Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 10 de marzo de 2026

«La investigación es mi vida»


«Yo no puedo dejar de pensar y de reflexionar sobre cosas que voy conociendo», afirma Bell Lara. Foto: Instituto Cubano del Libro

Investigador, intelectual, cubano, guantanamero y Premio Nacional de Ciencias Sociales. Ese es José Bell Lara, pero ante todo, en sus propias palabras, es un revolucionario de origen muy humilde. Nos recibe el día de su cumpleaños 87, sentado en un sillón, fuertemente custodiado en la retaguardia por un modesto estante de libros y un cuadro del Quijote.

Conversar con Bell Lara implica seguirle el ritmo a la mente inquieta del niño que, al contar historias, sigue siendo. No puede esconder una de sus profesiones, la de maestro. A la pregunta sobre su inclinación hacia las Ciencias Sociales continúa una narración exhaustiva, con sus pausas, sus descripciones minuciosas y, por supuesto, las divagaciones propias de quien disfruta contando.

El investigador no siempre fue investigador. Las Ciencias Sociales y los filósofos llegaron a su vida cuando ya había vendido revistas y billetes de lotería antes del triunfo de la Revolución, y hasta se había perfilado como mecánico de aviones.

«Pero mi mamá me impulsó mucho a la lectura, y yo era un lector infatigable», narra, antes de pasar a contar el entramado social de su infancia y juventud.

«Guantánamo era una sociedad señorial en la que los pobres tenían su lugar y los negros también. Existían calles centrales en cuyas casas solamente habitaba la pequeña burguesía blanca. Había todas las corrientes políticas: anarquismo, socialismo, fascismo, una migración española republicana, y el oportunismo político. La juventud ortodoxa era muy fuerte allí».

–¿Por qué decide estudiar Ciencias Sociales?

–Ese es un largo camino, porque realmente yo lo que quería tener era un oficio. Por mi estatus podría haber sido, si no hubiera habido Revolución, un mal mecánico de aviación o un mal mecánico de televisión y radio. ¿Qué sucede? Al tener la inquietud de leer, choco con la economía, con los problemas de la ley, con el marxismo. Yo leía cualquier cosa e iba buscando una visión global. Esa visión la encontré en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, en 1963 o 1966, no recuerdo bien.

Antes de ese hecho, Bell Lara había obtenido una beca por oposición en la Escuela Técnica de Rancho Boyeros, había creado la Escuela de Instrucción Revolucionaria Pedro M. Rodríguez, y había sido elegido comisionado municipal de Santiago de las Vegas.

De allí pasó al Técnico en Economía del Transporte, en la Universidad de La Habana, y en segundo año de la carrera, en una de las convocatorias a machetear en los cañaverales de Manga Larga (Matanzas), entró en contacto con los filósofos, con quienes conversó de Marx, Lenin, Gramsci.

«Me enganché con ellos y cuando retornamos a La Habana, me llamaron para integrar el primer curso de formación de instructores de Filosofía». Su llegada coincidió con la planificación y publicación del primer número de la revista Pensamiento Crítico, en cuya concepción Bell Lara jugó un papel importante. Y, más adelante, comenzó en el gremio del magisterio como profesor en la Escuela de Ciencias Políticas. Era el más joven del aula.

La conversación deriva, inevitablemente, hacia Fidel Castro Ruz; estudiar su obra fue su primera obsesión. A su criterio, es la figura más importante de la historia cubana a partir de la década de 1950 y siempre aparece en sus reflexiones.

«Una de las características de Fidel es su increíble capacidad organizativa. Además, llevó el lenguaje del marxismo al lenguaje cubano. Fue un dirigente, un líder, con una personalidad magnética. El político más genial de la segunda mitad del siglo XX.

«En su primer discurso, él dice: pensaban que antes iba a ser todo más fácil, ahora va a ser más difícil. Porque ahora sí es una revolución». El investigador coincide en que una revolución tiene incontables enemigos, y afirma que las revoluciones a medias no hacen sino cavar sus tumbas.

–La Feria del Libro este año, que homenajea el centenario de Fidel, se le dedica a usted…

–Realmente no esperaba este homenaje, no lo tenía en mi agenda. Me sorprendió totalmente, y luego me entregaron el Premio Nacional de Ciencias Sociales también. Ninguna de las dos cosas las esperaba, ni tampoco trabajé para recibirlas, porque yo creo que uno tiene que trabajar enfocado solo en lo que es de más utilidad.

«Dedicarle la Feria a Fidel sí es necesario, importante, porque es una manera de universalizar su pensamiento».

–Con más de 16 obras publicadas, ¿cómo decide de qué quiere investigar?

–Eso es muy difícil de decidir, porque muchas veces te equivocas cuando seleccionas un tema y empiezas a avanzar en él. No creas que la investigación es una carretera recta.

«A veces leo un material y me doy cuenta de que hubo textos que debía haber seleccionado. Hoy, por ejemplo, un libro electrónico tiene 800 o 900 páginas. Pero cuando publicamos el primero, tenía alrededor de 230. Entonces tienes que seleccionar y en ocasiones, la selección no es buena».

–¿Qué valores considera esenciales transmitirles a los estudiantes, sobre todo a los que se van a dedicar a la investigación?

–Pienso que el primero es ser modesto, no pensar que se es un genio. Saber que lo que uno desconoce es infinitamente mucho más grande que lo que uno conoce. Y ser riguroso. Yo tengo cierta anarquía de pensamiento cuando investigo, salto de un tema, vuelvo sobre el mismo. Tengo varias obsesiones en mi proceso de pensamiento, aunque mantengo el estudio de la problemática del desarrollo.

–¿Hay alguna de sus obras que marcó un antes y un después en su etapa como investigador?

– Sí, una que se llama Cuba: Socialismo en la globalización, publicada en México. Hoy esa obra necesita una introducción o un complemento, pero ahí traté de sistematizar lo que yo pensaba en ese momento.

–¿Por qué esa obra?

–Nunca antes había sistematizado mi pensamiento. Si lees, por ejemplo, Cambios mundiales y perspectivas de la Revolución Cubana, trato diversos temas, desde el origen, el carácter nacional y popular de la Revolución Cubana, la coyuntura económica.

«Además, siempre que escribo busco la manera de mostrar cómo la política de la Revolución trata de mantener el máximo posible. La Revolución necesita materializarse en cosas, que la gente sepa que la Revolución está cambiando el mundo, pero que sienta también que cambia su vida cotidiana».

–¿Qué libro recomendaría siempre a los jóvenes?

–Es difícil pensar en algún libro y yo voy a pensar en lecturas que a uno lo marcan, por ejemplo, Jack London. Él tiene un cuento que se llama El amor a la vida (1905).  Yo no lo había leído; sin embargo, un día me enteré de que el Che pensó en ese cuento cuando lo hirieron en el cuello, y después supe que Lenin, antes de morir, pidió que se lo leyeran. Leí el libro, y realmente es impactante.

«También la literatura latinoamericana, lo que es el realismo mágico, es extraordinariamente rica. Sin embargo, en general, cuando revisas las editoriales del continente, hay más publicaciones europeas y norteamericanas que latinoamericanas. Yo recomiendo leer nuestra literatura y profundizar en nuestras propias realidades.

«Es importante dedicar nuestro espacio editorial a los jóvenes, a familiarizarlos con la literatura. Creo también que hay un tema que abordar y son los ancianos. La experiencia acumulada. No se puede desperdiciar ese caudal de conocimiento. Hay que tener todo el diapasón de las edades, porque todas son importantes en un proyecto revolucionario».

–¿Qué significa para usted la investigación?

–Significa mi vida. Realmente. Yo no puedo dejar de pensar y de reflexionar sobre cosas que voy conociendo.

–¿Proyectos personales para este año?

–Retomar un ensayo que escribí en 1972: Fase insurreccional de la Revolución Cubana, y lo releí hace poco. Creo que mi proyecto ahora tiene que ser terminar este trabajo, con todo el nuevo conocimiento que uno ha ido adquiriendo. Terminar una segunda edición.

«Creo que la transición socialista en Cuba comenzó con el proceso insurreccional, y es necesario retomarlo desde ese punto de vista. A lo mejor, alguno de los que me lee lo retoma y lo hace con mucho más éxito que yo».

–¿Qué consejos les daría usted a las personas de su edad?

–Mantener la fe en la Revolución, a pesar de todas las dificultades. Creo que la Revolución llegó para quedarse. Y se quedará.

Trump rompiendo las instituciones

 


Por Carles Manera | marzo 10, 2026 

En un libro publicado en 2012 (¿Por qué fracasan los países?, Deusto, 2012), Daron Acemoglu y James Robinson utilizaban la historia económica para aportar una reflexión particular sobre el origen de la decadencia de las naciones. Se trataba de la cara “b”, digámoslo así, de la teoría de Adam Smith sobre la génesis de la riqueza de las naciones y sus causas. Los dos grandes libros del considerado como fundador de la economía moderna (La riqueza de las naciones, y la Teoría de los sentimientos morales) se han leído casi siempre de forma epidérmica, con énfasis acusados en sendos temas: la mano invisible –que, sin embargo, solo aparece una sola vez en los textos de Smith–, la división del trabajo –con la potente noción de especialización productiva–, la necesaria apertura comercial –rehuyendo del viejo mercantilismo, y con el enorme complemento de las aportaciones posteriores de David Ricardo– y la intervención pública en economía –a la que el escocés no era reacio en absoluto–. Pero no siempre se ha invocado la perspectiva de Smith sobre la justicia y la distribución económica, una cuestión determinante sin la que todo el edificio económico se acaba derruyendo.

Las investigaciones histórico-económicas de Acemoglu tratan de reconocer elementos concretos que expliquen la decadencia de unas naciones que, en muchos aspectos, podían tener características mejores que las conocidas para Inglaterra, donde se fraguó la revolución industrial. Acemoglu y Robinson contrastan otros factores explicativos que se enfrentan a la grandes teorías sobre los orígenes del crecimiento moderno. Sería demasiado prolijo exponerlo todo aquí. En una síntesis muy apretada y en absoluto completa, aquellas tesis preconizaban el crecimiento económico como un fenómeno abrupto, en línea con lo que expuso en su momento Walter Rostow en sus conocidas etapas del crecimiento (Rostow venía a decir que para industrializarse se debe seguir la pauta inglesa en diferentes fases, hasta llegar al take-off deslumbrante); o Alexander Gerschenkron, que centraba su modelo histórico-económico en la importancia de disponer recursos naturales, bancos poderosos y sectores tractores que arrastren en positivo todo el entramado económico.

Por su parte, Acemoglu y Robinson nos explican que la existencia de instituciones inclusivas es una importante baza explicativa de las disparidades en el crecimiento económico. Ahí, señalan, está el meollo de la cuestión: instituciones que se respeten y que velen por el cumplimiento de reglas, contrabalanceando al poder político establecido y, por tanto, en contra de la corrupción y de la apropiación en beneficio propio de los resortes del Estado. Las aportaciones de estos economistas son destacables en estos momentos, con la guerra en Oriente y la actitud de Israel y Estados Unidos, por un motivo básico: porque esas instituciones, que podían ser inclusivas, ahora están dejando de serlo. Y esto por la irrupción en el mundo de una manera de hacer política que va en contra de las reglas elementales de una normativa de convivencia. El poder del más fuerte es lo que se entroniza, y las instituciones que ese poder maneja se tornan en exclusivas, es decir, en excluyentes de cualquier tendencia de colaboración. La vulneración del derecho internacional constituye un ejemplo ilustrativo, un hecho que se ha visto en las acciones militares en Gaza, Venezuela e Irán.

Fijémonos que entidades como Naciones Unidas, Cámara de Representantes en Estados Unidos, incluso tribunales, todas ellas son solapadas cuando no despreciadas por la administración actual estadounidense, sin que esto genere respuestas más contundentes de carácter institucional, al margen de las protestas ciudadanas. Incluso se trata de generar instituciones paralelas –la denominada Junta de Paz, por ejemplo, creada en enero de 2026 por Trump– que sustituyan a las ya consagradas y homologadas por la gran mayoría de naciones del mundo, y que se plieguen a los deseos de su promotor. Sin reglas ni instituciones inclusivas que escruten su cumplimiento, la convivencia es imposible. Asistimos, por el contrario, a escenas que parecían impensables hace poco más de un año: invasiones, secuestros, expulsiones, arrestos, fallos judiciales, guerras, procesos en los que las instituciones cooperativas o encargadas de vigilar el cumplimiento de las normas, están ausentes o son directamente superadas por hechos consumados.

Las apariencias de un sistema democrático son cada vez más tenues, más frágiles. La vorágine en la que se ha entrado obedece tanto a la catadura moral de Trump y de quienes le rodean, como a las contradicciones internas en Estados Unidos que están provocando medidas como los aranceles, la expulsión de inmigrantes, la creación de otros entramados institucionales –como el ICE– que nada tienen que ver con la visión “inclusivista” de Acemoglu y Robinson. La duración de la guerra en Oriente, planeada por Israel y seguida por Estados Unidos, será lo que condicione buena parte de la evolución de la economía mundial. Por el momento, los signos que van apareciendo son preocupantes: aumento del precio de la energía –el petróleo puede rebasar los cien dólares el barril–, tensiones inflacionistas, reducción de las contrataciones laborales, contracciones comerciales y, sobre todo, una mayor inseguridad e incertidumbre que se suma a la que ya se tenía. Y era así por lo acontecido en Ucrania, en Gaza, y en otros focos –Somalia, por ejemplo– silenciados por las guerras que afectan más directamente a las economías occidentales. El ataque a Irán –un régimen execrable– alimenta los desequilibrios. Todo esto sucede con la parálisis de instituciones otrora inclusivas que, ahora, se encuentran paralizadas, amordazadas, ausentes, irrespetuosamente tratadas.

Las conclusiones de Acemoglu y Robinson, a partir de la revisión de multitud de casos de historia económica apuntan, al margen de los debates en la ciencia económica sobre los orígenes y las decadencias de las naciones, una vía clave: la importancia cultural, política y económica de que esas instituciones –ONU, Tribunal Supremo en Estados Unidos, Unión Europea, Organización Mundial del Comercio, entidades de todo tipo del mundo sanitario y cooperativo, etc.– sean respetadas o alcen claramente su voz. Y lo hagan ante el excluyente, el autoritario, el autócrata, el que está llevando, junto a la estupidez de sus acólitos, a un precipicio en cuyo borde se nos pide –se nos exige– que avancemos.

Repunte de la tala intensifica alertas ambientales en entorno cubano


La tala de árboles para la producción de leña y carbón vegetal se ha convertido en un fenómeno generalizado y crítico en la geografía cubana.




Los hornos de tierra son el método más usado para hacer carbón vegetal en Cuba.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 10 mar.- La crisis con la energía eléctrica que enfrenta Cuba en estos momentos ha reconfigurado el paisaje cotidiano de la isla.

La búsqueda de alternativas al combustible fósil ha llevado a miles de cubanos a mirar hacia los bosques, en un proceso que, desprovisto de control, amenaza con convertirse en una nueva fuente de crisis: la ambiental.

Aunque se trata de una práctica arraigada en el campo cubano, su expansión desordenada hacia zonas periurbanas y su realización al margen de la legalidad vigente encienden las alarmas entre especialistas y defensores del medio ambiente.

La producción de carbón vegetal y la tala para leña se han intensificado en los últimos meses como respuesta a los prolongados apagones y al encarecimiento y escasez del gas licuado.

Necesidad y costo

La necesidad inmediata de combustible está provocando un daño ecológico que ciudadanos y activistas califican como “irreparable”. En varias provincias, la tala indiscriminada avanza sin planificación ni control, afectando incluso áreas boscosas cercanas a las ciudades.

La presión sobre los bosques, aunque Cuba cuenta con una ley forestal y programas de reforestación, se intensifica ante la demanda de subsistencia diaria, dificultando la conservación y el manejo forestal sostenible.

Esta “utilización masiva” del carbón, como califican el hecho varios ciudadanos, sobre todo fuera de la capital del país, conlleva además la migración de fauna de los lugares donde se obtienen los árboles, empobreciendo la biodiversidad.

Legalidad forestal frente al auge del carbón vegetal

Contrario a lo que pudiera pensarse, la normativa cubana no prohíbe de forma absoluta la producción de carbón vegetal. Sin embargo, establece un marco muy estricto sobre quién y cómo puede hacerlo.

El Decreto 107, publicado en la Gaceta Oficial en agosto de 2024, es claro al respecto: las micro, pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes), cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia tienen “prohibida la silvicultura y la extracción de madera”.

La única excepción, recogida tanto en esta norma como en regulaciones anteriores, es la producción de carbón vegetal y leña, siempre que se realice sin romper “el esquema existente hoy para la base productiva” y cumpliendo con lo previsto para el uso de la tierra.Proceso de fabricación de un horno de carbón. (Foto: Tomada del perfil de Cuba Plus en Facebook)

Esto significa que, en teoría, la producción debe estar vinculada a la gestión de la tierra por parte de campesinos o cooperativas agropecuarias, no a emprendimientos de corte industrial o urbano.

El carbón destinado a la exportación solo puede ser comercializado por sus productores, lo que intenta cerrar el paso a fórmulas intermedias descontroladas.

A esta regulación se suma el histórico marco de la Ley Forestal (Ley 85, de 1998). Dicha legislación establece como principio irrenunciable la protección de los bosques contra la tala indiscriminada y prohíbe los desmontes sin la autorización expresa del Consejo de Ministros, previo parecer del Ministerio de la Agricultura.

La ley subraya que los bosques, aunque puedan estar en tierras de propiedad cooperativa o privada, son “propiedad estatal socialista de todo el pueblo”, lo que somete su explotación a un estricto control estatal.

El impacto en la salud es doble. Por un lado, la inhalación del humo de leña y carbón vegetal en espacios cerrados, donde se cocina a diario, está asociada a enfermedades respiratorias crónicas, infecciones oculares y complicaciones cardiovasculares.

El impacto invisible: polvo, humo y tierra pelada

Mientras las regulaciones intentan ordenar el bosque, las consecuencias de la tala ilegal o desordenada ya se sienten en las comunidades y en el cuerpo de las personas.

En zonas rurales de Pinar del Río y las regiones central y oriental del país, es cada vez más común observar árboles frutales o maderables talados sin criterio técnico. La deforestación resultante no es solo un problema estético.

La pérdida de cobertura forestal, que el gobierno cubano logró elevar desde un 13,5 % en 1960 a más del 21 % en la década de 1990, corre el riesgo de revertirse en áreas críticas.

El impacto en la salud es doble. Por un lado, la inhalación del humo de leña y carbón vegetal en espacios cerrados, donde se cocina a diario, está asociada a enfermedades respiratorias crónicas, infecciones oculares y complicaciones cardiovasculares.

Las mujeres y los niños, que suelen pasar más tiempo cerca del fogón, son los más vulnerables.

Por otro lado, el daño ecológico afecta la salud pública a largo plazo. La tala indiscriminada acelera la erosión de los suelos, afecta la retención de agua en las cuencas hidrográficas y reduce la biodiversidad asociada a los ecosistemas forestales, tal como lo advierte la propia Ley Forestal en sus objetivos.Proceso de fabricación de un horno de carbón. (Foto: Tomada del perfil de Cuba Plus en Facebook)

Entre el plato y el bosque

El dilema cubano es complejo. Las resoluciones más recientes, como la Resolución 54/2023, facultan al Cuerpo de Guardabosques y a la Policía Nacional Revolucionaria para imponer sanciones por contravenciones forestales. Sin embargo, la capacidad de vigilancia en un archipiélago de más de 100 000 kilómetros cuadrados es limitada.

El gobierno promueve el uso de fuentes renovables de energía como solución de fondo, y el propio Decreto 107 permite a los actores privados la generación y comercialización de electricidad con fuentes renovables, una puerta abierta a la esperanza.

Pero mientras la transición energética no sea una realidad tangible en los hogares, la presión sobre los bosques continuará. La ley es clara, los impactos ambientales y el daño a la salud están identificados.

El desafío para la política forestal cubana no es solo atrapar al infractor, sino ofrecer alternativas energéticas sostenibles que hagan innecesario mirar al bosque como la única salida al apagón. (2026)

lunes, 9 de marzo de 2026

EEUU, el país más belicoso del mundo


La traicionera agresión a Irán, dispuesta mientras se celebraban negociaciones que parecían llegar a buen puerto con la explícita renuncia de Teherán a construir una bomba atómica, es otro ejemplo de como actúan "estados fallidos", como EEUU e Israel, que pisotean la Carta de las Naciones Unidas y las normas más elementales del Derecho Internacional.


Atilio Boron, Tele Sur

Estoy harto de escuchar a opinólogos, presuntos analistas y dizque "periodistas" de los medios hegemónicos y sus terminales en las redes sociales e inclusive en gente del común y de buena fe que en su ingenuidad son engañadas vilmente por aquellos con el cuentito de EEUU como la tierra de la libertad, la democracia y los DDHH. Un componente muy importante de esa engañifa es el ocultamiento de los crímenes que la "gran democracia del Norte" cometió a lo largo de toda su historia y sigue perpetrando al día de hoy.

Envueltos en una nube de "mentiras que parecen verdades", Vargas Llosa dixit, el imperio y sus vasallos se cuidan de recordarle al público que EEUU es, hasta ahora, el único gobierno que arrojó sendas bombas atómicas sobre dos indefensas ciudades japonesas -Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945- asesinando en un instante a 210.000 personas. Las cifras pueden subestimar la letalidad de ese bombardeo porque quienes estaban en un radio de unos 600 metros del lugar donde cayeron las bombas fueron vaporizados y convertidos en cenizas en menos de un segundo. Nunca se encontraron huesos ni cráneos en esa zona. La temperatura en Hiroshima al momento del estallido fue de 7.700 grados centígrados, y en Nagasaki de unos 4.000.

Ninguno de los presidentes de EEUU que sucedió a Harry Truman, que fue quien ordenó el bombardeo, consideró la posibilidad de pedir perdón por ambos crímenes. Obama fue el único que visitó el Parque Conmemorativo de la Paz en Hiroshima, pero se rehusó a pedir perdón por esos crímenes. De lo anterior se desprende que si hay un país en el mundo que está descalificado para juzgar a otros como "santuarios del terrorismo" o como "Estado patrocinador del terrorismo" -cosa de la cual con infinita maldad Washington acusa a Cuba- ese país no es otro que EEUU.

Conviene, a los efectos de despejar cualquier clase de duda sobre nuestro argumento, traer a colación una breve historia narrada personalmente por el ex presidente Jimmy Carter en 2019.[1] Durante su habitual clase dominical en la iglesia bautista Maranatha de su ciudad natal, Plains (Georgia), Carter reveló que había hablado con Trump sobre China. Carter, que a la sazón tenía 94 años, dijo que Trump estaba preocupado por el crecimiento económico de China y le expresó su inquietud por el hecho de que "China se nos está adelantando".

Carter fue quien normalizó las relaciones diplomáticas entre Washington y Pekín en 1979 y le comentó a Trump que gran parte del éxito de China se debía al pacifismo de su política exterior. "Desde 1979, ¿saben cuántas veces ha estado China en guerra con alguien?", preguntó Carter a la feligresía allí presente. "Ninguna, y en cambio nosotros hemos estado siempre en guerra". El ex presidente concluyó su clase diciendo que "EEUU solo ha estado en paz durante 16 de sus 242 años (249 años, al 5 de febrero del 2026) como nación independiente. Si se cuentan las guerras, los ataques militares y las ocupaciones militares, en realidad solo ha habido cinco años de paz en la historia de EEUU: 1976, el último año de la administración de Gerald Ford, y 1977-1980, la totalidad de la presidencia de Carter."

El ex presidente remató su intervención diciendo que "EEUU es la nación más belicosa de la historia del mundo", resultado, según él, de que obligara a otros países a "adoptar nuestros principios estadounidenses" y, deberíamos agregar, asegurar el predominio de sus intereses.

La agresión militar a Venezuela, la violación de su soberanía y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores es el penúltimo eslabón de esta triste historia. La traicionera agresión a Irán, dispuesta mientras se celebraban negociaciones que parecían llegar a buen puerto con la explícita renuncia de Teherán a construir una bomba atómica, es otro ejemplo de como actúan "estados fallidos" (rogue states, en el léxico de las ciencias sociales) como EEUU e Israel, que pisotean la Carta de las Naciones Unidas y las normas más elementales del Derecho Internacional.

Una guerra que ya ha provocado la muerte de miles de inocentes, que se superpone al feroz genocidio que sigue practicando el régimen racista de Israel en Gaza y que puede llegar a provocar una crisis económica de alcance global e, inclusive, precipitar el inicio de una Tercera Guerra Mundial. Hay dos jefes de Estado, Trump y Netanyahu, que necesitan de la guerra para evitar ir a la cárcel, a purgar por sus delitos. Hay una industria militar que vive de las guerras y de las superganancias que ellas le producen.

Nada, absolutamente nada, justifica esta guerra. Es más, Kenneth N. Waltz, figura académica central en el área de las relaciones internacionales y padre de la escuela neorrealista en esa disciplina, publicó ya en el año 2012 un texto excepcional titulado "Por qué Irán debe tener su bomba", y cuyo subtítulo lo decía todo: "El equilibrio nuclear significaría estabilidad". [2] En ese notable artículo Waltz demostraba que jamás hubo una guerra entre dos países que poseían bombas atómicas. No lo hubo entre EEUU y la Unión Soviética, u hoy con Rusia; y tampoco entre la India y Paquistán.

Nada puede ser más contrario a la estabilidad y la paz internacional que tener en una misma región un país con un arsenal atómico rodeado por otros que carecen de él, y que con razón se sentirán amenazados por el primero. Desgraciadamente sus consejos fueron arrogantemente desoídos, y combatidos, por el estado profundo que domina Washington y el 'lobby' sionista que tanto peso tiene en el Congreso de EEUU así como en la estructura administrativa del estado norteamericano. El resultado es la tragedia que hoy se vive en Irán y en otros países de la región.


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Notas:
"Why Iran should get the bomb. Nuclear balance would mean stability", en Foreign Affairs, 91 Julio-Agosto de 2012

Altruismo. Comentario HHC

 Sin más tiempo que perder, Noel Rolando comenzó sembrando unas pocas hectáreas de tabaco, tanto en la modalidad de sol en palo como tapado

Lo que pareció una traba en su vida fue el punto de empuje para no detenerse. Foto: Freddy Pérez Cabrera

Busco y rebusco en el diccionario, y en mi mente, y no encuentro la palabra exacta que pueda adecuarse a la grandeza que hay encerrada en el alma de este joven cubano. Nobleza, desprendimiento, desinterés, generosidad… Creo que todas se quedan cortas para caracterizar a Noel Rolando Benítez, el campesino remediano que tantas cosas buenas ha hecho por su Patria.

Quiso ser esgrimista y, en muy poco tiempo, consiguió estar entre los mejores de Cuba y de Centroamérica. Sin embargo, una inoportuna lesión del menisco en una de sus rodillas, puso fin a los sueños de llegar a un podio olímpico.

Ante el imprevisto, y el llanto desconsolado de su hijo, el padre, Pablo Miguel Benítez, de recia personalidad, lo llamó a capítulo y con firmeza le expresó: «Hijo, ahora te toca cambiar la espada por la guataca y el machete. Así que quítate el mono deportivo y ponte la ropa de trabajo, que aquí no hay otro camino para salir adelante».

Y así ha sido. Aquel día se perdió un gran campeón, pero se ganó a quien es considerado en la actualidad, como uno de los mejores productores tabacaleros de Cuba.

Sin más tiempo que perder, Noel Rolando comenzó sembrando unas pocas hectáreas de tabaco, tanto en la modalidad de sol en palo como tapado, allí en su finca perteneciente a la CCS Rodolfo León Perlacia, de Remedios. Con el éxito inicial, vino el embullo por crecer en la cosecha de la hoja, además de incorporar nuevos cultivos e incursionar en la cría de animales.

Ante su empuje y los resultados que mostró en tan poco tiempo, le fueron entregadas nuevas hectáreas que estaban plagadas de marabú y de malezas, las que fueron convertidas muy rápido en fuentes de riquezas.

Con su hablar campechano y el acento característico de la gente que vive en el campo, nos dice: «¿Usted sabe cuántas hectáreas de tabaco tengo plantadas este año?, 173. De ellas, 66 de tapado y el resto al sol, y el año que viene quiero llegar a las 200». Abro los ojos y le digo: «¿Cómo ha sido posible ese salto, si tú comenzaste con solo dos hectáreas?».

Entonces ríe, pone su mano en mi hombro y expresa: «Periodista, para lograr esto hemos tenido que guapear muy duro y olvidarnos del reloj».

En su finca, no solo se siembra tabaco. Allí también, en las tierras que sirven de asiento a la aromática hoja, se fomentan otros cultivos como maíz, yuca, boniato, pepino, habichuela, tomate y arroz, entre otros, aprovechando la fertilización residual de los suelos.

«Hoy contamos también con alrededor de 200 000 aves, un porciento grande en cooperación con el Combinado Avícola. Tenemos casi 3 000 cerdos, y también conejos y carneros, entre otros animales. Además, estamos insertados en proyectos de colaboración internacional y hace tres años abrimos un punto de venta aquí, en la comunidad de Tahón, para que las personas tengan acceso a productos como el huevo, algunos cárnicos y otros alimentos, que son comercializados a muy buenos precios».

Foto: Freddy Pérez Cabrera

Es de suponer, que ante tantas producciones y tan buenos resultados, también haya múltiples beneficios económicos, le comento en tono de provocación, a lo que responde: «Sí, esto ha dado mucho dinero, que como has de imaginar, proviene del trabajo honrado, pero créeme, que eso para mí no es lo más importante», y para demostrarlo me habla de sus donaciones a centros asistenciales y de salud de equipos y medios que han ayudado a mejorar la calidad de la atención a la población.

Así, por ejemplo, ante el acoso imperial que amenaza con paralizar el país por falta de combustible, Benítez donó en estos días 29 kits solares a instituciones de Salud de la provincia de Villa Clara, un gesto de alto impacto social, que ya beneficia de varios centros del territorio y que dice mucho de la calidad humana de este joven.

Para tener una idea de su desprendimiento, baste decir que la financiación de estos equipos fotovoltaicos está valorada cada uno en, aproximadamente, 5 900 MLC, una cifra que sale de los ahorros, del sudor y de la conciencia de cubano comprometido con su pueblo.

Y no es lo único. Del fruto de su trabajo han salido equipos de aire acondicionado para salas en las que se atienden niños que son pacientes oncológicos, ancianos y embarazadas, además de alimentos y otros insumos que se han puesto a disposición de quienes más lo necesitan.

«No me perdonaría, que por falta de fluido eléctrico en un hospital, policlínico u otros centro de Salud, falleciera un niño, o que una mujer embarazada perdiera a su criatura, por culpa de una obstinada política de genocidio contra nuestro pueblo», asegura el recio productor tabacalero, quien por sus méritos y compromiso con la comunidad, en estos momentos comparte las labores de labriego con las responsabilidades como delegado del Poder Popular, presidente del Consejo Popular, y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Comentario HHC: !! Excelente  y muy bien por este cubano.!!!!

Me hubiera gustado mas información de cómo obtiene los resultados,  por ejemplo ¿Cuantos trabajadores tiene ?, ¿Cuál es el sistema de estímulo? ¿Qué salario medio ganan los trajadores al mes? ¿ Dónde compra los kit solares? ¿ Tiene una empresa o es la CSS? ¿ Cuáles son los resultados económicos y financieros de la misma?.

Me llama la atención que se hable de MLC, cuando en las tasas de cambio que publica el Granma del BNC, diariamente,  no aparece. 

Hoy en el Toque 1 MLC = 395.85 CUP. Es decir , 29 kit x 5900 x 395.85 son 67  729 935 ( Sesenta y siete millones setecientos veintinueve mil novecientos treinta y cinco pesos).  Bueno tenemos un trabajador- cuadro millonario , altruista, con cargos además en el Poder Popular en tres instancias.

¿ Estamos hablando de Socialismo no ?.  !!! Pobre de empresas estatales !!!. 

Sin gasolina: Historias de la movilidad eléctrica en La Habana (+ Fotos y Video)

 Por: Oscar Figueredo ReinaldoThalía Fuentes PueblaAna Álvarez GuerreroMarcelino Vázquez HernándezVerónica Alemán CruzFrank Martínez RiveroAbel Padrón PadillaEnrique González Díaz (Enro)

 



Parada del hospital Frank País, en el municipio La Lisa. Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate

La escena se repite cada mañana en distintos puntos de La Habana: personas que miran el reloj, colas que se alargan en las paradas y motores apagados esperando un combustible que no siempre llega. En medio de ese paisaje cotidiano, un sonido distinto comienza a hacerse cada vez más común: el zumbido suave de los motores eléctricos.

Bicicletas, motos, triciclos y hasta pequeños autobuses eléctricos empiezan a dibujar nuevas rutas en una ciudad donde moverse se ha vuelto uno de los mayores desafíos. Para algunos, son una tabla de salvación; para otros, una alternativa costosa y todavía limitada por la falta de infraestructura.

En municipios como Boyeros, Cerro o Habana del Este, la movilidad eléctrica ya no es una curiosidad tecnológica. Es, cada vez más, parte de la vida diaria.

Desde Rancho Boyeros: ¿Qué dicen transportistas y transportados?


Yaniel Vázquez cuenta que no es un improvisado en lo de “tirar pasajes”. Lleva al menos cuatro años moviendo gente en su moto eléctrica de un punto a otro en la ciudad de La Habana. Lo mismo lo contactan vía telefónica que lo encuentran, como hoy, en la piquera que se encuentra frente al cine-teatro Lutgardita del municipio Boyeros.

Antes lo hizo en un bicitaxi. “Era pedales para arriba y pedales para abajo, cuando el tramo costaba 5 pesos”. Ahora, sin ruta fija, llega hasta donde lo alquilen.

Desde su experiencia, en estos días “ha mermado un poquito la cantidad de pasajes porque la posibilidad de la gente pagarte es más difícil”, dice.

“Muchas veces veo a la gente caminando hasta Calabazar, hasta Las Cañas… y es un buen tramo”, acota.

Cristian Quintana es otro transportista que está esta mañana en Rancho Boyeros. Si bien hasta hace muy poco “andaba en una máquina boteando”, a raíz de todo esto comenzó en el triciclo. Sobre los precios, señala que suelen rondar los 100 o 150 pesos, pero en realidad depende de los tramos.

Los recorridos suelen ser cortos por el propio rendimiento de la batería.

“Estos equipos vienen para hacer 120 kilómetros, pero cuando comienzas a meter personal hacen de 60 a 70 solamente”, puntualiza.

No obstante, Luis Gardi cobra 250 pesos por el tramo que comprende desde Boyeros hasta “La Palma”, un reparto del capitalino municipio Arroyo Naranjo. Esta ruta comprende cerca de 18 kilómetros y tiene una alta demanda. Para Gardi —con muchos más clientes en la actualidad que hasta hace unos pocos meses— hay una sola respuesta:

“No hay guaguas”.

A Javier Estévez, por su parte, no parece importarle mucho la cantidad de pasajes y vueltas. Es un jubilado de 75 años que hace tres meses parqueó su carro de petróleo y, “gracias a una hija que vive en el exterior”, quien le compró su triciclo, puede “alimentar a su familia” e incluso llevar a su nieto al preuniversitario.

“Mi estado de salud no me da para dar muchas carreras. Yo doy dos o tres vueltecitas nada más”, subraya.

El reloj apenas roza las 10 de la mañana y la calle es un hervidero de gente intentando llegar a su destino. En la parada también está Miladis. Se balancea y camina de un lado a otro; sin embargo, no la vence la impaciencia.

“Yo no cojo nada de eso. Lo mío es esperar las guaguas o una gacela, un transporte que sea más grande que un triciclo, más cómodo. Dar 100 pesos por una incomodidad, no creo”.

Sin embargo, para otra de nuestras entrevistadas, cuyo nombre olvidamos preguntar por la premura con que sucedió el intercambio —pues ya estaba montada en el triciclo a punto de salir— esta alternativa es imprescindible. Ella vive en las cercanías del Parque Lenin y el tránsito hasta allá es prácticamente inexistente.

“No hay guaguas, no hay nada; entonces hay que resolver con las moticos. Lo único que resuelve es esto, que no lo quiten”, dice a manera de reclamación, mientras cuenta que ha visto cómo han limitado a muchos que quieren ofrecer este servicio por no contar con las licencias para ello.

“Esto es un transporte que por lo menos ayuda al pueblo”, plantea.

Ana María también lo agradece. Es una jubilada que varias veces ha montado y no le han cobrado en sus tramos habituales (Santiago de las Vegas-Mulgoba o Boyeros-Mulgoba). Cree que “por respeto a las canas”.

La Habana del Este apuesta por lo eléctrico 

En las primeras horas del día, las calles Habana del Este se llenan de luces parpadeantes y bocinas que reclaman gasolina. Las colas en las pocas gasolineras abiertas son eternas y muchos cubanos resignan sus autos a la espera.

Sin embargo, algunos vecinos han encontrado en la movilidad eléctrica un respiro de ese caos diario.

Maiteé Navarro, de 25 años, lo sintetiza con claridad:

“Puedes moverte en la ciudad… y en tiempo”.

Ella compró hace dos años una bicicleta eléctrica que, más allá de no gastar combustible, le ha devuelto la independencia en una urbe donde el transporte público lleva años saturado.

Otros, como Ana Luisa García, dueña de una moto eléctrica, añaden que con estos vehículos ya pueden planear su día “sin miedo a llegar tarde” ni depender de la gasolina.

Ventajas palpables, pero altos precios

Lo que empuja a estas personas son las ventajas económicas y ambientales de lo eléctrico.

Especialistas energéticos del Ministerio de Energía comentaron a Granma que la electricidad es mucho más barata que la gasolina. Como explican las fuentes oficiales, “la electricidad siempre será más barata que el combustible… puedes ahorrar hasta el 70% del costo”.

Además, los motores eléctricos tienen menos piezas móviles —y por ende requieren menos lubricantes— lo que reduce entre un 50 y un 70% los costos de mantenimiento en comparación con un carro convencional.

Con estos números, que ya circulan en informes oficiales, se entiende por qué muchos cubanos ven en la energía eléctrica una salida ante la escasez de combustible: menos gasto directo y menos reparaciones cotidianas.

Sin embargo, estas ventajas no son suficientes para la mayoría.

Los precios de los vehículos eléctricos nuevos siguen siendo prohibitivos. Por ejemplo, la venta motos eléctricas en tiendas oficiales por entre 1 300 y 2 100 dólares cada una.

Para los cubanos que deben ganarse la vida con el peso nacional, tales costos —que además solo pueden cubrirse con moneda fuerte— transforman estas motos más en un lujo que en una alternativa masiva.

Los trencitos en acción 

En Alamar la noticia corre rápido: la microempresa privada Mecanik 11 empezó a operar, desde junio de 2025, nuevas rutas con buses eléctricos.

Un mensaje oficial del propio servicio de transportación urbana anunció la novedad: “a partir del lunes 16 de junio se estabiliza el servicio de transportación mediante los buses eléctricos de la MIPYME MECANIK11”.

Las rutas conectan la parada Micro X del reparto con el Hospital Naval y con la Virgen del Camino.

Los precios son modestos: 50 CUP para viajes locales en Alamar, y entre 150 y 200 CUP para los desplazamientos completos hasta la Villa Panamericana, el hospital o la iglesia de la Virgen.

Estos autobuses —con capacidad para 20-30 pasajeros sentados— han brindado pequeñas gotas de alivio a la crisis del transporte en La Habana.

Aunque Mecanik 11 arrastra todavía tropiezos —dependencia de la electricidad, adaptación de rutas o aceptación del público— su ejemplo demuestra que la iniciativa privada puede contribuir a llenar vacíos en medio de la crisis estructural del transporte público.

Infraestructura de carga: el gran reto de las “solineras”

No obstante, el mayor obstáculo sigue siendo tecnológico: ¿dónde recargar tantos vehículos eléctricos?

Hoy por hoy, la gran mayoría de estos medios —desde bicicletas y motos hasta los propios buses— se carga en el domicilio de cada usuario, con cargadores sencillos de 110 voltios.

Como admite el vicepresidente logístico de Cimex a medios de prensa, “todos estos equipos tienen en la actualidad sistemas de carga domésticos”.

Dicho de otro modo: apenas existe una red pública de “solineras”.

No obstante, el Gobierno trabaja en un proyecto de estaciones solares de carga rápida. En la III Feria Internacional de Transporte (abril de 2025) Cimex anunció la creación de 21 estaciones de carga en el país.

La primera se construirá en La Habana frente al edificio Sierra Maestra y permitirá recargar hasta 32 vehículos simultáneamente.

Mientras tanto, en barrios de Habana del Este cada quien improvisa su solución: cargar en casa, turnarse con vecinos o aprovechar cualquier circuito donde haya electricidad.

El día después

El día después que el gobierno cubano anunciara restricciones en la venta de combustibles, los choferes de los triciclos eléctricos que operan en la zona del Clínico de 26, en La Habana, se reunieron y acordaron por unanimidad aumentar el monto de los viajes de 100 a 150. A río revuelto, ganancia de pescadores.

“Antes gastaba 400 pesos, ahora 600, y puede ser pequeña la diferencia sino lo tuviera que pagar ese monto todos los días”, dice Rosa, quien lleva y recoge diariamente a su hija en una escuela primaria en el Vedado. “Mientras pueda lo pago, el día que no, cojo a la niña del brazo y caminaremos por todo 26. Faltar a la escuela no es una opción”.

En la zona se agrupan los triciclos uno detrás de otro. Los choferes conversan mientras esperan su turno. Salen hacia el Puente de Hierro, Santa Catalina o la Virgen del Camino. La cola de pasajeros no se detiene; el ir y venir constante muestran cómo la movilidad eléctrica alivia en gran medida la situación con el transporte en la capital.

“Todos nos critican, que si subimos a 150, que si no compramos gasolina, pero la inflación no perdona y todos los precios van para arriba”, explica a Cubadebate uno de los choferes de la ruta Clínico-Puente de Hierro.

La noche del pasado lunes y madrugada del martes, los seis circuitos en La Habana acumularon más de 15 horas de apagón y eso, por supuesto, se reflejó en la transportación.

“Hoy (martes) no hay casi nadie trabajando en la ruta; la mayoría no pudo cargar”, cuenta el entrevistado. Los que estaban activos ese día son los que han invertido en baterías de litio; entre más compran, más autonomía tiene el vehículo.

En dependencia de la ruta, del peso, del esfuerzo que haga el triciclo, cada batería —que cuesta 1600 dólares, según el chofer— alcanza para seis viajes, ida y vuelta.

“Invertí en cargador de carga rápida y me llega al 100 por ciento en cinco horas; quienes no pueden hacerlo, demoran hasta ocho. Depende de las posibilidades de cada uno. Tenemos que estar inventando todo el tiempo. Si en mi circuito no hay luz, voy hasta la casa del vecino que pertenece a otro, le doy un ‘salve’, pongo a cargar el triciclo y me paso todo ese tiempo cuidándolo”, cuenta.

Hace par de meses gastó 800 dólares en una reparación, y si a eso le suma el dinero que paga por el alquiler diario porque el triciclo no es suyo, y los 50 o 100 pesos del buquenque en cada viaje, “la cuenta no da”.

“Yo me pongo en el lugar de ellos, pero, ¿quién se pone en el mío? Los choferes también tenemos que sobrevivir”. Y esa respuesta, aunque no justifica el alza, da al traste con una crisis económica que no perdona.

En carne propia

Soy esposa del dueño de un triciclo eléctrico VEDCA, modelo C800. Para mi esposo, no es solo un vehículo: es su herramienta de trabajo, su medio de transporte y su sustento. Cada día él lo carga dos veces, porque necesita que esté disponible para recorrer la ciudad y cumplir con todas sus responsabilidades.

Sé exactamente lo que significa esa rutina en términos de energía. La batería de litio de 60 voltios y 90 amperios-hora consume 5.4 kWh por carga. Eso quiere decir que gastamos 10.8 kWh diarios y, al final del mes, 324 kWh, solo en el triciclo. En números fríos, consume tanta electricidad como dos hogares promedio en Cuba.

El costo eléctrico directo no es tan alto: unos 648 CUP mensuales, si lo calculo por día, serían aproximadamente 22 pesos cubanos. Pero la realidad es que el gasto no termina ahí. Mantener el triciclo implica mucho, muchísimo más. En primer lugar, la inversión al adquirirlo, que es muy grande ya que todos sabemos lo que vale, y en cuál moneda.

Con el uso, las baterías se degradan y reemplazarlas cuesta caro. Los neumáticos, los frenos y las piezas de repuesto hay que importarlas o muchas veces conseguirlas revendidas a sobreprecio en el mercado informal. A eso se suman las licencias, los permisos para transportar pasajeros o cargas y, por supuesto, el tiempo de trabajo de mi esposo, que también tiene un valor.

Por eso es comprensible que los arrendadores en La Habana cobren entre 150 y 250 CUP por viaje según las distancias; no es lo mismo ir del Puente de Hierro al Clínico de 26, que viajar de este último hasta la Virgen del Camino porque el segundo trayecto es mucho más largo. Injusto me parece, en cambio, que quienes hacen un trayecto tan lineal como es el del Clínico de 26 hasta Santa Catalina y Diez de Octubre, te cobren 150 cup lo mismo si vas hasta el final del trayecto, que si vas hasta la heladería Word (punto de referencia para los repartos Palatino y Casino Deportivo y que se encuentra solamente a un kilómetro del hospital).

Sé que no están cobrando solo la electricidad: están cobrando la inversión inicial del vehículo (que quieren recuperar en un año), el desgaste diario del medio de transporte, la ganancia personal (que nunca quieren que sea poca) y la escasez de alternativas de transporte en la ciudad. Matemáticamente, el precio parece excesivo si lo comparo con el costo energético real. En el contexto económico y social que estamos viviendo, tiene, desafortunadamente, lógica.

El dilema fundamental para mí, como juez y parte en este tema (pues soy compañera de vida de alguien que vive de ese trabajo) está en lo social, y en los valores que cada quien tenga. Para muchos ciudadanos, pagar 150 o 250 CUP por un viaje es prohibitivo, aunque para el arrendador sea la única manera de sostener su trabajo. No podemos obviar tampoco que en nuestro caso, mi esposo lo maneja él mismo, pero generalmente estos vehículos son alquilados y esas personas deben pagar desde 5 mil hasta 8 mil pesos DIARIOS al propietario. Entonces, se encarece el doble, pues hay que sacar “el dinero del dueño” y el propio, y todo eso recae sobre el ciudadano de a pie que necesita moverse y no tiene cómo.

Cabe mencionar también a los (mal) queridos buquenques, por unos amados y por otros (como yo) odiados, que ya están exigiendo por “su trabajo” el precio de un pasaje. O sea, si “organizan” la cola del Clínico de 26 al Puente de Hierro, cobran cada vez que “llenan” un triciclo, 150 pesos, que es lo que cuesta ese viaje. Pero los de la acera del frente, que llenan Clínico-Virgen del Camino, cobran entre 200 o 250, en dependencia del valor del chofer de turno.

Por desgracia, al cubano de a pie no le ha quedado de otra que preguntar individualmente a cada uno cuánto es que cobran, porque no existe tarifa fija y si montas y no preguntas, corres el riesgo de tener que pagar lo que al chofer se le antoje. Y lo vivo en carne propia porque aunque mi esposo tiene triciclo, cuando él trabaja yo debo transportarme con otros…

El hilo de la vida sobre tres ruedas en Boyeros

El sol de media mañana calcina la acera junto al Estadio Antonio Maceo. Carmen levanta la vista del teléfono y busca refugio del sofoco. Bajo la sombra de un árbol encuentra a Pipo, recostado a su triciclo eléctrico con la parsimonia de quien ha entendido que, en estos tiempos, la prisa es un lujo del pasado.

Carmen es bejucaleña de pura cepa, pero hace poco vive en Santiago de las Vegas. Vendió la casa heredada de sus padres. “Fue para acercarse a los nietos que residen en el Rpto. Sierra Maestra”, dice. “Y también por los apagones”, confiesa. Sin embargo, hay realidades que desbaratan cualquier cálculo. La mudanza no ha cortado el vínculo con su pueblo como cordón umbilical,  siempre regresa. Antes del bloqueo energético lo hacía en un almendrón. “Carísimo, pero lo podía pagar”, recuerda. Hoy, ya no es posible.

“Menos mal que existen estos”, comenta señalando el vehículo de Pipo con una mezcla de gratitud y resignación. “Vengo al menos dos veces por semana. Hoy es para un trámite en ETECSA”. Mientras habla, la sombra de Pipo la cobija a ella y a su historia.

Pipo —el dueño del triciclo— escucha con un oído y con el otro permanece atento por si llega algún cliente. Hace dos años importó el vehículo desde Panamá. La idea era otra: “Varias agencias me contrataban para repartir paquetería del exterior, pero con esto… mermó mucho”, explica con un gesto que abarca la compleja situación económica y la necesidad de reinventarse. Entonces viró el timón: decidió “tirar pasaje”. Su ruta: Bejucal y también La Herradura, en Boyeros.

Pipo tiene una advertencia que lanza antes de que le pregunten por la tarifa: “Yo no soy un abusador. Cobro 200 pesos, pero a muchos ancianos, a médicos que van a trabajar, no les cobro o les pido que me den lo que puedan”.

Lo que le ocurrió a Pipo no es un caso aislado. En toda la zona, conductores particulares han tenido que silenciar sus vehículos ante la escalada de precios del combustible.

Ante esa realidad, los triciclos eléctricos se han convertido en una alternativa asequible. “Ahora estos triciclos resuelven la cosa”, comenta entre risas Rafael, otro conductor que, como Pipo, cambió su viejo automóvil por un vehículo de batería para poder seguir trabajando.

“Lo mismo llevo personas hasta el Cacahual, el Rincón, o me alquila algún guajiro para traer sus cosechas hasta alguna paladar de la zona o el agro de Santiago. Hay que guapear, mi familia tiene que comer”, remarca.

La geografía de esta zona de La Habana es compleja. La avenida Independencia se extiende como una vía que surca el municpio, haciendo del trayecto un recorrido exigente para estos vehículos de batería. Por eso, el mapa del transporte se ha reconfigurado. Ya no se trata de grandes recorridos, sino de conexiones más cortas: Santiago de las Vegas–Bejucal, Santiago de las Vegas–Boyeros, de Boyeros a La Palma, hasta Calabazar y también el puente de 100 y Boyeros.

Batería cargada

La movilidad eléctrica todavía está lejos de resolver los problemas estructurales del transporte en La Habana. Las baterías son caras, la infraestructura de carga es limitada y los precios de los viajes continúan siendo altos para muchos ciudadanos.

Sin embargo, en medio de la escasez de combustible y de la incertidumbre cotidiana, estas soluciones han empezado a abrirse camino.

Desde las calles de Alamar hasta las rutas improvisadas de Boyeros, el zumbido de los motores eléctricos anuncia una transformación que avanza, a veces con tropiezos, pero con la persistencia de quienes necesitan moverse para vivir.

Porque en La Habana, cuando faltan las guaguas y escasea la gasolina, incluso una batería puede convertirse en el hilo que mantiene en marcha la vida diaria de la ciudad.


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