Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 1 de mayo de 2018

Turismo en Cuba: mirar al futuro con habilidad estratégica y flexibilidad táctica


Por: José Luis Perelló. Cuba Posible


Foto: Juventud Rebelde
Como es conocido, la estrategia de desarrollo del turismo cubano se asentó, desde los inicios de la década de los años 90 del pasado siglo, en la construcción de hoteles en zonas de playa, dirigidos hacia los mercados emisores de Europa occidental y, en especial, hacia el turismo canadiense.
Durante todos estos años, la estrategia del turismo cubano no contempló como prioritario al mercado estadounidense en sus planes de desarrollo y comercialización. Más de 50 años de constantes confrontaciones, restricciones de viajes y prohibiciones para el comercio, indicaban que un horizonte diferente en estas relaciones no era previsible en un corto o mediano plazo.
Las potencialidades de grandes proyectos como las marinas internacionales, los campos de golf con inmobiliarias, la Zona Especial de Desarrollo Mariel y el Proyecto Integral de Desarrollo de la Bahía de La Habana, entre otros, han convivido en estos últimos años con lastres como la ausencia de recursos materiales y financieros, la poca inversión extranjera directa, la descapitalización y la dualidad monetaria.
La modificación de algunos aspectos de la política del Gobierno de Estados Unidos, en la última etapa del gobierno de Barack Obama, con la ampliación de las licencias para viajar a Cuba y la eliminación de algunas restricciones, insertó nuevos retos al escenario turístico cubano. La normalización de los viajes desde Estados Unidos, muy poco probable durante la actual Administración republicana, impondrá un gran desafío al sector turístico, a toda la cadena de valor y a los gobiernos locales.
Ante un escenario de normalización, la preocupación no radica en los “impactos sociales” del turismo; pues estos ya han ocurrido durante las últimas dos décadas, en que Cuba ha recibido más de 45 millones de visitantes internacionales. El problema radica en el “impacto de consumo” de nuevos segmentos de viajeros, más exigentes de la calidad y variedad en los servicios y en los productos que demandan. No es el segmento de “sol y playa” en modalidad all inclusive, que caracteriza al modelo turístico cubano; sino un visitante que se interesa por las ciudades, las actividades culturales, los deportes náuticos y, sobre todo, a las relaciones interculturales que se dan en espacios cosmopolitas.
A partir de 2012, el Plan Nacional de Desarrollo Social hasta 2030 del gobierno cubano, reconoce que el turismo tiene un papel fundamental en el futuro del país y lo ha considerado como un “sector estratégico”; priorizando la construcción de nuevos hoteles y complejos vacacionales en zonas del litoral y en algunos territorios urbanos con atractivos suficientes para atraer a nuevos segmentos del turismo internacional. Ningún otro sector puede desatar la expansión económica y generar un despegue de la agricultura y la industria, pero antes se requiere de una revisión profunda de las políticas económicas gubernamentales, que aunque actualmente están en curso, llevarán tiempo.
Los cambios del mercado turístico representarían que los destinos específicos dentro de Cuba, no serían solamente los tradicionales de “sol y playa”; con sus grandes resorts “todo incluido” que administran las cadenas hoteleras extranjeras; sino los barrios, sitios y ciudades que, como La Habana, atesoran los recursos y atractivos que demandarán los nuevos visitantes.
En este artículo se pretende analizar cuál ha sido el comportamiento del turismo cubano en los últimos cinco años; el rol de complementación para otros sectores económicos, y su articulación con una nueva estrategia de desarrollo turístico intensivo e inclusivo.
Desempeño del turismo en Cuba.
En los últimos cinco años el turismo internacional hacia Cuba ha mantenido ritmos estables con una tasa de crecimiento promedio anual del 13 por ciento, pese al deterioro de la planta hotelera (sobre todo urbana) y a las dificultades con las importaciones de bienes que tributan directamente a la oferta.
Otra característica que se viene observando en los últimos años se refiere a la concentración de los arribos en unos pocos emisores. En este sentido, América del Norte participa en casi la mitad de las llegadas a Cuba, pero por debajo de la media del Caribe.
Desde la apertura de Cuba al turismo internacional, a finales del pasado siglo, producto de coyunturas políticas regionales, Canadá comenzó a ser el principal emisor de turismo, que junto a emisores europeos constituían el núcleo de los arribos a la Isla. La percepción general del mercado, tanto en sus inicios como en la actualidad, es que Cuba es el destino menos “americanizado” de la región. El destino con menos presencia en cuanto a vacacionistas estadounidenses se refiere, y el menos “contaminado” en cuanto a la injerencia de capital norteamericano.
Las relaciones políticas y comerciales entre Cuba y Estados Unidos se han caracterizado, en los últimos 50 años, por períodos de relajación de tensiones y algunas acciones de acercamiento, seguidas de retrocesos y fuertes restricciones en correspondencia con los intereses políticos predominantes en cada período presidencial de la nación norteña. Esta constante inestabilidad en las relaciones entre los dos países repercute esencialmente en la industria de los viajes, el turismo y en toda la cadena de valor; por su esfera de influencia a escala global.
Un período de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba se produjo a partir de diciembre de 2014, cuando la administración demócrata de Barack Obama flexibilizó significativamente las restricciones a los viajes desde Estados Unidos a la Isla, lo cual se tradujo en un flujo creciente de visitantes estadounidenses; y que arrastró a muchos viajeros de otros mercados emisores, principalmente europeos.
A pesar de este clima de tolerancia, las restricciones al comercio y a los viajes desde Estados Unidos continuaron excluyendo a Cuba como destino turístico de los estadounidenses, principal mercado emisor del Caribe. En los últimos cinco años, el flujo aéreo de viajeros estadounidenses hacia destinos caribeños ha oscilado entre 7,1 y 7,9 millones, como se refleja en la tabla siguiente.
Este fenómeno de corte socio-político ha servido para consolidar el mercado de vacacionistas canadienses a Cuba, como su mercado principal; aunque comienza a presentar un decrecimiento a partir de 2016, producto del aumento en los precios de las reservaciones hoteleras, unido a la devaluación del dólar canadiense.
Turismo de cruceros en Cuba
El sector turístico cubano está apostando al turismo de cruceros como componente importante de su estrategia de desarrollo turístico a mediano plazo. Para Cuba, el turismo de cruceros es un complemento importante del turismo de estancia, aunque este último continuará siendo el principal objetivo de la industria del ocio en el país y origen de la mayor parte de los ingresos. Sin embargo, el “crucerismo” tiene un potencial de crecimiento mayor (a corto y mediano plazo) que el turismo de estancia; además de contribuir a la imagen de Cuba como destino seguro y hospitalario.
El turismo de cruceros representa uno de los segmentos del mercado turístico que mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años, especialmente en la región del Caribe, con una tasa promedio de crecimiento anual del 10 por ciento; donde Cuba como destino más nuevo y atractivo, tiene posibilidades de obtener una parte muy importante del negocio, entre los principales destinos de cruceros de la región. Contribuyen en este escenario el privilegiado patrimonio histórico, natural y cultural que conforman su principal atractivo y motivo de inversión, lo cual ha sido aprovechado por las empresas turísticas internacionales entre las cuales están las compañías de cruceros. Sin duda alguna, esta forma de turismo se ha transformado en un fenómeno global en el cual Cuba, como destino turístico, tiene que insertarse.
En este aspecto hay que tener en cuenta el creciente interés de los turistas de Estados Unidos por visitar Cuba y la seguridad que les ofrece hacerlo desde un crucero, así como la variedad de puertos de escala que ofrece el archipiélago cubano, superior a cualquier otro destino en la región.
En este escenario geopolítico, el actual gobierno republicano, a pesar de anunciar la reversión de muchas de las medidas de la administración de Barack Obama sobre los viajes a Cuba, excluyó específicamente al turismo de cruceros1. El mismo, no obstante, lanzó una señal de que el levantamiento completo del bloqueo de Estados Unidos a Cuba se mantiene como algo lejano, y por tanto, el impacto pleno de la integración de Cuba al mercado turístico caribeño está por ocurrir.
En estos últimos cinco años, la paulatina implementación de una política para el desarrollo turístico, impulsada por la “actualización” del modelo económico cubano, ha permitido estimular las nuevas inversiones y la entrada de compañías hoteleras.
Al cierre de 2017, el país contaba con 68,185 habitaciones físicas distribuidas en todos los territorios de interés turístico. Las principales cadenas hoteleras cubanas -Gaviota, Gran Caribe, Cubanacán e Islazul- concentran el 98,4 por ciento de las habitaciones existentes.
Como se puede apreciar en la Tabla 4, la distribución de la infraestructura de alojamiento está condicionada por los factores de la demanda y por la intencionalidad del desarrollo turístico. En este sentido, se conoce que los territorios turísticos de mayor desarrollo se han concentrado en las zonas costeras con playas de arenas blancas, mostrando una voluntad por el turismo de “sol y playa”, en correspondencia con el crecimiento de los mercados de turismo masivo canadiense y europeo.
Con la implementación de un nuevo marco jurídico para la inversión extranjera y las asociaciones con cadenas hoteleras internacionales, se han concertado acuerdos y constituido 13 empresas mixtas que incluyen 4,995 habitaciones en instalaciones hoteleras y 90 contratos de administración y comercialización con compañías internacionales.
Al terminar el 2017, unas 20 cadenas extranjeras gestionaban 43,805 habitaciones  –de las 68,185 con que cuenta el país–, en 118 instalaciones bajo contratos de administración y comercialización (CACH), que representan el 64 por ciento de todas las habitaciones.
Entre las principales cadenas hoteleras internacionales que operan en la Isla se encuentran Meliá Hotels International (13,706 habitaciones), Blue Diamond Hotels & Resorts (8,472 habitaciones) e Iberostar Hotels & Resorts (7,164 habitaciones). Estas tres compañías hoteleras gestionan el 67 por ciento del total de habitaciones bajo la modalidad de contrato de administración y comercialización.
Actualmente se observa un desarrollo acelerado en la construcción y remodelación de hoteles de categoría cinco estrellas o superior, en contratos de gestión con cadenas hoteleras internacionales, entre estas inversiones se destaca la apertura del Gran Hotel Manzana Kempinsky, instalación de alto estándar con 246 habitaciones. Para el año 2018, deben concluirse en La Habana los hoteles cinco estrellas Packard (con 321 habitaciones), administrado por Iberostar Hotels y el Sofitel Paseo del Prado (con 264 habitaciones), con la compañía francesa Accor.
La Habana como destino turístico.
En estos últimos cinco años, La Habana ha recuperado su imagen cosmopolita que la identificaba como punto de encuentro obligado para todo “forastero” que visitaba esta parte del mundo. La capital cubana, Patrimonio de la Humanidad decretado por la UNESCO en 1982, no vivió el atroz proceso especulativo que arrasó valores insustituibles en otras grandes urbes de América. Tampoco hubo suficientes recursos para nuevos proyectos, ni para garantizar un mantenimiento sistemático de sus valores arquitectónicos. Hoy, La Habana se presenta como una ciudad intacta, junto a su puerto cargado de historias. Deteriorada, pero sustancialmente íntegra, vital y activa, una ciudad que reta, día a día, al proceso de su salvaguarda consciente y reclama su condición histórica de “Llave del Nuevo Mundo y antemural de las Indias Occidentales”2.
Para el turista que visita la ciudad, el pasado siempre está presente. La Habana parece estar detenida en el tiempo y atrapada en sus circunstancias. Paradójicamente, la falta de recursos ha contribuido a que este patrimonio histórico haya llegado hasta ahora sin mayores modificaciones. La impronta del pasado aparece en cada calle, cada esquina, en sus edificios, parques y ruinas; que claman por la reconstitución.
A partir del esquema de ordenamiento territorial y el plan de desarrollo turístico, surgen nuevas oportunidades para el desarrollo de la capital como centro dinámico para el crecimiento del turismo internacional, bajo la concepción de una nueva estrategia dirigida a segmentos de mercado con mayores gastos de estancia y con motivaciones distintas al turismo masivo convencional de sol y playa.
En estos últimos años, la afluencia de visitantes internacionales a La Habana ha mostrado un cambio paulatino de las motivaciones de viaje, en correspondencia con las tendencias actuales del consumo en el turismo mundial3, en el cual el denominado “turismo urbano” alcanza el 22 por ciento de las intenciones de viaje hacia ciudades capitales con valores histórico-patrimoniales.
Estas tendencias han congestionado, en determinados momentos, la oferta de alojamiento en la capital. Como se hizo referencia anteriormente, durante varios años la construcción de nuevos hoteles se ha concentrado en zonas costeras debido al modelo de “sol y playa” que ha caracterizado al desarrollo del turismo en Cuba.
La capital contaba, al finalizar el año 2017, con un total de 12,116 habitaciones físicas pertenecientes a las entidades estatales. A este fondo habitacional se añaden 11,552 habitaciones en las llamadas “casas particulares” o sector no estatal.
Ante este escenario, la participación activa de la oferta no estatal –principalmente en alojamiento y restauración–, como oferta complementaria e integrada, deberá jugar un rol protagónico en la relación entre la oferta y la demanda.
A manera de conclusiones
La nueva etapa del desarrollo de la actividad turística en Cuba exige transitar desde un modelo de desarrollo hotelero y una política oligopólica; hacia un modelo intensivo e inclusivo, con énfasis en una política que haga corresponder la diversificación de la oferta con la nueva demanda, y su autentificación en una relación coherente con la identidad cultural nacional de los productos turísticos, tanto en su conjunto como en sus numerosos componentes de lo público y lo privado, lo que equivale a la necesidad de un perfeccionamiento de la actividad turística en términos de destino integral y no solo de un conjunto aislado de productos tradicionales.
El reciente deterioro de las relaciones políticas y comerciales entre Cuba y Estados Unidos pudiera tener, a corto plazo, un impacto negativo sobre los arribos de turistas norteamericanos a la Isla; y nada real indica que habrá un cambio en la política del gobierno estadounidense de forma inmediata. A esto se añaden los impactos negativos acaecidos en el último trimestre de 2017 con el azote del huracán Irma, las alertas de viaje y las campañas sobre los supuestos “ataques sónicos”. Todos estos eventos fueron sobredimensionados por la prensa y demás medios de comunicación, precisamente, en la etapa de contrataciones para la próxima temporada alta, a partir de noviembre de 2017.
Esta nueva coyuntura exige una estrategia encaminada a revertir el posible decrecimiento en las llegadas internacionales en la próxima temporada alta. En esta estrategia, la inversión extranjera recibe atención especial con una mayor diversificación en la inserción externa con nuevos socios solventes y potencias emergentes. Al mismo tiempo, están en curso importantes proyectos que involucran recursos provenientes de China, Rusia y otros países de la Unión Europea; esta última puede jugar un rol importante en la cuestión del financiamiento. Entretanto, Cuba seguirá demostrando su habilidad estratégica y flexibilidad táctica, mientras convierte las crisis en oportunidades.

Notas al pie:
  1. Ver en “The Recent Changes To U.S. Policy On Trade With Cuba” por John S. Kavulich, president de S.-Cuba Trade and Economic Council y Gustavo Arnavat, asesor en el Center for Strategic and International Studies. Noviembre 15, 2017.
  2. Según la Real Célula de 24 de mayo de 1634, España declaraba a La Habana el carácter de “destino obligado” de viajes desde el Viejo Continente.
  3. Ver en Euromonitor International “Megatrend Analysis. Putting the Consumer at the Heart of Business”. September, 2017.

Revelan quién es el mayor enemigo de EE.UU. (y no es Rusia ni China)


El exministro de Exteriores de Dinamarca, Joergen Oerstroem Moelle, advierte que el país norteamericano se acerca al 'default' técnico.


Imagen ilustrativa
Pixabay / NikolayFrolochkin

El principal enemigo de EE.UU. no es Rusia ni China, sino su deuda, según afirma el exministro de Exteriores de Dinamarca Joergen Oerstroem Moelle, actual miembro senior del Instituto ISEAS–Yusof Ishak de Singapur, en su artículo publicado en The National Interest.

De acuerdo con el exministro, EE.UU. se acerca al 'default' técnico. Así, según los últimos datos de la Oficina Presupuestaria del Congreso, la carga de intereses estadounidense constituye un 1,6 % del PIB, lo que equivale un 9,4 % del ingreso federal. Sin embargo, incluso en el escenario más optimista, en 2022 la cifra podría ser de un 2,7 % contra un 16 % respectivamente. 

Moelle considera que la compleja situación podría ser resuelta mediante dos opciones. Una solución es cortar gastos obligatorios, mientras que la otra consiste en el aumento de los ingresos fiscales. No obstante, sostiene Moelle, ambas iniciativas serán bloqueadas por el Congreso. 

Sin embargo, se nota que tarde o temprano EE.UU. podría recurrir a una reestructuración de la deuda con ayuda de China o Japón, que poseen 1,2 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense.

Políticamente, EE.UU. "perderá"

Moelle opina que si China está de acuerdo en convertirse en acreedor de EE.UU., las dos partes saldrán ganando, ya que ambas economías solo pueden "prosperar en tándem".

China no está interesada en que la economía del país norteamericano se debilite, ya que necesita a EE.UU. como mercado para sus exportaciones. Por su parte, EE.UU. está interesado en seguir operando en los mercados chinos, donde las compañías multinacionales estadounidenses obtienen "grandes beneficios". 

No obstante, desde el punto de vista político, EE.UU. saldrá políticamente como "perdedor" debido al hecho de que la "antigua superpotencia económica" debería "pedir ayuda" para cobrar sus deudas, que han aumentado "imprudentemente" en las últimas décadas.

El día y la noche del trabajador


Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.

Una sociedad cuya riqueza es resultado de lo que hacen diariamente los trabajadores, cada vez les reconoce menos, cada vez garantiza menos sus empleos, sus derechos, sus salarios mínimamente dignos.

Es alrededor de las actividades del trabajo que vive la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un trasporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo trasporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, gira la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.

Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.

La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.

Las organizaciones de los trabajadores, para que puedan defender sus reivindicaciones, a su vez, también se debilitan, dejando a los trabajadores cada vez más fragilizados frente a la ofensiva en contra de sus derechos elementales. En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.

Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo – día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir – encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos.

Sin embargo, la mayoría aplastante de nuestras sociedades, aunque pueda no identificarse como tal, es trabajador, vive de su trabajo. Una actividad que diferencia al hombre de los otros animales, porque solo el hombre trasforma la naturaleza para sobrevivir y, así, se trasforma a sí mismo. Pero en la sociedad capitalista, el trabajador no es dueño de su trabajo, lo arrienda para poder sobrevivir, no tiene poder sobre lo que produce, a qué precio produce, para quien produce, cómo produce y no se reconoce en los productos de su mismo trabajo. Es un trabajador alienado, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción, que hace con que él sea alienado respecto a lo que el mismo ha producido.

En este año, en particular, la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.

Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. Que el próximo primero de mayo sea de nuevo un día de fiesta, de celebración, de conquistas garantizadas, de empleo seguro y de salario digno.

La vigente economía de Carlos Marx

Por Carles Manera | mayo 1, 2018 

Carles Manera, Catedrático de Historia Económica Universitat de les Illes Balears, es miembro de Economistas Frente a la Crisis
Ramon Molina, Profesor Contratado Doctor de Historia Económica Universitat de les Illes Balears
La Gran Recesión ha estimulado la búsqueda de referentes teóricos que parecían olvidados. Debemos recordar la reivindicación de Keynes –a raíz sobre todo de la caída de Lehman Brothers, en setiembre de 2008–, autor en el que muchos bucearon –no siempre con las escafandras a la vista, todo sea dicho– con el objetivo de encontrar vías de trabajo para encarar la crisis más grave desde los años 1930. El libro de Robert Skidelsky, escrito en el fragor de las quiebras bancarias y del desplome hipotecario, es una buena muestra de lo afirmado, si bien Skidelsky siempre ha recordado sin disimulo alguno las cruciales ideas del maestro de Cambridge.[1]Keynes reaparece cuando pareciera que el mainstream actual no tiene más recetas que las que han conducido a la generación del problema: el descalabro de un engranaje económico y social que parecía pétreo, inmune a los ciclos, y que no se vio venir en su profunda dimensión destructiva.[2] Pero otro autor es igualmente revisitado, éste sí de perfil y con el rabillo del ojo –no fuera cosa que se detectara que puede interesar–, si bien con disimulada intensidad: Carlos Marx.
Este año 2018, conmemorativo del nacimiento del economista de Tréveris el 5 de mayo de 1818, ha abierto algunas ventanas sobre sus aportaciones en forma de congresos, seminarios y libros. Desde una perspectiva general, buena parte de aquéllas son vistas críticamente, desde el momento en que relacionan a Marx, de forma exclusiva, con los regímenes que han aplicado, supuestamente, su ideario (ese socialismo “irreal”): es la visión del Marx político, en el sentido degradado del término, cercenando así sus innegables capacidades explicativas de los procesos histórico-económicos. El Marx economista sigue siendo poco conocido (si bien es muy citado de manera superficial), a pesar de ser uno de los más relevantes, cultos e innovadores en el pensamiento económico. Esta aseveración no es personal; corresponde a la que le hizo el gran economista liberal Joseph Allois Schumpeter, quien conocía profundamente las ideas científicas de Marx, que consideraba innovadoras al margen de su ideario como activista revolucionario, con el que discrepaba de manera frontal.[3]Unas ideas que deben enmarcarse, sin lugar a dudas, en la economía política clásica, junto a economistas a los que el propio Marx admiró y criticó –como Adam Smith y David Ricardo–, o a otros con los que tuvo menos confluencias –como John Stuart Mill–. Pero que tienen, esas ideas de Marx, una diferencia substancial con los grandes clásicos predecesores: Marx –al igual que, por ejemplo, Schumpeter– considera que la economía capitalista no es ni puede ser estacionaria, de forma que el desarrollo económico supone turbulencias. En el caso del austríaco, tal perspectiva le permitió analizar con mayor detalle la evolución de los ciclos económicos y, sobre todo, la función del empresario en tales coordenadas, con una extensión explicativa hacia un aspecto que los economistas han revisitado con fuerza en los últimos tiempos: el impacto de la innovación en la economía, la capacidad para incidir así en los grandes cambios de las sociedades industriales.[4]
Una de las grandes aportaciones de Marx, en su concepto general de la economía, es la relevancia explicativa de la historia. En este punto, su teoría se refuerza en los ejemplos históricos, de manera ordenada y articulada, a través de lo que Schumpeter calificó, exactamente, como tiempo histórico, produciendo a cada instante ese estado que determinará por si mismo el siguiente. Véase aquí la argumentación de la dialéctica marxiana, asumida por un economista netamente liberal. Esta vindicación de la historia y de su relación intrínseca con la economía, constituye una epistemología esencial en la contribución de Marx. Éste realiza una mezcla química –como, una vez más, subrayó Schumpeter–: fue el primer economista de rango superior que vio y enseñó sistemáticamente cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la narrativa histórica puede convertirse en “histoire raisonnée”[5] He aquí, por tanto, un crucial gran argumento: la significación de la historia económica, “fabricada” y aprehendida por el economista, como una pieza que vertebra los hechos históricos y los económicos, de forma que supera la visión compartimentada de los mismos, que la mayoría de economistas tenían hasta Marx.
Pero en el campo específico de la economía, la compleja dispersión de la obra de Marx en este terreno, con argumentos no siempre ordenados, no impide acotar algunas consideraciones que, a nuestro entender, son también de gran utilidad en la situación económica actual. De entrada, Carlos Marx se plantea una perspectiva diferente del funcionamiento de la economía, cuando concede una función prioritaria a una noción amplia de la inversión, en relación directa –y dependiente– de la rentabilidad,[6] un argumento que parte de la crítica demoledora a la “ley” promulgada por Jean Baptiste Say (en síntesis: toda oferta genera una demanda precisa, de forma que el mercado se acaba “vaciando”).[7] La inversión, acumulación de capital en términos de Marx, es por tanto fundamental: se produce cuando las ganancias se consagran a adquirir capital constante (bienes de capital) o capital variable (salarios), para hacer crecer la producción. La acumulación se determina por la proporción de plusvalía en relación con el gasto en capital, de forma que se infiere un indicador esencial: la tasa de ganancia, con relación igualmente directa con el volumen total de la misma. Durante las crisis, la plusvalía –la ganancia– no es suficiente para valorizar el capital, ello produce un retraimiento de la inversión, de manera que se llega a un punto en que el incremento del capital genera la misma o menor plusvalía que antes de ser aumentado. Esto lleva entonces a una caída de la tasa de ganancia. Este tema ha generado investigaciones de otros autores, que se han esforzado en validar o no las tesis de Marx al respecto, particularmente la importancia que concedió a la evolución de la tasa de beneficio. En tal sentido, podríamos señalar que, para Marx:
  • Las variables clave para entender la dinámica capitalista son las ganancias empresariales y la inversión.
  • Ambas están relacionadas. Las ganancias estimulan la inversión; cuando suben, la inversión en bienes de capital crece estimulada por la competencia, para acabar luego declinando. Ese declinar, es seguido por un desplome de la inversión, que infiere aumento del desempleo y descenso de salarios, que caen por la presión de los desocupados en el mercado laboral. La caída de la inversión durante la recesión sigue, por tanto, a la caída de la rentabilidad. Y la inversión se recupera durante los períodos expansivos, siguiendo así la pauta de las ganancias de los empresarios.
  • Se interrumpe la acumulación de capital, con la reducción de la inversión privada, que impone el descenso del PIB y el aumento del desempleo. Las crisis se presentan, entonces, cuando la rentabilidad se reduce.
  • En este escenario de inversión deprimida y salarios a la baja, las ganancias crecen otra vez. En recesión, por tanto, bajan las rentas del trabajo y se “destruye” capital, de forma que se genera una devaluación general de sus activos, lo que se asocia a quiebras financieras y bancarias. Una parte de las empresas desaparece, liquida sus stocks y utillajes a precio de saldo y se favorece la concentración de las más fuertes que entran a su vez en un nuevo ciclo –ahora en un mercado menos saturado– y con menos competidores.
  • La inversión se relanza y se reinicia la expansión, las empresas más innovadoras obtienen plusvalías extraordinarias por un cierto tiempo, hasta que las nuevas aplicaciones tecnológicas se generalizan y se recrudece la guerra comercial. Estamos ante el cierre de un ciclo económico que ha transitado desde la expansión y el crecimiento, hasta la parálisis y la crisis, presidido todo el proceso por las evoluciones de la ganancias empresariales y de la inversión.
Ahora bien, ¿ante la atonía de la inversión privada, la inversión pública puede ser una salida plausible? Aquí podría anudarse un enlace entre Marx y Keynes. Y todavía más: en estos aspectos –tasa de ganancia, inversión– resulta muy provechoso analizar los indicadores económicos actuales, a partir de estas claves de evolución en los beneficios y la inversión, con la siguiente lógica discursiva.[8] Parece razonable pensar que la inversión empresarial aumenta bajo criterios de rentabilidad, de manera que cuando ésta sube, la inversión también lo hace por las expectativas que generan los beneficios. Pero cuando las ganancias se reducen y la inversión privada también lo hace, y se inicia la crisis, la pregunta que se impone es: ¿cuál es entonces el papel del sector público?
Si partimos de la constatación que la variable decisiva es la inversión, es decir la acción consciente de los empresarios para valorizar su capital, es evidente que el papel del sector público puede contribuir –en ocasiones– a relanzarla en la medida en que impulse a las empresas a retomar el ciclo de inversión, mediante la inyección de gasto fiscal extraordinario para relanzar la economía. Sin embargo, ese multiplicador virtuoso no siempre funciona. Las empresas aprovechan el gasto estatal para liquidar mercancías invendidas, pero con los beneficios enjuagan deudas o se instalan en la liquidez. Cuando, tras la crisis del dólar de 1971, Nixon proclamó el famoso todos somos keynesianos y el gobierno aumentó el gasto exponencialmente pese al déficit, no consiguió apenas mitigar la parálisis inversora. Japón, con un aumento incesante de la deuda pública durante más de 25 años, no ha logrado que las empresas retomen decididamente la senda de la inversión y el crecimiento. Ese aspecto contradictorio del multiplicador ya había sido puesto de manifiesto por algunos de los keynesianos más solventes[9], a pesar de que la literatura económica al respecto es copiosa, en una dirección y otra en cuanto a la bondad de los multiplicadores. En definitiva, la ley del valor, tal como la reformula Marx a partir de los primeros esbozos de Smith y Ricardo, es decir, que tan solo el trabajo humano crea valor y solo tienen valor las mercancías generadas por trabajo humano, sigue operando en el gasto público, ya que los fondos que el Estado gasta provienen de capital previamente valorizado en plusvalía y transmutado en impuestos o en endeudamiento.
Esa es la piedra angular de todo el pensamiento económico de Marx, pero en su aparente simplicidad se encierra un componente absolutamente subversivo: en el capitalismo, el valor se genera en el trabajo productor de mercancías, pero no hay producción posible sin medios para llevarla a cabo, y los medios de producción pertenecen por definición a los capitalistas. El poder coercitivo del capital sobre el trabajo, así como el conflicto subyacente, se basa en esa apropiación, por eso Marx se esforzó por definir esa relación contradictoria en términos también históricos y necesariamente transitorios:
El capital no es una cosa, sino determinada relación social de producción perteneciente a determinada formación histórico-social (…) y le confiere a ésta un carácter específicamente social.[10]

[1] R. SKIDELSKY, El regreso de Keynes, Crítica, Barcelona, 2009; John Maynard Keynes, RBA, Madrid, 2013.
[2] La bibliografía académica es ya muy abundante al respecto. En tal contexto, los testimonios directos son muy destacables, con fuertes autocríticas, en la dirección que se ha apuntado en el texto; véase M. WOLF, La gran crisis. Cambios y consecuencias, Deusto, Madrid, 2015; B. BERNANCHE, El valor de actuar, Península, Barcelona 2016. Ante esto, la obstinación del mainstream es ya obtusa, justificando en aras de etéreas motivaciones su incapacidad predictiva, cuando se había hecho gala de todo lo contrario. Tres ejemplos de insignes economistas pueden invocarse. Para Edward Leamer, destacado econometra de UCLA, en macroeconomía la comprensión de los efectos causales es nula, y lo seguirá siendo. Eugene Fama, de la universidad de Chicago y Nobel de Economía, señala que los economistas no sabemos la causa de las recesiones. Y Gregory Mankiw, profesor en Harvard y jefe de los asesores de Bush, remacha que es imposible predecir las recesiones porque las fluctuaciones macroeconómicas no siguen ningún patrón.
[3] Para el gran economista austríaco, Marx en ningún momento traicionó la ciencia positiva por la metafísica. La crítica admiración de Schumpeter hacia Marx tiene manifestaciones distintas; así, el frío metal de la teoría económica está inmerso en tal riqueza de frases humeantes que adquiere una temperatura que no es natural en la disciplina. Consúltense la compilación de trabajos sobre Marx, que provienen de obras ya clásicas de Schumpeter, en J. A. SCHUMPETER, Karl Marx, Página Indómita, Barcelona, 2018. Véase asimismo la monumental biografía de G. STEEDMAN JONES, Karl Marx. Ilusión y grandeza, Taurus, Madrid, 2018, con amplio espacio dedicado al Marx economista y a sus medulares contribuciones en el campo de las ciencias sociales.
[4] Véase el reciente trabajo de M. MAZUCATTO en relación a estos temas: Mission-oriented research & innovation int the European Union, European Comission, Bruselas, 2018 (https://publications.europa.eu/en/publication-detail/-/publication/5b2811d1-16be-11e8-9253-01aa75ed71a1/language-en)
[5] Las citas en J. A. SCHUMPETER, op. cit., pág. 100.
[6] Wesley Mitchell, gran estudioso del ciclo económico, defendía una idea parecida; cf. Measuring Business Cycles (publicado junto a A. F. Burns), Nueva York, National Bureau of Economic Research, 1946.  El ciclo económico supone la fluctuación de la producción de bienes de capital (inversión); a esto le siguen las fluctuaciones de las ganancias. Los ciclos se generan de forma endógena: ninguna nación ha encontrado soluciones. Esto se enfrenta a la síntesis neoclásica de P. Samuelson: éste indicaba que puede conseguirse pleno empleo con la tasa de formación de capital que se quiera, a partir de políticas fiscales y monetarias. Pero la historia económica demuestra que períodos alternos de prosperidad y depresión son inevitables. Y, en tal contexto, la ganancia es variable clave. Para Marx, el ciclo de crisis es un fenómeno recurrente conectado con la renovación del capital fijo y la restauración de la tasa de beneficio.
[7] De hecho, la sobreproducción aparece durante los períodos de crisis económica, un hecho que lamina por completo, para Marx, las teorías de Say. Por tanto, para Marx la sobreproducción es posible. La crisis implica exceso de oferta respecto a la demanda, de forma que el capital deja de acumularse y queda en forma de dinero; no invierte en financiar la producción, mediante la adquisición de otros bienes o la contratación de salarios.
[8] J. A. TAPIA, Rentabilidad, inversión y crisis. Teorías económicas y datos empíricos, Maia Ediciones, Madrid, 2017.
[9] A. HANSEN, Política fiscal y ciclo económico, Fondo de Cultura Económica, México, 1945.
[10] K. MARX, El Capital, libro tercero, Siglo XXI, México, 1981, cap. XLVIII, pp. 1.037-38.

Las micro, pequeñas y medianas empresas en el desarrollo: experiencia de Japón y lecciones para Cuba

Por: Omar Everleny Pérez Villanueva. Cuba Posible


Foto: El País
Las micro, pequeñas o medianas empresas (MPYMES) son generadoras de empleo, permiten el desarrollo a nivel local o regional, se adaptan con flexibilidad a las crisis económicas, entre otros elementos. Si se analiza la estructura empresarial de las grandes economías (como Japón, Italia, Corea del Sur, entre otras), se podrá comprobar el aporte a la economía de esa forma de producción.
El objetivo de este artículo es ofrecerle a los lectores una visión de la importancia que tiene para un país como Cuba el establecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas para una verdadera articulación del tejido empresarial del país, que además no es algo novedoso en la realidad nacional, teniéndose en cuenta que, antes de 1959, lo que prevaleció en Cuba fueron las microempresas, las pequeñas y las medianas empresas. Se demostrará esa importancia a través de la experiencia de un país que ha utilizado las MPYMES desde su desarrollo inicial, y que hoy es de las tres primeras economías del mundo, como es el caso de Japón.
 ¿Cuál es la clasificación de una MPYMES?
 Primero una aclaración general: no hay un concepto universal sobre el tamaño o el alcance de una MPYMES, eso depende de los conceptos esgrimidos, desde un organismo internacional, una región, o un país, hasta las clasificaciones que se han dado teniendo en cuenta el número de empleos, o el volumen de sus ventas, o si estas forman parte de una empresa mayor.
De acuerdo a su tamaño, las empresas pueden clasificarse como: micro, pequeñas, medianas y grandes. En este sentido, cualquier definición que se plantee es realmente difícil, ya que aún en el mundo empresarial de la actualidad no existe consenso, las definiciones tienden a ser arbitrarias. A nivel internacional, especialmente en Europa, y dentro de la misma en España, el criterio que más se utiliza es el número de trabajadores; asumiéndose que: una microempresa es la que posee hasta 10 trabajadores; una pequeña de 10 hasta 49 trabajadores; una mediana de 50 a 249 trabajadores; y una grande más de 250 trabajadores.1
Para que un país prospere, desde el punto de vista económico, debe ser capaz de producir riquezas. Las empresas, independientemente del sistema económico imperante, son los entes responsables de que esto ocurra. Para cumplir su función productiva, la empresa debe utilizar los denominados factores productivos que esencialmente son: el trabajo (los recursos humanos utilizados para producir bienes y servicios) y el capital (el dinero y todo lo que se adquiere mediante este: máquinas, equipos, herramientas, edificios, etc.). Otro factor, no menos importante, lo constituye la organización (la administración o dirección de la empresa). De hecho, es a través de esta última que los factores anteriores son coordinados para alcanzar determinados objetivos o fines, que constituyen la propia razón de ser de la empresa.3
 Las MPYMEs en Japón.
 No es el objetivo de este trabajo analizar el éxito del modelo japonés, pero sí podemos mencionar ciertos factores que desarrollaron –por ejemplo, las MPYMES– para estar entre las primeras economías del mundo: 4
  1. Alta Tasa de Ahorro
  2. Administración de “Estilo Japonés”
  3. Keiretu (grupos de empresas)
  4. Pequeñas y Medianas Empresas
  5. Empresas de Comercio Internacional (Sogo Shosha)
  6. Burocracia o Instituciones.
Las pequeñas y medianas empresas en Japón
Japón clasifica a sus empresas por el número de empleados y, en el caso de las pequeñas y medianas, además por el capital que tienen.
Puede haber otras industrias con otras condiciones, aprobadas por una ordenanza gubernamental diferente a esa legislación relativa a las MPYMES. Por ejemplo:
1. Para las pequeñas y medianas empresas en la manufactura
Fabricación de productos de caucho o goma: hasta 2,7 millones de dólares en capital y hasta 900 empleados regulares.
2. Servicios:
-Industria del Software & Servicios Informáticos: hasta 2,7 millones de dólares de capital y hasta 300 empleados regulares.
-Industria hotelera: hasta 458 mil dólares y hasta 200 empleados regulares.
3. Servicios en microempresas:
-Alojamientos o recreación: hasta 20 empleados regulares.
La promoción de las pequeñas y medianas empresas fue un fuerte propósito de las políticas industriales del Japón. Debido a la existencia de una estructura dual entre “grandes” y “pequeñas y medianas” empresas. El gobierno (tratando de borrar la percepción de que las pequeñas empresas pagaban menos sueldos, que el empleo allí era inestable, con baja tecnología, con dificultad en la obtención de financiamiento, donde las tasas de beneficios eran bajas y vulnerables al ciclo económico), decide darle un apoyo institucional a través del Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI).5
La política industrial del MITI para modernizar y fortalecer las pequeñas y medianas empresas ayudó a aliviar los efectos nocivos mencionados y a desarrollar economías regionales o locales. Y contribuyó al desarrollo de una red industrial entre grandes y pequeñas y medianas empresas, por lo cual los sectores industriales pudieron reducir “costo de transacción” y disfrutar de “externalidades de Marshall.” Es obvio que este tipo de red fue una de las razones de eficiencia del sector manufacturero en Japón.
En ese país hay una división entre “grandes” empresas y “pequeñas y medianas” empresas. Muchos pequeños fabricantes son típicamente “filiales” de grandes empresas y trabajan como subcontratistas en un Keiretsu vertical. Por ejemplo, Toyota compra miles de partes para automóviles a subcontratistas, muchos de los cuales son pequeñas empresas con menos de 100 empleados.
La calidad de los trabajadores de las pequeñas empresas es muy alta en Japón. Las grandes empresas, como Toyota, revisan la calidad de las piezas entregadas por sus firmas subcontratadas pequeñas a la fábrica ensambladora de sus automóviles. Luego, los ingenieros de la Toyota trabajan conjuntamente con las pequeñas empresas asociadas a su compañía para mejorar la calidad de sus partes. De esta manera, la relación de largo plazo entre Toyota y sus subcontratistas es de cooperación más que dominación, y se puede decir que la alta eficiencia de las pequeñas y medianas empresas es uno de los fundamentos básicos para la alta competitividad de las grandes empresas. Por eso, las pequeñas y medianas empresas desempeñan un papel clave para las grandes empresas, ayudándolas en mejorar las producciones de la industria.
Según el Censo Económico de 2012 para la Actividad de los negocios, se contaba con 5,45 millones de establecimientos (excluyendo las empresas cuyos detalles eran desconocidos, los servicios gubernamentales nacionales y los servicios públicos locales) en Japón, y había 55,84 millones de personas empleadas. El número promedio de personas ocupadas por establecimiento es de 10,2 personas. Resalta que los establecimientos con menos de 10 personas representaron el 78,7 por ciento del total y los que tenían más de 100 personas eran el 1,1 por ciento del total.6
Con respecto a la edad de los trabajadores de las MPYMES, en Japón se puede observar que en este tipo de empresas hay más trabajadores con edad superior a los 65 años que en las grandes empresas, lo cual indica que la experiencia laboral en este tipo de empresas contribuye de forma significativa a su éxito económico y a su compromiso con la empresa.
El número de establecimientos según la Clasificación Industrial Estándar de Japón, se concentra en la categoría del comercio mayorista y minorista, con 1,41 millones de establecimientos, seguidos por los de “alojamiento, alimentación, bebidas” y la construcción. En términos del número de personas empleadas en el comercio mayorista y minorista, asciende a 11,75 millones de personas, ocupando el primer lugar, seguidos por la manufactura con 9,2 millones de personas; los servicios de salud,  medicina y bienestar, unos 6,17 millones de personas; y alojamientos, alimentación y bebidas, 5,4 millones de personas.7
Para satisfacer las demandas de los clientes, que cambian rápidamente, las MPYMEs se enfrentan constantemente a nuevos retos por la necesidad de crear nuevos productos y servicios para satisfacer la demanda y mantenerse competitivas frente a las nuevas tendencias del mercado, por lo que están abocadas a desarrollar ideas y tecnologías propias y originales, para a la vez crear una nueva demanda.
En las oficinas de diseño, en Japón, el 93,7 por ciento de los negocios tienen menos de 10 trabajadores, lo cual indica que en esa rama la mayor parte de las empresas son MPYMEs, por lo versátil, la tecnología que usan y el alto valor agregado de sus producciones.
En Japón, la industria del diseño se compone de empresas que realizan investigaciones científicas o se implican en el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios especializados. Según la encuesta de servicios industriales seleccionados por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón, unas 9,710 oficinas de negocios están clasificadas como empresas de diseño. De estas, casi el 100 por ciento son MPYMES –unas 9,707 oficinas de negocios. El número de trabajadores en estas empresas se ha incrementado en más de un 200 por ciento; de 11,113 trabajadores en 2003 a 36,220 trabajadores en 2013. Las ventas anuales en la actualidad son de ¥332,2 billones, lo que representa más de dos veces las que hace 10 años, es decir en 2003 fueron de ¥139,6 billones.
Las ventas anuales, por tipo de negocio, muestran que el sector gráfico representó el 46,0 por  ciento de las ventas totales en 2003, y pasó a un 59,3 por ciento en 2013, lo que demuestra el auge de esta industria de diseño gráfico, impulsada por la creciente informatización de la sociedad que hace que aumente el crecimiento y la expansión del mercado. En esa encuesta no se incluyen a los propios diseñadores de la industria manufacturera, ya que ellos son parte interna de las industrias. Si se incluyeran, la industria del diseño podría mostrar una tendencia de crecimiento aún mayor.
La tabla siguiente nos ilustra claramente el peso que representan las pequeñas y medianas empresas en la economía japonesa, donde en la industria el 99 por ciento de los establecimientos tienen esa clasificación.
 


 Las MPYMES en Cuba
Sin hacer una larga historia, es necesario remontarse al pasado para hablar de las MPYMES en Cuba, reconociendo la experiencia que tuvo el país antes y después de la Revolución. Así, antes de 1959 existían en el país unos 2,300 establecimientos industriales, y la mitad clasificaba como microempresas que empleaban a menos de 6 trabajadores. Además, teníamos la industria azucarera, formada por un grupo de centrales grandes con significativo peso dentro de la estructura de la producción y otro gran número de centrales pequeños. El resto de las industrias nacionales eran pequeñas plantas con inversiones de poco capital y reducido número de empleados, destinando su producción esencialmente a la demanda interna.8 Las microempresas eran el 45 por ciento del tejido empresarial cubano, y se estimaba que las pequeñas eran el 35,5 por ciento.9
A partir de 1959, por las leyes y transformaciones del período revolucionario, que incluyeron las nacionalizaciones realizadas fundamentalmente en 1960, tiene lugar un descenso en el nivel de inversiones, mientras que se agudiza el enfrentamiento con Estados Unidos. En este contexto, el peso del sector estatal, según el valor de los fondos básicos, fue variando de acuerdo al avance de las nacionalizaciones; ya en 1968 la mayor parte de todas las empresas eran estatales y grandes, con la excepción de la agricultura.
En 1968 el Estado nacionaliza todo el sector privado del comercio, los servicios y las pequeñas industrias, lo que cambia totalmente la estructura económica del país, que a partir de ese momento se caracterizó por el predominio del sector estatal en todas las ramas, manteniéndose un ínfimo sector privado en el transporte y en la agricultura.
El proceso inversionista que siguió el Estado entre 1970 y 1990, buscando el incremento del empleo industrial y la producción, con nuevos criterios de localización de las plantas, tendió a la creación de grandes empresas, de uniones productivas, que se integraron verticalmente. Esto favoreció la escasa cooperación inter-empresarial y el desaprovechamiento de las capacidades instaladas, anulándose la competencia o la cooperación entre las empresas menores. La preferencia fue aprovechar las llamadas “economías de escala” de las empresas mayores, una elección compartida por la mayoría de los países de Europa del Este y la URSS. Por ende, la tipología empresarial industrial en Cuba en 1988 daba cuenta de que un 88 por ciento de las empresas se podían clasificar como grandes con un rango entre 251 y 1,000 trabajadores, el resto eran medianas o pequeñas, pero con una cantidad de trabajadores que sobrepasaba la media internacional.10
 Después de 1989, con el agotamiento del modelo extensivo de la economía cubana y junto a ello la desaparición del Bloque Socialista, la economía atravesó una crisis profunda, con una caída de las importaciones de dos dígitos, lo que provocó que la industria se paralizara parcialmente y la capacidad se utilizara en menos de un 20 por ciento en ciertos momentos.
También con el objetivo de mejorar el suministro de algunos servicios básicos a la población que el Estado no podía brindar, crear nuevas opciones laborales y reconducir hacia la legalidad a un conjunto de trabajadores clandestinos que habían ido surgiendo, fue adoptado el Decreto Ley 141/93, que permitió el ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia (TCP) y reguló las actividades autorizadas, quiénes podían ejercerlas, los requisitos y el ordenamiento general de las mismas. Esto propició también cambios en el peso de algunos sectores dentro del empleo, como en los servicios gastronómicos, con la creación de los restaurantes privados “paladares”, pero solo con 12 sillas, lo que abrió las puertas al resurgimiento de las microempresas cubanas.
Tras la apertura de la economía cubana en los años 90, la cifra de trabajadores privados aumentó a 121,000 licencias en 1994 y tuvo un máximo de 165,000 licencias en 2005. Después de esa fecha se produjo una disminución “significativa” (Pérez, 2011). Con el ascenso de Raúl Castro como Presidente del país, se promulga la Resolución 32, de octubre de 2010, que implicó relanzar el sector privado. En esta ocasión, aumentó el número de actividades permitidas (de 157 creció a 178), posteriormente siguió ampliándose hasta 201 actividades y se flexibilizaron un grupo de cuestiones en aras de potenciar la actividad: se le permitió a los cuentapropistas contratar fuerza de trabajo, recibir créditos, operar con cuentas corrientes, establecer relaciones con el sector estatal mediante contratos, entre otras. En este nuevo escenario, se ha considerado que las características de los “nuevos” cuentapropistas, los ubican en el campo de las micro y pequeñas empresas privadas.
Entre 2008 y 2016, bajo la administración del presidente Raúl Castro, se han producido cambios de gran envergadura, entre los que se destaca el auge del sector privado y el sector cooperativo, las nuevas directrices a la empresa cubana para su desregulación, la entrega de tierras en usufructo a todo el que la quiera trabajar, entre otras, lo que ha abierto el camino a la creación de muchas MPYMES en Cuba, más semejantes a sus contrapartes en el resto del mundo.
Proceso no del todo lineal, con ciertos retrocesos, o marchas y contramarchas, aunque el resultado permite apreciar el auge sostenido del número de licencias obtenidas para ejercer el trabajo privado, pues se observa el despegue después de 2010 y hasta el 2017, cuando se alcanza al cierre de abril unas 539,000 licencias.
Los trabajadores por cuenta propia, y algunas cooperativas urbanas, en la práctica, a partir de las regulaciones que se han ido implementado en función de flexibilizar la actividad, se ubican ya en el terreno de la micro y pequeña empresas privadas. Todavía algunas definiciones de conceptos importantes, y de límites en los espacios de actuación, que “ajusten” las “reglas del juego” para todos los actores económicos son necesarios. Se considera que esto puede encontrar respuesta en la elaboración de la “conceptualización”, asunto tratado por el presidente Raúl Castro en el VII Congreso del Partido en abril del 2016, donde en su Informe Central expresó:
“(…) llamar a las cosas por su nombre y no refugiarnos en ilógicos eufemismos para esconder la realidad. El incremento del trabajo por cuenta propia y la autorización de la contratación de fuerza de trabajo ha conllevado en la práctica a la existencia de medianas, pequeñas y microempresas privadas que hoy funcionan sin la debida personalidad jurídica…”
En ese mismo escenario se presentó, la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y allí, en los párrafos 181 y 182, se menciona el tipo de empresas que deberán existir. En el párrafo 181 plantea: “Pequeños negocios realizados en lo fundamental por el trabajador y su familia” y en el 182: “Empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas, según el volumen de la actividad y cantidad de trabajadores, reconocidas como personas jurídicas”.
En la Cuba actual es necesaria la re-conceptualización del término “trabajo por cuenta propia”, porque a pesar del tiempo transcurrido en el proceso de “flexibilización” este tipo de empleo aún presenta un desarrollo incipiente y es difícil poder apreciar su verdadero alcance y potencialidad, dado por la propia precariedad del entorno económico en el que se va desarrollando, la gradualidad de los cambios en el marco regulatorio que condiciona su actuar, las dificultades con los insumos, entre otras. No caben dudas de que el cuentapropista de hoy ha ido evolucionando, y solo necesita tiempo para demostrar sus potencialidades.
Puede afirmarse que el término cuentapropista es insuficiente para referirse a una buena parte de las unidades económicas que operan en Cuba. Por su capacidad de movilizar organizadamente factores productivos (capital y recursos humanos) pueden considerarse empresas, ya que cumplen con las definiciones repasadas anteriormente y, por ende, a quienes ejercen como titulares de las licencias, se les debe denominar empresarios.
Existe la convicción de que gran parte de la industria cubana, específicamente en el área de las ramas ligeras, pudiera pasar a ser MPYMES, lo que permitiría redimensionar nuestra maltrecha industria nacional. Es innegable que las MPYMES cuentan con ventajas muy importantes en Cuba, como la alta calificación de la fuerza de trabajo y un mercado con mucha demanda insatisfecha. La idea precisa es que Cuba posee condiciones más que necesarias para que las MPYMES sean parte de la clave de crecimiento de la economía cubana.
El factor de localización es favorable en la creación de las MPYMES. En un archipiélago con cerca de 110,000 kilómetros cuadrados y 11 millones de habitantes resulta muy complicado ubicar grandes empresas en pequeños asentamientos urbanos; solo pueden situarse en ciudades con un tamaño más o menos ideal, es decir, con 100,000 habitantes o más, y esto por supuesto inhibe el desarrollo de las urbes de menor tamaño. Las fábricas pequeñas ayudan a transformar el perfil productivo y ocupacional de los núcleos menores y disminuyen los flujos migratorios hacia los polos urbanos de mayor densidad o de mejores expectativas, por estar vinculados a sectores priorizados, como el turismo, minería, entre otros.
Una MPYMES tiene que estar vinculada con todo el entorno empresarial existente, el cual es preciso diseñar e instrumentar de forma tal que el Estado reconozca su rol y cree las condiciones para aprovechar todo su potencial. Es conveniente que este sector no estatal que emerge y puede convertirse en el mediano plazo en un denso tejido de MPYMES, pueda abrir las cuentas bancarias que necesite su negocio, por las ventajas de todo tipo que poseen las mismas, tanto para el empresario como para las instituciones estatales relacionadas, 11 pero el Estado debe estudiar cómo dar más incentivos para el otorgamiento de los préstamos.
Antes de la puesta en vigor del Decreto-Ley 289, las MPYMES habían duplicado su número previo a la apertura en 2010, completamente al margen de la banca formal. Constituyen casi 523 mil licencias en el 2016, y aún continúan casi al margen del financiamiento formal; con lo cual, se puede suponer que las inversiones y el capital de trabajo de los nuevos negocios han tenido como procedencia el ahorro de los propios cuentapropistas y microempresarios, las remesas desde el exterior, y recursos que se mueven por vía de las finanzas informales (préstamo de un familiar, amigo u otra persona).
Pueden ser diversas las modalidades que deberían tener las MPYMES en Cuba, entre ellas, la  MPYMES Cooperativista, las Microempresas o pequeñas empresas a partir de las actividades aprobadas para ejercer por cuenta propia y otras actividades que se creen. Puede haber empresas mixtas entre el Estado y las cooperativas, o entre las cooperativas y el sector privado, y entre las privadas y cooperativas con una empresa extranjera; es decir, variantes que permita asociarse el capital extranjero con el nacional privado. Una vía a explorar sería la venta de acciones a los trabajadores o el aporte de algunos medios de producción; esta variante es muy lógica en la industria de confecciones y en la prestación de servicios.
En sentido general, la MPYMES cubana puede tener muchas ventajas, pero es preciso que esa empresa tenga la autonomía y la operatividad que la caracteriza; el plan de la economía no debe conspirar contra su funcionamiento. Debe actuar bajo nuevas concepciones de dirección y gestión, que abarquen desde el diseño del producto, la adquisición de medios para la producción, hasta la calidad de su producto, que lo haga competitivo, con niveles crecientes de personalización del consumidor, entre otros.12
 Como las estadísticas cubanas que se publican no expresan las ventas de las micro o pequeñas empresas, es decir, no hay datos de valor, y si a eso se suman las propias distorsiones que acarrea la dualidad monetaria existente en el país, una propuesta del tamaño de las mismas estaría relacionada con el indicador de número de trabajadores; es decir, una microempresa tendría hasta 5 trabajadores, una pequeña hasta 20, y una mediana hasta 30 trabajadores.
Estas MPYMES podrían realizar las mismas actividades que aparecen en el reglamento vigente del llamado Trabajo por Cuenta Propia y de las Cooperativas Urbanas. Sin embargo, es necesario reelaborar la documentación existente en la actualidad para ampliar el número de oficios a ejercer, teniendo en cuenta las nuevas condiciones que se presentan en estos momentos y la presencia de las bajas tasas de crecimiento económico.
En un país como Cuba se pueden esperar muchos resultados de este tipo de empresa, especialmente con el deseo de lograr un desarrollo económico y social más homogéneo en las distintas zonas del territorio nacional. Un economista destacado de la Universidad de Harvard, Michel Chu, expresa: “Es necesario conocer si al Estado le interesa desarrollar este tipo de empresas, dado que si es así, se deben articular primero sus objetivos sociales, se debe propiciar que nazcan muchas MPYMES, que les sea fácil su creación, no debe castigársele, y muchos menos a los honestos, que expresan los resultados de su labor”.13
 Resumen y lecciones a considerar
El análisis de la experiencia de las micros, pequeñas y medianas empresas en Japón, ha servido para ilustrar cómo ese tipo de empresas, en otro contexto y con el apoyo gubernamental necesario, han funcionado y han representado un sostén en las economías desarrolladas.
En contraste con esto, en Cuba no se han desarrollado suficientemente las pequeñas y medianas empresas, y la relación de las existentes con las grandes empresas estatales es casi nula. Y aunque en la “conceptualización del modelo económico” aprobado por el Partido Comunista de Cuba y el Gobierno cubano en el 2016 hay una referencia a las pequeñas y medianas empresas, las políticas económicas vigentes para promocionar a esas micro, pequeñas y medianas empresas no tienen la prioridad en la política industrial en curso, no solamente para que se creen nuevas industrias, sino también para estabilizar la sociedad cubana que ha estado en penurias económicas durante muchos años.
En Cuba, contrariamente a lo realizado en Japón, no hay ningún acuerdo sobre políticas industriales entre el sector privado, el gobierno y la burocracia ministerial, debido a conflictos -no entre sectores o si se pudiera hablar de clases-, ideológicos entre el Partido y el Estado socialista sobre el papel del sector privado en la construcción de un desarrollo socialista, por lo que ese desacuerdo induce a la inconsistencia y discontinuidad de las políticas económicas y a la obtención de los magros resultados económicos de las empresas cubanas “socialistas”. Como se ha repetido varias veces, si no se crean riquezas (independientemente del segmento que las cree), el gobierno no tendría cómo ofrecerles a sus ciudadanos un bienestar creciente.
Las  actividades aprobadas en Cuba para ejercer el trabajo por cuenta propia, hasta la fecha, se consideran que son aún insuficientes, y no han tenido en cuenta el potencial profesional con que cuenta el país; aunque los trabajadores actuales vinculados a estas licencias reconocen la mejoría en sus niveles de vida, y dan un servicio útil a la población y al Estado. No es descartable recordar que la historia económica en el mundo presenta a muchas grandes empresas que fueron en sus inicios microempresas, e incluso, avanzaron con poca ayuda financiera.
Cuba debería pensar en crear una institución o un departamento dentro del Ministerio de Economía y Planificación, como hizo el MITI en Japón, cuya misión fundamental sea el desarrollo de las MPYMES, con un sistema de “ventanilla única”, manteniendo las ramificaciones en los territorios y vínculos con el resto de las organizaciones relacionadas con el tema; una institución autónoma, pero potenciadora de sus miembros, y muy diferente a las instituciones que se conocen en el decursar de la historia económica reciente.
Como en el resto del mundo, sería provechoso crear un banco de desarrollo u otras instituciones financieras de microcrédito, especializadas únicamente en atender dicho segmento de mercado, y hasta pertenecer o aceptar las instituciones de microcrédito que funcionan a nivel internacional.
La legislación en ciernes sobre la política industrial o sobre la ley de Empresas debe fomentar el establecimiento de conexiones entre la empresa estatal y las MPYMES, de forma tal que estas últimas pudieran intervenir en alguna fase del proceso de producción con vistas a la exportación, en la cual los pequeños agentes privados le pudieran aportar competitividad al producto final exportable.
Las autoridades cubanas han realizado acciones para hacer crecer el segmento de las MPYMES en el mercado cubano, pero estas no son suficientes. Se considera que las mismas evidentemente responden a este interés y son parte de un programa de fomento que no se halla aún lo suficientemente organizado y estructurado de manera integral como para lograr que el sector avance a pasos más veloces y con mejores posibilidades de éxito, sin un mercado de insumos de materias primas (mayoristas), sin relaciones con la exportación o importación de materias primas o producto final, y sin una claridad de lo que el gobierno refiere como “no concentración de la riqueza”. Es muy difícil que este tipo de empresa contribuya al desarrollo económico deseado por todos.
Por último, la MPYMES cubana sería más que viable en el modelo de “actualización” del proyecto económico hasta el 2030 y aportaría más resultados positivos; siempre y cuando el gobierno comprenda el rol económico de este tipo de empresas y sus potencialidades. Y además, es necesario que se amplíen los conocimientos sobre la base de los factores que han permitido que las MPYMES contribuyan al desarrollo, no solo de economías de mercado, sino en los socios socialistas como Viet Nam y China.

Nota al Pie:
  1. Pérez Villanueva, Omar Everleny (1995)
  2. CEPAL, (1993)
  3. Arredondo, 2012
  4. Shoji Nishijima (2009)
  5. Shoji Nishijima (2009)
  6. Statistical Handbook of Japan. 2015.
  7. Statistical Handbook of Japan. 2015.
  8. Gonzalo, Rodríguez. (1980). Pág. 151
  9. Pérez Villanueva, Omar (2015)
  10. Ibídem anterior.
  11. Vidal, 2012
  12. Pérez, Everleny y Pavel Vidal (2011)
  13. CEEC (2015).
Bibliografía:
Arredondo, Leonardo, tesis de maestría “El trabajo por cuenta propia, la micro y la pequeña empresa en Cuba: Su potencial para el desarrollo económico” Flacso. Cuba. 2012.
CEPAL, (1993). “La pequeña y mediana empresa. Algunos aspectos”.
CEEC, Seminario Internacional. Noviembre 2015, La Habana, Cuba.
Gonzalo, Rodríguez. “El proceso de industrialización de la economía cubana. Editorial Ciencias Sociales. 1980. Pág. 151
Marcelo, Luis y Oscar U. Echevarría: “El mayor problema de las PYMES: su propio tamaño”. Revista Cuba: Investigación Económica, año 5, No. 2, 1999, editada por el INIE.
MEP. Documentos de trabajo sobre la creación de las PYMES en Cuba, 1995, 1996. La Habana.
Monreal, Pedro, Julio Carranza y Luis Gutiérrez. “La pequeña y mediana empresa en Cuba. Aportes para un debate actual.” Revista Problemas del Desarrollo Vol. 28, Núm. 111. México, 1997.
PCC. 7mo Congreso del Partido Comunista de Cuba, abril, 2016. Tabloide edición de Periódico Granma, La Habana, Cuba, sobre “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”.
Pérez Villanueva, Omar Everleny “Las PYMES en el contexto internacional”. Centro de Estudios de la Economía Cubana. 1995.
Pérez Villanueva, Omar Everleny y Togores, Viviana “La Pequeña y Mediana Empresa en Cuba: Viabilidad o Utopía. Centro de Estudios de la Economía Cubana. 1996.
Pérez Villanueva, Omar Everleny, (2015) “PYMES en Cuba: ¿Utopía o realidad necesaria?, pág. 29 a 36. Libro Miradas a la economía Cubana: Un análisis desde el sector no estatal. Editorial Caminos. Cuba. ISBN 978-959-303-108-0
Pérez, Everleny y Pavel Vidal. El trabajo por cuenta propia y sus limitaciones para la producción. Septiembre, 2011. Visto el 10 de noviembre de 2012 en http://www.ipscuba.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=2158&Itemid=10.
Shoji Nishijima “Desarrollo económico y política industrial de Japón: Implicaciones para países en desarrollo”. Instituto de Investigación para Economía y Administración (RIEB), Universidad de Kobe, 2009. RIBE Discussion Paper Series No.246
Vidal (2012) “La apertura a las microfinanzas en Cuba”, Libro la Economía Cubana: ensayos para una reestructuración necesaria. Editorial Molinos Trade.SA.
White Paper on Small and Medium Enterprises in Japan. National Association of Trade Promotion for Small and Medium Enterprises. Tokyo, 2015.
Statistical Handbook of Japan. 2015. Statistics Bureau, Ministry of Internal Affairs and Communications. Printed in Japan. ISSN 0081-4792