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domingo, 28 de mayo de 2023

El G7 en Hiroshima: ¿Dónde está la recesión?

 Michael Roberts

26/05/2023


Los líderes del G7 se han reunido el pasado fin de semana en Hiroshima, Japón, el lugar del primer holocausto con bombas atómicas lanzadas por bombarderos estadounidenses en la ciudad en agosto de 1945, lo que provocó la muerte de al menos 100.000 personas. Pero las principales deliberaciones de los líderes del G7 no han sido sobre eso, sino sobre cómo "contener" a China y "proteger" a Taiwán de la "agresión" china a través de una mayor militarización de la isla, convertida en una espina en el costado de los dirigentes chinos. Es una forma de lo que la policía británica llama "kettling", a saber, rodear y contener a los manifestantes en las protestas públicas. No es casualidad que, con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que ahora está expandiendo su papel a Asia, el líder ucraniano Zelensky haya sido invitado a dirigirse a los líderes del G7. Contra programando, los chinos han celebrado una conferencia de estados de Asia central en Xian. Tales son las maquinaciones de un conflicto geopolítico cada vez más intenso.

Pero este blog trata sobre economía y la reunión del G7 es una oportunidad para considerar el estado de la economía mundial en los primeros cinco meses de 2023. Mi nota de diciembre pasado sobre las perspectivas económicas para 2023 se titulaba "la inminente crisis". Y escribí que "Nunca se ha esperado tanto una recesión inminente. Tal vez eso signifique que no sucederá, ¡dado el historial de los pronosticadores económicos convencionales! Pero esta vez el consenso parece ser correcto".

Cinco meses después, no ha habido una crisis, al menos no según la definición muy simplista de la teoría económica ortodoxa de lo que es una recesión "técnica": una contracción del PIB real de una economía durante dos trimestres consecutivos. Varias economías del G7 han estado bastante cerca de cumplir este criterio: Alemania e Italia registraron una contracción en el cuarto trimestre-22; Alemania y Canadá se estancaron en el cuarto trimestre y el Reino Unido apenas creció en ambos trimestres. Francia no ha estado mucho mejor y EEUU, la economía del G7 con mejor rendimiento, redujo a la mitad su tasa de crecimiento en el primer trimestre-23.

La Oficina Nacional de Investigación Económica de los EEUU (NBER) es el organismo al que se suele hacer referencia para decidir si hay una crisis en aquel país. Su criterio cubre muchos más indicadores económicos. Así es como lo define la NBER:

"Debido a que una recesión debe afectar a la economía en general y no limitarse a un sector, el comité hace hincapié en los índices de actividad económica para toda la economía. La determinación de los meses de picos y valles se basa en una serie de índices mensuales de la actividad económica real agregada publicadas por las agencias estadísticas federales. Estos incluyen ingresos personales reales menos transferencias, empleo de nóminas no agrícolas, empleo medido por la encuesta de hogares, gastos reales de consumo personal, ventas al por mayor y al por menor ajustadas a los cambios de precios y producción industrial. No hay una regla fija sobre qué índices aportan información al proceso o cómo se ponderan en nuestras decisiones. En las últimas décadas, los dos índices a las que hemos dado más importancia son los ingresos personales reales menos las transferencias y el empleo de nóminas no agrícolas".

Por lo tanto, la definición de recesión de la NBER es más un juicio que un conjunto rígido de indicadores. Los más importantes es si los ingresos personales reales están aumentando o disminuyendo y si el empleo está aumentando o disminuyendo. En los dos últimos trimestres, los ingresos personales reales de EEUU aumentaron un 0,2 % en el cuarto trimestre-22 y solo un 0,05 % en el tercer trimestre (eso es básicamente plano). Así que todavía no hay contracción, pero casi se ha detenido la económía.

En cuanto al empleo, aunque el crecimiento se desaceleró durante gran parte de 2022, el empleo aumentó un 0,6 % en el cuarto trimestre-22 y al mismo ritmo en el primer trimestre. De hecho, se da mucha importancia a las bajas tasas de desempleo en los EEUU y el resto del G7. En los EEUU, la tasa está en un mínimo de 50 años. Y es la misma historia en las otras economías del G7, aunque a diferentes niveles.

Sin embargo, ambos indicadores clave de la NBER son indicadores rezagados de una crisis. Son confirmaciones de una crisis que ya está en curso. El aumento del desempleo y la caída de los ingresos solo ocurren cuando se está produciendo una crisis, por lo que la NBER los utiliza. Pero estos indicadores no son una guía para saber si hay "una caída inminente". En la producción capitalista, si las empresas están reduciendo la inversión y despidiendo a su fuerza de trabajo y reduciendo así la factura salarial general, los ingresos por ventas habrán estado cayendo y las ganancias habrán disminuido mucho antes de eso. Así que debemos buscar indicadores principales en otro lugar.

La teoría económica marxista sugiere que las caídas ocurrirán cuando la rentabilidad del capital comience a caercon el tiempo, conducirá a una caída en las ganancias totales en una economía. Esas ganancias pueden ser exprimidas aún más por los aumentos en el coste del capital, es decir, los costes de interés de los préstamos.

Y según estos criterios, las señales están aumentando de una crisis inminente. Las ganancias corporativas de EEUU están sufriendo la mayor recesión en siete años. Al cierre del primer trimestre, se estima que las ganancias de las empresas del S&P 500 han caído un 3,7 % en promedio en comparación con hace un año. Este es el segundo trimestre consecutivo de caídas de ganancias y las previsiones para el actual T2-23 son de una nueva caída del 7,3 %, sin perspectiva de mejora en el T3-23. Esto sugiere una recesión de beneficios más larga que durante la pandemia. La última caída de más de tres cuartas partes en las ganancias tuvo lugar en 2015-16, cuando la Reserva Federal comenzó su último ciclo de aumento de las tasas de interés.

Según los datos históricos, los cambios en las ganancias tienden a preceder a los cambios en los ingresos por ventas en aproximadamente un trimestre. Como las ganancias corporativas han caído un 13 % en los dos últimos trimestres, podemos esperar que los ingresos por ventas sigan esta tendencia.

La caída de los beneficios corporativos no se limita a los EEUU. En Europa, las estimaciones de ganancias corporativas son de una caída del 2,5% interanual en el primer trimestre, el 5,4 % en el segundo trimestre y el 7,4 % en el tercer trimestre.

 

En publicaciones anteriores he señalado que todo el debate reciente (comprensible) sobre las ganancias corporativas récord y el aumento de los márgenes como principal causa del aumento de la inflación ahora está desactualizado. Si la actual crisis del coste de vida que comenzó en 2022 fue causada por la "agreedflation" (inflación por avaricia), como algunos argumentan, no será el caso durante 2023.

Los márgenes de beneficio (ganancias por unidad de producción), que han alcanzado máximos históricos el año pasado, están retrocediendo y las ganancias corporativas totales están ya cayendo. En el cuarto trimestre-22, las ganancias corporativas no financieras cayeron un 5,4 %.

 

Además está el creciente coste de los préstamos para financiar la producción y la inversión, ya que la Reserva Federal y otros bancos centrales aumentan las tasas de interés y endurecen el crédito a un ritmo sin precedentes, supuestamente para "controlar" la inflación de los precios. La oferta monetaria de EEUU se está contrayendo por primera vez en 90 años.

El resultado de estos aumentos de las tasas de interés ha sido una crisis bancaria importante en los EEUU y Europa, ya que los bancos más pequeños y débiles se vuelven insolventes porque el valor de sus activos en bonos ha caído bruscamente y los depositantes han huido a instituciones con mejores rendimiento o porque las empresas y los hogares necesitan gastar sus ahorros para pagar sus  facturas cada vez más abultadas.

Los mayores costes de financiación para los bancos reducirán las ganancias. Los economistas de Goldman Sachs estiman que cada 10% en la disminución de la rentabilidad bancaria reduce los préstamos en un 2 %. Si la parte de los cambios en las tasas de interés de la Reserva Federal que se transfieren a las tasas de los depósitos bancarios, a veces llamadas "betas de depósito", alcanza los niveles de 2007, la última vez que la Reserva Federal elevó las tasas cerca de los niveles actuales, podría conducir a una disminución del 3-6% de los préstamos en los Estados Unidos. Goldman espera que eso pueda reducir la producción económica en 0,3-0,5 puntos porcentuales este año, empujando a la economía a la recesión.

Esos son los bancos. Detrás de ellos está la creciente crisis de las empresas no financieras. Desde el año 2000, la deuda corporativa no financiera en Estados Unidos y Europa ha crecido de 12,7 billones a 38,1 billones, pasando del 68 % al 90 % de su PIB agregado. Los crecientes costes del servicio de esta deuda están empujando a las empresas "zombies" más débiles y a los "ángeles caídos" a la bancarrota.

Que las principales economías entran en recesión en 2023 es un punto discutible. El crecimiento económico será débil en el mejor de los casos, mientras que las tasas de inflación "pegajosas" reducen el crecimiento de los salarios reales a tasas muy bajas (o a caídas continuas). En los EEUU, la disminución media de los salarios reales fue de poco más del 2 % interanual en el tercer trimestre de 2022. En Europa, Alemania y España sufrieron disminuciones aún más pronunciadas en el poder adquisitivo, con los ingresos reales cayendo un poco más del 4 % y un 5 %, respectivamente. Los salarios reales en la zona del euro han caído un 8 % desde el final de la crisis de la pandemia en 2020. En Alemania, las ganancias reales se han desplomado un 5,7 % en el último año, la mayor pérdida salarial real desde que comenzaron las estadísticas.

Y también hay señales de que el mercado laboral "caliente" se está enfriando. El crecimiento de los puestos de trabajo posterior al Covid (aunque principalmente de bajos salarios y a tiempo parcial) se enfrentó a altas tasas de vacantes y dimisiones en los Estados Unidos. Ahora están cayendo, aunque todavía por encima de los niveles prepándmicos.

Las probabilidades de que EEUU entre en recesión en algún momento en los próximos 12 meses han aumentado a un máximo de 40 años, según un modelo de probabilidad de la Reserva Federal de Nueva York. La probabilidad de que el país entre en recesión en el próximo año ha aumentado al 68,2 por ciento, que es el nivel más alto desde 1982. De hecho, el indicador de riesgo de recesión de la Reserva Federal es ahora mayor que en noviembre de 2007, no mucho antes de la crisis de las hipotecas de alto riesgo, cuando se situó en el 40 por ciento.

Lo que no se discutió en la reunión del G7 de este fin de semana es la aceleración de las crisis de la deuda y las divisas en el Sur Global. He escrito sobre esto antes y volveré al tema en otra nota. Pero este desastre de la deuda garantizará que cualquier crisis en las economías del G7 se extienda rápidamente al resto del mundo.

 
habitual colaborador de Sin Permiso, es un economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente:
https://thenextrecession.wordpress.com/2023/05/19/g7-where-is-that-recession/
Traducción:
G. Buster

sábado, 11 de marzo de 2023

Por primera vez, la participación de los países BRICS en el PIB mundial supera la del G7

 🇷🇺🇨🇳🇮🇳🇧🇷🇿🇦Por primera vez, la participación de los países BRICS en el PIB mundial supera la del G7.

🔹 31,5% - BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) 🔹 30,7% - G7 (Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón y Reino Unido).

domingo, 17 de octubre de 2021

Un nuevo consenso económico mundial



LONDRES – El Consenso de Washington está llegando a su fin. En un informe
publicado esta semana, el Grupo de Expertos del G7 sobre Resiliencia Económica (donde represento a Italia) exige una relación radicalmente distinta entre los sectores público y privado para crear una economía sostenible, equitativa y resiliente. Cuando los líderes del G20 se reúnan el 30 y 31 de octubre para discutir sobre la manera de «superar los grandes desafíos actuales» —entre ellos, la pandemia, el cambio climático, la creciente desigualdad y la fragilidad económica— deben evitar caer nuevamente en los supuestos desactualizados que nos condujeron al desastre actual.

El Consenso de Washington definió las reglas del juego para la economía mundial durante casi medio siglo. El término se puso de moda 1989 —el año en que el capitalismo al estilo occidental consolidó su alcance mundial— para describir la batería de políticas fiscales, impositivas y comerciales fomentadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se convirtió en el lema de la globalización neoliberal y fue por eso atacado —incluso por las figuras más eminentes de sus instituciones centrales— por exacerbar las desigualdades y perpetuar la subordinación de los países del Sur global a los del Norte.

Después de escapar dos veces, por poco, de un colapso económico mundial —primero en 2008 y luego, en 2020, cuando la crisis del coronavirus casi hizo caer al sistema financiero— el mundo enfrenta ahora un futuro con riesgos, incertidumbres, agitación y una degradación climática sin precedentes. Los líderes mundiales tienen una opción simple: seguir apoyando a un sistema económico fracasado, o deshacerse del Consenso de Washington y reemplazarlo con un nuevo contrato social internacional.

La alternativa es el «Consenso de Cornwall», recientemente propuesto. Mientras que el consenso de Washington minimizó el papel del Estado en la economía y presionó a favor de una agresiva agenda de libre mercado, desregulación, privatización y liberalización comercial; el Consenso de Cornwall (que refleja los compromisos expresados en la cumbre del G7 en Cornwall en junio del año pasado) invertiría esos mandatos. Con la revitalización del papel económico del Estado, nos permitiría dedicarnos a implementar metas sociales, crear solidaridad a escala internacional y reformar la gobernanza mundial en pos del bien común.

Esto significa que para obtener subsidios e inversiones de las organizaciones estatales y multilaterales los beneficiarios estarían obligados a implementar una rápida descarbonización (en vez de una rápida liberalización del mercado, que exigen los préstamos del FMI para programas de ajuste estructural). Esto significa que los gobiernos pasarían de reparar —intervenir solo cuando el daño ya fue hecho— a preparar: actuar anticipadamente para protegernos de los riesgos e impactos futuros.

El Consenso de Cornwall también nos llevaría de la corrección reactiva de las fallas de mercado a la modificación y creación proactiva de los tipos de mercados que necesitamos para cultivar una economía verde. Nos llevaría a reemplazar la redistribución por predistribución. El Estado coordinaría asociaciones público-privadas orientadas a misiones para crear una economía resiliente, sostenible y equitativa.

¿Por qué es necesario un nuevo consenso? La respuesta más obvia es que el modelo anterior ya no produce beneficios ampliamente distribuidos, si es que alguna vez lo hizo. Demostró ser desastrosamente incapaz de responder con eficacia a los grandes impactos económicos, ecológicos y epidemiológicos.

Cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas adoptados en 2015 ya iba a ser difícil con los acuerdos de gobernanza mundial predominantes, pero ahora, después de una pandemia que llevó a las capacidades estatales y de los mercados más allá del punto de quiebre, la tarea se tornó imposible. La actual situación de crisis hace que un nuevo consenso mundial sea fundamental para la supervivencia de la humanidad en este planeta.

Estamos en el punto de inflexión de un cambio de paradigma que debió haber ocurrido mucho tiempo atrás, pero este progreso fácilmente se puede desandar. La mayoría de las instituciones económicas siguen rigiéndose por normas anticuadas que les impiden conseguir las respuestas necesarias para poner fin a la pandemia, ni que hablar de la meta del acuerdo climático de París de limitar el calentamiento mundial 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales.

Nuestro informe destaca la urgente necesidad de fortalecer la resiliencia de la economía mundial contra futuros riesgos e impactos, ya sean agudos (como las pandemias) o crónicos (como la polarización extrema de la riqueza y el ingreso). Argumentamos a favor de una reorientación radical en nuestra forma de pensar el desarrollo económico: pasar de medir el crecimiento en términos de PBI, VAB (valor agregado bruto) o rentabilidad financiera a evaluar el éxito sobre la base de la consecución de metas comunes ambiciosas.

Tres de las recomendaciones más destacadas del informe están vinculadas con la COVID-19, la recuperación económica pospandemia y la degradación climática. En primer lugar pedimos al G7 que garantice la equidad en las vacunaciones a escala mundial, y que invierta sustancialmente en la preparación para pandemias y el financiamiento de la salud orientado a misiones. Debemos lograr que el acceso equitativo, especialmente a las innovaciones que se benefician gracias a las grandes inversiones y los compromisos de compra anticipada del Estado, se convierta en una prioridad.

Reconocemos que para esto será necesario un nuevo enfoque en la determinación de los derechos de propiedad intelectual. De manera similar, el Consejo de Economía de la Salud para Todos de la Organización Mundial de la Salud (que presido) enfatiza que se debe reformar la gobernanza de la propiedad intelectual para reconocer que el conocimiento es resultado de un proceso de creación de valor colectivo.

En segundo lugar, sostenemos que es necesaria una mayor inversión estatal para la recuperación económica pospandemia y compartimos la recomendación del economista Nicholas Stern de aumentar ese gasto al 2 % del PBI por año, captando así un billón de dólares por año desde ahora hasta 2030. Pero conseguir más dinero no es suficiente, la forma en que se lo gasta es igualmente importante. Se debe canalizar la inversión pública a través de nuevos mecanismos contractuales e institucionales que midan e incentiven la creación de valor a largo plazo en vez de beneficios privados a corto plazo.

Y en respuesta al mayor de los desafíos —la crisis climática— solicitamos un «CERN de tecnología climática». Inspirado en la Organización Europea para la Investigación Nuclear, un centro de investigación orientado a misiones y centrado en la descarbonización de la economía concentraría la inversión pública y privada en proyectos ambiciosos, entre ellos, la eliminación del dióxido de carbono de la atmósfera y la creación de soluciones sin emisiones de carbono para sectores «de difícil mitigación» como el transporte, la aviación, el acero y el cemento. Esta nueva institución multilateral e interdisciplinaria funcionaría como catalizador para crear y modificar nuevos mercados de energías renovables y producción circular.

Estas son solo tres de las siete recomendaciones que hicimos para los próximos años. Juntas proporcionan el andamiaje para construir un nuevo consenso mundial, una agenda de políticas para regir el nuevo paradigma económico que ya empieza a tomar forma.

Está por verse si el Consenso de Cornwall se mantendrá, pero algo debe reemplazar al consenso de Washington si queremos prosperar en vez de simplemente sobrevivir en este planeta. La COVID-19 nos permite entrever los problemas trascendentales de acción colectiva que enfrentamos. Solo la cooperación y coordinación internacional renovada de las capacidades estatales ampliadas —un nuevo contrato social avalado por un nuevo consenso— puede prepararnos para abordar las crecientes crisis entrelazadas que nos aguardan.

Traducción al español por Ant-Translation


MARIANA MAZZUCATO, Professor in the Economics of Innovation and Public Value at University College London, is Founding Director of the UCL Institute for Innovation and Public Purpose. She is the author of The Value of Everything: Making and Taking in the Global Economy, The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths, and, most recently, Mission Economy: A Moonshot Guide to Changing Capitalism.

viernes, 18 de junio de 2021

El G-7, que no fue G-10, resultó un G-4 vs un G-3

Posted By: Alfredo : junio 16, 2021



La verdadera noticia del emasculado G-7 fue la reconciliación de Estados Unidos (EU), en la etapa Biden, con sus socios maltratados por Trump.

Se manejaron magnos tópicos en forma grandilocuente, pero sin sustancia, para el financiamiento de su concreción.

Biden usó la plataforma del G-7 para lanzar su inviable dicotomía de democracias (léase los aliados de EU) contra autocracias (léase China y Rusia): dualidad esbozada en su Guía interina de seguridad estratégica nacional(https://bit.ly/3pQOc4w).

Sean demócratas o republicanos, EU no puede vivir sin su maniqueísmo caduco ahora en la era tripolar/multipolar.

El grave problema de ese maniqueísmo consubstancial a EU es que es lineal, daltónico y cíclope, y no respeta niveles ni jerarquías en un mundo tan complejo y plural.

The Washington Post admite la falta de “entusiasmo ( sic)” de los aliados de EU en el G-7 para adoptar una “línea dura ( sic) contra China (https://wapo.st/3vurcdb)”.

Otra noticia de la Cumbre del G-7 es que Rusia no fue citada y su lugar maligno lo tomó China: en forma abierta por EU, en forma sutil por Gran Bretaña (GB), Francia y Canadá y, en forma elusiva, por Italia, Alemania y Japón.

Aquí se dio una bifurcación sorprendente al dividirse el G-7 en cuatro países críticos de China y su Ruta de la Seda (EU, GB, Canadá y Francia para configurar un G-4 interno) frente a un G-3 interno conformado por Italia/Alemania/Japón.

Sin rubor, GB pretende montar en forma acrobática dos caballos simultáneos con diferentes direcciones –plasmado en la “arquitectura de su política exterior Gran Bretaña Global que pregona vínculos comerciales más profundos y mayores inversiones de China que rechaza una nueva guerra fría con China ( Financial Times, FT ,16/3/21)– mientras pontifica a China sobre los fariseos Derechos Humanos.

Hasta Financial Times (13/6/21) reconoce que la nueva iniciativa Build Back Better for the World (B3W) fracasó en acordar los detalles de cómo sería financiado y qué implicaría. ¡Pura venta de humo!

El programa B3W considera movilizar fondos privados cuando las necesidades en infraestructura de los países pobres serían de 40 mil millones de dólares en los próximos 15 años. ¿Quién y cómo se financiarán?

Biden consiguió el apoyo, hasta ahora retórico, de los europeos en su alternativa para la Ruta de la Seda de China, que no convenció a los grupos ambientalistas que criticaron su falta de detalles y como financiarían el Green Belt and Road ( FT, 12/6/21)”.

Para paliar los agujeros negros de tantas propuestas ambiciosas, Biden comentó que “un comité (¡mega- sic!) articulará el plan, con enfoque en el cambio climático, la salud, la tecnología digital y la equidad de género, para desafiar los miles de millones de dólares invertidos por China en la infraestructura de los países más pobres” ( FT, 13/6/21).

Dejo de lado otras severas críticas puntuales que exhiben a los ambiciosos planes del G-7 como mera cortina de humo para enfocarme al inflado peligro chino de Biden.

Cabe señalar la publicación de Franz Gayl, un marine que labora en el Pentágono, quien puntualizó en forma prístina “los peligros de la resistencia violenta ( sic) de EU a su declive que ya ha sido previsto ( sic) y la cooperación de China y Rusia” (https://bit.ly/3gt5KzH).

La embajada china en GB recordó que el orden internacional no se basa en un seudosistema y orden abogados por un puñado de países, sino en un genuino multilateralismo basado en los principios de la Carta de la ONU que no sirven a los intereses de un bloque político o una pequeña camarilla ( sic) (https://bit.ly/3xoSB1v).

Antes de la Cumbre, el premier británico Boris Johnson exultaba la posibilidad de expandir el G-7 a un G-10 con sus tres invitados: Australia, Sudcorea e India, cuyo mandatario, Narendra Modi, sólo participó de manera virtual (https://bit.ly/3iLh3FU).

Si a duras penas pudieron cohesionar al G-7, le será mas difícil a EU y GB conformar un G-10 contra China que no salió tan perjudicada como se esperaba de la Cumbre del G-7 en Cornwall, donde prefirieron olvidarse de Rusia.


Facebook: AlfredoJalife


lunes, 7 de junio de 2021

El G-7 intenta domesticar al "big tech" de Silicon Valley en los paraísos fiscales

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

El ministro de Finanzas del Reino Unido (RU), Rishi Sunak, consiguió en Londres en la reunión del G-7 (EEUU, Canadá, Japón, Francia, Alemania, RU e Italia) lo que Financial Times (FT, 5-6-21) titula "acuerdo histórico" para gravar a las trasnacionales.

Las muy lánguidas negociaciones iniciaron hace siete años cuando la boyante globalización financierista impidió equitativos avances fiscales.

El acuerdo del G-7 es sólo el inicio, ya que requiere de una mayor aprobación colectiva: primero, en la cumbre del G-20, la segunda semana de julio en Venecia y luego de parte los mercados emergentes y otros países en vías de desarrollo.

Según FT, en la primera parte del acuerdo, Biden operó una "significativa concesión" cuando "las trasnacionales globales mayores con márgenes de ganancia de por lo menos 10% tendrían en un futuro que asignar 20% de sus dividendos globales a los países donde realizan sus ventas".

Aquí surge un primer escollo porque todavía falta definir el significado de "las mayores trasnacionales globales".

A cambio de la concesión de EEUU, "el resto de cada país del G-7 impondrá una tasa mínima global de por lo menos 15% a las trasnacionales, lo que “reducirá el incentivo para declarar ganancias en los paraísos fiscales (sic) o en las jurisdicciones de bajos impuestos como Irlanda” –asiento de trasnacionales farmacológicas y de alta tecnología que ostenta un impuesto de 12.5% y está renuente a incrementarlo.

The Wall Sreet Journal (WSJ) asevera que faltan “detalles significativos (https://on.wsj.com/2RpMGK2)”, lo cual necesita el apoyo del G-20 –como China e India– y de los “135 (sic) países que negocian las nuevas reglas en el Marco Incluyente (Inclusive Framework)”.

Según WSJ, el objetivo de los cuatro países europeos del G-7 "ha sido incrementar los impuestos a los gigantes digitales de Silicon Valley como Alphabet/Google y Facebook", lo cual había causado fuertes fricciones tanto con Trump como con Biden.

Un obstáculo relevante radica en que los cambios acordados por los ministros de Finanzas del G-7 "requerirán la ratificación por dos terceras partes del Senado", donde hoy demócratas y republicanos ostentan un empate técnico.

En el nivel doméstico, todavía Biden no cuenta con la aprobación del Congreso, ni siquiera de la mayoría de los demócratas, para incrementar la tasa de impuestos a las trasnacionales de 21% a 28% y para elevar el impuesto mínimo existente de las ganancias foráneas (sic) de las empresas con sede en EEUU de 10.5% a 21%.

El ministro de Economía alemán, Olaf Scholz, sentenció que se trata de “una muy buena noticia para una fiscalidad justa y solidaria y mala para los paraísos fiscales ( sic) de todo el mundo (https://bit.ly/2S3WCJH)”.

El tema de la evasión de las trasnacionales en los paraísos fiscales es muy añejo, en plena orgía de la globalización financierista , y tuvieron que ocurrir varias crisis financieras –hoy incoercibles– para que finalmente el G-7 optara por una inevitable política correctiva.

El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, saludó con entusiasmo el combate y el punto de partida contra la evasión y la optimización fiscal.

Para Le Monde, el acuerdo histórico “tiene en la mira a las grandes trasnacionales de tecnología (sic), en su mayoría de EEUU, que pagan impuestos irrisorios, pese a sus enormes ganancias, al domiciliarse en países donde la tasa impositiva a las empresas es muy baja, sino nula (https://bit.ly/3gse56P)”.

Para la Secretaria del Tesoro, la israelí-estadunidense Janet Yellen, el impuesto mínimo global “aportará la justicia a la clase media (sic) y a los trabajadores en EEUU y en el mundo (sic)”.

Ya eran fétidamente insostenibles los escándalos de los paraísos fiscales desde las Islas Vírgenes Británicas (https://bit.ly/3z7Braj) hasta Andorra, en lo cual, a juicio del connotado economista francés Thomas Piketty (TP), la crisis del Covid-19 contribuyó aún mas a “exacerbar las desigualdades (https://bit.ly/2S4Dtaz)”.

TP da como ejemplo a seguir el sistema de "repartición de cargas" alemán Lastenausgleich de 1952 que reconstruyó a la Europa de la posguerra.

martes, 10 de septiembre de 2019

Rusia propone un G-10 con China e India en lugar del G-7 ¿quizá un G-11 con Turquía?

Por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Por segunda vez en una cumbre del G-7 Trump trajo a colación la necesidad de reincorporar a Rusia al viejo esquema del G-8.

Días antes del G-7, el presidente galo Emmanuel Macron aceptó un quid pro quo, según The Globalist (http://bit.ly/2NDgTRK), con Trump: reinserción de Rusia al G-8 a cambio de la dilución de las sanciones a Irán, cuyo canciller Javad Zarif se presentó en forma espectacular en Biarritz, al margen del G-7.

Después del histórico discurso de Macron, un día después del G-7, donde proclamó el fin de la hegemonía de Occidente y reclamó la reconciliación de Europa con Rusia (http://bit.ly/2MSJMtg), el retorno de Moscú al G-8 no entusiasma al Kremlin.

La reconversión dramática de Macron, anterior funcionario de los banqueros globalistas Rothschild, y su resurrección humanista y cultural/civilizatoria, entiende la dinámica geoestratégica del ascenso de Rusia/China/India.

Macron, asustado por la revuelta rural de los chalecos amarillos, captó que el fallido neoliberalismo trastoca el orden político local/regional/global.

El zar Vlady Putin, quien se ha consagrado como un estupendo geoestratega, va más lejos que Trump y Macron y propuso en el V Foro Económico Oriental de Vladivostok, un G-10 con China e India, y quizá hasta un G-11 con Turquía (http://bit.ly/2zYYGWM).

El discurso de Macron llega con un atraso de 12 años al parteaguas de la disertación de Putin que marcó la nueva era global en la Conferencia de Seguridad en Múnich de 2007, que no asimiló el entonces presidente galo Sarkozy (http://bit.ly/2zWIHIq).

Ahora en Vladivostok, Putin recalcó en forma muy elegante que el liderazgo de Occidente toca a su fin, dándole crédito a su homólogo francés.

Putin, dueño de la situación, comentó que no puede imaginar que una organización internacional sea eficaz sin la participación de India y China.

Putin adujo que el formato del G-7 no se encuentra a la altura para resolver los temas globales. Le asiste la razón cuando se mide el PIB por su poder adquisitivo: China ya desplazó a EEUU del primer lugar e India –que se acaba de lucir como el cuarto país en alcanzar la luna, después de EEUU, Rusia y China (http://bit.ly/2UBANxF)– ya lo hizo con Japón en el tercer lugar (http://bit.ly/2AvMnSd).

Según el influyente portal Sputnik, Putin abogó por incluir a Turquía en un formato más amplio similar al G-7: ahora “Turquía tras adquirir los sistemas rusos S-400 está bien protegida desde el cielo, por tanto su trabajo (…) en el semejante formato podría ser solicitado y apropiado, tomando en consideración su papel en los asuntos internacionales y en la región”.

A la pregunta de si Rusia participaría en la cumbre del G-7 el año entrante en Miami –en lo que ha insistido mucho Trump–, Putin comentó que los líderes del G-7 deberían antes viajar a Rusia donde la cumbre del entonces G-8 debió celebrarse en 2014, antes de la expulsión de Moscú por el contencioso de Crimea.

No dudo que EEUU, Francia, Italia y Japón –cuatro del G-7– acudan a Moscú. Estuve a punto de escribir a Canossa: la humillación en 1077 del emperador excomulgado Enrique IV ante el Papa Gregorio VII.

Quedarían pendientes las confirmaciones muy negociables de Gran Bretaña y Canadá, y la postura dubitativa de Alemania.

Queda claro que el zar Vlady Putin acepta un G-8, pero en Moscú y bajo sus condiciones: quizá invitando como observadores, en un inicio, a China, India y Turquía (http://bit.ly/2zWWVct), lo cual en su conjunto lo entronizarían como el supremo jugador geoestratégico del siglo XXI con sus múltiples vectores euroasiáticos que forman parte del esquema geoestratégico del ideólogo ruso Alexander Dugin y su Cuarta Teoría Política (http://bit.ly/2zW6tEr).

El G-7 ya feneció y el G-8 es resucitado bajo los auspicios de Rusia que busca llevarlo a un G-10 o quizá un G-11 (con Turquía, si no existen demasiadas reticencias europeas) que significaría el asentamiento de un nuevo orden eminentemente multipolar.

Es curioso que las cuatro superpotencias que han alcanzado la luna sean las que definan el nuevo orden global del siglo XXI.

domingo, 10 de junio de 2018

Los berrinches de Trump y la economía mundial

Por Michael Roberts

La reunión del G7 en Quebec Canadá fue un hito en muchos sentidos.En primer lugar, hubo una clara ruptura en la insípida unidad de propósito y política expresada en las reuniones del G7 por los líderes de los siete principales países capitalistas del mundo.


Justo antes de la reunión del G7, el presidente estadounidense Donald Trump había anunciado una serie de medidas arancelarias proteccionistas contra el resto del G7, incluido su vecino más cercano, Canadá por "seguridad nacional", aparentemente Canadá ahora es un riesgo de seguridad para Estados Unidos. Al hacerlo, Trump cumplió sus promesas electorales.

En la reunión, Trump criticó a los otros líderes que afirmaban que sus gobiernos estaban imponiendo reglas comerciales "desleales" sobre los productos estadounidenses y que necesitaban reducir sus excedentes en el comercio con los EE. UU. Los otros líderes ya habían respondido a las medidas arancelarias de los EE. UU. Con aranceles recíprocos planificados sobre exportaciones clave de EE. UU. Y ahora respondieron a los ataques de Trump con argumentos y pruebas de que, por el contrario, fueron los EE. UU. Los que restringieron los bienes y servicios extranjeros importados.

Y así ha comenzado la guerra comercial, una guerra que las principales economías capitalistas no han emprendido desde la década de 1930 y que se suponía que se resolvería mediante acuerdos internacionales como el Acuerdo General sobre Tarifs y Comercio (GATT), la Organización Mundial del Comercio (OMC) ) y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en el período de la posguerra. Trump ha llamado a la OMC el peor acuerdo comercial posible y el TLCAN el siguiente peor (para Estados Unidos). Estados Unidos había protegido a los estados capitalistas europeos y japoneses con sus ejércitos y armas nucleares contra la supuesta amenaza rusa y ahora era hora de que pagaran tanto en gastos de defensa como en acuerdos comerciales "más justos". La verdadera ironía en este argumento de Trump fue que luego llamó a que Rusia, el supuesto enemigo, fuera restaurada a un lugar en la mesa superior: hablar sobre agregar insulto a la herida.

Lo que todas estas payasadas trumpistas revelaron es que el período de la gran moderación y globalización, desde la década de 1980 hasta 2007, cuando todos los grandes estados capitalistas trabajaron juntos para beneficiar al capital en todos los países (en diversos grados) ha terminado. La Gran Recesión de 2007-8 y la prolongada Depresión desde 2009 han cambiado el panorama económico. En una economía capitalista mundial estancada, donde el crecimiento de la productividad es bajo, el crecimiento del comercio mundial ha disminuido y la rentabilidad del capital no se ha recuperado, la cooperación ha sido reemplazada por una competencia cada vez más viciosa: los ladrones han caído.

Trump es el líder "populista" y nacionalista del poder capitalista más grande; Italia (el más débil del G7) también se ha vuelto "populista" y nacionalista. Y Gran Bretaña está encerrada en el pozo del 'Brexit', un desastre para la propia capital británica. El ataque de Trump significó que la reunión del G7, que era para debatir el aumento de la desigualdad, la automatización y el cambio climático, los principales desafíos a largo plazo para la supervivencia del capitalismo, quedó paralizada.

Pero no importa, por ahora. La economía mundial está en su mejor momento desde el final de la Gran Recesión. El Banco Mundial estima que el crecimiento del PIB real mundial será 3.1% este año, el mismo que en 2017. Eso puede no parecer muy alto, pero eso es un repunte después del período de casi recesión de 2015-6, cuando el crecimiento global cayó a solo el 2.4% y las economías del G7 no podrían administrar más del 1.5%. Ahora las economías del G7 se están expandiendo a una tasa de 2.5%. El desempleo en los EE. UU., El Reino Unido y Japón está en mínimos históricos. E incluso en Europa, la tasa de desempleo ha caído al 8%, todavía por encima de los niveles previos a la crisis pero volviendo allí.

Sin embargo, en sus últimas Perspectivas Económicas Globales, los economistas del Banco Mundial no estaban convencidos de que esta leve recuperación (todavía un 30% por debajo de la tasa de crecimiento mundial anterior a la crisis) se mantenga. "Se espera que disminuya en los próximos dos años, a medida que la holgura mundial se disipa, el comercio y la inversión se moderan y las condiciones de financiamiento se vuelven más estrictas. Se predice que el crecimiento en las economías avanzadas se desacelerará hacia tasas potenciales, a medida que la política monetaria se normalice y disminuyan los efectos del estímulo fiscal de los Estados Unidos ".Además," los riesgos del panorama siguen inclinados a la baja ".Incluyen los movimientos desordenados del mercado financiero, la escalada del proteccionismo comercial, la mayor incertidumbre política y el aumento de las tensiones geopolíticas, que siguen nublando las perspectivas ".

Ahora, a fines del año pasado, sugerí que el ciclo comercial de corto plazo desde la temporada 2015-16 llegaría a su punto máximo en 2018 y luego retrocedería al 2019-20. Lo que parece haber sucedido es que ha habido una recuperación cíclica a corto plazo desde mediados de 2016, después de una recesión casi global desde finales de 2014 hasta mediados de 2016. Si el punto más bajo de este ciclo de Kitchin fue a mediados de 2016, la el pico debería ser en 2018, con un giro hacia abajo nuevamente después de eso. " Y reiteré ese pronóstico en abril.

Los economistas del Banco Mundial parecen estar de acuerdo. Esperan que el crecimiento económico mundial disminuya al 2,9% para 2020. "La expansión económica mundial sigue siendo sólida pero se ha suavizado .... La actividad global aún está retrasada en expansiones previas, y se prevé que el crecimiento se desacelerará en 2019-20 a medida que el comercio y la inversión se moderen. El progreso en el ingreso per cápita será desigual e insuficiente para enfrentar la pobreza extrema en el África subsahariana. " Y " A pesar de la expansión global en curso, solo el 45 por ciento de los países experimentarán una mayor aceleración del crecimiento este año, frente al 56 por ciento en 2017. Además, la actividad mundial aún se encuentra a la zaga de las expansiones previas a pesar de una recuperación de una década de la crisis financiera mundial. Entonces, el Banco Mundial reconoce que la Gran Depresión continuará.

Y esto no supone una nueva depresión mundial en los próximos dos años. Si bien no hay una señal inmediata de una nueva recesión global (de hecho, lo opuesto), hay muchos factores que se acumulan que sugieren que no está muy lejos. El primero es el hecho obvio de que la actual recuperación muy débil de la Gran Recesión es la segunda expansión más larga en el período posterior a 1945, llegando a los diez años el próximo verano de 2019, si dura tanto tiempo.
Y luego está la rentabilidad. En el primer trimestre de 2018, las 500 principales empresas estadounidenses lograron un aumento del 26% en las ganancias por acción. Pero esto se debió principalmente a una enorme reducción de impuestos diseñada por la administración Trump.Cuando observa las ganancias de todo el sector corporativo antes de las reducciones de impuestos, hubo una caída en el primer trimestre de 2018 (-0.6%) que siguió a una caída en el cuarto trimestre de 2017 (-0.1%). Con las reducciones de impuestos, las ganancias aumentaron un 6%. La bonanza de Trump fue única. Y la rentabilidad promedio en las economías del G7 se mantiene por debajo de los niveles previos a la crisis incluso después de diez años de recuperación.


Y el gran riesgo que se avecina es la combinación de una caída en la rentabilidad y una deuda alta y creciente en los sectores corporativos del G7. Si las ganancias comienzan a disminuir mientras el costo del servicio de la deuda aumenta a medida que aumentan las tasas de interés, entonces esta es una receta para quiebras corporativas y una nueva crisis de deuda. La deuda global, particularmente la deuda corporativa, está en su punto más alto.


En 2017, la deuda creció 10.2% de 2016 a 2017. Rompiendo por sector, la deuda corporativa no financiera creció 11.1%, la deuda pública creció 6.7%, la deuda de los hogares creció 12.5% ​​y la deuda del sector financiero creció 11.3%.


El nivel de deuda de los mercados emergentes será insostenible porque, entre otras razones, la deuda vence y debe reembolsarse o refinanciarse. Aquí está la deuda de los mercados emergentes por vencimiento:


Muchos negocios de mercados emergentes y compañías financieras han tomado prestado dinero en dólares, ya que el dólar era relativamente débil y las tasas de interés de los Estados Unidos ridículamente bajas. Gran parte del ingreso de capital a las economías emergentes no fue una inversión productiva, sino préstamos y bonos para la actividad especulativa. Los flujos de capital a largo plazo hacia los sectores productivos de las economías emergentes (IED) han estado en declive desde la Gran Recesión.


Ahora la bonanza del préstamo ha terminado. Aproximadamente $ 4,8 billones en deuda de mercados emergentes vencen desde este año hasta 2020, y gran parte de los cuales tendrá que renovarse a tasas generalmente más altas y, si la fortaleza del dólar continúa, en un entorno de divisas desfavorable.

Los signos de agrietamiento ya están apareciendo en algunas de las economías más grandes llamadas emergentes. Argentina colapsó y se vio obligada a pedir prestados 50 mil millones de dólares al FMI, ya que ya no puede obtener préstamos en los mercados internacionales de bonos a costos accesibles. La economía está cayendo, la inflación se está disparando y la moneda se ha hundido. Brasil no se queda atrás. La economía brasileña está luchando por crecer en absoluto y, sin embargo, tiene los costos de interés más altos para la deuda en el mundo. En Q1 2018, la economía de Sudáfrica se contrajo a su ritmo más rápido en nueve años, ya que la inversión corporativa cayó bruscamente. Y la moneda de Turquía, la lira, alcanzó mínimos históricos, ya que la inflación anual alcanzó más del 12%; los extranjeros retiraron su dinero y el banco central aumentó su tasa de interés a casi el 18%.

Pero el verdadero punto de pivote es la deuda corporativa en las economías del G7. La deuda corporativa no financiera de EE. UU. Alcanzó un máximo de 72% del PIB después de la crisis. Con alrededor de $ 14.5 billones en 2017, la deuda del sector corporativo no financiero fue $ 810 mil millones más alta que hace un año, con un 60% del aumento derivado de la creación de nuevos préstamos bancarios. En la actualidad, el financiamiento de bonos representa el 43% de la deuda pendiente con un vencimiento promedio de 15 años frente al vencimiento promedio de 2.1 años para los préstamos comerciales de los EE. UU. Esto implica aproximadamente alrededor de $ 3.8 trillones de reembolso del préstamo por año . "En este contexto, el aumento de las tasas de interés aumentará la presión sobre las empresas con grandes necesidades de refinanciación". (IIF)

Además de las tasas de interés más altas, las compañías que necesitan crédito (a diferencia de las de alta calificación que piden prestado solo porque pueden hacerlo a bajo costo) tienden a ser más riesgosas. Un informe reciente de Moody's encontró que el 37% de la deuda corporativa no financiera de los EE. UU. Está por debajo del grado de inversión. Eso es alrededor de $ 2.4trn.


Además, todas las corporaciones, tanto de grado de inversión como especulativas, han agregado significativamente más apalancamiento desde la Gran Recesión. Algunas compañías tomaron préstamos para financiar recompras de acciones y tienen un gran flujo de efectivo y reservas. Pueden desapalancarse fácilmente si es necesario. Pero las empresas más pequeñas y de mayor riesgo no tienen esa opción. El negocio promedio no financiero es aproximadamente un 20% más apalancado que en el momento del colapso financiero global en 2007-8. Una gran parte de esa deuda tiene una calificación BBB, la calificación de grado de inversión más baja. Eso significa que están un paso por encima de la basura. El número de empresas con calificación BBB ha aumentado un 50% desde 2009.

Fuente: David Rosenberg

La recesión mundial no nos acompañará en 2018, al contrario, la economía mundial está creciendo más rápido que en cualquier otro momento desde 2009. Pero ese crecimiento bien podría haber alcanzado su punto máximo y en los próximos 18 meses la economía mundial podría caer en una posible depresión. ¿Cómo sabremos?Bueno, como he argumentado antes, la rentabilidad del capital debe comenzar a caer de nuevo y, finalmente, las ganancias totales de las empresas en las principales economías deben dejar de aumentar. Si el costo del servicio de toda esta deuda también ha aumentado, entonces se establecen las condiciones para las bancarrotas corporativas.

Una señal confiable para esto en el pasado ha sido la inversión de la curva de rendimiento de los bonos. La tasa de interés para pedir prestado dinero por un año es mucho más baja que la tasa de endeudamiento durante diez años por razones obvias (el prestamista recibe un reembolso más rápido). Entonces la curva de rendimiento entre la tasa de diez años y la de un año es normalmente positiva (digamos 4% en comparación con 1%).

La idea general es que una curva de rendimiento que se empina, donde las tasas largas están aumentando más rápido que las tasas cortas, indica que el crédito es de fácil acceso y que las ganancias son lo suficientemente altas como consecuencia de un crecimiento económico más rápido. Pero cuando los rendimientos a corto plazo se elevan por encima de la tasa de bonos a largo plazo prevaleciente, indica que las condiciones de crédito se han vuelto inusualmente restrictivas en comparación con las ganancias y que hay una probabilidad muy alta de que la recesión llegue dentro de un año.

El estratega de inversión de RBC, Jim Allworth reconoce que: " No ha habido una recesión en más de 60 años que no haya sido precedida por una inversión de la curva de rendimiento. En promedio, la curva de rendimiento se ha invertido 14 meses antes del inicio de una recesión (mediana de 11 meses). La "advertencia temprana" más corta fue de ocho meses. Todavía no estamos allí en los EE. UU. Y ciertamente no en Europa. Pero la curva de EE. UU. Va en esa dirección. "


Las rabietas comerciales de Trump y el creciente riesgo de una guerra comercial que podría sofocar la actual "recuperación" solo se suma a los riesgos subyacentes de una nueva recesión mundial.