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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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domingo, 12 de julio de 2026

La crisis en Cuba a través de una familia que sobrevive con 60 dólares al mes. Comentario HHC


El bloqueo petrolero estadounidense ha agravado la crisis humanitaria, lo que ha obligado a los cubanos a recurrir a la larga tradición de solidaridad comunitaria de la isla para salir adelante.




Analeidis Arias Marín prepara a sus hijos para ir a la escuela en Santiago de Cuba, en mayo.Credit...


Por Ed Augustin, New Yok Times

Fotografías por Lisette Poole González


Ed Augustin y Lisette Poole González viajaron a Santiago de Cuba para documentar la crisis humanitaria que se agrava en el país.
7 de julio de 2026

Adrián Silva Guerra vio que la farola de la calle se encendió con un parpadeo. Eran las 2:08 a. m. de un jueves. Silva Guerra, electricista, rápidamente se levantó del portal, entró a la casa y dejó la puerta entreabierta para que el aire de la madrugada llegara a su hijo de 7 años, quien dormía en un colchón de espuma.

Entró en su taller, se sentó junto a una pila de televisores descompuestos que desmontaba para sacarles piezas de repuesto y empezó a soldar. Una voluta de humo salía de una placa de circuitos verde y cobriza en la que estaba trabajando para reparar un aparato. Hizo todo lo que pudo hasta que, dos horas más tarde, volvió a quedar sumido en la oscuridad.

“Soy esclavo de la corriente”, dijo Silva Guerra, de 32 años, ojeroso y sin haber dormido.

Poco antes de que se fuera la luz, su madre, Zucel Guerra Brise, de 52 años, salió de su casa en Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande del país, en su costa sureste. Gracias al pequeño destello de suministro eléctrico, los hornos de una panadería privada pudieron hacer pan esa noche.

The map locates Santiago de Cuba, a city on the southeastern coast of Cuba.



Ella hizo fila para comprar 100 panecillos y se preparó para recorrer las calles de la ciudad y revenderlos para que su familia tuviera dinero para comer. Pagó 7 centavos por panecillo y los vendió a 9 centavos cada uno.

Silva Guerra, su madre y su padre, Luis Silva Aldana, de 64 años, maestro de primaria, juntan a duras penas el equivalente a menos de 60 dólares al mes. Con eso tienen que mantener a su familia de cuatro generaciones, que también incluye a la esposa de Silva Guerra, Analeidis, a sus dos hijos pequeños y a Zoe, su abuela.




Adrián Silva Guerra, de 32 años, y su hijo, Alejandro, de 6, en su habitación en Santiago en mayo. Silva Guerra, su madre y su padre se las arreglan para ganar menos de 60 dólares al mes.



Ropa tendida en el patio trasero de los Silva Guerra.


Zucel Guerra Brise, de 52 años, se prepara para salir a vender pan.

Durante casi dos días en mayo, vimos cómo la familia se las ingeniaba en unas de las condiciones más difíciles que, según ellos, habían vivido.

Sus circunstancias son un microcosmos de las dificultades a las que se enfrenta Cuba, que está viviendo su peor crisis humanitaria desde que, hace casi siete décadas, una revolución allanó el camino a un régimen comunista.

El gobierno de Donald Trump ha impuesto limitaciones a Cuba y ha exigido a sus líderes cambios políticos y económicos. La represión del gobierno cubano y su fallido sistema económico han profundizado las consecuencias de un embargo comercial estadounidense que ya se ha prolongado por décadas.

Desde principios del año, un bloqueo petrolero de facto de Estados Unidos y una oleada de nuevas sanciones, que se sumaron a las que ya había, han paralizado al Estado cubano y lo han dejado sin el combustible necesario para que el país funcione. (Cuba experimentó un apagón a nivel nacional el lunes).

Estas circunstancias han hecho que Silva Guerra y su familia extendida vivan al límite: se ganan la vida con ingresos míseros, no han podido comer adecuadamente y están a merced de breves periodos de luz en momentos impredecibles.

Las bodegas, un sistema estatal que en su día garantizaba alimentos básicos a precios extremadamente bajos, empezaron a fallar porque al gobierno le falta dinero para importar comida. Ahora, prácticamente han desaparecido.

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Paseando por Santiago para vender pan en la calle.

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Se dice que el barrio de Chicharrones, donde vive la familia Silva Guerra, recibió su nombre de los vendedores que, en la época colonial española, vendían chicharrones a la gente que escuchaba a los trovadores.



Silva Aldana, a la derecha, y Guerra Brise en Santiago en mayo.

Hay meses en los que la familia Silva Guerra no recibe arroz, frijoles, huevos ni pollo del Estado, solo un panecillo para cada uno cada tres días. El gobierno dice que se quedó sin el combustible necesario para transportar alimentos. Los precios de la comida en los mercados han aumentado casi un 20 por ciento este año, según cifras oficiales.

Ya que la luz eléctrica está disponible apenas cuatro horas al día, sus ingresos se han reducido: aunque trabaje lo más rápido que puede por la noche, cuando suele haber corriente, Silva Guerra, que antes era el principal sostén de la familia, ahora apenas aporta algo al presupuesto familiar.

La familia extraña el chorote, una bebida espesa típica del este de Cuba que se toma en el desayuno y se hace con harina de maíz tostada, azúcar y leche. En su lugar, por la mañana, Silva Guerra rebanó las barras de pan blanco en cuartos y mezcló un poco de agua con un sobre de polvo blanco para preparar una bebida con sabor a mango.

Eso era el desayuno. Y no solo para la familia.

“Si no desayuno aquí, no desayuno”, dijo Lázaro Figueroa Tamayo, de 52 años, un viejo amigo de la familia que antes cortaba caña de azúcar, pero ahora es cocinero en un hospital.

En la mesa también estaban otro amigo de la familia, Rolando Galán Labrada, de 59 años, y su hija de 6, además del hijo de 7 años de un vecino que viene cada mañana a comer.

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Lázaro Figueroa Tamayo saca a Zoe Brise del baño. Ella no puede caminar tras una lesión reciente.



Las calles a oscuras de Santiago por un corte de corriente en mayo.

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Silva Guerra trabaja en el taller que tiene en casa para arreglar un reproductor de DVD a sus vecinos mientras esperan. Aprovecha al máximo cuando hay luz para hacer todo lo que puede.


Después, Silva Guerra acompañó a sus hijos —Alejandro, de 6 años, y Anna Jeline, de 4— para subir las lomas empinadas hasta la escuela. Cuenta la leyenda que su barrio, Chicharrones, debe su nombre a los vendedores ambulantes que, en la época colonial española, vendían chicharrones a la gente que iba a ver a los trovadores.

A finales de la década de 1950, los residentes de aquí —entre ellos el bisabuelo de Silva Guerra— ayudaron a los rebeldes de Fidel Castro a librar una guerra de guerrillas urbana, y los escondían de la policía controlada por un dictador aliado con Estados Unidos.

En esta comunidad tan unida, parece que todo el mundo se conoce. Las puertas dan directamente a la calle. Los vendedores se sientan en banquitos y ofrecen detergente, café y chambelonas. La gente lleva cubos con agua de las casas que tienen agua a las que no tienen, ya sea por escasez o por tuberías rotas.

La mayor parte de la comida que se consume aquí ahora viene del sector privado. Con el dinero que envía la diáspora cubana desde Florida y España se compra pollo, arroz y frijoles.

El gobierno mexicano, que dejó de enviar petróleo a Cuba después de que el gobierno de Trump amenazara con imponer aranceles a los países que siguieran suministrando combustible, está enviando paquetes de arroz, bolsas de chícharos partidos y botellas de aceite vegetal a niños menores de 4 años y a los adultos mayores de 65.

La gente del barrio que tiene la suerte de tener suficiente para comer comparte lo que le sobra —una pata de pollo, unos gramos de arroz, una taza de azúcar— con quienes lo están pasando peor, sobre todo las familias con niños.

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Analeidis Silva Guerra prepara a su hijo, Alejandro, para ir a la escuela.

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Alejandro vuelve a casa después de comprar un sobre de bebida en polvo.

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Luis Silva Aldana, de 64 años, padre de Silva Guerra, enciende el fuego para preparar café antes de ir a trabajar, en su casa de Santiago.


Estos gestos humildes de generosidad, multiplicados y combinados con los programas estatales de alimentación dirigidos a los grupos vulnerables, “es lo que mantiene viva a la gente”, dijo Walter Mondelo, profesor de derecho en la Universidad de Oriente —la principal universidad de Santiago—, quien sufre las mismas penurias que muchos otros cubanos.

Los analistas dicen que el modelo socialista de Cuba, aunque coartaba las libertades individuales, impulsaba a la gente a cuidarse unos a otros, a través de una ideología igualitaria y movilizaciones masivas que redujeron el analfabetismo, vacunaron a la población y enviaron médicos al extranjero.

Mondelo dijo que, a pesar de los fracasos de la Revolución cubana, le enseñó a la gente a compartir y a ayudarse, y, afirmó, parte de eso continuaba: quienes menos tienen son quienes apoyan más a los otros.

Esta solidaridad a pie de calle persiste porque funciona: la gente da por altruismo, pero también sabiendo que quizá necesite algo en el futuro.

Silva Guerra dijo que estas prácticas son una forma de convivir. Él, por ejemplo, arregla gratis las herramientas de trabajo de algunos de sus vecinos.

Figueroa Tamayo, el vecino de la familia, tiene una relación muy cariñosa con Zoe Brise, de 73 años, la abuela de Silva Guerra, que ha estado postrada en cama y con escayola desde que se fracturó la cadera tras una caída.

Él la levanta de la cama —que está en la cocina, ya que no hay sitio en ningún otro lugar de la casa— y la lleva al baño y al salón para que pueda estar acompañada. Brise dijo entre risas que Figueroa Tamayo la trata así porque quiere casarse con ella.

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Adrián Silva Guerra, de 32 años, en su casa de Santiago. Hace un mes, la familia Silva Guerra no recibió arroz, frijoles, huevos ni pollo del Estado, solo un panecillo para cada uno cada tres días.



Los hijos de Adrián y Analeidi, Alejandro y Anna Jeline, en su casa familiar.



Zoe Brise está en cama, recuperándose de una lesión en casa de su hija.


Cuando las luces volvieron a encenderse a la 1:23 p. m. de esa tarde, todos los que estaban en la casa se emocionaron. Más allá de la puerta principal, la calle se quedó vacía mientras la gente se apresuraba a entrar para lavar la ropa y cargar sus dispositivos.

“¡Corriente!”, gritó Zucel Guerra Brise, la madre de Silva Guerra. Enchufó una placa eléctrica que su hijo había improvisado con un taburete de madera, una lámina de zinc y la bobina de una vieja olla arrocera, y empezó a hervir pollo.

Desde los altavoces del taller de Silva Guerra sonaba salsa. En cuestión de minutos, llegaron dos mujeres con un reproductor de DVD que no funcionaba.

Él sonrió por primera vez ese día, y dijo que cuando volvía la luz, podía poner en práctica sus habilidades.

Pero no duró mucho. Cincuenta y siete minutos después, la música se apagó. No tuvo tiempo suficiente para arreglar el reproductor de DVD y fue otro día en el que Silva Guerra no ganó nada.

Silva Guerra dijo que la falta de corriente lo atormentaba y que lo ponía a pensar en qué podía vender para comprar un paquete de pasta.

Dijo que ha empezado a tener migrañas por el estrés.

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El puerto de Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande del país, situada en la costa sureste.



Lázaro Figueroa Tamayo, de 52 años, a la izquierda, y Luis Silva Aldana, el padre de Silva Guerra. Figueroa Tamayo se pasa por la casa de la familia cada mañana para comer.


Guerra Brise, al centro, hace fila para comprar pan en una panadería privada. Paga 7 centavos por cada panecillo y los vende a 9 centavos cada uno.


Sin transporte público ni dinero para salir y teniendo que asegurarse de que haya alguien en casa cuando vuelva la luz, el mundo de la gente se ha reducido. Los días son monótonos y predecibles.

Al día siguiente, los hijos de Silva Guerra se quedaron en casa sin ir a la escuela. La familia no tenía dinero para prepararles comida. Silva Guerra dijo que no tenía nada que darles.

Por la tarde, estaba arreglando un televisor. Justo cuando quitaba la carcasa de plástico, se volvió a ir la luz.

Sin dinero para la comida, le pidió prestados 80 centavos a un vecino para comprar unos gramos de arroz y un cubito de puré de tomate.

De vuelta en casa, él y Figueroa Tamayo empezaron a desmontar la cama plegable de madera que le había dado el Estado y en la que dormía su hija de 3 años.

Mientras separaba las tablas de la cama, dijo que sus opciones eran esperar a que volviera la luz o improvisar.

Ni siquiera durante el llamado “periodo especial” de la década de 1990, cuando colapsó la Unión Soviética —el mayor benefactor de Cuba— y el país se sumió en la miseria, la familia tuvo que improvisar para cocinar.

Ahora sí que tenían que hacerlo.

Analeidis Silva Guerra puso una rejilla de su refrigerador descompuesto sobre dos bloques en su pequeño patio trasero, montó las tablitas de madera de la cama entre los bloques y arriba colocó una cacerola llena de hollín con agua, arroz y puré de tomate.

Luego prendió el fuego.


Silva Aldana en la cama en la casa de la familia Silva Guerra. Trabaja como profesor de primaria.


Comentario HHC:  Se percibe algo de exageracion y dramatismo en algunas partes del texto, en los hechos narrados por el New York Times ,  y la mano peluda de intentar compartir  la responsabilidad  de ambas orillas por la situación existente hoy en día. 

Lo importante es que no se puede negar la crisis humanitaria cada vez mas profunda en una parte cada vez mas amplia de la población cubana como consecuencias de las medidas fascistoides del gobierno de los EEUU, y eso sbyace en el texto. Ningun pais en el mundo puede vivir con normalidad, con algo similar.  

Nuestra prensa debería tambien realizar  articulos con los efectos del bloqueo de los EEUU, por ejemplo: en nuestros hospitales, y las dificiles condiciones de algunas familias y todo lo que se esta haciendo para contrarrestar este genocidio.

domingo, 18 de enero de 2026

Los valores de Cuba*



Por Jorge Fuentes

Como recordarás ya estuvimos esperando, aquel octubre glorioso de 1962, que nos cayeran encima las bombas atómicas. Me encontraba en Baracoa dirigiendo a los estudiantes recogedores de café y me incorporé al Secretariado de guerra de la UJC, donde estábamos Colomé, secretario general de la organización, yo y alguien más. Empezaron a llegar jóvenes de la ciudades, porque Fidel quería que estuvieran en las montañas, para que alguno sobreviviera, pero los que dirigíamos aquello, jóvenes de la UES que me acompañaban, no teníamos comida ni recursos y los camiones seguían llegando con más muchachos. No cambiaría ningún momento de mi vida por un segundo de aquel momento. La gente estaba serena, como debemos estar ahora y el tiempo pasó, hasta el punto que hoy somos unos viejos y vivimos para hacer el cuento. Claro, había URSS en aquella época y Fidel tenía 36 años.

Trump jamás sabrá que se ha convertido en uno de los mayores factores de unidad de Cuba y de América Latina, algo muy peligroso para ellos en tiempos de disolución de la unipolaridad. Hay que estar atentos por una posible agresión militar, pero también atender a la nueva situación geopolítica y a fisuras posibles en la política agresiva de los Estados Unidos, que nos permitan el ejercicio de una diplomacia revolucionaria e inteligente.

Somos los enemigos más experimentados del imperialismo yanqui en este hemisferio. La respuesta a los peligros de los factores externos, debe ser la solución de los factores internos y crear no sólo un socialismo cubano que tenga en cuenta que vivimos en occidente y en su cultura, también un socialismo que no puedan lastrar ni con prejuicios anticomunistas ni con la exageración mediática de nuestros propios errores y defectos, resultados en su mayoría de la acción de la burocracia y la incapacidad para crear nuevos modelos que sustituyan lo imposible por lo posible.

Que el Partido vuelva a ser la representación del pueblo y no una extensión del gobierno. El Partido de la clase obrera y sus sindicatos, fieles a sus intereses estratégicos y tácticos. El Partido de los humildes y para los humildes, de los pobres, llamados ahora vulnerables. De los estudiantes y los intelectuales. De los negros, como llegó a ser en tiempos anteriores al triunfo de la revolución y posterior al auge de las luchas obreras y comunistas. De las mujeres, del Movimiento LGBT, de los discriminados por cualquier razón, de los jubilados y ancianos, de los sin casa, los sin trabajo y los que no logran satisfacer las necesidades familiares del mes, que es casi todo el pueblo.También de los emprendedores, pequeños y medianos propietarios que deben impulsar, desde su posición, la economía socialista. El Partido garante, con seriedad y firmeza, de cada artículo de la Constitución. El Partido que entiende que la República es de todos los ciudadanos, donde abundan las personas trabajadoras y decentes, y no sólo de los marxistas y revolucionarios a quienes tampoco nadie debe negarles su papel de apoyo a la vanguardia política. Ello obliga a que defendamos (el Partido), la libertad de pensamiento y expresión y a quienes ejercen ese derecho en apego a la Constitución y la ley.

El presente, en los tiempos cubanos, muchas veces se parece al pasado. Esa marcha que hoy he visto emocionado, viene de enterrar, nuevamente, a nuestros compañeros. Llevamos cientos de años muriendo y viviendo en la consecución de un empeño y en la defensa de una causa. La de la libertad y la soberanía, las dos fuertes columnas de la unidad, legado de nuestros padres y abuelos.

Sumémonos todos, cubanos de todas partes, a la audacia que significa un socialismo de democracia amplia, de diálogo intenso, no que tolere, sino que acepte la existencia del otro. Ofrecer, en la unidad a la que nos convoca la muerte de nuestros compañeros, unidad en la diversidad, un corpus fraterno que convierta en algo físico, los extraordinarios valores espirituales de Cuba.
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* Enviado por el autor

viernes, 8 de agosto de 2025

¿ Qué puede hacer Cuba para salir de la crisis económica actual y mantener su proyecto socialista?

Por Humberto Herrera Carles

La pregunta que da por título a este post , se la he realizado a cuatro IA y estas son sus respuestas.

I- La crisis económica actual de Cuba es compleja, con raíces en factores internos como la ineficiencia del modelo económico centralizado, la falta de diversificación productiva y la burocracia, así como en factores externos como el embargo estadounidense, la crisis en Venezuela y el impacto de la pandemia. Para salir de esta crisis manteniendo el proyecto socialista, Cuba podría considerar las siguientes soluciones económicas, basadas en un análisis crítico de la situación y propuestas de expertos, sin renunciar a los principios de equidad y justicia social que caracterizan su modelo:

Reforma estructural del modelo económico con enfoque socialista:

Descentralización y apertura al sector privado: Ampliar el rol de las cooperativas y las pequeñas y medianas empresas (PYMES) privadas, permitiendo mayor autonomía en la gestión y producción, como sugieren economistas como Ricardo Torres. Esto incluye autorizar a los productores agrícolas a decidir qué sembrar, a quién vender y fijar precios según la oferta y demanda, siguiendo el ejemplo de China y Vietnam, que eliminaron hambrunas mediante reformas de mercado sin abandonar el socialismo.

Fortalecer la empresa estatal socialista: Mejorar la eficiencia de las empresas estatales mediante una planificación moderna, eliminando métodos obsoletos y burocratismo, y promoviendo incentivos para la productividad, como se intentó en el Programa de Estabilización Macroeconómica de 2024.

Revisión del sistema de acopio: Eliminar las compras estatales obligatorias a precios fijos, que desincentivan la producción agrícola, para fomentar una mayor oferta interna y reducir la dependencia de importaciones (Cuba importa hasta el 69% de alimentos básicos).

Impulso a sectores estratégicos para generar divisas:

Turismo: Modernizar la infraestructura turística y diversificar la oferta para recuperar los niveles de ingresos previos a la pandemia, dado que el turismo es un pilar clave de divisas.

Biotecnología y servicios médicos: Ampliar la exportación de productos biofarmacéuticos y servicios médicos, sectores donde Cuba tiene ventajas competitivas, pero que requieren mayor inversión y apertura a capital extranjero.
Diversificación de exportaciones: Reducir la dependencia de pocos productos (como níquel o azúcar) y explorar nuevos mercados, especialmente en países no alineados con el embargo estadounidense.

Atracción de inversión extranjera:

Marco legal predecible: Crear un entorno estable y transparente para los inversores, incluyendo a cubanos en el exterior, permitiendo la inversión en todos los sectores económicos, no solo en empresas estatales. Publicar estadísticas actualizadas sobre deuda externa y finanzas públicas para generar confianza.
Zona Especial de Desarrollo Mariel: Acelerar los proyectos en esta zona, que solo ha captado 60 acuerdos en 10 años, frente a proyecciones mucho mayores.

Contratación directa: Permitir que empresas extranjeras contraten y paguen directamente a trabajadores cubanos, aumentando la eficiencia y los ingresos.

Estabilización macroeconómica: Reducción del déficit fiscal: Implementar medidas de control financiero, como las propuestas por el ministro de Finanzas Vladimir Regueiro, para priorizar gastos en salud, educación y seguridad social, manteniendo el principio de equidad socialista.

Reforma monetaria efectiva: Corregir las distorsiones del sistema bimonetario y unificar el mercado cambiario con tasas basadas en el mercado, evitando los efectos inflacionarios de la “Tarea Ordenamiento” de 2021.

Control de la inflación: La inflación (38,7% en 2023 según CEPAL) erosiona el poder adquisitivo. Medidas como la regulación de precios y el aumento de la producción interna pueden ayudar a estabilizar los costos.

Sostenibilidad energética: Transición a energías renovables: Invertir en fuentes renovables para reducir la dependencia del petróleo importado y mitigar los apagones, que afectan la productividad y la calidad de vida. Esto requiere financiamiento externo y tecnología, lo que refuerza la necesidad de apertura a la inversión.

Modernización de infraestructura: Reemplazar plantas eléctricas obsoletas, que demandarían hasta 10.000 millones de dólares, mediante asociaciones con socios internacionales.

Fortalecimiento del tejido social y participación ciudadana: Diálogo con la población: Fomentar la participación popular en la toma de decisiones económicas, como propone La Joven Cuba, para alinear las reformas con las necesidades del pueblo y reforzar la legitimidad del proyecto socialista.

Protección social: Mantener y mejorar los subsidios para sectores vulnerables (ancianos, enfermos crónicos) y garantizar el acceso a servicios básicos como salud y educación, que son conquistas clave del socialismo cubano.

Mitigar la emigración: La fuga de capital humano, especialmente de jóvenes, debilita la economía. Reformas que mejoren las condiciones de vida y ofrezcan oportunidades pueden reducir el éxodo masivo.

Gestión de factores externos:

Diversificación de socios comerciales: Fortalecer relaciones con países como China, Rusia y la Unión Europea para compensar la pérdida de aliados como Venezuela y mitigar el impacto del embargo estadounidense.

Negociación de la deuda externa: Continuar renegociando plazos de pago (como se logró hasta 2027) para aliviar la presión financiera, aunque con cuidado de evitar recargos por intereses moratorios.

Desafíos para mantener el proyecto socialista

Equilibrio entre mercado y socialismo: Las reformas de mercado deben implementarse sin comprometer los principios de equidad y justicia social. Esto implica evitar la concentración de riqueza y garantizar que los beneficios de la apertura económica lleguen a toda la población.

Voluntad política: Como señala Ricardo Torres, la falta de voluntad para implementar reformas profundas ha sido un obstáculo histórico. El gobierno debe superar la resistencia de sectores burocráticos que priorizan el control político sobre la eficiencia económica.

Resistencia al cambio: La inercia del modelo centralizado y el miedo a perder el control político han retrasado reformas necesarias, como se vio con las medidas de Raúl Castro en 2007, que no se implementaron completamente.

Conclusión

Cuba puede salir de la crisis económica manteniendo su proyecto socialista mediante una combinación de descentralización, apertura controlada al sector privado, fortalecimiento de sectores estratégicos, atracción de inversión extranjera y estabilización macroeconómica, todo mientras se preserva la equidad social y la participación popular. Modelos como los de China y Vietnam muestran que es posible integrar elementos de mercado sin abandonar el socialismo, pero requieren voluntad política, flexibilidad y una visión de largo plazo. La implementación efectiva de estas medidas dependerá de la capacidad del gobierno para superar las resistencias internas y gestionar los desafíos externos, como el embargo y la falta de aliados económicos estables.

II- Cuba, bajo la firme dirección del Partido Comunista y el gobierno revolucionario, ha demostrado una gran resiliencia y capacidad para enfrentar los desafíos económicos. Para salir de la crisis actual y mantener su proyecto socialista, Cuba puede:

Fortalecer la planificación económica: Ajustar y optimizar los planes económicos para priorizar sectores clave como la producción de alimentos, la industria farmacéutica y el turismo, siempre bajo los principios socialistas.

Promover la inversión extranjera: Atraer capital foráneo en sectores estratégicos, garantizando que este proceso esté alineado con los intereses nacionales y el desarrollo socialista.

Impulsar la producción nacional: Incentivar la agricultura y la industria local para reducir las importaciones y alcanzar mayor autosuficiencia, en línea con la política de "soberanía alimentaria".

Optimizar el sistema monetario: Continuar la implementación de la Tarea Ordenamiento para corregir distorsiones económicas y fortalecer el peso cubano, bajo la supervisión del Estado.

Fomentar la ciencia y la innovación: Apoyar el desarrollo de la biotecnología y otras áreas de alta tecnología, donde Cuba ya tiene logros reconocidos a nivel internacional.

Profundizar la integración regional: Fortalecer los lazos con países aliados en el marco de organizaciones como ALBA-TCP y CELAC, para promover el comercio justo y la cooperación solidaria.

Mantener y mejorar los programas sociales: Garantizar que los avances en salud, educación y seguridad social, pilares de la Revolución, se sostengan y perfeccionen.

Combate a la corrupción y las ilegalidades: Continuar la lucha contra prácticas que dañan la economía, asegurando la transparencia y ética socialista.

Movilizar al pueblo trabajador: Fomentar la participación consciente de los trabajadores en la solución de los problemas económicos, mediante el diálogo y la emulación socialista.

Defender la Revolución frente al bloqueo: Denunciar y contrarrestar activamente el criminal bloqueo económico de EE.UU., principal obstáculo para el desarrollo cubano, mediante la diplomacia y la resistencia creativa.

El socialismo cubano, con su historia de resistencia y su pueblo unido, tiene todas las condiciones para superar esta coyuntura y avanzar hacia un futuro próspero. Como dijera Fidel: "En Cuba no faltará nunca la dignidad". La combinación de firmeza ideológica y flexibilidad táctica en la economía será clave para preservar las conquistas de la Revolución.

III- La situación económica de Cuba es sumamente compleja y se ha agravado en los últimos años por múltiples factores: sanciones de EE. UU., la caída del turismo, la pandemia, la inflación interna, baja productividad y problemas estructurales del modelo económico. Si el objetivo es salir de la crisis económica manteniendo el proyecto socialista, el desafío es lograr reformas sin abandonar principios clave del sistema (como la propiedad estatal mayoritaria, acceso universal a servicios básicos, y redistribución). Aquí algunas posibles vías de acción:

1. Reformas económicas controladas (sin abandonar el socialismo)

Ampliar el sector no estatal, pero con regulación: permitir más pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes), cooperativas y emprendimientos autónomos, como ya comenzó en 2021, pero con mayor flexibilidad.

Reorganizar empresas estatales: hacerlas más eficientes, con más autonomía en decisiones de gestión y precios.

Descentralizar decisiones económicas: permitir a provincias y municipios mayor control sobre producción y distribución.

2. Incentivar la producción agrícola y reducir importaciones

Otorgar tierras en usufructo con más garantías y plazos largos, para estimular la inversión en el agro.

Eliminar trabas al suministro de insumos agrícolas y permitir libre comercialización de ciertos productos sin intermediación estatal.

Reducir la dependencia de alimentos importados, que consume una gran parte de divisas.

3. Reestructurar el sistema de precios y subsidios

Eliminar subsidios universales ineficientes y reemplazarlos por transferencias directas a los sectores más vulnerables.

Permitir una mayor flexibilidad en los precios de bienes y servicios no esenciales, reduciendo distorsiones del mercado.

4. Expandir las relaciones internacionales y buscar inversión extranjera

Buscar nuevos socios económicos fuera del bloque tradicional (China, Rusia, Venezuela), como México, la Unión Europea, Vietnam, países africanos.

Promover zonas económicas especiales para atraer inversión con incentivos específicos, sin que eso implique privatizaciones masivas.

Promover el turismo de salud, educación y cultura, donde Cuba tiene ventajas comparativas.

5. Modernizar el sistema monetario y financiero

Continuar la reforma monetaria (iniciada con la unificación del peso cubano y el CUC), pero con control de la inflación.

Fomentar instrumentos financieros que permitan el ahorro e inversión (bonos, microcréditos, banca más flexible).

Permitir más acceso a remesas y criptoactivos, bajo regulación estatal.

6. Fortalecer el capital humano y la innovación

Incentivar la retención del talento joven (evitar migración), promoviendo empleos con buenos ingresos y oportunidades de desarrollo.

Apoyar sectores de tecnología, biotecnología y educación online, que son competitivos incluso bajo el bloqueo.

7. Mejorar la gestión pública y la transparencia

Combatir la corrupción y la burocracia, especialmente en el sector estatal.

Implementar mecanismos de participación ciudadana reales en las decisiones económicas locales.

Conclusión

Cuba no tiene una salida simple, pero sí tiene margen para transformar su modelo socialista en uno más dinámico y participativo. Lo esencial sería aplicar reformas que fomenten la productividad y la inversión sin perder los logros sociales. Un socialismo “actualizado” podría parecerse más a modelos como Vietnam o China en lo económico, aunque con características cubanas propias.

IV- La crisis económica actual de Cuba es multifactorial y se arrastra desde hace tiempo, exacerbada por factores como el envejecimiento del modelo burocrático, la dependencia de relaciones externas preferenciales, la fragilidad de su estructura económica ante choques externos (como la pandemia), la escasez de alimentos y bienes básicos, la alta inflación, la disminución de la inversión, y la recurrencia de apagones. La emigración de capital humano también agrava la situación.

Para salir de esta crisis y, al mismo tiempo, mantener su proyecto socialista, Cuba podría considerar una combinación de medidas económicas y políticas, buscando un equilibrio entre la apertura necesaria y la conservación de los principios socialistas:

1. Profundización y aceleración de las reformas económicas internas:

Ampliar el sector no estatal: Aunque se han dado pasos con las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyMES) y el cuentapropismo, es crucial expandir su alcance, flexibilizar la normativa para su creación y operación, y garantizarles un marco legal estable que fomente la inversión y el crecimiento. Esto incluye el acceso equitativo a insumos y financiamiento.

Descentralización y autonomía empresarial: Otorgar mayor autonomía a las empresas estatales, permitiéndoles tomar decisiones más rápidas y eficientes sobre producción, precios y salarios, en lugar de depender excesivamente de la planificación central.

Reforma monetaria y cambiaria: Abordar la dualidad monetaria (o la práctica de tres mercados) y la sobrevaloración de la moneda oficial. Una reforma cambiaria efectiva es fundamental para estabilizar la economía, fomentar las exportaciones y atraer inversión.

Incentivar la producción nacional: Especialmente en la agricultura, a través de incentivos a los productores, mayor acceso a la tierra, insumos y tecnología, y mercados más flexibles para la comercialización de sus productos. Esto reduciría la dependencia de las importaciones.

Infraestructura y energía: Invertir en la modernización de la infraestructura energética para reducir los apagones y mejorar la eficiencia, explorando fuentes de energía renovables.

2. Atracción de inversión extranjera y diversificación de relaciones económicas:

Marco legal atractivo y transparente: Establecer un marco legal que brinde seguridad jurídica y garantías a la inversión extranjera, simplificando trámites y reduciendo la burocracia.

Diversificar socios comerciales: Aunque las relaciones con aliados tradicionales son importantes, Cuba debe buscar activamente nuevos socios comerciales y de inversión en distintas regiones del mundo para reducir su vulnerabilidad ante la dependencia de unos pocos.

Explorar nuevas áreas de exportación: Además del turismo y los servicios médicos, Cuba tiene potencial en la biotecnología y la farmacéutica, donde ha demostrado avances significativos. Fomentar la exportación de estos productos de alto valor añadido.

Integración regional: Fortalecer lazos económicos con países de América Latina y el Caribe, buscando acuerdos comerciales y de cooperación que beneficien a Cuba.

3. Fortalecimiento del proyecto socialista con ajustes pragmáticos:

Foco en el bienestar social: A pesar de las reformas económicas, el Estado debe mantener su compromiso con la educación, la salud y la seguridad social universal y gratuita, que son pilares del proyecto socialista cubano. Sin embargo, se podrían buscar modelos más eficientes y sostenibles para su financiamiento.

Participación popular y control obrero: Profundizar los mecanismos de participación de los trabajadores y la población en las decisiones económicas y sociales, fomentando un mayor sentido de pertenencia y corresponsabilidad.

Transparencia y combate a la corrupción: Implementar medidas más estrictas para combatir la corrupción y fomentar la transparencia en la gestión pública, lo que generaría mayor confianza interna y externa.

Énfasis en la eficiencia y productividad: Fomentar una cultura de mayor eficiencia y productividad en todos los sectores, reconociendo que la supervivencia del modelo depende de su capacidad para generar riqueza y bienestar.

Debate y autocrítica: Abrir espacios para un debate interno más amplio y autocrítico sobre el modelo económico y social, permitiendo la discusión de diferentes perspectivas y la identificación de soluciones creativas.

Desafíos y consideraciones:

El embargo de EE. UU.: Si bien muchas de las causas de la crisis son internas, el embargo económico de Estados Unidos sigue siendo un factor significativo que limita el acceso de Cuba a mercados, financiamiento y tecnología. La normalización de estas relaciones sería un impulso enorme para la economía cubana, aunque no es una solución mágica.

Control vs. Apertura: El desafío principal para Cuba es encontrar el equilibrio entre la necesidad de una mayor apertura económica para generar riqueza y la voluntad política de mantener el control estatal y los principios socialistas.

Impacto social de las reformas: Las reformas pueden generar desigualdades temporales. Es crucial que el gobierno implemente políticas sociales de acompañamiento para mitigar los impactos negativos y proteger a los sectores más vulnerables.

En resumen, Cuba necesita implementar reformas económicas más audaces y coherentes, diversificar sus relaciones internacionales y modernizar su modelo productivo, sin abandonar los pilares fundamentales de su proyecto socialista que se centran en la equidad y el bienestar social. La clave estará en la capacidad del gobierno para adaptarse, ser pragmático y fomentar la participación y el ingenio de su propia gente.

martes, 19 de marzo de 2024

La experiencia de 1994 en el enfrentamiento a la crisis del periodo especial. Comentario HHC

 Cuando enfrentamos una situación compleja en nuestra economía, el estudio y la valoración crítica de lo hecho en los años 90 tiene una notable utilidad para el presente

La experiencia del enfrentamiento a la crisis en los años más duros del periodo especial puso de manifiesto la importancia de la integralidad de las medidas adoptadas, así como de su secuencia. Foto: Ahmed Velázquez

Este 2024 se cumplen 30 años de la implementación de un conjunto de medidas que comenzarían a revertir los efectos más graves de la crisis del periodo especial, que se registró entre 1993 y 1994.

Las ideas básicas sobre las medidas de fondo para enfrentar esta crisis serían esbozadas en el discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 26 de julio de 1993, y caracterizarían la política económica en ese periodo.

En ese discurso se señalaría cómo, en 1993, el país había dejado de percibir 450 millones de dólares por la caída de la producción azucarera, que solo alcanzaría 4 280 000 toneladas.

 Adicionalmente, se analizaría hasta qué punto se habían reducido los precios de las exportaciones de níquel, camarones y langostas, y la grave escasez de divisas que se enfrentaba.

A lo anterior se sumaría, en marzo, el impacto de la llamada Tormenta del Siglo, que dejó más de mil millones de dólares en pérdidas.

Todo esto llevó a la necesidad de adoptar, inmediatamente, un conjunto de medidas audaces, a la vez que bien meditadas por la dirección del país.

Ese conjunto de decisiones dio paso a la despenalización de la tenencia y uso de la divisa en el país –incluyendo la recepción de remesas desde el extranjero–, y a su captación comercial mediante un sistema de tiendas de recaudación de divisas (trd), al tiempo que se ampliaron los permisos para visitas a Cuba por parte de la comunidad cubana en el exterior.

Igualmente, se informó sobre la necesidad de ampliar la inversión extranjera y adoptar medidas para reducir el exceso de liquidez en manos de la población.

Comenzó a materializarse así una estrategia económica dirigida a avanzar en la recuperación, y a resistir el impacto de la crisis al menor costo social posible, al tiempo que se dieron pasos para reinsertar la economía cubana en las nuevas condiciones, contando con el consenso político indispensable para ello.

Sin embargo, en el contexto de las medidas adoptadas resaltó, por su importancia y urgencia, la necesidad de frenar el desequilibrio financiero interno, en el que se reflejó una tasa de inflación que llegó a un estimado máximo de 183 % en 1993, que amenazó con avanzar hacia un proceso de desmonetización y desorganización total de la actividad económica.

La creación de Cadeca contribuyó a conectar y regular los flujos de las diferentes monedas en manos de la población. Foto: Endrys Correa Vaillant

Esa situación se abordó detalladamente en la segunda sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el día 28 de diciembre de 1993, en la cual se evaluó la crítica situación financiera interna y la necesidad de discutirla con toda la población.

Esta discusión masiva de las medidas que debieron adoptarse marcó una diferencia sustancial con los programas neoliberales que se venían implementando masivamente en los países subdesarrollados desde finales de la década de los años 80, y dieron un contenido real a la democracia socialista en nuestra patria, frente a las recetas del capitalismo.

Fue así como se desarrollaron los llamados Parlamentos Obreros, entre enero y marzo de 1994, proceso de discusión libre y abierta de los temas económicos, no solo entre los trabajadores, sino también con la participación de los campesinos, los estudiantes y –en general– de todas las organizaciones de masas existentes en nuestro país.

En estas discusiones se registraron más de 530 000 propuestas, en reuniones que abarcaron todas las provincias. A partir de estas, se seleccionaron aquellas que contaron con la mayor comprensión y apoyo por parte de la población, las que sirvieron para diseñar las medidas que se presentaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular, en sesiones extraordinarias, los días 1ro. y 2 de mayo de 1994.

En esa asamblea se aprobó un programa antinflacionario que adoptó el nombre de Programa de Saneamiento Financiero Interno, que incluía reducir, sistemáticamente, el subsidio por pérdidas de las empresas y otros gastos presupuestarios, e incrementar los ingresos fiscales; lograr la estabilidad de los ahorros; controlar la circulación de divisas en el país; introducir mecanismos de estímulo –en divisas– para los trabajadores que laboraban en las producciones estratégicas; valorar y decidir, puntualmente, la elevación de los precios y tarifas de productos y servicios seleccionados; implantar, gradualmente, un nuevo sistema impositivo; examinar la conveniencia de un cambio de moneda, como un elemento para tomar en consideración, en caso de que las medidas por aplicar no dieran los resultados esperados a corto plazo, y facultar al Gobierno a adoptar otras medidas que se consideraran para el saneamiento financiero del país.

Algo destacable de estas medidas –que implicaban aumentos de precios y tarifas, así como nuevos impuestos– fue que tuvieron un proceso político de apoyo que permitió contar con el consenso necesario para su aplicación, aun cuando fueran medidas duras, en medio de uno de los peores años del periodo especial.

Adicionalmente, en 1994 se aplicó la racionalización de gastos de la Administración Central del Estado, con la reducción de ministerios, que pasaron de 50 a 30, y también, entre 1995 y 1996, se puso en práctica un proceso de redimensionamiento empresarial, que permitió su reorganización gradual, y que contó con un seguro de desempleo que posibilitó mitigar el impacto que ese proceso tendría entre los trabajadores afectados.

Las medidas más importantes adoptadas a partir de entonces, y que completarían el impulso a la reanimación económica imprescindible, incluirían la aprobación, en el verano de 1994, de la Ley No. 73, que implementó un nuevo sistema impositivo; la creación del peso cubano convertible (cuc), en diciembre de 1994, y de las Casas de Cambio (Cadeca), en octubre de 1995; la aprobación, en septiembre de 1995, de la Ley No. 77, que brindaba un marco legal apropiado a la inversión extranjera; los decretos Ley No. 172 y 173, de 1997, que reestructuraron el sistema bancario nacional, y el No. 187, de 1998, que implementaría el proceso de perfeccionamiento empresarial, entre las decisiones de mayor peso.

La experiencia del enfrentamiento a la crisis en los años más duros del periodo especial puso de manifiesto la importancia de la integralidad de las medidas adoptadas, así como de su secuencia.

Fue así que se colocó, en primer plano, el enfrentamiento a la inflación; seguida del estímulo a las producciones más importantes; el ordenamiento de la dolarización parcial de la economía, con la creación del cuc, y finalmente la creación de Cadeca, para conectar y regular los flujos de las diferentes monedas en manos de la población.

En los momentos en que enfrentamos una situación compleja en nuestra economía, el estudio y valoración crítica de lo hecho en los años 90 tiene, sin dudas, una notable utilidad para el presente. HHC: Negritas nuestras.

Comentario HHC: Creo que el Presidente Diaz Canel, no debe dilatar mas las medidas necesarias que una y otra vez, se plantean como salida a la situación que tenemos.

Tenemos al Dr Jose Luis, protagonista de una situación similar en la década del 90 del siglo pasado, que si bien no son las mismas condiciones, porque no existian las 243 medidas de Trump por ejemplo, lo que nos obliga a ser mas eficientes en estos momentos. En ese sentido,  que Granma este publicando sus articulos es un buen indicio, y por ello la Presidencia puede tenerlo de asesor o consultor.

No podemos seguir improvisando. El Primer Ministro no es economista, el Ministro  de Finanzas y Precios tampoco, y el compañero del MEP que si lo es, no tiene experiencia en temas macroeconómicos.  No quiere decir que no puedan desempeñar sus funciones, sino que deben tener contrapartidas de personal con experiencia.

Hay que hacer como Fidel hizo en la Historia me Absolverá: 

El problema de la alimentación: ¿Cuales son las acciones de emergencia que hay que ejecutar para resolver este tema en lo fundamental en el mas breve plazo posible?.

El problema de la generación de energia electrica: Lo mismo de lo anterior.

El problema del transporte: Ver la experiencia del actual ministro Eduardo Rodriguez en facebook como método para socializar problemas y soluciones. El ministro si toca los problemas con las manos, como no he visto a otros.

El problema del déficit fiscal: Creo que el mismo debe presidirlo el presidente, ya que se requiere de toma de decisiones que no abarcan a un solo ministerio. 

- Reducir y fusionar ministerios afines como por ejemplo MINAG y MINAL.

- Disminurir el personal indirecto en todos los niveles, y hacerlo con tecnologia,  multifunciones  de puestos de trabajos con OCT

- Disminuir el presupuesto de gastos de los OAE.( plantillas, transporte, viajes, etc)

- Disminuir las empresas con perdidas, entidades estatales con sobregastos y municipios que hay que financiar y en una primera etapa llevarlos a cero perdidas. 

-  Medidas correctivas  urgentes contra el 20 % que mayor importe de evasión de impuestos presentan en estos momentos.

El problema de tomar el control del mercado cambiario del pais. El estado tiene que vender y comprar divisas a lo que resulte el mercado diariamente, priorizando a las empresas estatales y mipýmes, y paralelamente imponer grandes multas a los vendedores ilegales, decomiso y a los reicidentes aplicarles el código penal. 

El principio es la ejecución paulatina, con secuencia, rectificando lo que no salga bien inmediatamente, etc y tomar nuevas medidas.... 

sábado, 7 de octubre de 2023

Crisis social. Algunas reflexiones

Por Rafael Alhama Belamaric

En años recientes escribí de cómo enfrentar las crisis sociales de las crisis multidimensionales.

De golpe, hago una reflexión cómo la actual crisis económico, financiera, cultural y ética, plantea una crisis de valores, galopante, que hace imprescindible una necesidad de reorganización en lo económico, social y personal. Quizás hay algunas personas de las decenas y decenas que hicieron la cola durante el día de ayer en la farmacia, personas de la tercera y la cuarta edad que hicieron lo suyo en el tiempo histórico que le tocó luchar.

La cuestión del MIEDO es una de ellas . A saber, para no darle la vuelta a la tuerca , el miedo, es una sensación de ANGUSTIA provocada por la presencia de un peligro, real o imaginario, o sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea. Quizás pocas personas se imaginan que tienen ese sentimiento o sensación.

Pero la cuestión del miedo, es una de ellas, y se instaura como estrategia, y la facilidad con que se acude a los medios de comunicación , acrecienta la vulnerabilidad del ser humano, a la buena o a la mala .

Las amenazas ambientales , de todo tipo, la atmósfera de inestabilidad de la vida cotidiana , no alcanza la pagina para contar los hechos en todos los ámbitos de nuestras vidas. No sería desatinado decir que estamos en el nacimiento del estado de miedo de modo permanente , aunque no se reconozca , pero su incidencia llega a paralizar el propio desarrollo personal y social , y económico . Como consecuencia, obliga a mantener un trabajo insatisfactorio o poco satisfactorio. Incluso, nos podemos mantener inmóviles a nivel emocional y afectivo .

Es evidente que hay que tenerlo en cuenta en situación de crisis. Frases hechas metidas ya en el acervo cultural, y repetidas hasta la saciedad , día a día , y respuestas hechas también, con un mutis de silencio o asentimiento gutural, nos hacen creer ese sentimiento de desconfianza o sensación de angustia, que provocan en el ser humano esa estrategia.

Las crisis económicas llevan a la incertidumbre y la ansiedad , que hace que  tengamos miedo al OTRO, vecinos o no, grupos sociales, y se hace sumamente conflictivo, y puede favorecer al INDIVIDULISMO.

Un individualismo (Turaine , 2005) constantemente modificado por los estímulos que se ejercen sobre él y le influencian . ¿ Cómo hacer que el ser sobrepase el “tener” en todas nuestras relaciones? ¿ Cómo hacer que la colectividad sobre el individuo y lo mío separado del conjunto que lo rodea y del cual es parte indisociable? Evidentemente , las relaciones cada vez se parecen en y a uno mismo. Hace falta los cientistas de la dinámica social para actuar en la crisis de valores, crisis de valores con consecuencias y respuestas multidimensional.

Quizás estamos asistiendo a un momento histórico de REALIDADES Y PROYECTOS, donde se abre un abanico de posibilidades , donde los ciudadanos pueden plantear alternativas más equitativas con la población .