Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 18 de octubre de 2016

La planificación en el socialismo: Su importancia y actualidad para nuestra economía (II)

Por: José Luis Rodríguez


Planificar la economía en el socialismo no es un ejercicio de adivinación, sino un manejo racional de la incertidumbre al hacer una predicción. Para ello hay que tomar en cuenta que la economía no es una ciencia exacta, por lo que es necesario determinar con la mayor certeza posible las condiciones de partida del fenómeno analizado y su evolución, diferenciando claramente lo deseado de lo posible, así como lo probable.
Una de las primeras dificultades que se presentó al elaborar el plan en la economía socialista fue lograr una adecuada medición del valor, por lo que para tratar de salvar esta dificultad, desde los primeros años de la experiencia soviética comenzaron a desarrollarse los balances materiales para tratar de salvar esa dificultad.[1] Posteriormente el académico de origen ruso Vassily Leontiev, desarrollo la técnica del balance intersectorial, que analizaría la interrelación de los insumos entre diferentes sectores de la economía en su movimiento. El uso de otras técnicas, como la programación lineal, descubierta por el académico soviético Leonid Kantorovich en 1939, así como la medición de los gastos de relación inversa desarrollada por Viktor Novozhilov años después, mostraron el amplio arsenal de herramientas que podían ayudar a elevar la eficiencia del trabajo de planificación.[2]
Sin embargo, la falta de solución de los problemas de la planificación frente a la acción del mercado, puso de manifiesto la necesidad de aplicar criterios más flexibles al planificar y a no utilizar cifras cerradas al elaborar los planes, sino a emplear rangos que dieran un mayor nivel de seguridad a las predicciones, aunque continuó predominando la fijación de cifras fijas y su modificación con un alto grado de voluntarismo, lo cual resto seriedad a muchas proyecciones.[3]
Igualmente, la experiencia histórica demostró que no era posible incluirlo todo en el plan aspirando a que abarcar absolutamente todos los elementos que intervienen en la actividad económica, sino que debían mantenerse planificadas centralmente las decisiones de mayor trascendencia macroeconómica, mientras que resultaba más eficiente prever un volumen de recursos a liberar para un grupo de decisiones a adoptar descentralizadamente a nivel de la microeconomia. Desde luego esto suponía trabajar adecuadamente en la determinación del riesgo de las decisiones más importantes y a establecer reservas para hacerle frente, lo cual chocó con no pocos obstáculos.
Diversos análisis desarrollados a lo largo de los años demostraron la mayor eficiencia de una adecuada correlación entre decisiones centralizadas y descentralizadas frente a un modelo estrictamente centralizado.
En este punto es muy importante tomar en cuenta este tema desde otra perspectiva, ya que la adecuada correlación mencionada es lo que posibilita técnicamente la existencia de una participación descentralizada de los trabajadores en la elaboración de los planes, lo que asegura la posibilidad de ejercer efectivamente su carácter de copropietarios de los medios fundamentales de producción, lo cual resulta esencial en el socialismo donde prepondera la propiedad social sobre los mismos.
Finalmente la experiencia también demostró que para que la planificación permita el desarrollo, se requiere de proyecciones a corto, mediano y largo plazos, de manera que sea posible prever los cambios estructurales indispensables para asegurar un crecimiento balanceado y sostenible.
A pesar de la experiencia acumulada durante años, la historia del socialismo demuestra que muchos de los aspectos señalados no se tomaron en cuenta de forma adecuada al emprender los complejos procesos de planificación. A ello habría que añadir que las dificultades se acrecentaron en la misma medida que en muchos casos fue preciso trabajar con recursos muy escasos y en condiciones del subdesarrollo.
Desde luego, contrario a lo que han planteado los críticos de la gestión socialista durante muchos años,[4]si bien la planificación adoleció de notables deficiencias durante diferentes momentos, no deja de reconocerse su utilidad como elemento central para el avance de las economías socialistas y su aporte al desarrollo que alcanzaron los países del llamado socialismo real a pesar de todas sus limitaciones.
En tal sentido vale la pena apuntar que fueron otras causas mas profundas las que determinaron la desaparición del socialismo en Europa y que si la planificación no se desarrollo mas fue porque muchos dirigentes impidieron su desarrollo y prefirieron priorizar las armas melladas del capitalismo presentes en los mecanismos de mercado antes que aceptar nuevas técnicas socialistas más avanzadas.[5]
Ejemplo de ello resulta el hecho de que la técnica del balance intersectorial se desarrollara aceleradamente en Occidente, mientras que era ignorada durante años en la URSS, o que la programación lineal la descubriera un soviético y fuera redescubierta años después en los Estados Unidos y aplicada a la solución de problemas de la economía antes de que se aceptara como un instrumento valido para la proyección de la economía socialista. (Continuará)

Notas

[1] Este tipo de balances que reflejan la interrelación entre el origen y aplicación de los recursos desde el punto de vista material, haciendo abstracción de su valor. Los primeros balances de este tipo fueron utilizados en 1923 en la URSS.
[2] No obstante su probada utilidad, muchas de estas técnicas fueron cuestionadas en su momento tanto por Josef Stalin, como por Nikita Khruschev, frenando el desarrollo de la planificación.
[3] Esto se hizo evidente desde el primer plan quinquenal soviético 1928-1932, el cual vario sus metas varias veces en el periodo planificado sin una fundamentación adecuada.
[4] Sobre esto pueden verse desde los análisis del economista húngaro Janos Kornai, hasta los últimos trabajos del soviético Leonid Abalkin.
[5] Este fenómeno se repetiría en los años 70 y 80 cuando se subestimaron en la mayoría de los países socialistas europeos las potencialidades de la computación para la planificación social.

¿Por qué Trump?

Por Nobel Economía Joseph Stiglitz

NUEVA YORK – En los viajes que realicé por todo el mundo durante las últimas semanas me pidieron, repetidamente, que responda dos preguntas: ¿es concebible que Donald Trump podría llegar a ganar la presidencia de Estados Unidos?; y, en primer lugar, ¿cómo llegó su candidatura tan lejos?

En cuanto a la primera pregunta, a pesar de que es más difícil realizar un pronóstico político que uno económico, se puede decir que las probabilidades se inclinan fuertemente a favor de Hillary Clinton. Incluso así, el hecho de que ambos competidores se encuentren uno muy cerca del otro en la carrera (al menos hasta hace muy poco) ha sido un misterio: Hillary Clinton es una de las personas más calificadas y mejor preparadas que haya candidateado a la presidencia de Estados Unidos, mientras que Trump es una de las menos cualificadas y peor preparadas. Aún más, la campaña de Trump sobrevivió comportamientos por parte de Trump que habrían puesto fin a las posibilidades de cualquier otro candidato en el pasado.

Entonces, ¿por qué los estadounidenses están jugando a la ruleta rusa (con esto se quiere decir que existe al menos una posibilidad entre seis de una victoria Trump)? Las personas que están fuera de EE.UU. quieren saber la respuesta, ya que el resultado les afecta también, a pesar de que no tienen influencia sobre el mismo.

Y eso nos lleva a la segunda pregunta: ¿por qué el Partido Republicano nomina a un candidato que incluso sus propios líderes rechazaron?

Obviamente, existen muchos factores que ayudaron a que Trump derrote a 16 rivales durante las primarias republicanas, permitiendo que llegue hasta este punto. La personalidad de los candidatos sí reviste importancia, y algunas personas realmente se sienten atraídas por la personalidad de show de telerrealidad de Trump.

Sin embargo, varios factores subyacentes también parecen haber contribuido a cuán cercanos están los contendores en la carrera electoral. Para empezar, muchos estadounidenses sí estáneconómicamente peor de lo que estaban hace un cuarto de siglo. El ingreso medio de los empleados hombres a tiempo completo está en un nivel más bajo del que estuvo hace 42 años, y es cada vez más difícil que las personas con educación limitada consigan un trabajo a tiempo completo que pague salarios dignos.

De hecho, los salarios reales (ajustados a la inflación) en la parte inferior de la distribución de ingreso están más o menos donde estaban hace 60 años. Por lo tanto, no es sorprendente que Trump encuentre un público numeroso y receptivo cuando dice que la situación económica está podrida. Sin embargo, Trump está errado en cuanto al diagnóstico y a la receta. La economía de Estados Unidos ha tenido un buen desempeño, en su conjunto, durante las últimas seis décadas: el PIB ha aumentado casi seis veces. Sin embargo, los frutos de ese crecimiento beneficiaron a un número relativamente pequeño de personas que se encuentran en la parte superior de la distribución de los ingresos – a personas parecidas a Trump; esto ocurre, en parte, gracias a los recortes masivos de impuestos que Trump, en caso de ganar,ampliaría y reforzaría.

Simultáneamente, las reformas que los líderes políticos prometieron iban a ir a garantizar prosperidad para todos – como ser las reformas en el comercio exterior y la liberalización financiera – no cumplieron su cometido. No cumplieron en lo absoluto. Y, aquellas personas cuyo nivel de vida se estancó o disminuyó llegaron a una conclusión simple: los líderes políticos de Estados Unidos, o bien no sabían lo que estaban diciendo o mentían (o ambas opciones eran verdaderas).

Trump quiere echar la culpa de todos los problemas de Estados Unidos al comercio exterior y a la inmigración. Trump está equivocado. EE.UU. habría enfrentado la desindustrialización, incluso sin un comercio más libre: el empleo mundial en la industria manufacturera ha ido disminuyendo, con aumentos de productividad superiores al crecimiento de la demanda.

Cuando los acuerdos comerciales fracasaron, no se debió a que EE.UU. fuera menos listo que sus socios comerciales; se debió a que los intereses corporativos fueron los que dieron forma a la agenda de comercio exterior de Estados Unidos. Las empresas estadounidenses hicieron bien las cosas, y fueron los republicanos quienes bloquearon los esfuerzos por garantizar que los estadounidenses perjudicados por los acuerdos comerciales compartieran los beneficios provenientes de los mismos.

Consecuentemente, muchos estadounidenses se sintieron golpeados por fuerzas fuera de su control, que llevaron a resultados que son claramente injustos. Supuestos de larga data – sobre que Estados Unidos es una tierra de oportunidades y que a cada generación le va a ir mejor que a la anterior – han sido puestos en duda. La crisis financiera mundial puede haber representado un punto de inflexión para muchos votantes: su gobierno salvó a los banqueros ricos que habían llevado a EE.UU. al borde de la ruina, mientras que, aparentemente, no hizo casi nada por favorecer a los millones de estadounidenses comunes y corrientes que perdieron sus empleos y viviendas. El sistema no sólo produjo resultados injustos, sino que parecía estar amañado para producir dichos resultados injustos.

El apoyo que recibe Trump se basa, al menos en parte, en la ira generalizada derivada de que la pérdida de confianza en el gobierno. Sin embargo, las políticas propuestas por Trump harían que una mala situación se vaya a tornar en una mucho peor. Sin duda, otra dosis de economía del goteo del tipo que él promete, con reducciones de impuestos destinadas casi en su totalidad a las corporaciones y a los estadounidenses ricos, produciría resultados que no serían nada mejores que los obtenidos la última vez que se intentó aplicar tales medidas.

De hecho, el lanzamiento de una guerra comercial con China, México, y otros socios comerciales de Estados Unidos, tal como promete Trump, haría que todos los estadounidenses se empobrezcan más y crearía nuevos obstáculos a la cooperación mundial necesaria para hacer frente a problemas mundiales de importancia crítica, como ser el Estado Islámico, el terrorismo mundial, y el cambio climático. Usar dinero que podría ser invertido en tecnología, educación o infraestructura para construir un muro entre EE.UU. y México es un doblete en términos de desperdicio de recursos.

Hay dos mensajes que las elites políticas estadounidenses deben escuchar. Las simplistas teorías neoliberales y de fundamentalismo de mercado que han dado forma a muchas de las políticas económicas durante las últimas cuatro décadas son gravemente desorientadoras, ya que el crecimiento del PIB al que conducen llega a precio de una desmesurada elevación de la desigualdad. La economía del goteo no funcionó y no funcionará. Los mercados no existen en un vacío. La “revolución” Thatcher-Reagan, que reescribió las reglas y reestructuró los mercados en beneficio de aquellos en la parte superior de la distribución de ingresos, tuvo mucho éxito en cuanto a aumentar la desigualdad, pero fracasó completamente en su misión de aumentar el crecimiento.

Esto nos lleva al segundo mensaje: una vez más tenemos que reescribir las reglas de la economía; esta vez para cerciorarnos de que los ciudadanos comunes y corrientes se beneficien. Los políticos en EE.UU. y en el resto del mundo, que ignoran esta lección deberán ser responsabilizados. El cambio implica un riesgo. Sin embargo, el fenómeno Trump – y una cantidad no despreciable de fenómenos políticos similares en Europa – han puesto de manifiesto los riesgos muy superiores que conlleva no prestar atención a este mensaje: sociedades divididas, democracias socavadas y economías debilitadas.

Traducción del inglés de Rocío L. Barrientos.

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