Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

lunes, 27 de enero de 2020

Acogerá Cuba la IV Cumbre Iberoamericana de Turismo Accesible

MARILEY GARCÍA QUINTANA|FOTO: EXCELENCIAS CUBA 27 ENERO 2020




La Habana, 27 ene (ACN) Cuba será la sede de la IV Cumbre Iberoamericana de Turismo Accesible, que tendrá lugar del 16 al 21 de septiembre del 2020, fue anunciado en la Feria Internacional de Turismo FITUR en Madrid, la capital española.

En la presentación de la mayor de las Antillas como espacio para el evento, estuvieron presentes Juan Carlos García Granda, ministro cubano de Turismo, Diego González, presidente de la RED Iberoamericana de Turismo Accesible y de la RED Española de Turismo Accesible RED ESTABLE, así como Raúl Naranjo Aday, presidente de Ecotur, el receptivo oficial de esta cumbre, publica el sitio web Excelencias Cuba.

Al respecto, la agencia Prensa Latina informa que Diego González expresó su agradecimiento por “hacer aquí el lanzamiento de la IV Cumbre Iberoamericana de Turismo Accesible”, quien aseguró haber “percibido la sensibilidad, el trabajo y el enorme esfuerzo que, desde el ministerio de Turismo, Skedio como operador, y Ecotur, han venido realizando en pro de garantizar el turismo para todos” en el país caribeño.

La IV Cumbre Iberoamericana de Turismo Accesible a realizarse en La Habana el presente año, abrirá las puertas a este importante segmento para hacer posible sus sueños de viajar a un destino mágico, lleno de historia, con playas impresionantes y gente increíble.

“No son 30 pesos, son 30 años”: los Chicago Boys y el origen del neoliberalismo en Chile

La revuelta chilena, que estalló por el aumento del precio del billete de metro, ha puesto en jaque el sentido común neoliberal heredado tras décadas de aplicación ortodoxa del plan de los chicos de Chicago.

Jaime Bordel Gil, El Salto

El pasado 8 de enero el Senado chileno rechazó en sala un proyecto de reforma constitucional que buscaba consagrar el agua como un bien nacional de uso público. El proyecto, que abría la puerta a que Chile dejara de ser el único país del mundo con sus aguas totalmente privatizadas, naufragó en la Cámara Alta al no alcanzar el quorum de dos tercios establecido en la Constitución que rige todavía en el país andino.

La imposibilidad de sacar adelante la reforma, por un lado, puso de manifiesto el freno que supondrá en la futura asamblea constituyente el quorum de dos tercios que concede al oficialismo la capacidad de bloquear cualquier cambio sustancial; y por otro, muestra hasta qué punto el neoliberalismo se encuentra inserto en las raíces del Estado chileno.

La subsidiariedad del Estado chileno, un Estado mínimo al más puro estilo neoliberal, ha sido un tema recurrente desde que estallaran las protestas que han recorrido el país durante los últimos meses. El golpe de Estado de 1973 que dio comienzo a la dictadura del general Augusto Pinochet suele fijarse como la fecha en la que la organización social y económica del país andino comenzó a cambiar. Junto a la represión y a la persecución política, la dictadura cívico militar impulsó una política económica de lo más ortodoxa, basada en los postulados de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, con un programa de privatizaciones masivas, y en la que el rol del Estado se redujo prácticamente al de garante del orden público, abandonando áreas como la sanidad o la educación.
Sin embargo, antes de este punto de inflexión, ya se había sembrado una semilla que sería clave en los cambios que marcarían el país las décadas siguientes.

LOS CHICOS DE CHICAGO

En octubre de 1956, gracias a un convenio firmado entre la Universidad Católica y la Universidad de Chicago, cinco estudiantes chilenos partieron a los Estados Unidos para disfrutar de una estancia de un año en la Universidad de Chicago. Allí, recibirían lecciones de profesores como Milton Friedman y Arnold Harberger, y establecerían unos vínculos personales y profesionales que perdurarían por el resto de sus vidas.

Entre estos jóvenes, que jamás pensaron que este viaje sería tan relevante para el futuro de su país natal, se encontraban Sergio de Castro, Rolf Lüders y Ernesto Fontaine. Unos nombres a priori desconocidos para el público no chileno, pero que tuvieron una influencia clave en la política económica chilena partir de la llegada al poder de la Junta Militar. De Castro y Lüders ocuparon los ministerios de Economía y Hacienda durante la dictadura del general Pinochet, mientras que otros integrantes del grupo como Fontaine, Carlos Massad o Ricardo Ffrench-Davis desempeñaron durante años labores importantes en la universidad y otras instituciones públicas.

Mentores de figuras políticas actuales de la talla de Sebastián Piñera y Joaquín Lavín —Fontaine fue profesor suyo—, los postulados económicos que defendían estos jóvenes no siempre tuvieron el éxito arrollador del que gozarían a partir de la década de los 70.

Al contrario de lo que pudiera parecer a día de hoy, Chile no fue siempre el oasis neoliberal del que se jactaba Piñera a comienzos de octubre. Además de una activa vida política y sindical, hasta los 70 Chile contaba con una larga tradición de intervencionismo estatal, donde compañías públicas como la CORFO jugaban un rol importante en la vida económica del país. Esta tradición era cultivada, en mayor o menor medida, tanto por gobiernos de la izquierda, como el encabezado por Pedro Aguirre Cerda en 1938 en el que participaron socialistas y comunistas, como políticos de la derecha. Buen ejemplo de ello es la reforma agraria impulsada por el gobierno democristiano de Eduardo Frei Montalva en 1964, que legalizó la sindicalización campesina y trató de transformar la estructura agraria tradicional chilena a través de la expropiación de más de tres millones de hectáreas y la redistribución de tierras entre el campesinado.

En este contexto, la influencia del discurso neoliberal importado desde los Estados Unidos apenas tenía impacto en el debate público. Su área de influencia se encontraba reducida prácticamente al campus de la Universidad Católica, donde también tuvieron sus más y sus menos con los estudiantes. Estos jóvenes, que regresaron como docentes tras completar sus estudios de posgrado en Chicago, quisieron revolucionar la manera de impartir Ciencias Económicas en Chile. Según cuentan Fontaine, De Castro y compañía, el nivel académico era muy inferior al de las facultades estadounidenses, por lo que cuando estos recién regresados pretendieron aplicar el mismo nivel de exigencia al que venían acostumbrados de EEUU, se encontraron en primera instancia con el rechazo y la indignación del estudiantado.

En política tampoco les fue mucho mejor hasta la llegada de los militares, y el propio Jorge Alessandri —presidente de la nación entre 1958 y 1964 y candidato de la derecha en las elecciones de 1970— rechazó sin contemplaciones el programa económico que los Chicago Boys le pusieron sobre la mesa. Este programa que se reelaboraría unos años más tarde para darse a conocer como El ladrillo, fue presentado al equipo de Alessandri entre abril y junio del 70, unos meses antes de las elecciones que darían por vencedor a Salvador Allende. La propuesta elaborada por un grupo de economistas procedentes de la Universidad Católica entre los que figuraban nombres como Sergio de Castro, fue desestimada inmediatamente por el candidato por ser demasiado radical.

En el prólogo a la segunda edición de “El ladrillo” en 1992 el mismo De Castro afirma que Alessandri era partidario de aplicar reformas mucho más graduales que las sugeridas por su círculo; mientras que Juan Gabriel Valdés, autor de Pinochet’s Economists, uno de los libros de referencia sobre la influencia de la Escuela de Chicago en Chile, cuenta que cuando Alessandri recibió al grupo encabezado por De Castro, le dijo a su equipo de asesores: “Sáquenme a estos locos de aquí que no quiero verlos”.

LADRILLOS Y FUSILES

Sin embargo, la suerte de este grupo de economistas cambiaría a partir de 1973. La Junta Militar presidida por el General Pinochet, adoptó sin ambages el recetario neoliberal defendido por los Chicago Boys e incorporó a alguno de sus miembros más destacados a importantes puestos de decisión.
En apenas unos años las ideas del grupo de economistas pasaron del ostracismo y la indiferencia a copar el debate público; y El Ladrillo de ser repudiado por Alessandri a convertirse en la nueva Biblia económica nacional. Los mismos jóvenes cuya influencia se reducía a un pequeño círculo universitario serían los encargados de diseñar la nueva hoja de ruta económica del país.

El cómo llegaron hasta aquí esconde una oscura historia. De Castro desveló en una entrevista una reveladora conversación entre Roberto Kelly —ex marino, empresario y estrecho colaborador de la dictadura— y el Almirante Merino en el año 72 en la que ambos comentaban la necesidad de sacar a Allende del poder por las vías que fueran necesarias. En dicha conversación, Merino mencionó la necesidad de contar con un programa económico alternativo en el caso de una potencial intervención militar. Con un país al borde del colapso económico los militares necesitaban un plan para reflotar la economía nacional. No bastaba con tomar el poder, sino que había que saber qué hacer con él. Kelly, íntimo de algunos economistas del grupo de Chicago como Emilio Sanfuentes, sabía perfectamente lo que había que hacer, y se comprometió con Merino a entregarle un programa económico para el país en apenas unos meses.

Los postulados defendidos por los discípulos de Friedman, por fin encontraron hueco en la vida política chilena. No sería algo transitorio, y el neoliberalismo irrumpió para quedarse por muchos años.
La promesa se cumplió, y unos meses más tarde nacía El ladrillo, un programa económico elaborado por el grupo de economistas procedentes de la Universidad Católica, que daba un vuelco a las reformas que llevaban años implementándose en Chile. El programa buscaba favorecer la inversión extranjera, la iniciativa privada, y reducía drásticamente el papel del Estado, desmantelando el área social de empresas públicas impulsada por el Gobierno de la Unidad Popular. El ladrillo —nombrado así por su tamaño semejante a un ladrillo de la construcción— fue abrazado desde el primer momento por la Junta Militar, que a diferencia de otras dictaduras del Cono Sur, se inclinó por la fórmula neoliberal que le susurraban desde los círculos empresariales y los Estados Unidos, y no por el corporativismo nacionalista que caracterizó a otros regímenes dictatoriales de la época.

De este modo, los postulados defendidos por los discípulos de Friedman, por fin encontraron hueco en la vida política chilena. No sería algo transitorio, y el neoliberalismo irrumpió para quedarse por muchos años. Al margen de la sangrienta represión y de los años del terror, en lo económico la dictadura también supuso un punto de inflexión en la historia de Chile. El cambio de paradigma fue total, y de las cenizas del golpe se construyó un nuevo modelo que aún se mantiene a día de hoy, y que en octubre comenzó a tambalearse.

EL PAPEL DE LOS ESTADOS UNIDOS

Los Estados Unidos serían un aliado fundamental para la construcción de este modelo. Más allá del apoyo prestado para la ejecución del golpe y la desestabilización del país en los años previos al 11 de septiembre de 1973, la labor americana fue clave en la difusión de estas ideas que impregnarían la política económica del país durante décadas. Consciente de la relevancia de Chile en la región, el Gobierno de los Estados Unidos se cuidó de extender su influencia en todas las áreas posibles, desde el campo militar —sobre todo a partir de la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1945— hasta el académico.

Entre 1952 y 1956 universidades de EEUU firmaron convenios con varias universidades latinoamericanas —entre ellas la Universidad Católica— y el Gobierno estadounidense destinó al ámbito educativo más de diez millones de dólares en forma de ayudas para la cooperación (NSC 5432/1). El tiempo daría la razón a quienes apostaron por diversificar el destino de estos fondos; y en los documentos ya desclasificados y disponibles en internet, se puede apreciar a la perfección la importancia dada al mundo de la educación, siendo en este periodo la tercera actividad, solo por detrás de recursos naturales y salud, a la que se destinó un mayor porcentaje de estos Fondos para la Cooperación Técnica.

En plena cruzada anticomunista Estados Unidos entendió que el mundo de las ideas era otro importante campo de batalla. Había que luchar contra la eficiente propaganda comunista y evitar la difusión de las ideas izquierdistas, a las que era muy sensible buena parte de la juventud; y para ello, la universidad era un terreno de juego que no podía entregar a la izquierda.

En Chile la influencia estadounidense en la Universidad Católica plantó una semilla que años más tardes daría sus frutos. Este grupo de economistas formados entre Chicago y la Católica constituía una oposición ferviente al socialismo y defendía un modelo económico que garantizaba la seguridad de las inversiones norteamericanas en el continente. Un mercado lo menos regulado posible, ventajas fiscales que permitieran a las empresas extranjeras traer de vuelta al país de origen los mayores beneficios posibles, y la posibilidad de explotar recursos naturales como el cobre en el caso chileno. Un escenario idóneo para los intereses norteamericanos, que se habían visto amenazados con la llegada de Allende a la Presidencia.

LA REPRESIÓN

La dictadura cívico-militar puso las condiciones necesarias para que el modelo se pudiera aplicar; y como reconocen algunos de los discípulos de Friedman, sin un poder fuerte capaz de contener la protesta social, las reformas jamás se habrían podido implementar con la profundidad con la que se acometieron. Este recurso, todavía es utilizado a menudo a día de hoy por algunos de los defensores del modelo que instauró la dictadura, a modo de justificación moral de los crímenes cometidos durante este periodo. Era lo que había que hacer, y a largo plazo fue beneficioso para el desarrollo del país.
En el caso de los Chicago Boys que aún viven a día de hoy, en sus apariciones públicas más recientes no se aprecia ni un atisbo de arrepentimiento por haber participado durante aquellos años en el gobierno presidido por el general Pinochet. No solo no se arrepienten, sino que además consideran que aquellos años salvaron al país del comunismo y el subdesarrollo.

Cuando De Castro, Lüders u otros miembros del grupo han sido preguntados en entrevistas por su participación en el Gobierno de la Junta, resulta sorprendente la escisión que presentan, del desempeño económico y el aparato represivo del régimen militar. Ellos se ven a sí mismos como técnicos, meros gestores, y en absoluto se consideran cómplices del asesinato, la represión y la ausencia de libertades que mantuvo el Gobierno del que formaban parte.

Durante años este argumento sirvió como escudo para condenar la dictadura únicamente de manera parcial. Se criticaban los abusos, y ciertos episodios como las torturas o los sucesos del Estadio Nacional; pero se resaltaban los grandes logros económicos obtenidos por el Gobierno Militar. Una manera eficaz de silenciar la represión y exculpar a los que fueron partícipes de la misma, ya fuera ordenándola directamente o mirando hacia otro lado.

Hoy el mito del milagro económico pinochetista se encuentra más cerca que nunca de desaparecer del imaginario colectivo; y las protestas iniciadas en octubre han puesto en jaque muchos de los argumentos neoliberales que llevan años pregonándose como verdades absolutas. Un sistema educativo que obliga a los estudiantes a endeudarse para poder acceder a la universidad o unos servicios públicos deficientes e inaccesibles para buena parte de la población son la contracara del crecimiento económico y del desarrollo del que aún se jactan algunos a día de hoy.

El mismo lema de las marchas —“No son treinta pesos, son treinta años”— tiende a cuestionar el modelo de Estado y de desarrollo impuesto desde la dictadura, y la supuesta prosperidad de la década de los 90 ha dejado de ser una verdad inmutable y por fin ha pasado a ser objeto de debate.

El empleo y el futuro de Cuba


Avanzar hacia el 2030 por el camino del desarrollo obliga a poner el empleo, su magnitud y su calidad, entre las más importantes prioridades.
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La población cubana residente al finalizar el 2018 era de 11 209 628 y su distribución por sexo dice que 5 575 988 eran hombres mientras 5 633 640 mujeres[1]. Ese año ya éramos menos cubanos que en el año 2010, cuando los cubanos residentes andábamos por los 11 210 064.

Hace ya bastante tiempo que sonaron las alarmas demográficas acerca de las tendencias del comportamiento del homo sapiens cubanus.

Estas son tendencias, por lo general, de largo plazo, por lo que cambiarlas no es tarea de un día. Claro está que en cuanto al decrecimiento de los residentes en el país se podría optar por estimular la inmigración de otros habitantes de otras regiones del planeta, aunque en mi preferencia personal me decanto por hacer lo imposible por conservar a los cubanos en su tierra.


De todas maneras, esos 11 209 628, poquito más, poquito menos, somos los que estamos aquí y con quienes hay que empujar hacia delante en ese empeño de hacer de Cuba en país próspero, sostenible, independiente y soberano.

Así pues lograr emplear adecuadamente a todos ellos es decisivo para ese propósito. En otras palabras sin cubanos empleados allí donde mas puedan rendir de acuerdo a sus aptitudes aquella tarea se hará mucho mas difícil, casi que imposible.

Por eso me pareció tan importante para el presente y el futuro del país la reunión del Ministerio del Trabajo y la intervención del presidente Miguel Díaz-Canel.


20192018
Empleados totales4 515 2004 482 700
de ellos: sector estatal
3 079 5003 067 000
en el Sistema presupuestado1 478 200nd
en el Sistema empresarial1 600 300nd
Empleados sector no estatal1 435 7001 415 000
Cooperativistasnd469 000
CPAnd451
CNAnd18 100
Privadond945 800
TCP621 268580 000
*Todos los datos del 2018 proceden del Capitulo 3 del anuario Estadístico de Cuba 2018. Mientras que los datos del 2019 proceden de la información brindada en Cubadebate en su reportaje de sobre Balance anual del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social publicado el 18 de enero del 2020.
Aunque los datos del 2019 no están completos, combinando ambos años podemos acercarnos a la realidad del empleo en Cuba.

Los datos permiten apreciar algunas características de la estructura del empleo en Cuba que resultan de interés:

En primer lugar, el peso preponderante recae en el sector estatal, que genera el 60% del empleo del país, mientras el sector no estatal alcanza a generar el 31% del empleo, confirmando la importancia del primero como generador de empleo.

En segundo lugar, resulta relevante el peso del sector presupuestado dentro del empleo estatal que alcanza el 48% del total del empleo generado en este sector, por un 52% en el sistema empresarial estatal.

En un país subdesarrollado, con significativas necesidades de crecimiento no satisfechas, con niveles de productividad notoriamente bajos ¿debe ser esta la proporción adecuada? ¿Acaso no es necesario lograr un mayor desplazamiento de empleados hacia los sectores que contribuyen de forma directa a la producción y los servicios transables?

Es cierto que dentro del sector presupuestado están los trabajadores de educación, salud, ciencia y cultura, pero sin dudas quedan aún reservas para racionalizar el empleo en este sector. Volvamos a los datos.

Empleados por sectores% del total de empleados
Administración Pública, defensa y seguridad social2821006,29%
Ciencia e Innovación Tecnológica26 4000,59%
Educación463 00010,33%
Salud Pública y Asistencia Social478 00010,66%
Cultura y Deporte155 0003,46%
Servicios comunales, sociales y personales352 4007,86%
Comercio, reparación de efecto personales465 30010,38%
Total2 222 20049,57%


El total de empleados en el 2018 fue de 4 482 700 persona. Las personas empleadas en sectores de servicios no asociados directamente a la producción alcanzaron casi el 50% del total de empleados.

Entre administración pública, defensa y seguridad y servicios comunales, sociales y personales se encuentran empleados 634 500 personas, esto es 13,15% de todos los empleados del país. Es cierto que, en administración pública, defensa y seguridad, entre el 2016 y el 2018 se produjo una disminución de más de 44 500 personas, pero ¿acaso no habrá posibilidades para aumentar la eficiencia en esos sectores y poder reorientar una parte de esas personas hacia sectores productivos?

Mientras en Servicios Comunales se produjo un incremento de casi 82 000 personas, aquí cabe la misma pregunta anterior. Habría además que generar incentivos en el sector productivo para inducir ese desplazamiento y sin dudas uno de las decisivos, sino el mas decisivo, es el salario.

En tercer lugar, los datos combinados de la estructura del empleo en 2018 y 2019 revelan que, si bien es cierto que el empleo no estatal es el 31% del empleo en el 2018, si la comparación se hace entre el sector empresarial estatal y el sector no estatal, entonces se tiene que las diferencias entre el peso del sector empresarial estatal en el empleo total (35%) y el del sector no estatal (31%) no resulta demasiado significativa.

En otras palabras, en el ámbito empresarial el empleo que genera el sector estatal y el que genera el sector no estatal son muy parecidos.

En cuarto lugar, destaca que el empleo privado[3], según los datos del 2018, alcanza el 60% del empleo del sector empresarial estatal y el 21% del empleo total e el 2018, proporción para nada despreciable.

Este significa que, al menos en términos de empleo, es imprescindible también lograr incentivos suficientes para que el sector no estatal de la economía, cooperativo y privado, crezca, mejore cualitativamente y se consolide, pues los datos de la dinámica de la producción y de la inversión demuestran que el sector empresarial estatal no tiene capacidad suficiente para generar un volumen de empleo capaz de sustituir el empleo generado desde el sector no estatal. Tampoco es posible sostener que el sector presupuestado pueda cumplir con ese rol.

Avanzar hacia el 2030 por el camino del desarrollo obliga a poner el empleo, su magnitud y su calidad, entre las más importantes prioridades.


Notas:

[1] Todas las cifras anteriores están tomadas del Anuario Estadístico de Cuba 2018, Capítulo3, tabla 3.3.

[3] La ONEI en su Capítulo 3 del Anuario estadístico de Cuba define al trabajador privado como “Los trabajadores privados comprenden entre otros a los campesinos privados, a los trabajadores por cuenta propia, a los artistas de la plástica, escritores y otros trabajadores intelectuales”

(Tomado de OnCuba.)

José Martí, la “supremacía cuántica” y un socialismo competente

Por: Luis A. Montero Cabrera
En este artículo: Cuba, Economía, Física, José Martí, Socialismo, Sociedad
27 enero 2020


José Martí. Foto: Enrique Smith Soto (Kike)/ Cubadebate.

El siglo XX nació con una revolución del conocimiento científico. Lo que se suponía inmutable por filósofos, teólogos y brujos acerca de la materia no lo era. Antes se creía que la luz era una cosa y las piedras otra. La luz es impalpable, solo detectable con nuestros ojos, y las piedras las podemos tocar y pesar, para comparar sus cantidades de masa con respecto a la gravedad de la tierra. La ciencia nos demostró que la masa puede comportarse como la luz y que la luz tiene masa, pero de tamaño muchísimo menor que el de nuestros propios cuerpos humanos.
Una cosa es como vemos el universo con nuestros sentidos y desde nuestras individualidades y otra como es realmente. No somos sus dueños, solo parte de él. Habitamos nuestras propias escalas de espacio y tiempo en este grandioso escenario. Martí se asombraba de las similitudes y diferencias en los procesos naturales y sociales en 1884 y escribía: “Universo es palabra admirable, suma de toda filosofía: lo uno en lo diverso, lo diverso en Io uno”.[1]
El razonamiento matemático fue el que nos permitió entender el asunto. Esa ciencia que había nacido y crecido contando estrellas y ovejas, se convirtió en nuestra principal herramienta lógica. Permite pensar más allá de nuestra limitada habitación en el cosmos para comprender mucho de lo que no está directamente al alcance de nuestros sentidos.
Un éxito particular se tuvo con la llamada Mecánica Cuántica. Nació sin intención alguna de resultados económicos y gracias al Álgebra y a la Estadística que se habían desarrollado antes y tampoco habían creado valor material notable. Los que las desarrollaron no trabajaban para aplicaciones inmediatas, sino por lo más característico y singular del género humano: la sabiduría. La Mecánica Cuántica se usó entonces para comprender, modelar y calcular fenómenos físicos originados en las dimensiones atómicas. Tuvo un éxito extraordinario gracias a que con ella pudo predecirse de forma muy precisa algunas magnitudes de esas escalas que antes solo podían medirse con extraños experimentos.
Dentro de las herramientas algébricas que se usan en la Mecánica Cuántica está la “combinación lineal”. Se trata del nombre matemático de una suerte de suma donde varios términos independientes contribuyen de alguna forma a un valor resultante. El peso de cada una de sus contribuciones en la combinación lineal está dado por ciertos “coeficientes”, que multiplican a tales términos de referencia[2]. Es como si intentáramos describir la biología de cada uno de nosotros como una suma de términos basada en la biología de cada uno de nuestros tatarabuelos. De esa forma, nuestro ADN sería aproximadamente el resultado de la combinación lineal de los 16 tatarabuelos que todo ser humano tiene. La diferencia entre hermanos vendría dada por la forma (o el “coeficiente”) con que cada uno de esos ADN tatarabuelos participa en la suma. Tenemos el mismo árbol genealógico de ADN que una hermana de padre y madre. Nos diferenciamos de ella porque los “coeficientes” que aportan cada uno de los ancestros no tiene que ser igual: una tatarabuela española pudo influir más en la hermana y un tatarabuelo africano más en su hermano.
La mayor parte de los éxitos recientes en las aplicaciones de la Mecánica Cuántica se deben precisamente a la combinación lineal. El estado o la forma en que se encuentra un sistema en un momento dado siempre se puede representar así en términos de otros estados asociados.
En una muy reciente noticia, y aparte del tufo sensacionalista que tiene este término, el consorcio de “Google” anunció que ha logrado la “supremacía cuántica”. Resulta que construyeron e hicieron funcionar una de las llamadas “computadoras cuánticas” con más capacidad que su competidora de la “IBM”. Expresaron las posibles combinaciones de los estados activos o no, cambiantes, de un sistema de objetos en un tiempo ínfimo en comparación a como lo haría una computadora clásica. Se logra gracias a que trabajan combinando todos los posibles estados casi simultáneamente. Usan intensivamente la lógica del Álgebra y la Mecánica Cuántica.
Es en este punto en el que nuestras necesidades de “destrabar”, como suele expresar nuestro presidente, las formas socialistas de producción pueden encontrar una referencia útil siguiendo el ideario martiano de que el universo es único y también diverso. El socialismo y el capitalismo están en el mismo universo. Se diferencian esencialmente por la forma de propiedad y consecuentemente por la utilidad final de la plusvalía. Este es el valor que los trabajadores crean y que no va directamente sus bolsillos como salario. En el capitalismo es para unos pocos dueños y en el socialismo es para todos. La competencia con IBM y otras muchas organizaciones llevó a Google a producir ese resultado científico en una carrera sin freno por la innovación y el progreso. El proceso competitivo e innovador que lo impulsa es parte del mismo universo común al capitalismo y al socialismo, donde es la forma de propiedad y no los métodos de gestión son los que dan la diversidad.
Siguiendo patrones de intentos socialistas dolorosamente fracasados, nuestro muchas veces “trabado” sistema económico es hoy ajeno a la competencia entre las entidades que son de todo el pueblo. Nos privamos así de un motor que bien administrado podría hacer que se maximicen la innovación, el progreso y la eficiencia en la gestión. Experimentar con la competencia podría propulsarnos sin trabas gracias a la diversidad, en este universo que Martí nos ayudó a entender. Podemos hacer un ejercicio mental con nuestras realidades diarias y seguramente se nos ocurrirán muchos escenarios económicos y sociales donde la diversidad y la competencia podrían transformar y “destrabarlo” todo. ¿No es de revolucionarios experimentar con la competencia para cambiar esto que debe ser cambiado?
Notas:
[1] José Martí, crítica del libro “MANUAL DEL VEGUERO VENEZOLANO” por el Sr. Lino López Méndez, aparecida en La América, Nueva York, en enero de 1884.
[2] Esto nada tiene que ver con un dispositivo burocrático que tenemos en nuestra administración pública que se denomina igualmente como “términos de referencia”, pero que solo sirve en este caso para complicar y “trabar” a los científicos cubanos la gestión de sus proyectos internacionales.

El Ingenio, obra antológica

SINE DIE  103
SD2
juan m ferran oliva                                    enero 26 de 2020


Un lunes del año 1964 el Comandante Ernesto Che Guevara, entonces Ministro de Industrias, entró al Consejo de Dirección del organismo con un libro bajo el brazo. Lo mostró a los asistentes y expresó que había dedicado el fin de semana a su lectura. La consideró apasionante. Acababa de publicarse por la Comisión Cubana de UNESCO[1]. Se trataba de El Ingenio[2].  Era su autor, el habanero Manuel Moreno Fraginals[3], historiador, economista y profesor.

Fui testigo de este hecho. De inmediato adquirí el libro y lo convertí en  texto de cabecera. Me ayudó mucho a entender la historia de Cuba. También la del azúcar en la época en que trabajé en el MINAZ.

El Ingenio, es antológico. Una nueva redición ampliada, en 3 volúmenes, fue publicada en 1978 por la Editora de Ciencias Sociales de La Habana. Es el libro más importante de Moreno Fraginals. Ha sido traducido a varios idiomas y le dio renombre internacional. Consiste en un esmerado estudio económico y social de la actividad azucarera cubana durante la colonia, sus implicaciones internas e internacionales y los variados factores y personajes que incidieron en su desarrollo. Enfatiza prolijamente su papel en la historia de la Isla. La información complementaria que ofrece es inaudita. El autor empleó 20 años en la investigación enfocada bajo el prisma del materialismo dialectico.

Moreno Fraginals estudió Derecho en la Universidad de La Habana, logró una maestría en Historia en México y realizó investigaciones en el Instituto de Cultura Hispánica en España. Fue profesor en la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba. Tras el golpe de Batista marchó a Venezuela donde fungió como gerente empresarial. Tales conocimientos y experiencias lo ayudaron en su labor intelectual.

Regresó a Cuba en 1959, con el triunfo de la Revolución.

El profesor Eduardo Torres Cuevas, Director de la Biblioteca Nacional y destacado historiador, discrepa de la conclusión esencial del estudio de Moreno Fraginals. Considera que se ha sobrevalorado el papel de El Ingenio en la formación de la sociedad cubana, lo que ha  ocultado el papel real que significaron tanto el gran campesinado como la ciudad, el barrio, el traspatio, centros de creación cultural[4]. Este autor hace énfasis en los aspectos sociales a diferencia de Moreno Fraginals que fundamenta su enfoque en problemas estructurales.

A lo largo de su vida intelectual Moreno Fraginals publicó numerosos artículos de carácter económico y social. Lo conocí personalmente en el periódico Granma, donde ocasionalmente colaboró.

Lamentablemente en 1994 pidió asilo en Miami. Ignoro las circunstancias y motivaciones que tuvo para ello. No lo juzgo. Más allá de las consideraciones políticas, lo respeto y admiro intelectualmente. Valga, sin embargo, recordar las circunstancias de la época. A fines de 1990 se inició el Periodo Especial. Mermaron las simpatías con el Gobierno debido a un proceso natural de desgaste y, sobre todo, a la frustración derivada del eclipse político soviético. Existían fuertes restricciones para otorgar salidas del país. Irse era traicionar.

Los disturbios producidos a mediados de 1994 condujeron a tragedias y el Gobierno Revolucionario decidió permitir la salida a todo el que lo quisiera. La situación dio un vuelco. Se desató entonces la llamada crisis de los balseros. El problema ya no era salir del país, sino entrar a la tierra prometida. Muchos apelaron a la petición de asilo para lograrlo. Con el fin de regularizar la situación se acordó con Washington el establecimiento de cuotas para la recepción legal de las solicitudes. Las 20,000 plazas acordadas apenas se cumplieron. De una forma u otra y por razones asquerosamente políticas,  Estados Unidos prefirió favorecer la ilegalidad.

Se estima que más de 2 millones de cubanos viven en el extranjero. El 80% de ellos en Estados Unidos y un 8% en España. El resto en otros lugares.

Actualmente no sólo fueron eliminadas las restricciones para salir, sino que no son mal mirados quienes emigran. Es lo normal.

Moreno Fraginals radicó en España y concretamente en Cataluña donde tenía raíces. En 1995 publicó en Barcelona su última obra titulada Cuba/España, España/Cuba. Historia Común. Se refiere a las relaciones coloniales. Parece redactada calamo currente. No obstante, vuelca en ella su erudición y la convierte en un excelente material de consulta.

Este notable autor falleció en Miami en mayo del año 2001.

Fin





[1] Organización de Las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
[2] Su titulo completo es El Ingenio, Complejo Económico Social Cubano del Azúcar
[3] Manuel Moreno Fraginals (1920-2001), Insisto en usar sus dos apellidos porque Moreno es más común. En una ocasión viajé a la antigua provincia de Camagüey y mi anfitrión del MINAZ provincial se apellidaba Moreno. Juntos visitamos un central cercano que se hallaba en reparaciones. Nos habíamos separado y en un momento dado lo llamé para aclarar una duda. Moreno grité en voz alta. De atrás de una caldera enorme saltó un obrero de mantenimiento y me dijo amablemente dígame jefe. Era mulato.
[4] Torres Cuevas, Eduardo. Taller Perspectiva Histórica de la problemática etno-racial en Cuba y en el resto del Caribe (Alma Mater 1999).