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lunes, 13 de noviembre de 2023

Desconfianza en la cumbre

Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China

In Análisis, Política exterior by Xulio Ríos2023-11-11

Muchos esperan que los presidentes chino y estadounidense, Xi y Biden, se reúnan en San Francisco, en la próxima cumbre de APEC. Los encuentros mantenidos en Washington por el ministro de exteriores Wang Yi han propiciado una visión cautelosamente optimista, pero el camino hacia el encuentro no se ha allanado del todo. También ha habido importantes visitas previas de altos funcionarios de EEUU a Beijing para incidir en una mejora de la atmosfera bilateral. Ambos parecen desearla.

En la visión china tres son los asuntos determinantes en la compleja relación bilateral: establecer una comprensión estratégica fidedigna de las intenciones de cada parte, examinar el carácter de la competencia rechazando el desacoplamiento y aclarar el concepto de “seguridad nacional” y su abuso como argumento.

Ambos países, las dos economías más importantes del mundo, anhelan relaciones estables y sostenibles, pero la tozuda realidad se cruza en su camino. Es más, en los próximos meses la situación podría incluso empeorar a la vista de la doble cita electoral en Taiwán y en EEUU. En el primer caso, la continuidad del soberanismo al frente del gobierno en la isla puede complicar la situación en el Estrecho. Y cuando hay elecciones en EEUU, es mala época para implementar acuerdos entre Washington y Beijing. Ni republicanos ni demócratas pueden permitirse el lujo de ser benévolos con China, pugnando en severidad como cartel para atraer a los electores.

El acoso a la industria tecnológica china o incidentes como el del globo o la visita de la ex titular de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi a Taipéi, conforman una negatividad que no se ha disipado. El diálogo en asuntos militares sigue en suspenso.

La comunicación entre ambos países es un asunto crucial. Sin duda, se ha resentido desde el encuentro de Bali entre los presidentes Biden y Xi, hace justamente un año. Por activa y por pasiva, China se queja de la estrategia de contención implementada por EEUU y aunque participe en la cumbre APEC se resiste a hacerlo al máximo nivel si no obtiene previa satisfacción en algunas de sus preocupaciones principales. El propio Wang Yi le espetó a Biden la insatisfacción por el estado de los vínculos y su exigencia de prioridad para sus intereses centrales, es decir, Taiwán o el respeto de su opción sistémica o de modelo económico. Pero muchos creen que China es parte del nuevo eje del mal con Rusia e Irán y ello justifica la multiplicación de los cortafuegos y las políticas de hostilidad. Si no hay gestos concretos que disipen esa demonización constante de las actitudes chinas llevándolas a un terreno de negociación, no es previsible cambio alguno sustancial por más fotos de ambos líderes estrechándose la mano.

Los pasos de EEUU en Asia, a miles de kilómetros de sus costas, inquietan en China. Washington rechaza cualquier pretensión de “abandono” de la región y, por el contrario, multiplica las alianzas económicas, tecnológicas, de seguridad, con sus socios en una trayectoria que China percibe como “acoso”. En el reciente Foro Xiangshan de seguridad celebrado en Beijing, el ministro de defensa de Singapur, Ng Eng Hen, alertó sobre las consecuencias devastadoras de una guerra en Asia, apelando a Beijing a asumir un papel de líder en el alivio de las tensiones regionales. Y en efecto, no basta con acusar a terceros de echar leña al fuego.

Beijing ha asegurado que el hecho de que un conflicto entre ambos países suponga una catástrofe no es garantía suficiente de que no se vaya a producir. No hay automatismo y por ello se requiere un ingente esfuerzo de clarificación y diálogo que, en primer lugar, evite las escaladas y desarrolle medidas de prevención. Esto requiere de ambas partes el dar y recibir garantías en los temas clave. Y crear marcos de confianza que disipen las reservas de los pequeños países de la región que celebran la cooperación económica con China pero prefieren el entendimiento en materia de seguridad con EEUU. Las tensiones territoriales en torno al Mar de China meridional no se diluyen en ese código de conducta en gestación desde hace años con poco efecto visible en el alejamiento del conflicto.

La insistencia en el antagonismo estratégico representa el mayor hándicap que hoy ensombrece la relación bilateral sino-estadounidense. Planteado en esos términos de modo preferente, devaluando la importancia y transcendencia de la agenda que ambos comparten con el resto de los países (empezando por la urgencia de la lucha contra el cambio climático) será difícil que se produzcan avances. El fatalismo de lo inevitable de una confrontación no es una opción deseable, claro está, pero esa sensación puede seguir creciendo si seguimos escalando las múltiples magnitudes de la competencia.

Una mayor institucionalización de las relaciones bilaterales y del diálogo es la base mínima para que EEUU y China trabajen por la desactivación de los frentes de tensión. Visto lo ocurrido en Europa o en Oriente Medio, la mera hipótesis de un conflicto bélico en Asia requiere remangarse ya para adoptar las correspondientes medidas de prevención que lo puedan evitar.

(Para Diario El Correo)

lunes, 31 de julio de 2023

Henry Kissinger y las relaciones entre Estados Unidos y China

El controvertido exsecretario de Estado de Nixon aboga en Beijing por el diálogo, pero los contactos bilaterales siguen marcados por una profunda desconfianza

Xulio Ríos 29/07/2023


Richard Nixon y Zhou Enlai durante la visita del presidente estadounidense en 1972. / National Archives Museum

Es inevitable asociar a Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional y secretario de Estado de Richard Nixon (1969-1974) y Gerald Ford (1974- 1977), con uno de los periodos más tenebrosos y turbulentos de la diplomacia estadounidense. En muchos países, de Chile a Laos o Camboya, este controvertido Premio Nobel de la Paz sigue generando un profundo rechazo. Bernie Sanders llegó a calificarlo como uno de los secretarios de Estado “más destructivos” en la historia de Estados Unidos. Y sin embargo, en una China que siempre –ya hablemos del maoísmo, denguismo o xiísmo– ha hecho gala de una crítica feroz al belicismo imperialista estadounidense, Kissinger puede presumir de haber adquirido una llamativa condición de icono indiscutible. ¿Por qué?

En una reciente visita no anunciada a Beijing, a sus 100 años cumplidos, Kissinger ha revalidado ante los dirigentes chinos su apuesta por un enfoque pragmático de la relación bilateral, advirtiendo repetidamente sobre las consecuencias de un conflicto entre Estados Unidos y China. Con las relaciones en su punto más bajo de los últimos años, el mensaje de Kissinger, dirigido a ambas partes, suena a música celestial en la capital china. Sus autoridades enarbolan la “sabiduría diplomática” del viejo profesor de Harvard como un estilo personal que es capaz tanto de asimilar las experiencias históricas como de servir de certera guía en el complejo futuro que aguarda a las relaciones bilaterales.

Kissinger puede presumir de haber adquirido una llamativa condición de icono indiscutible

Los dirigentes chinos le reconocen a Kissinger su “papel insustituible” en la mejora del entendimiento mutuo entre ambos países, ya que se le considera como un “viejo amigo”. Hace 52 años, en un punto de inflexión crucial en las relaciones sino-estadounidenses, el presidente Mao Zedong, el primer ministro Zhou Enlai, el presidente Nixon y Kissinger, haciendo gala de una notable visión estratégica, tomaron la decisión de auspiciar la cooperación entre China y Estados Unidos, abriendo el proceso de normalización de las relaciones bilaterales. Fue un momento importante en la carrera diplomática de Kissinger, quien agradeció en esta ocasión a Xi Jinping que le recibiera en el edificio Nº 5 de la Casa de Huéspedes del Estado de Diaoyutai, donde se había reunido con el entonces primer ministro chino Zhou Enlai, en 1971.

Kissinger voló en secreto a Beijing en aquel año con la misión de establecer relaciones con la China comunista, inmersa en plena y agitada Revolución Cultural. El viaje preparó el escenario para una visita histórica del entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, quien buscó dar un vuelco a la Guerra Fría con la URSS y recabar ayuda para poner fin a la Guerra de Vietnam. Las propuestas de Washington permitieron a Beijing salir de su aislamiento internacional y, a la postre, contribuyeron al ascenso de China para convertirse en una potencia manufacturera y la segunda economía más grande del mundo. Una vez que dejó el cargo oficial, Kissinger se ha enriquecido notoriamente asesorando a empresas con proyectos de inversión en China.

Al reconocer a la China comunista en 1979, la Administración estadounidense esperaba que su desarrollo económico llevara a este país hacia la democracia liberal. Haciendo balance casi 45 años después, esta ilusión, alimentada durante mucho tiempo en Washington, ahora se ha perdido. Y a Kissinger se le recrimina que aquella jugada astuta de los años setenta se haya transformado en una de las manifestaciones de ingenuidad, dicen, más elocuentes de la historia diplomática reciente de Estados Unidos. Wang Yi, el máximo responsable de la política exterior china, se lo espetó con claridad a Kissinger: “El desarrollo de China tiene una fuerte dinámica endógena y una lógica histórica inevitable. Es imposible tratar de transformar China, y es aún más imposible rodearla y contenerla.”

Pese a todo, Kissinger sigue representando una corriente pragmática en la diplomacia estadounidense que aboga por el diálogo y el contacto con China y por un tratamiento adecuado de las diferencias. Al reclamar un acercamiento entre Washington y Beijing, que siguen en desacuerdo sobre una importante variedad de temas, desde los derechos humanos hasta el comercio y la seguridad nacional, reivindica la excelencia y hasta la bondad de su legado.

En el transcurso de esta visita, Kissinger no evitó reunirse, incluso, con el ministro de Defensa, Li Shangfu, objeto de las sanciones norteamericanas en 2018 por la compra de equipamiento militar a Rusia. Ambos suscribieron la voluntad de “coexistir pacíficamente”, lo que significa que “ni EEUU ni China pueden darse el lujo de tratar al otro como adversario”.

¿Desescalada? Este viaje de Kissinger a China coincidió con la misión del enviado climático de Estados Unidos, John Kerry, y siguió a las visitas recientes de la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, y el secretario de Estado, Antony Blinken. Aunque apenas en un mes se han sucedido en China tres altos funcionarios estadounidenses, las relaciones bilaterales siguen marcadas por una profunda desconfianza.

Entre la larga lista de los puntos de discordia, encabezan la nómina las sanciones impuestas al sector de los microprocesadores y el aumento de la injerencia estadounidense en Taiwán. Es probable que la violenta respuesta estadounidense contra China y su contraataque obstaculicen gravemente la modernización de China y, si las cosas no salen según lo planeado para Estados Unidos, precipiten la relación en una espiral tóxica sin precedentes.

Huawei es un ejemplo del impacto de las sanciones estadounidenses. Mientras que en 2020, con un 18 por ciento de cuota de mercado, Huawei era el campeón indiscutible de los smartphones en el planeta, por encima de Apple y Samsung, sus ingresos han caído casi un tercio en 2021, lo que le ha obligado incluso a vender “Honor”, una de sus marcas de smartphones, para mantenerse a flote. En 2022, su participación global había caído al 2 por ciento. Y, a diferencia de Trump, que “solo” perseguía a empresas como Huawei, Biden apunta a todo el ecosistema de modernización industrial de China.

Al cerrar el acceso de China a la tecnología de fabricación de microchips de última generación, Washington quiere obstaculizar drásticamente sus avances en el campo de la Inteligencia Artificial y otros ámbitos del progreso científico en los que China ha logrado ya importantes éxitos.

El segundo asunto importante sobre el que Beijing exige a Washington que libere su presión, que Kissinger parece apadrinar, es el de Taiwán. Elevado por Xi Jinping a la altura de un objetivo nacional irrenunciable y cuyo valor simbólico no es negociable, el objetivo de la reunificación prima en la agenda china, cuya dirigencia se ha conjurado ante la tarea histórica de impedir el alejamiento de la isla del continente.

Para Beijing, la actitud de Washington es una confirmación de que ya no respeta los términos de los “Tres Comunicados” emitidos conjuntamente en 1972 (Nixon y Zhou Enlai), 1979 (Carter y Deng Xiaoping) y 1982 (Reagan y Deng Xiaoping), cuyos términos estipulaban el fin de las relaciones oficiales con Taipéi y el cese gradual de la ayuda militar estadounidense a la isla. Hoy día, los estrategas chinos interpretan los grandes boquetes abiertos en el principio de una sola China como la antesala de un conflicto, al que Estados Unidos quisiera abocar al país, para reafirmar, con su victoria, la hegemonía en la región y en el mundo.

Wang Yi recordó a Kissinger que el respeto al principio de una sola China representa el santo y seña del statu quo pactado en su día sobre Taiwán, y sigue siendo el núcleo más importante y sensible de las relaciones sino- estadounidenses.

La capacidad que Kissinger pueda tener hoy para influir en el rumbo de la política estadounidense hacia China es limitada, por más que en Beijing se alabe su punto de vista constructivo. Es más, cuanta más alabanza se haga en China hacia su persona, probablemente menos eco positivo pueda cosechar en Washington. La Casa Blanca ha definido los hipotéticos “malentendidos” que les distancian –sustentados en una concepción diferente de los valores, el sistema político y el camino de desarrollo– en el argumento principal para el ejercicio de una hostilidad que a todas luces es harto conveniente para el propósito de preservar su liderazgo global.

Con seguridad, en los años setenta del pasado siglo esas diferencias, más acusadas aún, existían igualmente. El apogeo de la Guerra Fría operó el milagro. Xi Jinping recordó a Kissinger que, como antaño, “el orden internacional está experimentando un cambio enorme”. Una “nueva era” se está gestando, pero no se descarta del todo una vuelta a aquella dinámica diabólica.

Evitar la confrontación

Evitar la confrontación es el mantra que Kissinger recita a uno y otro lado del Pacífico. A algunos le suena a otra época, pero ciertamente incorpora una reflexión actual sobre el verdadero interés nacional de Estados Unidos, cuya esencia no radicaría en el conflicto, que “no conducirá a ningún resultado significativo para ambas sociedades”, asevera, sino en una gestión compartida de los desafíos. En 2013, Xi formuló la idea de construir un nuevo tipo de relación entre potencias, quizá pensando en establecer una aceptación recíproca de un duopolio de dos potencias rivales. A Kissinger podría valerle la fórmula si así la relación ganara en estabilidad. Sin embargo, todo indica que aún estamos lejos de colmar su obsesión por hacerla siquiera más predecible.

lunes, 17 de abril de 2023

¿Qué quiere realmente China?


Por Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China

In Análisis, Política exterior by Xulio Ríos2023-04-13

¿Quiere China suplantar a EEUU en el liderazgo global? ¿Busca la hegemonía? ¿Pretende exportar su modelo político? ¿Conducirá la tensión actual a una reedición de la guerra fría esta vez protagonizada por EEUU y China? Son las preguntas del momento en un sistema internacional en proceso de ajuste profundo.

De entrada, dos cosas son evidentes. Primero, que China ha acelerado el proceso de transición de su condición de potencia económica y comercial hacia una mayor influencia política y una mayor implicación en los asuntos globales. Además, nos ha hecho saber que gestionará ese proceso atendiendo a visiones y posiciones propias, lo cual interpretamos habitualmente como un “endurecimiento antioccidental” de la posición internacional de China. Segundo, que el orden internacional de posguerra necesita ser repensado en virtud de los importantes cambios gestados en los últimos cuarenta años. Esto no quiere decir que haya que tirarlo todo por la borda; de hecho, la propia China insiste en preservar a toda costa los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas aunque, a renglón seguido, aboga por la reforma del sistema de gobernanza global. ¿Se trata de una convicción firme o solo de ganar tiempo para en cuanto pueda ir más allá de lo que se dice? En verdad, es difícil establecer previsiones a futuro si partimos de que la gran ruptura histórica gestada en China en las últimas décadas no deviene de la reforma que desmanteló el maoísmo sino de la apertura al mundo exterior, un proceso irreversible y que se fundamenta en la convicción profunda de las elites chinas de que la causa esencial de su decadencia histórica no fue otra que el aislamiento.

El núcleo radical e inspirador de la diplomacia china en la fase actual es la idea de la “revitalización”. Esta tiene, lógicamente, una dimensión interna que apunta a la culminación de la modernización, con el reto tecnológico como principal exponente. Y también una dimensión exterior, que apunta a la vertebración de un sinocentrismo interdependiente como signo de identidad. Ambos ejes están íntimamente ligados. La modernización, por más que se recurra ahora a la “doble circulación” como subterfugio interno para compensar la inestabilidad e incertidumbre globales, es inseparable del engarce de la economía china con la global, una dinámica irrenunciable hasta el punto de asumir el liderazgo en la defensa de la globalización. Por otra parte, la culminación con éxito de ese proceso debe proveer a China de las capacidades indispensables para ejercer en mayor medida la “diplomacia de gran país con peculiaridades propias” que reclama el liderazgo xiísta.

Por tanto, la posibilidad de que China pueda desempeñar un papel activo en la sociedad internacional del siglo XXI va a depender de la positiva resolución de sus retos internos. Y no son pocos, tantos que es muy aventurado asegurar que todo irá a pedir de boca. Y también de la holgura con que afronte los desafíos globales, claramente ascendentes, donde puede haber compromisos (cambio climático) pero también disensiones profundas (sistémicas). Estas circunstancias explican que la seguridad y la estabilidad sean de la máxima importancia para las autoridades chinas pues ahí radican las claves para preservar eficazmente sus intereses fundamentales (salvaguarda de su sistema político, su modelo de desarrollo, la integridad territorial, la soberanía nacional).

Visibilizar una alternativa al orden occidental

El proceso de tránsito de la condición de China como una potencia regional a otra mundial se inició en el denguismo tardío, con Hu Jintao (2002-2012), bajo la premisa de que China se encuentra en un importante periodo coyuntural estratégico. En ese marco, la relación de China y el mundo ha experimentado cambios de importante calado pero el desarrollo económico sigue siendo la “tarea central”. Es su elevación constante lo que ha permitido a China el incremento del derecho a opinar y actuar en la comunidad internacional, dejando atrás la modestia auspiciada por Deng Xiaoping, reflejo de una debilidad hoy disipada en gran medida.

Bajo el liderazgo de Xi Jinping, ese proceso se ha acelerado. A las alianzas estratégicas de diverso nivel y asociaciones de cooperación establecidas con múltiples países, ha sumado la institucionalización y dinamización de foros regionales (de Europa a África, América Latina, Países Árabes, ASEAN). Proyectos como la revitalización de las rutas de la Seda, terrestre y marítima, o la consolidación de mecanismos como la Organización de Cooperación de Shanghái o los BRICS le han provisto de plataformas que a modo de trampolín proyectan su influencia por doquier. Ello se ha arropado con la formulación complementaria de propuestas políticas que establecen una vía paralela al orden existente. Es el caso de la Iniciativa de Desarrollo Global, de la Iniciativa de Seguridad Global o de la Iniciativa de Civilización Global, que van sumando adhesiones muy especialmente entre los países del Sur Global. Esa red pretende dar forma institucional a su concepto estrella, la comunidad de destino de la humanidad, cuyo eje sería el alineamiento de las estrategias de desarrollo, que el imaginario ideológico chino sigue situando como el principal baluarte de la seguridad y la paz.

Toda esta narrativa, que a simple vista podríamos descalificar como mera palabra hueca, se sustenta, sin embargo, en una financiación que, a pesar de sus altibajos, por el momento no parece tener rival. Desde sus propias estructuras financieras de la banca oficial, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras o el Nuevo Banco de Desarrollo (cuya rectoría ha asumido recientemente la ex presidenta brasileña Dilma Rousseff), China amplifica notoriamente su audiencia. Mientras tanto, la capacidad de alternativa expresada en fórmulas como la B3W (Build Back Better World) promovida por el G7 muestra sus enormes limitaciones para contrarrestar el incremento de la influencia china, minando la credibilidad liberal.

Con seguridad, un frente inmediato en el que podemos esperar algún que otro salto significativo a corto plazo es el de la internacionalización de la moneda china. Hablando en el Foro de Boao (del 28 al 31 de marzo), Zhu Min, ex número 2 retirado del FMI, enfatizó que el aumento en el número de actores económicos que aceptan usar la moneda china pronostica que podría en el futuro convertirse en una moneda de reserva mundial de la misma manera que el dólar. En esos días, siguiendo los pasos de Rusia, Irán y Arabia Saudí, Brasil, miembro de los BRICS, decidió autorizar el pago de sus exportaciones en yuanes chinos.

La yuxtaposición de un multilateralismo con sello propio, las dinámicas económicas, comerciales, energéticas y ahora financieras puede no solo expandir sino también anudar con mayor ímpetu una influencia que hasta ahora podríamos calificar de acupuntural. En este marco, las cuestiones de competencia estratégica pueden ser de importancia secundaria para muchos países que se enfrentan a auténticas y gigantescas deficiencias en materias en las que China puede representar una opción “mejor”. Por la misma razón, sería exagerado pensar que de ese pragmatismo se puede derivar una mayor inclinación a abrazar un hipotético liderazgo mundial de China o una preferencia sistémica por uno u otro orden.

Equilibrar el poder global

Al ser China la potencia con la mayor capacidad para afectar la primacía de EEUU en el orden global, esta irrupción de Beijing afecta cada vez más al equilibrio de poder, planteando retos importantes a otros Estados y a las organizaciones internacionales, erosionando con su alternativa el predominio ideológico liberal. Por otra parte, su papel en la gestión de los desafíos globales le confiere motu proprio una relevancia singular.

Un primer objetivo de la política exterior china consiste en cambiar la correlación de las fuerzas internacionales y equilibrar la influencia geoestratégica de EEUU en áreas clave. Un ejemplo reciente lo apreciamos en Oriente Medio, con la mediación activa en la reanudación de los contactos diplomáticos entre Irán y Arabia Saudita. Ha acontecido en una región de clara preeminencia de EEUU y donde a China apenas se le percibía como un actor geopolítico relevante a pesar de que la región ha ido ganando importancia para su diplomacia implicándose no solo en el tráfico energético y comercial sino también en asuntos de seguridad. Todo ello puede ser bien indicativo de la expansión de los objetivos estratégicos de China.

Pero es probablemente en Asia donde esa pugna manifestará en los próximos años una mayor enjundia. A las tensiones derivadas del problema de Taiwán o las disputas territoriales en los mares cercanos, con India, etc., es aquí donde se manifiesta ya con mayor virulencia la competencia sino-estadounidense. Desde la ruta de la seda al RCEP (Asociación Económica Integral Regional), la suma de estrategias tiene una premisa mayor: el alejamiento de EEUU y la afirmación de una posición china dominante, de lo comercial a lo estratégico. Las resistencias también toman forma, desde el QUAD al AUKUS, así como el IPEF (Marco Económico para el Indo-Pacífico).

Esta vía china implica una decidida apuesta por la promoción de instituciones multilaterales afines, con potencialidad suficiente para abrir paso a un equilibrio institucional global que se complementaría con una diplomacia bilateral activa huyendo de alianzas o bloques, ni mucho menos militares, volcada en el cultivo de lazos que escenifiquen su influencia y, por tanto, instando el debilitamiento progresivo o alejamiento de la órbita de EEUU. De esta manera, limitaría de facto las posibilidades de actuación de Washington, muy reforzadas tras el fin de la Guerra Fría.

Lo que China pretende, al menos por ahora, es limitar la influencia de EEUU en el mundo y poner sobre la mesa un enfoque alternativo (las “soluciones chinas”) que sirva de contrapeso a su poder apadrinando nuevas concepciones de seguridad y desarrollo. ¿Cabe imaginar que este trayecto se complemente más pronto que tarde con el recurso a activos duros como el incremento sustancial de sus capacidades militares, de sus relaciones en materia de defensa con determinados socios, la proliferación de bases militares en el extranjero –por ahora solo en Yibuti- o incluso la cristalización en bloques que certifique una hipotética aspiración hegemónica?

Los antecedentes ideológicos y culturales de la China actual no avalan a primera vista esta hipótesis. Se diría que la vocación antihegemónica del PCCh es prácticamente fundacional, labrada en su disputa con el liderazgo soviético. Tampoco el mesianismo sistémico representa hoy un marchamo ideológico reconocible. En el plano civilizatorio, la tradición sinocentrista apunta a un modelo de coexistencia con otras comunidades, incluida la transatlántico-liberal como tal, en cuyo entorno podría proliferar una versión actualizada de los “países tributarios”.

En este contexto, si bien China no quiere sustituir a EEUU si ansía cada vez más estar a su altura como primer paso para articular un orden multipolar, mucho más ventajoso para sus intereses. Lo que China anhela es equilibrar el poder hegemónico optando para ello por implementar una política cautelosa que evite la confrontación abierta. Ese equilibrio “suave” subordina la estrategia a mecanismos que preferentemente excluyen el poder militar, en buena medida tomando nota de que esa opción fue en parte responsable del colapso soviético que a toda costa trata de esquivar pero también con la aspiración de moderar la reacción discursiva estadounidense (desde el desacoplamiento económico a la alianza de valores) y el riesgo de recidiva en una nueva guerra fría que no le permita escapar a la lógica de bloques.


(Para Esglobal)

lunes, 13 de marzo de 2023

«Nada compensa los perjuicios que la guerra tiene para China»

 

Entrevista a Xulio Ríos, por Álex Rodríguez, director adjunto de La Vanguardia, Barcelona.

In EntrevistasSecciones by Xulio Ríos

China quiere dejar atrás la covid, recuperarse y volver a crecer. Estima un crecimiento del 5% para 2023, rebasando en más de dos puntos el previsto para este año por el FMI para el mundo. Así se ha anunciado en la Asamblea Popular Nacional, que reúne esta semana a 3.000 diputados en el Gran Salón del Pueblo. El analista y fundador del Observatorio de la Política China, Xulio Rios (Moaña, 1958), considera en esta entrevista que nada compensa a China los perjuicios que la guerra en Ucrania tiene para China, que no se embarcará en una carrera armamentística pese a aumentar su presupuesto de defensa en un 7,2% con respecto al 2022, y que no renuncia a la unificación con Taiwán, primando la vía pacífica. 

El primero de los 12 puntos del plan de paz de Xi Jinping para la guerra de Ucrania pide respetar la soberanía de todos los países y un alto el fuego. ¿Quiere decir que Rusia ha de retirarse de todos los territorios ocupados, incluidos los de 2014? ¿Inicia con este plan el camino para acabar con la guerra?

Que sea el primero de los doce puntos de la “posición política” expresada por China algo quiere decir sin duda acerca de la importancia que otorga a la integridad territorial, un asunto sensible también para Beijing. Por otra parte, recuérdese que China no reconoció la anexión de Crimea. No obstante, claro está, todo dependería de las negociaciones, que deben enmarcase en la idea expresada en el punto siguiente, referido al cese de la expansión de los bloques militares y a la concepción de una seguridad que no debe ser lograda “por unos a expensas de otros”. Será difícil que Rusia acepte una hipotética retirada sin aquilatar un pacto de seguridad en esa línea. Por otra parte, China será cauta en los posibles avances de su propuesta. No parece que las condiciones estén suficientemente maduras para esperar resultados inmediatos.

¿Le beneficia en algo a China la guerra de Ucrania?

Ni siquiera el estrechamiento de lazos económicos con Rusia le compensa los perjuicios. La guerra supone quebrar la estabilidad en una región clave para sus intereses, ya no solo por cuanto afecta a su estratégico proyecto de ruta de la seda sino por la inestabilidad que provoca en las cadenas de suministro, la incentivación del desacoplamiento y su impacto en la recuperación económica, que para China es otra prioridad. Además, le plantea el reto añadido que supone el mejorar las relaciones con Europa, uno de los temas capitales en su agenda diplomática. Los 12 puntos enunciados son también una propuesta a Bruselas.

¿No perjudica a Xi Jinping su “amistad sin límites” con la Rusia que ha invadido Ucrania en su proyecto de lograr un nuevo orden mundial, que también es un objetivo de Putin?

También era “eterna” la alianza entre Stalin y Mao y duró lo que duró. Moscú y Beijing comparten una similar visión estratégica, cuya premisa es el rechazo a la hegemonía “imperativa y arrogante” occidental. Cuando China pondera el QUAD, el AUKUS o el reforzamiento de las alianzas militares de EEUU con los países de su entorno, es fácil entender que “comprenda” la inquietud estratégica de Rusia. No obstante, las desconfianzas que a menudo se han argumentado para descreer de una alianza entre Moscú y Beijing siguen vigentes, solo que la actual política occidental las has mitigado. Creo que es un error meter a China y Rusia en el mismo saco y no explorar los matices.

A la luz de la experiencia de la guerra de Ucrania, que ha unido a Occidente y fortalecido a la OTAN, ¿Cree que acabará invadiendo algún día Taiwán?

Taiwán es “integridad territorial” para China. No va a renunciar a la unificación. Pero la vía pacífica sigue primando en la agenda a pesar de la proliferación de advertencias sobre invasiones, quizá interesadas, de EEUU, cuyos generales ya la vaticinan para dentro de dos años incluso. Veremos que ocurre en las presidenciales taiwanesas de enero de 2024. Será una encrucijada que puede dar alas a una vía u otra. Sería una tragedia una invasión de Taiwán y lo aconsejable para todos, no solo para China, es trabajar desde ya para la prevención del conflicto. Dudo mucho que la mejor fórmula para eso sea atiborrar la isla de armamento estadounidense, y hacer cuanto más mejor para irritar a China. La creatividad política ha sido siempre una elogiosa característica del pensamiento chino y si se les deja hacer, hay margen para innovar a uno y otro lado del Estrecho.

¿Habrá un enfrentamiento directo con Estados Unidos?

Los elevados riesgos que entraña constituyen un poderoso factor de disuasión pero no puede descartarse del todo. Estamos viendo cómo la guerra comercial desatada por Trump no funciona en absoluto pues el déficit estadounidense sigue creciendo; la guerra tecnológica se ha transformado en un largo pulso en el que China está mostrando una resiliencia importante…. Hay un riesgo evidente de que si todo lo demás falla, Taiwán o el mar de China meridional se conviertan en un polvorín. El mayor riesgo para China es perder la paciencia. Si en los próximos veinte o treinta años consigue culminar su modernización, su estatus económico global le proveerá del liderazgo posible para que la multipolaridad se abra camino. Si EE. UU pierde en esa competencia, le resultará difícil mantener su enorme poder militar y, a la postre, su hegemonía. 

¿La inestabilidad tampoco le beneficia, no? Porque como decía el general Sun Tzu, la más bella de las victorias se obtiene sin enfrentamiento.

En la perspectiva china, la clave sigue residiendo no en el factor militar sino económico y tecnológico. No va a emular a la URSS y embarcarse en una carrera de armamentos, aunque seguirá mejorando su defensa a buen ritmo. Pero la convicción de que el vértice de su preponderancia global reside en la economía a través de un nuevo modelo de desarrollo y de inserción en el mundo sigue determinando su enfoque. Y para eso necesita estabilidad, mucha estabilidad regional y global. Y quienes quieran evitar su ascenso, necesitarán generar inestabilidad para truncar aquellas expectativas.

Tampoco goza de estabilidad en China, donde ha estallado la burbuja inmobiliaria, aumentan las tensiones sociales sobre los salarios o los recortes de prestaciones a los jubilados y el país está envejecido…

La situación en China es compleja, en parte derivada de las tensiones internacionales, de los efectos de la pandemia y también consecuencia del cambio en el modelo de desarrollo. Pero erraríamos minusvalorando la holgura de que disponen las autoridades para gestionar la situación. En ese marco, la estabilidad es una preocupación mayor. No es casualidad que la propuesta para Ucrania se presentara después de dar a conocer el concepto de Seguridad Global o que internamente la seguridad esté en el corazón de la reforma estatal tras el XX Congreso del PCCh. Todo conduce a lo mismo dentro y fuera: la estabilidad como prioridad.

La bonanza económica ha desaparecido. ¿Ha minado la legitimidad del Partido Comunista?

Aun con una situación internacional muy complicada, internamente, a China le queda un importante margen para seguir creciendo, aunque sea a tasas más bajas. Recuérdense las palabras del primer ministro saliente Li Keqiang hace un par de años: 600 millones de personas viven aun en China con unos ingresos medios de mil yuanes al mes…. Son buenos gestores, la escala de su economía le proporciona un plus nada desdeñable. Aun apenas ha iniciado la socialización de cierto bienestar, el consumo interno puede jugar un papel más importante y en lo político, el nacionalismo constituye un poderoso mecanismo amortiguador. Además, no podemos analizar el PCCh en clave exclusivamente ideológica sino atendiendo también a su perfil como expresión del neomandarinato en el siglo XXI.

El XX Congreso ha entronizado a Xi Jinping como máximo líder, convirtiéndose en el líder más poderoso desde Mao. Su objetivo en el XIX Congreso fue la lucha contra la corrupción. ¿Cuál es ahora?

La palabra de orden de Xi gira en torno a la revitalización de la nación china. La clave principal reside ahora mismo en lo que podríamos definir como la preservación de la seguridad política. Esto afecta a su propio liderazgo pero también al xiísmo como teoría para la actual etapa del proceso chino y se traducirá en una intensificación de las medidas relacionadas con la ideología, la seguridad y la estabilidad. Ese es uno de los temas clave de las dos sesiones que estos días se celebran en Beijing y que podrían anunciar una fuerte reorganización del aparato institucional en este ámbito, muy inestable en los últimos años, así como alentar una mayor repartidirización del Estado en su conjunto.

En el Congreso depuró a Hu Jintao, a quien humilló obligándole a abandonar la sala, y a sus seguidores y nombró a una cúpula dirigente absolutamente fiel….

Si partimos de la relevancia de esa clave de la seguridad política, la lealtad se erige en un factor clave. Lo que se ha cerrado, a priori a cal y canto, es la posibilidad de contemporización con el liberalismo occidental reafirmando la fidelidad a la misión fundacional del PCCh, es decir, un proyecto que suena a cierta recidiva pero con ajustes en virtud de la necesidad de adaptarse a la coyuntura actual. Con todo, no se descarte que en estas dos sesiones haya gestos de cierto simbolismo hacia otras sensibilidades, que podrían cuajar en la vicepresidencia del Estado o en continuidades en el Consejo de Estado.  

Algunos analistas han recordado cómo Mao hizo lo mismo en el noveno congreso, celebrado en 1969, y cómo se desató una feroz lucha por la sucesión del gran timonel que acabó con el regreso del desterrado Deng Xiaoping. ¿Puede ocurrirle lo mismo a Xi Jinping?

Aunque las diferencias históricas son palpables, más allá de la impronta de los liderazgos, el debate es el mismo: cuál debe ser la mejor ruta para cerrar el ciclo de decadencia y restaurar la posición central de China en el sistema internacional. Deng acertó más que Mao y es pronto para hacer balance de Xi. En cualquier caso, el mecanismo sucesorio instituido por Deng, que proveía de cierta institucionalidad a un proceso siempre delicado en estos sistemas, ha saltado por los aires. Esto abre la posibilidad de que las diferencias se resuelvan por vías menos regladas. Todo va a depender de cómo el equipo de Xi gestione la presión exterior, que irá en aumento, y los desafíos internos, que son muchos. En el fondo, el problema es determinar si hay espacio o no para que el otro polo de la experiencia humana que es China persista en su originalidad o, por el contrario, deba plegarse al ideario liberal occidental, algo que aun chirría en una parte significativa de sus orgullosas elites.

(https://www.lavanguardia.com/internacional/20230309/8806133/compensa-perjuicios-guerra-china.html?fbclid=IwAR2va9j9V4yTFuExIjtW0jqkKopx5ai-Q8EZ19OVMllib_agWP8iDqCItqc )

lunes, 24 de octubre de 2022

La nueva era de Xi Jinping

Por Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China


En verdad, ahora sí podemos decir que China ha entrado por la puerta grande en la nueva era de Xi Jinping, quien lleva ya diez años de ejercicio en el poder sobre sus hombros. El balance del XX Congreso del Partido Comunista (PCCh) incluye una consolidación prácticamente absoluta de su magisterio, escenificada, sobre todo, en la unanimidad xiísta del Comité Permanente del Buró Político, el máximo órgano de dirección del país. El incidente con el ex presidente Hu Jintao en la clausura del congreso, cabe interpretarlo como una demostración palpable de las tensiones previas existentes y como una última expresión de la impotencia de la resistencia interna.

La revolución interior, en expresión del propio Xi, operada en este cónclave, tiene varias lecturas. Primera, la omnipresencia del líder chino seguirá creciendo no solo en forma de incremento del culto a la personalidad sino también inmiscuyéndose en ámbitos que afectarán especialmente al llamado a ser su primer ministro, Li Qiang, y a otras áreas de gestión. No hay sucesor claro a la vista y Xi lo es y será todo. Las reglas de juego del denguismo se evaporan no solo en el partido sino en todo el entramado institucional del país, quedando supeditadas a una coyuntura medida por el avance o no hacia los objetivos estratégicos de esta etapa.

Segundo, esta respuesta en las dinámicas internas tiene como fundamento la caracterización del momento que vive el país y el mundo. En un periodo de inflexión histórica, China, con el amplio capital acumulado en las últimas décadas, tiene una gran oportunidad para realizar lo que Xi llama el sueño de la revitalización nacional. Esto requiere pisar el acelerador de las transformaciones en el país y, para ello, nada mejor que cerrar filas, apartar a los vacilantes, hacer oídos sordos a las críticas e imbuirse de espíritu de lucha. El “líder fuerte” aportará certeza frente a las incertidumbres globales y la crisis de Occidente (pérdida de impulso político y económico) haciendo gala de un nivel de eficiencia incomparable. Xi, además, ha demostrado a todos en este cónclave que dispone en su haber de la determinación y el coraje indispensables, sin margen para efectuar concesiones en los asuntos capitales. En suma, es invencible.

Segundo, se cercena de cuajo cualquier posibilidad de evolución de signo liberal ya no en el orden político, que no estaba en la agenda, sino también en lo económico, persistiendo en un modelo de modernización que tanto atiende a la calidad de las transformaciones tecnológicas, sociales, ambientales, como igualmente a la reafirmación del patrón ideológico, de signo ecléctico, a la vez marxista y singularmente chino. Ese esquema ha sido cincelado formalmente en los estatutos del partido.

¿Puede esta evolución generar confianza en el exterior? En lo político, en modo alguno, al menos en las economías más desarrolladas, incrementando la percepción de una evolución autoritaria ante la que conviene prevenirse. En lo económico, la insistencia en las oportunidades para la atracción del capital extranjero negando cualquier reversibilidad de la apertura al exterior, tampoco cuajará fácilmente. Por último, respecto al signo de la política exterior, la promoción de Wang Yi, el actual ministro del ramo, abunda en el reforzamiento del rumbo seguido en los últimos años y muy probablemente implicará un mayor énfasis en la defensa a ultranza de sus intereses centrales. ¿Puede un partido más cerrado abrir más China al mundo? El escepticismo es comprensible.

La idea de que vivimos tiempos excepcionales que requieren poderes y líderes igualmente excepcionales, una época que exige una templanza especial y plena conciencia de que la seguridad importa tanto o más que el propio desarrollo, que hasta ahora había sido el santo y seña principal de la transición china, bien envuelto todo en la tradición cultural de su civilización, puede gozar de cierto recorrido a corto plazo. La oposición a Xi es débil y muy fragmentada, tanto dentro como fuera del partido. Socialmente, la combinación de énfasis nacionalista y sensación de progreso pese a los atrancos le proveen aun de una holgura nada despreciable que se verá complementada con un incremento del control en todas sus modalidades.

No obstante, cabe imaginar que los peligros al acecho se incrementen en tanto las dificultades vayan en aumento. Y todo hace pensar que se avecinan escenarios de gran tensión. Ese contexto puede también agrietar esa unanimidad en la cumbre que hoy no solo deja poco espacio para un análisis rico y plural sino que convierte la discrepancia en disidencia y quizá, con el tiempo, en algo más.

Se abre ahora un compás de ajustes hasta marzo del año próximo, cuando se plasme el eco de estas decisiones en el aparato estatal. Todo hace pensar que se mantendrá la misma orientación. El mensaje que han recibido los más de 96 millones de militantes del PCCh es que la ovación cerrada al líder y a su pensamiento es lo que el país necesita y también el prerrequisito de cualquier promoción. Ese talismán debe acompañarse de una actitud exigente y disciplinada como nunca. ¿Demasiado simple para tiempos tan complejos?

lunes, 11 de julio de 2022

China: Un desarrollo con apellido: fiel a la justicia social

 Por Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China


Resumen

Formula una reflexión que abarca la importancia del desarrollo para el bienestar de las personas y como en el presente siglo, diversos acontecimientos (la crisis financiera, la pandemia, las guerras o las tensiones estratégicas) influyen en el agravamiento de sus deficiencias. En este sentido, reclama la importancia de adjetivar el desarrollo poniendo el acento en la justicia social y en la moderación de las desigualdades como garantía de un desarrollo equilibrado y sostenible. China ha hecho aportaciones significativas en este sentido y su experiencia debe ser tenida en cuenta por la sociedad internacional. Las recientes iniciativas en el ámbito de la seguridad y el desarrollo, uniendo ambos conceptos, constituyen aportes importantes a una agenda global que necesita primar la cooperación sobre la confrontación.

OOOoooOOO

Como se nos sugiere desde el propio enunciado de esta convocatoria, las personas deben ocupar la posición central en el desarrollo. Un desarrollo al margen de las personas es inestable e insostenible a largo plazo. En los últimos años, el desarrollo global ha conocido importantes saltos en numerosas áreas, especialmente en un tiempo en que asistimos a una auténtica revolución integral con la tecnología por bandera principal. Sin embargo, este salto en las dinámicas de desarrollo ha coexistido con una complejidad creciente. Primero fue la crisis financiera, que derivó en importantes políticas de ajuste en muchas sociedades, incluso desarrolladas, afectando a un bienestar adquirido en base a los esfuerzos de muchas décadas. Después fue la pandemia del Covid-19, que aun no ha terminado, provocando importantes daños a toda la humanidad. Ahora, constatamos también como la guerra amenaza con provocar impactos globales de gran magnitud en áreas clave como la seguridad alimentaria, por ejemplo.

Un denominador común a todos estos procesos es que la desigualdad no deja de crecer. Un informe reciente de Oxfam, por ejemplo, indica que la riqueza de las grandes fortunas creció en 24 meses lo mismo que en dos décadas. La pandemia abocó a situaciones de enorme precariedad a muchísimas familias; y mientras tanto, las grandes fortunas vieron cómo su patrimonio se multiplicaba gracias a las oportunidades que les ofrecían sus posiciones de privilegio, así como a las inyecciones de capital que se han hecho desde los Estados para intentar paliar la crisis.

Se estima que el impacto del coronavirus, que ha demostrado lo extremo de la fragilidad de la sociedad humana global, puede provocar que en este año 2022, 250 millones de personas se vean arrastradas hacia niveles extremos de pobreza, una situación en la que ya se encuentra una cantidad alarmante de seres humanos. En la otra cara de la moneda, la riqueza de los milmillonarios ha crecido en los últimos 24 meses lo mismo que lo hizo en 23 años. Su patrimonio equivale ahora al 13,9% del PIB mundial, un porcentaje altísimo si lo comparamos, por ejemplo, con el del año 2000, cuando la riqueza total de los milmillonarios suponía el 4,4% del PIB mundial. Es decir, se ha multiplicado a más del triple en tan solo dos décadas, siendo estos dos últimos años responsables de una parte importante de ese incremento. En el tiempo que tarda en surgir un nuevo milmillonario, un millón de seres humanos pueden verse arrastrados a la pobreza.

En países como España, por ejemplo, mientras las empresas pueden presumir de haber superado 2021 con cifras históricas de beneficios, el porcentaje de personas en situación de privación material severa aumentó desde el 4,7% en 2019 al 7% de la población en 2020. La tímida recuperación se tradujo en un tirón de ganancias para las 35 marcas punteras del Íbex del 83,5% respecto a las cifras previas al Covid. Las 20 que les siguen en tamaño y liquidezdispararon sus resultados respecto a 2019 incluso con mayor intensidad, un 99,2%. Por tanto, las 55 empresas más importantes del país ganaron un 88,4% más que en 2019No es negativo que las empresas tengan beneficios, lo que sí es preocupante es que la riqueza, el crecimiento y, en suma, el desarrollo, no repercuta positivamente en el logro de nuevos impulsos al bien común.

Constatamos también como una guerra como la que vivimos en Ucrania amenaza con provocar una autentica catástrofe alimentaria. Incluso antes de este conflicto, el hambre en el mundo estaba creciendo. Según la FAO, casi 200 millones de personas en 53 países en 2021 pasaron a una situación diaria de hambre aguda. El déficit de alimentos básicos y fertilizantes en el mercado global como consecuencia del conflicto en Ucrania, sugieren que la cantidad de personas que sufren desnutrición aguda en el mundo podría elevarse a 220 millones. La inseguridad alimentaria seguirá aumentando.

Con estas cifras en la mano es difícil no pensar que algo grave y estructural está ocurriendo. Y es necesario y urgente ponerle remedio, tanto a nivel de conciencia moral como de políticas públicas. A fin de cuentas, la realidad actual no es producto de la fatalidad sino que responde, en lo básico, a un patrón ideológico que desde el fin de la Guerra Fría y la disolución de lo que conocemos como “socialismo real” ha alentado dinámicas de corte neoliberal que se han traducido en desequilibrios de tal calibre que amenazan la estabilidad social en todo el mundo.

Con el bagaje de la eliminación de la pobreza extrema, en los últimos tiempos, hemos visto que China ha destacado la importancia de lo social y de la armonía en su modelo de desarrollo. La mejora de los ingresos y las inversiones en políticas públicas, el impulso a propuestas como la prosperidad común, etc., sugieren una cabal comprensión de la trascendencia de este aspecto. Igualmente, constatamos a diario en la lucha contra la pandemia de Covid-19 un ingente esfuerzo por proteger a la población de daños irreparables.

China ha ofrecido también bienes públicos a la sociedad global. La propia Iniciativa de Desarrollo Global propuesta por China es una llamada a la acción oportuna para abordar los desafíos apremiantes que amenazan la capacidad colectiva global para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

China lleva lustros introduciendo en la agenda internacional otro punto de vista en el debate sobre el futuro de la seguridad en el mundo; una seguridad que hoy se aleja de la concepción clásica centrada en el factor militar para incorporar variables de gran sustancia como la energética, la alimentaria, la climática, etc. Por tanto, recordar que el mundo es nuestra casa común y apostar porque ese axioma sea interiorizado por los estados y agentes internacionales es de suma trascendencia y los esfuerzos en este sentido deben saludarse de forma generosa y ambiciosa.

La recuperación económica es hoy una preocupación que no distingue entre países, regiones o sistemas políticos. Los daños acumulados en los últimos años como consecuencia de los eventos descritos, nos conminan a tender puentes y fomentar el diálogo y la cooperación para poder enfrentar el horizonte con perspectivas de éxito. Y ese logro exige como nunca que las personas sean tenidas especialmente en cuenta.

Muchas gracias

(Intervención en el Foro Internacional de Grupos de Reflexión y Medios de Comunicación sobre «Desarrollo Global: Misión y contribuciones comunes», organizado por la CASS, el Consejo de Estado y China Media Group, los días 4 y 5 de julio).

lunes, 7 de marzo de 2022

Puntos clave del Informe de la Labor del Gobierno, presentado por el premier chino Li Keqiang en la apertura de la Quinta Sesión de la Asamblea Popular Nacional el 5 de marzo de 2022

Por  Xulio RíosIn 

DocumentaciónSecciones 

Estos son los Puntos Clave:

ECONOMÍA CHINA

  1. China ha establecido su objetivo de crecimiento del producto interno bruto (PIB) de 2022 en alrededor del 5,5 por ciento.
  2. China establece el objetivo de crear más de 11 millones de nuevos puestos de trabajo urbano y mantener la tasa de desempleo urbano calculada con base en encuesta por debajo del 5,5 por ciento para 2022.
  3. China ha fijado su objetivo de inflación, o aumento del índice de precios al consumidor (IPC), en un 3 por ciento para 2022.
  4. China logró los principales objetivos y tareas del año pasado y empezó con buen pie el XIV Plan Quinquenal (2021-2025).
  5. Los fundamentos de la economía de China permanecen sin cambios, y mantendrán el crecimiento a largo plazo. China cuenta con múltiples condiciones favorables para el desarrollo sostenido, incluyendo un enorme potencial para el emprendimiento y la innovación, y ha acumulado una rica experiencia en la gestión de los principales riesgos y esafíos. No hay duda de que la economía de China resistirá cualquier presión a la baja y seguirá creciendo de manera constante en el futuro.
  6. La economía china se está enfrentando a una triple presión ejercida por una demanda contraída, suministros interrumpidos y debilitamiento de las expectativas.
  7. China se esforzará por lograr un desempeño macroeconómico estable y mantener los principales indicadores económicos dentro del rango apropiado.
  8. China animará a las instituciones financieras a bajar las tasas de interés reales de los préstamos y a recortar las tarifas, a fin de facilitar realmente el acceso de las entidades del mercado a la financiación y lograr una disminución considerable de los costos generales de financiación.
  9. La estabilidad económica debe ser la máxima prioridad en el trabajo del Gobierno en 2022 y se debe buscar el progreso garantizando al mismo tiempo la estabilidad.
  10. China creará un fondo para garantizar la estabilidad financiera y desactivar los riesgos y peligros potenciales de acuerdo con el mercado y la ley.
  11. La política fiscal proactiva de China debe ser más efectiva, específica y sostenible.  

CAPITAL E INVERSIONES

  1. China apoyará y guiará el desarrollo sólido y bien regulado del capital.
  2. China ampliará la inversión efectiva de una manera proactiva.
  3. China alentará a las empresas con inversión extranjera a moverse hacia una gama más amplia de sectores, y apoyará más inversión extranjera en manufactura de gama media y alta, investigación y desarrollo, y servicios modernos, así como en las regiones central, occidental y nororiental.
  4. China hará un mayor uso de la inversión extranjera. La lista negativa para la inversión extranjera se observará plenamente y se garantizará el trato nacional para todas las empresas de inversión extranjera.  

SALUD

  1. China intensificará los esfuerzos para estudiar y defenderse de las variantes del virus causante de la COVID-19, acelerar la investigación y el desarrollo de vacunas y medicamentos efectivos, y continuar implementando programas de vacunación.
  2. China continuará ejerciendo su control eficaz y regular de la COVID-19 para prevenir casos entrantes y rebrotes domésticos.
  3. China ayudará a los sectores afectados por la pandemia de COVID-19 a mantenerse a flote y superar los tiempos difíciles con perspectivas prometedoras.Las políticas de apoyo se inclinarán más hacia las empresas de los sectores con una gran capacidad de generación de empleo pero afectados gravemente por la pandemia, incluyendo la gastronomía, la hostelería, el comercio minorista, el turismo y el transporte de pasajeros.
  4. China optimizará la red de prevención y control de enfermedades y también hará mayores esfuerzos para formar personal sanitario. El país también mejorará las capacidades para monitorear epidemias importantes, lanzar alertas tempranas y llevar a cabo investigación y rastreo epidemiológicos, así como para activar mecanismos de respuesta a emergencias.  

POLÍTICAS MONETARIAS Y CAMBIARIAS

  1. La política monetaria prudente de China debe ser flexible y adecuada, manteniendo una liquidez razonablemente amplia.
  2. China mantendrá generalmente estable el tipo de cambio de su moneda, el renminbi, en un nivel adaptable y equilibrado.
  3. China intensificará la aplicación de la política monetaria prudente en 2022.  

CEREALES

  1. China apunta a mantener su producción de cereales por encima de 650 millones de toneladas métricas en 2022.
  2. China impulsará la producción agrícola y debe garantizar que el área de tierras de cultivo se mantenga por encima de la línea roja de los 1.800 millones de mu (120 millones de hectáreas).  

VIDA Y BIENESTAR DEL PUEBLO

  1. China consolidará y ampliará plenamente sus logros en la eliminación de la pobreza.
  2. China promoverá la vitalización rural en todos los aspectos. y trabajará para que la población no vuelva a caer en la miseria en gran número.
  3. China fortalecerá la política de prioridad del empleo en 2022.
  4. El Gobierno chino mantendrá en un nivel bajo sus gastos apretándose el cinturón para beneficiar al pueblo.
  5. China expandirá la demanda interna y promoverá el desarrollo regional coordinado y la nueva urbanización.
  6. China continuará defendiendo el principio de que las casas son para vivir y no para la especulación, y mantendrá estables los costos de los predios, los precios de la vivienda y las expectativas del mercado, a fin de facilitar una circulación positiva y un desarrollo sano en el sector inmobiliario.
  7. Se espera que los reembolsos y recortes de impuestos de China totalicen alrededor de 2,5 billones de yuanes (395.000 millones de dólares) en 2022.  

MEDIO AMBIENTE Y POLÍTICAS ECOLÓGICAS

  1. China busca una mayor mejora en el medio ambiente en 2022, con una reducción continua en la descarga de los principales contaminantes.
  2. China continuará mejorando el medio ambiente y promoviendo el desarrollo verde y bajo en carbono.
  3. China avanzará de forma ordenada para alcanzar el pico de emisiones de carbono y la neutralidad de carbono, y pondrá en marcha el plan de acción para el pico de emisiones de carbono. 

INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍAS

  1. China proporcionará mayores incentivos para promover la innovación entre las empresas, reforzar la posición principal de las empresas en innovación, y fortalecer la protección y aplicación de los derechos de propiedad intelectual.
  2. China implementará un plan de acción de 10 años sobre investigación básica para garantizar un apoyo estable a la innovación científica y tecnológica a largo plazo.
  3. China continuará aplicando su estrategia de desarrollo impulsada por la innovación y fortalecerá los fundamentos de la economía real. China promoverá la innovación científica y tecnológica para mejorar sus industrias, eliminar cuellos de botella en el suministro y llevar adelante un desarrollo de alta calidad a través de la innovación. El país continuará promoviendo la cooperación científica y tecnológica internacional y acelerará los esfuerzos para construir centros de talentos y de innovación de importancia global.China aumentará la cobertura de deducciones para las pequeñas y medianas empresas de ciencia y tecnología del 75 al 100 por ciento y otorgará exenciones fiscales a las empresas que inviertan en investigación básica. China también impulsará la competitividad central de la manufactura, pondrá en marcha un grupo de proyectos de reingeniería de fundaciones industriales, y ayudará a actualizar las industrias tradicionales. 

APERTURA Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL

  1. China profundizará la reforma para simplificar el despacho de aduanas y acelerará la construcción de un sistema de servicios logísticos internacionales, para ayudar a reducir los costos y aumentar la eficiencia en el comercio exterior.
  2. China profundizará la cooperación económica y comercial multilateral y bilateral. La Asociación Económica Integral Regional (RCEP, siglas en inglés) ha creado la mayor zona de libre comercio del mundo. China alentará a las empresas a hacer un buen uso del tratamiento arancelario preferencial, la acumulación de origen y otras reglas en el marco de la RCEP para expandir la cooperación en comercio e inversión. China continuará defendiendo firmemente el régimen de comercio multilateral y participará activamente en la reforma de la Organización Mundial del Comercio. Además, está dispuesta a trabajar con todos los países para fortalecer la cooperación de beneficio mutuo y lograr resultados beneficiosos para todos.
  3. China adoptará un paquete de medidas para estabilizar el comercio exterior.
  4. China avanzará en la Iniciativa de Desarrollo Global y promoverá los valores compartidos de toda la humanidad.
  5. China está lista a trabajar con todos los demás miembros de la comunidad internacional para hacer nuevas y mayores contribuciones a la promoción de la paz, la estabilidad, el desarrollo y la prosperidad mundiales.
  6. China promoverá una cooperación de alta calidad en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta, manteniendo su compromiso con el principio de lograr un crecimiento compartido a través de la consulta y la colaboración.
  7. China trabajará para negociar y cerrar tratados de libre comercio (TLC) de alto nivel con más países y regiones. 

OTROS

  1. China mejorará el entrenamiento militar y la preparación para el combate, se mantendrá firme y flexible en la ejecución de la lucha militar y salvaguardará la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo del país.
  2. China tomará medidas enérgicas contra el tráfico de mujeres y niños y protegerá sus derechos e intereses legítimos.
  3. Compromiso para redoblar los esfuerzos tendientes a ayudar a Hong Kong y Macao a desarrollar la economía y mejorar el bienestar del pueblo, con el fin de que las dos regiones se integren mejor en el desarrollo general del país y mantengan su prosperidad y estabilidad a largo plazo.
  4. China promoverá el desarrollo pacífico de las relaciones a través del estrecho de Taiwan y la reunificación de China, y se opone firmemente a cualquier actividad separatista que busque la «independencia de Taiwan» y a la interferencia extranjera.
  5. China aprovechará al máximo el legado de los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022 para enriquecer la vida intelectual y cultural de la gente.
  6. Promesa de intensificar los esfuerzos para construir un Gobierno limpio
  7. Intensificará la seguridad nacional, y fortalecerá la seguridad cibernética, la seguridad de datos y la protección de la información personal.
  8. China continuará mejorando la equidad y la calidad de la educación. El país promoverá el desarrollo de alta calidad y bien equilibrado y la integración urbano-rural de la educación obligatoria, y continuará los esfuerzos para reducir la carga de los estudiantes en la educación obligatoria. Asimismo, aumentará los recursos para la educación preescolar de interés público a través de múltiples canales y desarrollará la educación superior en todo su potencial. China, con 290 millones de estudiantes en sus escuelas y universidades, debe garantizar que la educación, que es importante para millones de familias y para el futuro de la nación, esté bien administrada.
  9. China protegerá y mantendrá vivo el patrimonio histórico y cultural en el curso de la planificación y construcción en áreas urbanas y rurales.

viernes, 28 de enero de 2022

La crisis de Ucrania y China

 

Xulio Rios, Público

China sigue con natural preocupación la crisis en torno a Ucrania. De una parte, expresando su crítica al papel de EEUU y la OTAN por su "obsoleta mentalidad"; de otra, midiendo sus acciones para evitar dar la impresión de cualquier interferencia que hipoteque el sacrosanto principio de desarrollar una diplomacia de no injerencia. No siempre es un equilibrio fácil. Ucrania es un referente importante en su Ruta de la Seda. En 2014, la deposición de Víctor Yanukóvich se produjo tras el regreso de un viaje a China, entonces ya su segundo socio comercial, con el que pretendía reforzar el vínculo bilateral. Todo se vino abajo después.

En el detalle, China se sabe ganadora: de haber guerra, eso distraería a Washington de su otra guerra (comercial, tecnológica…) con Beijing; de no haberla, la tensión habrá servido para reforzar los fundamentos y dar nuevos impulsos a la "no alianza" entre Rusia y China; de adoptarse sanciones contra Moscú, esto realzaría el valor de la solidaridad china con el Kremlin. En 2021, el volumen comercial bilateral se elevó un 35,8 por ciento para llegar a cerca de 146.900 millones de dólares. La OTAN empuja a Moscú a los brazos de Beijing. Aun así, globalmente, para los intereses estratégicos de China, es de interés que Rusia resista el embate occidental.

Beijing rechaza la expansión de la OTAN (a troche y moche, no solo hacia el Este de Europa sino incluso hacia Sudamérica, con Colombia, donde EEUU ya dispone de acceso a varias bases militares). La considera expresión de la perpetuación de la lógica de la Guerra Fría y también la vincula con la promoción del AUKUS o la potenciación del QUAD, en su entorno inmediato. Todo ello formaría parte de una misma dinámica orientada a reafirmar la hegemonía occidental haciendo gala del principal instrumento a su disposición, no la fuerza de su economía sino de su poder militar.

En el caso europeo, la estrategia apuntaría a la generación de conflictos que sepulten cualquier posibilidad de "autonomía estratégica" de la UE y atar en corto a Bruselas evitando su acercamiento a Rusia o China ya que eso debilitaría la política de la Casa Blanca. De plantear la "competencia estratégica" en solitario, probablemente estaría derrotada de antemano. A más tensión en Europa, ni habrá Nord Stream 2 con Rusia (lo que supondrá un gran negocio para EEUU) ni se afianzará la relación con China, hoy objetivo principal de todas esas derechas europeas que imperan en las instituciones comunitarias. Para Beijing, por ejemplo, no es casual que algunas capitales, más próximas a Washington que a Bruselas, lideren un replanteamiento de la relación con Taiwán que puede tener repercusiones importantes como las está teniendo ya con Lituania.

Vincular, por otra parte, la posibilidad de una guerra en Ucrania con el estallido de un conflicto similar por Taiwán carece de sentido a día de hoy. En primer lugar, la naturaleza de cada caso es distinta: en uno hablamos de seguridad, en otro de integridad territorial. China no "aprovechará" una crisis para resolver otra, aun en gestación. En Taiwán, la prioridad sigue siendo la solución pacífica por más que se agite el fantasma de la intervención, exagerando la amenaza como patrón mediático por parte de Occidente. El denominador común es que en ambos casos las multinacionales del armamento incrementan de forma mayúscula sus ya pingües beneficios.

China no puede más que sonrojarse cuando EEUU acusa a Rusia de pretender ejercer una limitación de la soberanía de Ucrania al rechazar su adhesión a la OTAN. Y recuerda que el caso de Honduras está muy fresco: Xiomara Castro, la ganadora en los comicios presidenciales, anunció en campaña su intención de romper con Taiwán y reconocer a China. Biden envió entonces a Honduras una expeditiva comisión portando advertencias contundentes respecto a las consecuencias de dicho acto. Todo ello se supone que para preservar la soberanía plena del gobierno hondureño... Por lo pronto, el entorno de Xiomara Castro se desdijo.

A diferencia del diálogo con EEUU a propósito de la creciente influencia china en América Latina y el Caribe, a China le funciona el diálogo con Moscú en relación a Afganistán o Asia Central, donde priman los intereses comunes. Hay reservas y desconfianzas pero se subsumen en un entendimiento general que refleja la disposición para avanzar en la definición de un modelo alternativo.

En el contexto de los JJOO de Invierno y despreciando el "boicot diplomático" instigado por EEUU, el encuentro entre Vladimir Putin y Xi Jinping la próxima semana en la capital china no hará sino constatar una afinidad al alza que hace palidecer aquella "alianza eterna" suscrita en 1950 –que tan poco duró- con base en aquel internacionalismo proletario de antaño. El pragmatismo parece haber tomado el relevo de la ideología. Y con más éxito, sin duda.