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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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domingo, 6 de septiembre de 2026

Los precios siguen ascendiendo por una cuesta arriba



Actualización de la canasta básica alimentaria






El reciente informe de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) acaba de corroborar, lo que cualquier cubano que tenga que comprar productos de la canasta básica sabe: los precios no paran de subir.

Las cifras formales publicadas ponen de relieve que la inflación interanual en el mercado formal en Cuba repuntó más de dos puntos porcentuales en julio y se situó en el 20,70 %, mientras que la mensual subió un 2,56 % respecto al mes anterior. Por cuarto mes consecutivo, el aumento acumulado de los precios al consumidor en julio de 2026 superó el registrado en igual período de 2025, es decir de 8,79 % en 2025 a 15,12 % en el 2026 casi que se duplica.

Estas cifras muestran que la inflación no solo se mantiene alta, sino que además vuelve a acelerarse; los precios crecen cada vez más rápido. Eso significa una pérdida sostenida del poder adquisitivo y una mayor dificultad para que hogares y empresas puedan planificar sus gastos, ahorrar o invertir. Cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo que los precios, las familias se ven obligadas a reducir su consumo —ya de por sí deprimido—, sustituir productos o prescindir de bienes y servicios básicos. Una inflación persistente de esta magnitud también genera incertidumbre, distorsiona las decisiones económicas y termina profundizando el empobrecimiento y las desigualdades.

Los datos no son novedosos ya que, desde comienzos del 2026, las cifras se mantienen altas y es demostración de la situación económica nacional, agravada por las sanciones impuestas por Estados Unidos, especialmente el cerco petrolero implantado por ese país a la Isla desde enero de 2026.

El incremento de los precios vuelve a cierta normalidad en el sentido que son las categorías de alimentación, bebidas no alcohólicas y en cierto sentido el transporte las que más crecen.

Algunos economistas hemos planteado que la realidad puede ser peor de lo que muestras las cifras oficiales, ya que esta más normalizado la captación de las cifras en entidades estatales, y en el sector privado abundan precios falsos en productos topados o estos se venden de manera informal.

Por categorías, resalta el incremento interanual en Restaurantes y Hoteles (32,57 %), seguido de los Alimentos y las Bebidas no Alcohólicas (26,36 %), el Transporte (24,96 %), la Educación (23,32 %) y los Servicios de la Vivienda (20,83 %).

Ya no suena a novedoso que el país viva una espiral inflacionaria o hiperinflación. Desde el 2021, con la reforma monetaria que se intentó poner en vigor, la moneda nacional en las entidades estatales de 1 dólar igual a 1 peso, se devaluó a de 25 pesos por dólar. Sin embargo, en la calle el aumento fue mucho mayor, y ese se ha mantenido hasta hoy. El Banco Nacional de Cuba reconoce hasta el 25 de agosto, una tasa de 636 pesos por un dólar, mientras que los monitoreos realizados por elToque lo sitúan en 670.

Cualquiera de las dos cifras que se tome es altísima en relación al salario mínimo que, luego de la última actualización, se situó en 3 210; por lo que un trabajador que tenga ese sueldo ganaría solo 5 dólares según la cifra estatal, y 4.7 según la cifra informal. En términos nominales, esto colocaría al salario mínimo cubano entre los más bajos de América Latina. Incluso teniendo en cuenta las cada vez más insuficientes prestaciones sociales —salud, educación, y la libreta de abastecimiento— deja a los trabajadores en una desprotección total ante la subida de precios constante.

Cuba se encuentra sumida en una grave crisis económica y energética desde hace más de cinco años —catalogada por los expertos como la peor de las últimas décadas— visible en la escasez de insumos básicos como alimentos, medicinas y combustible, una elevada inflación, la contracción económica, una dolarización creciente y prolongados apagones diarios y lo más interesante que aún no se vislumbra la salida a esa crisis al menos en el corto plazo.

El aumento persistente de precios tiene causas estructurales, pero es indudable que en el corto plazo el factor geopolítico ha sido crucial. El endurecimiento de las sanciones de EE. UU, que incluye el bloqueo petrolero a las entidades estatales agrava las insuficiencias de un modelo de planificación centralizada que dejo de funcionar hace mucho tiempo.

Un indicador que demuestra las afirmaciones del aumento sistemáticos de los precios es el índice de precios al consumidor.

Fuente: ONEI

En otro ejercicio ya realizado, pero actualizado con los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística e Información, puede observarse que, solo para La Habana —donde se concentra una parte importante de la población cubana—, una canasta alimentaria representativa para dos personas muestra un incremento de precios de casi un 60 % en apenas un año. Su costo actual, estimado en 47 135 pesos, equivale a unos 74 dólares mensuales si se utiliza la tasa oficial de 636 CUP por dólar, y a unos 70 dólares si se toma como referencia la tasa informal de 670 CUP.

Fuente: Elaborado por el autor en base ANEXOS ÍNDICE DE PRECIOS AL CONSUMIDOR BASE DICIEMBRE 2010 República de Cuba Edición julio 2026

El contraste con los ingresos es aplastante. Los 47 135 pesos que cuesta esta canasta para dos personas equivalen a casi 15 salarios mínimos mensuales. Un trabajador que perciba ese salario podría cubrir apenas el 6,8 % de su costo; incluso en un hogar donde dos personas cobren el salario mínimo, sus ingresos conjuntos —6 420 CUP— alcanzarían para solo el 13,6 % de la canasta. Una madre soltera con un hijo, sin ingresos adicionales y que perciba únicamente el salario mínimo, necesitaría destinar casi 15 meses de su sueldo íntegro para cubrir el costo de un solo mes de esa canasta alimentaria.

A esa canasta habría que sumar, además, gastos que durante décadas estuvieron cubiertos o fuertemente subsidiados por el Estado y que hoy recaen cada vez más sobre los hogares. Un ejemplo son los medicamentos, la reciente autorización de farmacias privadas constituye un avance para ampliar una oferta que se mueve hoy solo en el mercado informal, pero hasta ahora no se ha anunciado un mecanismo que subsidie las compras realizadas en esos establecimientos, pues los precios subsidiados y la asistencia social continúan circunscritos a la red estatal, precisamente la que enfrenta mayores problemas de abastecimiento.

Algo similar ocurre con la electricidad, ante apagones que en 2026 han llegado a superar las 20 horas diarias, garantizar un mínimo de autonomía supone adquirir plantas de combustible o baterías y paneles solares, ofertas que se adquieren solamente en divisas, superan en cualquier caso los 1000 dólares —para una pequeña estación con un panel— y que, de hecho, han aumentado considerablemente su precio en los últimos meses a partir de la dificultad de los barcos de encallar en puerto cubano por las sanciones de la Casa Blanca.

A ello se añade un transporte público reducido a mínimos por la falta de combustible, que obliga a caminar largas distancias o recurrir a alternativas privadas mucho más costosas. En consecuencia, el problema trasciende la alimentación —ya de por sí incosteable con salarios bajos— y se traslada a servicios básicos que el sistema público ya no logra garantizar de manera regular.

En general, la familia cubana se encuentra en una etapa de sobrevivencia, y una parte importante del deterioro reciente responde a factores sobre los cuales el Gobierno cubano tiene un margen de actuación limitado. El cerco petrolero impuesto por Estados Unidos, no solo ha restringido la disponibilidad de combustible, sino que ha encarecido prácticamente toda la economía: producir, transportar alimentos, mover pasajeros o mantener funcionando una empresa cuesta más cuando el combustible escasea. A ello se ha sumado la presión sobre el transporte marítimo. Grandes navieras han suspendido o reducido sus operaciones con Cuba ante el riesgo de sanciones estadounidenses, disminuyendo las alternativas para importar mercancías y añadiendo costos, demoras e incertidumbre a productos que finalmente paga el consumidor.

Pero esas restricciones externas no implican que dentro del país no exista margen para actuar. Intentar contener la inflación mediante topes administrativos no resuelve el problema. Si vender un producto al precio fijado deja de ser rentable, el producto desaparece del mercado —generando escasez— y luego reaparece en el sector informal a un precio mucho más alto. La propia experiencia cubana reciente con los topes a alimentos importados mostró esas dificultades, al punto de que fueron eliminados a nivel nacional, aunque posteriormente varios gobiernos locales volvieron a recurrir a ellos, pese a que el mismo discurso oficial reconoció que no funcionan.

La respuesta más elemental, por tanto, sigue siendo aumentar todo lo posible la producción nacional de alimentos, es decir, potenciar el incremento de la oferta nacional, para el cual habría que analizar qué factores en las nuevas circunstancias entorpecen o frenan el desarrollo agrícola.

Debe reconocerse que varias de estas decisiones aparecen ya en las transformaciones económicas anunciadas en 2026 —entre ellas la agilización de la entrega de tierras, la eliminación de límites al usufructo y nuevas vías de financiamiento agrícola—, pero su efecto dependerá de que se implementen con rapidez y sin reproducir la misma burocracia que pretenden eliminar.

Cuba no puede decidir cuándo terminarán las sanciones estadounidenses, pero sí puede evitar añadir al precio de cada libra de alimento el costo de restricciones, controles y trabas internas que hoy hacen todavía más difícil producir y vender.

lunes, 20 de julio de 2026

PROPUESTA PARA TRANSFORMAR LA ECONOMÍA CUBANA

 

Julio, 2026

Cuba Transformación ofrece un diagnóstico de la crisis estructural del país y propone un camino para su estabilización, recuperación y desarrollo.

La propuesta Cuba Transformación, anunciada el 22 de junio de 2026, es el resultado del trabajo conjunto de los economistas cubanos Mauricio de Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro. Nuestro propósito es ofrecer ideas con rigor técnico, abiertas al debate público y orientadas a explorar alternativas realistas ante la profunda crisis que enfrenta Cuba. Buscamos contribuir a sentar las bases de una recuperación económica sostenible que mejore el bienestar de la población y amplíe sus libertades.

Esta propuesta no pretende ser un plan infalible ni ofrecer soluciones mágicas. Presenta, en cambio, un marco analítico coherente, realista y flexible que puede ayudar a estabilizar la economía, retomar el crecimiento y construir un futuro mejor para los cubanos. Partimos de la convicción de que no existe una única respuesta correcta. Por eso, aspiramos a que este documento sirva como punto de partida para una discusión amplia, plural y responsable sobre el futuro económico de Cuba.

Se trata de una primera versión. Publicaremos revisiones sucesivas que incorporarán las críticas, comentarios y sugerencias que recibamos. Con este espíritu, invitamos a la comunidad académica, a los profesionales, a los técnicos y a la sociedad cubana en general a leer, evaluar y enriquecer esta propuesta. Su participación es esencial para fortalecerla con nueva evidencia, diferentes perspectivas y un debate constructivo.

Cuba Transformación es una iniciativa apoyada por instituciones como el Cuba Study Group y el Observatorio sobre la Economía Cubana. Los economistas mantienen plena independencia editorial sobre su trabajo.


Link del resumen Ejecutivo https://pub-b3efec60654a46eb9cfe8b62a3f029ab.r2.dev/cuba-transformacion-resumen-ejecutivo-es.pdf 19 paginas

Link del Informe completo de https://pub-b3efec60654a46eb9cfe8b62a3f029ab.r2.dev/cuba-transformacion-propuesta-es.pdf 118 paginas

martes, 23 de junio de 2026

¿Ahora sí? La transición pospuesta



¿Cuáles deben ser las políticas prioritarias para salir de la crisis? Responden los economistas Juan Triana, Omar Everleny y Julio Carranza.




Cualquier cubano que haya estado despierto desde 1993-94 sabe que el socialismo ya no fue en lo adelante lo que solía ser.

Después de la implosión de los socialismos en Europa del Este y el desmantelamiento de la Unión Soviética, las cosas en Cuba cambiaron de golpe. La admisión del mercado, del sector privado, la legalización del dólar, la redistribución en usufructo de la mayor parte de las tierras estatales, la apertura a la inversión extranjera, crearon no solo una nueva economía y una nueva relación con el mundo, sino otras mentalidades sobre el socialismo como sistema, incluida su reversibilidad.

Estas políticas inicialmente se justificaban como el enfrentamiento a la crisis denominada “Periodo especial en tiempo de paz”, o al menos así se proyectaron entonces. De manera que, a medida que la crisis se fue aliviando o así pareció (por un tiempo), su continuidad y profundización se hicieron más lentas; y aunque sus consecuencias en el plano ideológico (¿qué socialismo va a ser este?), y sobre todo su impacto en las desigualdades sociales y la pobreza, se fueron extendiendo.

Las políticas que igualaban a las distintas clases y grupos sociales en la Cuba anterior, tales como una estructura salarial muy acotada, canasta básica subsidiada mediante cartilla de racionamiento (la “libreta de abastecimientos”), control de precios, gratuidades y subsidios de todo tipo, se fueron desvaneciendo, formalmente o de facto, a medida que el salario y el ingreso divergían, que el acceso a divisas alteraba la relación establecida entre salarios y capacitación, que los niveles de producción no se recuperaban.

A pesar de la supuesta temporalidad de la crisis, Cuba no volvió nunca al nivel de bienestar y visión de futuro que había existido, sobre todo en la década anterior al Periodo especial.

Más de una década después de aquellas medidas —aprobadas e implementadas bajo la dirección de Fidel—, un documento titulado Lineamientos económicos y sociales fue discutido públicamente en una consulta masiva, y adoptado oficialmente en el VI Congreso del PCC (2011). Cinco años después, apenas el 23 % de sus políticas acordadas se habían cumplido.

En 2018, la consulta sobre una muy amplia reforma constitucional arrojó resultados inesperados. Entre ellos, que los temas más polémicos del nuevo texto no eran precisamente los cambios radicales en la diversificación de la propiedad sobre medios de producción, la extensión del mercado, el acceso del capital privado a sectores como la agricultura y los servicios (incluidos los sectores nacionalizados en 1960).

O sea, que estas transformaciones no suscitaban oposición, a pesar de su alcance fundamental. La nueva Constitución, aprobada por mayoría abrumadora en 2019, ponía la equidad —en vez de la igualdad— por delante y se preocupaba por la concentración del ingreso, pero no la proscribía.

Desde principios de los 90 hasta hoy, cada vez más expertos, dentro y fuera de nuestras instituciones, han venido haciendo propuestas encaminadas a constituir un programa de reformas que rebasara el alcance de un paquete de medidas anticrisis.

Aunque ninguno había propuesto nunca políticas como las que marcaron el desmantelamiento del socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética, no pocos de ellos fueron calificados como emisarios del capitalismo.

A pesar de las diferencias introducidas en los documentos emitidos en los últimos 30 años acerca de la naturaleza del socialismo cubano, este recelo hacia cualquier propuesta de reforma se ha mantenido vivo hasta nuestros días.

A raíz de la intervención de Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero, se me ocurrió encuestar a un grupo de economistas y analistas políticos en torno a la pregunta: ¿Cuáles deben ser las políticas prioritarias, coherentes con una estrategia para salir de la crisis y que se hagan cargo de la complejidad del momento?

Según algunos lectores que me lo dijeron por lo claro, las respuestas de mis encuestados resultaban “excesivas” (neoliberales): Cuba ante Estados Unidos: lecciones y antilecciones de la intervención en Venezuela – OnCuba.

Ahora que la Asamblea Nacional (ANPP) acaba de aprobar un programa de transformaciones que rebasa con mucho, por su radicalidad y amplitud, lo que cualquiera de estos expertos propuso nunca, sin embargo, la visión que identifica las reformas con el virus del capitalismo sigue ahí.

Si uno lee, por ejemplo, las narrativas de medios extranjeros, supuestamente bien informados sobre lo que está pasando aquí y ahora, podrá comprobar que identifican las recientes transformaciones con concesiones al capitalismo, que reflejan la quiebra definitiva del socialismo. Exactamente como los fundamentalistas vernáculos. Y como si entre estas transformaciones y el derrumbe del Muro de Berlín no hubiera cambiado nada en Cuba.

En busca de luz sobre la compleja red de interrogantes que se derivan de las 176 medidas debatidas en la ANPP, decidí sometérselas a tres economistas, pioneros, que las anticiparon en escritos y conferencias, y a quienes conozco bien por su manera de pensar, persistencia y compromiso: Juan Triana Cordoví (JTC), Omar Everleny Pérez-Villanueva (OEP) y Julio Carranza (JCV).

Les agradezco a ellos por responder a mis preguntas de cabeza múltiple, y también por contestarme en un tiempo récord.


Rafael Hernández, Juan Triana, Omar Everleny y Julio Carranza.


Según algunos economistas, el eje de las reformas es o debería ser la extensión del sector privado, en todas aquellas actividades donde pudiera desarrollarse con mayor eficiencia que el estatal o el público. ¿Va a ser o debería ser así en la política económica que se avecina? ¿No implicaría, en el mediano plazo, que el sector privado se tragara al público?

JTC: No hay un solo eje en las reformas, sino al menos dos o tres grandes ejes. Uno de ellos, la expansión del sector privado y su papel en la economía. El otro, la reforma de la empresa estatal, aplazada tantas veces.

No creo que el sector privado pueda tragarse al público. Todavía este es muy grande, y hay realmente ahí un negocio poderoso; costaría mucho trabajo al sector privado poder desplazarlo, siendo todavía un sector naciente.

OEP: El sector privado debe jugar un papel esencial en la política económica que se avecina. No porque sea privado, sino porque el problema de Cuba, más que financiero, es de oferta de bienes y servicios. Y el Estado en estos momentos no cuenta con recursos financieros para producir lo que puede desarrollar el sector privado.

No creo que vaya a tragarse al sector público. Cada uno tiene su espacio.

Lo primero que hay que definir como estrategia es cuál será el tamaño de ese sector público. La energía, la producción de acero, todo ese tipo de producciones que necesitan un gran capital solo las puede garantizar el Estado.

Pero en el comercio minorista, la alimentación, los servicios personales, hay un área muy grande que puede cubrir el sector privado.

En el pasado, el sector público, por diferentes motivos, ha sido ineficiente. El Estado le ha quitado recursos que produce la empresa estatal socialista. Y esas reglas tienen que cambiar.

JCV: Una cuestión fundamental del actual planteamiento es darle a todo el sistema empresarial el reconocimiento y las facultades que debe tener para operar, sean estatales, cooperativas, privadas y mixtas, nacionales o extranjeras; todas integradas a los mercados regulados por el Estado, y en el caso de las empresas estatales, bajo una planificación estratégica y financiera, no una burocrática y administrativa como la que ha existido hasta hoy.

Los prejuicios con el sector privado se deben superar y darle el lugar que le corresponde. El sector privado y el cooperativo han de jugar un papel importante e imprescindible; sus intereses deben ser reconocidos y tener representaciones, pero de ninguna manera imponer esos intereses individuales o empresariales, por legítimos que sean y lo son, por encima de los intereses generales y mayoritarios del pueblo y la nación.

Claro que los medios de producción fundamentales, estratégicos, deben continuar bajo propiedad social con protección legal y también deben mantenerse y desarrollarse todas las empresas públicas que sean eficientes.

El sector estatal que salga de aquí ha de ser eficiente y competitivo. Eso no excluye la existencia de determinadas actividades que por definición son deficitarias y, dada su función, han de mantenerse bajo el subsidio del presupuesto del Estado, pero deben ser pocas y plenamente justificadas.

También han de mantenerse bajo régimen estatal y con la asignación de recursos necesarios a sectores fundamentales como la educación y la salud, aun cuando algunas actividades específicas de estos sectores pasen a formas privadas, como de hecho ya sucede con algunos comercios de medicinas y servicios de óptica y dentales, donde la participación ha de ser mixta.

Estas medidas van a acentuar diferencias sociales, pero estas deben estar reguladas y acompañarse de una política fiscal progresiva y rigurosa. Que las diferencias de ingresos sean resultado de la eficiencia y el trabajo y no de la corrupción y actividades espurias, las políticas sociales deben también reforzarse para apoyar a una población fatigada y hoy empobrecida. Se debe mantener el principio de que nadie quede abandonado.

Hay que impedir privatizaciones perversas y sin licitaciones que respondan a intereses de grupos particulares, muchos de ellos provenientes de la antigua burocracia. Ya vimos lo que sucedió en Europa del Este.

Esos peligros están activados, pero la manera de preverlos y controlarlos también debe activarse. Su esencia es la participación y el poder político de la población, mediante una actuación adecuada de las instancias del poder popular y de los órganos de control de la república, las instituciones políticas y sociales, en primer lugar, el Partido. Pero para cumplir adecuadamente ese papel, ellas mismas deben reformarse, el Partido incluido, y por el lado estatal, en lugar primordial, la Contraloría General, cuya función debe incluir a todos los sectores de la economía, sin exclusiones injustificadas.

Las instituciones democráticas del país, en primer lugar el parlamento, deben tener una voz activa y diversa, expresión de lo que ya hoy es y será la sociedad cubana.

Un sector público eficiente, con autonomía real para planear, decidir lo que produce, redistribuir ganancias entre sus trabajadores y hacer que participen en las decisiones, operar en el mercado cambiario, establecer acuerdos con otras empresas, sean públicas o privadas, nacionales o extranjeras, parece un animal muy diferente al actual. ¿Es posible esa metamorfosis? ¿Qué debería ocurrir para que esa transformación tuviera lugar? ¿En qué plazo?

JTC: La transformación de la empresa estatal tiene que ser profunda y grande. No se puede aspirar a que ocurra en un plazo corto. Pero esa metamorfosis, como tú la llamas, puede ocurrir porque, aunque a veces se desconoce, tenemos empresarios muy capaces, que no han dejado desarrollarse como empresarios de verdad.

Esa transformación va a tener lugar no solo por acciones directas hacia la manera en que se gestiona la empresa estatal, sino también por acciones indirectas. Una parte de las políticas que se están discutiendo y se aprobaron hoy obligan a esa metamorfosis: participar en el mercado cambiario, poder tener relaciones mucho más fluidas con empresas extranjeras, exportar e importar libremente; todo eso obliga al cambio de ese sector.

¿Qué más debería ocurrir? Dejar que los empresarios se pongan las pilas o no quitarles las pilas cuando ya las tienen puestas, que es también lo que ha pasado.

Es muy difícil poner un plazo. Ahí hay un proceso de aprendizaje, que exige desvestirse, desaprender, volver a vestirse y volver a aprender. Para ese proceso no me atrevo a poner un plazo, pero no debe ser corto, o sea, no ocurrirá en seis meses. Aunque hay empresas cubanas que empezaron a trabajar con empresas extranjeras y se fueron transformando rápido, siempre es un proceso complicado, pues desaprender y volver a aprender otra vez es relativamente complejo.

OEP: Va a haber diferentes etapas de la reforma. Una etapa en los dos primeros años, que algunos economistas hemos planteado identificar como de estabilización. Después, una etapa de cambios estructurales, entre dos a cinco años, que es donde realmente se hagan cambios más profundos.

En los dos primeros años, hay que concentrarse en tres temas vitales: energía, alimentación e infraestructura. Porque hay problemas críticos para la población cubana, como el del agua, la recogida de los desechos sólidos y otros servicios públicos que hay que recuperar.

Para después definir qué sectores, qué áreas son los que vamos a priorizar.

Yo sigo viendo el turismo como importante. Y la posibilidad de que empiecen a haber agentes turísticos, turoperadores privados, da cierta garantía de que se puede recuperar ese sector. Por ejemplo, si un hotel no tan grande, de 30 o 40 habitaciones, hostales, moteles, se le puede dar en administración a un privado, ¿por qué no dárselo, si ya lo tienen extranjeros?

El gobierno tiene un plan muy concreto y ha sido muy hábil, muy pragmático, en los últimos días, para plantear cosas que en otro momento no hubiera pensado.

Hay que pasar a CADECAs (casas de cambio) privadas, pues de todas maneras se cambia en la calle y ese es un dinero que no accede al Estado. ¿Por qué no poner CADECAs privadas y cobrar un impuesto por operaciones?

Otro paso importante es eliminar el monopolio del comercio exterior, de manera que todas las formas de propiedad puedan importar y exportar directamente. Si alguien lo quiere hacer a través de una empresa estatal con experiencia, que lo haga. Pero que no sea obligatorio. Así como eliminar las agencias empleadoras, que han sido una traba para los inversionistas extranjeros. Y sobre todo, trabajar el problema de la deuda externa. Si no destrabas la deuda, seguirá faltando el financiamiento.

Un sector público eficiente es aquel sector que se concentra en determinadas entidades, que para ser eficientes requieren una ley de empresas que las iguale a todas en las mismas condiciones. De manera que el sector estatal participe en el mercado cambiario, retenga parte de sus utilidades para recuperar la producción y la descapitalización que sufre.

Con las reglas aplicadas hasta ahora, no puede garantizar determinados bienes y servicios. ¡Claro que no! Pues si una empresa estatal tiene utilidades, pero después el Estado las recoge para un “bien común” —como producir determinadas cosas para toda la población—, eso puede justificarse así, pero se afecta la capacidad de la empresa como tal.

En un mediano plazo, habría que darles las mismas posibilidades que ha tenido el sector más dinámico de la economía hasta este momento, y que es el mayor importador de alimentos en Cuba ahora mismo (y las cifras lo avalan). La utilización de las remesas, para decidir dónde comprar y a qué precios, no la tiene el sector público o estatal.

La autonomía tiene que ser real. El camino que se avecina, yo creo que sí va a incluir una mejoría de las condiciones de competencia.

JCV: La situación actual tiene urgencias que hay que atender de manera prioritaria y también la necesidad de una transformación integral y profunda del modelo económico. Planos interdependientes, pero que no deben confundirse.

La respuesta inmediata a las urgencias está determinada por los problemas fundamentales que afectan hoy a la población: energía, alimentación, agua, salud, higiene pública, movilidad, etc. Esa respuesta también supone contar con más recursos externos, de ahí que el problema de la deuda y el acceso a créditos, inversión, etc., sea también una prioridad. En las medidas propuestas están incluidas las formas para responder a esas urgencias.

Lo otro es la transformación integral del modelo económico. Ese es un proceso necesariamente más lento, aunque se debe acelerar lo más posible, que ha de comenzar con el restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos: déficit fiscal, inflación, déficits externos, etc. Ese proceso lleva más tiempo, pues es mucho lo que hay que transformar.

Es preciso definir etapas, áreas de acción, objetivos generales y parciales, indicadores, etc.; y sobre todo tener un horizonte estratégico claro y la capacidad política para corregir las desviaciones que inevitablemente habrán de aparecer. De lo contrario, se podría llegar a un triste destino no deseado y quizás ya sin recuperación posible. Sobre todo esto hemos escrito y propuesto en extenso desde nuestro libro de 1995 y con otros muchos textos posteriores con las actualizaciones correspondientes.

Hoy la política es más importante que nunca, aunque haya quienes piensen lo contrario, no para trabar ni para detener el proceso de reforma, sino para conducirlo por la ruta que debe marchar, respondiendo siempre a los intereses de la nación y no a espurios intereses sectoriales y de grupo, mucho menos a las presiones imperialistas. En eso hay un desafío fundamental. En un reciente artículo utilicé una expresión: que sean las ideas y no los hechos incontrolados las fuerzas conductoras de este proceso.

Uno de los rasgos del nuevo socialismo, tal como se retrata en la nueva Constitución, es la descentralización, en particular, la entrega de poderes a los niveles locales. Aunque seguimos sin una ley que se los haya otorgado al cabo de siete años de esa definición constitucional, ahora se enfatiza la descentralización y el papel estratégico de los municipios. ¿Están preparados los gobiernos locales para esa autonomía? ¿Para ser capaces de administrar sus recursos, gestionar inversiones internas y externas, diseñar políticas fiscales y de empleo, controlar servicios básicos y adaptar las políticas sociales a sus necesidades…? ¿Qué debería ocurrir para que los gobiernos locales asumieran plenamente ese papel? ¿Qué peligros se corren al descentralizar?

JTC: Si están preparados los gobiernos locales para la autonomía que se les concede, creo que no lo están. Es así de escueta mi respuesta.

En cuanto a qué debería ocurrir para que lleguen a estarlo, algo que está ocurriendo es que le están concediendo ya esos espacios, determinados derechos y obligaciones. Lo otro que debe ocurrir es que ellos tendrán que formar personal adecuado para eso.

Si uno revisa hoy a los gobiernos locales, no solo son pobrecitos porque estén en un territorio pobrecito, sino porque el personal que tienen para trabajar probablemente no sea el más adecuado, aunque, por cierto, sí pueda ser el más entregado.

Peligros que se corren al descentralizar, hay muchos, desde una interpretación errónea de las políticas nacionales hasta aquellos que están asociados a hechos de corrupción, sin lugar a dudas.

No me atrevo a enumerarlos todos porque a cada rato sale uno nuevo. Pero disponer de esa capacidad para interpretar las políticas nacionales y adecuarlas a sus necesidades, y para generar políticas propias, tiene como un componente la toma de riesgo y la posibilidad, sin dudas, de equivocarse.

Yo prefiero correr ese peligro en vez de quedarme sin hacer nada.

OEP: Una de las deficiencias que afectan a los niveles locales, y también a los centrales, es la falta de preparación de los cuadros. A veces se pone a ocupar un cargo a una persona que no está preparada o que no es el profesional que se necesita. Y para lo que se avecina, los gobiernos locales deberían tener una mayor preparación, y que se les dieran las prerrogativas de las que carecen, y se anuncian, pero en la práctica no se les otorgan. De la mano de la autonomía local deben ir la preparación y los estímulos necesarios para que los dirigentes sean capaces de administrar recursos a ese nivel.

Si se paga un salario bajo, no estimulante, no va a haber personas dispuestas a dirigir en los municipios. Antes de asumir cargos, digamos, en la educación municipal, estarán más interesadas en hacerlo en un negocio privado, donde pueden ganar diez veces más. Todos esos desajustes deben corregirse. Pero yo sí creo en los poderes locales, en lo cual hay que trabajar intensamente para lo que se avecina.

Sí hay peligros al descentralizar, efectivamente, pero hay que asumirlos. Porque antes las medidas centrales se daban en un contexto donde el Estado podía administrar recursos. Hoy no los tiene, ni los va a tener en los próximos años, porque hoy estamos solos. Solos significa que no tendremos el crédito necesario para distribuir, ni los amigos que necesitamos, porque los hemos perdido por la mala gestión en administrarlos.

Si un amigo te entrega, digamos, una serie de vehículos, de ómnibus para tu transporte público, y tú no se los pagas, él no te dará las piezas de repuesto de esos ómnibus. Así hemos tratado a los amigos que nos han ayudado vendiéndonos, con períodos cortos de pago, pero con tasas de interés muy bajas, y nos han permitido pagarles con productos, digamos, níquel, como China, a quien dejamos de enviarle níquel porque no lo producimos.

Todo eso hay que corregirlo, porque ese va a ser el próximo camino, porque no queda ningún otro. Hay que sobreponerse a todas las adversidades, pero eso lleva un costo. No tanto un mayor costo social, porque ya la reforma social se ha hecho –y te voy a comentar más adelante sobre eso.

JCV: Yo considero que la descentralización de estos procesos a los municipios debe hacerse con muchísimo cuidado. Es positivo y necesario y podría hacer la gestión más democrática y eficaz, pero no de cualquier manera. La descentralización municipal no debe significar que el gobierno central se desentienda de responsabilidades que le son propias e indelegables.

Un país no es la simple suma de sus municipios, ni siquiera en los países de fuerte carácter federal. Los municipios son muy diferentes entre sí y su articulación, su complementariedad como partes de un todo, es una responsabilidad indeclinable del gobierno central.

La política económica y la conducción de la estrategia nacional de desarrollo son una tarea de responsabilidad central. O sea, la acertada descentralización municipal no debe significar la anulación del papel imprescindible del gobierno central, pues somos una sola nación.

Por otra parte, para que la descentralización opere adecuadamente, deben contar los municipios con los recursos indispensables. En primer lugar, con los cuadros y funcionarios capaces. Ha de ser la meritocracia (capacidad, formación, ética, probidad, empatía y compromiso) lo que determine los nombramientos y la elección a ese nivel, como habría de ser en todos los niveles.

En general, el actual nivel de los cuadros y funcionarios a nivel municipal está por debajo del que se requiere para esta compleja función y, por supuesto, que ese trabajo debe tener la remuneración que merece.

En un contexto de descapitalización, falta de fuentes de financiamiento, alta deuda externa, infraestructura deteriorada, crisis energética y alimentaria, ¿de dónde podría salir la inversión necesaria para recuperar la economía y reestructurar el modelo? ¿Disponen los emigrados cubanos del capital y la voluntad para convertirse en esa fuente principal? ¿Hasta qué punto las circunstancias políticas en la diáspora cubana lo facilitan o lo ponen en riesgo? ¿Sería posible sin que Estados Unidos y Cuba volvieran al camino de la normalización?

JTC: La inversión necesaria para recuperar la economía y reestructurar el modelo puede salir de diferentes orígenes.

Una es la inversión extranjera, que puede sentirse estimulada por las decisiones adoptadas para facilitar y ampliar sus espacios en el país.

Otra fuente pueden ser las facilidades que ofrecen los BRICS. Para lo cual se requiere acabar de entender cómo negociar y participar en ese marco.

Una tercera fuente puede ser el capital nacional. Un capital no solo privado, sino de empresas estatales que sean exitosas y quieran invertir para crecer, para diversificarse, y que habría que dejarlas.

Están también los créditos que pueden aportar los organismos multinacionales, y los países individuales, a los cuales hoy cuesta mucho más trabajo acceder. Pero no los desestimo totalmente.

Por último, el capital de cubanos residentes en el exterior. Ahí viene la pregunta: ¿Hasta qué punto las circunstancias políticas en la diáspora cubana lo facilitan o lo ponen en riesgo? Hasta ahora, la historia de esa relación ha sido muy compleja —y tú la conoces mucho mejor que yo. Conlleva que una parte de esa diáspora tenga mucha desconfianza en invertir en Cuba.

De otra parte, el marco legal en Cuba todavía no se entiende bien. Hay que perfeccionarlo mucho, mejorarlo para que pueda dar las seguridades que requiere el inversionista en general, y en particular, este inversionista cubano que viene de la experiencia de haber vivido en Cuba. Esa incertidumbre hay que borrarla, creando un grupo de reglas muy claras que además incentiven y garanticen esa participación.

La mayor parte de la diáspora cubana vive dentro de un riesgo constante y bajo la amenaza de las propias restricciones que el gobierno norteamericano le impone a Cuba. Tienen que estar midiendo si están violando alguna ley norteamericana y puede ser objeto, por lo tanto, de una represalia. Eso está presente, sin lugar a dudas, y puede complicar la inversión masiva de capitales de cubanos residentes en el extranjero.

En cuanto a si sería posible sin que Estados Unidos y Cuba volvieran al camino de la normalización: resulta difícil, pero no imposible. Tendría que extenderme mucho para explicarlo, pero hoy por hoy ya se da inversión de capitales de cubanos residentes en el exterior en la economía nacional. Así que, tomando los hechos como parte de esa respuesta y criterio de la verdad, diría que sí es posible, a pesar de que no haya una normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

OEP: Tenemos que ubicarnos en que el entorno económico natural de Cuba son los Estados Unidos, dada la distancia y el hecho mismo de haber recibido una parte mayoritaria de la emigración cubana. Pero el gobierno de ese país ha sido muy agresivo contra Cuba, y sobre todo en los últimos meses las sanciones han sido muy fuertes.

Sin embargo, Cuba tiene que encaminarse hacia lo que se podría hacer para esa normalización. Yo sí he podido conocer que los emigrados cubanos tienen capital y pueden convertirse en una fuente importante. Pero para eso hay que hacer cambios legislativos, hay que sentarse a analizar en la mesa de negociaciones el problema de las nacionalizaciones y otros temas pendientes, que hay que lograr resolver.

Si en algún momento fuera posible cambiar inversión por activo tipo swap, habría que hacerlo. Si tenemos un hotel con apenas 10 % de ocupación de sus capacidades, se podría disponer que un emigrado administrara ese hotel y parte de las utilidades se le entreguen, como parte del capital que Cuba dispuso. Hay muchas fórmulas.

Si no se arreglan las relaciones y no se alcanza la normalización, es muy difícil que Cuba acceda al capital que se necesita. Porque el capital hoy es transnacional; y aunque muchas compañías estarían dispuestas a invertir en Cuba, si luego van a ser sancionadas por Estados Unidos, no van a hacerlo, lo que ya está sucediendo en estos momentos.

Pero no podemos desistir, hay que buscar cualquier alternativa positiva, sin ceder soberanía, pero sin ser muy estricto, porque no hay forma de resolver esos problemas que has planteado. Y la cuestión del financiamiento externo es prioritaria.

El Estado tiene que hacer un proceso de estabilización de dos años vista, para resolver dos problemas prioritarios de corto plazo: la energía y la alimentación. Ya no va a garantizar la cartilla de racionamiento como en el pasado; no tiene con qué hacerlo. Eso llevará a que las personas entiendan que la Cuba socialista anterior a 2026 no será posible, y que para mantenerla en nuevas condiciones se requiere reestructurar el modelo.

Para mí, hay que construir un modelo social de mercado. Uno de los errores de estos últimos años es no haber adelantado las reformas que muchos sugirieron hacer, sobre todo Rusia y China, donde tuvieran un mayor peso todas las formas de producción, especialmente privadas. Y Cuba se demoró mucho en hacerlas. Hoy lo estamos haciendo en las condiciones en que no tenemos otras opciones. Y cuando se negocia en estas condiciones actuales es muy difícil, porque hay que aceptar muchas cosas que no se hubieran aceptado en otro momento histórico. Para salvar al país, por encima de todo.

JCV: Como señalé antes, la disposición de recursos es un problema fundamental, un fuerte nudo que afecta a la economía nacional; por eso el tema de buscar acceso a nuevos recursos es parte de las urgencias. Y destrabar la deuda es fundamental. He venido planteando lo de cambiar deuda por activos y por inversión, esto es muy posible y probablemente la opción más viable. Hay muchos recursos y capacidades que hoy están subutilizados y muchos deteriorándose. Claro que siempre debe hacerse de manera tan rigurosa como ágil, hay que cuidar que las presiones del momento no lleven a decisiones inconvenientes que afecten la soberanía y el control de recursos estratégicos de la nación.

La migración cubana es parte de la nación. Un sector de ella tiene capitales y capacidad empresarial, aunque no es toda ni la mayoría, integrada por trabajadores asalariados. Pero todos podrían participar de alguna manera. Los primeros, con inversiones, tecnologías, comercio, mercados, etc. Esto ha de ser parte de una voluntad compartida y aquí habrían de darse todas las garantías de manera transparente y sin titubeos, establecer con leyes y regulaciones lo que se puede hacer y lo que no; o sea, espacios y garantías amplias, claramente establecidas, en función de un proyecto de nación que debería ser compartido por todos, incluida, ojalá, los que han tenido una conducta hostil. Es todo un tema político y muy actual.

La respuesta corta es clara: sí deberían jugar un papel importante, sin renunciar a sus intereses individuales. Riesgos siempre habrá, pero hay que asumirlos con inteligencia y resolución. Lo más importante es el interés del pueblo y su bienestar, ¿es difícil hacer todo eso compatible? Sí. ¿Es imposible? No. Quizás este sea el desafío político más importante hoy.

Un escenario de negociación con Estados Unidos es lo más deseable, pues podría cambiar notablemente el cuadro, la superación de la crisis económica, etc. Creo que el gobierno ha trabajado y trabaja intensamente en ello, hoy con la experiencia de los años, de la historia, de los errores del pasado, etc. Pero la pregunta siempre ha de ser: negociar qué y para qué.

Es ahí donde la claridad de la respuesta ha de ser meridiana. Una posición amplia que incluye muchas decisiones sensibles, pero puntos muy claros acerca de que no es negociable bajo ninguna circunstancia. Se ha dicho que la soberanía y el orden interno, y yo estoy de acuerdo. Los temas internos de Cuba son un problema de los cubanos, de todos los cubanos, pero sin añadiduras.

El gobierno norteamericano debe estar consciente y seguro de que Cuba está dispuesta a avanzar y a poner mucho sobre la mesa, excepto lo irrenunciable. Esa conciencia podría dar lugar a una relación de respeto y mutua conveniencia. Ahora bien, ¿estará dispuesto el gobierno de Estados Unidos y esta administración en particular a establecer un marco adecuado de negociación?

Cuba debe trabajar para eso, pero también estar preparada para la peor de las situaciones, incluida una indeseada agresión militar. La soberanía, bien entendida, es irrenunciable, lo que no requiere fundamento académico. Es la voluntad histórica de un pueblo demostrada durante casi dos siglos. Ahora no habrá de ser diferente. Negociación sí, toda la posible, realista y amplia; pero imposición y concesiones de soberanía, bajo ninguna condición.

Desde 2011, se han venido adoptando sucesivos programas de reforma, alcanzando acuerdos en congresos del PCC, aprobando una nueva Constitución y nuevas leyes. Sin embargo, el proceso de reformas se ha estancado y hasta cierto punto parece haber extraviado su curso. ¿Qué razones hay para pensar que a partir de hoy será diferente?

JTC: Te diría que hay muchas razones y ninguna.

La primera razón para pensar diferente es el contexto internacional en el que Cuba se está desarrollando hoy, que ha cambiado tremendamente y genera mucho estrés a la hora de manejar el país. Esta situación puede empujar a ese proceso de reformas y que no pase lo que ha pasado otras veces.

Segundo, tenemos ahí la permanente amenaza de Estados Unidos y sus intenciones de cambiar el país, en función de lo que ellos entiendan que debe cambiar. Obviamente, ese es un elemento que empuja para hacer este proceso de reformas y no virar hacia atrás.

Lo tercero es la situación económica y social, esa policrisis en la que estamos todos metidos y sufrimos constantemente. Si no hay una reforma, está muy claro que va a ser muy difícil poder salir de esta policrisis.

También hay que entender que este gobierno ha tenido un proceso de aprendizaje. Hoy está en una situación con muy pocas alternativas, como no sean las de seguir un camino de reformas, que ya fue trazado en líneas generales y nunca se siguió, sino que se detuvo y se echó para atrás. Ahora hay que seguirlas, y esa es otra razón, sin lugar a dudas. Ahí hay un proceso de aprendizaje, que cuenta bastante.

OEP: El modelo que se avecina es diferente. Aunque es cierto que hemos aprobado decenas de programas, hemos alcanzado miles de acuerdos y hemos pasado balance de los congresos del Partido, la Constitución, las leyes, etc., sin embargo, el país no ha avanzado. Y entre las trabas por las que el país no ha avanzado, está el haberle tenido miedo al sector privado, que es un problema ideológico.

Hoy deberá ser diferente, porque reitero que Cuba está sola en el mundo. Nunca se había estado en un momento de policrisis como este. Significa que tenemos crisis financiera, de alimentación, largos apagones, problemas con los medicamentos y problemas con el transporte, todo junto.

En una familia cubana hoy se duerme mal, se come mal, se transportan caminando a los centros de trabajo, se gana poco y hay una alta inflación. No ha habido otro momento en la historia reciente de Cuba —hablando de los 90 para acá— que presente esta situación tan convulsa y tan complicada.

Si queremos salvar, no el modelo, sino al país, tenemos que hacer las cosas diferente. Si seguimos haciendo lo mismo, vamos a seguir repartiendo miseria. Si hay políticas nuevas que conlleven cambios constitucionales, hay que hacerlos. Si hay que eliminar en la Constitución aquello que dice que no se permitirá la concentración de los ingresos ni la propiedad, hay que cambiarlo. Mientras que sea legítimo, mientras que sea legal, mientras que el sector privado dé determinados bienes y servicios, ¿por qué cogerle miedo? La fuerza del Estado radica en lograr ponerle impuestos a esas actividades y después redistribuirlos a nivel de la sociedad.

Para mí, la única cosa diferente es que hay que hacer un país con mercado.

JCV: Hemos llegado a una situación límite: la agresión externa por un lado (que no es solo el bloqueo) y las insuficiencias internas por otro, entre ellas el tremendo retraso de una reforma económica integral y profunda. Ese ha sido uno de esos principales errores; lo hemos dicho y argumentado al menos desde hace más de tres décadas, cuando era ya evidente el agotamiento del modelo económico de planificación burocrática.

Si uno lee los documentos aprobados en los congresos del partido desde 2011, y después la Constitución de 2019, aprecia que esa realidad se comprende desde entonces; y que se aprobaron documentos que daban el espacio político y legal necesario para la reforma. Sin embargo, inercias, incomprensiones, dogmatismos e intereses creados fueron una permanente fuerza en contra.

Lo nuevo ahora es haberlo asumido; y la voluntad política para avanzar por encima de esa resistencia. Va a ser difícil, pero el camino ya empezó. Hay que tener cuidado con aquella máxima existente en Cuba desde época de la colonia: “Se acata, pero no se cumple”. Pero es preciso acabar con esos obstáculos sedimentados, tan fuertes como difusos, por eso son tan difíciles de eliminar. Nunca faltarán, pero con consenso, participación popular imprescindible, rendición de cuentas y una conducción certera se puede lograr.

Es difícil declararse pesimista u optimista frente a un proceso tan complejo. Debemos ser realistas y, como decía Gramsci, continuar, quizás, con el pesimismo de la mente, pero siempre con el optimismo del corazón.

viernes, 29 de mayo de 2026

Principios rectores para la transformación económica de Cuba

 Por Omar Everleny, Cuba Economic Review

Dr. en Ciencias Económicas por la Universidad de La Habana

La profundidad de la crisis cubana —expresada en desequilibrios macroeconómicos, deterioro productivo, escasez persistente y debilitamiento institucional— confirma la necesidad de una transformación económica de gran alcance. Las sanciones del Gobierno de Estados Unidos han agravado las restricciones externas, pero los problemas actuales también responden a errores de conducción económica y a fallas estructurales del modelo vigente.

La salida no puede reducirse a ajustes parciales ni a medidas administrativas inconexas. Cuba necesita avanzar hacia una economía de mercado regulada, abierta e inclusiva, sustentada en la estabilidad macroeconómica, la competencia, la plena coexistencia de distintas formas de propiedad, el Estado de derecho y la protección social. En términos generales, se trata de construir una economía social de mercado adaptada a las condiciones cubanas.

Ese proceso no debe improvisarse. Requiere prioridades claras, una secuencia de políticas realista y principios rectores que orienten tanto la estabilización inicial como las reformas estructurales posteriores. Los principios que siguen buscan ofrecer una base de discusión para dicho programa de transformación.




Estabilizar para ganar tiempo, reformar para crecer

Cualquier programa de transformación económica en Cuba debe partir de una premisa básica: el país necesita estabilizarse para poder reformarse, pero no puede estabilizarse de manera sostenible sin reformar las bases que produjeron el estancamiento. La estabilización y la reforma no son etapas aisladas; deben entenderse como dos dimensiones de un mismo proceso.

La fase inicial debe centrarse en frenar el deterioro de los principales desequilibrios macroeconómicos y sociales: déficit fiscal, emisión monetaria sin respaldo, inflación, recesión, escasez de combustibles, alimentos y medicamentos y pérdida de confianza en el sistema bancario. Sin un mínimo de estabilidad, la economía seguirá operando en condiciones de fragilidad extrema y será muy difícil implementar cambios de mayor alcance.

La estabilización debe enviar señales creíbles a la población, a los productores, a los ahorristas y a los inversionistas potenciales. Esto supone reconstruir la confianza en la moneda, los bancos, la política fiscal y la capacidad del Estado para cumplir con reglas previsibles. También exige transparencia sobre la situación fiscal, monetaria y financiera del país, así como sobre los costos reales de las medidas adoptadas.

Al mismo tiempo, estabilizar no puede significar solo administrar la escasez. Cuba no recuperará una trayectoria de crecimiento si no cambia las instituciones, los incentivos y las reglas que han conducido al estancamiento productivo. Algunas instituciones deberán transformarse, otras desaparecer y otras crearse para sostener un nuevo modelo económico. Entre las reformas necesarias figuran una nueva ley de empresas, un marco moderno para la inversión extranjera y normas que garanticen la competencia, la transparencia y la seguridad jurídica.

Una vez superada la fase más caótica de la crisis, la prioridad debe desplazarse hacia la transformación estructural: elevar la productividad, modernizar sectores estratégicos y crear condiciones para que los actores económicos puedan invertir, producir, importar, exportar y competir. Esto implica estimular el crecimiento del sector privado, cerrar o reestructurar empresas estatales inviables, otorgar autonomía real a las empresas públicas eficientes y atraer inversión extranjera bajo reglas claras, estables y no discriminatorias.

Priorizar la oferta, la productividad y la reconstrucción de capacidades productivas

La emergencia social obliga a atender de inmediato el consumo esencial de la población. Sin embargo, un programa de transformación no puede centrarse únicamente en la demanda. El problema central de la economía cubana es la contracción de la oferta, la baja productividad y la destrucción progresiva de las capacidades productivas. Por tanto, la política económica debe orientarse a producir más, producir mejor y reducir costos.

La escasez de alimentos ilustra con claridad este problema. En la actualidad, una parte importante de la oferta disponible llega a través de importaciones privadas, con altos costos y precios elevados. Esas importaciones han contribuido a aliviar ciertos desabastecimientos, pero no sustituyen la necesidad de reconstruir la producción nacional. Una mayor producción interna permitiría ampliar la oferta, reducir las presiones inflacionarias, crear empleo y mejorar de manera sostenible los salarios reales.

El aumento de los ingresos nominales sin expansión de la oferta alimenta la inflación y deteriora el poder adquisitivo. Por ello, la recuperación del salario real debe apoyarse en incrementos efectivos de la productividad y en una mayor disponibilidad de bienes y servicios. La política económica debe crear incentivos para producir, invertir, contratar mano de obra, innovar y competir.

Para lograrlo, el Estado debe desmontar las trabas que limitan la producción. En la agricultura, esto implica reducir la burocracia, eliminar restricciones a la comercialización, descentralizar la toma de decisiones, ampliar el acceso al crédito y permitir que los productores respondan a señales de mercado. También debe reducirse el peso de los monopolios estatales y de las restricciones constitucionales o legales que inhiben la acumulación productiva, la inversión privada y el crecimiento empresarial.

La estrategia de oferta debe concentrarse en sectores con capacidad de arrastre sobre el resto de la economía: energía, alimentos, turismo, cadenas de suministro y servicios asociados a la modernización productiva.

Protección social y construcción institucional

La transformación hacia una economía social de mercado solo será viable si combina apertura económica, disciplina macroeconómica y protección social efectiva. La protección social y la construcción institucional no son procesos separados: se refuerzan mutuamente y determinan la legitimidad del cambio.

Cuba tiene una tradición de políticas sociales amplias, aunque muchas de sus capacidades se han deteriorado. La salud pública, el acceso a vacunas y medicamentos, la educación, la cultura y las pensiones forman parte de un legado que debe preservarse y reconstruirse. Sin embargo, esa protección no puede basarse en promesas generales ni en subsidios universales insostenibles. Debe evolucionar hacia un sistema más focalizado, transparente y capaz de llegar primero a quienes más lo necesitan.

La protección social será indispensable para mantener el apoyo ciudadano a las reformas. Un proceso de estabilización y reestructuración puede generar costos de corto plazo, incluidos cierres de empresas inviables, cambios en los precios relativos y reasignación de empleo. Sin un colchón social creíble, esos costos pueden traducirse en rechazo político y en un deterioro de la cohesión social.

Para que la protección social funcione, se requieren instituciones confiables. Un sistema de subsidios sin registros actualizados puede excluir a hogares vulnerables o beneficiar a personas que no necesitan asistencia. Por ello, el país debe desarrollar capacidades administrativas modernas: registros públicos, digitalización, mecanismos de auditoría, controles contra la corrupción y canales de reclamación accesibles para la ciudadanía.

La construcción institucional también exige profesionalizar el sector público, mejorar los incentivos de los funcionarios, fortalecer la transparencia y garantizar el cumplimiento de la ley. Un Estado de derecho adaptado a las circunstancias de la transición debe asegurar reglas estables, límites al poder discrecional, independencia de los mecanismos de control y una protección efectiva de los derechos económicos y sociales.

La protección social no debe verse solo como un gasto. Es una inversión institucional y política que permite sostener reformas difíciles, proteger a los más vulnerables y evitar que la transición se traduzca en exclusión. En una economía social de mercado, el mercado debe generar eficiencia y crecimiento, mientras que el Estado garantiza las reglas, la competencia, la estabilidad y la protección frente a riesgos sociales.

Secuencia, coherencia y factibilidad

Un programa de transformación económica debe definir con precisión qué medidas se adoptan primero, cuáles dependen de otras y cuáles requieren condiciones previas para ser efectivas. La secuencia importa. No todas las combinaciones de políticas producen los mismos resultados, y un orden equivocado puede agravar la inestabilidad en lugar de corregirla.

La experiencia del llamado Ordenamiento ofrece una lección relevante. El aumento de salarios y precios administrados se aplicó en un contexto de oferta restringida, baja productividad y escasa capacidad de respuesta empresarial. El resultado fue una aceleración inflacionaria que erosionó rápidamente el poder adquisitivo de los ingresos. Antes de expandir los ingresos nominales de manera generalizada, debió fortalecerse la capacidad productiva, liberalizarse con mayor consistencia la actividad empresarial y crearse condiciones para la expansión de la oferta.

La coherencia exige que las políticas no se contradigan entre sí. No se puede pretender controlar de manera sostenida los precios sin ampliar la oferta. Tampoco se puede estimular la creación de empresas mientras se restringe su acceso a insumos, divisas, importaciones, crédito o mercados. Del mismo modo, no puede atraer capital externo —incluido el de cubanos residentes en el exterior— sin modificar el marco legal vigente, garantizar la seguridad jurídica, permitir la repatriación de utilidades y establecer mecanismos confiables de resolución de disputas.

La factibilidad obliga a reconocer los límites políticos, administrativos, financieros y sociales. No todo lo necesario puede ejecutarse en la primera fase. Un programa realista debe distinguir entre medidas de emergencia, reformas institucionales inmediatas y transformaciones de mediano plazo. También debe considerar la capacidad del Estado para implementar las políticas, el tipo de apoyo externo requerido y el grado de aceptación social de los costos iniciales.

La población cubana ya ha soportado un ajuste severo: caída del consumo, deterioro de los servicios públicos, escasez de alimentos y medicinas, apagones prolongados, falta de transporte y pérdida de ingresos reales. Por eso, cualquier estabilización adicional debe diseñarse con sensibilidad social y con mecanismos explícitos de protección. La estrategia debe combinar tres criterios: una secuencia clara, una arquitectura de políticas coherente y una evaluación rigurosa de lo que puede ejecutarse en cada etapa.

Estos principios no sustituyen un programa económico detallado, pero sí establecen criterios para evaluarlo. Un modelo de economía social de mercado solo será viable si combina disciplina macroeconómica, libertad económica, competencia, seguridad jurídica, inclusión social y capacidad institucional. Sin esa combinación, la transformación corre el riesgo de reducirse a un nuevo ciclo de medidas parciales, insuficientes para superar la crisis estructural del país.

lunes, 4 de mayo de 2026

¿Es Cuba un país en bancarrota?

Ofrecer un criterio sólido del estado actual de la economía cubana solo es posible si se analizan algunos indicadores, tanto macroeconómicos como sociales.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS



En primer lugar, debemos tener en cuenta que la economía cubana ha venido decreciendo constantemente en los últimos años. En 2025 la caída fue de un 5%, y es el tercer año consecutivo de ese descenso.
 Se espera que en 2026 los resultados podrían ser de una caída del PIB de dos dígitos, con respecto al año anterior.

Lo positivo es que, aún alto, el déficit fiscal fue disminuyendo en 2025 con respecto a 2024.

Un pequeño resumen a nivel de la macroeconomía, indica que la economía no crece, hay alta inflación, hay déficits fiscales, hay endeudamiento externo y no se reciben créditos, entre otros desequilibrios.

Está presente el exceso de emisión monetaria que todavía no se logra recuperar vía ingresos al presupuesto estatal, por la aun baja oferta estatal de bienes, y que todo indica que no se recupera en el corto ni mediano plazo.

Un pequeño resumen a nivel de la macroeconomía, indica que la economía no crece, hay alta inflación, hay déficits fiscales, hay endeudamiento externo y no se reciben créditos, entre otros desequilibrios.

Evidentemente, en un país que sufre largos apagones en los últimos dos años, la producción industrial se ha visto muy limitada, y al parecer como resultado del bloqueo energético impuesto por Estados Unidos a comienzos del 2026, los resultados a obtener son muy desalentadores.


Pero en la agricultura se ha corroborado más que un desastre por la caída de producciones agrícolas prioritarias para la alimentación de la población, según el gráfico siguiente que fue elaborado por el economista Pedro Monreal en su blog El Estado como tal.


En la marcha de la economía cubana ha incidido con mucha fuerza, la casi carencia de créditos internacionales y la balanza insuficiente de divisas.

En medio de la crisis que se atraviesa, la principal industria del país casi ha desaparecido, ya que los valores de la zafra azucarera hacen retrotraerse a más de 100 años atrás. Así la zafra 2025 fue casi nula para las necesidades del país, solo se cumplió el 42% del plan que era bajo y la zafra de 2026 se paralizó en su inicio por falta de combustible.


 Bajan los ingresos



La oferta distribuida mensualmente en las bodegas de barrios ha experimentado el retiro casi total de los alimentos que se entregaban estatalmente. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

A este escenario descrito se sigue produciendo un continuo deterioro del poder adquisitivo de los salarios y pensiones, a pesar de algunos incrementos en el sector presupuestado, por la alta inflación existente y el retiro casi total de los alimentos que se entregaban estatalmente.

O sea, la canasta básica ha tenido grandes dificultades para su completamiento a las familias cubanas o se puede decir que se ha extinguido, y ahora se ha divulgado que se acabaría la universalidad para dar inicio  un proceso más focalizado.

El salario medio mensual ajustado a la inflación muestra que en 2021 era de 2171 pesos, sin embargo en diciembre del 2025 el mismo era de 1493 pesos, es decir un deterioro muy marcado en el poder adquisitivo de las remuneraciones.

Sucede también que la población está sufriendo la falta de medicamentos, donde ya no se garantiza ni siquiera los medicamentos controlados entregados por el clásico tarjetón de medicinas. Las consecuencias sociales dejan de ser efectos secundarios para convertirse en rasgos fundamentales de la crisis.  La desigualdad ha crecido, la pobreza se ha extendido y hay desconfianza en volver a estar en mejores condiciones.

Es comprensible que no se pueden lograr divisas en el país, por el constante incumplimiento de los ingresos de los rubros exportables como el níquel, azúcar, miel, ron y camarones de mar.

El sector que había cifrado las esperanzas para el gobierno y el país era el Turismo, un sector en retroceso durante los últimos tres años. Se prevé, inclusive, que este 2026 sea el de peores resultados en dos décadas.


Los indicadores mostrados ya permiten afirmar que la economía cubana está en bancarrota, es decir en su peor momento económico. Hasta ahora, las medidas adoptadas por las autoridades  no favorecen el cambio de esas tendencias.

La implementación de la nueva tasa de cambio flotante creó ciertas expectativas, pero a la vez ha creado mucha incertidumbre, ya que los resultados no han sido los esperados, especialmente porque la infraestructura física que se necesita, no se ha desarrollado.

La gráfica siguiente es muy interesantes de analizar. Por ejemplo, ahí se muestra que a pesar de que el indicador del PIB muestra recesión económica o sea caídas sistemáticas, cuando se analiza al interior de esas cifras, los resultados son más que asombrosos, ya que los descensos de la agricultura, la industria y otras son aún más profundos cuando se comparan las cifras del 2024 con respecto a las del 2019.


Solo se han analizado algunas áreas de la economía cubana, y solo ellas demuestran que la economía cubana no remonta periodos anteriores de mejor situación económica, sin embargo, las autoridades cubanas, aunque exponen las insuficiencias que presenta el esquema de planificación centralizado que utilizan, sigue solo en anuncios lo que debería hacerse, pero sus resultados positivos hacia el crecimiento económico no aparecen al día de hoy.

La solución ya repetida por todos es implementar la reforma integral de la economía pospuesta, y darle al mercado el papel que debe ocupar en una sociedad con tanta ineficiencia económica, y que para los malentendidos no es pasar al capitalismo neoliberal, si no un modelo social con mercado, como el aplicado por China y Viet Nam.

Es imposible pensar que la economía cubana saldrá rápidamente del estado en que se encuentra, ya que siguen pensando en tener el control administrativo de las entidades y siguen trabajando con la dañina hipercentralización. No quieren entender que el uso de los topes de precios es funesto para el avance del mercado y no se dan cuenta de que esa herramienta ha demostrado que no funciona como contención de la inflación.

Y aunque existe un Programa de Gobierno económico, la práctica dice que trabajan en resolver urgencias, no acaban de hacer la reforma integral de la economía, que debe ser la introducción del mercado.

La solución ya repetida por todos es implementar la reforma integral de la economía pospuesta, y darle al mercado el papel que debe ocupar en una sociedad con tanta ineficiencia económica, y que para los malentendidos no es pasar al capitalismo neoliberal, si no un modelo social con mercado, como el aplicado por China y Viet Nam.

Me gusta resaltar lo expresado por el secretario general del Partido Comunista de Viet Nam en su conferencia magistral en marzo del 2018 en el Aula Magna de la Universidad de la Habana.

“Somos conscientes de que la economía de mercado es el resultado de la civilización humana con lo que se puede coexistir y adaptarse con las diferentes modalidades sociales. La economía de mercado en sí misma no podía derivar en socialismo pero para construir con éxito el socialismo es necesario desarrollar la economía de mercado de manera adecuada y correcta. Esto en concordancia con el objetivo de lograr la independencia nacional y el socialismo adecuados a la condición concreta de cada país”.

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Ideas para retomar el camino hacia el bienestar en general



Se necesita reorientar las inversiones, no solo en cantidad sino en otros objetivos no priorizados, como la agricultura. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

1.-Lo primero seria estabilizar el país, es decir mejorar los indicadores macroeconómicos deteriorados, pero debe ser un proceso acompañado de una etapa de recuperación de los sectores productivos.

2.- Otorgar prioridades (Energía, Agricultura e Infraestructura)

3.- Hay que reorientar las inversiones, no solo en cantidad sino en otros objetivos no priorizados, como la agricultura.

4.- Además, hay que invertir fuertemente en la infraestructura física del país. Eso incluye la restauración de la red energética del país a partir de la inversión de los recursos que se aporten desde la inversión extranjera directa.

5.- Achicar el tamaño de la burocracia estatal a todos los niveles, que incluya la desaparición de estructuras intermedias de producción, para solo poner un ejemplo, erradicar las OSDE y reorganizar ministerios.

6.- Es necesario una nueva reforma agraria y la eliminación de todo el sistema empresarial estatal en el sector agropecuario, es decir es muy importante una transformación profunda del subsistema de producción agropecuaria y la reforma de la empresa estatal, es decir sectores que propicien bienes de consumo deficitarios en el país.

7.- Hay que eliminar la sobre-regulación que domina el entorno legislativo cubano.

8.- Una de las propuestas para la reconstrucción de toda la industria nacional, tiene que abarcar la instrumentalización de una ley de bancarrota, para aquellas empresas que son un lastre para las finanzas del estado, durante un tiempo prolongado. Es decir, el abandono del subsidio a los actores económicos e implementación de una ley de quiebra.

9.- Se deberá transitar desde el actual modelo de «igualdad en la miseria» hacia un modelo de desarrollo económico y de prosperidad en el que deberán crearse soluciones y políticas contra la desigualdad y donde el mercado juegue el papel que le corresponde.

10.-Debe buscarse alternativas para empezar a erogar la deuda externa, intentar estabilizar la balanza de pagos, hasta incentivar el microcrédito internacional. O sea, una estrategia integral para la renegociación de las obligaciones financieras que ha acumulado Cuba.

11.- La frase esgrimida de que no están creadas aun las condiciones, han sido siempre muy confusas, y precisamente si no se acelera el paso en la toma de las medidas que lleva esta economía, las condiciones para el despegue económico no se crearan y se seguirá en modo sobrevivencia.

12.- Hay que seguir insistiendo en que no es la Bancarización un problema en si mismo, si no que no se creó la infraestructura física que debería acompañar ese proceso. Y que hay normas que contradicen ese proceso, como es la limitación de los montos depositados que se pueden extraer, lo que frena los montos elevados de depósitos.

13.- Sería necesario en un tiempo de dos años exonerar de pagos de impuestos o reducirlo al 50% a los negocios que recién comienzan.

14.- Los topes de precios deben eliminarse, no resuelven la reducción de precios de los productos, sino que provocan escasez de estos, los precios que los defina el mercado. Esos topes corresponden a otro momento del pasado.

15.- Sería factible que el gobierno defina que no puede construirse en la realidad actual el socialismo sin apellidos, es decir debe aprobarse el término Economía Socialista de Mercado.

Para que un país en el grado de deterioro económico en que se encuentra salga de ese punto, lo esencial es que debe haber una definición del tipo de modelo socioeconómico que se quiera desarrollar, el que se tiene en la actualidad dista mucho de resolver los problemas acuciantes de la población. Y eso conlleva al abandono de la visión de la planificación centralizada como la que se ejecuta en la actualidad. Todo esto sin olvidar que Cuba se encuentra sometida a un bloqueo que la asfixia. (2026)