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sábado, 14 de febrero de 2026

El turismo en Cuba ante su punto de quiebre




Ernesto Batista Sánchez

PhD Researcher at University of Limerick

11 de febrero de 2026

Un amigo me envía esta mañana un enlace a un reporte de prensa en el que se menciona que Air Canada ha decidido cancelar sus vuelos a Cuba y comenzar las operaciones de repatriación de sus turistas canadienses en la isla. El mensaje viene acompañado de un comentario: ¿qué impacto va a tener esto en el turismo? Y aunque hablar de turismo en un momento de crisis tan profunda en la vida del cubano de a pie —que es, en definitiva, lo verdaderamente importante en esta situación— resulta complejo, intento que estas líneas sean un ejercicio de reflexión académica para comprender no solo la crisis actual, sino también otros elementos más estructurales del turismo en Cuba. Este texto está desarrollado para un público no familiarizado con la industria, y mis ideas intentan reflejar, de forma sencilla, mis principales argumentos. Análisis profundos, respaldados por abundantes datos, existen en la actualidad, y siempre recomiendo tres autores para ello: Pedro Monreal (El Estado Como Tal), Humberto Herrera (Cuba y la Economía) y Omar Everleny (La Joven Cuba).

Dicho esto, vamos al tema.

El turismo cubano atraviesa hoy uno de los momentos más críticos de su historia reciente. No se trata de una crisis coyuntural ni de un simple ciclo negativo asociado únicamente a factores externos (estos son más bien la gasolina arrojada al fuego ya existente), sino de la convergencia de múltiples fallas estructurales que, acumuladas durante años, han terminado por colocar al sector en una situación de extrema vulnerabilidad. Los acontecimientos más recientes, particularmente los vinculados al colapso energético y a la conectividad aérea, no hacen sino acelerar un proceso de deterioro que venía gestándose mucho antes. Al cierre de 2025, así lucen las cifras de llegadas de visitantes internacionales a la isla caribeña.

Contenido del artículo
Fuente: Ricardo Torres (2026)

El acceso aéreo: cuando una isla queda aislada

En un país insular, el acceso aéreo no es una variable más dentro del sistema turístico: es su condición básica de existencia. El anuncio del gobierno cubano de que no dispone de combustible suficiente para garantizar las operaciones de la aviación ha provocado, en cuestión de días, la suspensión de vuelos por parte de varias aerolíneas internacionales. Sin conectividad aérea estable, el destino queda prácticamente desconectado de sus mercados emisores. Este hecho constituye un golpe crítico —y potencialmente definitivo— para el turismo cubano mientras no se restablezcan condiciones mínimas de operación.

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Fuente: Google (2026)

Más allá del impacto inmediato en las cifras de llegadas, la cancelación de rutas introduce un elemento particularmente dañino: la pérdida de confianza. Para aerolíneas, turoperadores y viajeros, Cuba comienza a percibirse como un destino impredecible, sujeto a interrupciones repentinas y ajeno a los estándares mínimos de planificación que exige el turismo internacional.



https://www.youtube.com/watch?v=mc5SdMpuUQU

La imagen del destino: una crisis acumulativa

Todos estos elementos dejan una huella profunda sobre la imagen del destino. Desde el punto de vista de la percepción turística, Cuba enfrenta desde hace al menos dos años una crisis de reputación, asociada a los apagones prolongados, la crisis sanitaria, la inestabilidad del suministro eléctrico y, más recientemente, al aumento de la percepción de inseguridad desde la óptica del operador turístico. Esta acumulación de factores genera un escenario de incertidumbre estructural que no beneficia en nada al destino y erosiona uno de los activos más difíciles de reconstruir: la confianza.

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Fuente: Financial Times (2025)

Aunque aún es temprano para medir los efectos de largo plazo de esta crisis sobre la imagen turística del país, el impacto mediático ya es evidente. La coyuntura actual no solo ha vuelto a colocar en primer plano la narrativa de que el gobierno estadounidense, bajo la Administración Trump, estaría bloqueando el acceso de Cuba a fuentes de petróleo y amenazando con sanciones a terceros países, sino que también ha ampliado el foco informativo hacia las crisis económicas y estructurales internas que atraviesa la isla.

Esta cobertura ha tenido especial visibilidad en los principales mercados emisores —Canadá, Europa y mercados potenciales— reforzando una narrativa en la que la experiencia turística aparece como frágil, vulnerable y altamente dependiente de factores externos. Para un sector que se basa en la anticipación, la estabilidad y la promesa de una experiencia controlada, este es uno de los daños más severos.

Energía y operación: el colapso del día a día

El problema del combustible no se limita a la aviación. Afecta directamente la operación hotelera, el transporte interno, las excursiones, la climatización, el suministro de agua y los servicios básicos. El turismo es una industria intensiva en energía y, sin un suministro estable, la experiencia del visitante se deteriora rápidamente, incluso en los principales polos turísticos. Los constantes colapsos del sistema eléctrico cubano durante 2024 y 2025 han tenido amplia repercusión en los medios de prensa internaciones.

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Fuente: The Guardian (2025)

La consecuencia inmediata es una pérdida de competitividad frente a otros destinos del Caribe que, aun enfrentando desafíos, ofrecen mayor estabilidad operativa.

Resultados y temporalidad: la crisis en plena temporada alta

Los resultados del turismo hacia Cuba al cierre de 2025 confirman un decrecimiento sostenido en los volúmenes de visitantes, prolongando una tendencia negativa que ya se había manifestado con fuerza en 2023 y 2024. Más significativo aún es que los niveles de llegada no han logrado recuperar los valores previos a la pandemia, lo que evidencia un problema estructural y no meramente coyuntural.

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Fuente: Datos de la ONEI compilados por el autor

La gravedad de la situación actual se acentúa por el momento en que se produce: en pleno corazón de la temporada alta, cuando tradicionalmente se concentra el mayor volumen de turistas internacionales hacia la isla. Que una contracción de esta magnitud ocurra precisamente en el período de mayor demanda hace particularmente complejo anticipar el comportamiento del sector en los meses siguientes y añade un elevado nivel de incertidumbre a cualquier ejercicio de proyección.

Aventurarse a realizar predicciones concluyentes resulta arriesgado, sobre todo ante la falta de información sobre los movimientos políticos y las negociaciones que puedan estar produciéndose tras bambalinas. Pero el panorama es desalentador en el corto y mediano plazo.

Un problema anterior a la crisis actual

No obstante, sería un error interpretar la situación actual como el origen de los problemas del turismo cubano. Mucho antes del COVID-19, el sector ya mostraba signos evidentes de agotamiento. La pandemia no creó estas distorsiones, sino que las aceleró y las hizo más visibles.

El economista José Luis Perelló advertía desde hace años que Cuba se encaminaba hacia una “década perdida” en materia turística y que, incluso mirando hacia 2030, las posibilidades de una recuperación sostenida eran limitadas sin un cambio profundo de paradigma. Su diagnóstico apuntaba al agotamiento de un modelo centrado casi exclusivamente en la expansión hotelera, con escasa atención al desarrollo integral del destino.

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Fuente: Swissinfo

Desde una perspectiva analítica, ese cambio de paradigma pasa por una reconceptualización del ciclo turístico cubano: desplazar el énfasis de la simple construcción de hoteles hacia el desarrollo de ofertas diversificadas, la comprensión real de los nuevos perfiles de consumidores, la incorporación de tecnologías hoy ausentes en el país y, sobre todo, la provisión de experiencias auténticas, coherentes con las expectativas del turismo contemporáneo.

Conclusión: el punto sin retorno

Todos estos elementos constituían ya problemas reales del turismo cubano antes de la crisis actual. Cuando, y si, el país logra salir de la coyuntura extrema que hoy enfrenta, el sector no podrá simplemente retomar el camino anterior.

La normalidad previa ya era, en sí misma, una forma de crisis.

Por ahora, la situación actual parece representar la puntilla final al ataúd de un sector que llevaba años mostrando signos de agotamiento, sin capacidad real de recuperación. Los acontecimientos recientes no crean el colapso, pero sí lo profundizan y lo aceleran, colocando al turismo cubano ante uno de los momentos más críticos —y definitorios— de su historia

viernes, 29 de agosto de 2025

Datos en debate: lo que revelan (y lo que no) las estadísticas turísticas en Cuba

 

Dr. Ernesto Batista Sánchez

El más reciente número del Boletín de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba (ONEI). Turismo. Indicadores Seleccionados[1] (Edición agosto 2025) para el primer semestre de 2025 deja más dudas que certezas y, al menos desde una perspectiva académica y metodológica, genera confusión.

En la Tabla 1: Principales Indicadores del Turismo Nacional (referida a las entidades turísticas), la ONEI reporta que entre enero y junio de 2025 un total de 797,440 turistas pernoctaron en instalaciones turísticas, lo que representa el 93.9% de los registrados en igual período de 2024. Si se consideran las pernoctaciones (algo más de 2.4 millones de turistas-días), se obtiene una estancia media de 3.12 noches por turista nacional. Claro está, la gran limitación es no conocer qué proporción corresponde a nuevos visitantes frente a repitentes. Aun así, es un buen punto de partida.

Tabla

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El ingreso medio por turista-día muestra un incremento respecto a 2024. Sin embargo, un análisis más detallado del desglose ofrecido por la ONEI sugiere que estos aumentos reflejan más la inflación existente que un verdadero crecimiento del gasto turístico. Por ejemplo, los ingresos en Alojamiento se incrementan en 127.7%, aunque el número de turistas alojados físicamente disminuye (ver Tabla 1). Dado que la variable medida es esencialmente el precio por habitación, debido al modelo todo incluido imperante, esto parece responder más a un encarecimiento de las tarifas producto de la inflación que a un mayor gasto turístico en sentido estricto. Lo mismo ocurre con la Gastronomía, que aumenta en 120.1%, pero cuya cifra resulta engañosa pues no incluye la oferta del sector privado. El resto de las variables muestran, en cambio, un decrecimiento, lo que resulta más coherente que los crecimientos inflados mencionados anteriormente.

Interfaz de usuario gráfica, Aplicación

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La mayor contradicción aparece con las tasas de ocupación. Según la propia ONEI, en este período existieron para el turismo nacional 1,031,253 habitaciones-días ocupadas y un total de 14,426,915 habitaciones-días disponibles, lo que arroja una tasa de ocupación de apenas 7.1%. Sin embargo, la Tabla 4 reporta una tasa de ocupación de 21.5% para el turismo internacional. ¿Por qué no se desglosan de igual forma los indicadores de turismo nacional e internacional? ¿Implica la Tabla 1 que las habitaciones destinadas al turismo nacional se asignan por cuotas específicas? La práctica en el sector sugiere que sí, e incluso algunos hoteleros lo confirman. Pero a nivel de país, como industria, este enfoque resulta poco lógico.

Hay un viejo refrán hotelero que dice: “una noche con una habitación vacía no se recupera”. Nada nuevo bajo el sol dirían algunos. Por lo tanto, a nivel global, las estrategias de Revenue Management intentan, por todas las vías, reducir las habitaciones vacías con estrategias de captación de clientes y ventas diversas. Sin embargo, en Cuba esto no se aplica. Mas aun con el turismo doméstico, donde, basados en un modelo hotelero de todo incluido es necesario “controlar” los volúmenes de turistas nacionales alojados en un hotel. Aquello de que los cubanos incrementan los costos del todo incluido. Pero el problema no es el mercado doméstico, es el modelo todo incluido en primer lugar.

Otro detalle, la estancia media del turista internacional según estas estadísticas es de 5.8 noches al cierre de junio de 2025. Para poner estas cifras en contexto, en 2016 la estancia media era de 8.1 noches.

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No todo es negativo. Resulta una buena práctica que la ONEI incluya ahora las llegadas de visitantes internacionales no solo por país, sino también desglosadas por edad y sexo (Tabla 11) y por motivo de viaje (Tabla 12).

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Este avance constituye un punto de partida sólido para que la academia pueda desarrollar estudios de mercado más profundos y representativos, ahora que, al fin, los datos están disponibles. Sin embargo, estas estadísticas vuelven a dejar fuera al turismo doméstico, del cual no se declaran ni perfiles de edad o sexo, ni distribución por áreas de residencia. ¿Los turistas nacionales alojados en Varadero vienen desde Holguín o La Habana? El llamado consiste en unificar metodologías y estandarizas los métodos de producción de estadísticas públicas que permitan a la academia y otras partes interesadas a realizar contribuciones reales al sector turístico cubano.

Dr. Ernesto Batista Sánchez. Profesor e Investigador en Turismo. Su investigación se centra en la aplicación de la tecnología y el análisis de datos en el turismo.

 

[1] https://www.onei.gob.cu/sites/default/files/publicaciones/2025-08/turismo-trimestral-junio-2025.pdf

viernes, 22 de agosto de 2025

Estimar el mercado turístico nacional cubano en ausencia de cifras es un desafío

By Ernesto Batista Sánchez  Progreso Semanal

A nivel global, el turismo doméstico constituye el grueso del movimiento turístico total. Sin embargo, en Cuba la ausencia de una estadística sistemática y desagregada dificulta cualquier comparación seria. La escasa visibilidad del turismo doméstico en las estadísticas y su limitada cobertura académica contrastan con su papel potencial como espacio de recreación, identidad y cohesión social.

Desde que en 2008 se eliminara la limitación que prohibía a los cubanos hospedarse en hoteles del país, el turismo doméstico ha experimentado un crecimiento silencioso, muchas veces invisible en los informes oficiales, pero no por ello menos relevante. Más allá de los slogans institucionales o de los números agregados, la pregunta que subyace es: ¿cuánto representa realmente el turismo nacional en la economía cubana? ¿Y qué desafíos enfrenta para consolidarse como alternativa o complemento al turismo internacional?

Primero, desde el punto de vista conceptual, es necesario establecer el concepto de turismo doméstico. Según ONU Turismo (conocida anteriormente como Organización Mundial del Turismo), el turismo doméstico se refiere a las actividades que una persona realiza dentro de su país de residencia como parte de un viaje turístico. Y, para ser más específicos, es necesario recalcar la diferencia entre turista y excursionista. El primero pernocta en el lugar que visita por más de 24 horas y menos de un año. El segundo es un visitante del día (ONU Turismo, 2008). Sin adentrarnos en detalle, surge el primer gran problema que enfrenta cualquier medición del turismo interno: ¿cómo calcular dentro de un territorio el volumen real de turismo doméstico?

La falta de datos: primer escollo de análisis

A nivel global, el turismo doméstico constituye el grueso del movimiento turístico total. En países como México, Colombia o España, los viajes internos superan por mucho a los internacionales. Sin embargo, en Cuba la ausencia de una estadística sistemática y desagregada dificulta cualquier comparación seria. La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) publica algunos indicadores generales sobre pernoctaciones nacionales, pero no distingue entre motivos de viaje ni entre alojamientos estatales y privados. Para ser más exactos, la estadística recogida por la ONEI no abarca el sector privado, ni ahora durante la crisis que atraviesa la industria, ni en el periodo anterior a la pandemia de COVID-19. Tampoco existe una línea base sobre el gasto promedio del turista cubano, su perfil sociodemográfico o su frecuencia de viaje.

Figura 1. Pernoctaciones de turistas nacionales en el conjunto total de los medios de alojamiento por tipo de establecimiento (2016-2020)

A pesar de estas carencias, los datos disponibles permiten entrever algunas tendencias. Entre 2016 y 2020, las pernoctaciones nacionales cayeron de 8.9 a 4.2 millones, reflejando tanto el impacto de la crisis económica como las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia. Para 2024 se estima una recuperación parcial hasta los 5.1 millones, aunque sin alcanzar aún los niveles prepandemia.

No obstante, esta cifra debe analizarse con cautela, pues las estadísticas oficiales hablan de pernoctaciones, no de visitantes. Además, no incluyen la proporción de clientes repitentes (aquellos que visitan instalaciones más de una vez) ni la estancia media en esos establecimientos, lo cual permitiría, al menos, estimar el número de visitantes domésticos.

Figura 2. Pernoctaciones de turistas nacionales en el conjunto total de los medios de alojamiento por tipo de establecimiento (2020-2024)

El dilema estructural: ¿puede el turismo nacional ser rentable?

Los estudios del economista José Luis Perelló (2025) son contundentes: el turismo nacional no tiene, al menos por ahora, capacidad para sustituir al turismo internacional como fuente de divisas. En 2019, el ingreso por salarios en el país fue de apenas 1.6 millones CUC, mientras que el turismo receptivo generó más de 2.6 mil millones de dólares. Además, las pernoctaciones nacionales representaron apenas un 30 % de las internacionales, y solo una cuarta parte de ellas ocurrió en hoteles de 4 o 5 estrellas. Y esto fue en la época prepandémica, cuando la realidad económica de los residentes en la isla era completamente distinta a la actual.

Aunque el segmento VFR (Visiting Friends and Relatives) en teoría tiene gran potencial —su fidelidad emocional a la Isla unida a un mayor poder adquisitivo—, su desempeño reciente muestra signos de decrecimiento. Como señalé en un artículo anterior publicado en junio en Progreso Semanal:

“Durante el período enero-abril de 2025, este segmento mostró una fuerte disminución, con apenas 78,925 llegadas, lo que equivale al 41.56 % del total registrado en el mismo período de 2019” (Batista, 2025).

¿Quién es el turista cubano?

Desde el punto de vista académico y de la gestión turística, una pregunta elemental en este tipo de análisis sería: ¿Quién es el turista cubano? ¿Cuáles son sus características, necesidades y motivaciones? En fin, ¿qué sabemos de ellos?

La respuesta es sencilla: sabemos muy poco, o casi nada. Existen intentos ya desactualizados de desarrollar perfiles de mercado. Acercamientos iniciales fueron los realizados por Batista Matamoros y Escalona (2011), así como tesis defendidas en universidades como la UCLV y estudios desarrollados en las escuelas de FORMATUR o la Universidad de Holguín. Coinciden en perfilar al turista nacional como un adulto joven (25–44 años), con estudios superiores, predominio de mujeres y ocupaciones profesionales o técnicas. Son viajeros que planifican con poca antelación, viajan en pareja o en familia, y cuya motivación principal es el descanso y el disfrute en la temporada veraniega (julio-agosto). Sin embargo, estudios más profundos, con acceso a datos verificables por diversas vías que permitan arribar a conclusiones sólidas, nunca se desarrollaron. Esta sigue siendo una asignatura pendiente.

El Ministerio de Turismo (MINTUR) ha intentado captar al turista nacional, sobre todo en temporada baja, mediante descuentos, paquetes promocionales y ferias de verano. Agencias estatales como Cubatur, Havanatur, Ecotur o Gaviota lanzan ofertas dirigidas a los cubanos, incluyendo pasadías, excursiones y alojamientos con precios en moneda nacional.

Sin embargo, estas estrategias a menudo chocan con la dura realidad económica de los últimos cinco años. Las ofertas resultan inaccesibles para gran parte de la población, lo que hace difícil pensar que este segmento pueda convertirse en solución para los problemas estructurales del sector.

Obstáculos estructurales en tiempos de crisis

La pandemia de COVID-19 marcó un antes y un después. La contracción del PIB en 2020, combinada con la inflación desbocada tras el proceso de ordenamiento monetario, la escasez de alimentos y medicamentos, y los apagones generalizados, han hecho del turismo interno un lujo al alcance de pocos. La unificación monetaria en 2021 solo agravó el cuadro: mientras los costos de los servicios turísticos se dolarizaron de facto, los ingresos de la mayoría permanecieron en moneda nacional devaluada.

En este escenario, pensar el turismo nacional como alternativa de ocio accesible requiere más que voluntad política: exige rediseñar toda la estructura de precios, mejorar el acceso al transporte, digitalizar la venta de servicios y, sobre todo, generar datos confiables que permitan entender qué busca el turista cubano, cuánto puede pagar y qué valora más. Antes de pensar en el turismo como sector, se requiere solucionar los problemas básicos de la vida cotidiana.

Oportunidades latentes y caminos por explorar

No todo es pesimismo. El turismo comunitario, el campismo popular, las cooperativas privadas y los proyectos autogestionados han demostrado capacidad de innovación, resiliencia y conexión con la comunidad. Espacios como Las Terrazas, Viñales o Gibara muestran que es posible articular turismo sostenible con desarrollo local, incluso en contextos de limitaciones económicas.

El fortalecimiento del trabajo privado en el sector turístico, restaurantes, hostales, transporte, también abre puertas para dinamizar la economía interna. Pero requiere de políticas que permitan estimular el emprendimiento, flexibilizar las regulaciones al sector privado y garantizar un marco normativo estable. Además, la adopción de herramientas como la Cuenta Satélite de Turismo (CST), recomendada por la Organización Mundial del Turismo, permitiría medir con mayor precisión el impacto económico del turismo interno: cuánto aporta al PIB, cuántos empleos genera, qué sectores arrastra. Esta metodología ya se aplica en más de 70 países, pero en Cuba esta asignatura queda pendiente.

Conclusión: entre la resiliencia y la invisibilidad

El turismo doméstico en Cuba no es nuevo, pero sigue siendo tratado como un fenómeno de segunda categoría desde las políticas de desarrollo. Las inversiones se han centrado en la construcción de hoteles que apuntan al turismo internacional, aun cuando las tasas de ocupación son cada vez más bajas y los números de visitantes internacionales a Cuba continúan decreciendo.

La escasa visibilidad del turismo doméstico en las estadísticas y su limitada cobertura académica contrastan con su papel potencial como espacio de recreación, identidad y cohesión social. Frente a un turismo internacional cada vez más en crisis, dependiente de factores externos e internos, el fortalecimiento del turismo interno se vuelve no solo deseable, sino urgente. Sin embargo, la profunda crisis estructural que atraviesa la economía cubana no transmite muchas esperanzas. Es necesario solventar los problemas que inciden en la vida diaria de los cubanos antes de pensar en turismo doméstico. No obstante, le toca a la academia contribuir, en lo posible a reconocer al turista cubano y estudiarlo. Se requiere una combinación de datos, política pública y voluntad de transformar.

Dr. Ernesto Batista Sánchez, Profesor e investigador en turismo.

jueves, 17 de julio de 2025

Turismo ruso en Cuba: ¿auge pasajero? ¿oportunidad perdida?

By Ernesto Batistata Sánchez Last updated Jul 17, 2025. Progreso Semanal

El turismo ruso no debe verse como un salvavidas, sino como un termómetro. Su auge y caída en tan corto tiempo reflejan tanto las oportunidades como las fragilidades del turismo cubano.

A finales de 2024, el turismo ruso parecía convertirse en el salvavidas de una industria cubana que, una vez más, no lograba alcanzar sus metas planificadas. Mientras el número total de visitantes internacionales a la isla se quedaba corto, los viajeros procedentes de Rusia rompían récords: más de 185 mil turistas llegaron a Cuba, superando incluso los niveles prepandémicos en un 5% (Cubadebate, 2024). El optimismo oficial no se hizo esperar. El titular del sector turístico en Cuba anunciaba con entusiasmo la meta de alcanzar el medio millón de turistas rusos anuales en los próximos años.

Sin embargo, el 2025 ha traído consigo una realidad menos talentosa. En los primeros cinco meses del año, Cuba apenas recibió el 54,6% de los turistas rusos que habían llegado en el mismo período de 2024. Este desplome es aún más preocupante si se considera que, aunque el número de visitantes hacia Cuba ha caído un 26,5% (unos 312 mil visitantes menos), el caso ruso representa casi el doble de esa contracción. Entre los diez principales mercados emisores de turistas hacia la isla, Rusia es el que presenta el mayor decrecimiento interanual.

Figura 1. Arribo de Viajeros y Visitantes Internacionales a Cuba. Fuente (ONEI). 

¿Qué está ocurriendo con el turismo ruso?

Responder a esta pregunta no es sencillo, en parte por la escasa información disponible. Las bases de datos internacionales, como las de ONU Turismo, no actualizan cifras sobre el turismo emisor ruso desde 2020. No obstante, a través de medios de prensa y análisis sectoriales, es posible esbozar algunas hipótesis.

Tras la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, muchos destinos turísticos tradicionales para los rusos, especialmente en la Unión Europea, se volvieron inaccesibles. Las restricciones aéreas, el encarecimiento y la dificultad para obtener visados, así como una creciente hostilidad percibida hacia los viajeros rusos, empujan a este segmento a buscar nuevos horizontes. En teoría, Cuba se presentaba como una alternativa atractiva: sin necesidad de visado, con vuelos directos y una relación política cercana con Moscú.

Este fenómeno se explica desde la teoría del efecto de desplazamiento en el turismo: cuando factores externos, como conflictos geopolíticos o desastres naturales, alteran los flujos turísticos tradicionales, los viajeros se desplazan hacia destinos alternativos. En ese contexto, apostar por el turismo ruso no parecía una mala idea y de algún modo, dio resultado.

Mientras que, en 2019, más de 18 millones de turistas rusos viajaron al extranjero y Cuba no figuraba entre los 15 destinos principales, el potencial era evidente. De hecho, durante la pandemia la nación caribeña apostó fuerte por mantener a flote su industria apostando todo a este mercado, y cuando muchas restricciones de viajes se mantenían producto a la pandemia, el mercado turístico ruso generando flujos hacia la isla (ubicados en destinos turísticos aislados como Varadero o los cayos de la costa norte)

Figura 2. Flujo emisor de turismo ruso 2019. Fuente (Interfax.com)

En 2023, la isla utilizó el noveno lugar en el ranking de destinos turísticos rusos, con más de 120 mil visitantes. En 2024, ascendió al puesto 11, según datos de Interfax. Sin embargo, la competencia es feroz: países como Sri Lanka, Marruecos y Tailandia han abierto rutas directas con Rusia, mientras que otros como Irán, India y Omán exploran acuerdos bilaterales para facilitar el turismo.

¿Qué busca hoy el turista ruso?

Más allá de los números, es crucial entender los cambios en el comportamiento del turista ruso. Diversos estudios apuntan a una transformación en sus preferencias: se alejan del turismo de paquete tradicional y se inclinan por experiencias más participativas, de larga estancia y con un fuerte componente cultural y comunitario.

En Armenia, por ejemplo, turistas rusos participan en cooperativas de panadería y proyectos de archivo de folclore. En Tailandia, colaboran con comunidades locales para documentar técnicas artesanales. En Serbia, co-curan residencias de eco-arte centradas en la regeneración del paisaje. Estos simples ejemplos reflejan un deseo creciente de transformar el turismo en un intercambio mutuo, más allá del consumo pasivo de sol y playa.

¿Está Cuba preparada para ofrecer este tipo de experiencias? ¿Puede competir con destinos que ya están adaptando su oferta a estas nuevas demandas?

Probablemente la respuesta más evidente sea no. Aun cuando se han desarrollado estudios del mercado emisor ruso a la isla durante los años previos a la pandemia, existe un conocimiento limitado de las características del segmento que visita Cuba. Las estadísticas oficiales no abarcan en profundidad estos elementos, lo cual limita cualquier análisis al respecto. Las instituciones académicas pueden contribuir a este vacío, pero requiere del trabajo mano a mano con el sector turístico que garantice acceso a los datos necesarios para un estudio de mercado serio.

El modelo turístico cubano: ¿una camisa de fuerza?

En este sentido, el modelo turístico cubano es parte del problema, lo cual no es nuevo. Cuba sigue anclada en una lógica de masificación turística (que resulta irónica porque no llega a ser masivo), con un modelo de desarrollo centrado en grandes polos hoteleros, turismo de sol y playa, y una oferta poco diversificada. Aunque existen iniciativas comunitarias y proyectos de turismo alternativo, estos siguen siendo marginales frente al peso de los grandes operadores estatales y las cadenas hoteleras extranjeras.

Además, la infraestructura turística del país enfrenta desafíos estructurales: conectividad aérea limitada, problemas de abastecimiento, servicios inestables y una burocracia que dificulta la innovación. A esto se suma la falta de datos actualizados y accesibles, lo que impide una planificación estratégica basada en evidencia.

El otro problema son los precios. Diario de Cuba (2025) reporta que, a pesar de la exención de visado y los vuelos directos desde Moscú a Varadero y Cayo Coco, operados exclusivamente por Aeroflot y Nordwind Airlines debido a la falta de aeronaves de largo alcance en Rusia, los precios de estos viajes no resultan atractivos. Un boleto de ida y vuelta puede costar alrededor de 900 dólares, incluso si se adquiere con antelación. En cambio, destinos como Estambul (130 dólares), Dubái (270), El Cairo (402) o Hanói (695) ofrecen tarifas mucho más competitivas y, en muchos casos, mejores condiciones de servicio.

Cambios de paradigma: ¿está Cuba leyendo bien el nuevo mapa turístico?

Como se ha señalado en investigaciones recientes, el turismo global ya no responde a los mismos patrones que lo definieron durante décadas. La digitalización, la automatización, el cambio climático y las nuevas expectativas de los consumidores están transformando profundamente el sector. Este cambio de paradigma exige que los destinos turísticos, especialmente aquellos con alta dependencia económica del turismo, reevalúen su modelo de desarrollo.

Desde la perspectiva del turista, se valora cada vez más la experiencia personalizada, sostenible y tecnológicamente integrada. Desde la oferta, se requiere una mayor capacidad para generar valor a través de la innovación, la productividad laboral y la sostenibilidad. En este contexto, el modelo cubano, centrado en grandes resorts, baja conectividad digital y limitada diversificación, parece desfasado frente a las nuevas demandas del mercado.

El caso del turismo ruso es ilustrativo: mientras otros destinos adaptan su oferta a las nuevas formas de viajar (más participativas, culturales y sostenibles), Cuba sigue apostando por un modelo que no responde a las motivaciones emergentes del viajero pospandemia. Si no se reconoce este cambio de paradigma, el país corre el riesgo de seguir perdiendo competitividad, incluso en mercados donde antes tenía ventajas comparativas.

¿Una oportunidad que se desvanece?

El auge del turismo ruso en 2024 representó una oportunidad concreta para reposicionar a Cuba en el mapa turístico global. Sin embargo, la caída en las llegadas durante 2025 no solo refleja factores externos, como la recuperación de otros destinos o la situación económica en Rusia, sino también limitaciones estructurales del modelo turístico cubano.

Apostar por el turismo ruso tenía sentido en un contexto de reconfiguración geopolítica. Pero capitalizar esa oportunidad requería más que vuelos directos y exención de visados. Requería una transformación profunda del modelo turístico, capaz de adaptarse a nuevas demandas, diversificar la oferta y ofrecer experiencias auténticas y sostenibles.

El turismo ruso no debe verse como un salvavidas, sino como un termómetro. Su auge y caída en tan corto tiempo reflejan tanto las oportunidades como las fragilidades del turismo cubano. Si la isla quiere posicionarse como un destino relevante en un mundo cada vez más competitivo y cambiante, necesita más que discursos optimistas: necesita datos, estrategia, innovación y, sobre todo, voluntad política para transformar el modelo turístico imperante.

Dr. Ernesto Batista Sánchez, Profesor e investigador en turismo.