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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

miércoles, 19 de agosto de 2015

Panamá considera a Cuba un socio comercial estratégico


Lo afirmó el Ministro de Comercio e Industrias del país istmeño, Melitón Arrocha, en una comisión del Parlamento que aprobó el Acuerdo de Alcance Parcial entre ambas naciones

Cuba es un socio comercial estratégico clave en la región caribeña, afirmó en la capital de Panamá el ministro de Comercio e Industrias del país istmeño, Melitón Arrocha, en una comisión del Parlamento que aprobó el Acuerdo de Alcance Parcial entre ambas naciones.

El documento, que pasará a otras instancias para su análisis y aprobación definitiva por el pleno de la Asamblea Nacional, según el Ministro generará oportunidades para todos los sectores productivos de los dos países.

Además, señaló que "contribuirá a expandir y diversificar el comercio entre Panamá y Cuba, a través del mejoramiento del entorno y la seguridad jurídica de nuestros operadores comerciales".

A pesar de que el intercambio comercial es mayormente de bienes no originarios y se realiza por la Zona Libre de Colón (ZLC), existen potencialidades para aumentar nuestras exportaciones, destacó el titular de Comercio ante los integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores del legislativo.

En cuanto al acceso de mercancías panameñas al mercado cubano, con el Protocolo firmado se lograron nuevas preferencias arancelarias para 73 líneas, algunas con el ciento por ciento, como aceite de palma y mantequilla, entre otros.

Igualmente el 80 y 30 % para mercancías como sandía, puertas, ventanas y sus marcos, contramarcos y umbrales; camisetas de algodón y fibra sintética; papel higiénico y envases metálicos, explicó Arrocha.

El Gobierno de Cuba aceptó, por primera vez en una negociación comercial, incorporar la materia de propiedad intelectual de forma más ambiciosa, lo que refleja en su mayoría los intereses istmeños, como el reconocimiento de origen a los cafés Renacimiento, Boquete, Seco y Seco de Panamá.

Igualmente, el Titular defendió en la Asamblea Nacional la aprobación del órgano a una enmienda del pacto constitutivo de la Organización Mundial del Comercio y el anexo a dicho Protocolo referente al Acuerdo sobre Facilitación del Comercio.

Sobre el documento, Arrocha informó a los diputados que de manera general contiene disposiciones para agilizar el movimiento, el levante y el despacho de las mercancías en el comercio internacional, y establece medidas para lograr una cooperación efectiva entre las autoridades aduaneras y otras competentes. (Prensa Latina)

Las monedas latinoamericanas sufren por una posible alza de tasas en EE.UU. y la caída del yuan


El peso mexicano se ha depreciado más de 10% frente al dólar este año. PHOTO: BLOOMBERG

Por CAROLYN CUIMiércoles, 19 de Agosto de 2015 0:02 EDT

Las monedas de los principales países de América Latina están cayendo, afectadas por el derrumbe de los precios de las materias primas, la perspectiva de un lento crecimiento en China y la inminencia de un aumento de tasas de interés por parte de la Reserva Federal.

Este año, el peso colombiano ha perdido 21% de su valor frente al dólar para llegar a un mínimo histórico, mientras que el peso chileno y el peso mexicano se han depreciado 12,26% y 10,11%, respectivamente.

En lo que va del año, el real brasileño ha retrocedido 23,4% frente al dólar, para convertirse en uno de los mayores perdedores entre las monedas latinoamericanas. Una marcada desaceleración de la economía, junto con un creciente escándalo la principal petrolera del país, ha llevado a la mayor economía de la región a su peor recesión en más de dos décadas y arrastrado a su moneda.

América Latina ha estado a la vanguardia de la ola global de ventas de activos de mercados emergentes en anticipación al aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, un ajuste previsible si se considera la mejora de la economía estadounidense. Las bajas tasas de interés en EE.UU. habían reorientado a los inversionistas hacia los mercados emergentes, donde los rendimientos son mayores y los activos denominados en moneda extranjera contenían la promesa de potenciales ganancias.

Muchas economías de la región dependen fuertemente de las exportaciones de commodities y, por lo tanto, de la fuerza económica de China, que en los últimos años ha sido un gran consumidor de materias primas. La última ola de debilitamiento de las monedas latinoamericanas fue en parte provocada por la devaluación de la divisa china la semana pasada. Un yuan más barato le resta a China poder de compra para las materias primas producidas en América Latina, como el cobre y el petróleo.

China es el mayor consumidor de cobre chileno y un importante comprador de crudo de Colombia y México. El lunes, los precios de futuros del cobre y del petróleo cayeron a mínimos de seis años debido a los temores de un menor crecimiento económico en la nación asiática. El martes, el crudo subió ligeramente en Nueva York para ubicarse en US$42,62 por barril, mientras que en Londres el cobre se hundió aún más, para caer por primera vez por debajo de US$5.000 la tonelada desde la crisis financiera.

“Estos vientos en contra (…) se han concentrado en las monedas de América Latina”, dice Nick Verdi, estratega cambiario de Standard Chartered Bank en Nueva York.

Las divisas emergentes en general han perdido valor este año ante la apreciación del dólar. El débil crecimiento en los países en desarrollo y la perspectiva de mayores tasas en EE.UU. han presionado a esas monedas a la baja.


Los analistas consideran que la falta de crecimiento y las políticas de flexibilización monetaria de los bancos centrales mantendrán a esas monedas bajo presión hasta que la Fed se aproxime a su primer aumento de tasas. “Lo que necesitamos para estabilizar las monedas es un crecimiento (en la región), y después del crecimiento, un ciclo de ajuste. Pero lo más pronto (que podremos conseguir esas metas) será probablemente el próximo año”, señala Siobhan Morden, estratega para América Latina del banco de inversión Jefferies & Co. en Nueva York.

Algunos analistas dicen también que el debilitamiento de las monedas latinoamericanas es resultado del mayor interés de los inversionistas en la región. Algunos estrategas a largo plazo compraron acciones y bonos latinoamericanos en medio de la reciente caída de precios y al mismo tiempo hicieron apuestas bajistas contra sus monedas como una forma de protegerse del potencial riesgo. Estas coberturas aumentan la presión a la baja sobre las monedas.

“Hay muchos inversionistas extranjeros, o incluso locales, que están cubriendo su exposición cambiaria, lo cual genera una segunda ronda de debilidad en esas monedas”, dice Mario Castro, estratega para América Latina de Nomura Securities.

Durante los primeros siete meses del año, América Latina fue el mayor receptor de flujos de inversión a mercados emergentes, eclipsando a las economías emergentes de Asia, según el Instituto de Finanzas Internacionales. En total, los capitales extranjeros compraron un neto de US$62.900 millones en acciones y bonos de países latinoamericanos, en comparación con US$57.800 millones de países asiáticos.

Chile y México se destacaron como los favoritos de los inversionistas en la región.

En Chile, los inversionistas se han sentido cómodos con la estabilidad política del país y su baja deuda, producto de años de disciplina fiscal. Para ayudar a la economía, el gobierno chileno puede también aprovechar el fondo de estabilización acumulado durante los años de auge en los precios del cobre. Standard & Poor’s Ratings Services dice que a junio de este año Chile había ahorrado cerca de 12% de su Producto Interno Bruto. En julio, el país registró un ingreso de capitales de alrededor de US$4.500 millones, según Scotiabank. Un reciente informe de S&P dice que a pesar de los planes de mayor emisión internacional, la deuda neta de Chile probablemente seguirá baja, en menos de 7% del PIB en los próximos tres años.

Los inversionistas han estado observando las recientes reformas de la presidentaMichelle Bachelet, que socavaron la confianza empresarial. Las reformas incluyen el aumento de impuestos para financiar una reforma educativa y planes para fortalecer a los sindicatos y llevar a cabo una reforma constitucional.

En México, debido a los estrechos lazos comerciales entre ese país y EE.UU., los inversionistas apuestan al sector exportador y a los beneficios que éste puede recibir de la reactivación estadounidense. Los diferenciales entre los bonos del gobierno de México y los bonos del Tesoro de EE.UU. siguen siendo atractivos: el margen de rendimiento del bono mexicano a 10 años comparado con el de bonos equivalentes de EE.UU. es de 3,83 puntos porcentuales, mientras que al principio de julio era de 3,6 puntos porcentuales, de acuerdo con Banco Santander.

Los flujos de inversión hacia bonos denominados en pesos mexicanos continuaron durante el mes pasado, aunque “sin duda será importante ver en las próximas semanas el comportamiento de los inversionistas extranjeros dado el posible aumento de la tasa de interés por la Reserva Federal en septiembre”, dijo Banco Santander en un informe.

Los flujos de inversión en bonos y acciones mexicanas han sido positivos desde mayo. Al 28 de julio, las tenencias extranjeras de bonos mexicanos a tasa fija en pesos rondaban US$91.000 millones, que representan 60% del total en circulación, según el banco central mexicano.

“Los inversionistas no parecen estar huyendo de América Latina”, escribió Eduardo Suárez, codirector de estrategia para América Latina de Scotiabank. El analista espera que las monedas se recuperen una vez que la Fed decida su primer aumento de tasas y que las coberturas cambiarias se hagan efectivas.

El martes, el dólar se cotizaba a 691 pesos chilenos, 3.003 pesos colombianos (un mínimo histórico), 16,4 pesos mexicanos y 3,47 reales.

—Anthony Harrup y Ryan Dube contribuyeron a este artículo.

EE.UU. mide sus armas para lidiar con una eventual recesión

EE.UU. mide sus armas para lidiar con una eventual recesión


Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal. PHOTO: RON SACHS/CNP/ZUMA PRESS


Por Jon Hilsenrath y Nick Timiraos WSJ. Miércoles, 19 de Agosto de 2015 0:02 EDT

A medida que la expansión económica de Estados Unidos madura y se forman nubes en el escenario global, las autoridades económicas comienzan a preocuparse por una eventual recesión. Su inquietud no se debe a la inminencia de un bajón, sino a si tendrán suficientes municiones para defenderse cuando llegue uno.

El dinero ha sido la principal arma de Washington en las décadas que pasaron desde que el economista británico John Maynard Keynes propuso un enérgico gasto gubernamental para combatir la Gran Depresión. EE.UU. generalmente inyecta dinero en la economía a través de recortes de tasas de interés, rebajas de impuestos o el aumento del gasto federal.

Esas herramientas podrían ser difíciles de emplear cuando llegue el próximo bajón: las tasas de interés están cerca de cero, y los planes de estímulo fiscal podrían ser obstaculizados por los altos niveles de deuda pública y la perspectiva de crecientes déficits presupuestarios para cubrir el gasto en prestaciones para los jubilados de la generación de la posguerra, o baby boomers.

Pocos economistas creen que EE.UU. esté cerca de una recesión. La economía parece haber recuperado su equilibrio después de un tropiezo en el primer trimestre, y funcionarios de la Reserva Federal consideran la posibilidad de elevar las tasas de interés de corto plazo por primera vez en casi una década para asegurar que la economía no se sobrecaliente.

Aun así, las sombras amenazantes son un recordatorio de que el lento crecimiento mundial está a sólo un shock de la zona de peligro. En el segundo trimestre, la economía de Japón se contrajo y Europa registró un crecimiento mediocre. La desaceleración de China, por su parte, parece más grave de lo que creían inicialmente las autoridades globales y una devaluación del yuan podría dar lugar a fricciones comerciales.

Con la expansión de EE.UU. a las puertas de su séptimo año, las autoridades están planeando cómo responder a la siguiente crisis, algo que la historia ha demostrado que es inevitable. El actual crecimiento ya es 16 meses más largo que la media desde la Segunda Guerra Mundial, y ninguna ha durado más de una década.

“La economía mundial es como un transatlántico sin botes salvavidas”, escribieron economistas del banco HSBC en una reciente nota de investigación.

En la próxima recesión, las herramientas de gobierno serán “más limitadas de lo habitual, pero de ninguna manera son cero”, dijo en una entrevista Ben Bernanke, ex presidente de la Fed.

El banco central de EE.UU., por ejemplo, podría experimentar con tasas de interés negativas. Una recesión también podría obligar al Congreso y la Casa Blanca a dejar de lado la división partidista en Washington y llegar a un acuerdo que combine estímulos de corto plazo con planes a largo plazo para reducir el déficit.

‘Una pregunta viva’

“Esta es una pregunta muy viva”, dice Douglas Elmendorf, que hace poco dejó de ser director de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés). “Las autoridades están pensando en planes de contingencia para sus planes de contingencia”.

La estrategia de la Fed de mantener las tasas de interés bajas hasta una fase avanzada de la expansión tiene por objeto evitar una recaída en la recesión. Janet Yellen, su presidenta, ha definido las tasas bajas como un seguro contra otra crisis. Esa es otra razón por la cual los funcionarios tienen la intención de moverse lentamente una vez que comiencen a subir los intereses.

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Las preocupaciones se extienden a la Casa Blanca. “La política fiscal federal será una herramienta más importante para abordar futuros ciclos económicos porque la política monetaria puede verse constreñida con más frecuencia”, dijo en una entrevista Jason Furman, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca. “Eso es un gran cambio en la forma en que la profesión económica ve el mundo”.

En el último cuarto de siglo, EE.UU. recurrió regularmente a la Fed para dar estímulos cuando la economía se tambaleaba.

En la más reciente recesión, las tasas de interés de corto plazo fueron llevadas a casi cero. Luego, la Fed se embarcó en programas masivos y controversiales de compra de bonos para reducir las tasas de interés de largo plazo. También se comprometió a mantener bajas las tasas de interés de corto plazo por un período prolongado.

Las tácticas estaban destinadas a facilitar el pago de deudas de las familias, alentar nuevos préstamos y promover la toma de riesgos; los funcionarios esperaban que las medidas impulsaran la inversión y el gasto de los consumidores.

La próxima crisis podría también ampliar las tenencias de bonos de la Fed, que ya superan los US$4 billones, pero existe un límite a las compras adicionales que pueda hacer.

Bernanke dijo que quedó sorprendido por la forma en que recientemente los bancos centrales de Europa llevaron las tasas de interés de corto plazo a territorio negativo, básicamente cobrando a los bancos que depositen efectivo en lugar de prestarlo a empresas y hogares. El Banco Nacional Suizo, por ejemplo, cobra a los bancos comerciales un interés de 0,75% por el dinero inmovilizado, un incentivo para que lo presten.

La teoría económica sugiere que las tasas negativas alientan a las empresas y familias a acumular efectivo, en otras palabras, a guardarlo en el colchón. “Parece que las tasas pueden ser más negativas de lo que las teorías tradicionales sostenían”, recalcó Bernanke.

Otros, entre ellos el senador Bob Corker, republicano de Tennessee, sólo ven los límites de la Fed. “Le queda cero gasolina”, dijo.

Muchos economistas creen que el alivio para la próxima recesión tendrá que venir de los responsables de políticas fiscales y no de la Fed, una perspectiva desalentadora, dada la división filosófica entre los dos partidos de EE.UU.

Los republicanos dudan que el gasto federal pueda expandir la economía, y tratan de reducir el tamaño del gobierno en lugar de ampliarlo. Los demócratas, en cambio, dicen que la austeridad fiscal maniata a la economía, especialmente en tiempos de crisis.

La cuestión es cuánto podrá endeudarse y gastar el gobierno para sacar a la economía del próximo bajón. La experiencia de la pasada recesión ha creado un profundo desacuerdo entre los economistas.


Una foto del economista británico John Maynard Keynes en 1929. PHOTO: PLANET NEWS ARCHIVE/SSPL/GETTY IMAGES

La deuda federal ha crecido hasta representar 74% de la producción nacional, frente a 39% en 2008. Para frenar el déficit fiscal a corto plazo, el Congreso y la Casa Blanca acordaron a principios de esta década una combinación de recortes de gastos y alzas de impuestos. En total, el gasto sumado de los gobiernos federal, estatales y municipales, en términos reales, se contrajo 3,3% desde el inicio de la recuperación en 2009, frente a un incremento promedio de 23,5% en otros períodos de expansión comparables de la posguerra.

Mientras que la deuda federal es alta en términos históricos, el déficit presupuestario se ha reducido a alrededor de 2,4% de la producción nacional. Eso proporciona a EE.UU. un poco de respiro fiscal. Sin embargo, se prevé que, incluso con un crecimiento económico sostenido, los déficits superen 3% del Producto Interno Bruto a finales de la década, lo que elevaría aún más el nivel de deuda, según la CBO.

“Si hay otra recesión, habrá presión para ampliar el déficit con bastante rapidez a un nivel que no tiene precedentes en los tiempos modernos”, afirma Stephen King, economista de HSBC y autor del informe sobre la falta de salvavidas fiscales para la economía global.

Nadie sabe cuánta más deuda puede acumular el gobierno de EE.UU. sin provocar un aumento de la inflación y llevar las tasas de interés a un nivel que obstaculice la inversión y el crecimiento. “No conocemos experiencias de países con un nivel de deuda como el de EE.UU. en este momento”, dice Elmendorf, el analista de presupuesto.

Japón ha impulsado la deuda pública a casi el doble de su producción económica anual, pero su experiencia no aporta una orientación clara. El gasto no ha estimulado un crecimiento significativo; tampoco la carga de deuda ha impulsado los costos de financiación del gobierno, como la teoría económica sugiere que debiera suceder.

En un polémico artículo de 2010, los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, de la Universidad de Harvard, afirmaron que algunos países tuvieron un crecimiento más lento cuando la deuda pública superó 90% de la producción nacional.

El informe alimentó el debate sobre la austeridad fiscal y más tarde fue criticado por investigadores de la Universidad de Massachusetts por fallas en la metodología y el análisis. Rogoff y Reinhart dijeron que la crítica era exagerada.

Los economistas de Moody’s Analytics dicen que la deuda de EE.UU. podría aumentar otros US$5,6 billones sin mucho peligro, un dinero suficiente para proteger la economía contra una repetición de la crisis financiera de 2007-2009 con un similar gasto de rescate financiero.

Los economistas del Fondo Monetario Internacional advierten contra el impacto que los programas de austeridad pueden tener sobre el crecimiento cuando una crisis de deuda no es inminente.

Elmendorf ve dos errores potenciales en el enfoque de la relación entre el crecimiento y la deuda para EE.UU. El primero de ellos, señala, sería suponer que mayores niveles de deuda eliminarían los instrumentos de política fiscal a corto plazo en una recesión. El segundo sería no ver la necesidad de reducir la deuda pública en el largo plazo.

Incluso si estuviera claro que EE.UU. puede permitirse el lujo de aumentar el gasto o reducir los impuestos, los desacuerdos partidistas respecto del programa de estímulo que el presidente Barack Obama lanzó en 2009 impiden un consenso sobre los beneficios de las políticas fiscales en una recesión.

El paquete de gasto de US$787.000 millones “fue tan mal diseñado que probablemente dio una mala reputación a las políticas fiscales”, sostiene Martin Feldstein, profesor de Harvard y ex asesor económico del presidente Ronald Reagan que antes había apoyado un gran estímulo para hacer frente a la crisis financiera.

“Cualquier observador objetivo que mirara el estímulo de más de US$1 billón diría que no ha sido eficaz en lograr que la economía crezca de una manera duradera”, dice el representante Tom Price, republicano de Georgia y presidente del Comité de Presupuesto de la cámara baja.

La Casa Blanca cuestiona las críticas y señala que la recuperación económica de EE.UU. ha sido más fuerte que en los países desarrollados que rechazaron las políticas de estímulo fiscal.

Y las predicciones de que el aumento de los niveles de deuda podría conducir a una mayor inflación y al alza de las tasas de interés han sido hasta ahora erradas. A pesar de que la deuda como proporción del PIB casi duplica el nivel que tenía antes de la crisis financiera, las tasas de interés se han mantenido bajas.

“Se siente como si tuviéramos mucho más margen de maniobra fiscal de lo que podía pensarse hace 10 años”, dice Furman, el asesor económico de la Casa Blanca.

Y agrega que una lección derivada de la reciente recuperación es que si los gobiernos se endeudan por una buena razón, como el gasto en infraestructura para impulsar el empleo durante crisis, “no parece que los mercados vayan a penalizarnos”.

Furman ha estado tratando de preparar en la Casa Blanca políticas para la eventualidad de una próxima recesión. Hay señales de que la próxima recesión será más difícil de manejar, asevera, debido a fuertes recortes en los gobiernos estatales y municipales, presupuestos que en recesiones anteriores han actuado como amortiguadores.

Programas automáticos

En la esfera federal, la Casa Blanca se ha centrado en la ampliación de los programas que se expanden automáticamente cuando la economía se tambalea, para luego diluirse durante la recuperación económica.

En el plan presupuestario para este año, por ejemplo, el gobierno de Obama propuso sustituir el sistema de prestaciones por desempleo, que en recesiones pasadas no fue ampliado por el Congreso hasta después de comenzada una recesión. La idea es aumentar automáticamente los montos del seguro disponible para quienes pierden sus trabajos cuando las tasas de desempleo en los estados alcanzan determinados umbrales.

Los opositores a esquemas como ese citan los altos costos —algunos funcionarios dicen que la reforma costaría US$50.000 millones durante 10 años— y apuntan a investigaciones según las cuales el seguro de desempleo ampliado podría desalentar a los hombres y las mujeres a reingresar a la fuerza laboral.

Una solución intermedia ha sido difícil de alcanzar. Cuando los republicanos ganaron el control de la Cámara de Representantes en 2010, la Casa Blanca buscó, sin éxito, un acuerdo para elevar los ingresos y frenar el crecimiento de largo plazo en el gasto a cambio de un estímulo a corto plazo.

La próxima recesión podría volver a sentar a las dos partes a la mesa de negociaciones. No obstante, los legisladores tendrían menos margen de maniobra “porque el lado de las prestaciones del gobierno no se ha abordado”, dijo Corker. “No hemos abordado aún los elementos más básicos”.

Feldstein y Robert Rubin, ex secretario del Tesoro durante la presidencia de Bill Clinton,proponen las llamadas “políticas de incentivos neutrales sobre los ingresos del gobierno”, como créditos fiscales a la inversión empresarial que compensan los costos del gobierno mediante el aumento general de los impuestos a las empresas.

El desafío es que estas políticas “suenan simples, pero políticamente son de difícil implementación”, según Glenn Hubbard, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia y asesor del presidente George W. Bush durante la recesión de 2001. “Tenemos muy poco colchón para quien sea el próximo presidente y los próximos líderes del Congreso en el caso de que tengan que hacer frente, Dios mío, a cualquier cosa”.

Las exportaciones españolas a Cuba podrían aumentar 200 millones de dólares al año



 El fin del embargo podría situar las exportaciones de Estados Unidos al país caribeño en los 6.000 millones de dólares en 2020.

SOLUNION, compañía experta en seguros de crédito, analiza el último estudio de su accionista Euler Hermessobre el futuro de Cuba una vez finalizado el embargo. Estados Unidos se convertiría en el principal beneficiario gracias al aumento de las exportaciones a la isla por valor de 1.000 millones de dólares al año. Esto supondría un volumen de exportaciones que alcanzaría los 6.000 millones de dólares en 2020, un 25% del total de las importaciones cubanas (actualmente un 3%).

Los socios comerciales tradicionales de Cuba también se beneficiarán de la situación:

China, +360 millones de dólares al año.
España, +200 millones de dólares al año.
Brasil, +120 millones de dólares al año.
Francia, +100 millones de dólares al año.

Se espera que Venezuela, uno de los principales socios comerciales actuales, sea el país más afectado.
  
Acorto plazo, los riesgos de impago de las empresas cubanas seguirán siendo elevados


Después de un crecimiento del PIB del 2% de media en cinco años, se espera una aceleración del 5-6% anual de 2016 a 2020. Este aumento estará motivado principalmente por la inversión extranjera que aumentará de un 15 a un 20% en los próximos años.

Nuevas oportunidades de inversión

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Cuba.
En noviembre de 2014, el gobierno cubano presentó una amplia lista con los países extranjeros inversores más deseados. Su “Cartera de oportunidades para la inversión extranjera” incluye 246 proyectos con los que pretende obtener 15.000 millones de dólares. En la lista figuran sectores críticos como el energético, alimentación, construcción, farmacéutico y biotecnológico.


También pone el foco en el impulso de La Zona Especial de Desarrollo Mariel. Las autoridades cubanas esperan convertir la bahía de Mariel(situada a 28 millas al oeste de La Habana y a 112 millas de Florida) en un centro de comercio de mercancías, con una zona de libre comercio y un puerto de contenedores capaz de alojar algunos de los mayores cargueros del mundo. Con una política de bajos impuestos y una regulación laxa, el gobierno cubano espera atraer suficiente capital para construir fábricas industriales y aumentar los servicios de importación y exportación de la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

Los riesgos permanecerán


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Debido a su sistema de cambio de tasa, extremadamente complejo, aumentarán los riesgos relacionados con la financiación y la divisa. El gobierno ha manifestado interés en la unificación de las dos monedas del país (el peso convertible y el peso cubano), aunque por el momento no se ha tomado ninguna medida concreta. El aumento del turismo extranjero y la entrada de capital, hacen que sea una cuestión inevitable a largo plazo, pero podría empujar al país hacia un colapso monetario. El acceso al crédito continuará siendo limitado a corto plazo.


Los riesgos políticos y de clima empresarial seguirán siendo elevados. La inversión extranjera continuará estando fuertemente controlada por el Estado y, en general, las empresas extranjeras necesitarán que Cuba tenga la propiedad mayoritaria de los negocios. A pesar de las mejoras económicas, se espera que el sector privado se desarrolle gradualmente.

Asimismo y a corto plazo, los riesgos de impago de las empresas cubanas seguirán siendo elevados.

Grecia privatiza 14 aeropuertos que pasarán a manos de una empresa alemana

El Gobierno griego aprobó la privatización de 14 aeropuertos regionales que pasarán a manos de la empresa alemana Fraport, como parte del paquete de medidas neoliberales acordadas con la Troika, conformada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE).
De acuerdo con una resolución del consejo de política económica que fue publicada este martes en el Boletín Oficial del Estado los aeropuertos privatizados son el de Salónica, que constituye la segunda ciudad del país heleno; Kavala, en el noreste; Corfú y Zante, dos islas situadas en el mar Jónico; Canea y Cefalonia, en la isla de Creta; Aktion, en el oeste; y los de Rodas, Kos, Samos, Mitilene, Mykonos, Santorini y Skiathos, todas islas del Egeo.
Dicha resolución fue firmada por el viceprimer ministro, Yanis Dragasakis, y los ministros de Finanzas, Euclides Tsakalotos, Economía, Yorgos Stathakis, y Energía, Panos Skurletis, y en ella se acordó que Atenas cediera esas terminales al consorcio alemán Fraport-Slentel por un monto de 1.230 millones de euros, refieren las agencias de noticias Prensa Latina y EFE.
Esta empresa ya había ganado una licitación que tuvo lugar el año pasado, pero que había sido paralizada con la llegada al poder del primer ministro griego, Alexis Tsipras.
Sin embargo, como consecuencia del acuerdo final con la Troika, la autoridad de privatización helena (Taiped) dio recientemente su visto bueno a la venta.
Otras de las medidas que se aplicarán en Grecia serán el aumento del Impuesto al Valor Añadido (IVA), recortes al sistema de pensiones, el cambio del sistema judicial, la revisión de los procedimientos de negociación colectiva en las empresas incluyendo la regulación de los despidos colectivos, y el desarrollo. Así como una serie de privatizaciones de empresas claves, incluyendo el sector eléctrico y los aeropuertos.
LibreRed/AVN