Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 3 de noviembre de 2026

Análisis del texto: “Objetivo primordial de la Reforma: la producción de alimentos (I)”

Por Humberto Herrera Carlés

El compañero Joaquín Benavides ha escrito un texto importante sobre la producción de alimentos (*) , en donde propone y argumenta colocar la producción de estos en el centro de una reforma económica cubana, y cambiar el modelo de financiamiento agropecuario: pasar de un esquema presupuestario centralizado, burocrático y vinculado al acopio estatal, a otro basado en crédito bancario, microcréditos, banca privada/cooperativa/estatal y tasas de interés diferenciadas. La tesis general es valiosa, pero requiere matices técnicos y condiciones institucionales que el texto no desarrolla en esta primera entrega.

Por otra parte, se parafrasea la frase de Fidel de:  " cambiar todo lo que debe ser cambiado", en su concepto de Revolución , frase citada por muchos de nosotros y de dirigentes, hasta la saciedad, pero sin lograr aún , llevarla a la práctica.

Por mi parte , estoy de acuerdo, que los alimentos es lo principal,  Fidel en el Primer Periodo Especial, allá en la década del 90 de siglo pasado, se dio cuenta de ello rapidamente,  y puso entre muchas acciones, al  Contingente Blas Roca a producir alimentos ( soy actor de esto, porque estuve 45 dias movilizado recogiendo papa en Güira de Melena con 12 a 14 horas diarias  a pleno sol como requeria el momento, incluso comiendo en esos campos de papa interminables en donde no había un solo arbol para la sombra).

Los alimentos no solo son la primera necesidad vital para el ser humano, es quizás el producto final ( alimentos), el mas transversal de la ECONOMIA, en cualquier país, e incluso políticamente hablando.  Por lo que es un error grave, no crear las condiciones para tenerlos en cualquier circunstancias por nosotros mismos y depender en lo fundamental de exterior, como fue la práctica por años.

Aspectos positivos 

  1. Centralidad de la producción de alimentos
    Coloca la soberanía alimentaria y la producción de alimentos como prioridad, con una frase clara: “producir para comer y producir para crecer”. Esto es pertinente para Cuba, donde la dependencia de importaciones y las deficiencias de abastecimiento son problemas estratégicos.

  2. Diagnóstico razonable del financiamiento presupuestario centralizado
    Señala problemas reales: burocratización, precios fijados centralmente, financiamiento vinculado al acopio más que a la producción, pérdida de eficiencia y desincentivos al productor. 

  3. Propuesta de crédito bancario como instrumento central
    La idea de que el crédito imponga disciplina financiera, evaluación de riesgo y corresponsabilidad del productor es correcta en términos generales. También lo es incluir a sectores privado, cooperativo y estatal, no solo al estatal.

  4. Microcréditos y Mipymes agroalimentarias
    La mención a microcréditos para pequeños agricultores y Mipymes dedicadas a miniindustrias de alimentos —jugos, conservas, vinos, mermeladas— apunta a una visión de cadena de valor y no solo de producción primaria. Esto puede generar empleo, valor agregado y exportaciones.

  5. Política de tasas de interés diferenciadas
    Plantea que el Banco Central estimule con tasas preferenciales la producción de alimentos y exportaciones. Es una idea discutible, pero legítima, si se diseña con transparencia y sin sustituir la política fiscal.

  6. Entidad financiera no bancaria para el azúcar
    La propuesta de una institución especializada para gestionar flujos financieros de la cadena azucarera es interesante como idea a debatir, aunque requiere mucha precisión regulatoria. ( ver además la serie de Benavides sobre este tema en este mismo sitio).

  7. Llamado al debate y recuperación histórica
    El autor usa su experiencia y la referencia a la banca agrícola de 1959 para argumentar. Eso aporta contexto, aunque no sustituye evidencia empírica actual.  

    Aspectos de riesgos atener en cuenta

  1. Sobresimplificación del crédito como “la forma más eficiente”
    El crédito bancario no es siempre más eficiente que el presupuesto. Depende de la institucionalidad, las garantías, la capacidad empresarial, los mercados, la estabilidad macroeconómica y la supervisión. Para bienes públicos —riego, caminos, investigación, sanidad animal, extensión— el financiamiento presupuestario sigue siendo necesario, como lo he visto en México.

  2. Crítica unilateral al financiamiento presupuestario
    El presupuesto no es intrínsecamente ineficiente; lo que falla es su mala gestión, la ausencia de incentivos y la politización. Además, el crédito no reemplaza la inversión pública en infraestructura de largo plazo.

  3. Omisión de reformas complementarias
    El texto no aborda condiciones decisivas: tenencia y propiedad de la tierra, precios, comercialización, acceso a insumos, semillas, fertilizantes, energía, transporte, almacenamiento, riego, seguros agrícolas y asistencia técnica. Sin estas reformas, el crédito puede generar endeudamiento sin aumentar la producción.

  4. Riesgo de sobreendeudamiento de pequeños productores
    Los microcréditos pueden ser útiles, pero también pueden convertirse en trampa financiera si no hay seguro agrícola, garantías alternativas, capacitación y mercados estables.

  5. Tasas diferenciadas y posibles distorsiones
    Las tasas preferenciales pueden generar subsidios implícitos, arbitraje, clientelismo y costos fiscales ocultos. El Banco Central no debería sustituir a la política fiscal ni financiar desarrollo sectorial sin coordinación macroeconómica.

  6. Banca privada y microfinanzas sin marco regulatorio explícito
    El texto propone banca privada y microcréditos, pero no menciona supervisión, protección al consumidor, límites a la usura, prevención de lavado de activos ni regulación de riesgos. En el contexto cubano, esto es crucial.

  7. Entidad no bancaria para el azúcar y “Bolsa de valores asiática”
    La idea puede fragmentar la supervisión financiera y crear arbitraje regulatorio. La mención a una bolsa asiática suena prematura y requeriría un análisis de riesgo, gobernanza y regulación muy detallado.

  8. Énfasis exportador y azucarero
    La diversificación hacia jugos, conservas y vinos es positiva, pero el texto sigue muy centrado en el azúcar, un sector de gran peso histórico pero hoy con enormes problemas de producción. Además, la seguridad alimentaria local no debe subordinarse automáticamente a la exportación.

  9. Falta de secuencia y costos de transición
    No explica cómo pasar de un modelo a otro, en qué orden, con qué costos fiscales, qué instituciones se crean primero y cómo se evita un colapso financiero durante la transición.

  10. Tono más propositivo que técnico
    Al texto le faltan datos, indicadores, experiencias comparadas y metas medibles para avanzar en este tema, en las otras entregas.

  11. Recomendaciones adicionales
  1. Diseñar un sistema financiero rural integral
    No limitarse al crédito: incluir fondo de garantía, seguro agrícola, microseguros, asistencia técnica, contratos de compra, capacitación y mecanismos de resolución de conflictos.

  2. Crear pilotos regionales y evaluar impacto
    Probar el modelo en territorios y cadenas seleccionadas antes de generalizarlo. Medir producción, morosidad, ingresos, acceso a mercados y seguridad alimentaria.

  3. Acompañar con reformas de precios, comercialización y tierra
    El crédito funciona si el productor puede vender a precios razonables, comprar insumos y tener seguridad sobre la tierra. Sin eso, el financiamiento puede ser un parche.

  4. Regular y supervisar banca privada y microfinanzas
    Establecer reglas claras de licenciamiento, capital, liquidez, transparencia, tasas máximas, protección al usuario y prevención de lavado de activos.

  5. Diseñar subsidios explícitos y focalizados
    Si se usan tasas preferenciales, que el costo fiscal sea visible y auditables. Evitar tasas negativas implícitas o subsidios indiscriminados.

  6. Coordinar Banco Central, política fiscal y tipo de cambio
    La política de tasas debe ser parte de un esquema macroeconómico coherente. No se puede estimular crédito si la inflación, el tipo de cambio o la escasez de divisas generan incertidumbre.

  7. Para el azúcar: gobernanza y supervisión consolidada
    Si se crea una entidad financiera no bancaria, debe estar dentro del perímetro regulatorio, con auditoría, gobierno corporativo y límites de exposición. La “bolsa asiática” debería evaluarse después, no como prioridad inicial.

  8. Diversificar más allá del azúcar
    Priorizar también frutas, vegetales, granos, proteína animal y productos con demanda local. El valor agregado es positivo, pero requiere estudios de mercado, logística y energía.

  9. Incluir pequeños productores, mujeres y jóvenes
    Diseñar productos financieros adaptados, con garantías alternativas y capacitación. Evitar que el crédito llegue solo a actores con activos o conexiones.

  10. Sistema de monitoreo y rendición de cuentas
    Publicar indicadores de crédito otorgado, morosidad, producción, exportaciones, precios y seguridad alimentaria. Sin datos, no hay evaluación posible.

 Comentario adicional

El texto tiene una orientación valiosa: poner la producción de alimentos en el centro. Sin embargo, subestima los riesgos financieros y omite reformas estructurales indispensables. La propuesta sería más sólida  y realista si nuestro gobierno lo convierte en un programa institucional con regulación, seguros, garantías, pilotos, evaluación de impacto y coordinación macroeconómica.  


(*) https://cubayeconomia.blogspot.com/2026/11/objetivo-primordial-de-la-reforma-la.html

lunes, 2 de noviembre de 2026

Díaz-Canel: La empresa estatal socialista tiene la oportunidad histórica de demostrar que puede ser ágil, eficiente y competitiva. Comentario HHC

 Sostiene el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, encuentro con empresarios que participaron en el Ejercicio de entrenamiento sobre las 176 Transformaciones Económicas y Sociales realizado en la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno

Foto: Estudios Revolución

«La empresa estatal socialista tiene ante sí la oportunidad histórica de demostrar que puede ser ágil, eficiente y competitiva sin renunciar a su naturaleza socialista, y los directores empresariales tienen en sus manos la responsabilidad de que esa oportunidad no se pierda en la distancia entre el discurso y la práctica».

La afirmación la hizo el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en diálogo con más de medio centenar de directivos que participaron en el Ejercicio de entrenamiento sobre las 176 Transformaciones Económicas y Sociales realizado en la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno, con la participación de presidentes de grupos empresariales y juntas de gobierno.

Como epílogo del seminario realizado a fines de septiembre, durante el intercambio el Instituto Nacional de Activos Empresariales Estatales (INAEE) rindió cuentas sobre sus tareas en la primera etapa de implementación de las transformaciones y se evaluó la marcha del proceso en cerca de una docena de grupos empresariales de varios sectores.

En el encuentro, que fue moderado por Roberto Ricardo Marrero, presidente del INAEE, el mandatario Miguel Díaz-Canel Bermúdez convocó a los directivos del sistema empresarial estatal a asumir el compromiso con la «eficiencia en la gestión, la participación de los trabajadores y resultados para el pueblo».

Informó que, al cierre de octubre, las transformaciones contaban con un respaldo legal significativo; 171 tenían completadas sus bases jurídicas y estaban aprobadas 215 normas. Solo resta terminar los procedimientos de cinco —las más polémicas, dijo—, pero se ha estado trabajando en las normas jurídicas que las van a asegurar.

Los grupos de trabajo dedicados a atender los 23 ejes temáticos de las transformaciones han hecho un enorme esfuerzo, y en tres meses tenemos 215 normas jurídicas, reiteró el mandatario en una amplia explicación de toda esa gestión normativa.

No obstante —acotó el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista—, lo que decidirá el rumbo de las transformaciones «será la actitud de los cuadros, su disposición a liderar el cambio con preparación, con responsabilidad social, con participación de los trabajadores y con firmeza ideológica», sin caer en «tentaciones del mercado ni en la comodidad y la inercia».

LOS TRABAJADORES: FUERZA MOTRIZ DE LAS TRANSFORMACIONES

En el intercambio, el Presidente de la República compartió criterios medulares sobre el papel que la dirección del país otorga a la empresa estatal, el rol de sus directivos, la confianza activa, el papel que deben jugar las empresas, su responsabilidad social, la participación de los trabajadores y las posibles tendencias negativas que habrá que evitar o enfrentar.

Al hacer un análisis de los resultados del seminario realizado como ejercicio de entrenamiento sobre las transformaciones, señaló que en este quedó ratificado que «la empresa estatal socialista no es un actor residual ni un apéndice del aparato administrativo, sino que es el sujeto principal de la economía nacional y el eslabón fundamental sobre el que descansan las 176 Transformaciones Económicas y Sociales».

Y esa preeminencia de la empresa estatal socialista —afirmó— «no se mide por la cantidad de entidades, ni por el volumen de activos, sino por la calidad de la gestión con que se enfrentan estos procesos y su capacidad real de generar eficiencia económica en comparación con otras formas de propiedad y de gestión. O sea, tenemos que imponer desde la empresa estatal socialista la eficiencia en todos los procesos».

Al recalcar que las transformaciones son una tarea fundamental de cada empresa, Díaz-Canel subrayó asimismo —como otro concepto esencial que nadie puede pasar por alto— «que la fuerza motriz de las transformaciones y la fuerza motriz de las empresas para asumir las transformaciones son los trabajadores».

Ante la trascendencia que otorga al papel de los trabajadores en el éxito de las transformaciones, el Presidente dedicó parte del diálogo a sentar las pautas de cómo debe ser la relación de las direcciones empresariales con los trabajadores.

LA AUTONOMÍA EMPRESARIAL NO ES UN CHEQUE EN BLANCO

Entre las premisas de las transformaciones, el Presidente cubano recordó que estas otorgan a la empresa estatal un margen de autonomía sin precedentes para la administración y la gestión de sus recursos, con una descentralización de facultades para aprobar precios mayoristas, una flexibilización en el destino de las utilidades después de impuestos y la aprobación de su sistema salarial sin estar sujetas a una escala para todas las empresas.

Subrayó que muchas de las transformaciones aprobadas responden a solicitudes que se hacían desde antes, como dar a la empresa autonomía para la importación y exportación sin intermediarios, facultarlas para la gestión directa del combustible y permitirles crear sus estructuras, además de poder establecer empresas filiales y Mipymes, entre otras prerrogativas.

No obstante, acotó, «tiene que quedar claro que esta autonomía no es un cheque en blanco». La autonomía es motor impulsor de un cambio, pero este se tiene que traducir en más producción, en mayores ingresos, en generación de divisas, en mejores precios, en una mayor dinámica de creación de empleo y, como resultado, «lo que todos queremos, que haya una elevación concreta de la calidad de vida del pueblo, del bienestar de nuestra población y que en el menor tiempo posible podamos alcanzar la prosperidad que merece nuestro pueblo».

TRANSFORMACIÓN NO ES SINÓNIMO DE PRIVATIZACIÓN

En el intercambio con una representación del empresariado cubano, el mandatario se detuvo en profundidad en dos elementos claves que deben estar muy presentes en los análisis de las transformaciones: los conceptos de propiedad y de gestión. Son cuestiones —explicó— sobre las cuales hay dudas, incluso entre personas revolucionarias, en la población, y sobre las que el enemigo está tratando de imponer matrices para desconceptualizar este proceso.

«Y aquí tiene que estar claro —enfatizó— que la transformación en sociedades mercantiles por acciones o participaciones no equivale a privatización. Aquí —reafirmó— siempre vamos a proteger la empresa estatal de la privatización».

Díaz-Canel explicó que en nuestro país se podrán crear vínculos empresariales de diferentes tipos, como las asociaciones económicas internacionales. Toda la empresa estatal que se pueda salvar, que no tenga que quebrar —dijo—, se preservará, pero todos estos procesos se conducirán, y no será hacia la privatización.

Con las transformaciones —argumentó—, «lo que se busca es separar la propiedad de la gestión, atraer capital, mejorar la eficiencia, lograr aprovechar mejor las capacidades que tenemos subutilizadas en la empresa estatal, pero manteniendo la propiedad social como un principio irrenunciable».

CIENCIA, INNOVACIÓN Y OTROS DESARROLLOS QUE APORTAN INGRESOS

Díaz-Canel retomó ante el empresariado estatal cuatro aspectos claves que también deben guiar las transformaciones y que forman parte de sus 23 ejes temáticos: la transición energética, la economía circular, la ciencia y la innovación, la transformación digital, la automatización de los procesos y la inteligencia artificial; temas —dijo— de los que «la empresa estatal tiene que ser abanderada y tiene que ser la que los abrace con un mayor impacto».

Sobre la transición energética hacia fuentes renovables de energía, recalcó que quien no emprenda o profundice las acciones dirigidas a la soberanía energética de su empresa no podrá ser competitivo ni podrá producir como se requiere.

Hoy —dijo— es una estrategia de desarrollo empresarial más necesaria que nunca, porque ante el cerco energético del imperio, nadie sabe cuándo va a entrar más combustible a este país.

Ante el cerco energético —añadió—, «no nos podemos quedar de brazos cruzados, hay que ir a la transición energética», que —explicó más adelante— no se limita a los sistemas fotovoltaicos; está también la energía eólica, la de la biomasa, el biocombustible, el biogás...

Las transformaciones —agregó el mandatario— también requieren que la empresa estatal asuma la economía circular y aproveche todo lo que podamos reciclar y reutilizar.

Con respecto a la ciencia y la innovación, retomó la defensa que en todo momento hace de estas, porque —insistió— «el país va a salir adelante si es capaz de innovar. Y para innovar hay que desarrollar el pensamiento científico, las potencialidades científicas, que las hay en el país, que asombran todos los días cuando vemos un colectivo de investigación, un colectivo científico, lo que aporta».

Y para esto —esclareció— «lo que hay que buscar es una mayor dinámica de interconexión entre el sector del conocimiento y el sector empresarial para que los resultados de las investigaciones den solución a problemas concretos que tenemos».

Reconoció que en los últimos años «el Sistema de Gestión de Gobierno basado en Ciencia e Innovación ha ido mejorando esa interrelación y ya hay matrices más amplias de relación entre demandas que hacen las empresas a las entidades de ciencia e innovación y también desde la administración pública; pero todavía —ilustró— quedan subutilizadas capacidades y potencialidades».

Sobre el proceso de transformación digital y el auge en el último trienio de la inteligencia artificial (IA) a nivel mundial, aunque Cuba tiene un acervo de más de treinta años en esta ciencia, Díaz-Canel advirtió a los empresarios del sistema estatal que esta es una manera de hacer más productivos y dotar de mejor rendimiento a todos nuestros procesos productivos y de servicios. «Es —alertó— una nueva revolución industrial que hay hoy a nivel mundial y si no la asumimos nos vamos a quedar atrás también».

La transformación digital y la IA —agregó— también son una solución ideal al tema de la dinámica demográfica que enfrentamos. Es «la única manera de hacer más productivos, más rentables, nuestros procesos con menos población económicamente activa para cada vez sostener a una mayor población económicamente no activa».

«Automatizar procesos, transformar digitalmente, incluir la inteligencia artificial», esa es la solución, reafirmó el Jefe de Estado, quien reiteró su orientación de que cualquier nueva inversión en el sistema empresarial estatal debe nacer con fuentes renovables de energía, con transformación digital e inteligencia artificial, y las que ya existen deben empezar a transformar sus procesos en esa dirección. Y todos buscando respuestas en la ciencia y la innovación.

ROL DE LAS DIRECTORAS Y DIRECTORES DE EMPRESAS

«El éxito de las transformaciones depende en gran medida de la capacidad de dirección de los cuadros», afirmó el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, al analizar el rol de las directoras y directores empresariales en el éxito de las 176 Transformaciones Económicas y Sociales.

«Los directores de las empresas estatales no son ejecutores pasivos de normas jurídicas. Las normas jurídicas dan garantías, dan seguridad jurídica a las transformaciones, pero no resuelven las transformaciones. Ustedes, los dirigentes empresariales, son los líderes del proceso de cambio en cada entidad», definió Díaz-Canel.

«Si ustedes no asumen el cambio, si ustedes no asumen la transformación, va a ser muy difícil que se pueda llevar a cabo esa transformación. Por lo tanto, es una responsabilidad alta y esa responsabilidad alta da mucho compromiso. Ustedes —les dijo— son cuadros de la Revolución, ustedes son cuadros del Partido».

«Y ¿cuál es el legado que podemos dejar a las futuras generaciones? —preguntó—. Es el de ser capaces de llevar las transformaciones adelante para que la Revolución salga adelante en uno de los momentos más difíciles que ha vivido, en uno de los momentos donde con más saña el imperialismo ha ido contra la Revolución.

Nosotros, ustedes, señaló el mandatario a las empresarias y empresarios, tenemos que poder decirles a nuestros hijos, a nuestros nietos: «Salvamos la Revolución porque fuimos creativos, porque fuimos valientes, porque no nos rendimos, porque no nos doblegamos ante los designios del imperio».

Y es por eso que a ustedes les corresponde asumir «la autonomía con responsabilidad, no solo en el discurso, sino traducirla en decisiones concretas que desaten en cada una de sus entidades las fuerzas productivas».

EL LIDERAZGO EMPRESARIAL HAY QUE CONSTRUIRLO

Sobre cómo desempeñar el liderazgo que le corresponde a las y los empresarios del sistema estatal socialista cubano, Díaz-Canel Bermúdez compartió con ellos varios elementos fundamentales:

«Uno, la preparación. Tiene que haber una preparación de los cuadros. La preparación no es solo la de los seminarios, ni la de los posgrados, ni la de los diplomados, que son vehículos importantes de la autopreparación».

«En ese concepto de preparación hay que incluir el fortalecimiento de la Junta de Gobierno y todos los equipos de dirección de cada organización empresarial, porque vamos a procesos audaces, vamos incluso a desarrollar algunos conceptos que no se habían aplicado en otros momentos».

Los equipos de dirección de nuestras empresas estatales —agregó— «requieren miembros capacitados, de un funcionamiento adecuado de esos órganos y no de una formalidad administrativa que sea un lastre para la innovación, para el desarrollo y que desemboque en burocracia».

Otro elemento que deben poseer y asumir los cuadros «es el cambio de mentalidad», aseguró el Presidente cubano en un análisis de las relaciones entre los Organismos de la Administración Central del Estado, los ministerios y las empresas a lo largo de los años.

Fueron relaciones que en determinados momentos históricos eran necesarias y permitieron a la Revolución salir adelante, no sin errores de los organismos, los ministerios y las empresas, pero el de ahora —afirmó Díaz-Canel— también es otro momento histórico, por eso tenemos estas transformaciones.

Aquellas relaciones —reiteró más adelante— tal vez funcionaron en un momento, pero ahora no funcionan; ahora hay que ir a la autonomía de verdad. Ahora hay que buscar la divisa y hay que exportar. Y hay que buscar la divisa para que la empresa pueda tener combustibles —que ya «no va a venir por la canalita»—, para poder comprar insumos, materia prima.

El mandatario se refirió también a los intercambios que ha tenido en las últimas semanas con cerca de una veintena de equipos de dirección de sistemas empresariales y de ministerios, en los que ha apreciado una adecuada interpretación de las transformaciones.

«La gente está proponiendo e interpretando cómo aprovechar bien las cosas». Y ahora, donde eso no sea así, hay que romper con la inercia, hay que promover ese cambio de mentalidad; es por eso —les dijo— que insisto en que ustedes tienen que ir a la base, a las entidades de los municipios, de las provincias, donde todavía algunos dicen que no les han llegado orientaciones.

Pero esta actitud —denunció— es estar en la zona de confort. No hay que esperar orientaciones. Las Transformaciones Económicas y Sociales están aprobadas, 171 de ellas disponen de todos los contenidos de cómo pueden implementarse, y hay más de 215 normas jurídicas que las aseguran.

O sea —argumentó—, si yo soy osado, si yo me he apropiado del cambio de mentalidad que se necesita sin que nadie me oriente, ya yo debiera estar analizando qué hacer o interpretando cómo voy a implementar las transformaciones en mi entidad.

Sé —reconoció el Presidente de la República— que el cambio de mentalidad tal vez constituya el proceso más engorroso, pero la propia vida nos va a llevar con una celeridad tremenda a avanzar en ese cambio de mentalidad.

En sus reflexiones sobre las que en su criterio deben ser las cualidades fundamentales que deben tener los directores del sistema empresarial estatal socialista cubano, el Primer Secretario del Comité Central del Partido señaló también «el sentido de pertenencia» de la empresaria o el empresario con su colectivo laboral, el asumir que forma parte intrínseca de él.

«El principal activo, lo fundamental que nosotros tenemos en la empresa son los trabajadores, que son los representantes genuinos del pueblo. Ninguno de nosotros sabe más que todos nosotros juntos. Hay que terminar de asumir en la dirección —dijo— el concepto de participación de los trabajadores en la toma de decisiones».

Solo así nos vamos a equivocar menos, expuso Díaz-Canel, resaltando la importancia de que el director de la empresa mantenga un permanente intercambio con los trabajadores, como en aquellos colectivos donde, a pesar de estar ganando tres mil o cuatro mil pesos, la gente se mantuvo en su fábrica, en su empresa. Y lo han hecho —afirmó— porque en ese colectivo «hay un sentido de pertenencia. Y esos trabajadores saben lo que hay que hacer para que ese lugar salga adelante».

«Denle participación, no decidan nada sin consultar con los trabajadores», demandó el Presidente. Y así verán —les avisó— cómo las transformaciones se enriquecen, cómo se entienden mejor, cómo los trabajadores las defenderán mejor y cómo se crea un mayor ambiente de cooperación, de solidaridad, de defensa, de autoestima.

Esto que estamos diciendo —señaló Díaz-Canel— tampoco quiere decir que en los procesos del país los trabajadores no han tenido participación; todo lo contrario. De lo que estamos hablando es de una participación más cotidiana, más diaria, en el centro laboral, en la empresa, no solo de la participación en los grandes momentos.

Como cuarto elemento fundamental a asumir por empresarias y empresarios del sistema estatal, el Jefe de Estado se refirió al concepto de “responsabilidad social” y, dentro de ella, a la responsabilidad intrínseca del director, que no se agota en el balance económico, en la gestión hacia lo interno de su empresa.

Se refirió así a las posibilidades que ahora se tienen para que las entidades destinen parte de sus utilidades no solo a aumentar salarios, sino también a la ciencia y la innovación, a solucionar problemáticas de sus colectivos, como vivienda y alimentación, entre otros estímulos dirigidos a retener la fuerza laboral.

También se puede destinar parte de estos fondos a apoyar a sus jubilados y jóvenes trabajadores; contribuir a la atención de personas en situación de vulnerabilidad que viven en las comunidades donde está la empresa. Pero esto —aclaró— no se puede “hacer a dedo”, sino que sea el colectivo de trabajadores el que lo decida y así todos saldrán a defenderlo.

En otra arista de la responsabilidad social empresarial, Díaz-Canel recordó que esta «no es un añadido filantrópico, sino que es parte constitutiva del encargo de la empresa estatal socialista».

LA EMPRESA A LA VANGUARDIA DEL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN

«La dirección del Partido, el Gobierno y el Estado han ratificado su plena confianza en la capacidad del sistema empresarial estatal socialista para aportarle al país lo que el país necesita», señaló en otro momento del diálogo con los directivos el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República.

«Pero esa confianza se corresponde con una exigencia: los directores deben estar a la vanguardia del proceso de transformación y no a la retaguardia de la resistencia. Ustedes son los que tienen que romper la resistencia que pueda existir hacia las transformaciones», señaló al exponer el papel que el país espera de las empresas en las transformaciones.

De la empresa estatal socialista esperamos, les comunicó: «que comprendan que son protagonistas de la producción y la eficiencia; y que se ejecute el plan con eficiencia, reduciendo costos, mejorando calidad e incrementando productividad».

«Que sean generadores de divisas, que produzcan también para exportar, para desarrollar el turismo, para aprovechar las posibilidades que tenemos de exportar servicios al exterior, que sean abanderados en la sustitución de importaciones, y que sean capaces de producir lo que hoy el país compra».

Al analizar el desafío que plantea esta filosofía y defender la necesidad de asumirla, el Presidente explicó que para ello lo que se necesita es «tener un poco de audacia».

Esto es algo que ya hemos hecho, señaló, tomando como ejemplo la estrategia para enfrentar la pandemia de COVID-19, que facilitó que nuestros científicos lograran cinco candidatos vacunales, tres de ellos convertidos en vacunas efectivas, casi sin financiamiento en comparación con los miles de millones de dólares que invirtieron países desarrollados sin alcanzar ningún resultado.

«Con el talento que hay en el país y con la capacidad instalada —incluso con tecnología que puede ser obsoleta, pero que con innovación se puede actualizar—, este país es capaz de producir cualquier cosa», expresó firmemente Díaz-Canel Bermúdez.

«Cuando uno ve el talento que hay por ahí, lo que logran, lo que se proponen, los sueños que hay en no poca gente, aquí se puede hacer cualquier cosa. Pero para eso tenemos que terminar de desatar las fuerzas productivas», reconoció.

Ahondando en el papel que se espera desempeñe la empresa estatal socialista en el proceso de transformaciones, Díaz-Canel expuso que también se espera que sea el puente con el sector no estatal.

La empresa estatal socialista —indicó— tiene que «aprender a trabajar con el sector no estatal, con los trabajadores por cuenta propia, con las Mipymes no estatales, con ese sector privado que nos complementa».

Pero esto —según el análisis que ofreció el mandatario— tiene que hacerse con inteligencia y responsabilidad. Tiene que ser un negocio donde todos ganen, tanto el actor económico estatal como el no estatal, pero partiendo de que contribuya al desarrollo de la empresa, a producciones cooperadas, entre otros beneficios, a partir del aporte de cada parte.

Tras desarrollar otras tesis sobre el papel que se espera juegue la empresa estatal en las transformaciones, como la de convertirse en «laboratorio» de estas aplicando en ellas, antes que en otro lugar, los cambios más arriesgados, el mandatario reiteró su premisa de que si el sistema empresarial socialista «no las asume, las transformaciones se quedarán en el papel».

«Las transformaciones —insistió— se implementan en cada planta, en cada fábrica, en cada puesto de trabajo, en cada decisión del colectivo de dirección y en lo que haga y aporte cada trabajador».

PAPEL SOCIAL DE LA EMPRESA ESTATAL SOCIALISTA

En el intercambio, el Primer Secretario retomó la misión social de estas, porque nuestras empresas —sentó como base— tienen «una responsabilidad social por la cual responder».

«Una empresa estatal socialista en las condiciones de construcción socialista en Cuba —definió— no es solo una unidad económica, es una unidad social. En la empresa hay relaciones sociales entre los trabajadores, entre los colectivos. En ellas asumimos una responsabilidad social, y asumimos una responsabilidad y una obligación ante el pueblo.

«La empresa estatal está representando la propiedad del pueblo y pone esa propiedad del pueblo en función del beneficio de la nación y el beneficio del pueblo. La transformación social también se mide en la vida de los trabajadores, de sus familias, y al final se está midiendo en el pueblo.

«Una empresa que produce, pero descuida a su gente, no se está transformando —aseguró—. Al contrario, está agotando su capital más valioso, que son sus trabajadores. Y de eso estamos llenos de buenos ejemplos y malos ejemplos. Y es de las cosas que exigen que hay que romper la mentalidad. Y por eso —añadió— es importante la participación del trabajador.

En una empresa donde el trabajador está participando, deja de ser mano de obra y se convierte en sujeto de la transformación, definió Díaz-Canel, y es por eso —explicó— que «es tan importante la relación que tenemos que tener entre colectivos de dirección y de trabajadores para impulsar las transformaciones».

ALERTAS ANTE LAS TENDENCIAS NEGATIVAS

Díaz-Canel Bermúdez analizó también las tendencias negativas que pueden retrotraer el proceso de implementación y desarrollo de las transformaciones en el sistema empresarial estatal socialista.

Urgió así a enfrentar «la burocracia y el inmovilismo. Evitar que haya directivos que esperen instrucciones o que copien planes del año anterior (...). Enfrentar la ineficiencia, las pérdidas, el mal uso de los recursos y de la energía». Y demandó rechazar el ausentismo y la indisciplina, porque —planteó— «el que no trabaja no puede compartir el mismo resultado del que sí trabaja».

Demandó asimismo la transparencia que debe existir en todo momento sobre el uso y destino de los activos de que dispone la empresa. Esos destinos —exigió— deben decidirse colectivamente y evitarse manifestaciones de amiguismo, clientelismo y favores, que lo único que hacen es generar corrupción.

Llamó a «enfrentar la zona de confort, que es la costumbre de producir poco y quejarse de todo». Evitar la desconexión con el colectivo; la dirección que no baja a la producción, que no conoce a su gente, no va a lograr buen resultado en las transformaciones.

Díaz-Canel denunció firmemente lo que denominó «la gestión por quejas», como achacar la culpa de los problemas a la macroeconomía, al bloqueo y otras justificaciones sin mirar la gestión interna.

COMPROMISOS A ASUMIR POR LAS DIRECCIONES EMPRESARIALES

En el resumen de sus palabras, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República pidió a las directoras y directores del sistema empresarial estatal hacer suyos los compromisos derivados del seminario en el que habían participado.

Lo primero —les dijo— es «asumir la autonomía como responsabilidad y no como pretexto para no hacer las cosas. Buscar soluciones propias en la articulación con los demás actores económicos.

«Y sostener firmeza política e ideológica frente a las distorsiones del mercado, sin confundir autonomía con abandono de principios socialistas, y evaluar por resultados concretos y no por cumplimientos formales».

Foto: Estudios Revolución

Los exhortó a convertir cada empresa en un espacio de aprendizaje colectivo con los trabajadores; a elevar la productividad y la eficiencia, porque el costo de producción sigue siendo alto en muchas empresas; y a rechazar la formación de precios a partir de los gastos, porque con estos se puede estar ocultando la ineficiencia, y la ineficiencia la paga el pueblo.

Comentario HHC: Se puede estar de acuerdo con lo planteado por el Presidente, pero tengo que decir que ya eso lo vivimos en la década del 90.

Los que eramos directores de empresas en esos tiempos, el Comandante en Jefe le dio total autoridad , para decidir y gestionar las mismas, sin el tutelaje de los organismos superiores.

Después que la economía empezó a crecer, por años consecutivos, se empezó a dar marcha atrás, porque "habíamos dejado sin divisas al pais" a pesar de que se cumplian los aportes al presupuesto. Entonces vino el extremo, o la marcha atrás, para corregir,  se emitió la Resolución 92/2004, donde se eliminó la autorización de descentralización de compras en divisas, y se creó la cuenta única. Donde semanalmente había que llenar un modelaje para se pudiera tramitar y aprobar, por la burocracia que no operaba en la base, del organismo superior. Así, me acuerdo que en el Bar del hotel se averió una batidora para hacer tragos, y pasaron dos semanas y no se aprobaba, y un trabajador trajo una de su casa ( sin mucho ruido) , hasta que se autorizó casi al mes de solicitada a pesar  de explicada la importancia.

Como la vida da muchas vueltas hace unos pocos dias , leí una noticia donde en un evento del CEEC había participado la Dra Yaima Doimeadiós Reyes, y vino a mi memoria su tesis del 2012 " El crecimiento económico en Cuba: un análisis desde la productividad total de los factores" galardonada con el Premio Internacional de Investigación en Desarrollo Económico "Juan F. Noyola" (convocado de manera bienal por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y la CEPAL), y publicada en este blog.

En la misma, se confirma lo que habia dicho Lenin de que: “El factor más importante, el decisivo para el triunfo del nuevo régimen social es, en última instancia, la productividad” , Y en ese período de descentralización mencionado , la Dra Yaima demostró que fue cuando se incrementó mas la productividad de los factores , en nuestro pais.

OBJETIVO PRIMORDIAL DE LA REFORMA: LA PRODUCCION DE ALIMENTOS. (I)


Por Joaquín Benavides Rodríguez*

El sector agropecuario cubano se enfrenta hoy al desafío más determinante de su historia reciente: la transición de un modelo de gestión centralizado y con baja eficiencia hacia un sistema dinámico, que utiliza los mecanismos y principios del mercado y que sea capaz de garantizar la soberanía alimentaria del país.

Situar la producción de alimentos como el corazón de la Reforma exige una voluntad política inquebrantable para eliminar las trabas administrativas que asfixian al sector. La meta es clara: producir para comer y producir para crecer.

Para CAMBIAR TODO LO QUE DEBA SER CAMBIADO en la producción de alimentos habría que comenzar por cambiar la forma de financiar al productor. El Crédito Bancario debería convertirse en la principal forma de financiar la producción agropecuaria. Es la mas eficiente. Incluso en obras importantes de ingeniería, como canales y regadíos, yo recomendaría el control ingenieril bancario antes de entregar los pagos. Es un tema controvertido, pero debería ser objeto de un debate calificado, en que se tome en cuenta la experiencia extranjera.

La producción de alimentos, incluida la caña de azúcar, que es un alimento, requiere crédito bancario. El financiamiento a través del presupuesto del estado no es eficiente. Tanto el sector privado, como el cooperativo y el estatal, deberían recibir financiamiento a través del crédito bancario. Eso supone la creación de una banca de crédito, que incluya la privada, especializada en el fomento y financiamiento de la producción agropecuaria. Recuerdo que cuando se promulgo la Reforma Agraria en 1959, Fidel impulso la construcción de sucursales bancarias para conceder créditos agrícolas en las zonas donde se desarrollaba la Reforma agraria y se creaban cooperativas, a todo lo largo y ancho del Pais. A partir de 1963, con la 2da.Reforma agraria, esa política de financiar la agricultura a través del crédito bancario perdió énfasis a favor del financiamiento a partir del presupuesto del estado, que resultaba ser mas rápido, pero a su vez perdió en eficiencia. Con el tiempo la burocracia se fue adueñando de los instrumentos de decisión y el financiamiento a través del presupuesto se convirtió en el principal método de financiamiento para la agricultura, no solo de las inversiones, también de las siembras y las atenciones culturales. Posteriormente a la burocracia le resulto mas fácil vincular directamente el presupuesto con la empresa de acopio y a través de ella financiar no la producción, sino la compra de lo producido a precios fijados centralmente para todo el Pais por los ministerios de finanzas y agricultura, con el visto bueno, también burocrático, de los aparatos de dirección de la agricultura y la ANAP.

Con una Transformación muy importante que introduce, la Reforma podrá fomentar que la Banca privada pueda financiar con crédito los diferentes sectores de la economia, incluido el agropecuario, y dentro de ello con Microcreditos, que pudieran resultar de gran utilidad para los pequeños agricultores y Mipymes en el desarrollo de mini industrias de alimentos,con las que pueden aspirar a convertirse en exportadores de Jugos y de Conservas de Frutas, de Vegetales o de Vinos de Frutas. Una parte de la producción de azúcar, ademas de dedicarla a la producción de rones y bebidas con fines de exportación, podría dedicarse a la producción de dulces de frutas y mermeladas para la exportación y para el consumo nacional. La exportación de azúcar, como insumo de amplias producciones de conservas, de jugos y de licores, puede aspirar a lograr precios superiores por unidad producida que los que se obtendría comercializándola en el mercado mundial solo como materia prima.

La tasa de interés que establezca el Banco Central para los créditos cuyo destino sea producir alimentos y exportaciones deben ser estimulantes con respecto a las que se establecen para otros destinos. La política de Crédito del Banco Central debería estar en función de estimular la producción de alimentos y las producciones exportables de origen agrícola y pecuaria, incluida la producción azucarera. Siempre podría ser preferible que una tasa de interés suficientemente alta, estimule a los actores no exportadores a mantener su efectivo en el banco, y decidir sobre su destino en función de como se este comportando el tipo de cambio. Tema sobre el cual seria muy interesante debatir. El Banco Central podría utilizar la tasa de interés sobre los créditos como un elemento importante de su política financiera. En condiciones de una economia que opera sobre bases de mercado, la utilización inteligente por el Banco Central de la política con las tasas de interés, puede contribuir significativamente a hacer coincidir los intereses de la macroeconomia con la de las ramas que impulsan el desarrollo económico y las exportaciones.

El Banco Central debería aprobarle a la Organización empresarial que se especialice en la producción de azúcar y sus derivados, y que ademas se involucre profundamente en la producción agrícola de caña de azúcar, una Institución financiera no bancaria que se encargue de gestionar todos los flujos financieros que se generen desde las inversiones, la producción, la comercialización nacional e internacional, y que incluya la posibilidad de participar en una Bolsa de valores asiática.

Hasta aquí lo que pudiera considerarse como introducción al Tema (I) del Objetivo primordial de la Reforma. Prometo continuar en su profundización.

02/11/26

*Joaquín Benavides Rodríguez.   Ocupó el cargo de Jefe del Departamento económico del Comité Central (1977- 1980). El de Ministro- Presidente del Comité Estatal de Trabajo y Seguridad Social de Cuba (1980-1986). Fue Ministro de Gobierno y Presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Dirección de la Economía (1986-1991). Entre 1991 y 2003 ocupó el cargo de Viceministro de Economía del Ministerio de Transporte.

Asume fábrica KTP ensamblaje de vehículos eléctricos en Holguín




Guilian Cruz López / Fotografía: Cortesía de la fuente

02 Noviembre 2026

Holguín, 2 nov (ACN) La Fábrica de Combinadas Cañeras LX Aniversario de la Revolución de Octubre (KTP) ensambla vehículos eléctricos como parte de la diversificación de sus procesos productivos.

María de los Ángeles Mora Alméciga, especialista de la entidad, comentó a la Agencia Cubana de Noticias que el primer carro eléctrico está culminado y otros dos se encuentran en desarrollo, de un total de diez microbuses.

Destacó que los vehículos, dedicados a la transportación de pasajeros, tienen capacidad para 13 personas y que su comercialización y distribución en la provincia de Holguín están a cargo de la Empresa Axess.

El Rutero alcanza una autonomía de 60 a 100 kilómetros y su puesta en marcha apunta a mitigar la situación actual del transporte en la ciudad ante el déficit de combustible.

Los microbuses se ensamblan a partir de la transferencia tecnológica desde Sancti Spíritus, donde los primeros carros eléctricos comenzaron a circular en 2024 para el transporte público espirituano.

Félix Serrano Lorenzo, director de la Empresa Militar-Industrial Francisco Aguiar Rodríguez (EMI) de Sancti Spíritus, explicó en junio a la emisora del territorio que el proyecto prevé ensamblar 50 ecomóviles, de los cuales 10 corresponden a la KTP.

Según la nota de esa emisora, el proyecto integra a la Universidad de Sancti Spíritus, la EMI y la Agencia Taxis-Cuba, además de iniciativas del Fondo de Desarrollo del Transporte Público, que impulsa electrosolineras y fomenta el uso de energías renovables.

Perteneciente a la rama sideromecánica, la KTP modifica procesos tradicionales con vistas a obtener resultados en sus programas productivos mediante la eficiencia logística, la innovación tecnológica y el ahorro de recursos, con impacto económico y social.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Keynes y la promesa de liberarnos del trabajo

 

Mike Beggs

01/11/2026 

Llego a la conclusión de que, suponiendo que no haya guerras importantes ni un aumento significativo de la población, el problema económico podría resolverse, o al menos estar a la vista de una solución, en el plazo de cien años. Esto significa que el problema económico no es —si miramos hacia el futuro— el problema permanente de la raza humana...

— John Maynard Keynes, «Posibilidades económicas para nuestros nietos», 1930

 

El corto plazo nunca le había parecido a Keynes tan sombrío como en 1930: «una crisis que ocupará en la historia un lugar entre las más agudas jamás experimentadas». En Gran Bretaña, los años veinte no habían sido precisamente una época de esplendor, sino más bien de vacilaciones. Pero cuando Keynes visitó Madrid para dar una conferencia, decidió adaptar una que llevaba más de dos años repitiendo a sus alumnos, en la que atacaba tanto a los agoreros revolucionarios como a los reaccionarios. El pesimismo había hecho que la gente «se volviera ciega ante lo que ocurre bajo la superficie».

A largo plazo, todos estaremos muertos, pero no todos al mismo tiempo. El mensaje de Keynes era sencillo: extrapolar de forma conservadora la tasa de crecimiento económico de la era moderna hasta la fecha e imaginar las maravillas que se producirían dentro de cien años: en 2030. Su público no viviría para verlo, pero muchos de sus nietos sí. Los bisnietos, nacidos en el último cuarto del siglo XX, subirían una escalera al cielo y disfrutarían de placeres desconocidos desde la mediana edad. La generación posterior nacería en el paraíso.

Siguiendo la mejor tradición de la ciencia ficción, el autor eludió los detalles precisos del funcionamiento de la tecnología que sustentaba esas maravillas. Es evidente que Keynes disponía de pocos fundamentos teóricos sobre el crecimiento: habla en términos monetarios de las maravillas del interés compuesto. Las inversiones simplemente crecen a un ritmo de alrededor del 2 % anual —no preguntes por qué. La tecnología mejora, lo que supone un aumento de la «eficiencia técnica» del 1 % anual. Dejando un amplio margen para más de esos «errores desastrosos» que habían provocado la depresión, predijo que el nivel de vida «en los países progresistas» sería entre cuatro y ocho veces mayor dentro de un siglo. Habría una fase de «desempleo tecnológico», ya que la productividad laboral superaría el ritmo de descubrimiento de nuevos usos para la mano de obra, pero, en última instancia, encontraríamos la manera de repartir los beneficios de tal forma que todo el mundo trabajara una media de tres horas al día.

La ciencia ficción tiende a ser a la vez demasiado radical y demasiado conservadora en sus visiones del futuro. No tenemos mochilas propulsoras, una base lunar, mayordomos robóticos ni una misión a Marte, pero sí tenemos Internet. A juzgar por los datos disponibles en 2012, Keynes acertó en sus estimaciones numéricas. Según los datos a largo plazo recopilados por el difunto Angus Maddison, la renta real per cápita en el Reino Unido en 2008 era 4,4 veces superior a la de 1930. Si extrapolamos esa tasa media de crecimiento anual del 1,9 % hasta 2030, los bisnietos de Keynes (no en sentido literal; él no tuvo hijos) tendrían, de media, 6,6 veces la renta real de sus contemporáneos en 1930. Según la misma extrapolación, Estados Unidos se situaría justo en el límite superior de la estimación de Keynes, tras haber crecido de media 0,2 puntos porcentuales más rápido al año: 5 veces la renta real de 1930 en 2008 y 7,9 veces en 2030. (El resultado es de 7,6 veces si extrapolamos a partir de la tasa de crecimiento medio más lenta registrada desde 1970).

Si ampliamos el cálculo a todos los países que Keynes consideraba «progresistas» —Europa Occidental y las colonias anglosajonas (Japón aún estaba muy rezagado en 1930 y América Latina presentaba un panorama heterogéneo)—, observamos que la renta real per cápita es 5,5 veces superior a la de 1930, lo que implica un aumento de nueve veces para 2030 si se mantuviera esa tasa de crecimiento histórica. Las cifras de Maddison nos ofrecen estimaciones del mismo orden de magnitud para el mundo en su conjunto, pero al extrapolar a partir de los datos diferentes del periodo 1950-2000 de la Penn World Table, Fabrizio Zilibotti encuentra un aumento aún más asombroso, de 17 veces, debido a unas pocas décimas de punto porcentual adicionales en el crecimiento anual.

Y, sin embargo, ¿podría parecer «el problema económico» menos resuelto? ¿Dónde está nuestra semana laboral de quince horas? Si Keynes hubiera acertado sobre cómo la sociedad utilizaría su crecimiento de la productividad, no encontraríamos que sus predicciones se cumplieran en las estadísticas de renta per cápita —estas solo miden la producción de bienes—. Se puede argumentar que hemos disfrutado de parte de los dividendos en forma de ocio al final de nuestras largas trayectorias individuales: a principios de la década de 2010, la esperanza de vida había aumentado, mientras que la edad de jubilación había disminuido desde 1930: el hombre estadounidense medio disfrutaba de trece «años dorados» adicionales. Pero incluso teniendo esto en cuenta, el europeo medio trabajó casi el doble de la proporción de las horas de vigilia de su vida que predijo Keynes, y los estadounidenses, dos veces y media más. A la gente de todo el mundo se le decía que rebajara sus expectativas y se preparara para años de austeridad.

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Keynes representa la extraña intersección de dos tradiciones. Por un lado, es heredero de una corriente victoriana de anticapitalismo estético y moralista —con raíces en una cosmovisión aristocrática cuya genealogía ha sido trazada por Raymond Williams en Culture and Society. Desprecia a los «ganadores de dinero tenaces y decididos», que adolecen de «una morbosidad algo repugnante, una de esas propensiones semicriminales y semipatológicas que uno remite con un estremecimiento a los especialistas en enfermedades mentales». Anhela un

[ . . . ] retorno a algunos de los principios más sólidos y seguros de la religión y la virtud tradicional: que la avaricia es un vicio, que las exacciones de la usura son una falta, y que el amor al dinero es detestable; que quienes caminan más fielmente por los senderos de la virtud y la sabiduría sensata son aquellos que menos se preocupan por el mañana.

Por otra parte, Keynes pertenece a una tradición de liberalismo tecnocrático, en cuya modernización él mismo desempeñó un papel nada desdeñable. En este caso, el orden económico no se justifica sobre la base de la propiedad privada y la tradición, sino sobre criterios utilitaristas. Es un sistema que funciona y, en la medida en que no lo haga, los expertos deben ajustar la máquina, haciendo caso omiso de los intereses particulares a corto plazo y equivocados del trabajo y el capital. Así, la rapidez con la que se resuelve el problema económico depende de «nuestra disposición a confiar a la ciencia la dirección de aquellos asuntos que son propiamente competencia de la ciencia».

Esta combinación de actitudes explica por qué Keynes puede considerarse a la vez conservador y radical. «Posibilidades económicas» no es la única obra en la que Keynes parece inclinarse hacia el socialismo. Está, por ejemplo, el pasaje sobre la «eutanasia del rentista» al final de la Teoría general, en el que espera con ansias el fin de las rentas del capital y del «inversor sin función» que las obtiene. También allí subraya que la transición «no será nada repentina, sino simplemente una continuación gradual, aunque prolongada, de lo que hemos visto recientemente en Gran Bretaña, y no requerirá ninguna revolución». Los socialistas reales, y a veces la propia clase obrera, le repugnaban. En 1925 se preguntó: «¿Cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el barro al pescado, exalta al proletariado grosero por encima de la burguesía y la intelectualidad que, con todos sus defectos, son la calidad de vida y sin duda portan las semillas de todo el progreso humano?». Nunca tuvo mucho interés en la distribución o la desigualdad, salvo en la medida en que tuvieran importancia funcional para el sistema: ¿cuánto gastarían los pobres de los incrementos de sus ingresos en comparación con los ricos?

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La segunda faceta de Keynes, la tecnocrática y liberal, sigue siendo una corriente vigorosa en el pensamiento económico, pero el anticapitalismo aristocrático ha quedado eliminado. Para el neoclásico moderno es obvio por qué las predicciones de Keynes se desviaron: simplemente se equivocó en cuanto a las preferencias.

Los socialistas seguramente estarían de acuerdo con Keynes en que, si bien no hay remedio para la condición humana, el problema económico sí puede resolverse.

Proyectó la ética de Bloomsbury o de los Apóstoles de Cambridge sobre el público en general. En el futuro, todo el mundo sería un esteta: todos aprenderían de «aquellas personas que pueden mantener vivo y cultivar hasta una perfección más plena el arte de la vida misma y no se venden a cambio de los medios de subsistencia», aquellas personas más «capaces de disfrutar de la abundancia cuando llegue». Keynes creía que las personas tenían «necesidades absolutas» que podían saciarse, y que podían mejorarse moralmente para dejar de preocuparse tanto por las «necesidades relativas», de las que solo se disfruta en la medida en que tenemos más que los demás. A medida que disminuyera la utilidad marginal de los bienes, la gente reaccionaría al efecto renta de las ganancias de productividad expresando de forma constante una preferencia por más tiempo libre.

Todo eso es erróneo, afirman los neoclásicos: nuestras curvas de indiferencia evidentemente no tienen esa forma. La gente ha destinado sus ganancias de renta principalmente a bienes de consumo. Por cada deseo saciable, han surgido nuevos deseos, y el ocio resulta demasiado costoso en términos de estas nuevas necesidades. Podríamos haber actuado de otra manera. Nada nos impide trabajar unas pocas horas a la semana y disfrutar de todas las comodidades de la clase media que ofrecía 1930. Es una opción asequible según la propia definición de «renta real», pero elegimos no aprovecharla.

Este es el argumento central de un libro de ensayos de 2008, escrito por eminentes economistas que analizan retrospectivamente las predicciones de Keynes de 1930. En torno a esta línea de pensamiento, una variedad de opiniones respetables ofrece variaciones al respecto. Algunas contribuciones resultan interesantes principalmente como ejemplos de la capacidad que sigue teniendo Keynes para provocar furia entre la derecha. El ensayo de Edmund Phelps parece haber sido escrito por un pomposo secretario de la cámara de comercio de una ciudad de tamaño medio, que esparce nombres que van desde Aristóteles hasta Cellini, pasando por Cervantes y la jerarquía de necesidades de Maslow, y titula sus apartados con frases como «Keynes desdeña la búsqueda de la riqueza» y «Keynes es ciego ante las satisfacciones intelectuales de la vida empresarial». Michele Boldrin y David K. Levine tienen la amabilidad de admitir que Keynes «quizá no era un tonto… quizá, de hecho, fuera brillante, posiblemente tanto que nunca tuvo que preocuparse por la coherencia lógica ni por los hechos». Era, «según nos dicen», un «gigante de la economía», y, apoyándose en sus hombros, al menos «aprendieron algo sobre cómo no teorizar acerca de las necesidades humanas y sus determinantes». Si esto es lo tuyo, estás de suerte: el progreso técnico nos ha proporcionado una curva de oferta infinitamente elástica al regalarnos la blogosfera conservadora.

La gente puede quejarse de sus problemas del Primer Mundo, pero esto solo demuestra una falta de perspectiva por su parte, o una preferencia manifiesta por quejarse. Como señala Benjamin Friedman hacia el final de la recopilación, esta forma de pensar tiene una historia muy larga: Adam Smith, en Los sentimientos morales, escribió que «todos los hombres, tarde o temprano, se adaptan a lo que se convierte en su situación permanente». Alfred Marshall, más de un siglo después, señaló que «con el tiempo, las nuevas riquezas suelen perder parte de su encanto».

Con la teoría neoclásica estándar de la elección, es fácil demostrar que las personas están materialmente mejor que hace un año si aún pueden permitirse todo lo que compraron entonces, y algo más —y no es muy complicado asignar un valor a ese «algo más», porque los precios de mercado lo hacen por nosotros—. Si se puede hacer de un año a otro, no parece haber ningún problema en encadenar las ganancias a lo largo de cualquier número de años. Si se alarga la cadena lo suficiente, parece que se puede cuantificar objetivamente cuánto mejor está hoy la persona media que la persona media de 1930. Se podría argumentar que la renta real en su conjunto conlleva rendimientos decrecientes en cuanto a satisfacción: seguramente no estamos realmente cinco veces mejor. Pero si fuera así, ¿no se movería la gente a lo largo de sus curvas de indiferencia para disfrutar de más tiempo libre? Evidentemente, el tiempo libre no se valora mucho más, en relación con los bienes que se pueden comprar con un salario, de lo que se valoraba en 1930.

Una vez que empiezas a pensar en la tendencia hacia unos niveles de vida cada vez más altos, como dijo en su día el economista de Chicago Robert Lucas: «Es difícil pensar en otra cosa» —en cualquier cosa trivial como la estabilización o la distribución. Si el pastel crece lo suficientemente rápido, incluso las personas con menos verán cómo sus porciones se expanden más rápido de lo que podrían esperar de una parte mayor. ¿A quién le importa la desigualdad en el mundo rico cuando casi todo el mundo está mejor que las clases altas de hace cien años y mucho mejor que sus contemporáneos en los países más pobres?

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Los socialistas seguramente estarían de acuerdo con Keynes en que, si bien no hay cura para la condición humana, el problema económico sí puede resolverse. No estaríamos de acuerdo en que la solución surgirá de forma fluida y natural del capitalismo. Los autores de Jacobin han defendido en repetidas ocasiones que tanto la igualdad como la liberación del trabajo deberían ocupar un lugar central en el programa socialista. Pero, ¿cómo respondemos a las posturas liberales optimistas y pesimistas?

La tendencia del capitalismo a despertar nuevas necesidades incluso mientras satisface las antiguas ha sido debatida por los marxistas desde el propio Marx. Pero rara vez nos hemos tomado la teoría neoclásica de la elección lo suficientemente en serio como para cuestionar sus implicaciones. Una excepción es G. A. Cohen, en su obra La teoría de la historia de Karl Marx. Establece una distinción entre la curva de búsqueda —la curva de demanda neoclásica estándar, que se manifiesta en el comportamiento real del mercado— y la curva de satisfacción, que ordena los conjuntos de bienes (incluido el ocio) en función de la satisfacción que el individuo obtendría realmente de ellos —lo cual puede ser desconocido para el propio individuo—. Lo que los individuos demandan no es necesariamente lo mejor para ellos.

La teoría neoclásica de la demanda abandonó el recurso a los conceptos de «utilidad» por buenas razones: la imposibilidad de observarla, medirla o incluso definir con claridad en qué consiste. Fue sustituida por una concepción de preferencias ordinales: podemos hablar de lo que alguien prefiere frente a otra cosa, pero no de cuánto lo prefiere. La sugerencia de Cohen parece un paso atrás, y uno con la desagradable connotación de que el investigador sabe mejor que el individuo qué es lo bueno para él. Sin embargo, la supuesta medición de la satisfacción ya se había colado por la puerta trasera con el tratamiento del aumento del nivel de vida en términos de renta real per cápita. Las cantidades relativas de dinero que los individuos se muestran dispuestos a pagar por cada bien se convierten implícitamente en una medida de satisfacción. El neoclásico riguroso debe admitir que la teoría de la elección no proporciona fundamento alguno para tal paso. Lo único que puede afirmar es que, en cualquier período dado, suponiendo racionalidad, todo el mundo elige el conjunto disponible de bienes y tiempo libre que más prefiere.

La teoría no dice deliberadamente nada sobre las motivaciones de tales elecciones. En la práctica, las personas expresan sus preferencias por ciertas cosas frente a otras no necesariamente porque les proporcionen más placer, sino también, quizás, por costumbre, por impulso o para evitar la insatisfacción. La otra cara del argumento de Cohen consiste en subrayar que estas razones no se originan en algún pozo misterioso en lo más profundo del alma de cada individuo, sino que surgen en un contexto social que ha moldeado las normas de la persona. La forma en que viven las demás personas que nos rodean influye en nuestras expectativas respecto a nuestras propias vidas. Es difícil resistirse a la influencia de las normas que nos rodean, porque sentimos no solo la satisfacción de las cosas que tenemos, sino también la carencia de las que podríamos tener. Vivir hoy con el conjunto de bienes de 1930 no significa obtener las satisfacciones de 1930, sino sentir la carencia de todo lo que hemos llegado a esperar desde entonces —una carencia que el tiempo libre adicional no compensará—. Por eso, casi nadie opta por hacerlo.

Por último, el capitalismo está estructurado con un sesgo extremadamente fuerte hacia la reasignación de las ganancias de productividad hacia la expansión de la producción. La otra posibilidad, aumentar el tiempo libre, «amenaza con un sacrificio de los beneficios asociados al aumento de la producción y las ventas y, por lo tanto, con una pérdida de competitividad». No es una ley inquebrantable. Las diferencias entre Europa y Estados Unidos dejan claro que las normas sociales sobre las vacaciones y las horas de trabajo pueden divergir. Pero sin duda existe una fuerte tendencia hacia el productivismo, que no tiene nada que ver con las preferencias individuales. Se impone a las empresas individuales por la competencia y a la política nacional por consideraciones macroeconómicas: basta con ver la presión ejercida a principios de la década de 2010 sobre la semana laboral de treinta y cinco horas en Francia, o la campaña llevada a cabo en Australia en aquella época para aumentar la participación en la población activa, aprovechando las reservas ocultas de mano de obra entre las madres de niños pequeños, los futuros jubilados y las personas con discapacidad.

Como ha argumentado mi colega Peter Frase, basándose en el trabajo del economista laboral Lonnie Golden, muchos trabajadores manifiestan su preferencia por trabajar menos horas de las que trabajan, pero los puestos de trabajo que se ofrecen hacen que sea difícil hacerlo sin sacrificar los ingresos de forma más que desproporcionada. Un gigantesco esfuerzo de marketing tiene como objetivo intensificar el deseo de bienes de consumo, mientras que no hay anuncios que promuevan el tiempo libre.

La distinción que hace Cohen entre la «agenda de búsqueda» y la «agenda de satisfacción» implica una posible brecha entre lo que elegimos, dadas nuestras posiciones sociales e históricas, y lo que, en última instancia, más disfrutaríamos. Pero esto no implica en absoluto una imposición paternalista de nuevas opciones: simplemente insta a realizar un esfuerzo persuasivo. Se diferencia del argumento moralista del «consumo excesivo» en que no culpa al individuo, al reconocer que el cambio será colectivo o no se producirá en absoluto.

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Por último, ¿qué hay del argumento de que el aumento del nivel de vida hace que la desigualdad sea irrelevante? De lo anterior se deduce que la desigualdad es directamente relevante, porque las concepciones que tienen las personas sobre cómo podrían y deberían vivir se ven influidas por los estilos de vida de quienes les rodean: los estándares de los ricos se filtran hacia el resto de nosotros. Pero incluso si se considera que ese argumento es falso, y que el nivel de vida surge objetivamente de los bienes consumidos independientemente del contexto, la desigualdad importa mucho.

¿Por qué no debería la gente tener su parte de lo que ayuda a producir?

La cuantificación del crecimiento simplemente en términos de «renta real» induce a error al dar la impresión de una masa homogénea de cosas escupidas por la caja negra de la economía. En última instancia, la renta es un derecho sobre el producto de nuestro trabajo colectivo y sobre los recursos naturales que nos apropiamos. Una abundancia cada vez mayor —aunque fuera ecológicamente sostenible y aunque aportara una satisfacción cada vez mayor— no es la respuesta a la desigualdad. ¿Por qué no debería la gente tener su parte de lo que ayuda a producir?

Además, dado que depende del aumento de la eficiencia de los insumos de mano de obra y capital, el progreso técnico es bastante desigual en cuanto a lo que abarata en relación con el salario medio. Algunos procesos de trabajo son mucho más susceptibles a los aumentos de productividad que otros. El desarrollo económico ha supuesto grandes cambios en los precios relativos, así como un aumento general de los ingresos reales. Es poco probable, por ejemplo, que una persona media pueda llegar a recrear el estilo de vida que el propio Keynes llevaba en la década de 1920, por mucho que crezcan los ingresos reales. La razón es, sencillamente, que aquel estilo de vida implicaba varias casas grandes en el centro de Londres, con una plantilla completa de sirvientes. La asequibilidad de los sirvientes depende por completo de la relación entre su salario y los ingresos de su empleador. El valor de las casas grandes en Bloomsbury tiende a aumentar con los ingresos: ni toda la mejora de la productividad del mundo las abaratará, sino que las encarecerá.

Lo que es más grave aún, en la América de principios de la década de 2010, donde los ingresos reales de las clases media y baja se habían estancado, los hogares habían disfrutado no solo de una cesta de bienes aburrida, sino al menos cómodamente estable. Como se lamentaba Larry Summers en el Financial Times en enero de 2012, pensar simplemente en términos de ingresos reales pasa por alto el impacto de los grandes cambios en los precios relativos:

Si se miden en función de artículos como los electrodomésticos, la ropa o los servicios telefónicos —donde el crecimiento de la productividad ha sido rápido—, los salarios han aumentado de hecho rápidamente durante la última generación. El problema es que se han estancado o han descendido si se miden en relación con el precio de los alimentos, la vivienda, la sanidad, la energía y la educación.

En la medida en que a la gente le preocupa más el coste de los alimentos, la vivienda y la sanidad que el de los electrodomésticos y la ropa, esto es una mala noticia. Y es probable que la tendencia continúe, ya que, a medida que los productos manufacturados se abaratan cada vez más, la demanda se desplaza hacia sectores en los que el crecimiento de la productividad es mucho más lento. La «caballería tecnológica» se está debilitando. Esto ya era relevante incluso a principios de la década de 2010 en Australia, donde el salario real había estado creciendo: el coste de la alimentación, la vivienda, los servicios públicos, la gasolina, la sanidad y la educación había aumentado más rápidamente.

Gracias al efecto renta derivado del abaratamiento de otros bienes, los hogares no habían tenido que recortar, en promedio, en productos de primera necesidad, pero estuvo a punto de suceder. Muchos hogares habían reaccionado ofreciendo más mano de obra. No es de extrañar que muchos australianos no se sintieran tan prósperos como los comentaristas decían que deberían.

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La visión utópica del futuro de Keynes era también un llamamiento a la moderación en el presente. Era un llamamiento a la moderación y la paciencia dirigido a una generación tentada por los desafíos radicales al capitalismo:

¡Pero cuidado! Aún no ha llegado el momento para todo esto. Durante al menos otros cien años debemos fingir ante nosotros mismos y ante todos que lo justo es injusto y lo injusto es justo; pues lo injusto es útil y lo justo no lo es. La avaricia, la usura y la precaución deben seguir siendo nuestros dioses durante un poco más de tiempo. Porque solo ellas pueden sacarnos del túnel de la necesidad económica y llevarnos a la luz del día.

Ahora podemos ver cómo ha resultado todo esto. Hoy se nos podría transmitir el mismo mensaje. William Baumol, en su ensayo de la retrospectiva de 2008, hace precisamente eso: «Ahora puedo pedir al público que suponga que la renta real de EE. UU. volverá a multiplicarse por siete en el próximo siglo. ¿Se imaginan de qué lujos dispondrán los estadounidenses con ingresos medios?». ¿Diremos entonces que el problema económico está resuelto? Lo más probable es que no sea un problema que se resuelva por sí solo.

 

es Profesor sénior de Economía Política, Editor e Investigador en la Facultad de Artes y Ciencias Sociales / Escuela de Ciencias Sociales y Políticas en The University of Sydney, Australia. Doctor en Economía Política. Economista político e historiador del pensamiento económico sobretodo en la investigación de la evolución de las políticas macroeconómicas, la banca central y la teoría monetaria. Editor y colaborador regular en la revista internacional Jacobin. Entre sus publicacions destacan: The Blueprint: 6 Practical Steps to Capitalist Exits (Coautor junto a Bhaskar Sunkara, Ben Burgis, entre otros - Publicado por Verso Books); Inflation and the Making of Macroeconomic Policy in Australia.
Fuente:
https://jacobin.substack.com/p/keynes-and-the-promise-of-freedom