruta de altos estándares de vida porque está incrustado en el corazón del bloque imperial. Un país como Cuba tiene que sobrevivir a pesar de estar bloqueado por el imperialismo. La pregunta correcta, entonces, no es por qué Cuba no es autosuficiente, sino por qué se le exige a Cuba un nivel de autosuficiencia que no se le exige a nadie más. Esa exigencia asimétrica no es inocente, es una trampa discursiva y cobarde que coloca a la isla en una posición ontológicamente imposible, para luego presentar su imposibilidad como evidencia de su fracaso.

Se le impone a Cuba una especie de doble vínculo, se somete al sujeto una condición que no puede cumplir, y se le culpa del incumplimiento. El neurótico producido por el doble vínculo no puede escapar porque la trampa está inscrita en el lenguaje mismo con el que se le habla. Cuba está atrapada en ese lenguaje: si resiste, es una dictadura que hace sufrir a su pueblo; si negocia, está cediendo al chantaje imperial; si pide ayuda, es un Estado fallido que no puede sostenerse solo. No hay salida dentro del discurso del Amo, porque el discurso del Amo no está diseñado para tener una salida, sino para atrapar.

La metodología del imperio: negociar, ahogar, culpar

Lo que hemos descrito no ocurre en el vacío. Responde a una metodología del imperialismo estadounidense en sus negociaciones con actores soberanos que se niegan a capitular. El libreto histórico es invariable y ha sido ejecutado con mínimas variaciones.

Primero, la mesa del diálogo como trampa. Se sientan a negociar no para llegar a acuerdos, sino para ganar tiempo. Mientras la contraparte deposita esperanzas en la vía diplomática — mientras el sujeto cree que el Otro es susceptible de ser convencido — , el imperio continúa aplicando sanciones, fortaleciendo a la oposición interna, preparando el terreno. Es el gesto que Lacan identificaría como perverso, la promesa que estructura el vínculo solo para perpetuar la dependencia.

Segundo, la exigencia de concesiones unilaterales. El imperio nunca negocia de buena fe; negocia desde la posición de fuerza absoluta. Exige que la otra parte ceda primero, que demuestre voluntad de cambio, que desmonte sus estructuras defensivas como gesto de buena voluntad. Cada concesión que hace la parte débil es interpretada como signo de debilidad ulterior y se responde con más presión. El mecanismo es siniestro en su lógica: cuanto más se cede, más se debe ceder. La negociación se convierte en un proceso de vaciamiento progresivo de la soberanía.

Tercero, si no obtienen lo que quieren, invaden o destruyen. Cuando el diálogo no produce la rendición completa, pasan a la siguiente fase: invasión directa — Panamá, Granada, Irak — , golpe de Estado — Honduras, 2009; Bolivia, 2019 — , guerra de baja intensidad — Nicaragua en los ochenta — , o destrucción económica sistemática — Cuba, Venezuela, Irán — . La diplomacia es solo la antesala de la agresión.

Quienes, con buena fe, instan a Cuba a negociar con Washington ignoran esa estructura. Cuba no es empujada a la mesa para dialogar; es empujada a la mesa para rendirse en las condiciones más desfavorables posibles.
La crisis humanitaria como arma de guerra

La ayuda humanitaria que llega a Cuba hoy — los envíos de alimentos, medicinas, generadores — es vital para aliviar el sufrimiento inmediato. Pero en términos políticos, funciona como un paliativo que corre el riesgo de despolitizar la crisis. Es el respirador que se le pone a un paciente en coma: mantiene al enfermo con vida, pero no repara la lesión que lo llevó al coma. El paciente necesita una operación estructural, no la perpetuación de la emergencia.

El bloqueo no es una sanción, es un mecanismo de desgaste diseñado para provocar una implosión desde adentro. Ofrecer ayuda humanitaria, por más valiosa que sea, sin romper el cerco financiero y energético es como bombear agua de un barco que sigue teniendo un boquete abierto por el ataque enemigo.

El boquete es permanente; y el bombeo, agotador. El objetivo estratégico del bloqueo — lo que en la terminología militar se llama guerra de cuarta generación o cambio de régimen por asfixia — es negar al Estado la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de su población, para que sea la propia población la que termine desbordando a su gobierno. No hay nada de accidental en esa estrategia: es deliberada, está documentada y ha sido aplicada con distintos grados de intensidad durante más de seis décadas.

El apagón no es solo ausencia de luz, es una pedagogía del miedo, una lección que el Amo imparte día tras día. Cada hora sin electricidad, cada fila para conseguir alimentos, cada médico que no tiene insumos es un recordatorio de lo que cuesta resistir. Es el goce del poder en su forma más cruel, no el goce de destruir al enemigo de un golpe, sino el goce de verlo degradarse lentamente, de convertir su vida en una demostración permanente de que la resistencia conduce al sufrimiento. Duele constatarlo, pero la mayor crueldad del bloqueo no es su fuerza, es su lentitud.

La narrativa del Estado fallido o la culpa siempre es de la víctima

Y aquí llegamos al punto más perverso de toda la operación, la construcción del relato que invierte la causalidad.

El imperio no solo destruye; además construye el dispositivo discursivo para que la destrucción parezca merecida o inevitable.

Un Estado al que se le niega la posibilidad de importar alimentos, medicinas, combustible y repuestos; al que se le bloquean sus finanzas internacionales; al que se le impide acceder a créditos; al que se le somete a una guerra mediática; al que se le castiga por comerciar con quien sea: ese Estado tendrá, por definición, enormes dificultades para funcionar con normalidad. Luego, cuando esas dificultades se manifiestan — apagones, desabastecimiento, migración — , el coro imperial y sus voceros locales dicen: miren, es un Estado fallido, el socialismo no funciona.

Se presenta como fracaso interno lo que es resultado de una agresión externa.

La causalidad se invierte, el bloqueo no es la causa de la crisis; la crisis es la prueba de que el régimen es incompetente. Es la misma lógica del abuso, se le ata las manos al sujeto, se le golpea durante horas, y luego se le acusa de no poder defenderse. Ese mecanismo tiene nombre: proyección. El agresor proyecta sobre la víctima la responsabilidad de lo que le hace; así externaliza su propia culpa y mantiene intacta su imagen de orden y civilización.

La categoría de Estado fallido no es descriptiva, es performativa. Nombrar a Cuba como Estado fallido no constata una realidad; construye una realidad que justifica el abandono y eventualmente la intervención. Es el concepto que hace posible lo que viene después, la haitianización como dijera Claudio Katz en días recientes. Reducir la isla a un estado de degradación tal que se convierta en vitrina del horror, en demostración permanente de lo que le ocurre a quienes se atreven a elegir un camino soberano.

El mensaje es perverso en su transparencia: miren lo que pasa si se atreven a ser libres.

Pero un Estado fallido de verdad no resiste 65 años de bloqueo. Un Estado fallido de verdad no tiene una tasa de mortalidad infantil más baja que la de Estados Unidos. No forma médicos que salvan vidas en todo el mundo. No mantiene un sistema educativo universal, una ciencia propia — con vacunas incluidas — y una cultura vibrante. Lo que el imperio llama Estado fallido es, en realidad, un Estado agredido que se niega a morir. Esa es la verdad incómoda. Y esa es, precisamente, la razón de la furia imperial. Cuba en realidad no fracasa. Cuba insiste. Y esa insistencia es intolerable.

¿Qué opciones le han dejado a Cuba?

Analizadas las coordenadas del asedio, la pregunta se vuelve ineludible, ¿qué opciones tiene en verdad la conducción política cubana? O para ser más preciso: ¿qué opciones le han dejado?

La primera es la negociación en condiciones de asfixia.

Es la que recomiendan los bienintencionados, los que quieren que Cuba dialogue y negocie con los Estados Unidos. Pero negociar con un imperio que tiene el pie en tu cuello no es diálogo, puede ser rendición condicionada. Cuba ha demostrado voluntad de diálogo histórico en múltiples momentos, pero siempre desde posiciones de dignidad. Sentarse hoy a negociar sin haber roto antes el cerco energético y financiero es aceptar la negociación del ahogado, aceptar cualquier cláusula por una bocanada de aire. El resultado sería una normalización que equivaldría a la liquidación del proyecto revolucionario por goteo, como ocurrió en Europa del Este tras la caída del muro, pero con el agravante de tener al imperio a 90 millas.

La segunda opción es la resistencia heroica pero solitaria.

Es la que Cuba ha practicado durante décadas: innovar, resistir, buscar rendijas, diversificar relaciones. Pero esa opción, que fue viable cuando existía un campo socialista dispuesto a sostener el flujo de recursos, hoy se enfrenta a un límite material concreto. La resistencia heroica sin retaguardia se convierte, con el tiempo, en resistencia agónica. No porque el pueblo cubano haya perdido la voluntad, sino porque la voluntad sola no mueve turbinas ni llena estantes.

La tercera opción es la que el imperio diseña como escenario deseado: la implosión.

El estallido inducido por la acumulación de sufrimiento, amplificado por las redes de oposición financiadas desde el exterior, que permita una intervención humanitaria o una transición pactada. Esta no es una opción para Cuba; es la trampa que se le tiende.

La cuarta, la única que cambiaría en verdad el tablero, no depende de Cuba.

Depende de que quienes dicen apoyarla pasen de las palabras a los hechos. Depende de que envíen el petróleo necesario, de que pongan los buques, de que escolten los suministros, de que rompan el cerco financiero con mecanismos concretos. Depende de que pregunten a Cuba qué hay que hacer y lo hagan.

No hay más metáforas. Es el petróleo o la asfixia. Son los buques o el bloqueo. Es la acción o la complicidad.

Las lecciones de la historia que el mundo prefiere olvidar

El olvido no es pasivo. El olvido es un acto: la represión activa de aquello que, si fuera recordado, obligaría a actuar de otra manera. La comunidad internacional olvida a conveniencia los paralelismos históricos, porque recordarlos haría insostenible la postura actual.

En 1941, los tanques alemanes estaban a las puertas de Moscú. ¿Cuánto tiempo estuvieron sin reaccionar? ¿Cómo saben que no irán luego por ustedes? Hoy, nadie parece entender que la retaguardia cubana es la retaguardia del mundo entero. Algunos quizás la ven como un cadáver político adelantado y se comportan en consecuencia.

Durante décadas, los Estados Unidos sostuvo al régimen de Chiang Kai-shek en Taiwán con dinero, armas y flota naval, incluso cuando era evidente su derrota en la guerra civil China. Lo hicieron porque Taiwán era un portaaviones estratégico contra la China popular. Es decir, el imperio sostiene a sus aliados hasta el final, porque entiende que la fidelidad a los suyos es una condición de su propio poder. Pero los aliados de Cuba hacen lo contrario: la abandonan cuando el costo político de sostenerla supera el beneficio de no hacerlo.

La República española es el recuerdo más exacto de la situación que hoy vive Cuba. Luchaba contra el fascismo, pero las democracias occidentales — Francia y Reino Unido, principalmente — firmaron el Comité de No Intervención mientras Alemania e Italia enviaban tropas, aviones y artillería a las fuerzas de Franco. Estados Unidos por su parte, promovió el embargo de armas. La no intervención fue el nombre elegante para la complicidad. La República fue abandonada, asfixiada y finalmente derrotada.

¿El resultado? Cuarenta años de dictadura franquista. Pero el mundo pagó además un precio mayor, la impunidad con que triunfó el fascismo en España alentó al nazismo en tanto reforzó la impunidad fascista y contribuyó al inicio de la Segunda Guerra Mundial. El abandono de la República no fue inintencional; fue una decisión con consecuencias históricas catastróficas. Hoy algunos gobiernos progresistas practican la misma no intervención frente a Cuba, mientras el imperio ejerce su intervención permanente a través del bloqueo. No hay lección aprendida. El olvido es productivo y permite repetir.

Lo que el imperio olvida: los pueblos no se rinden

Y sin embargo, frente a este panorama desolador, existe un contrapunto que el análisis geopolítico clásico tiende a subestimar. Cuba cuenta con algo que ningún bloqueo puede estrangular del todo: cuenta con los pueblos del mundo más que con los Estados. Con los movimientos de solidaridad que en cada país se reúnen, organizan y preparan envíos de ayuda. Con la memoria viva de millones de personas que saben lo que Cuba ha dado al mundo y no están dispuestas a permitir que sea reducida a escombros en silencio.

Los Estados calculan, miden costos, evalúan riesgos, sopesan sanciones. Los pueblos, cuando están organizados y conscientes, actúan por convicción.

La solidaridad interestatal es frágil porque depende de gobiernos, de ciclos electorales, de alianzas cambiantes, alianzas que hoy están muertas. La solidaridad de los pueblos es más lenta, más difícil de articular, pero cuando se activa es diferente: no puede ser sancionada por el FMI ni coaccionada por la OTAN.

No hay otro país en el mundo que tenga una red de movimientos de solidaridad tan extendida, persistente y arraigada en múltiples generaciones como Cuba. Ese tejido humano es un activo estratégico que no aparece en ningún balance convencional.

La diáspora como quinta columna inversa

Hay un factor que el Pentágono parece ignorar, quizás porque no entra en sus modelos de análisis: la composición demográfica de la emigración cubana en Estados Unidos ha cambiado mucho en las últimas décadas. Los cubanos de Miami en los años sesenta eran la élite blanca que huyó de la revolución, propietarios expropiados, profesionales de clase alta, figuras del antiguo régimen batistiano. Eran el lobby más feroz contra la revolución, el motor del bloqueo, la base social del exilio duro.

Hoy la mayoría de los cubanos en los Estados Unidos son emigrantes económicos de las últimas décadas, llegados en balsas o por terceros países, con familia en la isla, con vínculos afectivos y culturales intactos, con una visión mucho más matizada de la realidad cubana.

Si el imperio osara invadir, las bombas caerían sobre sus pueblos, sobre sus abuelas, sobre sus hermanos. ¿De verdad alguien cree que los miles de cubanoamericanos — sus hijos y sus nietos — recibirían esa guerra con entusiasmo?

El cálculo político es el inverso: lo que el imperio tendría no es una retaguardia en Miami, sino una quinta columna dentro de sus propias fronteras, una comunidad dispuesta a rebelarse desde adentro del Amo.

Eso es lo que el análisis puramente institucional no puede ver, porque trabaja con categorías frías, alianzas, intereses y recursos. Lo que escapa a esas categorías es la dimensión libidinal de la política: el amor, el duelo, la pertenencia. Un pueblo no es una variable geopolítica. Un pueblo tiene madre. Y cuando las bombas caen sobre la madre, el cálculo racional se disuelve en algo más antiguo y poderoso.
Irán y Vietnam: lecciones de la resistencia asimétrica

La heroica resistencia de Irán frente al imperialismo nos ha mostrado el camino: donde caiga alguien, aparecerán cien dispuestos a empuñar las armas y defender a la patria. No es retórica, es la descripción de una sociedad que ha interiorizado la defensa de la nación como valor irrenunciable, que ha hecho de la resistencia una identidad colectiva más fuerte que el miedo.

Cuba tiene ese mismo ADN: es una nación en armas no por conscripción forzosa, sino por la conciencia histórica acumulada en sesenta y cinco años de asedio.

Vietnam enseñó que una guerra no se decide únicamente en el plano militar.

La Ofensiva del Tet de 1968 fue una derrota táctica para el Viet Cong y el ejército de Vietnam del Norte, que sufrieron enormes pérdidas y no lograron sostener las posiciones tomadas. Pero fue una victoria política estratégica: demostró que podían atacar en cualquier punto del país, incluso en los centros del poder sudvietnamita, y quebró la narrativa de Washington de que la guerra estaba cerca de ganarse. A partir de entonces, la confianza de la sociedad estadounidense en la guerra comenzó a desmoronarse. La guerra no se gana ocupando territorio; se gana desgastando la voluntad política del invasor. Y esa voluntad, en las democracias liberales con opinión pública y elecciones periódicas, tiene un límite medible en ataúdes y en puntos de aprobación presidencial. Cuba, con su geografía compleja, con su población preparada durante décadas de defensa territorial, podría reproducir ese escenario.

Una invasión a Cuba no sería la operación quirúrgica de Granada ni el paseo de Panamá. Sería un atolladero sangriento y prolongado, que duraría años y costaría miles de vidas estadounidenses.

La paradoja del aislamiento preventivo, morir solo para no morir juntos

Llegados a este punto, debemos interrogar el mecanismo profundo que lleva a las potencias que deberían disputar el orden unipolar a abandonar a Cuba. La respuesta superficial es el cálculo de costos: sostener a Cuba tiene un precio en términos de sanciones secundarias, de tensión con Washington, de riesgo comercial. Pero esa explicación es insuficiente, porque el abandono no es solo racional, tiene una dimensión de satisfacción, de alivio, que quizás solo el psicoanálisis puede iluminar.

Existe en la política internacional algo análogo a lo que Freud describió como pulsión de muerte en el individuo: la tendencia a la autodestrucción, al retorno a un estado de quietud que se alcanza a costa de la vida misma.

Los actores que abandonan a Cuba no solo están calculando sus intereses; están también, de alguna manera, renunciando a su propio deseo de transformación. El abandono de Cuba es la renuncia a la posibilidad de otro mundo. Es la aceptación, en el fondo, de que el orden del Amo es el único orden posible, de que el capitalismo global es el horizonte insuperable de la historia.

Hay en esa renuncia algo de lo que Marcuse llamó la desublimación represiva, que es la integración del sujeto en el sistema a través de la promesa de pequeñas satisfacciones que neutralizan el impulso radical. Los gobiernos progresistas latinoamericanos, las potencias del BRICS, los partidos de izquierda europeos, las organizaciones solidarias que hoy miran para otro lado: todos han encontrado, de una manera u otra, su nicho dentro del orden. Han obtenido su cuota de reconocimiento, su espacio de cómoda disidencia, sus gestos permitidos. Y en ese proceso, han dejado de ver a Cuba como un espejo de lo que podrían ser, para verla entonces como un recordatorio incómodo de lo que han dejado de ser.

Porque Cuba interpela: eso es lo insoportable. No que sea un fracaso, sino que sea una pregunta permanente, dirigida a todos los que, en algún momento, creyeron que otro mundo era posible y luego decidieron que era demasiado costoso. Cuba les pregunta: ¿en qué momento exacto decidiste que la normalidad capitalista era preferible a la lucha? ¿En qué momento exacto entregaste el deseo? Esa pregunta es la razón profunda del bloqueo y del abandono.

Al abandonar a Cuba, no están evitando su propio final; solo lo están aplazando y asegurándose de que, cuando llegue, se encuentren en la más absoluta soledad. Están cavando su propia tumba con la excusa de no mancharse las manos con la tierra de la tumba de Cuba. Porque el que elige salvarse a sí mismo en una tormenta colectiva termina aislado y luego sometido. El Amo, una vez que termina con el hermano, no firma la paz con los que miraron, los incorpora a la lista de los siguientes. Siempre necesita nuevas víctimas para legitimar su existencia.

La solidaridad como necesidad estratégica y acto de dignidad

Lo que hemos presenciado en este análisis no es una serie de errores tácticos aislados, sino una profunda crisis de conciencia geopolítica y moral en el progresismo global. Se ha perdido la noción de que la solidaridad no es un lujo moral reservado para los tiempos buenos, es una necesidad estratégica y, al mismo tiempo, la definición misma de lo que significa pertenecer a un proyecto político que aspira a algo más que la administración del orden existente.

Cuba no es solo Cuba: es la demostración viva de que es posible resistir durante décadas el asedio del poder más grande del mundo y mantener en pie un sistema de salud universal, una educación gratuita, una cultura propia, una dignidad irrenunciable.

Eso no prueba que el modelo cubano sea perfecto: prueba que la alternativa al capitalismo global no es el caos ni el fracaso automático, sino que es posible y vale la pena construir algo diferente e incluso hermoso. Al destruir a Cuba, el imperio no está eliminando una amenaza militar, está eliminando una prueba, está borrando un ejemplo. Pretende demostrar que fuera de la normalidad capitalista no hay vida posible.

Los que entregan a Cuba se entregan a sí mismos. No como metáfora, sino en el orden estratégico. Un orden mundial que dice llamarse multipolar, pero no protege a sus miembros más vulnerables cuando el Amo aprieta, no es un orden alternativo, es una extensión descentralizada del mismo dominio, un sistema donde la multipolaridad es la forma decorativa de la unipolaridad efectiva. Al traicionar a Cuba le dicen al Sur Global: «si no tienes petróleo o una posición geográfica vital para nosotros, no esperes nada». Eso, a largo plazo, los priva de aliados auténticos y los deja en un mundo donde solo importa la fuerza bruta: un mundo donde ellos también, aunque grandes, son vulnerables.

Cuando el imperio mira a Cuba, ve una isla pequeña que puede bloquear y asfixiar casi sin consecuencias. Lo que no ve — o lo que no quiere ver — es que esa isla es un volcán dormido sobre una falla tectónica global.

Cuba no es solo su geografía, es su historia, es su ejemplo, es el sueño de millones de personas que en algún rincón del mundo todavía creen que otro mundo es posible. Y mientras ese sueño exista, mientras haya un pueblo que lo encarne con su resistencia cotidiana, el orden del Amo no estará completo. Siempre habrá una grieta. Siempre habrá una pregunta sin responder.

Si algún día el imperio olvida Vietnam, olvida Irán, olvida que los pueblos no se rinden y se atreve a invadir la isla, descubrirá que la guerra no se gana con portaaviones. Se gana con la capacidad de un pueblo para decir «no» aunque le cueste la vida. Y ese «no» de Cuba, multiplicado por millones dentro y fuera de la isla, será su tumba.

Mientras tanto, la batalla es otra. Es la batalla por la vida cotidiana, por la luz, por la comida, por la esperanza. Y en esa batalla, los pueblos del mundo tienen la palabra. No para reemplazar a los Estados, sino para obligarlos a actuar. Para recordarles que la historia juzga. Que el juicio sobre los que abandonaron a la República española fue severo y permanente.

Que el silencio, cuando puede romperse, es una decisión. Y que las decisiones tienen consecuencias.

Cuba pide acciones concretas: el petróleo necesario, los buques, la custodia, la ruptura del cerco financiero, la protección del espacio marítimo, la presión real en los organismos internacionales. Pide que quienes dicen apoyarla pregunten qué hay que hacer y lo hagan. No es una petición de caridad, es una exigencia de coherencia. Basta de declaraciones. Basta de mensajes de apoyo que funcionan como coartada para la inacción.

La pregunta final no es para Cuba. Cuba ya ha dado su respuesta con 67 años de Revolución. La pregunta es para el mundo. Para los que dicen querer otro orden.

Para los que firmaron declaraciones y enviaron mensajes. Para los que tienen petróleo y buques, pero no los envían, o votos relevantes en la ONU que solo emplean para abstenerse.

¿De qué lado estás? ¿Del lado de los que esperan a que los Estados se decidan, o del lado de los que ya están actuando? ¿Del lado de los que envían mensajes de apoyo, o del lado de los que envían los buques y deciden enfrentarse de una vez a los designios del Imperialismo?

Gobierno cubano anuncia medidas para facilitar la participación de cubanos residentes en el exterior en la economía nacional (+ Video)

 En este artículo: Comercio, Economía, Inversión Extrajera, MiPyME, Sector no estatal




El viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga. Foto: Captura de pantalla.

El Gobierno cubano anunció un grupo de decisiones destinadas a ampliar la participación de los cubanos residentes en el exterior en la economía del país, incluyendo su acceso a negocios privados, proyectos productivos y al sistema financiero nacional.

Durante su intervención en el programa televisivo Mesa Redonda, el viceprimer ministro y titular del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva Fraga, explicó que las nuevas disposiciones buscan crear condiciones para que los cubanos que viven fuera del país puedan involucrarse de manera más directa en actividades económicas dentro de la Isla.

Entre las medidas anunciadas se encuentra la posibilidad de que cubanos residentes en el exterior, aun cuando no tengan residencia efectiva en Cuba, puedan participar como socios o propietarios de empresas privadas en el país.

Según precisó el funcionario, esta participación no se limitará únicamente a pequeños negocios. Los cubanos en el exterior podrán involucrarse también en proyectos de mayor escala, incluidos emprendimientos vinculados a infraestructuras y otras iniciativas económicas de mayor envergadura.

Asimismo, se permitirá que estos ciudadanos puedan asociarse con empresas privadas cubanas mediante diferentes modalidades empresariales, así como establecer alianzas con entidades cubanas tanto estatales como privadas, lo que amplía las posibilidades de cooperación económica.

En el caso de las actividades relacionadas con la tierra, el viceprimer ministro señaló que se prevé la entrega de tierras en usufructo para el desarrollo de proyectos productivos, lo que permitiría canalizar inversiones y experiencias de cubanos en el exterior hacia el sector agropecuario y otras áreas vinculadas.

Otra de las decisiones anunciadas está relacionada con el ámbito financiero. Las autoridades informaron que se habilitará la participación de los cubanos residentes en el exterior en el sistema financiero-bancario nacional.

En ese sentido, podrán abrir cuentas bancarias en divisas en bancos cubanos, lo cual facilitará operaciones vinculadas a inversiones, negocios y otras actividades económicas dentro del país.

Durante su intervención, Pérez-Oliva Fraga afirmó además que Cuba está abierta al comercio con empresas estadounidenses, en referencia a las potenciales oportunidades de intercambio económico, aunque reconoció que estas posibilidades continúan condicionadas por las restricciones impuestas por el bloqueo económico de Estados Unidos.

De acuerdo con el viceprimer ministro, estas medidas forman parte de las acciones dirigidas a ampliar las fuentes de financiamiento, dinamizar la economía nacional y fortalecer los vínculos económicos con la comunidad cubana residente en el exterior.

Con las nuevas medidas, los cubanos residentes en el exterior podrán:

  • Asociarse con empresas privadas y cooperativas al amparo de la Ley de Inversión Extranjera.
  • Ser socios o dueños de empresas privadas. Para ello deberán estar comprendidos en la condición migratoria de "inversores y de negocios" que establece la vigente Ley de Migración.
  • Participar en las diferentes modalidades financieras previstas en la legislación vigente. A ese fin se les expedirá licencia del Banco Central de Cuba, al amparo del Decreto Ley 362 de 2018 “De las Instituciones del Sistema Bancario y Financiero”.
  • Obtener licencias para participar como proveedores de servicios de activos virtuales.
  • Abrir cuentas en divisas en bancos nacionales para el desarrollo de sus negocios en el país.
  • Invertir en fondos de inversiones administrados por una institución financiera y de esa forma contribuir al financiamiento de proyectos de interés que ofrezcan la rentabilidad que garantice el retorno del fondo.
  • Crear fondo con destino a proyectos de cooperación internacional con alcance local o nacional.






En video, las medidas

lunes, 16 de marzo de 2026

Innovaciones agrícolas en Camagüey impulsan producción en Cuba

 En este artículo: Agricultura, Alimentos, Biotecnología, Camagüey, Cuba, Economía, Innovación, Producción, Tecnología

 

 



Especialistas consideran que estas experiencias cubanas pueden convertirse en referencia para otros países interesados en modelos agrícolas más sostenibles. Autor: Roberto Ruiz Espinosa

Cuba impulsa hoy proyectos científicos orientados a la producción sostenible de alimentos con innovaciones que integran biotecnología y manejo agrícola eficiente, experiencias que despiertan interés internacional por su impacto productivo ambiental y económico, informa Prensa Latina.

Investigaciones desarrolladas en la provincia central de Camagüey destacan por su enfoque en el encadenamiento productivo, estrategia que busca integrar ciencia, agricultura e industria para mejorar la seguridad alimentaria y reducir costos en sistemas productivos clave.

Uno de los proyectos se centra en la tecnología Biofloc aplicada a la producción de postlarvas de camarón, considerada una alternativa viable para optimizar la alimentación y el manejo en sistemas acuícolas intensivos.

De acuerdo con los resultados del estudio, la aplicación de Biofloc permitió reducir hasta en un 50 por ciento el consumo de pienso comercial, lo que se traduce en importantes ventajas económicas y ambientales.

Los especialistas señalan que el ahorro económico supera los 500 000 pesos cubanos en concepto de energía eléctrica y alimentación, mientras disminuyen de forma significativa los costos asociados al manejo tradicional de los sistemas de cultivo.

Asimismo, la tecnología contribuyó a la reducción de la huella de carbono con una disminución estimada de 132 toneladas de dióxido de carbono anuales, cifra equivalente al consumo de unos 300 barriles de petróleo.

Otro de los beneficios identificados es la estabilidad ambiental en los tanques larvarios, lo cual reduce la necesidad de tratamientos constantes de agua para mantener condiciones adecuadas en los sistemas acuícolas.



Paralelamente, investigadores trabajan en el manejo integrado de la fertilización para incrementar los rendimientos del arroz bajo diferentes condiciones edafoclimáticas presentes en la provincia de Camagüey.

Los estudios muestran incrementos productivos de hasta tres toneladas por hectárea en comparación con la línea base, gracias al empleo combinado de fertilizantes organominerales líquidos y aplicaciones foliares en las áreas de intervención.

Como resultado del proyecto, se han producido y comercializado más de 29 574 litros del biofertilizante Fertomil, lo que representa ingresos superiores a 946 000 pesos y evidencia el potencial económico de estas soluciones tecnológicas.

Especialistas consideran que estas experiencias cubanas pueden convertirse en referencia para otros países interesados en modelos agrícolas más sostenibles, capaces de aumentar la productividad mientras reducen impactos ambientales y dependencia de insumos externos.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Surgen en Cuba las sociedades mixtas para intentar paliar la asfixia energética

Las mipymes crecieron hasta las casi 10 000 que se encuentran aprobadas hoy, con un impacto relevante en los presupuestos de los gobiernos locales, ventas en moneda nacional, volúmenes de importación y empleo






Trabajadores de una pequeña empresa privada laboran en un taller que ofrece servicios de tornería y mecánica, en La Habana. Muchas actividades del sector privado se han visto afectadas por la actual crisis energética en Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 13 mar.- La crisis energética en Cuba, que el bloqueo petrolero de Estados Unidos está llevando a la asfixia, enturbia el desempeño del sector privado en la isla y el gobierno intenta paliar la situación ampliando el alcance de las empresas del rubro.

La Gaceta Oficial de la República publicó el 3 de marzo el Decreto-Ley 114 de 2025, aprobado en diciembre y que entrará en vigor el 3 de abril.

La norma permite la creación sociedades de responsabilidad limitada mixtas, con capitales integrados de empresas estatales y privadas, hasta ahora inexistentes en el derecho mercantil de este país insular caribeño.

Asimismo, establece los mecanismos para la adquisición de participaciones en micro, pequeña y medianas empresas (mipymes) privadas ya existentes, la absorción de estas por una entidad estatal y la concertación de contratos de asociación económica que no implican la creación de una nueva figura jurídica.

“Este decreto de ley es positivo, pero me parece que no es parte de una estrategia de largo plazo para fomentar una economía mixta en Cuba, sino que se ha aprobado para crear negocios que apuntalen a la empresa estatal cubana que está pasando por un momento muy complicado”, dijo a IPS el economista Daniel Torralbas.

Gran parte de la infraestructura de las empresas estatales, así como otras capacidades ociosas y trabajadores altamente cualificados, están siendo desaprovechados por falta de materias primas, combustible o, simplemente, del fluido eléctrico.

Actualmente Cuba solo logra, con su generación eléctrica, cubrir 40 % de la demanda nacional, mientras prioriza el suministro al sector residencial, sectores esenciales de la salud y algunos rubros exportables de la industria.

“Este decreto de ley es positivo, pero me parece que no es parte de una estrategia de largo plazo para fomentar una economía mixta en Cuba, sino que se ha aprobado para crear negocios que apuntalen a la empresa estatal cubana que está pasando por un momento muy complicado”: Daniel Torralbas.

Los cortes programados, acompañados de otros imprevistos, dejan sin luz a la población cubana durante 12 horas diarias y hasta más, con mayores afectaciones fuera de La Habana.

La situación se agravó desde el 29 de enero, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva en la que amenazó con aranceles a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba.

Ese bloqueo petrolero ha provocado, por la falta de combustibles, la suspensión de varias rutas aéreas, así como el hundimiento del transporte y de las condiciones de vida de los 9,7 millones de pobladores de la isla.

La nueva ley permite una asociación público-privada “cualitativamente superior”, mientras que hasta ahora esas alianzas ocurrían sobre la base de contratos de producción.

Desde abril, las sociedades mixtas podrán exportar e importar directamente, sin intermediarios estatales, y sin estar limitadas por el listado de actividades prohibidas del sector privado, que comprende a muchos negocios de servicios profesionales, agregó el economista.

Sin embargo, existe mucha “discrecionalidad” en la aprobación de estas entidades, que se teme que puedan obstaculizar su creación.

Para su implementación, se necesita el aval de la contraparte estatal, del organismo superior al que se subordina, del Ministerio de Economía y Planificación, del Instituto Nacional de Actores Económicos no Estatales, así como de otros ministerios relacionados con la actividad que desempeñará la nueva empresa mixta.

“Es difícil que un proceso así sea rápido y transparente, porque no están explícitas las razones por las que se pudiera denegar un negocio de este tipo. Se corre el riesgo de que haya muchas solicitudes de creación, que no lo creo, pero que se aprueben muy pocas. Y eso no tendrá un impacto estructural en la economía cubana”, afirmó Torralbas.

La norma abre las puertas para que los privados puedan invertir en sectores históricamente vetados por el gobierno, como en la producción de azúcar, de medicamentos, agencias de turismo y otros.

Pero tiene limitantes por las diferencias que existen entre las formas de gestión privada y estatal, según el director ejecutivo de un negocio privado, quien prefirió mantenerse en anonimato.

“El privado usa prácticas no oficiales o lagunas legales para poder bandearse con las regulaciones y los tributos. Y esto sería un desafío ejecutarlo en una colaboración público-privada. La mayoría de los negocios privados ‘inventan’ para poder competir y sobrevivir”, dijo.



Una joven labora en el mantenimiento y reparación de bicicletas en uno de los talleres de la empresa privada Vélo Cuba, en La Habana. Algunos negocios, que aportan soluciones para la movilidad ante la escasez de combustible han visto crecer sus ventas y servicios en Cuba las últimas semanas.

Apertura durante la crisis

Según Torralbas, desde 2016 el gobierno cubano ya manejaba la posibilidad de la propiedad mixta entre partes nacionales, a través de un documento llamado la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, que marcaba una estrategia de transformaciones económicas en el país.

Además, el Decreto-Ley 34, de 2021, que regula el sistema empresarial estatal cubano, ya contemplaba la posibilidad de que las entidades estatales se asociaran con actores no estatales para crear nuevas personas jurídicas, pero no se emitió el reglamento que lo hiciera efectivo.

Pocos meses después, en agosto de ese año, el gobierno permitió la creación de las mipymes, con una base jurídica que sufrió varias transformaciones en los años siguientes, así como periodos de flexibilización y contracción de los controles para la actividad de las emergentes empresas privadas.

Las mipymes crecieron hasta las casi 10 000 que se encuentran aprobadas hoy, con un impacto relevante en los presupuestos de los gobiernos locales, ventas en moneda nacional, volúmenes de importación, empleo, pero todavía con grandes limitaciones en el acceso a divisas por vías oficiales, a créditos bancarios y debido a la burocracia.

“La situación que tiene Cuba con el combustible nos ha beneficiado porque han aumentado mucho los servicios, pero sigue siendo difícil tener acceso a partes y piezas para el mantenimiento”, dijo a IPS Dorca Rodríguez, fundadora y socia de Vélo Cuba, un emprendimiento femenino enfocado a la ciclomovilidad sostenible desde 2014, que se estableció en septiembre de 2021 como una de las primeras mipymes en Cuba.

Algunos negocios, que inciden directamente en soluciones a la escasez de combustible, como este taller de reparación de bicicletas, que ayuda a paliar el problema de la movilidad de la población, han aumentado en las últimas semanas sus ventas y servicios.

En el actual panorama de inflación, una industria estatal casi inoperante y una mayor escasez de carburantes, el Estado vuelve a ofrecer, en el transcurso de apenas un mes, un mayor alcance al sector privado, con la autorización de sociedades mixtas, de residencias privadas para el cuidado de personas, más exenciones de impuestos al importar de paneles solares, así como el permiso a importar combustibles por privados.

El problema de las asociaciones mixtas es que llegan “demasiado tarde”, cuando Cuba está en su peor momento económico, dijo Torralbas.

Para Marcos Milanés, director ejecutivo Cuban Engineer, pequeña empresa privada de desarrollo de software, “la época de crisis afecta a todos”, y su negocio, uno de los quizás no tan perjudicados directamente por la escasez de combustible, es un ejemplo de ello.

“Sin electricidad no hay datos móviles. Además, las baterías de laptops y estaciones portátiles de energía no duran lo que los apagones (cortes eléctricos) actuales. La productividad también baja porque es difícil mentalmente trabajar en apagones, con calor, poca iluminación, más preocupaciones”, dijo.


Una pequeña empresa privada dedicada a la producción y comercialización de microvegetales en La Habana. Las alianzas públicas-privadas pueden ofrecer grandes beneficios al sector privado, pero sería más efectivo si se implementa como parte de una reestructuración empresarial que transforme el sector estatal.

Combustible para algunos

El gobierno cubano autorizó el 6 de febrero la importación de combustibles por empresas privadas, junto a medidas de racionamiento de combustible, y otras del llamado plan de contingencia ante el bloqueo petrolero que Estados Unidos oficializó a finales de enero.

El 25 de febrero, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicó una nueva guía, indicando a las empresas estadounidenses que consideraría favorablemente las solicitudes de licencias para la reventa a empresas privadas cubanas de petróleo de origen venezolano.

El anuncio amplía otra guía emitida por el Departamento de Comercio ese mismo día, que autoriza las exportaciones de petróleo a Cuba para “actividades económicas del sector privado y aquellas vendidas directamente a particulares para uso personal o familiar”, sin necesidad de autorización gubernamental, y con la condición de que no se puede vender petróleo al gobierno cubano.

La medida suaviza el cerco petrolero a Cuba, días después de que la Corte Suprema de Estados Unidos derogara la orden ejecutiva del 29 de enero firmada por el presidente Donald Trump que amenazaba con imponer aranceles a los países que suministraran petróleo a la isla.

En todo caso, Trump ha insistido en varias ocasiones en que a las actuales autoridades cubanas les queda poco tiempo, desde el secuestro en Caracas del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, el 3 de enero, por tropas estadounidenses.

El viernes 6 Trump insistió en una entrevista que “Cuba también va a caer… va a caer muy pronto”

Pero desigualdades entre los privados que pueden importar el combustible y los que no, dependen mayormente de los dólares, con un primer grupo que puede mantener un suministro de combustible debido a su alta capacidad financiera y su necesidad de mantener cadenas logísticas con almacenes y flotas de camiones.

“Un grupo muy pequeño podrá sostener el suministro, pero la inmensa mayoría del sector privado está en una situación de mucha vulnerabilidad e incertidumbre. El precio de ese combustible importado es muy elevado: más de tres dólares el litro de gasolina y de diésel”, dijo Torralbas.

Por otra parte, aunque está prohibida la reventa del combustible importado, ya que Cuba solo permite que sea para el autoconsumo, “estoy seguro que una parte se va a desviar para el mercado negro, y entonces es donde entra la segunda capa de las mipymes que puede comprarlo”, agregó.

En el mercado oficial, aun con la dolarización general de la venta de gasolina, su precio excede por poco un dólar por litro, pero está topado a 20 litros por vehículo, que deben hacer filas durante meses a través de la lista de espera de una plataforma digital.

En el mercado negro, el litro de gasolina cuesta, por su parte, el equivalente a entre ocho y diez dólares el litro.

De acuerdo a Torralbas, si Cuba autorizara a sus empresas privadas vender el combustible que importan, podría atenuarse un poco más la escasez, pero no al punto de cubrir, con capital privado, la pérdida de los envíos procedentes de México o Venezuela.

Además, almacenar, transportar y manipular el combustible conlleva retos técnicos e infraestructurales, aunque estos quizás pudieran solucionarse con la nueva norma de sociedades mixtas, acotó este especialista en el sector privado de Cuba.

“En teoría, ahora se pudiera convertir una gasolinera estatal que actualmente no está vendiendo combustible, en una mixta: la empresa estatal aporta la infraestructura, los vehículos especializados y la mano de obra, y las mipymes privadas, la divisa para importar gasolina”, dijo.

Sin embargo, empresas mixtas con alianzas público-privadas, centradas en la importación y comercialización de combustibles, necesitarían un aval más luego de conseguir los de varios ministerios cubanos: la de Estados Unidos y su política de bloqueo petrolero al gobierno de la isla.

ED: EG