Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

lunes, 30 de abril de 2018

Importaciones: lo urgente y lo estratégico




Hoy en Cuba importamos aire (latas y botellas) para vender luego cervezas en el mercado nacional y rones en el mercado nacional y extranjero. Foto: Chris Brown / Flickr.



30 abril, 2018

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Durante casi más de cincuenta años, en todas las estrategias económicas implementadas, la necesidad de la sustitución de importaciones ha figurado como un elemento esencial de las aspiraciones de crecimiento y desarrollo de Cuba.

Hace unos días, en la reunión del Consejo de Ministros, las dificultades con la importación vuelven a aparecer como uno de los factores que obstaculizan los propósitos productivos del país. Lograr importar es hoy una urgencia; importar para crecer, importar para exportar.

Esta historia comenzó hace ya mucho tiempo, cuando la Corona de Castilla decretó el monopolio comercial sobre sus colonias de América y solo permitió a los puertos del sur de España el comercio con sus nuevas posesiones. Desde entonces las importaciones han sido decisivas para la dinámica de nuestra economía. Casi desde entonces comenzó en Cuba el “comercio de rescate” –la “importación por la izquierda”, diríamos en la actualidad– ante la incapacidad de la corona de surtir de los productos necesarios a la Isla.

Lo cierto es que la dependencia de las importaciones ha sido y es una característica estructural de la economía cubana desde antes de 1959. Su condición política de colonia y su condición geográfica de isla y territorio pequeño, junto a aquella otra de ser un país económicamente atrasado, con una débil industria y una agricultura mucho más dedicada a cultivos de exportación que al mercado doméstico –pequeño en sí mismo–, hizo que la economía cubana desde sus orígenes “modernos” fuera altamente dependiente de todo tipo de importaciones.

Desde 1960 y solo con una excepción en uno de los años de esa década, el balance comercial de bienes de Cuba ha sido negativo.

Luego, en la primera mitad del siglo XX, la cercanía a la economía más poderosa del mundo, la subordinación política a los intereses estadounidenses, los llamados “Tratados de Reciprocidad” y los fuertes intereses de una burguesía comercial importadora, permitieron la consolidación de esa “cultura de la importación”. Práctica que se profundizó años después con la ventajosa relación comercial que mantuvo Cuba con la URSS y los países del Campo Socialista, mediante créditos a la importación, precios resbalantes y una decisión política de garantizar los suministros necesarios a la naciente economía socialista isleña.

Si bien es cierto que en la primera mitad del siglo XX, en términos de política económica, las estrategias de sustitución de importaciones estuvieron prácticamente ausentes y que la llamada “industria nacional” apenas tenía espacio para sobrevivir a partir del esfuerzo de algunos industriales cubanos y de las filiales estadounidenses en la Isla, sobre todo concentradas en la capital del país, otra realidad muy distinta fue la existente a partir de 1964 en Cuba, pero especialmente a partir de los años 80.

Fue entonces cuando se invirtieron centenares de millones de pesos en la expansión del sistema industrial nacional, se creó una industria relativamente poderosa y mejor distribuida en términos espaciales. A pesar de ello, el síndrome importador permaneció prácticamente inalterable.

También es cierto que son historias diferentes, que responden a factores también diferentes, en condiciones muy diferentes; pero el resultado, en términos de dependencia importadora ha sido el mismo, y quizás eso es lo paradójico de la situación.

Sin duda una de las causas de esa dependencia importadora fue la propia estructura vertical de nuestro sistema industrial, un muy poco desarrollado tejido productivo, su gigantismo y su falta de complementariedad. También influyó la incapacidad del sistema de planificación para poder captar y resolver las múltiples relaciones entre todas la empresas estatales cubanas y lograr de esa forma aprovechar mejor las posibilidades nacionales. Habría que sumar la “facilidad para importar” que la distorsión cambiaria (la relación entre el rublo convertible y el peso cubano) propiciaba ya en aquellos tiempos.

Luego, el llamado Período Especial, por eso de que toda crisis es una gran oportunidad de cambio y mejora, parecía propiciar que la cultura importadora perdiera espacio ante la cultura productora, más que todo porque apenas había recursos para importar lo esencial.

Pero tampoco funcionó y solo podemos identificar algunos ejemplos exitosos como el del turismo y su esquema de prefinanciar producciones competitivas para el sector a través de FINATUR, un loable esfuerzo por encadenar la producción nacional a la expansión del sector.

Por eso de ser un país de extremos, hoy en Cuba importamos aire (latas y botellas) para vender luego cervezas en el mercado nacional y rones en el mercado nacional y extranjero. La capacidad para conseguir importar botellas se ha convertido en un cuello de botella para la comercialización del que es hoy el mejor ron de Cuba, el Ron Santiago, que reposa añejándose en la solera Don Pancho de Santiago de Cuba pero no aparece en los comercios y tiendas de los aeropuertos cubanos.


Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida.

Sin embargo, a mi mente vienen los proyectos de construcción de la fábrica de latas y de la fábrica de botellas, todos con inversión extranjera, todos demorados, todos necesarios.

¿Cuánto ha costado la demora? Pues sumemos año a año el valor de la importación de botellas vacías y de latas y por ahí anda. Solo la marca Havana Club exporta 4 millones de cajas de botella de ron al año, así podemos tener una idea.

Pero más allá del hecho puntual, lo que resulta indiscutible es que importar será algo de lo cual no podremos prescindir, aun cuando algún día logremos una estrategia exitosa de sustitución de importaciones.

Lo otro que resulta determinante es el tipo de bienes o servicios que se importan: ¡Dime lo que importas y te diré lo que eres!, pudiéramos decir. En el caso de Cuba la estructura de las importaciones por tipo de bienes se ha comportado de la siguiente forma:

¿Qué nos dicen los datos?

1- Que en los años que van entre 2011 y 2016 hemos perdido más de 2,300 millones en importaciones.

2- Que las importaciones de bienes de consumo han crecido durante este período.

3- Que las importaciones de bienes de capital también han crecido.

4.-Que el peso en la reducción de las importaciones se concentra en los bienes intermedios.

El comportamiento creciente de los valores de importación de bienes de consumo y bienes de capital es cierto que puede deberse a cambios en los precios de estos; pero también refleja la imposibilidad de reducir el consumo así como la dependencia que este tiene de la importación. En el caso de los bienes de capital –y esta es una muy buena noticia– ese incremento se debe también a políticas asociadas a inversiones importantes para el desarrollo del país.

Los bienes intermedios son bienes generalmente utilizados para producir otros bienes, para completar procesos productivos.

Entonces es posible darse cuenta de lo crítico de la situación, en un doble sentido, de una parte porque esa categoría, que permite cerrar o completar ciclos de producción, se ha reducido en casi un 50 por ciento (lo que en parte puede explicar la reducción de los volúmenes de exportación); de otra, porque a pesar de esa reducción, los bienes intermedios importados siguen siendo más del 50 por ciento de nuestras importaciones, lo que puede explicarse por la debilidad y falta de complementariedad de nuestro sistema productivo.

Esto último también nos permite entender cuán crítica para nuestras aspiraciones de crecer es la situación de los adeudos a suministradores extranjeros y entender las palabras, más de una vez repetidas por las autoridades cubanas, agradeciendo la comprensión de aquellos ante la demora en los pagos.

Sin embargo, también los suministradores enfrentan problemas con las fábricas que los proveen y con sus bancos que financian la producción de esos bienes.

En Cuba necesitamos un política industrial que en el mediano y largo plazos permita cambiar esta situación; pero en el corto plazo, lo cierto es que la importación de bienes intermedios es vital para la economía nacional ante la secular debilidad del sistema productivo cubano.

Ese ciclo –importar-producir-exportar-importar– puede ser un círculo perverso o un círculo virtuoso.

La batalla se gana en la eficiencia en el aprovechamiento de lo importado y en la capacidad para convertir una parte de esos bienes en productos exportables. Mientras no se logre, estaremos encerrados en ese círculo perverso.

Convertir en virtuoso ese círculo, no es el más fácil de los ejercicios, requiere de cambios importantes, más bien decisivos en las “reglas del juego”, cambios que abarcan a todos los agentes económicos, que generen incentivos para la producción nacional y la exportación. Requiere también de tiempo, el más escaso de todos los recursos con los que cuenta el ser humano.

En la historia de la economía nacional, el debate entre el “síndrome importador” y la necesidad de producir internamente lo que necesitamos ha estado siempre presente, el desenlace casi siempre ha sido favorable al primero.

La solución no está en exigir y esperar cambiar la mentalidad de ser importadores a ser productores y exportadores; la solución está en generar las políticas adecuadas para que ese cambio se produzca.

Opción cubana al desarrollo

El mundo observa el modelo cubano de salud pública en busca de claves para expandir la asistencia universal de salud. A la par que garantiza un derecho social, la medicina se ha convertido en el sector que más ingresos aporta a Cuba en moneda dura.



Cerca de 200 empresas de 32 países exponen tecnologías, fármacos y otros productos en la XIV Feria Salud para todos, que sesiona en La Habana de manera paralela a la III Convención Internacional Cuba-Salud 2018.

Foto: Tomada de Cubadebate

Cuba ha logrado el milagro casi bíblico de dar a la medicina un protagonismo de expresión múltiple, desde ángulos aparentemente incompatibles entre sí. Sin renunciar al perfil humanitario que entraña la asistencia médica, este país ha hecho de estos servicios su negocio más redituable. La III Convención Internacional Cuba-Salud 2018 confirma por estos días en La Habana por qué la medicina se ha convertido en signo de identidad de Cuba en los mercados del orbe, a la vez que generoso símbolo de desarrollo científico y social y escudo político del socialismo cubano.

El ensalmo comenzó hace casi 60 años, cuando la Revolución Cubana hizo de la salud un principio y derecho básico gratuito de sus ciudadanos, en respuesta al escamoteo por Estados Unidos de gran parte de los pocos médicos con que contaba el país. La formación masiva de profesionales de la salud comenzó entonces, a la par del progreso científico de la medicina nacional, que ha ganado renombre en los foros especializados más exigentes del mundo.

Atraídos por su prestigio internacional, acudieron la Convención Cuba-Salud 2018, y a la XIV Feria Comercial Salud para Todos, 2.865 especialistas y expertos de 93 países (http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/04/24/director-general-de-la-oms-elogia-sistema-sanitario-cubano/#.WuJRk0YTDiA), incluidas más de 150 personalidades del ámbito mundial de la salud, 190 firmas de 32 naciones y 56 delegaciones de alto nivel de África, América Latina y el Caribe, Europa y Asia, 44 de ellas presididas por ministros.

Presentes también, los directores respectivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Tedros Adhanom Ghebreyesus y Carissa Etienne, elogiaron los indicadores de salud de Cuba. Se deben, explicó el primero, al “sólido sistema de salud del país”.



Las brigadas médicas del Contingente Internacional Henry Reeve han salvado la vida de más de 80.000 personas en 19 países afectados por desastres naturales o epidemias como la del virus del Ébola en África.

“Quiero felicitar a la Isla, especialmente por validar la eliminación de la transmisión materno-infantil del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y la sífilis congénita, lo cual no es accidental, sino que responde al excelente desarrollo de la atención primaria”, dijo Ghebreyesus.

¿Con qué financiamiento sostiene Cuba tal desarrollo? ¿De dónde salen los recursos?

Desde hace varios años la salud es el sector presupuestado que más recursos absorbe en el país. Este año el Presupuesto Nacional le ha destinado 10.394 millones de pesos a la salud pública y la asistencia social, el 27 por ciento de todos los gastos de la actividad presupuestada, y un monto equivalente al 11 por ciento del producto interno bruto (PIB). Le sigue la educación, con el 21 por ciento del Presupuesto.

Estos gastos engloban también los egresos del Estado para importar medicamentos, tecnologías de la salud y materiales afines, pero aunque hablamos de divisas quedan registrados todos de acuerdo con la tasa oficial de cambio, de 1 peso cubano (CUP) igual a 1 dólar. Esta unificación del cálculo hace poco transparente la magnitud real de los gastos cubanos en salud, y conduce a numerosos medios de prensa y a “analistas” de intención disímil al disparate de calcular la conversión de esos pesos a dólares tomando como referencia la tasa de cambio que rige solo en el comercio minorista -1 CUP igual a 25 pesos cubanos convertibles (CUC)-. Las cifras finales de tales cuentas son tan bajas que moverían a risa de no tratarse muchas veces de una artimaña para pintar en ruinas y distorsionar el desarrollo real del sistema cubano de salud.

La exportación de servicios médicos se ha convertido también en la alternativa económica que más ganancias aporta a Cuba.

Más inteligente, el Director General de la OMS evitó enredarse con matemáticas monetarias, al asegurar que “el dinero no hace la diferencia”. Ghebreyesus manifestó que la experiencia cubana prueba que la salud en cada país puede prosperar con independencia de su desarrollo económico. En su opinión, los avances dependen en gran medida de la voluntad política. Cuba lo ha logrado, dijo, no porque sea rica, sino porque se lo ha propuesto como compromiso.

“Este país es un ejemplo de esfuerzos en mejoras para la salud, que no solo se limitan al espacio nacional sino que han sabido expandirse por el mundo como guía ineludible para los restantes países”, dijo Carissa Etienne. Tanto ella como Ghebreyesus resaltaron que Cuba es un modelo para el mundo porque brinda, además, sus conocimientos y colaboración internacional y entrena a muchos médicos de otros países desde la Escuela Latinoamericana de Medicina, a fin de apoyar la cobertura de salud en América y en otras regiones.

Según el Director General de la OMS, actualmente más de 48.000 profesionales cubanos, entre médicos, enfermeras y técnicos de la salud, ofrecen servicios en el exterior, en planes de cooperación. Otros informes indican que se encuentran en 67 países. A 32 de ellos han viajado en misión humanitaria, sobre todo para atender a la población en lugares maltratados por la pobreza o catástrofes naturales, o sin capacidad económica para costear servicios elementales de salud. El Contingente Internacional Henry Reeve ha ganado renombre al salvar la vida de cientos de personas en lugares dañados por desastres o epidemias como el virus del Ébola en África.


El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud, alabó los indicadores de salud en Cuba, que responden, dijo, a un “sólido sistema de salud”. Foto: OMS

El prestigio de la medicina y los médicos cubanos le ha servido mejor que una campaña de promoción comercial para franquearle a Cuba el camino hacia acuerdos gubernamentales con más de 30 países que pagan tales servicios.

Esta actividad es la que más divisas ofrece a Cuba desde hace varios años. Según estimados del economista José Luis Rodríguez, Cuba ingresó 11.543 millones de dólares como promedio anual del 2011 al 2015, de lo cual corresponde el grueso a la medicina. Triplica los ingresos del turismo, que es el sector líder en la mayor de las Antillas por su crecimiento y la oportunidad comercial que ofrece a otras industrias del país. En 2017 el turismo le aportó a Cuba unos 3.000 millones de dólares.

A la par de los servicios médicos ha crecido la exportación de medicamentos, algunos concebidos en laboratorios biotecnológicos cubanos. El Director General de la OMS reconoció que este país tiene ya más de 160 patentes de sus medicamentos en otros países y produce ocho de las 13 vacunas que aplica a su población, entre otros fármacos.

Los medicamentos también han escalado al abanico de principales exportaciones cubanas, con varios cientos de millones por año.

Las estrategias de desarrollo en Cuba apuestan a la medicina, en cualquiera de sus variantes –conocimientos, servicios, producciones-, como garantía social y oportunidad económica. No es casual el entusiasmo con que las instituciones defensores de las teorías del desarrollo sostenible, como OMS/OPS, señalan a esta pequeña nación del Caribe como modelo para hacer posible la asistencia universal de salud. (2018).

La guerra de Trump contra los pobres

Está claro que el dolor que infligen las políticas republicanas es un objetivo, no una consecuencia


El desprecio por la pobreza está ya consolidado como un principio de los republicanos. GETTY

Estados Unidos no ha estado siempre, ni siquiera habitualmente, gobernado por los mejores ni por los más brillantes; a lo largo de los años, los presidentes han dado empleo a muchos sinvergüenzas e imbéciles. Pero no creo haber visto nunca semejante colección de estafadores y malhechores de poca monta como la que rodea a Donald Trump. Price, Pruitt, Zinke, Carson y ahora Ronny Jackson: a estas alturas, nuestra suposición por defecto debería ser que algo malo debe de tener cualquier persona a la que el presidente quiera en su equipo. Aun así, no debemos bajar la guardia. Las gratificaciones que muchos de los miembros del Gobierno de Trump exigen —viajes gratuitos en primera clase, dobles cabinas telefónicas supersecretas e insonorizadas y otras cosas por el estilo— son indignantes, y nos dicen mucho sobre la clase de gente que son. Pero lo que realmente importa son sus decisiones políticas. La insistencia de Ben Carson en gastarse 31.000 dólares de los contribuyentes en unos muebles de comedor es ridícula; pero su propuesta de aumentar el gasto en vivienda a centenares de miles de familias estadounidenses necesitadas, triplicándoles el precio del alquiler social a algunas de las más pobres, es atroz.

Y esta atrocidad forma parte de un patrón más amplio. El año pasado, Trump y sus aliados en el Congreso dedicaron la mayor parte de sus esfuerzos a mimar a los ricos; eso es algo que queda de manifiesto en la Ley sobre la Rebaja de Impuestos y Creación de Empleo, pero hasta el ataque al Obamacare tenía por objetivo el asegurar a los ricos una rebaja de miles de millones de dólares en sus impuestos. Este año, sin embargo, la principal prioridad de los conservadores parece ser la de declarar la guerra a los pobres. Esa guerra se está librando en múltiples frentes. La medida para reducir las ayudas a la vivienda sigue a otras que han aumentado los requisitos para quienes solicitan cupones de alimentos. Por otra parte, el Gobierno ha concedido a los Estados controlados por los republicanos exenciones que les permiten imponer duros requisitos laborales a los perceptores del Medicaid, requisitos cuya principal consecuencia no será la de aumentar el número de trabajadores, sino la de reducir el número de personas que reciben asistencia sanitaria básica. Hasta la liberalización financiera de facto—la eliminación de la protección financiera del consumidor— llevada a cabo por el Gobierno debería considerarse un ataque a los menos adinerados, ya que las familias pobres y los trabajadores con menos formación académica son las víctimas más probables de banqueros explotadores.

La cuestión interesante no es si Trump y sus amigos están intentando hacer la vida de los pobres más desagradable, brutal y breve. Porque lo están haciendo. La pregunta es más bien por qué. ¿Se trata de ahorrar dinero? Los conservadores se quejan del coste del colchón de seguridad, pero es difícil tomarse en serio unas quejas que proceden de gente que acaba de aprobar unas rebajas de impuestos enormes que dispararán el déficit presupuestario. Es más, hay pruebas de que algunos de los programas que están siendo objeto de ataques hacen lo que no hacen las rebajas fiscales: acabar devolviendo una parte importante de sus costes iniciales al promover un mejor rendimiento económico. Por ejemplo, la creación del programa de cupones de alimentos no solo facilitó un poco la vida a sus perceptores. También tuvo grandes efectos positivos en la salud a largo plazo de los niños de las familias más pobres, y eso los convirtió en adultos más productivos, con más probabilidades de pagar impuestos, y menos de seguir necesitando ayuda pública. Lo mismo puede decirse de Medicaid; nuevos estudios indican que más de la mitad de cada dólar gastado en atención sanitaria a niños acaba recuperándose en forma de aportaciones tributarias más elevadas de unos adultos más sanos.

¿Y qué decir de la idea de que los programas para combatir la pobreza crean una 'trampa de pobreza' al reducir el incentivo para que las personas se abran camino hacia una vida mejor mediante el trabajo? Es una idea popular en la derecha. Pero lo cierto es que hay muy pocos estadounidenses perceptores de cupones de alimentos o de Medicaid que podrían y deberían trabajando pero no lo hacen. Es verdad que, según algunos cálculos, los planes de ayuda basados en la demostración de recursos —programas disponibles solo para aquellas personas con rentas bajas— pueden desincentivar la búsqueda de trabajo remunerado. Pero las pruebas indican que si bien los programas sociales tienen cierto efecto adverso sobre los incentivos, dicho efecto es mucho menor de lo que los políticos creen. Además, se podrían reducir esos desincentivos creando programas más generosos, no menos, es decir, proporcionando más ayuda a los casi pobres en vez de menos ayuda a los pobres. Por alguna razón, los conservadores no parecen plantearse nunca esa opción.

¿Qué hay realmente tras la guerra contra los pobres? Está bastante claro que el dolor que esta guerra infligirá es un objetivo, no una consecuencia. Trump y sus amigos no están castigando a los pobres a regañadientes, porque crean que deben ser crueles para ser benévolos. Quieren ser crueles sin más. Glenn Thrush, de The New York Times, informaba de lo siguiente: "Según sus asesores, Trump se refiere a casi todos los programas que proporcionan ayudas a los pobres como 'asistencia social', una expresión que él considera despectiva". Y supongo que cualquiera ve de dónde viene eso. Al fin y al cabo, él es un hombre hecho a sí mismo que no puede atribuir nada de su propio éxito a, digamos, la riqueza heredada. Ah, que no es eso. En serio, muchos miembros de este Gobierno y del Congreso no sienten ninguna empatía por los pobres. Parte de esa falta de empatía refleja animosidad racista. Pero aunque la guerra contra los pobres perjudicará de manera desproporcionada a grupos minoritarios, también perjudicará a muchos blancos con rentas bajas; de hecho, acabará perjudicando a muchos de los que votaron a Trump. ¿Se darán cuenta?

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips.

domingo, 29 de abril de 2018

Por qué Amartya Sen es el gran crítico del capitalismo del siglo XXI

Tim Rogan, aeon

Las críticas del capitalismo vienen en dos variedades. Primero, está la crítica moral o espiritual. Esta crítica rechaza al Homo economicus como la heurística organizadora de los asuntos humanos. Los seres humanos, dice, necesitan más que cosas materiales para prosperar. Calcular el poder es solo una pequeña parte de lo que nos hace ser quienes somos. Las relaciones morales y espirituales son preocupaciones de primer orden. Soluciones materiales tales como un ingreso básico universal no harán ninguna diferencia en las sociedades en las que las relaciones básicas se consideran injustas. 

Luego está la crítica material del capitalismo. Los economistas que dirigen las discusiones sobre la desigualdad ahora son sus principales exponentes. Homo economicus es el punto de partida correcto para el pensamiento social. Somos calculadores pobres y decididos, y no vemos nuestra ventaja en la distribución racional de la prosperidad entre las sociedades. De ahí la desigualdad, los salarios del crecimiento sin gobierno. Pero somos calculadores de todos modos, y lo que necesitamos, sobre todo, es la abundancia material, por lo tanto, el enfoque en la reparación de la desigualdad material. De buenos resultados materiales, el resto sigue.

El primer tipo de argumento para la reforma del capitalismo parece recesivo ahora. La crítica material predomina. Las ideas surgen en números y figuras. Hablar de valores no materiales en economía política es silenciado. Los cristianos y los marxistas que alguna vez hicieron suya la crítica moral del capitalismo son marginales. El utilitarismo crece omnipresente y obligatorio.

Pero luego está Amartya Sen

Todos los trabajos importantes sobre la desigualdad material en el siglo XXI tienen una deuda con Sen. Pero sus propios escritos tratan la desigualdad material como si los marcos morales y las relaciones sociales que median en los intercambios económicos fueran importantes. El hambre es el nadir de la privación material. Pero rara vez ocurre, argumenta Sen, por falta de alimentos. Para entender por qué un pueblo pasa hambre, no busques una falla catastrófica en las cosechas; busque más bien disfunciones de la economía moral que modera las demandas competitivas sobre una mercancía escasa. La desigualdad material del tipo más atroz es el problema aquí. Pero las modificaciones parciales a la maquinaria de producción y distribución no lo resolverán. Las relaciones entre los diferentes miembros de la economía deben corregirse. Solo entonces habrá suficiente para todos.

En el trabajo de Sen, las dos críticas del capitalismo cooperan. Pasamos de las preocupaciones morales a los resultados materiales y viceversa sin ningún sentido de umbral que separe los dos. Sen desenreda los asuntos morales y materiales sin favorecer a uno u otro, manteniendo ambos enfocados. La separación entre las dos críticas del capitalismo es real, pero trascender la brecha es posible, y no solo en algún alejamiento esotérico. Sen es una mente singular, pero su trabajo tiene un amplio seguimiento, especialmente en las provincias de la vida moderna donde el predominio del pensamiento utilitario es más pronunciado. En los currículos de economía y en las escuelas de política pública, en las secretarías internacionalistas y en las ONG humanitarias, Sen también ha creado un nicho para pensar que cruza fronteras que de otro modo serían observadas rígidamente.

Lo suyo no era ninguna hazaña del genio solitario o carisma extravagante. Fue un esfuerzo de innovación humana común, uniendo ideas antiguas en nuevas combinaciones para abordar problemas emergentes. La capacitación formal en economía, matemáticas y filosofía moral proporcionó las herramientas que Sen utilizó para construir su sistema crítico. Pero la influencia de Rabindranath Tagore sensibilizó a Sen sobre la sutil interrelación entre nuestras vidas morales y nuestras necesidades materiales. Y una profunda sensibilidad histórica le ha permitido ver la separación nítida de los dos dominios como transitoria.

La escuela de Tagore en Santiniketan en Bengala Occidental fue el lugar de nacimiento de Sen. La pedagogía de Tagore enfatizó las relaciones articuladas entre las existencias materiales y espirituales de una persona. Ambos eran esenciales: necesidad biológica, libertad autocreante, pero las sociedades modernas tendían a confundir la relación adecuada entre ellas. En Santiniketan, los alumnos jugaron en la exploración no estructurada del mundo natural entre breves incursiones en las artes, aprendiendo a comprender su yo sensorial y espiritual a la vez distinto y unificado.

Sen abandonó Santiniketan a fines de la década de 1940 como un adulto joven para estudiar economía en Calcuta y Cambridge. La principal controversia contemporánea en economía fue la teoría del bienestar, y el debate se vio afectado por la disputa de la Guerra Fría entre los modelos de orden económico basados ​​en el mercado y en el estado. Las simpatías de Sen eran socialdemócratas pero antiautoritarias. Los economistas del bienestar de los años 1930 y 1940 buscaron dividir la diferencia, insistiendo en que los estados podían legitimar programas de redistribución apelando a rígidos principios utilitarios: una libra en el bolsillo de un pobre agrega más a la utilidad general que la misma libra en la pila del rico. Aquí estaba la crítica material del capitalismo en su infancia, y aquí está la respuesta de Sen: maximizar la utilidad no es la preocupación permanente de todos - decirlo y luego hacer política en consecuencia es una forma de tiranía - y, en cualquier caso, usar el gobierno para mover dinero en busca de un óptimo teórico es un medio imperfecto para ese fin.

La racionalidad económica alberga una política oculta cuya implementación dañó las economías morales que los grupos de personas construyeron para gobernar sus propias vidas, frustrando el logro de sus objetivos declarados. En las sociedades comerciales, los individuos persiguen fines económicos dentro de marcos sociales y morales acordados. Los marcos sociales y morales no son superfluos ni inhibidores. Son los coeficientes del crecimiento durable .

Las economías morales no son neutrales, dadas, invariables o universales. Ellos son impugnados y evolucionan. Cada persona es más que una fría calculadora de utilidad racional. Las sociedades no son solo motores de la prosperidad. El desafío es hacer legibles las normas no económicas que afectan la conducta del mercado, para llevar las economías morales en medio de las cuales funcionan las economías de mercado y los estados administrativos. Pensar que se bifurca la moral por un lado y el material por el otro es inhibidor. Pero tal pensamiento no es natural e inevitable, es mutable y contingente, aprendido y apto para ser desaprensivo.

Sen no estaba solo al ver esto. El economista estadounidense Kenneth Arrow fue su interlocutor más importante, conectando a Sen a su vez con la tradición de la crítica moral asociada con RH Tawney y Karl Polanyi. Cada uno estaba decidido a reintegrar la economía en marcos de relación moral y elección social. Pero Sen vio con mayor claridad que ninguno de ellos cómo se podría lograr esto. Se dio cuenta de que en los primeros momentos de la economía política moderna esta separación de nuestras vidas morales de nuestras preocupaciones materiales había sido inconcebible. El utilitarismo había soplado como un frente meteorológico alrededor de 1800, arrastrando extremos de fervor moral y celo calculador a su paso. Sen sintió que este clima de opinión cambiaba, y se propuso cultivar ideas y enfoques mejorados erradicados por su aparición una vez más.

Ha habido dos críticas al capitalismo, pero debería haber solo una. Amartya Sen es el primer gran crítico del capitalismo del siglo nuevo porque lo dejó en claro.

( Jaque al Neoliberalismo)

A un clic de la mente. La informatización de la sociedad.

Paso a paso, no obstante las limitaciones y obstáculos que origina el bloqueo, el país se inserta en el proceso de apropiación de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, en aras de acercar la gestión de sus instituciones a los ciudadanos y hacer más placentera la vida. Para constatar cómo marcha la implementación de este programa nacional, BOHEMIA recorre varias provincias y dialoga con representantes de empresas y entidades líderes en su ejecución

Las zonas wifi, que rondan el millar en el país, se han convertido en la vía más socorrida por los cubanos para acceder al ciberespacio. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)


Como quien explora un ovni recién caído en el barrio, así fue el acercamiento de los cubanos a las nuevas tecnologías y, en particular, a la red global Internet. Pero algo estaba bien claro: era necesario acceder al artilugio si no se quería desaprovechar la oportunidad de apropiarse de las bondades de sus técnicas y a partir de estas, enriquecidas con las propias experiencias, hacerse de un flamante objeto volante autóctono, puesto que alcanzar nuevas galaxias era imperativo para expandir el desarrollo de la comarca.

Después de mucho tantear se supo que aquel ingenio era, ni más ni menos, un formidable brazo que alargaba la mente, y un medioambiente tan benévolo o maligno como el mismo entorno en que se había vivido hasta entonces. Solo que en una nueva dimensión, con nuevos retos, mieles y sustos, para el pensamiento y la acción.

Así fue como el deseo de dominar las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) se hizo de un lugar entre las prioridades del país y este comenzó un decidido proceso de alfabetización, adjudicación y socialización de esas novedades entre sus instituciones y ciudadanos.

“El hombre vivo se ahoga sin aire: los pueblos se ahogan sin vías de comunicación”, volvió a resonar José Martí desde el fondo de una cueva, ampliando la comprensión de aquel estrecho concepto manejado en su época de electrónica embrionaria.

Hasta que en 2017 se le dio molde a la arcilla aún húmeda del proceso, al adoptarse una Política Integral para el Perfeccionamiento de la Informatización de la Sociedad en Cuba. Resumida su letra hasta llevarla a esquelético telegrama, dígase que esta política apuesta a la creación de una infraestructura tecnológica y la generación de servicios y contenidos digitales en el país.


Comportamiento de la estrategia de Informatización de la Sociedad, hasta finales de 2017. (Foto CUBASÍ).

Desde entonces, el mayor archipiélago antillano empezó a advertir cambios drásticos como un púber, ya sea desde los aditamentos de los paisanos, que cambiaron el bolígrafo por la memoria flash y llenaron la mochila con una laptop o una tableta; hasta la aparición de los parques wifi donde la gente coquetea y le sonríe a un inanimado teléfono móvil, suerte de ejercicio de telepatía electrónica sabe Dios entre cuáles continentes y países.

Desde entonces el salto cualitativo ha sido tal, la cotidianidad relativa de las TIC ha sido tanta, que ya ni se ven, entre las palmeras de la Isla, las imaginarias marcas del aterrizaje del ovni de la Era de la información y las telecomunicaciones, esa nacida en la década de 1990 para llevar el conocimiento desde el teclado hasta la mente.

Qué cosa fuera la maza sin cantera

El país ha avanzado en materia de acceso a la red de redes, redondea Ernesto Rodríguez Hernández, director general de Informática del Ministerio de Comunicaciones (Mincom). Mas prefiere desnarcotizar el júbilo y aclara no estar cerca de la conformidad.

La conectividad es la mejor bandera que hoy enarbola el país. Además de las salas colectivas de navegación (ya son más de 200, a las que se suman más de 770 accesos en áreas de navegación en hoteles, Joven Club y correos), se ha desarrollado todo un proyecto de extensión de los sitios públicos mediante tecnologías inalámbricas –las conocidas zonas wifi, en un banco, bajo hielo o fuego climático–, que ya superan las 670 y existen en todos los municipios de esta República que se ha jurado informatizarse con toda voluntad.

Desde estos lugares, cientos de miles de cubanos comienzan a interactuar con la red de redes de manera más intensiva y frecuente. Los comercializadores de este servicio gustan de los datos, aunque son imprecisos cualitativamente: Redondeando, más de un millón y medio de personas tienen una cuenta de Internet entre sus propiedades, en tanto 27 millones de cuentas temporales han sido vendidas. Dice Mayra Arevich, presidenta ejecutiva de la empresa de telecomunicaciones, Etecsa, que a través de estos espacios se han registrado hasta 125 400 conexiones simultáneas.


El país ha llegado a registrar hasta 125 400 conexiones simultáneas con Internet, declaró Mayra Arevich, presidenta de Etecsa, empresa que lleva el mayor peso en inversiones para la conectividad. (Foto: CUBADEBATE).

La radiación del supuesto ovni ciberespacial paulatinamente ha llegado a las casas mediante el programa Nauta Hogar, y hoy son más de 27 300 domicilios desde donde sus inquilinos pueden navegar el ciberespacio al tiempo que la olla cuece los frijoles.

Mientras, la telefonía celular, que espera alcanzar ya los cinco millones de clientes, cautelosamente ha iniciado el servicio de Internet desde los móviles y debe dispararse este año con mayores bríos. Su viacrucis lo definen en gran medida las plataformas, y ya se invierte reciamente en las radiobases de las generaciones tecnológicas 2G y 3G. Gracias a este amasijo de cuerdas y tendones, ya La Habana tiene cobertura total de la 3G y el resto del país, 47 por ciento de cobertura estimada.

Pero qué cosa fuera la maza sin cantera. El Estado impulsa programas mucho más ambiciosos para que la informatización sea un hecho real en la cotidianidad de los ciudadanos. Entre sus proyectos en ejecución, alcanzan significativa importancia el gobierno en línea y la atención ciudadana, los servicios bancarios, la gestión de salud y la educación, entre otros. Para estos, se está dotando de tecnologías a los organismos, entidades y gobiernos locales a fin de tener una presencia honorable en Internet, y así posibilitar la interactividad y la participación directa de las personas.

De momento, palpita un programa priorizado para el ensamblaje de equipos de cómputos: laptops, tabletas y computadoras, a las cuales se les incorpora el sistema operativo criollo NOVA.

Paralelamente se despliega en la nación la televisión digital, que potencialmente pueden disfrutar hoy en la Isla unos siete millones de personas en definición estándar al menos. Sin embargo, la venta de cajas decodificadoras (casi dos millones de unidades hasta el momento) ha sido inestable y ha habido quejas sobre la calidad de algunos modelos, sin contar que los servicios de información que permite este sistema son escasos y malos. En otras palabras, se está desaprovechando olímpicamente esta utilidad.

Bocacalles de la urbanización digital

La técnica es la técnica, como dijo el poeta. Pero según los cazadores de ovnis, lo más importante no es la nave, sino la tripulación. Corresponde a los sectores académico y empresarial protagonizar la urbanización del territorio soberano nacional de las TIC, con software, aplicaciones, productos y servicios. Como cuando se diseña una ciudad, los arquitectos de la informatización han previsto en sus planos las bocacalles desde donde los ingenieros que les siguen harán crecer ese entramado.



La Universidad de Ciencias Informáticas es una de las instituciones llamada a tener protagonismo en la informatización de la sociedad. (Foto: UCI).

Escuela y factoría, la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) es una de las entidades con mejores condiciones para liderar proyectos de gran alcance y complejidad.

La UCI, se sabe, es un centro de educación superior atípico. Allí se forman especialistas bajo las doctrinas binarias. A la vez, en ciclo cerrado, se investigan, desarrollan y comercializan en el país y más allá, productos y servicios que se sofocan desde los resquicios miniaturizados de los microprocesadores. Su maña para generar encadenamientos productivos, el alto nivel de sus profesionales y su dotación computacional, han permitido a la UCI erigirse como el primer parque tecnológico de Cuba y sus cayos adyacentes.

Admitida en la categoría de “universidad innovadora” dentro de la Asociación Internacional de Parques Tecnológicos (conceptualmente, son modelos para capitalizar el conocimiento para el desarrollo regional y nacional), la UCI sirve de plataforma para que diferentes entidades se establezcan en sus predios y reciban tecnologías, conocimientos y cooperación.

Según Luis Raciel Rodríguez, jefe del Departamento Comercial de la UCI, la ciudad universitaria colabora con 130 instituciones asociadas a diversos sectores de la economía para programar servicios y productos informáticos. Las soluciones generalmente son multiplataformas o asociadas al software libre y el código abierto.

Ejemplo de estos convenios es la línea Xabal, destinada a la administración pública para la gestión de archivos y documentos, y proveer repositorios digitales. Con este servicio ya se benefician la Fiscalía General de la República, el Tribunal Supremo Popular, la Aduana General de la República, la empresa Cupet y otros.

Varios proyectos están enfocados en la educación. Uno de estos, de la línea Xauce, genera plataformas docentes y aulas tecnológicas (desde una pizarra interactiva, el profesor puede administrar y transmitir el contenido que los estudiantes reciben en sus tabletas). Mientras, en alianza con los Estudios de Animación del Icaic, se producen videojuegos instructivos.



En un abrir y cerrar de ojos más de 27 300 domicilios poseen el servicio Nauta Hogar. (Foto: ACN).

La universidad proporciona también diferentes variantes del sistema operativo NOVA a todos los productos con hardware que ensambla el grupo GDM, y trabaja en el buscador de la Red Cuba (www.redcuba.cu), una solución estratégica para el país, pues permite acceder a los contenidos alojados en el dominio .cu por esta vía, sin tener que recurrir a buscadores internacionales.

Algunas instituciones de la salud ya aplican soluciones de la línea Xavia, como el Sistema de Información Hospitalaria, cuyo centro es la historia clínica electrónica o digital. Esta, que puede ser firmada digitalmente, recoge toda la documentación, tratamiento, pruebas, diagnósticos e imágenes radiológicas del paciente.

Otro producto para los centros de salud es la Plataforma de Gestión de Información Imagenológica, en uso por varios hospitales de La Habana y Matanzas y, próximamente, de Villa Clara y Camagüey. Este sistema permite visualizar y procesar imágenes médicas, comparar las de diferentes momentos, editar informes, ahorrar recursos que se requerirían para comprar placas radiográficas, disminuir el impacto ambiental y optimizar el tiempo de acceso y análisis por el personal médico, y de espera del paciente.

Otras colaboraciones se enfocan en interconectar todas las operaciones de las diferentes pasarelas bancarias del país y mejorar el sistema de información estadística, entre otros proyectos que abarcan desde el sector industrial y los seguros, hasta los Consejos de Administración Provincial y organismos de la Administración Central del Estado, así como la Comisión Electoral Nacional.

La UCI ha sido reconocida como la tercera entre las mejores universidades españolas e hispanoamericanas en materia de software libre. La distinción rinde honor, sobre todo, a la producción de software libre, la colaboración y transmisión de este producto a las instituciones y la promoción de la cultura open source(código abierto), con la peculiaridad de que el parque tecnológico de las afueras de La Habana hace “trajes a la medida” del cliente. Trajes que irán a arropar la informatización de toda la sociedad.

“BARRIO TECNOLÓGICO”: PRIMEROS PASOS


La Salsa es la primera cafetería de Camagüey que opera con un sistema automatizado de venta, mediante el cual el cliente obtiene la actualización de las ofertas gastronómicas y acorta el tiempo de espera. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

A fin de encauzar las TIC hacia el mejoramiento de la vida de los ciudadanos, diversos proyectos se desarrollan como modelos a escala de informatización social

El doctor Chaesub Lee, quien desde enero de 2015 dirige la Oficina de Normalización de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), con su sapiencia de viejo estratega de las nuevas tecnologías en su país, Corea del Sur, y en el planeta, durante la reciente convención habanera Informática 2018 lanzó una afirmación que fue decodificada como un espaldarazo a los enfoques nacionales sobre el tema: Cuba y sus urbes, incluida La Habana, no tendrían que desprenderse de su cultura o tradiciones para convertirse en ciudades smart(inteligentes).

El directivo abraza el concepto humano de ciudad “inteligente”: aquella que aplica las TIC en su infraestructura, en aras de ofrecer a sus habitantes una mejor calidad de vida. Así, con el desarrollo de aplicaciones que respondan a las necesidades de los habaneros, podría hablarse de una capital smartbasada en su propia cultura. Con ese vals alcanzaron el grado, Dubái, la primera; seguida por Singapur y luego otras 50 villas que son ejemplos a seguir.

Es decir, bárrase toda presunción que apunte necesariamente a aquellas megalópolis que disponen de todos los adelantos o hitos de la técnica; es muy importante, explicó, su disposición y ordenamiento en función de alcanzar un desarrollo sostenible utilizando sus recursos de la mejor forma posible, así como mantenerse a la vanguardia en el sistema social, la protección de la naturaleza y la comunicación e integración energética.

Una coincidente horma conceptual permitió crear en la Isla, en 2016, el primer experimento que persigue igual objetivo, si bien para que no quedara holgado el traje se prefirió el término más campechano “barrio tecnológico”, precisó la doctora Aylín Febles Cordero, presidenta de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC).

Este primigenio tecnobarrio está enclavado en Versalles, reparto residencial de la ciudad de Santiago de Cuba, que por apacible invita a una buena siesta en hamaca. El proyecto piloto pretende imbricar a todas las instituciones de la comunidad y llevar su gestión a la virtualidad, a fin de hacerla más eficiente para beneplácito de sus habitantes. También se trabaja para que la señal de conexión a Internet llegue a todos los edificios del reparto.


El primer barrio tecnológico del país, en el reparto Versalles de Santiago de Cuba, ofrece variados servicios, de los cuales los adolescentes prefieren los juegos en red. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Sin embargo –admite el matemático Gerardo Hechavarría Ferrer, director de la División Territorial de Etecsa en la provincia–, la pretensión aún no ha cristalizado del todo. Hasta el momento se ha logrado conciliar un Centro Multiservicios de la empresa telefónica, un área wifi, un correo y el Centro Tecnológico 4 de los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE), donde existe una sala de juegos.

Con esa conectividad, la población de esa zona oriental hoy tiene acceso a redes sociales, aplicaciones para móviles, informaciones de medios de prensa, centros de producción y servicios, emprendedores e, incluso, puede realizar ciertos trámites.

Juzgar el impacto real de esta cruzada puede resultar por ahora una intrepidez. Cuenta a BOHEMIA Saira Carnero Batista, instructora del Centro Tecnológico del barrio, que al lugar llegan niños y jóvenes fundamentalmente a jugar, pues la sala tiene sobre todo un fin recreativo, a pesar de que se ofrecen otros servicios.

A José Luis Hierrezuelo Samuel la señal no le llega hasta su casa de la carretera del Morro, en Versalles. Por tanto, va a la zona wifi del Centro Multiservicios para comunicarse por IMO, o por correo para aprovechar el tiempo. IMO es un popular videochat, preferido por los cubanos para hablar con sus familiares y amigos que viven en el exterior, ya que es muy accesible desde las inestables conexiones del país. Pero Hierrezuelo Samuel confiesa que nunca ha consultado una página de contenidos, ni periódicos o revistas, ni sitios especializados.

Tampoco llega la señal al apartamento en Versalles de Ana María Batista, así que se va con la fresca al centro del barrio para hablar por IMO con sus hijas, quienes le enseñaron cómo hacerlo. No hace nada más, pues dice no ser muy ducha en tecnología. “No he tomado ningún curso del Joven Club, hasta ahora no me ha llamado la atención”, admite con un móvil entre sus manos.

“La verdadera alfabetización de los usuarios de cara al proceso de informatización, a mi entender, es un proceso que nadie ha asumido”, afirma Hechavarría Ferrer, el funcionario de Etecsa, aun cuando en Santiago de Cuba se lleva a galope un programa de ampliación de la infraestructura de conexión y se pretende inaugurar 21 nuevas zonas de acceso inalámbrico que se sumarán a los 54 puntos wifi interiores y exteriores de la provincia.

Mientras, 300 000 usuarios ya disfrutan del servicio de telefonía celular, pero solo 30 por ciento dispone de un dispositivo con sistema operativo Androide. La mayoría posee teléfonos Alcatel, comercializados por Etecsa, con los cuales no se puede acceder a la conectividad de Internet.

La digitalización de los tinajones

A falta de mar, desde la calle Palma, en la zona que bordea al río Jatibonico, hasta el parque Agramonte, Camagüey disfruta de un proyecto que inicialmente se llamó Ciudad mirando a los ríos, y hoy se concreta también como barrio tecnológico.


Camagüey impulsa su propia versión de barrio tecnológico, conformado por varios proyectos. Uno de estos fue ganador de un premio de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. En la foto, la maqueta de la ciudad. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Este programa, conformado por otros que se explican más adelante, pretende informatizar los servicios principales en ese entorno, comenta Yenier Vázquez Baños, ingeniero informático y especialista principal del Departamento de Informática de la Asamblea Provincial de Poder Popular, y a la vez miembro del secretariado provincial de la UIC.

Vázquez Baños y su colega de carrera, Rogelio Pérez Amador, vicepresidente de la UIC en el territorio y delegado de la empresa Citmatel, han presentado los proyectos de informatización de la ciudad de los tinajones, en los que, como en otras provincias, intervienen varias instituciones: Etecsa, que garantiza la infraestructura de conectividad; Copextel para la asignación de equipos, Cimex con sus servicios técnicos; los JCCE; Desoft; Citmatel; el Ministerio de Comunicaciones; la UIC en la provincia y el gobierno territorial, que conduce esta política; y otras que se involucran en iniciativas puntuales.

La subordinación al Consejo de la Administración Provincial (CAP) –defienden ambos– garantiza la integración institucional y mejores resultados de la informatización.

Sostiene Vázquez Baños que como objetivos particulares se busca vincular las universidades –centros de generación de ciencia y formación– con entidades productivas para la implementación de resultados científicos, así como la integración de la empresa estatal socialista con el trabajo por cuenta propia en el área de las TIC.

En tanto, la UIC local vela por el asesoramiento y la capacitación del personal institucional que interviene en la toma de decisiones y en la implementación de los procesos tecnológicos. Atiende, además, la divulgación de las aplicaciones, servicios y utilidades que puede emplear la población para elevar su calidad de vida.

Vázquez Baños señala como fundamentales la cooperación internacional y la participación de profesionales en la presentación de proyectos para obtener financiamiento.

Tal fue el caso del Sistema de Gestión del Patrimonio instalado en el Centro de interpretación de la ciudad, implementado por la Universidad de Camagüey y la UIC, y financiado por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude).

El proyecto, ganador de un premio de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (WSIS), mostrará datos noticiosos, históricos y culturales del patrimonio tangible e intangible de Camagüey, que los visitantes apreciarán en sus teléfonos inteligentes o tabletas, una vez instalada la red wifi en el Centro de Interpretación, explicó Yolanda López, directora de esta institución.

Pero aun con financiamiento, debido a la baja disponibilidad de equipos de Copextel, presenta atrasos, lo cual limita la realización de acciones de educación patrimonial, que es la base del proyecto.

Otra distinción a la Universidad de Camagüey fue el premio en la categoría de Campeones en la línea de educación, otorgado por el Foro Mundial de la Cumbre de la Sociedad de Información y dado a conocer por Houlin Zhao, secretario general de la UIT.


El impulso de la informatización de la sociedad debe venir desde dentro de las instituciones, asegura Yenier Vázquez Baños, especialista principal del Departamento de Informática del gobierno provincial de Camagüey. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Otro programa ya iniciado es el Callejón de los Milagros, en el que confluyen Cultura, la UIC, el Centro del Cine y la Asociación Hermanos Saíz. Mediante la red inalámbrica, en este espacio se pueden descargar temas musicales de películas, información de personalidades vinculadas con el séptimo arte, la cartelera cinematográfica… pero aún demanda pantallas interactivas, la interconexión por parte de Copextel para el despliegue de la cartelera y la utilización del espacio por otros actores sociales.

Para Pérez Amador, uno de los más importantes proyectos ejecutados es el Sistema de gestión de información de bien público Calle República, coordinado por el CAP y la UIC.

“Este surgió por la necesidad de mostrar a la población, información en los múltiples espacios de comercio que teníamos con cristalería vacía”. Inicialmente, relata, el diseño del proyecto se había pensado con Smart TV (televisores inteligentes, con integración de Internet y de las características Web 2.0 a la televisión digital), pero los proveedores no disponían de estos, así que se contentaron con aparatos de tecnología de plasma (LCD), asociados a través de fibra óptica con “clientes ligeros” (computadoras dependientes de un servidor).

Asimismo, el Sistema de gestión de eventos del Centro de Convenciones Santa Cecilia incluye la operación y atención a los servicios mediante una aplicación móvil.

El Paseo Tecnológico, administrado por la empresa Santa María, perteneciente a la Oficina del Historiador, a su vez, vincula ofertas gastronómicas con juegos virtuales, proyecciones de artes visuales, áreas wifi y salas de navegación, en un entorno agradable.

Este año se pretende iniciar otros proyectos como la gestión de empleo de la Dirección de Trabajo, para conectar a los que buscan ubicación laboral con los empleadores y a estos con la población. También, la operación virtual de solicitudes de trámites en la Dirección de Planificación Física, Bufetes Colectivos y la necrópolis camagüeyana. Igualmente se implementará un Sistema Estadístico Automatizado de Transporte para la recogida de datos útiles para la planeación y la toma de decisiones.

En una próxima etapa, el proyecto llamado Incubadora de ideas innovadoras para la informatización de la sociedad ganará preponderancia. Una de sus aristas de mayor impacto será el control del programa de subsidios, pues en un futuro las tiendas de materiales de la construcción tendrán su inventario digitalizado, igual que la información de las compras de los beneficiados, que se incorporará a la red después de efectuar el pago con la tarjeta magnética. Este sistema permitirá el verdadero control de los recursos y su manejo por parte del gobierno y la población.

Lamentablemente, todos estos planes tienen en común un pequeñísimo ancho de banda, lo que unido a la ausencia de centros de datos para almacenar información en la nube, impide el establecimiento de sitios web para la digitalización de sus servicios y la presentación de sus productos y contenidos.

Un paseo por la nave madre


Lexis Gaspar Cárdenas, directora del Palacio Central de la Computación, considera que ahora la alfabetización informática, misión para la que fueron creados los Joven Club, tal vez deba dar paso a la superación. (FOTO TONI PRADAS).

En un abrir y cerrar de ojos arribaron a sus primeros 30 años de vida los JCCE, una visión del líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz, de ver socializado el conocimiento sobre la computación en todas las generaciones de cubanos.

Suerte de cibercafé, centro de investigación, escuela de computación y meca de la ludopatía, los Joven Club, que suman más de 600 locales en todo el archipiélago, conforman la pionera, silenciosa y decisiva espina dorsal de la informatización social.

En sus comienzos se dedicaron a crear una cultura computacional y recibieron gran atención en cuanto a hardware y equipos electrónicos. Luego se perfilaron hacia lo que la gente hace con los softwares, lo que aprende, lo que recopila, lo que está ocurriendo en el corazón de las redes.

“Durante la primera etapa, todo era basado en cursos. Esa fue la primera idea que tuvo el Comandante: alfabetizar a la sociedad en la computación”, precisa Lexis Gaspar Cárdenas, directora del Palacio Central de la Computación, un acristalado inmueble ubicado en el vetusto y populoso municipio de Centro Habana.

Entonces se hizo un trabajo fuerte con las amas de casa, los ancianos; con los círculos de interés de niños y adolescentes. La ingeniera informática enumera varios convenios que tiene el Palacio con proyectos comunitarios, escuelas primarias y otras especializadas, como la de sordos e hipoacúsicos del Cerro y el Centro de Referencia de Discapacitados.

“Lo principal de la institución es su mayor provecho, la capilaridad que tiene. Cada barriecito, lo más cercano que tiene para la computación es un Joven Club. Por eso el Comandante le llamó ‘la computadora de la familia’, que es hoy nuestro eslogan.

“Eso se ha mantenido, aunque cuando pasamos en 2015 al cobro de los servicios para poder ser rentables económicamente (estamos en un ministerio donde todas las entidades son empresas y Joven Club es la única unidad que aún es presupuestada), se potenciaron otros servicios, y el curso quedó un poco rezagado”, reconoce, y advierte que ya se está yendo a retomar esa función, su misión fundacional.

Remarca la directora que ese programa social no podía cambiar la misión para la que fue creado, pero nunca podría ser lo suficientemente potenciado, rentable y actualizado si no se hubiera tomado la decisión de cobrar los servicios. “Hoy estamos en auge gracias a eso. Existían Joven Club que ya no cumplían su objetivo, sobre todo cuando ya hay acceso a Internet en un parque, en una escuela, en una universidad. No podía quedarse ahí, viejo, solo, apartado. Y ya hay instalaciones que se autofinancian”, explica.



Una de las iniciativas de los Joven Club en Santiago ha sido acercar el patrimonio cultural a la población. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Para ella, ahora la alfabetización informática tal vez no sea tan importante como la superación. Asimismo, pretenden rescatar la enseñanza de la electrónica, pero un poco más modernizada. “No aquella mesa con circuitos donde se aprendían las partes de una computadora; ahora sería un paquete que tal vez acerque más a la robótica, la automatización”, revela una proyección del Palacio.

Estos centros brindan servicios y productos al público a precios bastante moderados, pero los niños prefieren ir a jugar en red, casi siempre juegos foráneos. De toda su oferta, Lexis Gaspar confiesa qué salvaría si un día una hipotética catástrofe acabara con su local:

“Hay un servicio que a mí me gusta mucho. Es increíble cómo tiene seguidores y cómo es capaz de entusiasmar y aglutinar a tanta juventud: los torneos de videojuegos. Hasta vienen equipos de otras provincias. Tan apasionado está el que juega, como el que viene a disfrutar del partido”, se emociona quien fuera en el Palacio, desarrollador de videojuegos. “Es como ver un juego de pelota entre Santiago de Cuba e Industriales”.

O, quién sabe, una pulsada por la informatización entre el tecnobarrio de Versalles contra la nave madre de los Joven Club.