Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 8 de octubre de 2019

El Che y el gran debate sobre la economía en Cuba

Por Fernando Martínez Heredia

El siguiente texto constituye la intervención de Fernando M
artínez Heredia en la presentación del libro Ernesto Che Guevara: El gran debate. Sobre la economía en Cuba en 1963-64, Ocean Press / Centro de Estudios Che Guevara, La Habana, 2003.

La publicación de este libro es un acontecimiento en la guerra cultural que se está librando en la actualidad entre dos sociedades y dos concepciones de la vida y del mundo: las del capitalismo imperialista y las de los que se le enfrentan, o al menos se niegan a ser absorbidos o aplastados por él. El gran debate nos devuelve una polémica que tuvo una importancia extraordinaria en la historia de nuestras ideas, y nos sitúa, al menos parcialmente, en el ambiente histórico de la creación de una sociedad diferente –y no sólo opuesta— al capitalismo, ese sentido básico de los años 60 que a mi juicio permitió que la revolución cubana continuara y se afirmara, y que mediante un proceso maravilloso y angustioso las personas la hicieran suya de manera permanente, hasta hoy. Este hecho que nos reúne es pues una victoria en el rescate de la memoria histórica del pueblo cubano, esa fuerza que tienen las naciones para enfrentar su presente y para proyectar su futuro. Pero no es sólo esa la ganancia que obtenemos con él.

Requerido fraternalmente por Aleida y María del Carmen para hablar aquí hoy a ustedes, que están librando batallas porque la economía de Cuba sea viable, y sea efectivamente un baluarte del empeño por el socialismo y por la soberanía nacional, me preguntaba qué sería mejor escoger, ante la escasez de tiempo. Me decidí por hacer unos comentarios más generales sobre lo que a mi juicio significó aquel debate, porque él tiene una gran trascendencia para el proceso en que continuamos, casi 40 años después y en circunstancias parcialmente nuevas.

Es cierto que ellos discutieron sobre organización económica –centralización o descentralización--, los niveles de decisión, las políticas de retribución al trabajo, el papel de la banca, el crédito, costos de producción, precios, relaciones entre las empresas estatales. Pero esa identificación del debate sería completamente insuficiente. Ante todo, en los primeros años 60 se jugaban al mismo tiempo –en la apuesta tremenda de toda revolución-- la existencia y el alcance del nuevo poder, la capacidad de hacer cambios trascendentales y de reproducir la vida social, la defensa frente a sus enemigos, la creación de nuevas relaciones e instituciones y la formulación de un proyecto que estuviese a la altura de los ideales y los sacrificios. A ese contexto más general se sumaba la alianza con la URSS, que pronto tuvo un peso enorme. El triunfo y la liberación cubanos se habían burlado totalmente de la geopolítica, pero esta iniciaba ahora una venganza que duró 30 años. Cuba tuvo que enfrentar la agresión sistemática de la potencia mayor de la historia, el imperialismo norteamericano, y evitar en lo posible el peso de los aspectos negativos de su relación con la URSS. Esto último era muy importante en el campo que nos ocupa, que es el de la transición socialista, porque existían evidentes tensiones y contradicciones entre el ideal comunista, los procesos de socialización, el poder revolucionario y los ideales internacionalistas de la revolución cubana socialista de liberación nacional, por una parte, y el sistema soviético y su ideología teorizada, que sin embargo eran la fuerza mayor que en el mundo actuaba y hablaba en nombre del socialismo y el marxismo.

Lo que estaba detrás de aquel debate, en el terreno de las ideas, era el problema, la urgencia y la necesidad de desarrollar un pensamiento de la Revolución cubana. El Che tuvo un papel fundamental en esa elaboración en aquellos años, siempre unido a Fidel, como en toda su actividad, aquí y en los frentes internacionalistas en que peleó después como comandante cubano. Pero la mayor parte de lo que se consumía en Cuba con el nombre de marxismo leninismo, y la Economía Política del Socialismo, eran pesos muertos, más que instrumentos, o tan siquiera una ayuda para pensar la revolución, y por tanto para llevarla hacia adelante. Pesos muertos en la espalda, la garganta y la mente de los revolucionarios, porque parecían insoslayables, y porque su nexo aparente con el socialismo le daba lustre nuevo a los viejos argumentos de la dominación: que existe una naturaleza humana inmutable y toda acción está limitada por ella; que el egoísmo es el motor fundamental de cada individuo; que las leyes de la economía son independientes de la voluntad humana; y así otros. Lo verdaderamente grave es que esa ideología y ese cuerpo teóricos eran propuestos, y aceptados, como los que correspondían a una revolución socialista. El dogmatismo no era un defecto corregible, porque a la dominación en nombre del socialismo le eran necesarias ideas fijas e imposiciones a las mentes. Si sólo se asomaba uno a la historia de la teoría y la elaboración de sus conceptos podía advertir enseguida que en las décadas recientes ellos habían sido desnaturalizados, como una consecuencia más de la deformación monstruosa de la realidad respecto a la revolución bolchevique y al proyecto comunista.

La causa inmediata del debate fueron las diferencias de criterios en el seno de la revolución acerca de la conducción de la economía. Eso ofrece una primera dimensión al análisis que hacemos hoy, pero enseguida nos conduce a otras cuestiones: ¿Cómo entendían lo que se hacía y lo que era necesario hacer los diferentes integrantes del régimen revolucionario? Y a otras preguntas, entre ellas una que es central: ¿cómo se relacionaban el poder y el proyecto en el seno de la revolución? Todos los cubanos participantes en el debate eran a la vez participantes con responsabilidades en las tareas de la revolución. Todos aspiraban al desarrollo económico de Cuba en el marco de su revolución. No era entonces un enfrentamiento entre adversarios, sino un debate entre compañeros. Pero el debate entre los revolucionarios era --y es siempre-- un ejercicio indispensable para la vida del socialismo, porque la nueva sociedad hay que crearla, exige invenciones, intuiciones, y una combinación rara de rigor y audacia, de principios y herejía, de fidelidad y ejercicio del criterio propio. Discutieron entonces en las revistas habaneras acerca de problemas muy importantes, expresando sus divergencias, y eso no debilitó para nada al régimen socialista: todo lo contrario. Esa es una lección histórica, y el Che tuvo una participación ejemplar en ella.

La controversia no se limitó a la conveniencia de la autogestión o el Sistema Presupuestario de Financiamiento, a las relaciones entre estímulos materiales y morales, a temas de la práctica económica como el papel de la banca, los costos de producción, las relaciones entre empresas estatales, y otros. El debate abarcó el carácter y los papeles de la ley del valor y del plan en el período de transición socialista, el problema de una correspondencia obligada entre el "nivel" asignado a las fuerzas productivas económicas y las relaciones de producción existentes o a establecer, y el alcance del trabajo con la conciencia en la construcción socialista. Por primera vez en América, involucró a conceptos fundamentales del marxismo, de la Economía Política, de los sistemas de dirección económica socialista posibles, puestos en relación con ideas más generales de política económica, en un debate entre dirigentes de un país socialista y de organismos centrales de su economía, en el que terciaron economistas teóricos conocidos de Europa Occidental.

En l962 había comenzado en la URSS un debate a partir del artículo de E. Liberman "Plan, beneficio, primas", alrededor del criterio de rentabilidad, el alcance del plan central y la estimulación a las empresas a buscar más eficiencia mediante más autonomía, el interés material y una política de incentivos a los trabajadores. Aquel debate fue un paso hacia la reforma económica soviética en l965, y reformas análogas, aunque con sus especificidades, que sucedieron en otros países de Europa oriental. Como es natural, esas ideas iban llegando a nuestro país.

Pero la discusión cubana tenía sus propios puntos de partida. Y fue un extraordinario adelanto de las ideas marxistas, una consecuencia de la victoria de la revolución y el socialismo en Cuba, premisa necesaria que no hubiera sido, sin embargo, suficiente, de haber faltado la extraordinaria conjunción de factores favorables que se dieron aquí. Una cultura política que desde hacía siglo y medio relacionaba el mantenimiento o cambio de los regímenes con las estructuras económicas de producción y las relaciones sociales a defender o atacar, y formulaba argumentaciones sólidas en uno u otro sentido. Una historia de un siglo de luchas revolucionarias de extraordinaria riqueza política e ideológica, que construyó una nación y dio carta de ciudadanía al patriotismo popular unido al radicalismo político, relacionó el antimperialismo con las ideas y la lucha por la liberación nacional, y a estas con las representaciones de lucha por la justicia social y de la clase trabajadora. Un arraigo del marxismo y las ideas socialistas desde la Revolución del 30. El tipo de revolución iniciado en el Moncada, que supo reunir toda la fuerza popular acumulada y descargarla contra los enemigos más visibles y los enemigos fundamentales más solapados de la nación y del pueblo, en una sucesión ininterrumpida de luchas, transformaciones y victorias. Y la personalidad revolucionaria de Fidel Castro, conductor de la revolución armada popular, gestor máximo de la unidad revolucionaria, dirigente de todos los cambios importantes, pensador socialista profundo y creador, una fuerza él mismo de gran alcance.

Y a la vez, las resultantes sumamente desventajosas de una historia de colonialismo y neocolonialismo, y de muy estrechos nexos con su metrópoli, convertida por la liberación en su enemigo mortal. Todos esos factores exigían que el socialismo cubano desarrollara su pensamiento propio, pensara con su cabeza su circunstancia y su proyecto, utilizara el marxismo como instrumento de su acción revolucionaria, o no habría socialismo en Cuba. El debate económico de l963-64 fue una formulación teórica de aquella exigencia. Lo primero que resalta es la profundidad y el rigor alcanzados en el tratamiento de sus asuntos, y el más destacado en esas cualidades, y en la creatividad y fuerza de sus ideas y de sus exposiciones, fue el Che, guerrillero devenido dirigente y ministro. En realidad lo que se ventilaba era la elección de una política económica, a su vez inscrita en decisiones más generales acerca del camino del socialismo en Cuba. La opinión de que lo necesario es realmente "perfeccionar" el sistema llamado del cálculo (autogestión, prefiere llamarle el Che), no busca solamente una modalidad de obtención de la eficiencia económica: es la creencia en que en la transición socialista el progreso del sistema económico pasa por el logro de que "la economía se construya a sí misma", esto es, de que las relaciones económicas gocen de autonomía a un grado tal que garantice su funcionamiento mediante sus regulaciones, su control, sus estimulaciones, sus iniciativas y sus balances económicos.

Esa posición, y su contraria, discuten en realidad cuestiones tales como: ¿hasta dónde pueden intervenir con su voluntad los actores calificados en la construcción económica del socialismo? ¿cuál es el papel real del Estado, del Partido y de la ideología en esa construcción económica? ¿las "leyes económicas" deben dictar el rumbo a seguir, y los resultados económicos dictarán las etapas del socialismo y la conducta a seguir en cada una de ellas? Esas preguntas atañen a la naturaleza que tendrán las palancas principales de la construcción socialista, y por tanto también a cómo marchar, a qué velocidad marchar y, esto es decisivo, hacia dónde marchar.

Llegamos entonces a la encrucijada: ¿Cuba debe cubrir etapas "intermedias" que le faltarían antes de "construir el socialismo", o lo que se exige es avanzar simultáneamente en un complejo y prolongado proceso comunista de lucha por echar bases para la liquidación de toda forma de dominación, desde el inicio de la construcción socialista? Y esto, ¿no es un caso particular de una disyuntiva general, que con sus especificidades nacionales debe regir para todo el socialismo en el mundo? Es válida la generalización teórica, porque el marxismo desde su origen ha concebido el comunismo como el resultado de la acción proletaria en un plano histórico mundial. Y la práctica de aquellos años venía confirmando ese planteo, con la internacionalización rápida y creciente de los procesos revolucionarios. No había ocurrido como lo esperaba Marx, pero los países del llamado Tercer Mundo --el mundo del colonialismo y el neocolonialismo capitalista-- que se liberaban realmente, veían en el socialismo su único camino, aunque desde puntos de partida y realidades nacionales muy diferentes.

En el fondo del debate económico --sin desconocer la gran verdad de que ningún debate de esta naturaleza se explica totalmente si sólo se investigan sus temas, y los argumentos utilizados-- aparecen concepciones diferentes del desarrollo social y del carácter de la revolución. Y ellas están relacionadas con el predominio, dentro de las posiciones marxistas, de una concepción determinista o de una concepción basada en la praxis. Hechas, como es obligado, todas las salvedades del caso: en su larga historia, el marxismo aparece ligado siempre a luchas políticas y sociales, a organizaciones y a poderes estatales, a articulaciones internacionales de aspiración mundial, a complicadas implantaciones en cada cultura nacional y a discutibles transculturaciones, entre otros factores, que condicionan la presencia de una gran riqueza de matices en cada caso particular.

El Che defiende una concepción marxista acerca de la revolución que privilegia el papel de la acción consciente y organizada, y lo hace con el rigor de quien ha meditado y estructurado sus aspectos y relaciones internas fundamentales. En sus textos se hace claro el sentido de aquella advertencia temprana, hecha a sus compañeros de Industrias: el Sistema Presupuestario de Financiamiento es solamente parte de una concepción general del desarrollo de la construcción del socialismo, es expresión de una política económica inscrita en esa concepción general. Es por tanto, más que un sistema organizado rigurosamente (y lo es), una parte en un conjunto de acciones socialistas y comunistas para la transición socialista, incomprensible para un análisis que se restrinja a aspectos técnicos, e inaplicable si no es como parte de una totalidad conceptual y de acción determinada. Esa concepción es la que fundamenta sus planteos claves, como el de que la vanguardia revolucionaria, influida cada vez más por el marxismo, puede llegar a prever en su conciencia los pasos a dar y así forzar la marcha de los acontecimientos históricos, "dentro de lo que objetivamente es posible". Afirmación que el Che expone con rigor, en su núcleo y en sus determinaciones, durante la polémica, pero que ha estado, expresa o implícita, en sus escritos e intervenciones de los años precedentes.

La posición filosófica que privilegia la praxis es la que le permite trascender el falso dilema que clasifica en materialistas o idealistas a quienes acepten o no el determinismo social de las llamadas fuerzas productivas, fijo en sus normas y rector de una abstracta evolución de la humanidad. Y es la que permite al Che recuperar la comprensión dialéctica, en este caso de la revolución y de la época de transición del capitalismo al comunismo, y entender como norma de todo el período histórico el carácter dominante del polo subjetivo en la contradicción existente entre la reproducción de la formación social y su transformación.

Es cierto que su concepción implica no reconocer el papel rector de la economía en la revolución y la transición socialista, ni siquiera como "última instancia". Pero no es cierto que el Che contraponga "conciencia" a "economía": juzgarlo así es no entenderlo, aunque es comprensible que se llegue a esa dicotomía cuando se permanece dentro de una concepción determinista de lo social.

Che muestra que es el poder la fuente del mando ejercido sobre la economía, poder revolucionario que tiene que ser capaz de crecer una y otra vez, y convertirse en poder de los trabajadores y el pueblo organizados. La fuerza y el entusiasmo desatados, sistematizados por la vanguardia política y por los instrumentos del nuevo Estado y la nueva sociedad, vueltos a desatar y organizar a niveles superiores cada vez, son decisivos para lograr el propósito que se tiene, que es nada menos que hacer que las fuerzas productivas y las relaciones de producción dejen de ser medios para perpetuar la dominación, y al mismo tiempo lograr la más profunda transformación de los individuos y del conjunto de la vida y la sociedad que vienen del capitalismo. La conciencia que guía la acción organizada y planeada debe ser fundamental, precisamente por los objetivos a alcanzar, los medios que se movilizan permanentemente para lograrlos, y los obstáculos reales que hay que combatir: las relaciones mercantiles, el subdesarrollo, las deformaciones propias y el capitalismo mundial.

Educación, coerción social, normación, deber social, combinaciones de estímulos, relativa falta de desarrollo de la conciencia social, emulación, trabajo voluntario, son palabras que aparecen a lo largo de todos los escritos económicos del Che, perfectamente relacionadas con producción, planificación, trabajo, mercancía, costos de producción, valor, precios, finanzas, sistema de dirección económica. En el trabajo, por ejemplo, la conciencia debe poder medirse, y medirse técnicamente. Conciencia es también, por su parte, la comprensión que los hombres van alcanzando de los hechos económicos, y el grado en que los dominan. Por todo ello, puede llegarse a la definición de planificación centralizada del Che, que suena tan extraña a los oídos habituados al mecanicismo: "es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista".

No se trata entonces de desprecio a la economía, sino de que esta debe ser dirigida de manera consciente, porque su nueva meta carece de continuidad alguna con sus metas anteriores, a pesar de que su materia proceda de la economía mercantil generalizada y dirigida a la ganancia: se trata del objetivo más ambicioso que se ha soñado jamás. Por ser tan importante la economía es que el Che se ocupa de ella con tanto esfuerzo y tanta pasión, y la estudia y protagoniza una polémica acerca de ella antes que sobre otros aspectos de la transición socialista. Hay que impedir que se repita una y otra vez, y arraigue entre nosotros, el error de pretender construir el socialismo tomando prestadas las armas del capitalismo. Por tanto, hay que acudir también a la profundización del análisis, a la teoría, y al debate de las ideas económicas y sociales, como parte de la lucha socialista.

El Che explica en el debate puntos débiles de la práctica de sus posiciones, y recuerda más de una vez que faltan demostraciones necesarias de muchas de sus ideas. Pero sostiene con argumentos y tenacidad todos los aspectos importantes de su posición, muestra una gran confianza en la capacidad de los seres humanos en revolución para mover el mundo, y es intransigente en cuanto a la necesidad de analizar, conectar la teoría con la práctica en la situación concreta, y ser creativo: "la tarea de la construcción del socialismo en Cuba debe encararse huyendo del mecanicismo como de la peste".

"La planificación socialista, su significado", en su breve docena de páginas, es un pequeño clásico de economía marxista, por el valor de su tesis central, por la brillantez con que ataca a la argumentación contraria e integra los elementos de su discurso, por su claridad y hondura al fijar los problemas centrales de la economía de la transición socialista, y por la calidad y riqueza de su prosa sintética. Tan apegado al marxismo originario como antidogmático y creador, Che ataca en ese artículo una deformación fundamental contraída por el marxismo y mantenida durante décadas. Y relaciona eficazmente la economía real con el análisis del conjunto de la formación social y de sus condicionantes, al pensamiento económico con el conjunto del pensamiento social, y a los hechos y el pensamiento con su propia historia.

La economía de la transición socialista tiene un lugar cardinal en la concepción del Che del socialismo y del comunismo, pero no un lugar independiente. A ella le dedicó cientos de páginas y muchas intervenciones, profusas meditaciones y propósitos de educación y de divulgación. Al contrario de los que piensan que sustituyó el realismo de la economía por el idealismo de la conciencia, Che comprendió la máxima importancia de los hechos económicos en las sociedades y la urgencia ineludible de lograr un desarrollo económico de tipo radicalmente nuevo, socialista. Lo comprendió tanto, y vio tan bien lo que el socialismo se juega en ello, que pensó, argumentó, defendió y practicó la tesis de que, para avanzar al socialismo y al comunismo, la economía debe ser gobernada conscientemente.

Termino con una pregunta del Che: "¿por qué pensar que lo que ‘es’ en el período de transición, necesariamente ‘debe ser’?", y con una invitación suya: "no desconfiar demasiado de nuestras fuerzas y capacidades". Ambas pertenecen a aquella polémica, pero siguen vigentes. Buscando hace quince años un epígrafe apropiado para colocar al inicio de un libro en que traté de exponer la concepción y la batalla intelectual del Che, encontré esta frase de José Martí que me sigue pareciendo ideal para retratarlo: "El único hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana."

COBALTO. ¨EL ORO AZUL¨


Por Joaquín Benavides Rodríguez *

Cuba con 500 000 toneladas métricas de reservas de este mineral, ocupa el tercer lugar mundial entre los países con reservas. Se estima que hay 13 países con reservas importantes de Cobalto. 

La mayor reserva la tiene la República Democrática del Congo con una reserva estimada de 3,4 millones de toneladas métricas, seguida de Australia con 1,2 millones y en tercer lugar Cuba. 

Detrás Filipinas con 280 mil; Canadá y Rusia con 250 mil cada una. China con 80 mil y Estados Unidos 38 mil, que ocupa el penúltimo lugar. La fuente: Statista 2019. 

El consumo mundial de Cobalto en 2019, se calcula que será de 122 mil toneladas. En el 2011 fue de 78 mil toneladas, un crecimiento del 56% en 8 años. El precio en el presente 2019 se cotiza en más de 46 mil dólares la tonelada. 

La mayor extracción se produce en el Congo (RDP), con años de 90 mil toneladas; Rusia extrae 5,9 mil toneladas. 

China es el mayor productor de Cobalto refinado. Produce el 43% del total mundial según los datos de la consultora Euromonitor International. 

Hace solo unos años en el mundo se producía más cantidad de este metal que lo que se consumía. Desde el 2017 la situación comenzó a cambiar y el incremento de la demanda ha disparado el crecimiento de los precios en aproximadamente el 100%. 

Este material es indispensable para grandes marcas como TESLA que lo necesita para mejorar el rendimiento de sus automóviles eléctricos. O Apple que lo usa para que duren más las baterías de los IPhones, que produce masivamente en China. 

La razón es que el Cobalto tiene la cualidad de potenciar las cualidades de otros metales como el Litio que se ha vuelto el componente más usado en las baterías. 

Durante la última década este metal había pasado inadvertido hasta que hace unos tres años despertó el interés del mundo financiero. 

Antes de que se extendiera el uso de baterías de litio y cobalto, las empresas que realizaban grandes aleaciones eran las que hacían el mayor uso de este metal. 

Hoy estas compañías han sido desplazadas por los fabricantes de baterías, que cada año acaparan el 45% de la producción global de cobalto. 

La demanda de este metal registra durante una década crecimientos anuales de al menos 5%, según el presidente del Instituto de Desarrollo del Cobalto (CDI), David Weight. 

Y el interés aumento aún más cuando TESLA anuncio un modelo de vehículo. 

El abanderado del autoelectrico ha inaugurado una megafabrica que le permitirá suministrar 35GWh de energía de baterías. Es decir, un volumen mayor a la producción total de baterías realizadas en 2014. 

Pero no es el único. En la actualidad hay otras 13 megafabricas de baterías de diferentes marcas que están en fase de construcción o de planificación. 

China necesita el Cobalto para fabricar productos como portátiles y celulares dentro de sus fronteras, según le die a BBC Mundo la analista de Economía y Consumidores de Euromonitor, Oru Mohiuddin. 

Casi la mitad de los hogares del planeta cuenta con un Smartphone y un portátil y se prevé que esto aumente en al menos el 70% para el 2030. 

Una gran concentración de las fábricas que elaboran estos productos está en China. 

El Cobalto es el mineral más estratégico con que cuenta nuestro País. Cuba produce en la refinería que tiene en Canadá conjuntamente con Sherrit, el 15% del cobalto mundial con un 99,98 de pureza. 

Es un metal que en poco espacio almacena mucha energía. Las aplicaciones en la medicina son importantes y en los alabes de los motores a reacción de todos los aviones se utilizan aleaciones con cobalto, pues resisten cambios bruscos de temperatura. 

El Gobierno de China ha venido lanzando un gran programa inversionista de alcance mundial, llamado el Camino y la Ruta de la Seda, fundamentalmente para Asia, Europa y África; pero también hay ya países latinoamericanos que han planteado su interés en participar. 

Cuba es un pequeño país, pero tiene en el Cobalto una gran riqueza mineral, que como el Litio, se está convirtiendo en un mineral estratégico para la producción de baterías. Quizás está llegando el momento en que nuestro Gobierno plantee a las autoridades Chinas el interés del País en participar en la Ruta de la Seda a partir de un gran Proyecto inversionista que abarque la extracción y el refinado de Cobalto en la zona minera de Moa. 

También pudiera ser planteado el interés de Cuba de invertir conjuntamente con países como Japón y Alemania, con economías industriales con mucho desarrollo en tecnologías avanzadas y que carecen de Cobalto. 


Octubre 8 del 2019.

*Joaquín Benavides Rodríguez. Ocupó el cargo de Ministro- Presidente del Comité Estatal de Trabajo y Seguridad Social de Cuba (1980-1986). Fue Ministro de Gobierno y Presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Dirección de la Economía (1986-1991). Entre 1991 y 2003 ocupó el cargo de Viceministro de Economía del Ministerio de Transporte


La desigualdad en la distribución de los ingresos

Si hay un factor que incide claramente en la falta de éxito en la erradicación del hambre y la pobreza es, sin lugar a dudas, la desigual distribución de los ingresos. Aunque a nivel global se han realizado avances considerables para reducir la pobreza extrema, la desigualdad de ingresos sigue siendo alta. Esto significa que la mayor parte de la reducción de la pobreza se ha logrado gracias al incremento del crecimiento económico y no mediante la disminución de la desigualdad de ingresos.
Esta desigualdad se ha mantenido constante y alta en los últimos quince años. Como región, América Latina y el Caribe registra los mayores avances en cuanto a la reducción de la desigualdad de ingresos, pero sigue teniendo los niveles más altos de desigualdad a nivel mundial. No obstante, este avance general en la distribución de los ingresos no parece reflejarse en la distribución de la remuneración de los trabajadores.
Calculada según la prima de prosperidad compartida, esto es, la diferencia entre la tasa de crecimiento anual en ingresos o consumo del 40% más pobre de la población y la tasa de crecimiento anual de la media de población en la economía, la desigualdad va en aumento en casi la mitad de los países del mundo, incluidos numerosos países de ingresos medianos y bajos.
Sin embargo, si se centra la atención únicamente en los países de ingresos medianos y bajos, la tendencia en la distribución de ingresos es dispar. En la figura que se adjunta podemos comprobar que los países que se encuentran por encima de la línea han registrado un aumento en la desigualdad de ingresos entre los años 2000 y 2015, mientras que en aquellos que están por debajo se ha observado una disminución. Cabe señalar que varios países de África y Asia han registrado un gran aumento de la desigualdad de ingresos en los últimos 15 años. Los países con gran desigualdad son por lo general países con una gran dependencia de productos básicos. En 12 de estos países, la desigualdad de ingresos se mantuvo sin variaciones, mientras que en 26 de ellos la desigualdad aumentó. Pero más importante aún, 20 de estos 26 países tienen una elevada dependencia de los productos básicos.
La desigualdad de ingresos viene determinada por el tipo de crecimiento económico y la distribución de los ingresos obtenidos de los mercados de factores, en particular los mercados laboral y de capitales. Los países de América Latina, donde la desigualdad sigue siendo alta, aplicaron numerosas reformas iniciadas en el decenio de 1990 a fin de abrir sus economías y fomentar un crecimiento inducido por las exportaciones. Costa Rica constituye un ejemplo en la región de un país en el que se ha diversificado el sector de las exportaciones. Resulta interesante señalar que la desigualdad de ingresos aumentó en Costa Rica a raíz de la intensidad de mano de obra cualificada de los nuevos sectores de exportación, lo que contribuyó a aumentar las brechas salariales.
La desigualdad de ingresos también incide en la repercusión del crecimiento económico. Por ejemplo, si el crecimiento económico está asociado con un aumento de la desigualdad de ingresos, la población más pobre podría no verse beneficiada por el aumento de la renta nacional. La relación entre el crecimiento económico y un incremento de los ingresos medios y el aumento de la seguridad alimentaria y la nutrición puede ser más débil de lo previsto, especialmente si los niveles de desigualdad de ingresos son altos. En un contexto de crecimiento económico con un alto grado de desigualdad, deben solucionarse las desigualdades para procurar una salida del hambre y la malnutrición.
La desigualdad de ingresos incide en los efectos que la desaceleración o la contracción económica tienen en la seguridad alimentaria y la nutrición. En países en los que la desigualdad es mayor, las desaceleraciones y debilitamientos de la economía tienen un efecto desproporcionado en las poblaciones de bajos ingresos por lo que se refiere a la seguridad alimentaria y nutricional, ya que utilizan buena parte de sus ingresos para la adquisición de alimentos.
La desigualdad aumenta la probabilidad de sufrir inseguridad alimentaria grave y este efecto es un 20% mayor en el caso de países de ingresos bajos frente a países de ingresos medianos. Un estudio de la FAO relativo a 75 países de ingresos bajos y medianos constata que, en promedio, los países con un coeficiente de Gini alto, esto es, superior a 0,35, tienen un 33% más de probabilidades de experimentar inseguridad alimentaria grave. De hecho, la prevalencia de la inseguridad alimentaria grave es casi tres veces mayor en países con una elevada desigualdad de ingresos (el 21%) que en países con poca desigualdad de ingresos (el 7%).
Además, el mismo estudio de la FAO determina que en los países con niveles altos de desigualdad, el aumento de los ingresos familiares guarda una fuerte relación con la reducción de la inseguridad alimentaria grave. En los casos en que existe una desigualdad alta, este efecto es casi tres veces mayor que el de niveles de desigualdad más bajos. Un aumento del 10% en los ingresos familiares se relaciona con una probabilidad menor en 0,8 o 0,3 puntos porcentuales de padecer inseguridad alimentaria grave en países que tienen, respectivamente, una desigualdad alta o más baja.
Las desigualdades de ingresos y riqueza también guardan estrecha relación con la desnutrición, en tanto que modelos de desigualdad más complejos se asocian con la obesidad. Estos modelos de desigualdad asociados a las condiciones de salud se observan en países de ingresos medianos y bajos. Las desigualdades económicas desempeñan un papel significativo, ya que niveles de ingresos más bajos afectan al acceso a la salud, la nutrición y los cuidados. Por ejemplo, en la mayor parte de países, la prevalencia del retraso del crecimiento entre niños menores de cinco años es unas 2,5 veces mayor en el quintil de riqueza más bajo en comparación con el quintil más alto. Además, dentro de los países, también hay desigualdades considerables entre regiones y subgrupos de población.
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    Cartografía: Evolución de los precios de los productos básicos (figura 26)

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    Cartografía: Comparativa del crecimiento económico entre 2003 y 2017 (figura 28)

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ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO XIX.


SEGUNDA PARTE. EL EXPANSIONISMO TERRITORIAL.

Dentro del acervo de creencias etéreas que constituyó esta etapa increíble de la historia de esa nación, convertida en imperio, la más significativa, atrevida y preferida por la mayoría de la élite gobernante de los Estados Unidos, en todo el Siglo XIX, fue esta del EXPANSIONISMO TERRITORIAL.

Según los entendidos, nunca ha existido una cuya expansión haya sido tan amplia, tan rápida NI TAN VIOLENTA.

La creencia morbosa en el DESTINO MANIFIESTO justificaba ante las más escrupulosas conciencias estas ambiciones de tierras ajenas.

Ahora bien, considero que es importante no solo escudriñar las motivaciones de sus personajes en este periodo largo de tiempo, sino plantearnos honestamente cómo hemos llegado al Siglo XXI, después tanto bregar, y salvando los indiscutibles avances, en el que persisten con astuta SIMULACIÓN algunas de las mismas aberraciones, como otras formas más sofisticadas y especializadas de expansionismo.

Como siempre, cuando se escribe y se difunde este acontecimiento que ciertamente amerita analizarlo por su magnitud y los efectos y secuelas que surgieron en el decursar de los años, casi nunca se llega a profundizar cuales fueron las causas y los orígenes que dieron lugar a tan inmenso hecho económico-político-social.

Y es ahí cuando se atiborra a sus ciudadanos y a la entera humanidad, con sus famosas películas, sus libros escolares, sus extensas y bien hechas series; y, en fin, con todo su enorme poder comunicativo y paranoico.

Por lo tanto,  en aras de ser lo más conciso posible, lo que en este caso no resulta fácil, y por eso hay momentos en que no aparecen hechos que si se incluían haría tediosa su lectura, trato de compendiar las partes más ligadas a lo que se conquistó, y sobre todo de qué forma se hizo y sus secuelas, extendiéndome algo en las declaraciones, confesiones y argumentos de los principales encartados.

Se conoce que los 13 Estados que se crearon algún tiempo después de terminada la Guerra de Independencia, se habían extendido en población y territorio hasta las márgenes del rio Mississippi, en la llamada Luisiana, lo cual implicó que la extensión territorial de la antigua colonia prácticamente se triplicó, con una población de alrededor de 5 millones de kilómetros cuadrados.

La población india (los pieles rojas), en buena parte fueron exterminados, y ya se había expansionado en toda la parte sur, el comercio esclavo africano y su criminal explotación.  En 1850, de acuerdo con los datos existentes, 2 millones 500 mil esclavos trabajaban en las labores agrícolas.

Durante la presidencia de Thomas Jefferson en 1803, Francia (Napoleón), le vendió a los Estados Unidos todo el territorio de la Luisiana por 15 millones de dólares.

La joven república aumentaba de golpe su área territorial y marítima en 2 millones 145 mil kilómetros cuadrados. Precisamente en esa zona, mucho después se constituyeron otros 13 Estados.

En este periodo que se analizó, de 1801 hasta 1861, año en que comienza la Guerra de Secesión o Guerra Civil, fueron elegidos 14 Presidentes. Al comenzar el siglo, ya habiéndose incorporado la Luisiana a los Estados Unidos, Jefferson se encargó de afianzar su afán de dominio territorial al indicar en un discurso, con prepotencia y predestinación divina:

·        “Aunque nuestros actuales intereses nos restrinjan dentro de nuestros límites, es imposible dejar de prever lo que vendrá cuando nuestra rápida multiplicación se extienda más allá de dichos límites, hasta cubrir por entero el Continente del Norte, sino es que también el del Sur, con gente hablando el mismo idioma, y gobernada en forma similar y con leyes iguales”.

Y para rematar,  casi al término de su segundo mandato, remitió carta al nuevo presidente James Madison, ya con ostentación imperial y olvido ab soluto de la Declaración de Independencia que rubricó el 4 de julio de 1776, exponiendo en parte:
·        “Entonces, solo tendremos que incluir el norte (el Canadá) en nuestra Confederación. Lo haríamos por supuesto en la primera guerra, y tendríamos un IMPERIO para la libertad como jamás se ha visto otra desde la CREACIÓN.” “Persuadido estoy de que nunca ha existido una Constitución bien calculada como la nuestra, para un IMPERIO en crecimiento, que se gobierna a sí mismo (…)”

Al mejorar ostensiblemente las fronteras que daban al Norte de los territorios ambicionados y de posesión mexicana, ya estaban creadas las condiciones para comenzar los próximos movimientos hacia el Oeste hasta llegar al Pacifico: tomar Texas, Nuevo México y California.

De igual modo, mucho antes, ya había comenzado, con la anuencia del gobierno, la estampida de aventureros, delincuentes, ex presidiarios y familias completas, hacia el Oeste en regiones ajenas, para explorar las nuevas oportunidades de tierras fértiles y minerales sobre todo el oro.

Fueron miles de pobladores que ciertamente facilitaron con posterioridad la invasión militar de los ejércitos de los Estados Unidos.

Estas ansias expansionistas provocaron el exterminio de tribus enteras de indios que ocupaban esos lugares.

A mediados de enero 1846, el General Zachary Taylor (más tarde Presidente), RECIBIÓ LA ORDEN DEL PRESIDENTE JAMES POLK DE  AVANZAR CON SUS TROPAS HACIA EL RIO GRANDE, y ya en marzo se aproximaron a sus riberas del Norte. El movimiento premeditado de las unidades norteamericanas perseguían iniciar las acciones militares: “Fuimos enviados a provocar la contienda, pero era imposible que México comenzara”, escribió Ulysses Grant, oficial del ejército de Taylor y futuro Presidente.

  Sin embargo, era tan conveniente y necesario tal accionar que para entonces las tropas norteamericanas ya habían ocupado no solo Texas, también perteneciente a México, sino un enorme territorio mexicano entre los ríos Nueces y Rio Grande.

Y es así que, con todo ese explosión de engaños y falsedades del Presidente Polk, y sus allegados,  el 13 de marzo de 1846, el gobierno de los Estados Unidos decidió DECLARARLE LA GUERRA A MÉXICO.

En ese entonces, Abraham Lincoln como diputado, desenmascaró las falsas afirmaciones de Polk en el Congreso, y dijo “fue él (Polk) quien ordenó al General Taylor que penetrara en un Estado pacífico para provocar la guerra”. Además, Henry Clay, presidente de la Cámara Baja del Congreso planteó que era mentira evidente la acusación de que México hubiera iniciado la guerra, expresando: “Yo sé que todas las naciones nos ven al llevar la presente guerra, actuando con espíritu de rapacidad, movido por un desorbitado deseo de expansión territorial”.

Finalmente, las tropas yanquis entraron en Ciudad México. Tuvieron lugar combates sangrientos. Se destacó la firmeza de seis jóvenes cadetes de la Escuela Militar de Chapultepec, que no quisieron abandonar sus puestos y lucharon hasta el último aliento.

En la capital, las tropas estadounidenses establecieron un régimen de terror y arbitrariedad. Fueron erigidos cadalsos en los que se daba muerte pública a patriotas mexicanos. La destrucción de poblados, los asesinatos, saqueos, la violencia contra la población civil se hicieron habitual.

Saquearon el Palacio Nacional y otras edificaciones públicas y del Estado, así como multitud de casas particulares, abriendo gran número de tabernas, prostíbulos y garitos.
Finalmente, el 2 de febrero de 1846, en el poblado Guadalupe Hidalgo, se firmó el Tratado de Paz, en el que México cedió a Estados Unidos, no solo Texas, sino también Nuevo México, Alta California y la parte norte de Tamaulipas, Coahuila y Sonora; o sea más de la mitad del territorio del país, con una superficie total de 2.3 millones de kilómetros cuadrados, RESULTADO DE UNA GUERRA BÁRBARA E INJUSTA EN LA HISTORIA DE LOS ESTADOS UNIDOS Y DE TODO EL HEMISFERIO OCCIDENTAL.

Esta falsa y a la vez celeste  concepción de que los norteamericanos son una “raza superior”, destinada por la providencia a definir el camino de desarrollo de otros países y a gobernar a otros pueblos, comprendida en la TRETA y ARTIMAÑA astutamente concebida como el DESTINO MANIFIESTO (o en la actualidad AMERICA FIRST), ha conducido a buena parte del pueblo norteamericano y a sus gobernantes, a creerse, algunas veces de verdad, y mayormente fingiendo, que son fieles seguidores y creyentes de esa fundamento ideológico.

Sino analicemos con sensatez y sin prejuicios  el desarrollo de esa nación desde que son independientes a la fecha (apróx.  250 años), y nos daremos cuenta que, con más o menos acentuación, siempre se destacan señales y manifestaciones dirigidas a lograr este fenómeno.

Por último, al iniciarse la Guerra de Secesión o Guerra Civil entre el Norte y el Sur, en 1861 hasta 1865, claro está que el expansionismo cesó. Lo que aconteció posteriormente de 1866 hasta finales del siglo, es otra historia, en la cual CUBA, entre otros,  fue uno de sus principales protagonistas.

La Habana, Cuba 7 de octubre de 2019. “Año 61 de la Revolución”

JULIO SERGIO ALCORTA FERNÁNDEZ

Insistiendo sobre la cultura II


12/04/2011 

Autor: Newton Briones Montoto 

Un tsunami primero y la quiebra de su planta nuclear después, representan dramáticamente la tragedia actual de Japón. No hay trenes, el aeropuerto tiene las pistas dañadas y las carreteras están cortadas porque el terremoto dañó el firme y derribó los puentes. Miles de soldados, policías y miembros de equipos de rescate, profesionales o voluntarios, se afanan en desescombrar la línea de costa devastada por el tsunami. 

Sin embargo, la sociedad japonesa estos días asombra al mundo por su integridad. No ha habido un saqueo a una tienda. Sus habitantes, con una disciplina estoica, hacen colas para obtener el producto que se les suministra. Largas filas para llenar una garrafa de agua y volverse a colocar al final de ella para obtener una segunda. Incapaces de saltarse la fila o pedir una cuota mayor alegando cualquier pretexto, como ocurre en otras partes del mundo en situaciones menos complicadas. Ciudadanos que, pese al miedo, no quieren abandonar la tierra en la que han nacido, vivido, y en la que morirán si hace falta. Tal conducta del pueblo japonés ha llamado la atención del mundo. Lo que ha sucedido habitualmente en otros países cuando ocurre una catástrofe de esa magnitud, escenas de pánico, desórdenes y saqueos, no han sido vistas en Japón. 

Si el ejemplo no ha ocupado los primeros planos en los medios es porque la tragedia del tsunami es de una magnitud superior. Muchos se preguntan de dónde sale este milagro de disciplina e integridad: surge de algo muy simple: su ancestral cultura. 

La cultura japonesa 

"Es una sociedad de grupo donde lo importante no es que el individuo triunfe, sino que lo haga el grupo y para eso el individuo está dispuesto a sacrificar cosas suyas, y hasta a reprimir sentimientos para que el resto no se contagie de ese elemento negativo". Una cultura diseñada para la colectividad y no para la individualidad. Han aprendido desde pequeños como se debe lidiar con lo malo, en grupo. Pueden más los intereses de la mayoría, esa característica está siempre presente. 

Ser así les ha permitido alcanzar un tercer lugar mundial en la producción. Su esperanza de vida es de 82 años, una de las más altas del mundo. Su desempleo está en el 5%, su población carcelaria es veinte veces inferior a la de EE UU. Y lo anterior se ha logrado a pesar de que la naturaleza no los privilegió con recursos naturales. Afirmar que el mejor producto de Japón es su cultura, aplicada con eficiencia por su gente, no sería exagerado. Ante el ejemplo de los japoneses muchas teorías podrían sucumbir. Existe el estereotipo que donde impera la economía de mercado el sistema genera codicia, individualismo, es una concepción sine qua non, aceptada. Sin embargo Japón ha puesto en duda la hipótesis. No es la codicia lo que prevalece entre los habitantes de las islas que conforman su territorio. Todo lo contrario, prevalecen en sus ciudadanos las conscientes y bien cimentadas pautas de su cultura y no el individualismo. La cultura se va por encima del sistema económico y sus derivaciones negativas. Los japoneses responden, se conectan, a sus valores, rectitud, sacrificio o entrega del bushido, el código samurái que se ha ido transmitiendo por generaciones y que fue un pilar fundamental para cimentar el milagro económico japonés tras la II Guerra Mundial. Algún cubano podría alegar que para alcanzar ese estadio es necesaria la madurez de los siglos, como es el caso de Japón. Sería un pretexto baladí. ¿Para que existen nuestros investigadores e institutos de ciencias sociales sino para definir los objetivos y medios para hacer eficiente nuestra cultura? 

Las diferencias culturales 

Entendemos la cultura como el legado material y espiritual que nuestros ancestros nos dejaron desde una época muy remota. Es la herencia social que la persona recibe de la familia y del grupo. En ella se encuentran los valores aprendidos de manera natural. No necesitaron acudir a una escuela para saber cómo hacer las cosas elementales. Incluso los analfabetos reciben esa cultura que se adquiere por ósmosis. Influencia recíproca entre dos individuos o elementos con los cuales están en contacto. Ortega y Gasset dio su definición: “cultura es todo aquello que una persona conserva una vez que ha olvidado cuanto leyera”. La cultura se hace un reflejo condicionado más que una acumulación erudita. El hombre aprende y asimila lo que su cultura considera bueno, verdadero y hermoso, aquellas prioridades dadas por cada sociedad a lo considerado importante o necesario de exaltar. Los ingleses aman a sus soldados, Francia a sus cocineros, Italia a sus tenores, Estados Unidos a sus actores y España a sus mártires. El hombre sueña los sueños que su cultura le sugiere, desea los deseos de su cultura, fomenta y teme lo que su cultura le hace temer. En el caso de los japoneses es el respeto y la disciplina lo que los induce a hacer crecer su economía. La emoción es uno de los medios empleados para conseguirlo. Lo consideran algo importante y se subordinan hasta en la forma de expresarlo. "En Japón existen dos términos, el tatemae, o comportamiento en público, y el honne, los sentimientos y deseos verdaderos de la persona. En este caso el tatemae se sobrepone al honne. Cuando las emociones son negativas perjudican a los que están alrededor. Existe la creencia de que transmiten una energía negativa, y eso es algo que hay que evitar". Como toda obra humana no es perfecta. Las culturas tienen sus incongruencias y la del Japón no es una excepción. La jerarquía y la disciplina parecen ahogar el individualismo y la creatividad, según algunos críticos. Y algo no debe andar del todo bien cuando es considerado como uno de los países con mayor índice de suicidios del mundo. No siempre todo es verdadero, conveniente y sobre todo útil. A manera de contraste con otras culturas, los indios americanos pueden ser un ejemplo. Su cultura giraba en torno al búfalo. De su esqueleto fabricaban la mayoría de los utensilios que formaban su cultura material, utilizaban la piel, los tendones, los huesos, las cavidades, las membranas y otras muchas partes, para distintos fines. Su religión estaba dirigida principalmente a asegurar el éxito en la caza del búfalo. Su sistema social medía el desempeño de los hombres por el triunfo y la habilidad para la caza. Sin lugar a dudas es una cultura bien estructurada para conseguir un fin, cazar y sobrevivir. No siempre sucede que las culturas estén bien estructuradas o sean coherentes como es el caso de los indios de Norteamérica. La cultura como legado de las generaciones anteriores recoge experiencias humanas negativas. ¿Cuáles? En los diferentes estadios económicos atravesados por una sociedad existen gérmenes. En esa larga travesía hay peligros de contaminación. Cuatro siglos de asentamiento español en Cuba pueden ofrecer una idea de estos aspectos. Los capitanes generales no se andaban con ñoñerías al ser instruidos por su metrópoli en cómo extraer beneficios de su colonia. Aprendimos el racismo y ello dura hasta nuestros días. ¿O es que acaso los cubanos del siglo XVIII no soñaron con tener más esclavos? Estaban convencidos de que era lo correcto para su época. Actualmente tal conducta resulta desdeñable desde la perspectiva humanista del siglo XXI. ¿A qué se debió que España no progresara a pesar de tener la riqueza de América, mientras Alemania, Francia e Inglaterra lo lograron? Algo de esas incongruentes experiencias nos transmitieron los españoles. Ahí en esos inicios, como criollos primero y como cubanos después, se encuentran nuestros defectos. 

La cultura cubana 

Podríamos preguntarnos por los cubanos y su cultura. Su dirección en la vida y sus prioridades. Si no es el búfalo del indio americano como centro de su cultura. ¿Entonces cuál es? O los japoneses por hacer crecer su economía, ¿cual es nuestro equivalente, nuestra prioridad? En los hombres ilustres de épocas pasadas podemos encontrar una visión de nuestras paradojas. José Martí dijo: "El trabajo no está en sacar a España de Cuba, sino en sacárnosla de las costumbres"… El ilustre Enrique José Varona expresó en 1927: "la colonia seguía viva en la república". No nos habíamos desprendido de los defectos españoles. José Lezama Lima nos vio así: “Los principales rasgos cubanos son la imaginación, la fidelidad a las grandes causas y la bravura”. El periodista y escritor Jorge Mañach, hizo también su indagación. “Somos muy inteligentes y a la vez superficiales; trabajadores y especuladores; voluntariosos, pero de poco carácter; rebeldes al abuso y dóciles al uso; se nos engaña fácilmente, pero en general tomamos pocas cosas a pecho y no nos gusta que se nos convenza”. Fernando Ortiz, otro investigador sobre la cultura de los cubanos también opinó. “otras cualidades notorias del cubano, tales como el oído musical, el prurito de exhibición, la falta de previsión, el gusto por los colores vivos para el vestido, la tendencia a parodiar y a remedar todo aquello de cuyo valor se ha formado una idea superior, el apego a los bailes de estridente y bulliciosa música y de lasciva y flagelante cadencia, y esa superficialidad de la vida emocional, muy propia de niños y de mujeres, y que los hace saltar sin transición alguna del odio a la amistad, del dolor a la alegría, y en general de un afecto a otro, por disímiles y aun opuestos que sean. Es también africano -y muy africano- ese desapoderado y dominante afecto por los uniformes militares, muy abigarrados y pintorreados, y sobre los cuales, brillen con profusión que ofenda la vista, cordones, alamares, bordados y galones”. Francisco Figueras en su libro -Cuba y su Evolución Colonial- nos describe así: “El cubano comprende fácilmente la materia que estudia; pero no se esfuerza por pasar de la superficie; nada le es más extraño que ese espíritu que atribuye Kant a los alemanes, y que llamó espíritu de profundidad (Geist der Gründluhkeit). A donde no llega por la observación, la experiencia o la crítica, quiere llegar, o cree llegar por la imaginación”. Las distintas opiniones de los hombres ilustres solo describen los medios utilizados pero nadie menciona los fines por alcanzar. ¿Cómo alguien puede dirigirse hacia una dirección sin saber cuál es el propósito? Es dar puntadas sin hilo. Con opiniones tan disímiles sobre la cultura de los cubanos resulta difícil saber dónde se encuentra la verdad. ¿Y si esa cultura que nos acompaña es la verdadera, la conveniente y sobre todo útil para hacernos ascender? No existen en la nuestra objetivos claros como en la cultura del indio norteamericano o en la japonesa. Aunque nuestro cubano más sobresaliente indicó lo que pudiera ser nuestro fin: “la dignidad plena del hombre”. “Con todos y para el bien de todos”. Los japoneses se impusieron el objetivo de progresar ante una naturaleza que no los privilegió. No es solo en el sistema económico donde radica su fuerza. Es su cultura la que hace posible que cualquier modelo funcione con mayor eficiencia. Dos sociedades, aún cuando funcionen con sistemas económicos semejantes, no progresan de la misma manera. Existe una interrelación entre cultura y producción. Una condiciona a la otra y viceversa. Lo que sí se sabe es que un sistema económico obsoleto, al ser sustituido por otro más eficiente, se adapta de inmediato a la nueva situación. La sustitución del esclavismo en Cuba por un incipiente capitalismo es una muestra. Pero no sucede igual con la cultura, se requiere tiempo para modificar su aprendizaje. Nosotros predicamos el socialismo pero en la práctica no sucede lo que en Japón. No estoy comparando un sistema económico con relación a otro, ese no es el propósito, sino la cultura. La cultura debe marcar sus propios objetivos con independencia del sistema económico escogido. De ahí en lo adelante el sistema vigente pasa a ser un medio, no un fin, para cumplir con esa meta de la cultura. Una pregunta por hacerse: ¿qué esta primero la cultura o el sistema económico de producción? La economía decide mucho en el avance de una sociedad, de lo contrario no hubieran evolucionado las distintas formas de producir. El mismo diseño utiliza a los hombres para llevar a cabo sus objetivos. Si los hombres tienen una cultura que no enrosca bien en los propósitos de su economía, no avanzan. Si los indios americanos se hubieran dedicado a pedirle a su dios que los ayudara en vez de cazar búfalos, no hubieran sobrevivido. 

En el progreso o desarrollo sostenido de un país hay detrás otros valores, que no se ven, pero que tienen una relación directa con sus resultados. Hemos vivido sin orientación, sin noción de finalidad, sin tener propósito colectivo, como no sea el de ser cubanos, sin una meta espiritual, en fin, vivir al día. La idea básica es que si queremos una sociedad mejor, los hombres que la componen tienen que tener un propósito común, y éste es ajeno a las cualidades y características sobresalientes que distinguen a los cubanos. El choteo, el valor, la amistad. No basta contar con recursos naturales, privilegio otorgado por la naturaleza. El éxito está en la cultura. Si existen incongruencias en ella deben ser localizadas. En este inmenso y particular arcoíris de los cubanos, entra desde cómo hacen su comida hasta la interpretación de un punto guajiro. ¿Serán así? Cualesquiera que sean esos rasgos, algo seguro hay, esa cultura nos hace ver la vida de una manera muy particular. ¿Cómo somos nosotros? Cuando conozcamos mejor nuestras características y prioridades podremos influir en nuestra cultura y entonces seremos mejores.